viernes, 27 de enero de 2017

Parejas Perdurables (54-59....60-64)

Este blog destinado a la narrativa de PAREJAS PERDURABLES se inicia el 24- I- 2017
Para obtener lectura ordenada, de capítulos del primero al (82 a) inicio su inserción con el último capítulo de la Iª parte  con lo que finalizaré insertando el primero, ya que las adiciones empujan a los anteriores.

Añado hoy del cap. 54 al 59 que con los de ayer del 60 al 64 forman parte de este tramo de la 1ª parte ya que el blog, no admite tanta extensión en un solo grupo de capítulos.
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Parejas perdurables ( 54 )

Tanto a mí como a Picot, el Gerente de nuestra nueva empresa de congelados, nos extrañó la familiaridad con la que nos trataba el ejecutivo de “Frutos del Mar”.
Sin pedírselo, nos mandaba un camión con diez toneladas de merluza fileteada a un precio de oferta para iniciar “negociaciones” que nos beneficiarían mutuamente.

Procuré informarme del currículum de tal empresa y de este pintoresco personaje.
Tuve que sonsacarle a él, los datos con tirabuzón, pues muy conocido, no debía ser por los tratantes en el ramo del congelado. Según dijo Paco, que así se llamaba el personaje, disponía de una red de transporte de camiones isotérmicos por la Península y unas cámaras de alquiler en el Prat de Llobregat. Actualmente las tenía a rebosar. 

Insitimos en que era prematuro entrar en negociaciones ya que no estábamos aún organizados y nuestra cámara provisional, no admitía más de una tonelada de cada tipo de mercancía. Incluso nuestra red comercial incipiente, no podría absorber en tiempo razonable tal cantidad de merluza.
Su labia digna de los charlatanes, y su forma de camelar con chistes y promesas de alianza amistosa para los negocios que tenía en curso, acabó con nuestro consentimiento en que lo enviara, sin compromiso y que ya veríamos que salida podríamos dar, por ejemplo ofreciendo a la vez, parte de la mercancía a la competencia, ya que tan barato nos lo ofreció.

-Carlos, esto me da mala espina.

Picot, expresaba su parecer, al que yo me sumaba pero, confiando en que sin compromiso firme, una vez vista la mercancía sería el momento de decidir.

Asombroso. Tres horas después de la conversación, el vigilante de nuestra cámara nos pedía licencia para descargar el camión recién llegado de Barcelona.
Esto era un abuso. A última hora de la tarde, no podíamos realizar ninguna gestión. Aún estábamos intentando digerir la conversación en la que Paco me forzó. No había tiempo. Permití que lo entraran a la cámara y a la mañana siguiente inspeccionaríamos.

Claro, el camionero se llevó el albarán de recepción firmado por nuestro vigilante.
A las nueve de la mañana, llegué de Barcelona y directamente junto a Picot, procedimos a inspeccionar el regalo de los “Frutos del Mar”.
Aquello, era un escándalo. Nosotros carecíamos de experiencia pero aquél pescado, incluso a precio de regalo era un robo.
Llamamos a un experto para que diera su opinión. Ni falta que hacía. Aquellas cajas de filetes de merluza, procederían de cámaras del ámbito Nacional, tras varios años de peregrinaje. Las astillas de madera, hubieran tenido mejor aspecto para ser cocinadas.

Automáticamente quise ponerme en contacto con Paco. El teléfono automático pedía dejar recado. Esto era lo último. Una Empresa, a media mañana no atendía llamadas. No lo conseguí hasta mediada la tarde más o menos a la hora que el día anterior nos embaucaba el tal Paco.
Incluso con la evidencia ante nuestros ojos, su charlatanería que ya no venía a cuento, persistía. Hartos de perder bel tiempo por teléfono, le insté a que pasara a recoger el momificado pescado.
Cedió al fin pero nos pidió que lo mantuviéramos un par de días ya que tenía los camiones ocupados. A nosotros ninguna gracia nos hacía ocupar la cámara con tantas cajas que solo eran un estorbo.

Cuando se presentó a recoger la mercancía el mismo camión que nos la trajo, ya sospeché que la “red de camiones por la Península”, se ceñía a aquél isotermo de diez toneladas.
Por curiosidad, fui a visitarle una semana después en su “Empresa”. Lo hallé en un despacho, solo y atendiendo al teléfono. 
Eran sus oficinas. Concretamente, una mesa con media de docena de sillas, el teléfono y un direccionario.
Y el abre puertas, tenía una mesita con material útil para usar la máquina de escribir y enviar cartas por correo. Ni sala de recepción, ni despliegue de empleados para atender los fabulosos negocios de la Península.
Vamos un desgraciado charlatán. Si ánimos de ofender a los charlatanes. Le afeé su comportamiento que nos causó perjuicios por descarga, mantenimiento por ocupación de nuestra cámara y posterior carga.

Lo arregló con más cahrlatanería y delante mío atendió una llamada telefónica con la cual enviaba la misma mercancía a un colega del ramo en Badajoz, por un precio algo superior al que me la había ofertado.

Entusiasmado con la nueva venta, hacía ver que por mi error al creer mala calidad del congelado, perdí el negocio.
Para paliar las molestias causadas, me invitó a comer a un Restaurante de sibaritas. Disimulando mi asco por tal personaje, acepté solo por considerar que aquella sería la última vez que le vería.
Pero fue solo el comienzo de un calvario.

Parejas perdurables ( 54 a )

Pedí los permisos municipales para la construcción de la nave de congelación. Urgía poder competir con las ya nacientes como setas, entidades comerciales de esta forma de distribución de los alimentos.

Sí. Se puso de moda y cualquier comerciante con una furgoneta, se veía capaz de proclamarse el mejor y más económico suministrador a las tiendas de ultramarinos.
Para rentabilizar nuestra empresa, algo imprescindible sería conseguir una clientela nutrida en un radio de alcance máximo, al que se llegara con los vehículos en tiempo mínimo.

Las dos cosas parecen incompatibles pero no lo son. Estriba en montar itinerarios diversos de la red, atendidos por conductores, a los que se les entrega justo la cantidad de encargos posibles de atender en una mañana, o en una tarde. Esto considerando el tiempo invertido en cada pedido, 10 minutos, permitía distancias máximas de veinticinco kilómetros. Y pensábamos cubrir todo el litoral de la Costa brava. Precisábamos pues dos vehículos para la Costa y otros dos para el radio de acción desde nuestras cámaras.

Nos daba la posibilidad de atención máxima de 160 pedidos diarios. Esto resultaría una utopía, por dos motivos: Las tiendas idóneas, como aquellas que ya distribuían helados en verano y las que disponían de cámaras para carne, eran escasas. 
Y además, reacias a introducir en el mercado productos que detestaba el público en general.

Y el segundo inconveniente que prácticamente resultaría imposible una regularidad en los pedidos, incluso 80 pedidos podía resultar cifra optimista.
Hasta que se familiarizara el público al nuevo tipo de alimentación, olvidando su prejuicio inicial contra el congelado, no se obtendría continuidad en los pedidos.
Con el tiempo, los clientes distinguidos ya realizaban sus pedidos por teléfono, incluso procedían ellos a pasar a recogerlos personalmente.

Los inconvenientes los suplí mediante una campaña publicitaria, a cargo de Robino y realizando visitas personales a los futuros clientes. Sus comercios carentes de arcones, o vitrinas, fueron la base para ganarlos, ofreciéndoles estas pequeñas cámaras a precio aplazado, sin intereses.
En cinco meses, logré 500 puntos de venta. Jacinto y Picot, contentos con el resultado. Colocamos casi doscientos arcones y una veintena de vitrinas.

Pero eso no era suficiente para competir con los atrevidos emergentes sin organización, pues a su favor tenían la carencia de gastos de empresa y personal de plantilla, cosa que para lo que nos propusimos al crear la sociedad, era insostenible.
De inicio ya la nómina abarcaba a diez empleados. Los gastos fijos, eran respetables y los beneficios inicialmente contados como el 20 % sobre coste del producto, se evidenciaron, como un perjuicio de un 10%. O sea que si incrementábamos el precio al público con un treinta por ciento, resultaba que lo comido, por lo servido.
¿Quién monta un negocio, para estar ocupado fijo y con las preocupaciones propias de un Empresario, para no ganar nada?.

La verdad era que no podíamos resultar caros. Necesitábamos medrar con incremento de clientes, no con sus abandonos. Tuvimos que pactar con las fábricas suministradoras, unos baremos de descuentos en razón al volumen de venta.
Y con alguna de ellas obtuvimos además exclusivas para nuestra provincia. Como si dijéramos que los comerciantes pequeños, de seguir, vendrían a comportarse como piratas de nuestras marcas, o solo vender mercancías de marca desconocida.

A medida que aumentaba el número de clientes, se fragmentaban los itinerarios para más servidores. Los conductores, al principio hacían la entrega y tomaban nota de nuevos pedidos. Más adelante ya se tomaron vendedores para realizar los pedidos, en tanto que los conductores disponían de más tiempo para atenderlos.

Absorbido en la organización, descuidé algo los negocios de Barcelona, pero un aviso del Banco Industrial, me alarmó.
¿Qué eran aquellas letras, procedentes de “Frutos del Mar, llegadas sin previo aviso?.
Como no estaban aceptadas, el Director me preguntaba si debía cargarlas, o devolverlas.

-Devuélvalas que no obedecen a nada. Contactaré con el librador para que subsane el error.

De nuevo, Paco se salía con la suya. Incordiaba, tres meses después de haber zanjado la cuestión. Otra vez me fue dificultoso contactar con él. Al hablar finalmente con él, se me removían las tripas.

-Creo que quedó claro que no tenía interés en negociar con Ud. ¿Cómo se atreve a enviar letras de cargo a mi banco?. 

-Perdone, es un error, ya que se emitieron a tenor del albarán de entrega de las diez toneladas de merluza.

-¿Pero qué merluza si ya se la llevó tres días después de la recepción.

-Es que olvidamos dar contra orden a contabilidad.

¿Era posible, tal desfachatez?. Su departamento de contablilidad, recuerdo que consistía en una superficie de una cuarta parte de su mesa.
Y las órdenes y contraórdenes, no cabían proceder de otra persona que de él mismo. 
Aguanté el nerviosismo que me producía mantener un diálogo para besugos.
Para mitigar mi inquina ascendente, respiré fondo, tragué saliva y como si no estuviera alterado, le conminé que retirara las letras y olvidara el asunto.

Solo me faltaba un elemento, émulo de Conchita. Y que lo viera el Director del Banco Industrial. Si me rechazó las letras de Confección de Moda, ahora tomaría prevención para las de Congelados.

Cuando pasado un mes, recibí otra llamada del Director, resurgió el tema que estaba olvidando.
Nuevas letras de “Frutos del Mar”, se presentaban para el cobro. Esta vez, de haber logrado una tila, a pesar de mi aversión por este líquido para mí intragable, seguro la hubiera tomado con ansia.

Colgué el teléfono, ya que las palabras me salían tartamudeando.
Me tomé dos días antes no me presenté a ver al Director, relatando la incidencia con el tal Paco, para que supiera que nada tenía yo que ver.

A Paco no fui a verle hasta una semana después, procurando estar calmado. Y lo conseguí.
El desvergonzado, con sus chistes y su charlatanería, aguantó estoicamente mi diatriba. Nada, no debía tomarlo a mal, en definitiva, entre comerciantes debíamos ayudarnos.
Esto colmaba todos mis esfuerzos por mostrar pasividad. ¿Osaba, considerarme a mí como uno más de su calaña?.
Él, sí. Se mostraba impasible. Y además con una sonrisa que le llenaba la cara. ¿De qué pasta estaba hecho aquél hombre?.
A todas luces, mi dialéctica no surtía efecto alguno y lo que podía en último caso era propinarle un guantazo que le saltaran los dientes. Pues sus escasos ciento sesenta centímetros de altura y delgadez manifiesta, no eran obstáculo alguno para mis 78 kilos limpios y 1,84 cm.
Otro esfuerzo mental, me aguanté, di media vuelta y salí del antro sin decir adiós. 

Lo comenté con Picot y con Jacinto, y ni uno ni otro dieron la mínima importancia.
Al siguiente mes, se repitió la historia. En esta ocasión Jacinto ya se lo tomó como una afrenta seria. Se ocuparía Rodríguez, como abogado de Santa María, pero contratado por la entidad de Congelados, de realizar la visita a Paco.
Él le pararía los pies, puesto que su lógica judicial, sería más apropiada que la mía de cándido.

Respiré a gusto con la idea de que al fin podríamos dar por cancelado este mal trago, proporcionado por un irresponsable charlatán estafador. Claro la estafa si no retiraba las letras, la soportaría el banco. Me pregunté ¿Qué banco admitirá a este fantasma las letras ficticias?. 
Esto merece un tratado aparte, pues en definitiva lo que me atañía era desprenderme de él a costa de la ayuda de Rodríguez.

Una semana después, Rodríguez me puso al corriente.

-Carlos, este mes te llegarán al Banco Industrial, más letras de “ Frutos del Mar”.


Parejas perdurables ( 54 b )


Rodriguez expuso la táctica que le pareció oportuna.

-Mira Carlos, decide lo que creas conveniente, pero conociendo tu inquina con los pleitos, dejé claro al tal Paco, que estábamos dispuestos a rastrear sus cuentas bancarias y a denunciar sus fraudes reiterados a todos los banqueros.
Esto le hizo entrar en razón. Confesó que no pudo retirar los efectos entregados a su banco, emitidos por seis meses, como si de un aplazamiento se tratara. Al no colaborar tú, se le hizo imposible juntar el capital preciso para retirar toda la operación descontada por su banco.
Últimamente el cerco de colaboradores para el peloteo, no alcanzaba a suplir las cifras cada vez más abultadas. Perjuró que la emisión de este mes dirigida a tu banco, era la última. 

-¿Crees que no te estaba embaucando también a ti?.

-No le conviene. Mi amenaza es simple y fácil de cumplir sin dispendios por nuestra parte y con el final de la trayectoria a sus actuaciones para él.
Pero tú elige. Puedes olvidarle ya, una vez devuelta esta su última emisión al Banco Industrial, con lo que a continuación te pasaría mi minuta por asesoramiento legal y gastos logísticos, o aguardar unos años a la espera de la sentencia contra Paco en la que declarado insolvente, fuera a parar a la cárcel.

Esto es hipotético en el mejor de los casos, pues seguro que en su defensa, saldría a relucir el albarán que obra en su poder. Lo esgrimiría su defensa como comprobante para incriminarte con tu intervención inicial, al fraude bancario.
Pudieran haber apelaciones y solicitud de cambios de juzgado y una variada relación de tretas legales para prolongar la sentencia firme final.
Luego te presentaría mi minuta con costas incluídas. Pero resarcimiento económico, no lograrías ninguno.

-Muy negro me lo presentas y tal como dices, no me interesan en absoluto estos fregados.

Esto fue realmente lo último que me involucró con el peloteo de Paco. Sin embargo, un año después por la prensa, me enteré de una macro estafa perpetrada por un grupo empresarial, cuyo cabecilla, Paco junto a dos colaboradores fueron sentenciados a seis meses de cárcel y a devolver varios millones a los estafados.
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A los apartamentos, en su fase final de construcción, constituidos por dos bloques idénticos, les bauticé Geminis. Demostraría originalidad. A nadie podía ocurrírsele acierto tal. Vamos que el público lo consideraría una genialidad.
Claro que entre nosotros, en secreto puedo confesar que me parecía lo más ridículo, pero comercialmente, vendía. Y sí. Casi un centenar de urbanizaciones conocidas, tenían en su haber alguna construcción con tal pedante nombre.

Le comenté a Jacinto, que viendo la demanda creciente del turismo extranjero por hábitats, en urbanizaciones Catalanas, realizaría un dosier explicativo de Santa María.
Encargaría a Robino la confección de folletos propagandísticos, en tres idiomas con fotos de los chalets construidos y los puestos en venta, junto a los apartamentos equipados, a punto de habitar.

Elegí Francés-Inglés-Alemán, mejoraría nuestro entendimiento para con los esperados clientes. Y convenía visitar personalmente a operadores turísticos por Francia, Suiza, Alemania, Países Bajos y Luxemburgo, como posibles candidatos colaboradores mediante comisiones de venta.

Sin esperar reacción alguna, Jacinto halló excelente idea. Podía acompañarme y de paso veríamos como funcionaba el congelado por Europa. Algo aprenderíamos del negocio.
Pidió excedencia en la Notaría para diez días a cuenta de vacaciones. Las iniciaría tan pronto tuviera los folletos impresos.

El viaje proyectado, requería una preparación que no pude lograr. Carecía del tiempo necesario para establecer contactos. Tampoco podía preparar rutas adecuadas, cuando nada conocía fuera de las carreteras pirenaicas francesas.

Pero allí estaba Jacinto, que ya tenía recorridos siete países Europeos en viajes con su mujer. Y que me parece estaba más interesado en hacer otro recorrido en plan turístico, que en conocer como presentaban los comercios a sus productos congelados y sus métodos de distribución.
Lo comenté con Tere, por si podíamos organizar este viaje juntos. Las complicaciones con los niños y la sirvienta, estaban a la orden del día y muy a su pesar rechazó acompañarme.

-Y, ¿Jacinto, te acompañará con su mujer?.

Aquella era buena pregunta, no se me ocurrió. Pero al saber Sandra, que Tere no vendría, respondió a Jacinto, que a ella tampoco le parecía apropiado. Resultaría un estorbo para nuestra labor comercial.

Un detalle decisivo para datar la fecha de salida, fue la obtención del Seat 1500 nuevo modelo que la fábrica servía en cuentagotas a los solicitantes. Habían más clientes, que vehículos en stock.

Parejas perdurables ( continuación 55 )

Iba a narrar lo que indagué del Delincuente Paco, al leer la noticia por los periódicos y que tiene miga. Al final resultó un desgraciado pagando sus culpas y las de los poderosos que se cebaron con él. 
Mi curiosidad me indujo a indagar los acontecimientos que le proporcionaran un final tan previsible.
No casaba el Paco que conocí, con el del perfil atribuido por los reporteros. Ganador de una sentencia de cárcel, con obligación a indemnizar cantidades millonarias a terceros, por ser el cabecilla de una gestión dolosa colosal. 

A menos que por Barcelona, existieran docenas de empresarios, o comerciantes más cándidos que yo mismo, aquél mequetrefe, era imposible que llegara a ser cabecilla de nada.
Pues lo dejo para más adelante, ya que por pura coincidencia, me llamó esta tarde Sandra, hablando de Jacinto.

-Pues mira Sandra, estoy redactando recuerdos de nuestros colegas con sus parejas, y lo que me pides, con mucho gusto te lo enviaré en un par de días. Supongo será suficiente antelación.

Pues resulta que al cumplir lo prometido a Sandra, cumplo también con esta narrativa. Será lo que se dice matar dos pájaros de un tiro.

Llevamos ya mucho tiempo que nuestro grupo de parejas, mantenido ya durante 55 años, no nos vemos habitualmente. Solo esporádicas llamadas telefónicas y pocas reuniones en restaurantes de la Costa Brava. Estamos diseminados por poblaciones diversas.
Y me dolió, que este año, cuando nos veamos, creo será el inicio de tristes reuniones. Casi que mejor, darlas por finiquitas.

Tenía la esperanza de poder avanzar en la narración, hasta un final feliz. Esto se truncó. Cuando menos, no seremos las dieciséis parejas formadas del tiempo estudiantil, las que podamos contarlo. Hace pocos meses, Doc, el entrañable médico conocedor de Minas Gerais (Brasil) por instalarse al término de su carrera en Belo Horizonte, el corazón le falló.

Sea lo que fuere, me consta que todos los de nuestro grupo, estamos satisfechos de lo que nos aportó el Destino. Vistas la miserias que nos relatan a diario las noticias por la TV, nos consideramos muy afortunados por haber disfrutado de la Vida, con altibajos, pero nada aburridos. Jajaja


Parejas perdurables ( 55 a )


Ya le mandé a Sandra por email, lo que me solicitó y que expondré más adelante. 
Estuve pensando que al ciudadano común, lector de esta narrativa, le interesaría saber lo que averigüé del elemento Paco y lo que se escondía tras él.

No me convenció lo redactado por los periódicos, por mi experiencia personal. Pedí a Rodriguez, que se llegara a Juzgados para sacar una transcripción de lo que en términos legales llaman “autos” referentes a tal estafa de más de quinientos millones y los de la Sentencia firme contra Paco y tres personas más, a mi modo de ver de su misma calaña.

Lo que averiguó Rodriguez, me lo tradujo en términos vulgares y entendí que veinticuatro bancos en tal dolosa operación, asumieron la pérdida de casi setecientos millones de pesetas, sin posibilidad de resarcirse.

Los detalles fueron que siete de ellos, se inhibieron de sus actuaciones judiciales contra los delincuentes, dándose por estafados y no incrementar gastos en intentos de recuperación.
Los catorce restantes, mediante embargos de los bienes escasos de sus sentenciados, acabaron por reclamar una media de treinta y cinco millones cada uno.

Según mis cuentas por el elenco bancario existente en aquellos días, hubo otras veinte entidades entre Bancos y Cajas, que no quedaron afectas por este fraude.
Y lo curioso, que entre los cuatro responsables legales y sentenciados, siquiera operaron con la décima parte de los afectados.

Tal cantidad de bancos involucrados, lo fueron por carambola. Y ya se sabe que las carambolas las obtienen expertos jugadores.
Todo procedía por un entresijo de actuaciones entre más de veinte entidades comerciales con sus cargos últimos a las supuestas empresas de Paco y sus tres asociados.
Siguiendo el hilo, hallé a una curiosa Entidad, de una década de antigüedad, “Promociones comerciales, S.A.” con Capital social declarado de 100.000 pts, que facturaba millones cada mes.
El milagro de los panes y peces, me pareció ridículo, ante el de estas Promociones. Por ello, pedí a Rodriguez, que contactara con la dirección de esta empresa, simulando interés para “promocionar un negocio”. Y me diera su parecer.

Fue aleccionador. Tuvo difícil a base de añagazas, conseguir ser atendido por el Gerente, en el domicilio Social de “Promociones Comerciales S.A.” Normalmente no atendían a nadie que no fuera por teléfono, o por código postal de Correos.
Los informes bancarios, resultaban espléndidos. Una empresa de espectacular evolución, de solvencia impecable adjudicándosele, cifras de siete ceros. Tenía contactos con multinacionales y su nómina no excedía a veinte empleados.

¿En qué consistían pues sus negocios?. Claro esto me incumbía saberlo. Quizá imitándoles podría yo sacudirme a los ya 65 empleados bajo mi responsabilidad.
La estructura física de la empresa, era más que ridícula. Una planta de despachos de Barcelona en calle secundaria, con alquiler de antes de la guerra. Otro milagro.

Supuestas delegaciones por las provincias, ubicadas asimismo en locales de alquiler. Cinco vehículos-furgoneta, de poco valor, pero con los clásico anuncios pintados, como propaganda comercial.
Rodriguez describió las oficinas centrales como las de un piso de 250 metros cuadrados, con la simple distribución, de una amplia sala sin compartimentos en la que laboraban quince contables, otra sala no tan amplia supuesta para reuniones y un despacho en el que se leía Dirección, a la puerta de la cual se hallaba la secretaria, archivera de los documentos que cubrían la totalidad de las paredes, en simples estantes.

De los veinte empleados, quince se dedicaban exclusivamente a la contabilidad para la administración legal de Hacienda, administración interna de la Empresa, y facturación a “clientes”. Y tres mensajeros a las órdenes de los contables. El resto de personal visible la secretaria y el director.
Los acreditativos que requirieron a Rodriguez para entablar relaciones comerciales, era una verdadera criba para desestimar a posibles indeseables. Y de ello sacó la conclusión que les servía para catalogar a los nuevos “clientes”, en dos únicos conceptos.
O como Colaboradores de la empresa, o como clientes verdaderos ajenos. Se supone que los últimos corresponderían a entidades solventes.

Con todos estos datos, ya pude razonar, o casi descubrir con certeza el modus operandi de “Promociones comerciales S.A.”
Y lo que voy a contar, es un supuesto, ya que no tuve contacto con ellos, pero su funcionamiento se correspondía a un elaborado sistema de peloteo con inteligencia. Lo contrario de Paco.


Parejas perdurables ( 55 b )


La base de “Promociones comerciales S.A.”, sin paliativos, era la autofinanciación, a base de autocrédito.
Así como los Bancos, tienen la potestad, autorizada legalmente de erogar crédito por valor de diez veces el capital depositado, la comercializadora bajo los auspicios de entidad legal, acorde a sus estatutos, se auto adjudicaba un capital del veinticinco por ciento superior al capital real manejado anualmente.

Podían realizarlo en base a disponer de un 75% de Clientes reales, y un máximo del 25% de clientes colaboradores.
Los clientes reales, se beneficiaban siempre que el negocio lo requería con un crédito a interés intermedio del bancario y el de las financieras otorgado, como deferencia por cliente preferente.

Por aquél tiempo en cifras redondas, representaba el 15% de interés anual. Con ello, Promociones, ganaba un 5% bruto, por su gestión.
En cambio las empresas colaboradoras, lo eran por cuanto su propio negocio era poco rentable, tendente a cosechar pérdidas.
Aprovechaban créditos sin interés, donados por su mecenas Promociones comerciales S.A.
Se obligaban a atender cuantas facturaciones ficticias les llegasen, emitidas por diferentes empresas asimismo reales, o ficticias.
Ellos recibían de la central de operaciones el capital necesario para atender los efectos de peloteo.

Esto causaba un movimiento bancario de volumen sugestivo, para los directores de agencias. Veían balances anuales de sus imponentes con crecimientos superiores a la media de las empresas en general.

Conclusión: clientes apetecidos por los bancos, para seguir proporcionándoles créditos en descuento de letras.
Ganaba Hacienda, al cobrar los timbres de las letras, que eran un tanto por mil del valor a facturar. Este valor se abonaba al adquirir las letras en los estancos. Si el timbre era inferior a su baremo autorizado, la letra perdía su efectividad legal.

Ganaban los bancos que podían con aquél capital, incrementar diez veces su poder crediticio. Amén que su descuento les beneficiaba de un diez por ciento bruto.

Ganaban las empresas rentables beneficiarias de los subcréditos, que así podían seguir con sus cuentas carentes de números rojos. Y de rebote los bancos incrementar el número de clientes que no causaran problemas.

Por último ganaban los colaboradores, quienes tenían la oportunidad de rentabilizar sus propios negocios, caso de ser diligentes en sus funciones y laborar con prudencia.
Esto último, en ningún modo podía aplicarse a Paco y sus asociados.

En definitiva, los contables debían su atención en mantener estable la proporcionalidad entre empresas rentables y las de colaboración.
Por cada cuatro clientes ganados al año, se permitían incrementar un colaborador.
Las declaraciones de renta, oscilaban siempre en los límites de beneficios mínimos, por lo cual abonaban un bajo porcentaje a Hacienda.

Los gastos conjuntos de la organización, deducidas nóminas y prebendas por administración, podían representar un 20% del capital ficticio, pero que distribuído en la facturación general absoluta, no resultaba más que un 5%.
Y esta cifra era incluso menor a la inflación campeante. Se podía seguir otro año con factuarción un 6% superior y seguían los beneficios.

La empresa, llevaba una década funcionando así y de seguir con mesura su estabilidad permanecería indefinidamente.
Para simular honorabilidad, los gestores de esta organización, dotaron por trios los contables que intercambiarían facturación entre ellos y cada grupo de contables disponía autoridad sobre un corre-ve-y-dile, para atender pagos y cobros por ventanilla.

Lo que programaban las tardes anteriores, se ejecutaba por las mañanas en las ventanillas de las agencias bancarias. Y el equipo se veía atareado por el relleno de miles de letras a diario.
Entre las nueve y las diez de la mañana, estos ayudantes retiraban las letras vencidas para atender, o las reclamadas por no ser atendidas. Asimismo en los bancos en que no retiraban dinero, entregaban nuevos giros de letras para descontar.
Así no se veía relación entre ingresos en papel y cobros en metal.
A partir de las diez ya no se realizaba ninguna operación, por prudencia. Siempre cabía la posibilidad de que algún talón se emitiera sin fondos, y ya se descubriría el mecanismo de las ruedas de talones.

Tened en cuenta, estimados lectores, que pertenecéis a las generaciones de Internautas, que en los tiempos de lo narrado, las agencias bancarias tenían su obligado entendimiento con sus centrales. Existía el teléfono pero no el ordenador.

Cualquier incidencia, la agencia se enteraba a partir de las diez de la mañana, a través del teléfono de la central que a su vez recibía los datos de sus agencias del día anterior.
Para más Inri, si la comunicación se realizaba entre distintos bancos y desde agencias de provincias, el retraso era de tres días.
Así, se ve claro que con una perfecta organización, tres talones emitidos desde diversas agencias y distintas entidades bancarias, podían rotar indefinidamente.
Serían buenos y con fondos, al tercer día, aunque no lo fueran el de su cobro. Bien, a la larga se sospecharía de su reiteración. Los números bancarios son los que relacionan fechas de cada apunte provocando números rojos, que a su vez el banco se los cobra con interés veinte veces superior al de los intereses corrientes. 
Lo que dosificado, también es beneficioso para la entidad bancaria.
Pero esto solo se realizaba siempre que hacía falta compaginar el día de abono de descuentos, con el día de pago de letras ficticias.

¿Qué ocurrió pues para cazar a Paco y Cía?. Su mala cabeza. Su sentido de inconsciencia perenne, le llevaría a salirse de la normativa de la empresa mecenas. Si sólo recibía dinero para atender lo ficticio, ¿porqué no hacer él lo mismo para otros clientes segundones?.
Su negocio prosperaría, merced a la protección de la central organizativa, mientras que su banco, no le negaría más créditos, viendo su tremendo movimiento bancario realizado en meses y sin ningún traspiés.

Claro lo obtuvo y realizaba una suborganización de la que él participaba como favorecido.
Al darse cuenta de la insolidaridad de Paco, el Gerente de “Promociones comerciales S.A.” debió conminarle a atender con creces lo estafado. Evidente que no podía cumplir ya que era tan ahorrador como los fantasmas que en su día se presentaron a mi despacho ofreciéndose como vendedores. Despilfarradores eran y no otra cosa.
Al no disponer de escapatoria, imagino que la salida se la ofrecería el Gerente en beneficio común.
Aguantarían Paco y Cía, un trimestre, en el cual les llegarían los acostumbrados efectos, sin atender ninguno. Los bancos procederían al protesto de las letras y a las consecuentes demandas Judiciales.
Paco y Cía, a cambio de su silencio, acatando la sentencia previsible de cárcel y embargos, recibirían una vez cumplida la pena, un diez por ciento de las millonarias cifras estafadas, a ingresar en Banco Andorrano.
Luego, al ser insolventes la acción de la Justicia acababa. Y los millones adeudados, pasarían a pérdidas por las cuentas bancarias.

Y de nuevo, ganaba “Promociones comerciales S.A.”, que de un plumazo, se libraba quinientos millones, a costa de los Bancos.
Podía ampliar capital para operaciones con las Multinacionales.

El descalabro de los Bancos, se mitigaba en parte por las aseguradoras. Otra parte por rebaje en los cánones de impuestos sobre los beneficios anuales.
En cambio, la inflación anual seguiría creciendo, pagándola el ciudadano ajeno a las manipulaciones de tales desalmados

Parejas perdurables ( continuación 56 )


LUNES 22 DE AGOSTO DE 2011

Siendo hoy el día clave auspiciado por Sandra, transcribo la felicitación cumpleaños de Jacinto que le mandé para que la acopiarla junto a los escritos de nuestros colegas.
Ahora aunque lo leyera él desde aquí, ya no se revienta la sorpresa. Supongo ya se la desveló Sandra esta mañana, o lo hará, al soplar las 80 velas.

Forma parte de un álbum en el que se acopian, los restantes escritos procedentes de las parejas perdurables referidas en esta narrativa. Jubilados todos y con edad parecida. 
Dispersos por Cataluña, decidimos hacer este envío cada cual y que su mujer, los encuadernara para entregárselo al apagar las velas de rigor.

Y ello coincidió con lo que estuve narrando de Jacinto.

80 años al haber de mi muy apreciado amigo Jacinto.

Me enorgullezco de haber coincidido en dos Eras de tu Vida. La pasada y la actual. Lo deseo para la tercera próxima futura.

Estos 80 años de la Era pasada, transcurrieron como un soplo. Y de ellos rememoro algunos de la etapa estudiantil.
Un buen grupo de amigos peripateábamos por la Diagonal Barcelonesa. Quinientos kilómetros realizados en idas y venidas cada año que por cinco años, son….. ¡ bueno, ahora no traigo la calculadora!.
Pero muchos y todos a pié. Por cierto, un día cruzamos la calle Balmes y en medio de la calzada hallé un billete de 25 pesetas. Me agaché lo recogí, me sorprendí, y os lo comenté. Ni tú, ni ninguno de nuestros colegas os creísteis tal suceso. Como si quisiera bromear. Claro, por aquellas fechas un billete así, era de valor muy respetable para los estudiantes.

Recuerdo las incursiones al Molino, con Johnson y el Capas y la Bella Dorita y….
Sí. Dentro de lo que cabía nos distraíamos, sin necesidad de LSD, ni Caballo, ni Coca, ni Zarandajas. Entre otras cosas por cuanto no habían aparecido por nuestros lares.

Y conversábamos con las compañeras que tenían a bien de vez en cuando invitarnos a guateques en sus domicilios. ¡ Vaya!. Me temo que los jóvenes de hoy no sepan de qué hablamos. Y ¿de las Boites?. Creo que tampoco, pero fueron el germen de las Discotecas, que sí las conocen y en las que obtienen, porros, líneas de?, caballo, diseño y zarandajas más elaboradas.

Nos preparábamos para un futuro laboral que venció años ha. Y dominaron los ratos alegres.
El broche de esta etapa estudiantil fue Castillejos. Como buenos catalanes, repudiábamos lo militar, pero a la fuerza ahorcan. A pesar de todo no podemos decir que lo pasáramos mal. Sí. Nos fastidiaban los veranos, y como colofón, ¡ Hala!. Medio año en el cuartel.

Otra cosa que los jóvenes de hoy ignoran. ¿Qué hacíais en los cuarteles?, preguntan. La respuesta sincera sería ”aguardar la licencia”.
De todos modos al no pertenecer yo a Infantería, lo que te tocó en suerte, durante los seis meses de acuartelamiento, estuvimos separados con aventuras dispares y no conozco por tu boca, nada digno de mención que hiciera suponer un mal trago. Sólo esto. Una indeseada espera de liberación.

Luego vino la etapa laboral. Te esforzaste para seguir la carrera de tu Padre, a pesar de las dificultades habidas para lograr ser titular de alguna de las Notarías en Barcelona, dado su restringido cupo. Creo que eran 57 por aquellos años y la que mayor números anuales de protocolo se llevaba, era precisamente la de tu padre.

Tu inclusión como Oficial 1ª de la Notaría, estrechó más nuestras relaciones…..laborales ¡eh!, que yo entré en el mundo inmobiliario y urbanístico, con la consiguiente obligación de elevar a públicos los documentos privados, la mayor parte de las veces con pactos de pago aplazado.

Tuve gran suerte de ser atendido indefectiblemente por ti. Claro que después de los años de ver tu actuación, comprendí que por el interés personal y familiar, llevabas el peso total de la Notaría. Te multiplicabas para supervisar a todo el personal empleado. O bien preparabas los documentos personalmente, o dirigías a los pasantes, o revisabas sus redacciones.

Cuando se trataba de firmar una compra-venta, no tenía más que darte los datos de la finca, superficie, lindes y precio y los del comprador por teléfono. Me dabas cita del dia y hora y no había problema. Toda la documentación en orden y comprobada, la recibía tu Padre, que tras su lectura a los clientes, procedía a dar fe.

Con todo, aún te sobraba tiempo para practicar deportes, ser uno más de los cinéfilos y para no aburrirte, creaste una Sociedad de administración fincas, a la que gentilmente me invitaste a ocupar un despacho en céntrica Avda, para seguir con lo mío.

Te recuerdo al cliente del Dúo Dinámico, que puso su piso Duplex en venta y al que atendí con mi faceta, recriminada por ti, de prestarle una cantidad en tanto no se conseguía comprador. La necesitaba para grabar en Londres su último LP.
El piso tardó en venderse pero al fin un día desde Sudamérica, el ya amigo Ramón, me realizó una transferencia cancelando el préstamo.

Me acompañaste en un recorrido Europeo, cuando buscaba ganar clientela Extranjera. Y fue oportuno tu conocimiento de nuestro vecindario Europeo, ya que resultaba mi primera excursión fuera de la Península.
Casados ambos, cada cual con su esposa, que no entre nosotros como tendríamos ahora oportunidad, si ello nos placiera……. ¡eh!, que lo cito como opción legal.

Aprovechamos la adjudicación de mi Seat 1500, muy estimado por aquellos días y realizamos 6000 km, para desfogarlo. Estaban recomendados realizar los primeros mil, con el tope de 80 km/h y aún así, con frecuentes paradas, evitando recalentamientos. Del coche.

¿Que mejor que una vueltecita así para convertir un coche nuevecito salido de fábrica en un veterano, al que ya se podrían sacar los 130 Km/h?. Y las autopistas Alemanas lo permitían.

Pero antes, pernoctando en un parador inmundo en AutoRoute francesa, en plan ahorrativo, dormimos conteniendo nuestras necesidades fisiológicas de desasimilación de alimentos, visto que el lugar ofrecido se trataba de una pocilga.
Y que largándonos al amanecer por no aguantar más, debajo del coche se hallaba un clochard dormido. Si alguien no hubiera dado aviso a tiempo, indudablemente las ruedas del Seat le hubieran despertado

Parejas perdurables (continuación 56 a )


Recuerdo la Sra. en ruta por ámbito suizo, arrojada del vehículo en marcha que nos precedía y a la que recogimos.
Hablaba Alemán, no entendimos nada y al final nos pidió que nada de Police, que se apeaba.
Pues sigue el misterio. No entendimos y nada plausible se me ocurre.

Aceptamos la oferta de una cliente de mi Urbanización en Lucerna para quedarnos a dormir en los sofás de su amplio salón. Ahorradores éramos los dos. ¿Será por catalanes?.

Y en Interlaken visitamos a otro catalán propietario de un Restaurante bien situado a la orilla de los lagos, al que propuse fuera enlace para la venta de chalets. Se rió ante mis narices. Aquél resultado, me descorazonó y seguí tu consejo de aprovechar los días que nos quedaban para hacer turismo, negocios aparte.

Escuchamos la magnífica alocución del cura Alemán en su misa. Musical, no me pareció, pero celestial debía ser el discurso. Los feligreses acataban en silencio lo que fuere que dijera. Pero nosotros cumplíamos el precepto de la Iglesia. Oír, que otra cosa no.

También la visita en Frankfurt de nuestro colega Gimi, que nos puso al día sobre la sociedad Alemana, tan dispar con la que vivíamos en nuestro país.

¿Y , el hotel Hansa?. Sí en Hamburgo. Resultó la base de operaciones, como la de descubrir por dónde se hallaba la calle St. Pauli, que el amigo Lorenzo te había dicho en secreto que era la calle de la exposición de Srtas. en escaparates, cuyo cristal era su única prenda de vestir.

Ni idea de circular por una ciudad que por calles, pone strasse.
Pero tu sentido común te orientó. Andar por calles descendentes que irían al Mar. Allí sería el centro comercial idóneo de los marineros. Y no tuvimos problema, al oír hablar un grupo de sudamericanos, andando deprisa. Solo tuvimos que seguirles.

Al llegar a Flensburg, para entrar en Dinamarca, nos rajamos. De nuevo tener que cambiar monedas de pesetas a coronas, más caras que lo marcos y con un idioma desconocido por nosotros aún más que el Alemán, no nos pareció prudente. Regreso al Hansa y hacia París.

El súmmum, lo vivimos en París. Me recomendaste que después de tantos kilómetros recorridos por hasta siete países Europeos, de los que teníamos constancia por las siete diferentes monedas en nuestros bolsillos, no podíamos perdernos el Lido.

Estabas enterado de todo. Tú ya eras veterano y yo bisoño. 
Era como el Molino de Barcelona, pero en fino, y las chicas a lo bestia y la entrada PROHIBITIVA. Pero para algo ahorramos en hospedajes durante todo el viaje. ¡Hala!.
Un día es un día y lo que es para conmigo, esta frase aplicada al Lido le iba como el anillo al dedo. No fue un día sino una noche y a pesar de posteriormente visitar en varias ocasiones París, del Lido, nada.

El regreso a Barcelona, era cuesta abajo, menos mal, por cuanto agotamos gasolina y monedas para reponerla. No había tarjetas de plástico a las que cargar hospedajes. Pero supimos apañarnos con lo que nos restaba sin necesidad de acudir a banco extranjero alguno. 

No sé tú, pero yo llegué famélico de intimidad con Tere. Supongo que tú con Tere, no.

Vista mi disposición a intervenir en más negocios que los que me eran propios, me ofreciste aprovechar la ocasión del emergente negocio de Congelados y creaste otra sociedad para atender este nuevo suministro alimentario por Gerona.
Gallostra se llamaba la calle de Salt a la que instalamos la primera cámara.

En fin que fue una etapa en la que nos veíamos más que los enamorados en su fase incipiente. Para los congelados, para las administraciones, para las escrituras y para ir al cine, que no todo se acababa en laborar.

Pasaste al jubilarse tu padre a la nueva Notaría, con espacio suficiente para ubicar coordinados a tres Notarios.
A todos ellos los conocí por cuanto les distribuías mis operaciones, seguro con criterio de equidad administrativa. Al jubilarse el Notario Sr. Solís, siguió el Sr. Perales y otro que no recuerdo el nombre pero al último, sí lo recuerdo, claro, tu hermano Antonio.

Por circunstancias que conoces bien, tuve que apartarme de los negocios, pero pronto reemprendí mi labor urbanizadora, y los servicios de la Notaría que dirigías, siguieron el mismo aire anterior, con lo que para mí resultaba un descanso rematar operaciones en la brevedad de una semana.
No ocurrió lo mismo cuando te jubilaste tú. Una Srta. que por su pronunciación me parecía rusa, ocupó tu despacho. Y suerte tuve que mi era laboral también tocaba a su fin, por cuanto entre mi propuesta para una operación y su realización se pasó de la usual semana contigo, a mes y medio con la rusa.

La Era actual, es efímera. Nos sirve para tener conciencia de quienes somos y nos permite aventurar la futura.
El inicio de esta lectura, pertenece a la Era del pasado relatada.

A partir de ahora, todo se limita a deseos para tu realización como persona de tan buenos antecedentes que así como vio la llegada del hombre a la Luna, llegues a ver la del hombre a Marte.
Ya sabemos que en 2016 la sonda allí enviada, nos dará la pauta para ultimar los detalles definitivos y dirigir a grupos de Astronautas para colonizar.
Y también me gustaría verlo contigo.

¡Feliz cumpleaños! Te desean Carlos y su pareja perdurable, Tere.


Así quedaron resumidos sesenta años de amistad.

Parejas perdurables ( continuación 56 b )

Cumpliendo con la austeridad que precisa una familia numerosa, a los dos mayores de nuestros hijos, los inscribimos para realizar la primera comunión, el mismo año. Había que cumplir con la tradición. Uniformados de marinerito, estaba muy trillado, de modo que mejor vestirlos con una túnica blanca, estilo monje.

Barato el conjunto talar que no precisaba distinción de tallas. Una misma serie servía para niños entre cinco y nueve años. Se acompañaría el atuendo con regalos de familiares próximos, o sea, los abuelos, con el rosario, el librito de misa las estampas recordatorio para entregar a los invitados y….
No podía faltar el ágape al que asistirían amistades, de los niños con sus pareientes y los propios familiares.
Era un dispendio en el Restaurante, que en cierto modo dos celebraciones en una, algo se ahorraba.

Claro. Los niños recibían luego regalos por parte de los invitados.
Las parejas de nuestros clientes que permanecían aún en Barcelona, asistieron, aunque no recuerdo que nosotros participáramos a las de sus hijos.

Seguro que fue por tardos en procrear, o simplemente prescindir de ello. Ahora que lo rememoro solo la mitad de ellos tuvieron prole.
Y por lo visto esta proporción, la siguen nuestros hijos, que de los siete, solo cuatro tienen descendencia, los tres menores, al día de hoy, la renuncia ya resulta definitiva.

Nosotros cumplimos con una tradición, que ya no la siguieron todos nuestros hijos, pero que a todas luces, no la seguirá ningún nieto.
Parece que los ritos religiosos, atraen menos que los grupos musicales.

Seis años después el jolgorio se debió al bautizo de la más que ansiada por tardía, única fémina de la prole. Se llevaba 14 años con el mayor. Y con ella, finalizó la producción.
Como no podía ser de otra manera, se celebró por fin en C`an Regalesia, recién estrenado como el restaurante de Santa María.

Como los comensales serían numerosos, di orden para este día, que los camareros atendieran a todo el mundo sin distinción. Y pidieran lo que pidieran se servía todo gratis sin minutas. 
Se llenó el local y una serie de mesas en el jardín, alrededor de la piscina, en un ambiente francamente agradable por acogedor.

Llevábamos más de cuatro horas de festejo, muy animados cuando un par de señores, evidentemente ajenos a los invitados, me llamaron aparte.

Se disculpaban ya que ellos sin saber que se trataba de la celebración privada, consumieron lo que se les antojó y los camareros rechazaban cobrarles.

-En ningún modo deben disculparse, son bienvenidos como todos los invitados.

Posteriormente, me enteré que se trataba de personajes conocidos de la farándula. Uno de ellos hijo de Charli, el payaso, quien a la mañana siguiente obsequió un ramo de flores a Tere, en agradecimiento.
Pero tan entretenidos nos hallábamos en el festejo, con baile incluído, que un camarero tuvo que llamarme la atención.

-Don Carlos, ¿permite a los niños que sigan con su juego?. Están apurando el licor de las copas en la mesa de recogida.

Cierto. Con grandes carcajadas rodeaban la mesa probando los variados licores que restaban en las copas abandonadas.
Rápidamente, les afeé su acción, ya que el alcohol era perjudicial para los niños. Se lo tomaron con exagerada comicidad, coreando palabras inconexas.

Me dí cuenta de que les hacía efecto. Al que más, Dani, que tuvo que entrar en el chalet para tumbarse en la cama, después de vomitar. Fue el único de mis hijos, que jamás pudo probar copa alguna de alcohol, ya que le repugna.


Parejas perdurables ( continuación 57 )

-Tere, ayúdame a llegar al coche y vámonos todos, que si tardo algo más, no podré conducir.

Acabábamos de realizar unas zambullidas en la playa de Cubera. Los niños en plena guerra de agua unos y construyendo castillos de arena los otros. Yo sin darme cuenta, realicé un mal gesto espinal y noté la clásica sacudida lumbar.

Creo que no lo conté pero de estudiante, cierto día al agacharme para re***** unas piezas de hierro que iba a croquizar, lo hice con tal mala fortuna, que me quedé hecho un cuatro.
No podía moverme. Llamé a Agustina, que me ayudara a tumbarme en la cama y llamara al médico.

Estaba asustadísimo. ¿Me quedaría paralítico?. El médico al verme en cómica posición y que no me atrevía ni a mover el brazo libre, pues el otro lo tenía atrapado por mi propio cuerpo contra el colchón, soltó una carcajada.

No se molestó ni a tocarme. Directamente una receta para ciertas pastillas, un linimento y una faja ortopédica. Recomendó que no intentara ningún movimiento doloroso. Simplemente, dejar pasar las horas y que lo administrado hiciera su efecto. Podía estar así uno, o dos días.

Su risa, en principio me pareció ofensiva, pero pensándolo fríamente, fue el inicio de la recuperación. Desapareció el miedo a quedar inválido.
Tres años más tarde, de nuevo al ponerme sudado en una corriente de aire con el torso desnudo, noté el tirón. Esta vez, ya no me asusté pero tuvo Tere que ayudarme para colocarme en una butaca en postura algo forzada. Esta vez el médico me recetó unas inyecciones y a la mañana siguiente, siempre con las debidas precauciones, ya me incorporé al trabajo.

Y ahora, con la experiencia de ocho años con esta espada de Damocles acompañándome, conocía no solo el remedio, sino los síntomas anunciatorios del tirón y su desarrollo. Sabía que aquél dolor iría en aumento y en pocos minutos, me quedaría clavado. Luego como de costumbre, con las inyecciones que traería el médico y veinticuatro horas mínimo de vagabundeo por la cama, como nuevo.

Claro que en pleno verano y si aire acondicionado, la cama era una sauna. Muy desagradable estar sudando permaneciendo quieto, pero el calor veraniego en realidad ayudaba a la recuperación con menos horas de convalecencia.

-J.C. haz venir a tus hermanos al coche que nos vamos. Papá no se encuentra bien.

Los niños capitaneados por J.C. muy contrariados, pero también preocupados ya que no entendían que podía ocurrirle a papá, rápidamente dejaron sus juegos y se dirigieron al coche.
Tere abrió la puerta, dejó que me apoyara en ella y ladeándome, procuré colocar mis posaderas en el asiento. Luego, con una lentitud semejante a los movimientos de estudio en un filme a cámara lenta, fui tomando la posición del conductor agresivo. Solo me faltaba rugir.

El kilómetro y medio para llegar al chalet, lo pasé angustiado, temiendo en cualquier momento paralizarme en el punto del recorrido menos deseable.
Hubo suerte, pero descender del coche, andar hasta la cama y tumbarme en ella, fue otra película de antología.

Por lo demás, sin novedad y atendido ya por tercera vez sin necesidad del médico, Tere siguió mis propias instrucciones y se comportó como auténtica enfermera.
Y ¿cómo pasar tantas horas tumbado ajeno a las normales actividades?. Pues con trabajo mental.
Pensé en lo poco libre que me sentía debiendo atender a demasiados negocios y con personal que así como en principio parecían subordinarse incondicionalmente, a la larga se convertían en colaboradores de poco fiar y cargando su responsabilidad sobre mis hombros.

Recordé a Narciso, un contable de los inicios de Santa María, que después de manifestar claramente que prefería seguir con Orpí, me adquirió el 2 Caballos Renault por bajo precio y sin abonar nada, prometíó pagarlo mediante doce letras aplazadas a un año.
A la tercera, abonada, me pidió que le firmara la documentación para el cambio de nombre, a pesar de no estar satisfecho el precio de la compra-venta. Accedí. Se lo vendió de contado a un tercero y devolvió todas mis letras.

Pedí a Tere que dejara de verse con la mujer de Narciso, ya que me revolvía las tripas tratar con semejantes parejas. ¿Por unas letras ridículas, aquél personaje que fue de confianza en el negocio, enseñaba cual era su calaña?.

Pues pensé de nuevo en él y me alegraba de haber perdido el contacto para siempre.
Otra vez me equivocaba, el siempre, solo duró doce años.

Pero también urdí como deprenderme de Robino. Lo puse en práctica unos meses después. Le aconsejé, que se hiciera cargo del negocio totalmente con la imprenta del socio y en otro despacho, ya que pensaba reducir efectivos y abandonaría el mío próximamente.
Ante la nueva organización, le cedía casi todo mi mobiliario. Yo no lo precisaba en mi nuevo despacho. En realidad me trasladaría al de la empresa creada por Jacinto, ya que se me ofreció para colaborar con él.
Y además posteriormente con los congelados.

Mucha ilusión Robino no demostró, a pesar de que con lo que le ofrecía para montar su próximo despacho, era un pequeño capital.

A la secretaria, le daría seis meses para elegir entre seguir con Orpí, o despedirse amistosamente.
Y al negocio de Confección, ya en pleno desarrollo de la fase de liquidación recomendada por Rodriguez, lo delegué al colaborador en el negocio de trofeos Deportivos.

Me quedaría una vez desprendido de Gómez con los coches, Robino con las Revistas Discográficas, Conchita con los Modelitos y Orpí con el gabinete técnico, solo con Santa María, Los Congelados y Los Trofeos.
Urdido ya, y habiendo dado muchas vueltas la cuestión por mi cerebro, se lo comuniqué a Tere.

-Tere, como estaré mucho tiempo en el despacho de Jacinto, te apunto como administradora de Santa María.

-Pero Carlos, que yo no sé nada de construcciones y ventas comerciales. Y que los niños aún requieren mucha atención.

-No te preocupes. Una cosa es lo oficial y otra la realidad. Tú serás la secretaria perfecta desde casa, atendiendo los asuntos como lo hacías de soltera en la imprenta. Y con el rebaje de nóminas que obtendré, puedes asignarte tu propio salario. Estoy seguro, que no me defraudarás como lo han hecho los contables que conociste.

Y Tere, jamás me defraudó. Y además, se ganó la futura, que es la actual pensión de jubilación.

Parejas perdurables. (continuación 58 )

Picot, preocupado me dio la noticia.

-Carlos, los vendedores han notado que la falta de pedidos por la zona sur, se debe a que distribuidores de Barcelona, ofrecen las croquetas de Galicia a más bajo precio que el nuestro.

Aquello sí que resultaba preocupante. 
Tuvimos trato con Galicia, según el cual por la adquisición de diez toneladas iniciales, nos concedían exclusiva para distribuirlas por la provincia de Girona.
De ser cierta la contratación de favor, nadie podía adquirir croquetas y platos precocinados a precio inferior al que nos facturaban. Siendo esto así, ¿cómo podían entrar por Girona distribuidores desde Barcelona y aún servir a los clientes a más bajo precio?.
Me puse en contacto con el director de Precongel de Galicia. Estaba dispuesto a denunciar el hecho, y conocer la identidad del invasor.

-¿Podría averiguar, cual de sus clientes opera desde Barcelona?. Si se trata de varios, sepa que uno de ellos está vendiendo sus productos por debajo del valor adquirido. Y además lo hace en nuestra provincia.


Esto cualquier comerciante ya entiende por donde van los tiros. De no realizarse tal proceder solo puntualmente, y por poco tiempo, no se podía esperar otra cosa que un fraude. Al ponerlos sobre aviso, tanto Galicia como Girona, nos beneficiamos previendo acontecimientos.


Me informaron que evidentemente en Barcelona tenían un solo cliente, a semejanza nuestra, pero que era de gran solvencia, como demostró con los pedidos cumplidos realizados y que ahora estaban pendientes de un suministro sustancioso. Seguro, que se trataba de algún ardid comercial de promoción. Aún así conminarían al cliente que no se adentrara por nuestra provincia.


Tal como imaginé. Pero no podía esperar que el tema se resolviera por una simple llamada de Galicia, así que determiné entrevistarme con el gerente de GelBar, que resutó ser un conocido de un conocido y que se apodaba Prat.


-Mire Prat. Entiendo que los negocios son negocios, pero le aseguro que el que está realizando es contraproducente para ambos.

Tengo bien calculado el coste del reparto que da un ridículo beneficio aún en el caso de ser óptima la venta. Ud. por más que quiera, al entrar por Girona, tendrá como mínimo que realizar 50 km. de más de ida con otros tantos de vuelta, que los que nosotros realizamos. Y sobre les está regalando el producto.

No sé porqué pero siendo Prat diez años menor que yo, parecía ser un ducho comerciante y mejor vendedor. Y congeniamos. Precisamente me temí vérmelas con un zorro viejo que resultara un hueso duro de roer, o un Director de empresa inasequible. Nada de eso.


Me invitó salir al bar de enfrente y expuso su política y táctica de empresa.

Las croquetas no eran más que la excusa para vender arcones de congelados LINDE, empresa con la cual mantenía estrecha relación. Cada nuevo punto de venta con su arcón suministrado de contado o a plazos, como quien da un caramelo al cliente, le ofrecía productos a precio normal y croquetas rebajadas. El negocio eran los arcones. En Barcelona ya llevaba doscientos instalados.
Y ¿porqué el regalo eran las croquetas?, pues para deshacerse de un sobrepedido realizado que ocupaba cámaras y no tenían ágil evacuación.
Por aquellos días al fin agotaba lo almacenado, pero le servirían 50 Ton, de su último pedido y buscaba la forma de consumirlas con mayor rapidez. 

Aquél problema pues era endémico. Siendo Barcelona cosmopolita resultaba reacia a los congelados. ¿Cómo no tenía que serlo el público gerundense, que estaba más en contacto con el campo y los huertos individuales?. 

Sin embargo todos coincidíamos que era cuestión de unos años el que nos convirtiéramos los catalanes tan adictos a congelados de todo tipo, como lo fueran los Neoyorkinos. 
A cuarenta años vista, eso ha sido una realidad como un templo. En 20011, tanto la TV como los panfletos buzoneados a los pisos, libran una batalla para lo contrario. Para que se consuma menos congelado y precocinado y se usen los productos naturales.

Y aún más, ya abundan las tiendas de productos Ecológicos. Me temo que solo para atender a ricos, pues lo único que compite con los congelados, son los Chinos.


Amistosamente, trazamos un plan para salir airosos. Cesaría su intromisión por Girona, pero me ofrecía seguir por mi cuenta el contrato con LINDE. A él le restaría una comisión por cada diez arcones colocados y otra muy sustanciosa por los expositores.

Los expositores mínimos eran de metro y medio de longitud y podían fácilmente ocupar un espacio de cualquier comercio. Pero los de cinco y seis metros, eran palabras mayores y asimismo lo era la comisión correspondiente.

Quedaba el problema de que él dispondría de otras cincuenta toneladas de croquetas y yo diez. Si para mí resultaba ocupar la cámara hasta tres meses, a él le ocurriría algo semejante con lo suyo.

Me propuso realizar una incursión por Madrid juntos y allí con la cantidad de tascas de callos y bocatas de calamar, que se hallaban puerta a puerta, las croquetas serían bienvenidas. Eso era muy conocido por mí desde mi etapa militar.

Y Prat conocía a un colega, que trataba con cámaras de congelados. Otro cliente de LINDE.


La verdad era que nuestra relación se aceleraba. Él cumplió en todo. Ganamos dinero con los arcones vendidos. Sacamos una venta normal de croquetas, aunque muy lentamente.

Y demoramos la visita a Madrid, para conocernos mejor y madurar el plan de visitas a realizar. Sería un programa intenso. 
Salida a las nueve de la noche en tren cama, de Barcelona. Llegada en la estación de Atocha en Madrid a las nueve de la mañana, habiendo desayunado en el tren. 
Nos distribuiríamos cuatro visitas a realizar cada uno según citas previstas, hasta las dos de la tarde, en que nos reuniríamos en Sol, para comer e intercambiar impresiones y por la tarde juntos visitar a su colega para rematar gestiones. 
A las nueve noche, cenar en el tren en Atocha. A las nueve de la mañana ya habríamos regresado a Barcelona.

Sí. Éste fue el plan que seguimos una vez organizadas las citas mediante ofertas escritas a bastantes posibles clientes madrileños de los que solo seis contestaron con curiosidad, ignorando si interés.


El trato que tuvimos, me recuerda el final de la película Casablanca, en que el Prefecto y Ricky, intuían que su relación era el comienzo de una buena amistad.

A pesar de muchos avatares desagradables, durante unos años, lo fue. Actualmente me gustaría dar con él, pero llevo veinte años en que le perdí la pista y él no formaba parte alguna de pareja ni perdurable ni efímera. Simplemente le conocí siempre soltero.

Y mi catalogación del amigo Prat, en esta ocasión era corroborada por Tere que en alguna ocasión nos acompañó a festejos, conociéndole en persona y no por asuntos de negocio.

Parejas perdurables (continuación 58 a )

Esperanzado con el nuevo contacto comercial, el lunes siguiente iba a contárselo a Picot. Antes de entrar al despacho, un vendedor me enseñó una bolsa de croquetas reventada y lo que parecía una dentellada de roedor en una de ellas.

-¿Qué ocurre?. 

-Pues que a última hora del viernes, entramos a la cámara con los pedidos preparados y se nos coló un gato. Por lo visto esto debe ser obra suya. 

Pues sí que teníamos un problema. Con los ciento cincuenta palets que albergaba la cámara el gato desaparecería por arte de magia, bajo cualquiera de ellos.
Intentaron asustarlo, mediante ruidos y correrías sin convencerle que debía salir hacia la recámara, donde la temperatura no es tan rigurosa. De allí le facilitaríamos la salida definitiva. Afuera hacía calor, pero por gato que fuera, allí dentro los 25º bajo cero no podían resultarle más agradables.

Dejé de momento la cuestión que ya se resolvería en alguna de las entradas y salidas de mercancía que a diario se realizaba.
Me centré en la tendencia favorable de pedidos que iba ascendiendo. Y le expuse el plan a Picot. Otra interrupción. 

-Don Carlos, el arcón de los helados, se estropeó y esta mañana ya se reblandecieron.

Habían al menos trescientas piezas de helado en tarrinas individuales. Entrarlas a la cámara, era un fraude, pues el helado descongelado y vuelto a congelar pierde calidad, ya que se le forman trocitos de hielo, por la descomposición del agua contenida. Había que tirarlos.
Picot dijo:

-Los vendedores no se marcharon aún, y aquí entre el personal de oficina y ellos nos hallamos doce personas, que en quince minutos podemos solventar el problema engulléndolos.

A todos nos pareció bien la idea y apostamos por ver quien iba más rápido engullendo y tragaba mayor cantidad.
Atendiendo a que el arcón se estropeó por ser un aparato viejo, recomendé que no se molestara Picot en repararlo, ya que en tres días dispondríamos de una remesa de veinte proporcionados por Prat.
Nuestros vendedores se ganarían un plus incrementando los puntos de venta que se desestimaron por cuanto el comerciante carecía de contenedores específicos. Y la red resultaría más rentable disponiendo de puntos de venta más cercanos entre sí.

Tal como preví, la organización se consolidaba y los empleados, tomaban confianza al pertenecer a una empresa de futuro.
Pero el gato, estaba haciendo destrozos en la cámara. Llevaba seis días allí sin conseguir los empleados, evacuarlo. Ya reventó bolsas de rodajas de merluza y otras de calamar. Por lo visto no le funcionaba la comida congelada, en cambio las croquetas le resultaban de fácil roer.
Tenía que abandonar la idea de que saliera por sus medios. Incluso pensé en cual de las vidas se hallaría ya que de estar en la séptima, de un momento a otro re*****íamos su cadáver congelado.

No había otra solución. Aconsejé que me acompañaran cuatro empleados equipados con los guantes y anorak, preceptivos para permanencia dilatada en la cámara y armados dos de ellos con varas de metro y medio y otros dos con atrapa mariposas.
Y así emprendimos el Safari gatuno por la cámara de congelación.

Paramos los ventiladores, o no hubiéramos aguantado ni cinco minutos allí dentro. Nos distribuimos por los extremos procurando asustar y ver por donde salía.
Una vez visto en el palet en que se escondía, fuimos cerrando el cerco y los armados con las varas hurgaron repetidamente, obligándole a salir. Se logró con relativa facilidad, pero se metió en otro. Esta función se repetía, hasta que más avisados, en cuanto volvió a salir, el atrapa mariposas del más célere, le cayo encima y final de trayecto.

Estábamos todos helados y no hubiéramos aguantado mucho más allí dentro. Incomprensible que un gato hubiera permanecido allí una semana vivo.
Quizá cuando soplaban los evaporadores, se escondía bajo los palets tal como vimos. Seguro que amparado por el espacio encajonado a ras del suelo, se defendía del aire racheado.

¿Qué hacer con el animalito?. Desde luego soltarlo a la calle, aunque en no muy buenas condiciones. Un vecino nos dio la solución. Reconoció al gato y ofreció traérselo a su dueño.
En aquél momento no se me ocurrió que podía acompañar al vecino y presentar factura por los destrozos al dueño.

Mientras aguardaba respuestas de clientes interesados para el próximo viaje a Madrid, uno en tono burlón, preguntaba si nuestras croquetas diferían de las de la empresa de Galicia, que eran las que ellos consumían.
Llamé a Prat y le puse al corriente. La empresa Galaica, a este tiempo debía tener delegados en todas la provincias españolas. Pero Prat no se arredró por este detalle. Tenía un as en la manga.
Seguiría la táctica de reventar precios ya que se convertiría en productor de nueva marca. Esto no me lo contó en la primera entrevista. Y ya me tuvo en vilo para saber en que lío me metía.

Insinuó que podríamos conseguir vender en Madrid, todo y más. El más era lo que no me lo especificó hasta el mismo día del viaje comercial.

Mis preocupaciones ya pasaron de los congelados a los trofeos deportivos. Verdad que Ramón estaba realizando una buena labor, pero se extralimitaba en complacer a diestro y siniestro a sus colaboradores. Por lo visto el proveedor de Copas y medallas, pasaba un momento angustioso y él le tendía la mano, incorporándolo al negocio de la tienda. Aquello, requirió la apertura del negocio en local mayor y con más empleados. Por ende, tuve que aportar mayor capital.
Y ¿qué?. Pues ahora los apartamentos Gemini, con obra conclusa y amueblados el 50 %, proporcionarían una ampliación de capital.

Pero después de haberme desprendido de unos cuantos negocios, estaba resultando que me involucraba en cantidad superior a los restantes.
Otra vez, Tere manifestó su desagrado y al revés que con Prat, Ramón le causaba desazón.

Parejas perdurables (continuación 58 b )

Curioso como al fin solucioné el problema de la fosa séptica. Orpí había proyectado y dirigido la obra de los apartamentos Gemini y de esto ya hacía más de un año. Me expuso su contrariedad al no disponer de alcantarillado en la Urbanización.
El Ayuntamiento disponía de un deficiente trazado que incumbía únicamente a la plaza, a la Iglesia y a las calles de su entorno. Imposible conseguir una red con proyección actual para una urbanización, que triplicaría el censo de habitantes habidos desde un par de siglos.

La esperanza de conseguir siquiera autorización para ello, mientras el Alcalde regentara la Ciudad, era vana. Hipócritamente, aducía pegas legales.
Pero a las torres individuales, les enterraba en su propio solar, una fosa prefabricada y homologada de capacidad para ocho personas. Casi todas las urbanizaciones lo tenían permitido.

La capacidad de una fosa prevista para un notable exceso del centenar de personas, se salía de lo normal y su ubicación con un acceso fácil para las contingencias de limpieza, resultaban un problema.

Le sugerí a Orpí que elevara un metro sobre el nivel del suelo la planta baja del bloque de nivel inferior. Luego circundara en edificio rectangular, con una acera en voladizo de ochenta centímetros ancha. Excavaría para la construcción de la magna fosa, hasta la profundidad permisible por la roca aflorada en los cimientos.

Una vez construida con hormigón la fosa de dimensiones calculadas para su óptima efectividad y máxima duración sin necesidad de vaciado, la cubriría y regularizaría los niveles del suelo hasta veinte centímetros debajo la acera.

El hueco entre la cara inferior de la acera de quince cm grosor y las tierras aportadas para ajardinar, lo aprovecharía para la instalación de un tubo luminoso de color verde limón. El tubo no se vería, pero la luz salida del suelo, aparentarían una vez encendido, como si el edificio flotara sobre una nube.

Pues esto resultó mejor de lo que esperaba. El jardinero, en dos días, dejó con su equipo de empleados y su carga de césped, arbustos, flores y rocallas, un verdadero Edén.
Me dijo que al tercer día vería el entorno del edificio completamente verde y floreado. De ello se encargaba el riego abundante sobre una capa de gallinaza.
Verdaderamente, no me esperaba aquél milagro, a pesar de mi experiencia en el Campamento de Castillejos, que para adecentar las tiendas sembrábamos cebada y en poquísimos días crecía la hierba como si se tratara del césped del prado.
La noche de prueba de este resultado, la festejamos, con refrescos y bailoteo con amigos, niños y empleados, deleitándonos con el espectáculo.

El jardín se remató con una rampa hasta la superficie horizontal que cubría la fosa rodeada con un par de sauces y un eucaliptus.
Allí aprovechando la sombra de los árboles, un par de años después, los inquilinos de Gemini, en sus vacaciones de modo habitual, montaron una mesa y con sillas plegables ejecutaban sus partidas de dominó.

El propietario del apartamento nº 13, poco disfrutó de la timba que montaban los ya habituales en acudir a tales partidas. Sea por la emoción por ganar, o perder, la tercera vez que acudió, se hizo presa del fatídico número 13 (a la tercera, la vencida) y un ataque al corazón, lo dejó frito en un santiamén.

Su viuda, me visitó al mes siguiente, pidiendo la anulación del contrato de venta, ya que quedó en muy mala situación, dependiendo exclusivamente del marido hasta entonces. 
Y aquello, lo lamentó mi hijo mayor, ya que de todos los niños que frecuentaban Santa María, la hija del difunto, era la de edad más cercana a la suya.
Tal como temí, ya se aburriría entre niños, o “viejos”, sin poder alternar con los de su edad. Un año después ya anunció su renuncia a acompañarnos a la Urbanización fines de semana y verano. Se quedaría en Barcelona, para estudiar.

Sí. Claro. Ya era mayorcito, pudiendo cuidarse solito. Pero desde un viernes por la tarde hasta un lunes por la mañana, hay un montón de horas en curso. ¿No se podía hacer algo más que estudiar?.
Como siempre se comportaba tan sensato, le di permiso. Era buen estudiante y capaz de poner en cintura a sus hermanos, mejor que yo. Sin embargo su seriedad no llegaba a extremos inusitados, según comprobamos cierto día, Tere y yo.

Invité a una sobremesa nocturna a dos de nuestros colegas con su pareja, residentes en Barcelona.
Una vez acostados los niños, quedamos las tres parejas para iniciar grata tertulia. ¿Qué vais a tomar?.
Cada cual pidió los usuales licores de moda que ya tantas veces apetecimos. Pero el caso fue que al abrir el mueble bar, en las botellas apenas restaba un dedo de licor.

Lamentamos nuestro descuido, pues llevábamos tiempo sin abrir el mueble, ignorando el estado de su aprovisionamiento. Sin embargo, nos extrañó.
Al sentarse los colegas, en el sofá, notaron bultitos en los laterales de los cojines.
Pues entendido. Aquello, eran cacahuetes y altramuces. 
La limpieza, J.C. no la realizó a fondo y así se descubría que mientras los vecinos de Santa María se entretenían con el dominó, sus amigos se entretenía con él, en casa a sus anchas.
Me recordó que veinte años antes éramos los actuales padres los que acudíamos a guateques. Me sentí complacido, al pensar que por el momento nuestros hijos gozarían de mejores condiciones que las que obtuvimos nosotros. Y para empezar, él tenía ambos padres con vida y ninguna necesidad de preocuparse por su subsistencia estudiantil.

Mientras escribo esto, me llega por correo postal un libro y una carta de Ramón. Es la segunda vez que recibo mensajes recordatorios de las andanzas pasadas, justo cuando estoy contándolas. ¿Será que las Aónides nos ponen en contacto?.

Pensándolo bien, será interesante contar la visión que tiene él de nuestro antiguo contacto. No pertenece a nuestro círculo de parejas perdurables ya que él aún no pasa de los 45 años de matrimonio, pero va en caminos de serlo, es diez años más joven que yo

Parejas perdurables ( continuación 59 )

Las verbenas, son proclives a los excesos humanos. Los pluriempleos, resultan agotadores. Sumando estas dos premisas, obtenemos el resultado fatal para el negocio y jocoso para el espectador.
Los comensales del día siguiente a la Verbena de San Juan, llevaban casi una hora esperando ser atendidos con sus menús.

Los camareros se movían nerviosos simulando atender múltiples tareas. El maître, entró en la cocina para increpar al cocinero.
No estaba. El ****** dijo que salió al aseo hacía media hora y no había vuelto. Seguro que tendría una indisposición.

Llamado in situ, el cocinero, encerrado en el retrete, no respondía. Insistiendo, respondió somnoliento. Sí. Esta era la causa. Se durmió, rendido mientras evacuaba.
Encontrar un cocinero fijo y responsable, no era fácil. Y para un restaurante incipiente desconocido, menos.

Esta fue una de las tantas dificultades que presagiaban tener que cerrar antes de ser rentable.
Se propuso abrir solo fines de semana, cuando existían locales que no abrían al público más que laborables. De entre ellos saldría el apropiado.
La condición que impuso el requerido, que uno de los apartamentos quedara a disposición de su familia. Así él evitaba desplazamientos. Lo que me ahorraba en salario, lo pagaba en exclusión de un apartamento.

Como estaba en marcha la construcción de cincuenta y seis bungalows al finalizar las obras, inutilizar un apartamento sería poco significativo.
Pero las obras se hallaban paralizadas. Mi investigación alarmante, la expuse al recién estrenado abogado en plantilla. Evidentemente, siguiendo el cumplimiento de las leyes, su intervención nula.

Este resultó ocho meses después, el origen del descalabro.

Pero mientras con Prat, en Madrid, realizamos las gestiones previstas. Por el trayecto en el compartimento de dos camas, me expuso que el plan no era únicamente colocar la mercancía de Galicia, sino que establecería una base para introducir su propia producción.
Su plan era ambicioso. Sus oficinas las trasladaría a un edificio Industrial de Hospitalet. Muchos metros cuadrados por poco dinero de alquiler.

En planta baja, almacén y embolsado. En sótanos, tratamiento del pescado y producción de croquetas. Las oficinas en planta piso.
Presupuestó el coste como el 30% de lo ofertado por Galicia. Y de ello, colaborando en la consecución de clientes en Madrid, me haría partícipe.

Para entender el milagro, tuve que visitarle dos meses después estando ya instalado en Hospitalet. Catamos los tipos de croquetas usuales, de bacalao, de queso y de jamón.
Y allí comprendí la causa de tan bajo coste.

Como esto coincidía con las vicisitudes de Ramón y los Trofeos deportivos, los negocios se estaban fundiendo aleados unos con otros irremisiblemente.
Y no digo aliados, ya que en definitiva era yo quien los financiaba.

Tal como dije, al recibir tan oportunamente la carta de Ramón haciendo un recordatorio de nuestra antigua relación, pensé en exponerla aquí, para ver como la percepción de las vivencias, varía según las personas afectadas.
Vamos, lo del cristal con que se mira. Y efectivamente su cristal de hace cuarenta años, no era el mismo que el mío. Como si dijéramos mi cristal ya estaba empañado por la acción de diez años más de usarlo que él, el suyo.

Le llamé pidiéndole permiso para copiarla y exponerla aquí, asegurándole que lo único que cambiaría serían los nombres de los actores, por aquello de que pudiera haber suspicacias y malentendidos.
A mí se me antoja una solemne hipocresía, que las personas cuarenta años después, puedan sentirse ofendidas por lo que se narrara verídico de ellas.
La historia no se puede cambiar, pero sí narrarla con mentiras. En este caso sería comprensible que el actor pudiera sentirse ofendido. No siendo el caso, lo único que puede significar es que reconoce sus desaciertos y le avergüenza reconocerlos públicamente.

Vamos, que no cree en la resurrección de la carne y el Juicio Final. O que lo ve muy lejos.
Este es mi sentir, aunque comprendo que de todo hay en la viña del señor.
Luego, con su venia, copiaré la carta remembranza seguidamente.

Parejas perdurables (continuación 59 a )

Texto, sic, de la carta recibida de Ramón.

Amigo Carlos:
Te escribo a mano, porque estoy de vacaciones y las vacaciones son una buena ocasión para tratar temas pendientes.
Hace tiempo, que tenía ganas de poder mantener una charla con Ud., aunque en esta ocasión, será un monologo.
Nuestra relación se “rompió”, pero fue una rotura - mejor dicho una separación- no problemática y sin que nadie tuviera que reprocharle al otro, cosas que le hicieran bajar la cabeza.
Las cosas no funcionaron y se llegó a un final traumático y doloroso.
Tratar de analizar ahora las causas, no conduce a nada.
Pero cuando algo no funciona y termina mal, los “culpables” son aquellos que tenían responsabilidad de conducir la nave.

Pero no es de eso de lo que quiero hablar, sino de aspectos personales, que me han marcado y de los que tengo malos recuerdos.
Todo empezó por “ culpa “ del Dr. Del Bcº Exterior (e.p.d.) que conocedor de que a Ud. le gustaba realizar negocios, le habló de nosotros y Ud. se animó a entrar a “jugar” con nuestra empresa.
Empezó comprando títulos de inversión. Un invento mío, que me podía haber traído problemas.
Luego, el artesano de las Copas y medallas, tuvo necesidad de un “cable” para pagar salarios y Ud. fue entrando más hasta meterse dentro del todo.

En Cubera, montó un tinglado gordo.
Y cuando estaba a punto de inaugurar el complejo compuesto por el bar, el restaurante, la piscina, la pista de tenis, la sala de juegos, y la tienda, las personas que se iban a encargar, rompen el acuerdo y lo dejan todo colgado y con las obras a medio terminar.
Se le creó un problema, como Ud. decía :“gordu”.

Me lo consultó y no dudé un momento de aceptar la responsabilidad.
Terminamos las obras y la decoración y el día de la inauguración (La verbena de San Juan), estaba toda la plantilla mi tienda trabajando.
Junto con mi mujer, mi ayudante y su mujer, llevamos el negocio hasta la Merced.
Nos ayudaron en el bar, los jefes de ventas Naviro y Llanas (e.p.d.).
En la calle Casanova, montamos un tinglado importante el Contable Paco (e.p.d.) el abogado auxiliar Buzón, …..
Pero el holding no se pudo sostener y cayó todo.
Cada uno intentó salvarse como pudo .
El artesano de las copas, de forma desleal, presentó una querella contra Ud. y contra mí, que no prosperaron.
Mi ayudante, se retiró a Blanes de forma correcta, e intentó subsistir durante un tiempo, hasta que tuvo que cerrar.
La tienda de deportes y trofeos, fue tambaleándose y resistiendo hasta el año 1998, que tuvo que quebrar.
Quedamos desconectados, pero sé que tuvo muchos problemas.
Realizó nuevos intentos de resurgir algo, pero al fin lo dejó.

Al cabo de unos años, apareció llevando un tema de cobro de impagados. Y ya no supe nada más .
Hasta ahora, que últimamente hemos vuelto a contactar con motivo del prólogo que le pedí para mi libro.
Veo que está metido de lleno en lo de la Física cuántica y que le gusta.
Es importante, a nuestras edades, encontrar actividades que nos llenen y a las que les podamos poner ilusión.

Del periodo en el que colaboramos, saqué muchas experiencias positivas.
Ante todo conocí a una persona, singular y especial.
Tengo que agradecerle y mucho, el que siempre confió en mí y me lo demostró.
Yo intenté no defraudarle, pero no conseguí encauzar todos los temas.

Recuerdo, como una de las cosas más atrevidas que he hecho en mi vida, el enfrentarme, representando a Ud. y haciéndome pasar por su abogado, a toda la comunidad de propietarios, con el abogado de ellos incluido, y que se lo querían “comer”, pues les faltaba agua, luz, bordillos, desagües….
Ud. llegó a tener en sus manos un gran patrimonio y unas grandes posibilidades.
Los Bancos, que primero le ayudaron, fueron los que después le hundieron.

Ha tenido suerte de tener a su lado a una gran mujer : Teresa. Primero tirando del carro, en lo que respecta a sus hijos y además ayudándole a Ud.y preocupándose de todo.
Con una gran visión.
Si no hubiese sido por ella, no hubiese podido realizar ni la mitad de los negocios que hizo.
Siempre ha sido una persona visionaria que ha visto más allá.
Le costaba explicar los proyectos y que los entendieran.
Le ha fallado mucha gente. Cuando estaba “arriba”, se le acercaban para ver que podían sacar. Cuando estuvo abajo se apartaron.

Realmente, tiene material y vivencias para explicar y escribir unas jugosas memorias.
Ahora ya no hay posibilidades de que realicemos ningún negocio juntos.

Por eso creo, que es el momento ideal para que le demuestre mi reconocimiento y mi gratitud por la confianza demostrada.
Me gustaría saber más de Ud. y de su señora, de quien como ya le he comentado, guardo un gratísimo recuerdo.
Por lo que ha trabajado y luchado, merecería tener un final mejor, y sobre todo, haber quedado mucho mejor situado de lo que supongo ha quedado.
Pero Ud. no se preocupaba de Ud. Sólo le interesaba el crear y el realizar.
Otros, con menos posibilidades, han quedado con la espalda nien cubierta.
Recuerdo aquellas reuniones con Jacinto, Los congelados en Girona, y con el sr. Prat, y muchos otros.
Una de sus últimas imágenes que le recuerdo, con el mercedes, familiar rojo, o (granate).
También recuerdo que un hijo suyo trabajó en la tienda.

Tuvimos en nuestras manos, un gran negocio, que por falta de recursos, no lo pudimos explotar adecuadamente. Y era la exclusiva y licencia de artículos KUBALA.
Hoy por este contrato, se pagarían millones de Euros.

Supongo que todos los hijos vuelan por su cuenta.
Cuando nos conocimos, eran pequeños.
Pensando en ellos, montó una empresa 7V2.
Bueno, voy a terminar, pero no por falta de cosas que recordar, pues fueron unos años muy intensos y en los que hubo de todo.

En resumen, guardo un buen recuerdo de Ud. pues es una buena persona autodidacta-quizá demasiado- y con una visión de las cosas algo diferente de la mayoría. Tiene su moral y ética propia, pero los demás a veces no lo entienden y llegan a no aprobar alguna acción suya.
Es humilde en reconocer lo que no sabe y nunca ha buscado el poder ni el prestigio personal.
Su objetivo siempre ha sido crear y hacer.
El dinero no le ha nublado la vista.
Y lo dejo aquí, aunque podría seguir.
Una abraçada
Y un respetuoso saludo para su señora Teresa.


Pues a pesar del transcurso de 37 años, que es cuando nuestras vidas siguieron distintos caminos, lo que cuenta según su visión es bastante exacto.
Aunque los lectores no puedan inferir todo el significado, tanto él como yo que lo vivimos, sabemos de qué se trata. Pero el lector ignora los detalles de lo referido. Sin embargo voy desmenuzando sucesos aislados que complementan lo apuntado.
Lo que viene a continuación, el secreto “aterrador” de las croquetas de Prat.


. Parejas perdurables (continuación 60 )

Me avisó Prat, que acudiera aquella tarde ya que junto a todo el personal de la plantilla de su empresa, realizarían una degustación de las croquetas ya definitivas.
Cada persona daría su puntuación entre agradables, mejorables, buenas, y óptimas.
Las desagradables ya sabía que no existían por haberlas anulado con anteriores catas.

Me citó directamente a un restaurante contratado para servirnos las croquetas y como no, los vinos de acompañamiento. Una vez realizada la degustación y emitido el veredicto calificativo, pasamos a su local donde me enseñó el proceso de fabricación.

El sótano en la penumbra, de inicio no resultaba acogedor. Mesas con aserradoras, embudos, cajas de recolección material aserrado, y otras con material base como harina y leche en polvo. Luego la amasadora y finalmente los moldes. De allí subían lo elaborado a las cámaras de congelación.

Indicó que tuvieron que solicitar número de registro sanitario. Les visitaron los inspectores, y estando todo en orden, junto al certificado médico de los empleados carentes de enfermedades contagiosas, ya podían salir al mercado con su marca.

-¿Qué son tantas aserradoras?.

-Pues la base de obtención del bacalao de las croquetas. Al cortar la merluza, la Rosada, el calamar y los sucedáneos se pierde gran cantidad de aserrín, que merma el peso de las rodajas suministradas en bandejas de plástico para los comercios. Lo aprovechamos para las croquetas, que así no nos cuesta nada.

O sea que a las croquetas les añadían el componente proteíco a base de serrín de pescado. Y este serrín procedía de la piel, la carne y la espina. Entendí que era más nutritivo que si se usara su carne sola. Y para más estupor, resultaba más sabroso que los caseros.

-Pero ¿dónde está el bacalao? .Que yo sepa no comerciamos con él.

Prat, se rió y dijo que “bacalao”, el ingrediente de las croquetas, era la mezcla de todo el serrín recuperado de todo tipo de pescado, menos el bacalao. Una pizca de sal, le daba un sabor indistinguible.

En cuanto a las de jamón, estaba servido por varios bares que le entregaban los huesos del jamón, de los que rascaban la parte más rancia. Su sabor, inigualable.
Hicieron pruebas con jamón corriente y a pesar de ponerle mayor proporción cárnica, no resultaban como los rancios.

Y el queso, los desperdicios resecos asimismo donados por las charcuterías.
Inferí de inmediato que podría usar el mismo método para fabricar las de pollo. Recientemente, estábamos en tratos con la empresa valenciana Avidesa, de la que nos surtiríamos de sus helados y pollos en bandejas individuales de cuartos.
No tenía más que aserrar estos cuartos, hueso incluido y seguro serían el súmmum de las croquetas de pollo.
Hicieron demostraciones en las que indiscutiblemente, las croquetas con estos ingredientes “degradados”, sabían mucho mejor que las mismas con material dijéramos de primera calidad.
Por eso quiso primero que degustara lo elaborado, sin prejuicio, ya que mi paladar pudiera haber sufrido alteraciones subjetivas.

No tuve más remedio que darle la razón ya que las elaboradas en casa, en comparación con las congeladas por él, resultaban insípidas.
Pero aquél éxito reportó conflicto con Galicia.

Llevábamos meses que ni él ni yo realizábamos pedidos de croquetas y como deferencia pequeñas cantidades de platos precocinados.
Sin que supieran aún el motivo, un vendedor de Galicia, acudió a la empresa de Prat en su antiguo domicilio de Barcelona, ya en ciernes de desmantelar, con la intención de activar las paralizadas ventas, presentando nuevos productos y procurarse sustanciosos pedidos.

Yo me encontraba allí con él precisamente para determinar como dar al traste con lo que nos quedada almacenado. El vendedor, alucinado escuchaba nuestra conversación en que cada uno hacía al otro oferta de las croquetas que no se habían colocado aún por Madrid, a precio casi el de adquisición a Galicia.
El vendedor, nos llamó la atención. ¡Oigan, que nosotros vendemos croquetas!.

Entre risas, le comunicamos que simplemente se trataba de una estratagema comercial, ya que disponíamos de un comprador minoritario en Valencia y nosotros esperábamos vaciar cámaras para entrar nuevo género.
No le concretamos que este nuevo género lo fabricaría Prat.
Sin embargo, la relación con Galicia se fue enfriando a partir de entonces, hasta recibir amonestación Prat, por incumplimiento de contrato, que aun y siendo verbal, los gallegos le daban mucho valor.

Por lo que me atañía a mí con los congelados en Girona, el negocio estaba bien encauzado. Tenía contactos por las provincias del Sur. Comerciaba hasta aquél momento con ellos solo para la adquisición de marisco de Huelva, o intercambios con los de Málaga, Linares y en menor cuantía con Madrid, que suministraba desde Alcalá los arcones para nuestros puntos comerciales.

Esto, iba a incrementarse de modo exponencial. Vistas las facturas de los portes, empecé a urdir la idea que con camión propio, ganaríamos bastante. Y así como Prat me oferció las croquetas de serrín, estaba dispuesto a que se uniera para el transporte por la Península de lo que adquiríamos ambos y lo que suministraba él. Serían recorridos mensuales visitando a ,los clientes de todas las provincias.

Cuando lo hablé con Picot, le pareció bien pero ya me aguó la fiesta con su sapiencia. Un camión frigorífico que realizara buena función, debía ser de capacidad superior a las diez toneladas y con aparato de refrigeración, superior a los 25º C bajo cero. Esto requería una carrocería especial, como las que construían en Arbucies y colocarles un Frigiking, adaptado como hacían los talleres de Bañoles. Aquello nos saldría por un ojo de la cara.

Es verdad, en aquellos inicios del desarrollo del mercado congelado, prácticamente los camiones eran adaptaciones artesanas. Y viajes de largo recorrido, no pagaban los costes para dar beneficio, aquellos de cinco, o menos toneladas. Para algo así, ya podíamos seguir pagando portes a los suministradores.

Lo pensé unas semanas, pero vi que la facturación de la mercancía entrada durante el mes y la parte correspondiente a los portes desde Vigo, Madrid, Huelva, Tarragona y los menores de La Escala de nuestra Costa brava, representaba un porcentaje elevado que se comía los beneficios.

Así, aproveché la vista del captor de clientes para el banco de Gerona, para sondear las posibilidades. No era la primera vez que nos visitaba Marce, para captar nuestro papel comercial a negociar por su banco. La negativa constante, esta vez ya me lo pensé mejor y fue condicionada.

Muy bonito el proyecto, si no fuera por no haber contado con el factor humano.


Parejas perdurables (continuación 60 a )

Contactamos con Avidesa, por su campaña de expansión de su venta de helados. Al principio, llamaba la atención que una empresa avícola, se pasara a la repostería.
Los bromistas decían que sus helados sabían a pollo.

Claro que si ganaron en muchos mercados a Frigo, no era por su sabor a pollo, sino por sus buenos sabores y presentación original. Y claro que sus helados llevaban grasa de pollo. Precisamente, ese fue el motivo de poder comercializar los helados a bajo precio. Hasta que no se decidió a elaborarlos, era Avidesa la que suministraba la grasa de pollo a las competencias fabricantes de helados. No todo era mantequilla de vaca.

La empresa se ganó el título de “Ejemplar”, por su solvencia, su trato con los empleados y sus sindicatos, muy bien conceptuada comercialmente.

Tanto era así que por el sorteo de Navidad del año en que nos convertimos en clientes suyos,
un Hado benevolente, agració a Don Luis Suñer, propietario de Avidesa, con el premio Gordo.

[URL="http://elseisdoble.blogia.com/2007/122812-galeria-de-fotos-de-alzira-9-empleados-de-avidesa-el-dia-que-salio-el-gordo-de-l.php"]GALERÍA DE FOTOS DE ALZIRA (9) __EMPLEADOS DE AVIDESA EL DÍA QUE SALIÓ EL GORDO DE LA LOTERÍA DE NAVIDAD DE 1968EN ALZIRA[/URL]


Fotografía: Un día feliz para los empleados de Avidesa.
Comentarios: El número 57.150 fue el agraciado en el sorteo de la lotería de Navidad de 1968. Fue vendido en la administración nº 1 que regentaba Francisco Comes Lacasa. El mismo fue adquirido, al azar, por Alfredo Pellicer para distribuirlo entre los trabajadores de Avidesa y Cartonajes Suñer. Hoy hace de ello 39 años. En la foto, algunos agraciados de ese día.
Año en el que fue tomada la foto: 1968.
Fuente: Alfonso Rovira (autor de la fotografía).

[URL]http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1968/12/22/047.html[/URL]
Por su buena relación con los empleados, la adquisición de varias series del número premiado, la repartió como aguinaldo para todos.

Prorateó de manera justa las participaciones, a tenor de la categoría adquirida en la empresa.
Así los dirigentes, salieron multimillonarios, en tanto que los peones salieron solamente ricos.

Fue al regreso de las vacaciones cuando volvimos a ver al viajante que vendió, por necesidad su participación a un cliente. Su empresa pasó el mes de Enero eufórica, con la incorporación al trabajo de quinientos empleados con sus quinientos coches flamantes.

Incluso hubo abandonos de la plantilla, por parte de algunos emprendedores que crearon su propio negocio. Él se presentó a la celebración general, con la cara de circunstancias, como el único que seguía pobre.
Nos enteramos que dos años después, la mayoría siguió siendo pobre.
Pero la empresa continuó su curso con espléndida trayectoria hasta el fallecimiento de Don Luis Suñer, prócer de Alcira.
Avidesa fue adquirida por Nestlé y sus helados se llamaron Cami.

Tal como se desenvolvía nuestra incipiente empresa, el entente con Prat, estaba afianzando un futuro próspero para ambos.
Ya estaba decidido a comerciar con todas las Provincias Españolas. No se trataría solo de reparto minorista a las tiendas de Girona, lo haríamos como distribuidores mayoristas de las nuevas croquetas y lo que se terciara.

Por ello, al atender a Marce, le propuse que más que descuento de letras, me apetecía una póliza de crédito por valor del camión próximo a adquirir.
Salió esta vez contento, ya que su misión como brazo derecho del Director del Banco, era engrosar capital captado y ofrecer crédito.

Se presentó a la mañana siguiente, el propio director, para entrevistarse conmigo y catalogar la cifra de negocio a su criterio aceptable.
Quiso ver la Cámara. Advertido que no era conveniente entrar sin estar debidamente equipado, insistió en que ya conocía otras del ramo y que para unos breves instantes de inspección, no merecía la pena.
No insistí y entramos. Una vez dentro en ella, ya vi como se encogía. Para postre, accionaron los ventidores ya que lo hacen automáticamente, al registrar un grado de descenso.

El aire racheado le dio en la cara cuando apenas había realizado cinco pasos por un pasillo. Dio media vuelta corriendo a la salida.

-Se lo advertí.

-Caramba no me lo esperaba. Nunca estuve en una cámara, ni tan grande ni tan fría.

Lo que ocurrió es que no interpretó que era de Congelación. Las que conocía eran de refrigeración, máximo a diez grados bajo cero.
En definitiva, aquello le iluminó el rostro. Imaginó que se hallaba ante una empresa de futuro, con base suficiente para poder darle crédito de seis cifras.
El proyecto pues siguió adelante. Se lo comuniqué a Prat, para que calculara su máxima producción mensual posible con sus instalaciones, que en tiempo máximo de seis meses dispondríamos de transporte apto para hacer la gira peninsular.
Los contactos con todos los comerciantes del ramo en España, colapsaron teléfonos. Formamos un listado de los interesados enviándoles folletos con nuestro baremo, invitándoles a que además de intercambiar mercancía, usaran nuestro transporte.
Mientras se construía el contenedor, pusimos un anuncio para contratar transportista.


13 Ton carga 2 literas Frigiking







No esperábamos que tan pronto surgiera un pretendiente. Nada menos que el padre del encargado de mantenimiento de nuestras cámaras.

Tuvimos varias sesiones, en las que se mostró más que interesado en ser nuestro transportista. Aguardaría lo que hiciera falta para entrar a formalizar contrato, ya que realmente, los talleres no terminarían su trabajo hasta un trimestre más tarde.

Le complació y pidió que le permitiéramos dar instrucciones de los acabados que le gustaría tuviera la cabina con dos literas y aditamentos de aseo.

No me pareció inconveniente alguno, aunque se estaba mascando la tragedia.

Parejas perdurables (continuación 60 b )

Le pedía a Picot, que organizara rutas para cuando estuviera listo el camión. Los recorridos de punta a punta de la península, no debían rebasar los meses naturales. Aunque lo ideal sería por quincenas. Dos veces al mes carga de Barcelona, salida con mercancía propia y regreso con la ajena.

Le comenté que gracias a Marce, al influir al director del banco, este vehículo, en seis meses podía salirnos gratis. Podía recordarlo para el próximo fin de año, tenerle una atención.

-No te lo conté, Carlos, pero a Marce ya lo enterraron.
Pues sí que empezaba bien el año. Un hombre joven, aparentemente alegre y feliz. Ni medio año transcurrió desde su última visita, cuyo fruto, resultó un éxito profesional para él y una ayuda eficaz para nuestro negocio. 

-¿Tuvo un accidente?.
Picot, contó que más bien el accidente se lo buscó él con su ludopatía.
Llevaba meses con discusiones en el hogar por no atender los gastos. Su mujer, se asustó al recibir nota de embargo de la vivienda. Había agotado el máximo de plazos sin atender la hipoteca. Por otro lado, para salir airoso, agotó el cupo de anticipos del banco, que le consumían la paga Navideña.
Además, media docena de personas le buscaban por no figurar oficialmente los depósitos anuales en sus cuentas debidas, ya que se las quedaba él para reponer supuestamente, cuando tuviera una buena racha.

Este año, se jugó todo lo que le restaba de dinero turbiamente adquirido, en números de la lotería. Su plan con un mínimo de suerte le habría suavizado la situación, pero no.
Este año, la lotería se abocó, íntegra en Alcira. Nada para Girona. Los Hados de Diciembre le hicieron mella irreparable.

No se presentó al hogar el día del sorteo. Ni a la mañana siguiente acudió al banco. Su mujer lo denunció a la policía, pues se hallaba en una insostenible situación y temía la fuga de su marido, abandonándola con su bebé.
Desapareció, sin rastro, pero con su coche, asimismo perdido en el juego y no entregado al ganador.
Se suponía que estaría por Francia, más que por Andorra, ya que sería mayor la dificultad en localizarle.

Dos días después fue localizado dentro del coche entre la maleza de un bosque de Arbucies, gracias a que sonaba la radio del automóvil.
Lo hallaron con la cabeza sobre el volante, un puñado de aspirinas en su mano izquierda y una botella de coca-cola derramada en el asiento copiloto.

La radio encendida debió seguir muchas horas, pero el motor, agotada la gasolina ya dejó de funcionar. Una manguera iba desde el tubo de escape al interior del vehículo, con las puertas y ventanas cerradas.
No hacía falta ser ni un Sherlock Holmes, ni un Poirot, ni una Jessica Fletcher, para deducir lo ocurrido.

Se le agotaron las oportunidades y no tenía donde acudir. Por lo visto resolvió su problema de la misma manera que años atrás lo hizo el Sr. Castillo. Y a lo mejor, creyó lo que por aquél entonces se difundía sobre el mito de la mezcla de aspirinas con Coca-Cola.

Por lo menos la efervescencia que le produciría su gran ingestión, podía haberle nublado la vista hasta cegársela el carbónico de los gases de emisión del tubo de escape.

Los casos de suicidio de personas que me hubieran sido conocidas directa o indirectamente, a través de mi vida, ahora que lo rememoro, ha sido abrumador. Desde los dos en mi infancia en Olot, hasta los de los colegas constructores en Barcelona, que fueron tres y los de artistas como Jorge Sanders, en Castellfels, el director Waldo de los Ríos que grabó su propia ejecución emitida por TV, Marilyn Monrroe y otros que no recuerdo su nombre, (cantantes por drogadicción) ascienden a otros seis.

Posteriormente, la de siete conocidos espontáneos a través de veinte años. Últimamente a renglón aparte, unos veinte anuales con la denominación de violencia de género, en la que suele un macho, matar a una hembra y acto seguido se suicida.

Al final generalizando tanto esta moda, habrá que indagarse si lo hay, el placer que reporta tal proceder. 

Luego cambié mis pensamientos mirando el caso desde el punto de vista comercial. Mucha suerte tuvimos que Marce, viniera a ofrecernos un crédito del que no podía él sustraer nada. Lo contrario de haber sido de los que entregaban depósitos para sacar buena rentabilidad, que les llevó a la pérdida de sus ahorros.

Pasamos con Picot a analizar las cuentas del género en cámara. Las croquetas que reservamos para intercambio con futuros clientes, ascendía a tres toneladas y al tiempo que realizaríamos los viajes por la Península, ya dispondríamos de otras tantas de la producción de Prat.

El primer viaje que encargaríamos al transportista, sería cargar diez toneladas de croquetas de Galicia, y tres de las de Prat, desde Hospitalet. Descargaría las tres de Prat en nuestra cámara y se llevaría las tres nuestras de Galicia. Desde Girona, partiría con el máximo de carga útil destinado a reparto por la ruta hasta Huelva. 
Allí cargaría seis toneladas de gambas y langostinos para Prat y dos para Girona. Y durante el regreso podía ocupar las cinco toneladas de capacidad restante, con mercancía ajena a distribuir por las provincias. 
Según las paradas que tuviera que efectuar nuestro camión para corresponder a la demanda, el viaje oscilaría entre dos y tres semanas, por lo que el transportista era consciente de su futuro en carretera.
Llegado el día de la inauguración, vimos a un empleado, más que satisfecho de laborar por una empresa, a todas luces de porvenir.

Para él le representaba la oportunidad de, en un par de años, pasar de ser empleado, a autónomo. Pues le entregamos un documento con nuestra autorización para conducir el vehículo por España y opción de compra del mismo, a partir de los dos años, en que nosotros lo dispondríamos ya totalmente financiado.
En la guantera, llevaba la documentación preceptiva, además de una copia de nuestro documento privado y las llaves de la cabina, del motor y de la caja de congelación con sus dispositivos de seguridad.
Nosotros teníamos el duplicado en previsión a eventualidades.

¡Y vaya que se dieron las eventualidades!.

inuación 61)

Otra contrariedad que tuve para mantener el complejo lúdico-turístico junto a los apartamentos, fue la experiencia rayana a desgracia de la niña que escapando de sus padres, corrió al borde de la piscina cayendo en ella sin observarlo nadie.

Un camarero vió su cuerpo flotando cuando debía haber tragado bastante agua. No tuvo dificultad en rescatarla y hacerle escupir el agua que le pasaba a los pulmones.
Y aún no tenía la licencia para mantener la piscina como pública. Me resultó más económico, vallarla y convertirla en privada, que asumir todos los trámites preventivos para ser pública, entre los cuales la obligatoriedad de personal de mantenimiento fijo con el salvavidas.

Los juegos de azar con las tragaperras, otro impedimento legal, no rentable con público insignificante.
Y lo del cocinero, colmaba el vaso.

Total, lo expuse a Prat, por si con sus contactos pudiera hallarse un interesado en adquirir el restaurante con las instalaciones anejas, a excepción de la piscina, pero con el frontón formado por la pared separación de la piscina que tenía a sus espaldas y el recinto para tenis.

Se lo expuse al presentarle a nuestro flamante camión con el conductor elegido. Iniciábamos los negocios por la Península. Sin embargo él ya había recibido una demanda judicial por parte de Galicia, cosa que no sucedía con Girona. Nosotros no estábamos comprometidos a nada. Si dejábamos de comprar su producción, lo que sucedía era una pérdida de la exclusiva por Girona, que podían asumirla otras entidades.

Por lo visto el trato que tenían con Barcelona y concretamente con Prat, sería de mayor intensidad, pidiéndole compensación monetaria por eludir tal trato.
No le dio importancia al hecho, que según él, lo solventaría extrajudicialmente. Muy fácil.
Si seguían el proceso, aguardarían sentencia, previsible en varios años y de ser condenado, abonaría la cantidad base del contrato, poco cuantiosa. De retirar la demanda, se cobrarían con la mercancía que le quedaba en cámara, de valor aproximado a lo demandado. Y se ahorraba esfuerzos para tener que colocar él la mercancía por las provincias.

Esto lo tendría en cuenta, yo, pues me facilitaba que lo no servido por él en este primer viaje programado, lo supliría con el resto que nos quedaba en Girona, a la par que adquiriría mayor cantidad de sus croquetas. Redundaba en incremento de beneficio. No se presentaba mal la expansión del negocio.

Sentada la cuestión, le insistí en contactar con posibles interesados para el complejo de Santa María.
Los recursos que disponía Prat, para montar negocios eran inacabables. Me convencí, que o mis circunstancias, o mi sentido de responsabilidad me cohibían. Cosa opuesta totalmente a su idiosincrasia. 
Me envió un conocido suyo, Argimiro, disc-jokey que se interesaría.
¿Un disc-jockey, podía asumir el negocio del complejo?. ¿Sería un capitalista?. Pero como no estaba ajeno de urgencia en solventar la papeleta, le cité para entablar negociación cuanto antes.
Me indicó que el trato lo haríamos después de haber realizado una prueba simulacro, con la que valorar mis instalaciones.

Esto sería la semana siguiente, concretamente el viernes a las diez de la noche.
Seguí alucinando con el trato de personas que actuaban de tal forma dispar a la mía. ¿Es que vivía yo, en una nube?. ¿Para mí, que era la vida noctámbula juvenil?. 

Recordé la intentona de los sinvergüenzas presuntos vendedores que me hicieron trasnochar en los Jardines Casablanca.
Estaba dispuesto en desentenderme cuanto antes de las instalaciones, proponiendo su venta aunque fuera aplazada. Y a precio de coste de su construcción, pues sacaba el beneficio no en la operación de venta si no, en la publicidad que daría a Santa María.

Y la necesitaba para acabar las obras de los bungalows, que por cierto se atrasaban temerariamente.
El día y hora previsto, el personal que se hallaba a las órdenes de Ramón, estaba atento a lo que surgiera con la llegada del disc-jokey y su comitiva.

Sin cocinero, ya que desistieron de la cocina, todos los empleados asumirían el papel de camareros. Pusieron una tarima al pié del frontón, con una mesita, una silla, un micrófono y un foco. 
Era para la escueta escenificación de los monólogos que por aquél tiempo realizaba el cómico Catalán Joan Capri. 
Su éxito, trascendió a la pantalla de TV donde le programaron un serial. Esto lo ejecutaría como showman el propio Ramón, en plan de amenizar la velada a las once de la noche, suponiendo que desde las diez, los clientes jóvenes y menos jóvenes habrían roto hielo, con unas copas y preparándose para después de la actuación con un monólogo de los conocidos de Capri, pasar al desenfreno habitual de los bailes “agarraos”.

Puntual fue Argimiro, acompañado de unos setenta jóvenes de ambos sexos. Los recogió con una furgoneta en un recorrido por lugares de su conocimiento frecuentado por juventud ansiosa de marcha. Les prometía diversión y bebida gratis si le seguían a C`an Regalesia. Los que carecían de transporte, subían a su furgoneta, los demás en comitiva, le siguieron en sus coches.
Lo que le gustó a Argimiro, fue la facilidad de aparcamiento en la urbanización. Según su visión era un tanto favorable a sus intenciones.
Para mí, aquello prometía. De la urbanización se presentaron una treintena de personas curiosas para ver lo que sería una fiesta fin de semana, más o menos como lo fue la noche de San Juan, pero con “marcha”.

Un centenar de clientes, ya llenaban bastante las instalaciones. Y me enorgullecía de la iluminación del jardín y del efecto de la luz salida por debajo de la acera del bloque Gemini I, que parecía flotar sobre un mar de hierba y flores.

Me alarmé cuando Argimiro me indicó que debía darle cien pesetas por cada cliente arrastrado por él y que además les suministrara un botellín de refresco gratis a cada uno.
El negocio, estribaba en el alcohol y otras “hierbas”. Aquí sí que aluciné, sin necesidad de “hierbas”.

La velada no niego que amena lo fue. El griterío a cielo abierto, se oía desde la carretera a medio kilómetro de distancia. Los altavoces con el chim-pun chim-pun, no cesaban.
Ramón tuvo sus veinte minutos de actuación en la que se logró un silencio inusitado, con aplauso final, demostrando que bien podía dedicarse también a la farándula.

Luego, los altavoces reanudaron el baile, con lo que la cancha de tenis y frontón, se abarrotó por la invasión de los jóvenes. Pero eran muchos más que el centenar inicial. Por lo visto los noctámbulos de la carretera, oyendo la jarana, se sumaron a los setenta aportados por Argimiro.

A la media noche propuse al disc-jockey que anunciara el fin de la velada.

-¿Está Ud. loco?. Esto ha de durar hasta la madrugada bien entrada.

Tierra, ¡Trágame!. ¿Así actúa la juventud?. Sin trato previo puntualizado, saliendo al paso de los avatares improvisando y chantajeando a todo quisqui que se le presentara. En ningún momento, imaginé que diera Argimiro por sentado que la prueba simulacro a que se refería, llevaba consigo tal cantidad de disparates, según mi concepto, claro.

Me retiré abatido al chalet con Tere que estaba levantada con los niños en su compañía.

-Carlos, esto es insufrible. ¿Cómo van a poder dormir los niños con tal algarabía y con la música tan alta?. ¿Has pensado en el resto de colonos que también tienen niños?

-Tengo que soportarlo hoy por un mal entendido, pero al despedirse a las tres supongo, ya le anunciaré a Argimiro que no hay trato. Algo como hoy todas las semanas, pudiera ser negocio para el bar, pero un desastre para Santa María.

Las tres de la madrugada. Aún restaba medio centenar de jóvenes, más bien bebidos. Mientras Argimiro recogía su material y anunciaba los últimos compases por los altavoces, me dispuse a saldar cuentas, agradeciéndole su labor, pero que no entraba en mis cálculos tal tipo de festejos.
No me dio la oportunidad de rechazarle. Fue él que se despidió.

-Mire Don Carlos, para que esto resultara, debería ampliar el recinto por lo menos uno o dos solares adyacentes y ajardinarlos adecuadamente, con setos de separación. Luego disponer de una decena de camareros y media docena de personal de seguridad. Al menos tres personas dispuestas como showman, no una sola. Y establecer un proyector fijo para pasar diapositivas a la pared del frontón como pantalla gigante.
Tampoco está de más un par de técnicos de mantenimiento y cuatro personas para la limpieza.
Luego en el local de juegos, expedir adminículos como souvenir, preservativos y drogas.
Y la primera planta, habilitarla para uso de alquiler por horas. Cuando tenga esto dispuesto, hablaremos, que lo único acertado es el alejamiento del casco urbano y la cantidad de calles para aparcar. Aquí, menos de quinientos clientes por noche, no me parece rentable.

Así, que me guardé mis opiniones y acepté que sus impresiones debían ser las acertadas, por lo que no seguiría con tal empresa.
Esto me decidió a vender el complejo por lotes y cuanto antes. De ninguna manera podía permitir que alguien usara los apartamentos y el restaurante con una función distinta a la concebida.

Parejas perdurables (continuación 61 a )

El viaje de inauguración del flamante camión estaba resultando un éxito.
Desde Linares comunicó Raúl el camionero, que iba de vacío al salir de Madrid, pero que cargaba género en Linares para traerlo a Granada. Se desviaba de la ruta, pero saldría lucrativo. De Granada descargó y cargó para Córdoba. Y por último nos llamó desde Huelva con la carga prevista a punto, pero que se desviaría en su regreso para cargar en Toledo, el resto de carga útil.

Según lo previsto, en quince días había realizado el itinerario sin contratiempos y con unos ingresos nada despreciables.
Las gambas y langostinos, pudimos ponerlas a precio competitivo y animó a nuestros vendedores.
Llamé a Prat para que diera su opinión sobre la experiencia. Le satisfizo.

Puestos ya a inventos, le sugerí que aserrara también las gambas, cabezas incluidas. ¿Podría imaginar lo sustanciosas que serían las croquetas de marisco?.

La felicidad suele durar poco. No tardaron en salir competencias de croquetas por doquier.
Nos visitó un vendedor de Picasa. Por lo visto una empresa reciente en la fabricación de platos precocinados. Nos dio a probar sus croquetas.

Ignoraba que el acuerdo con Barcelona, le dejaba fuera órbita. Sin embargo, las probamos y la verdad, no diferían mucho de las de Galicia. Casi tuve la impresión que procedían de Galicia a granel y embolsadas con su marca.

De todos modos pintaba mal el asunto. Si se invadía el mercado con multitud de marcas de croquetas, o nos las comíamos los mismos que las distribuíamos, o se realizaba una gran campaña fomentando adicción a las mismas, por un público que empezaba a comulgar con el congelado.
Esto último se realizó indefinidamente por parte de todos los fabricantes.

Prat me dijo, que debíamos aprovechar la red de distribución, ampliada a Catalunya entera. Y como novedad, agregar nuevos productos a nuestra lista de ofertas. Se trataba de la mantequilla de una empresa de la Cerdaña, que empaquetaba pastillas individuales para servicio en bares y hoteles restaurantes, además de las clásicas de 125 y 250 gramos.

Como la mantequilla no precisaba congelación, era un plus atractivo para los vendedores y que no ocupaba cámara. Sin embargo lo más interesante fue la de oferta a las Discotecas y restaurantes del whisky de Chequers.

Hice esfuerzos para hallar el excelente buqué de tal licor y jamás lo conseguí.
Estaba acostumbrado a saborear Brandy, que era el Coñac español. El aroma que se desprendía de las barricas de madera en que se crió, me cerró el gusto para cualquier otro tipo de aguardiente. Ni el Coñac francés ni ningún tipo de whisky pudieron variar mi gusto.

Pero no se trataba de mi gusto sino del negocio. Me comunicaron los entendidos, que Chequers, estaba a la altura de los más acreditados y que los usuarios sí lo apreciaban. Por aquél entonces, circulaban marcas medianas como Johnny Walker, y J&B, pero la excelencia debió ser Chivas.

Los catadores, en las discotecas, no se tomaban una sola copa, sino que a través de la velada normalmente de varias horas, consumían una tras otra.
Y como las copas de las marcas primeras, salían a un ojo de la cara, normalmente el negocio estribaba en ofrecer al público adicto segundas marcas con un precio notoriamente inferior.
Y aquí resultó que con el Chequers, varias pruebas confirmaron su preferencia a cualquiera de las segundas marcas, comparándose con las primeras. Y el precio lo podíamos rebajar hasta casi el 50%.
Esto evidentemente, predecía otro éxito comercial. Máxime cuando las botellas, llevaban tapón irrellenable.

Los usuarios desconfiaban de las botellas abiertas no ante ellos, de que el contenido fuera el anunciado por la botella. Por eso se inventó el tapón irrellenable. La botella una vez vacía, había que desecharla por vacía realmente.
Las marcas que servían así, tuvieron también su demanda espectacular. Y Chequers era una de ellas.

-Carlos, por cada caja de chequers, te suminstraré tres de Sheldon. 
-Y esto ¿qué es, otro whisky?

Por lo visto así era pero éste no tenía tapón irrellenable y era muchísimo más barato. Como el 30%. Y recomendaba que se vendiera al comerciante sin ninguna clase de publicidad, casi de incógnita.

-¿Es tan barato por llevar tapón de plástico?

-No, lo es por servir para rellenar las botellas de Chequers.

-Pero ¿no son irrellenables?.

-Claro sin embargo a los clientes de cinco cajas de chequers, se les regala el aparatito de rellenar tapones irrellenables y éstos seguro que por las cinco cajas de chequers, luego hacen un pedido de quince de sheldon.

No entendía nada. Mi ignorancia supina venía de lejos. Nuestros tiempos de noviazgo, yo con Tere y mis colegas con sus respectivas, quedaban muy atrás. Lo último que conocimos como sala de baile moderna, fue lo que llamaban salas sicodélicas. Precursoras de las actuales discotecas, pero ni allí existía tal profusión de consumos alcohólicos y mucho menos de drogas. 

Pero bueno, todo es empezar y por lo visto se empezó fuerte a nuestras espaldas.
Contó Prat, que él sí conocía este mundillo, que la botella se abría o llevaba abierta con el rellenable virgen. Se servía a todo el que lo pedía por primera copa. La misión del camarero, era ver lo animados que estaban los clientes, para suministrarles de la botella que perdió la virginidad, con el relleno de sheldon.

Según se comprobó, el usuario después de la segunda copa, era incapaz de reconocer marca alguna.
Y era la propia expendedora de chequers, la que disponía de esta contramarca de un cosechero cercano a su factoría desconocido y al que le adquiría toda la producción sin aguardar años de envejecimiento.

Pero a todo esto, perdimos contacto con Raúl, que nos tuvo en vilo más de un mes
Parejas perdurables (continuación 61 b )

Picot llevaba el control del segundo recorrido por las provincias Hispanas. Le costó una semana organizar cargas y descargas, conjuntas para nosotros y para Prat.
Luego a la partida de Raúl, le encareció que se comunicara desde cada punto de suministro, por si se debía alterar el itinerario programado.
También le comentó, que aún no tenía concertado el de regreso, pues esperaba respuestas de los clientes.

-No se preocupe Ud. Me encargo yo mismo de concertar in situ, el servicio de transporte. 

Parecía que teníamos ya una organización en marcha y en manos de un espabilado transportista, que velaba por el negocio y por su propio interés en alcanzar la propiedad del frigorífico.
La primera semana de recorrido, hacia Huelva, transcurrió a la perfección. Picot, calculó que ya teníamos cubiertos los gastos de ida y vuelta y que restaba el negocio a obtener por la carga propia y los servicios aleatorios que surgieran.

La última llamada de Raúl la realizó desde Malagón, dónde no se le esperaba. Dijo que tenía una carga para Granada y que luego ya iría a Huelva.
En una semana no recibió Picot comunicado alguno. Llamó a Granada, donde le dijeron que Raúl partió sin carga alguna, ya que ellos solo recibieron la carga de Malagón. Pero que se veía a un transportista muy ufano con su camión y su acompañante.

-¿Qué acompañante?.

Le notificaron que a una mujer de mediana edad, la presentó como su ayudante y por lo visto, debía ser muy eficiente.

Picot se dedicó durante tres días más haciendo llamadas a los posibles clientes, ignorando todos ellos su paradero. Al fin en Cádiz, le dijeron que le dieron carga para Almendralejo, pero que no iría hacia allá de inmediato. Tendría el camión cargado un par de días.
Ya no le localizó en Almendralejo, ni en ningún lugar más.
Picot lo comentó con el encargado de la cámara.

-Oye, ¿sabes algo de tu padre?. No consigo localizarle y además por lo visto viaja con una mujer.

-¡Ah, ya!. Se llevó a mi madre. Le hizo mucha ilusión acompañarle por España. Ella jamás salió de Girona.

Esto no lo esperaba ni Picot ni yo, ni nadie. Raúl se creía ya autónomo consumado y propietario del camión.
Agotó el mes de viaje de novios, que fue en realidad lo que propuso a su mujer. Ellos no lo tuvieron al casarse y esta oportunidad no podía desaprovecharse.

Se disculpó exponiendo sus razones y mitigando su mala acción, presentando una liquidación por los servicios prestados en el recorrido que él mismo tomó, con unos resultados económicos excelentes.

No volvería a suceder esta insubordinación, de manera que esperaba le encomendaran el tercer viaje.
Picot tenía unos viajes comprometidos, con los que esperaba consolidar su faceta de armador de camión con pescado congelado, emulando a los armadores de barcos para pesca en la Mar.

Le entregó la nueva ruta a Raúl, pero con reticencia. Discutimos el tema y estábamos de acuerdo que la situación era delicada, pero que debíamos prescindir de él y buscar otro empleado.

Esta vez, a partir de última entrega y carga, enmudeció. No solo no llamaba, sino que se ignoraba dónde pudiera hallarse. Una semana después, alguien vió nuestro camión aparcado cerca de su hogar. Al llamar a su casa su mujer dijo que estaba de viaje, por encargos urgentes.

Otra semana desaparecido y repitió la función. Esta vez el camión no se hallaba por las inmediaciones de su domicilio, ya que sabía que le buscábamos.
Pedimos a un investigador privado que lo localizara y lo detendríamos.

-¿Con qué cargo?.

Tenía razón el investigador, estábamos en la cuerda floja. Se escurriría con tremenda facilidad. Ni era robo. Ni insubordinación, ya que tenía un contrato de opción de compra, ni otro delito de los que se le pudiera imputar previsto por la ley. Sin embargo el ganaba dinero con nuestro camión. No necesitaba que le pagaramos emolumentos por su trabajo.
Lo consulté con Rodriguez.

-Carlos sigues con tu racha de panoli. ¿Cómo se te ocurrió a un subordinado entregarle documentación y llaves de un camión, junto a una opción de venta?’.
Cuando le caces, tendrás que dialogar y si te hace alguna entrega metálica te habrá hundido. Y si no se la aceptas, será él que os demande a vuestra empresa de Congelats.
Teníamos pues todas las de perder. Estaba claro que él hacía negocio con el camión, mientras nosotros pagábamos las cuotas mensuales del mismo al banco.

En Cataluña, actos así los catalogan en :
“Ser Cornut i pagá el beura”. (Ser cornudo y además pagar la bebida).

Siguió con razonamientos y recomendó la mejor solución, al saber que nosotros teníamos el duplicado de llaves del camión. 
Estar atentos a su próxima aparición. Que el detective, avisara a cualquier hora de la noche en que localizara el camión y alguien de nosotros se lo llevara a Barcelona.

Eso hicimos y a la mañana siguiente, Raúl, veía visiones. ¿Dónde estaba el camión?. Le costó reaccionar, ya que no podía venir a nosotros con explicaciones obvias. Pensando que le cazaríamos en su casa, se ausentó un día, pero por fin determinó realizar la denuncia por robo del camión, a la policía. Era lo que esperaba Rodriguez.

-Ahora, es él el que tiene el problema y ante el Juez, tendrá que sacar a relucir el trato privado y su poco ortodoxa actitud. Por descontado le será difícil compensar los perjuicios que podréis achacarle. Mejor que para cuando llegue el día de la vista del caso, tengáis el camión vendido con subrogación de la deuda con el banco. Él no podrá cumplir y su contrato será nulo.


De ésta salimos pues, medianamente bien librados, pero el camión a nuestro nombre, ya no duró otro mes. Aunque pareciera mentira, lo vendimos por importe mayor al coste, incluidos los gastos bancarios.

Finalizada la aventura, me sometía al juicio de Tere, narrándole de pe a pa lo acaecido. Al pertenecer al negocio de congelados que para ella estaban lejos de su quehacer con los niños y con Santa María, se lo había ocultado simplemente por omisión.
Y ahora aguardé lo que ya sabía, que me diría....


-¡ Pero, Carlos..........!

Parejas perdurables (continuación 62 )

La reunión, aquella noche la mantuvimos en casa de Jacinto. Sandra la anfitriona, se vistió de gala. Lucía como no se podía más y mejor. Las esposas de los colegas también parecía que querían destacar. Tanto yo como supongo los colegas, nos sentíamos orgullosos de nuestras mujeres. Por algo las elegimos. Pero vi que Tere se sentía algo cohibida. Iba muy elegante, luciendo el conjunto de sortijas que le regalé en su onomástica, pero su vestido era el del año anterior.

-Tere, ¿no te encuentras a gusto?.

-Tendremos que espaciar más los encuentros. No dispongo subvención para lucir vestido nuevo para cada velada.

Entendido. A pesar de ser amigos de toda nuestra vida de casados, el pundonor de quien luce mejor, contaba. Le indiqué que resaltara las joyas de conjunto que llevaba y eran de estreno. Unos pendientes, un collar, la sortija y brazaletes. En verdad muy bonitas. Eran diseño de Pablo, un  joyero autónomo conocido vecino de Tere, cuando vivía con sus padres.

En esta ocasión conjugaba el buen gusto en el diseño y en la calidad de las gemas de colores arracimados. Rubíes, ópalos, aguamarina, berilo y esmeraldas, todas ellas de tamaño diminuto para lograr el efecto de su agrupación.
Parece que mi halago le satisfizo y se enfrascó con las amigas ya con aplomo.

Tras animada charla con las cinco parejas que nos hallábamos, pregunté a Jacinto qué sabía de su compañero de estudios que tres meses antes me presentó. Se dedicaba a pesar de ser licenciado en abogacía, a la adquisición de edificios enteros y venderlos por pisos. Pero siempre propiedades de la gran Ciudad.
Era mi deseo, liquidar la urbanización y negocios adjuntos, para dedicarme asimismo en el negocio inmobiliario en Barcelona.
Mis ausencias del hogar hubieran sido menores y además el negocio, más lucrativo. Mi pregunta a Jacinto, llevaba la intención de procurarme una entrevista con su colega.

-¡Uy, Carlos!. Al menos tendrás que aguardar cinco años para verle. Es el tiempo de cárcel que ha de cumplir según la sentencia.

Por lo visto las sorpresas no podían faltar jamás en mis contactos sociales. El amigo que esperaba me presentara, a pesar de su título de licenciado en abogacía, no pudo escapar de la justicia, al ser denunciado por estafa en la venta doble de un mismo piso.
Precisamente su título en este caso le perjudicó. No pudo alegar ignorancia de las leyes ni de la turbia maniobra realizada para desvirtuar la inscripción Registral.

Total un chasco. Cuando le conocí en una sesión de la Notaría, tres meses antes, me produjo una sensación de envidia.
Le veía con todo lo que me faltaba a mí. Yo, necesitaba para cualquier acto importante, el asesoramiento de un abogado. Y además dependía siempre de los bancos. En cambio aquella persona que imaginaba ideal, sabía como desenvolverse conocedor de todas las Leyes y al tratar con edificios de la Ciudad, vendiendo pisos de contado, o bien con hipoteca a cargo del cliente, tendría una cuenta abultada y saneada. Para postre era soltero. ¿No era raro?.

Pues la realidad distaba mucho de lo imaginado por mí. Los edificios que adquiría lo eran con anomalías. Prometía cancelar tales anomalías al propietario, por lo que le rebajaba el precio de venta. Mientras se suponía realizaba gestiones para legalizar la propiedad, ya buscaba clientes de los pisos a los quienes se los ofrecía en inmejorables condiciones, prometiendo también tramitarles la hipoteca que necesitarían para tal compra.
Le entregaban cantidades de compromiso, que muchas veces las perdía el comprador al no lograr la financiación prometida. Pero los que sí llegaban a obtenerlo, exigían la escritura inmediata.
Una de estas ventas la realizó a un extranjero que no ocuparía el piso, ya que lo adquiría como inversión.

Éste fue el que luego vendió a un verdadero cliente necesitado de la vivienda de inmediato.
Desvirtuó los datos registrales y confió que este piso, sería ignorado por el extranjero. No tuvo suerte y el extranjero supo que su piso  estaba habitado.

-Caramba Jacinto, tenía esperanzas de negociar con él. Quiero cuanto antes liquidar Santa María. Me quedan dos hectáreas, en una manzana frente a los bungalowes y tres en la parte de Cubera.

Mi idea era realizar un máximo de segregaciones de la finca matriz de la que aún era propietario en privado.
Luego el resto lo pasaría a una nueva sociedad que la crearía, para no intervenir en ella hasta que mis hijos fueran mayores. Usamasa, tenía que hacerse cargo de lo adquirido a Orpí y otra hectárea de una finca adyacente, cuyo propietario rogó la incluyéramos al proyecto de Santa María.
Mi plan era cesar en la construcción una vez realizados los proyectos en curso. Constituir una nueva sociedad, como una inversión futura para provecho de mis hijos cuando fueran mayores. La titulé, e inscribí poco tiempo después con el nombre de 7V2 haciendo alusión a los siete hijos.

Mientras vendía solares uno a uno, tenía el beneficio normal por las mejoras introducidas en obras y servicios a la urbanización, pero los inversores capitalistas, lo que adquirían lo olvidaban veinte años para luego hacer negocio. Un rendimiento diez veces superior al que podía ofrecer una buena inversión bancaria.

Quería pues aprovechar esta coyuntura para que mis hijos una vez creada su propia familia, dispusieran de algo, que yo no tuve jamás.

Además de la finca matriz, quedaban algo más de dos hectáreas, pero que no eran solares. Pertenecía este resto de finca a la superficie de las calles abarcadas. Luego se me ocurrió para reducir gastos de compraventa, dejar esta superficie sin vender, quedando en el registro de la Propiedad, como resto de finca matriz, que en su día se entregaría al Ayuntamiento como era normativa.
En teoría era un ahorro por gastas de legalización, aunque en la práctica salí trasquilado.

Esto se lo expuse a Jacinto, sin ninguna oculta intención. Pero él pensó que estaba en apuros y me indicó que tenía una idea, que me la expondría una vez madurada.
Sin darle importancia, seguimos con la fiesta, en la que para no ser menos que los snobs, todos tomábamos copas  Whyski, sin que nos gustara a ninguno.

Tambié hubo la sesión de proyección de diapositivas en la que se iniciaba con las familiares del reciente viaje por el extranjero y que se acababa finalizando, para quitar el mal sabor del palo administrado a los colegas, con unas diapositivas adquiridas en Perpiñán. 

Aquello desvanecía el peligroso sopor que aportan las poses manidas para recuerdos de familia. Las poses de la nueva sesión de diapositivas,  también eran manidas, pero no por familiares, sino por señoritas que lucían sus magníficos vestidos de piel humana.

Nuestras esposas simulaban abuchearnos por indecentes, pero ninguna salió de la sala. Y posteriormente coincidimos todos que a ellas también les sedujo.

Terminada la velada, empezó mi curiosidad por lo que barruntaba Jacinto, ante mi confesión. Y a la larga, resultó un acierto.




Parejas perdurables (continuación 62 a )

Tere estaba contenta. Menos mal. En la velada con nuestros colegas al principio estaba cariacontecida, por el deslumbramiento de la indumentaria femenina exhibida por sus amigas.
Se fue animando y ahora me revelaba el secreto.

-Carlos, acertaste con el regalo de estas preciosas alhajas. Todas las amigas se fijaron en ellas y me pidieron el teléfono de Pablo, para requerirle encargos originales.

Este fue el principio de otro calvario, para mí. Efectivamente, en pocos meses Pablo satisfizo encargos de nuestras amistades, ganando con su trabajo, lo que no ganó en todo el año anterior.
Como reconocimiento a la publicidad gratuita que le hicimos, me pidió que le prestara unos días el taquímetro, que quería confeccionar una miniatura en oro lo más exacta en proporciones inclusive en el movimiento de giro de los planos vertical y horizontal.

No tuve inconveniente ya que mi Otto-Fennel, ya estaba resultaba obsoleto, cuando al mercado salían los taquímetros auto-reductores, precursores de los de láser.

Me causó muy buena impresión, cuando me trajo como obsequio, su miniatura de un cm, con posibilidad de girar la alidada 360º y además moverla en sentido vertical. Verdaderamente disponía de gran habilidad y además de instrumental apropiado para esta perfección.

Sí. Esto lo descubrí tardíamente, como ardid para granjearse mi confianza.
Un mes después, me pidió audiencia. Estaba dispuesto a ampliar su pequeño taller, con un par de ayudantes y suficiente materia prima, ya que su clientela iba en aumento, gracias a Tere y a mí.
La materia prima de los joyeros no es nada barata. Por ello, precisaba cien mil pesetas en oro, que podría atender entre tres y seis meses.

Me sugirió que si le obtenía este pequeño crédito, a pesar de que cien mil pesetas en la década de los sesenta, no tenía nada de pequeño, me los podía devolver con letras a vencimientos hasta medio año.
Para no tener que entrar en contabilidades que complicaran mis cuentas, le sugerí que solamente le haría firmar una letra por tal cantidad a tres meses.
Luego él abonaría la mitad a su vencimiento y firmaría otra por valor del resto, con vencimiento a otros tres meses.

Total, a mí me resultaba poco complicado y a él le salía de fácil atención, puesto que la mercancía adquirida se habría convertido en joyas para sus clientes.

Llegado el primer vencimiento, me llamó indicando que le era imposible atender ni siquiera las cincuenta mil pesetas estipuladas.
Esto me trastornaba. Estaba con la mosca tras la oreja por las letras devueltas del negocio de Confección, que me encasquetó Conchita. Los bancos ven muy mal las devoluciones y más si lo son por clientes que cosechan alto porcentaje de ellas.

Le entregué a Pablo las cien mil pesetas en metálico para que no la devolviera, sin embargo, me firmara una nueva por el mismo importe, comprometiéndose a hacerla efectiva a su nuevo vencimiento.
Lo que ocurrió, fue la demostración renovada de mi candidez. Se quedó el dinero, no atendió la letra, que recibí con sobresalto su devolución y además desapareció de su domicilio.

Se trataba pues de una estafa de doscientas mil pesetas. Cara me costó la miniatura del taquímetro.
Para no aparecer ante el banco como emisor de letras de colusión, pedí el rescate de la última letra en circulación, alegando cambio de domicilio del librado.

Su nuevo domicilio lo supe mucho tiempo después ya que se ausentó de Barcelona. Desistí reclamaciones que aún me hubieran costado más que el beneficio de recuperación de lo estafado. Preferí ignorarle, cosa que sigue en vigor, después de cuarenta años, pasando otro mal recuerdo a la historia.

El caso es que para que lo olvidara sin vestigios delatorios, un día desapareció del joyero de Tere, el “regalo” de la miniatura de taquímetro.
Hacía varios días que nuestra puerta del piso, parecía debería necesitar un repaso del cerrajero, pues de vez en cuando, al cerrar de golpe, se quedaba la puerta no cerrada del todo, con lo que un fuerte empuje podía abrirla sin llave.
Los niños perjuraban que al salir, ellos cerraban bien la puerta, por lo que pensé que lo mejor sería cambiar la cerradura.

Demasiado tarde. Tere se encontró la puerta abierta y en el piso no había nadie, ni niños, que estarían en el colegio ni sirvienta que estaría en la calle para cumplir los recados.
Se alarmó y recorriendo el piso, por el pasillo, encontró un par de joyas. Ya con terrible presentimiento entró en la alcoba. Cajones de la mesita revueltos, más joyas encima de la cama, y el armario violentado.
Comprobó que le faltaban al menos un setenta y cinco por ciento de las joyas acumuladas desde nuestro noviazgo. Y lo que le dolió más, la desaparición de una sortija que llevaba una piedra aguamarina, de un tono inigualable, flotante sobre aro de platino. Jamás volví a visualizar por las joyerías de Barcelona algo que se le pareciera en belleza y su especial tonalidad del azul marino.

Deduje la acción meticulosa de los cacos.
En primer lugar van por parejas. Uno en el lugar de su acción y otro en la calle vigía de eventualidades, que transmite a través del interfono de la cancela. Un simple timbrazo, delata peligro.

Días antes preparan la puerta con un pequeño clavo introducido en la cerradura, que hace fallar su accionamiento automático. Y estudiado el comportamiento familiar para saber días y horas oportunas en las que se halla la vivienda desprotegida.

Seguro el aviso de que llegaba mi mujer, hizo salir de estampida al caco, abandonando parte de la mercancía, incluso perdiendo por el camino las que halló Tere por el pasillo.
Seguro que el caco, en aquél momento se hallaría escaleras arriba para no enfrentarse con Tere. Y en todo caso ya después, o bajando por el ascensor, o por la escalera como un vecino cualquiera, saldría a reunirse con su compinche.

Pero por lo menos no todo fueron desgracias en mi etapa laboral. Aciertos hubo, acompañados de desaciertos por inexpertos ante las lecciones de la Vida.
Cuando nos volvimos a ver, con Jacinto, me indicó que a su padre le interesaba mi oferta de venta de las hectáreas de Santa María. Simplemente, permutaba su inversión ayuda para los Congelats en que intervenía Jacinto, por la del terreno, visto que su desarrollo se consolidaba, como futura Urbanización revalorizada.
Aquello me pareció chusco. Un Notario realizando una compra-venta a su favor. ¿Daría fe de su acto comercial, él mismo?. Claro que no. Fuimos a un colega suyo donde se elevó a público nuestro compromiso.
Yo me libré de pasar a mi nombre antes la propiedad, ya que disponía aún del poder notarial recibido desde un principio por el vendedor.

Resultó una operación neta, sin gastos de ninguna índole por mi parte.

Parejas perdurables (continuación 63 )

Los niños se divertían paseando con el asno que Felipe conducía por la urbanización.
Felipe por lo visto, pretendía introducirlo a la vida familiar. Pero de cual familia había que aclarar. De la nuestra, por supuesto que no y para formar parte de la suya, necesitaría una cuadra.
En la oferta que le hice de vigilante de la Urbanización, esto no se contemplaba. Le ofrecí cobijo temporal para él, su mujer y su hijo en un apartamento y allí un burro, más bien desentonaba.

Le sugerí que se desentendiera del animal, o que se buscara otro trabajo.
Se lo pensó mucho, pues aún lo retuvo un par de semanas, metiéndolo por las noches en la choza de pastor en que los ladrones quemaron los cables de la red de alumbrado. Y lo alimentaba con algarrobas. El antiguo campo aún mantenía en pié una veintena de algarrobos. Y por el suelo abundaban sus frutos caídos, secos y a punto de pudrirse.

No comentó lo que le decidió vender el asno y quedarse en el apartamento como portero extraoficialmente, ya que el contrato era para guarda.
Lo que le decidió, según averigüé, fue el miedo que le metieron que si solo alimentaba al burro con algarrobos, a base de cólicos se le moriría.
No está demostrado que así fuese, pero lo cierto es que a los caballos se les da como golosina y no como base principal de alimentación. Pues se ve que son extraordinariamente energéticas, cosa que en tiempos de lo guerra civil, se aprovechó para fabricar chocolate barato.
Por lo visto si se les da recolectados sin secar, sí producen trastornos fuertes inclusive la muerte por cólicos. Y éste debió ser su temor, ya que no pensaba gastar dinero en piensos. Las algarrobas las tenía gratis.


Aquel verano resultó accidentado. Tere y los niños, lo pasaron íntegro en Santa María, mientras yo, debía acudir cada semana, dos días a Barcelona para atender al despacho y control de las actividades de Ramón. Me anunció el problemón que le causó Ibáñez con la constante baja producción de Trofeos.
La tienda funcionaba a pleno rendimiento, pero la demanda de copas de diseño para multitud de centros deportivos, se iba acumulando sin poder servir los pedidos.
Le dejé con su problema ya que me pareció no era de mi incumbencia, aunque al final, lo fue.

Al volver a la Urbanización, Tere me enseñó un eucaliptus partido por un rayo.

-Carlos ayer una tormenta con muchos relámpagos destrozó este árbol, viéndolo desde la habitación con los niños. Pasamos mucho miedo.
.

Planté unos doscientos por la urbanización, para eliminar los poco decorativos algarrobos que quedaban y además, formar oasis en las plazas. La ventaja de los eucaliptos es que en un par de años ya adquieren gran altura y frondosidad de hojas, cuyo aroma atrae y extermina a los mosquitos. Y eso también era de gran interés, mientras no se desecaron totalmente las salinas infestadas.

Este contratiempo inesperado, me hizo recapacitar. Si seguían tormentas de tal calibre, los apartamentos peligraban.

Y otro día al regreso de  Girona, planificado el desarrollo del negocio de congelados, muy entroncado con la organización de Prat en Barcelona, de nuevo Tere estaba fuera de sí.

-Esta vez, te has librado de una desgracia, al no quedarte a dormir conmigo.

-Cálmate, ¿qué ocurrió? .

Me trajo a nuestra alcoba y me enseñó mi almohada, cuya funda, estaba salpicada de quemaduras. Y la lámpara de la mesita, rota, con el portalámparas de cobre fundido.
Un rayo de las muchas tormentas veraniegas que caían por la zona, cayó por la noche a la red del tendido eléctrico aéreo. Tal debió ser su intensidad, que encendió todas las luces de la vivienda, estando apagadas y mi lamparilla, seguro la de más ohmios de resistencia, explotó cayendo el cobre fundido sobre lo que tenía que haber sido mi cabeza, de haber pernoctado allí.

Fue un aviso.  Me costó calmar a Tere, ya que jamás había sido testigo de tal tipo de tormentas con aparato eléctrico. Y en esta ocasión, es que la vivió, con una intensidad inusual incluso  para cualquiera acostumbrado a ver caer rayos en alta montaña.

El resultado de esta  descarga, lo absorbió la almohada que le separaba treinta centímetros de ella.
Pensé de inmediato, que los apartamentos requerían la instalación de un pararrayos. Lo elevaría veinte metros por encima de su cubierta. Con ello se protegía un radio de cien metros según los datos técnicos suministrados por el instalador.

Elegí el tipo de pararrayos de tecnología más adelantada como era la de los radiactivos, salidos al mercado pocos años antes.


Era aconsejable doblemente su instalación, para los Apartamentos, el Restaurante y los chalets circundantes, entre el que se hallaba el Niu-Blau, el nuestro.( Nido azul).
No demoré su instalación, pues si no le proporcionaba confianza a Tere, se acababan nuestra vacaciones. Mejor dicho las de ella con los niños ya que yo seguiría con los mismos recorridos kilométricos de Girona a Barcelona y a Cubera. Mi labor era la misma pernoctara donde pernoctara.

El colmo resultó al finalizar el verano, cuando creímos dos meses después de instalar el pararrayos, estar a salvo de las tormentas.
Me vendieron el artefacto como radiactivo, cuya punta de platino, resistía la entrada de rayos que produjeran temperaturas de hasta mil quinientos grados. De no ser material noble, pocos rayos resistiría un cabezal. Motivo que encarecía enormemente su precio.

Sin embargo vista la descripción del aparato, no era platino lo que emitía la radiación y atraía al rayo a su cabezal, sino una punta de Americio, el isótopo 241, que era radiactivo y estaba patentado y promocionado por ENRESA.

¡Vaya timo!. 
Tere me estaba indicando como venían las tormentas, a semejanza de la que aquella tarde contemplábamos la familia entera desde el chalet.
Un estruendo ensordecedor lo oímos casi inmediato a un chispazo por caída de un rayo a uno de los postes de hormigón de dos metros altura, que enmarcaban nuestro recinto.
Vimos claramente, como quedaba partido. ¿Y el pararrayos?.

Esto es lo que cuarenta años después supe:

Pararrayo Radiactivo.

En 1923 el físico Gustavo Capart, colega de los hermanos Curie, patenta el primer pararrayo radiactivo provisto de radio 226  publicitando que este nuevo pararrayo protegía hasta un radio de 100 metros. Desde esa fecha se empezaron a instalar a nivel mundial, hasta que en 1962  el  científico  Muller Hillebrand. y  H. Baatz, realizaron  estudios con respecto a estos pararrayos radiactivos, su estudios mostraron a la comunidad científica que los pararrayos radiactivos eran no sólo un engaño (a causa de su tan promocionado radio de protección de 100 metros) sino también por el riesgo radiológico con consecuencias cancerígenas.

Por esta razón a partir de 1985 se inició el desmontaje de los pararrayos radiactivos a nivel países desarrollados y el nuevo material radiactivo (americio 241) fue devuelto a Inglaterra, país que la producía. Inglaterra al verse inundado de su propio material radiactivo, apunta a países lejanos a Europa como terreno propicio para deshacerse sus productos nocivos, es así como llega al Perú, sin embargo, recién en el año 2001 el Ministerio de Energía y Minas prohíbe el uso de estos pararrayos y  hasta el día de hoy el IPEN no obliga, con mano dura, el retiro de todos los pararrayos radiactivos, a pesar de significar grave riesgo para la salud y el medio ambiente.



Parejas perdurables (continuación 63 a )


Hay que ver como crecen los enanos. Cuando se entera uno de los sucesos ajenos de tal índole, deduce que por descontado, es imposible le sucedan a uno mismo.

Hasta que le toca el turno. A mí me tocó no el turno, sino un repiqueteo a través de los años.

Ya que hablé de Felipe, a él me referiré ahora.



Todo empezó con mi necesidad de mejorar la economía para la subsistencia decente familiar.

Me propuse convertir unas fincas rurales abandonadas en los confines de dos municipios colindantes, en una urbanización. Se esperaba que la labor a ejecutar, sumada a una pequeña inversión, sería recompensada con los beneficios de plus valía.



Era, o sigue siendo una fuente económica social. Intervienen en la captación de tributos el Estado, Urbanismo, Los Municipios, el amplísimo ramo de la construcción, los transportes, las fábricas de muebles y electrodomésticos, y una serie de industrias anejas.



La cantidad de mano de obra, es colosal. Y un promotor como fui, sin ser consciente de ello, estaba contribuyendo a la economía Nacional de modo significativo.

Todo trae consigo riesgos. Ante la bárbara competencia existente, una urbanización con futuro, era la que dispusiera de un máximo de instalaciones urbanas. Los servicios primarios eran el suministro mediante red eficiente de agua, electricidad y red viaria consolidada.

Luego venían las instalaciones deportivas, y por descontado la restauración y zona comercial.
Cuando encargué a Orpí el proyecto de los apartamentos Gemini, contaba con tres pólizas de crédito bancario de tres bancos para fines concretos, pero que usaba a diestro y siniestro, mezclando conceptos. Las tenía con escaso uso, ya que para mí eran un seguro contra posibles eventos negativos como los de las letras devueltas por clientes.

Estas cuentas las llevaba exclusivamente yo, ajenas a la manipulación de los contables de los negocios, a los que permitía acceder solo a cuentas corrientes.
Y eran estas pólizas las que una y otra vez, servían para equilibrar desfases en las usuales cuentas de los negocios.
Siempre llegaban los negocios a fin de mes con las arcas semivacías. No había manera de lograr los cobros de clientes a tiempo para cubrir nóminas. Y lo curioso era que a pesar de tales desfases, los resultados eran positivos. Un misterio.

Pues disponiendo de saldo positivo de las pólizas, suficiente para la construcción, lo propio era llevarla a término cuanto antes.
Cada semana, se elevaba un piso de la estructura de hormigón. Los sábados se retiraban los albañiles y yo mismo procedía a regar la parte desencofrada para asegurar un fraguado perfecto.
El proyecto para economizar, no levantaba más que las cuatro plantas permitidas sin ascensor. Y además las escaleras, al aire libre. La superficie mínima de cincuenta metros cuadrados, era ideal para uso de un máximo familiar de cinco personas.
 Una cocina-comedor americana, un dormitorio doble, un aseo y una sala con compartimento separable con un tabique móvil corrugable, que de noche cerraba otro dormitorio.

Y la terraza cara al mar, y consecuentemente al sol, con una superficie de nueve metros cuadrados, era el mayor atractivo.

Urdí un tipo de venta especial, que facilitara rápida enajenación, sin gastos publicitarios.
Obtuve al finalizar la obra, el permiso municipal de “habitabilidad”, tras haber declarado ante Notario la división de los dieciséis apartamentos del Gemini I.

Con ello a la vista y una docena de copias de los planos, los enseñé a los directores de los bancos, con una oferta de “alquiler, con opción de compra”.
Se trataba de un contrato en el que el cliente aceptaba por el módico importe trimestral de lo calculado como alquiler, que le sirviera al cabo de máximo dos años, de entrada para la compra del mismo.
El alquiler lo establecí, como si fuera venta a veinte años, de forma que representaba el pago de una hipoteca, pero sin gastos de intereses bancarios.
Presumiblemente, era una oferta golosa, pues el bajo precio podía darlo en base a los nulos costos de comercialización, amén que los de financiación.

Se cumplió a medias lo propuesto, pues muchos temieron que algo se escondía tras una oferta excepcional. Tres empleados de banco que me conocían ya de años, fueron los primeros adquirentes, y Picot, comentando mi oferta a amigos suyos de Girona, sin esperarlo avivó el deseo de convertirse en propietarios a otros cuatro conocidos.

También se interesó Robino, que me pidió le reservara la cuarta planta, para sus amistades.
Viendo pues que no me durarían mucho los dieciséis apartamentos del primer Gémini, necesitando reservar el de Felipe, como guarda, antes de activar la venta del resto, cedí uno a mis suegros.

Ellos salían ganando convirtiéndose en propietarios cuando no esperaban jamás tal situación y menos al sacar de sus pequeños ahorros disponibles, una alta rentabilidad.
Por nuestra parte, Tere y yo, nos beneficiábamos de tenerles los fines de semana y los meses de verano, como si siguiéramos viviendo en familia. Los niños tenían a sus abuelos para atenderles cuando se ausentaba Tere.

La cuñada ya crecidita, también resultó una excelente embajadora de la Urbanización. Acudía con frecuencia con sus amigas, que a la postre trajeron a sus amistades. Santa María iba adquiriendo la faz que deseaba. Una real urbanización consolidada, con unos solares muy revalorizados, al haberse liquidado más del cincuenta por ciento de los proyectados, y un diez por ciento edificado.
Lo que ignoré hasta un par de años después era el trato privado que los amigos de Picot, tuvieron con Felipe.

Según la idea de los avisados compradores opcionales de una planta entera, había sido la de pedir un crédito personal por valor de dos años de alquiler de los apartamentos, con lo que se sentían capitalistas.
Tenían el dinero prestado y una futura propiedad, a la que le sacarían rédito, subarrendandola.
Si ellos vivían en Girona, no podían atender las funciones de arrendatarios y menos tener en condiciones habitables para los clientes pasavolantes. Era de cajón, pues, tratar con Felipe, a mis espaldas.
Entregaron las llaves a Felipe y le prometieron unos emolumentos por su servicio.

Esto ya de haberlo conocido a tiempo, hubiera sido causa para despedir a Felipe, pero ignorándolo, el uso que dieran los arrendatarios de los apartamentos, no era de mi incumbencia.
Por lo visto, los Gerundenses, avisados, no tenían tantas luces como eran de prever. No calcularon, que cada trimestre debían atender a su propio crédito de la Caixa, más el alquiler de mi contrato. Y que los alquileres que sacaba Felipe, eran de un solo trimestre anual y muy excepcionalmente por el de algún fin de semana invernal.
Al segundo año, que era cuando podían decidir la adquisición definitiva, consideraron que su capacidad administrativa de recursos bancarios, no llegaba a tanto. Me cancelaron el contrato.
Al pedirles la devolución de las llaves me enteré al fin que las tenía Felipe a quién  las cedieron para su uso. Tampoco dí mucha importancia a tal anomalía, pero ya me prevenía de la actitud de mi guarda infiel.
Entendí el motivo por el que aquellos apartamentos estaban concurridos con gente desconocida, incluso en invierno.

Al pedir cuentas a Felipe por el abuso, me dijo que aquellos apartamentos eran de él y que no tenía porqué darme las llaves.

¡¡¡¿¿!!?? Quedé descolocado. Ante su aplomo al verter tal insensatez, creí estar soñando. ¿Sabía Felipe quien era él y quien era yo?. O tenía que preguntarme lo contrario. ¿Quién era yo, y quién era él?.



Parejas perdurables (continuación 63 b )

Por enésima vez acudí a Rodriguez. Por lo visto me metí en el extraño mundo de los negocios plagado de escollos.
Entre pillos, estafadores, abusos de poder, prepotencia de los regidores, arbitrariedades de los comerciantes, e inconscientes, como Felipe, era imposible seguir con mi idiosincrasia.

Yo no cambiaría el mundo, pero el mundo se me comería a mí. Mi decisión de abandonar se fortalecía. Quería desprenderme de todo y aceptar cualquier trabajo por humilde que fuera, pero donde careciera de responsabilidad.
No es nada fácil desligarse de las tramas urdidas sin involucrar a socios, amigos, subordinados, e incluso a la propia familia.

Si no quería ser también yo motivo de perjuicios a las personas que confiaron en mí, tenía que desprenderme de los negocios paulatinamente con prudencia.
No esperaba que tal prudencia, se precipitara tres años después, en respuesta obligada para defensa propia ante la justicia.

-Carlos, te aconsejé que al guarda no le dieras más atribuciones que las del contrato legal y eso de cederle temporalmente una vivienda, fue excederse en benevolencia, que como ves ahora pagarás tu las consecuencias.

-Deja ya de recriminarme que bastante dolido estoy y no deseo otra cosa que lanzar la toalla. Si lo consigo, tu mismo, perderás un cliente, a mí.

-Bueno parece algo inverosímil el comportamiento de un empleado indocumentado que se adueñe de cuatro apartamentos de su patrono y además ocupe otro que graciosamente se le cedió.

Rodriguez presentó demanda judicial a Felipe, que ni así hizo caso. Erre que erre, aquellos apartamentos eran suyos, porqué le entregaron la custodia los Gerundenses.

Presentado ante el Juez, para no proseguir con el despropósito, Rodriguez formuló en conciliación un trato por despido de guarda, junto a una compensación por desalojo de los apartamentos ocupados indebidamente, como eran el de su familia en la planta baja y otros dos de la planta de los gerundenses que cedió a parientes.

La compensación era la de darle un plazo de treinta días para devolver las llaves y percibir cinco mensualidades normales con lo cual podía buscarse la vida por otro lado. Y no volver a poner los pies por Santa María.

Procedía con urgencia vender el resto de apartamentos pero ya de contado.
No fue difícil. Se habían revalorizado y los compradores no tenían ninguna dificultad en adquirirlos mediante hipotecas que les facilitaba su banco.
Rodriguez me recomendó que me deshiciera totalmente de esta propiedad. Cerré el recinto, reservé una parte del jardín para dieciséis plazas de parking.
A los vencidos del contrato les propuse escriturar su compra, ampliada a una plaza de parking, por un valor simbólico, mientras que a los nuevos adquirentes les incrementé el valor real.
A continuación, nombré un administrador para el bloque Gémini I, al que atenderían los dieciséis propietarios de los apartamentos con las partes alícuotas comunes de cercado del recinto, jardín,  fosa séptica, escalera, plazas de parking y pararrayos.

Me sentí bastante aligerado al verme libre total del primer bloque. Lo comenté a Prat, quien se interesó por el segundo bloque con el restaurante. No lo pensé dos veces. Con tal de desprenderme de propiedades, se lo ofrecí apenas sin beneficio.

Con aquel capital pude tapar los agujeros que se avecinaban de la construcción de los Bungalowes y el fallo de la producción de copas y trofeos realizados por Ibañez. Ramón me pidió que lo absorbiéramos en plantilla y que siguiera la fabricación como hasta entonces había cumplido.
Para ello tuve que aportar una respetable inyección de capital con el que se adquirió una tonelada de plata en lingotes de kilo.
Tenía material para manufacturar su producción durante más de un año.

Esto era un retroceso ante mi plan de extinción de negocios, pero si no atendía, se iba al garete el negocio de Ramón, con lo cual se perjudicaba él, la plantilla de empleados, respetable en número y de nuevo a mí mismo.

La compra del bloque Gémini II, cambió la relación con Prat.
Coincidió con la aparición en el mercado del congelado de una multinacional FINDUS. Adquirida el año 1970 por Nestlé, adquirió gran relevancia en el mercado español, con una competencia imparable.
La cantidad de pequeños industriales elaborando croquetas y productos de pastelería, proliferó hasta la saturación.

Seguro que ya era habitual y de dominio de los fabricantes, el proceso de aserrar carnes y pescados y convertirlos en croquetas. Las ventas se incrementaron lo indecible por ser un consumo casi imprescindible por el público. Le costó estos años para ser un consumidor habitual de congelado, pero ahora, la demanda se la satisfacía una exagerada cantidad de empresas, por lo que tocaba menos venta para cada una de ellas.

Prat prefirió dar un giro al reparto al detall de congelado, vendió sus instalaciones y montó nueva sociedad en Santiga, cerca de Sabadell, en un polígono industrial donde alquilaban cámaras frigoríficas y los impuestos municipales estaban subvencionados.
La nueva empresa, ampliaba su actividad comercial a todo tipo de representaciones, como la que ya tenía del Whisky, y unas marcas de vino del Penedés.

Picot, acusó también el estancamiento en la venta de croquetas y se fijó en el tipo de productos que ofrecía Findus. Se trataba de dar la vuelta a la competencia. Teníamos una gran cámara que para ser rentable debía estar durante todo el año, con un movimiento medio de su capacidad.
Lo propio era también nosotros en convertirnos en industriales y precisamente ofrecer productos no habituales y que Findus no produjera. Las patatas de Olot, eran famosas en la región. Procedían de lugares de la Garrotxa, comarca de la que Olot es la capital. Luego esta sería una novedad. 
Las imaginó rellenas de carne picada de cerdo para el público en general y con carne de ternera, para el público más general en que entraban los musulmanes.
Esta idea tardó en poder llevarse a cabo, pero al cabo de unos años, ya no siendo socio yo, tuvo un éxito arrollador.

Lo que le ocurrió con tales cambios en sus actividades a Prat, resultó un descalabro que aun y siendo él responsable, no se merecía el ensañamiento al que le sometió el abogado de su socio partícipe de la mitad de la empresa que vendió, para crear la nueva en Santiga.

2 comentarios:

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