martes, 28 de febrero de 2017

Parejas Perdurables ( 1........13 )


Nota: Para lograr fluidez a esta narrativa, tuve que eliminar casi todos los gráficos originales.

Parejas perdurables ( 1 )

En la playa solitaria, diviso a una 
Caracola marina. Un aporte del oleaje reciente.
Bonita, la observo e inconscientemente, la acerco a mi oreja.
Entre los sones de mar embravecido, creo entender clara petición de exponer mis vivencias en pro de la formación de futuras parejas de larga estabilidad.

Recapacito y a pesar de la tentación en obedecer, me resisto por evidenciar que lo acaecido a una pareja en particular, no es extrapolable a ninguna otra.

Es verdad que rememorando mi vida a través de 53 años junto a Tere, la considero como muy satisfactoria. 
Mi entorno Social, es variado en tipos de familias, sus estatus, sus culturas, su nivel económico y más conceptos.

Algunas de estas familias, al menos en apariencia exterior son envidiables en general. Otras por contra son deporables, pero se soportan. Y por suerte, únicamente por referencias lejanas a este entorno Social mío, nefastas relaciones entre parejas rotas, acabadas con necrológicas.

Analizo por tal experiencia, qué lleva a las parejas permutar sus actitudes supuestas originalmente de amor, por las de odio.

Sin pretender sentar cátedra, creo que algunos principios son determinantes, como:

A)- La mayor o menor estabilidad habida en la familia de las futuras parejas.
B)-El mayor o menor equilibrio entre nivel económico familiar y el del entorno inmediato, o vecinal.
C)-El nivel cultural propio, entre un mínimo y un máximo aceptable, por la futura pareja.
D)-La docencia recibida desde la infancia.
E)- Las mayores o menores dificultades familiares habidas en los años de formación, para el sostenimiento del estatus asumido.
F)- Las relaciones con la comunidad, en ámbito apacible o bélico.
G)-Listón autoimpuesto por cada cual, en alcanzar su nivel Social.
H)- Herencia genética.
I)-Carácter compatible, entre autoritario o de sumisión.
J)- Circunstancias del entorno, la Sociedad, la época, la moda y de todo tipo.
K)- La suerte.

La relación podría incrementarse hasta lo indecible. La suma de todas las variantes en sus diferentes grados queda claro que determina una formación moral individual, distinta en cada caso. Y luego que sean compatibles las de los individuos a emparejar.

Veré si hallo recuerdos vividos que puedan considerarse ejemplos de tales situaciones.

Comenzando el enredo

Luis, me conoce desde los años esrtudiantiles. Hoy paseando por la Diagonal Barcelonesa, interrumpe mis pensamientos.

- Carlos, estás ausente. ¿Qué te preocupa?. Acabamos la carrera. Y en seis meses, habremos cumplido con el Servicio Militar. Ya nada nos impedirá ejercer la profesión que elegimos.

-No Luis. Es aquí, donde nuestros destinos tomar rutas distintas. Tú si ejercerás la profesión, ya que será una continuidad de la de tu padre. En su bufete podrás permanecer el tiempo que estimes conveniente hasta que te atrevas a establecerte por tu cuenta. En realidad tienes la vida solucionada.

-Bien es cierto, pero no veo problema alguno en que te adscribas en alguna industria. A los técnicos hoy día se os valora.

-Mira Luis. Conoces mi situación. Mis padres se sacrificaron para que pudiera estudiar. Ahora que quedé huérfano, he de autoabastecer mis necesidades y sin ellos, no me resultará fácil lograrlo. 
A los recién salidos de la Universidad, las Empresas, no les pagan más que lo mínimo estipulado oficialmente. Esto ya lo sé por colegas de cursos superiores, que no alcanzaron sueldos respetables hasta el tercer año de empleados.
Y lo que puedo lograr yo antes de este tiempo, no me da ni para pagar la pensión en Barcelona. Y no puedo regresar a Olot, dado que allí no hay Industria de mi especialidad.

-No te preocupes tanto, Carlos. Entre todos nuestros amigos, seguro que hallaremos una vez licenciados del servicio Patrio, un hueco adecuado para bien situarte.

-Te agradezco tu buena intención, pero la cuestión es más complicada aún.

-¿Ah, sí? ¿Cual complicación?.

-¡Que me enamoré!.

-¿De quién?. Si no te decidiste con ninguna de nuestras amigas en estos dos últimos años.

-No, no es ninguna de ellas. Y eso que me temo que al ser " niñas bien", las invitaciones a los "guateques" y salidas a bailar, no eran del todo inocentes. Aunque no entiendo bien que podían esperar de mí, cuando a las claras veían mi nulo nivel económico.
Esto me cohibía. Y aparte de la mera atracción sexual, ninguna me gustaba como para enamorarme.

-Pues si que es mala suerte. Tres de ellas, hijas de industriales pudientes, podían solucionarte tu problema con creces por partida doble. El yerno, futuro Dueño de su Industria.

-Ya, ya, pero a pesar de ello, es que no me seducen. Sin embargo, es de Tere, de quien me enamoré. No la conoces. Y su padre es un funcionario por lo cual, ninguna posibilidad económica por su parte, ni oferta de empleo para mi profesión.

-Pues tampoco es tan grave el problema. Inicias el noviazgo al regreso de la mili. Al cabo de un par de años te declaras, si aún sigues enamorado, y con otros dos años más si aún seguís acaramelados, os casáis. Ya ves como mínimo tu problema se demora cinco años. 

- Que fáciles son las resoluciones de problemas ajenos. Hasta ahora, solo han habido insinuaciones entre nosotros. Ella sabe que tengo amigos y amigas con las que salgo los fines de semana. Como ella es bastante menor que yo, hasta hoy no me dí cuenta que también ella tiene amistades y concretamente la de un chico que le hace tilín.
Francamente, se está poniendo "guay" con una buena defensa muy sugestiva. Ha sido el acicate que me faltaba, ya que su trato siempre me había sido muy agradable. Su inocencia me cautivó y llevo un par de meses pensando en si el sentimiento aflorado es el del verdadero amor y no solo sexual. Al menos es completamente distinto del que me producen nuestras amigas comunes y adineradas.
Mientras mantenía conversación con el amigo Luis, mi mente rememoraba el día en que conocí a Tere.

Juan, un colega de Gerona (actual Girona), cumplía su último curso de carrera. Yo, seis años menor, la iniciaba. Mi incursión a la Ciudad Condal, resultaba una lluvia de emociones. El contraste de una Metrópolis de más de un millón de habitantes, con el lugar de mi procedencia de unos diez mil, amilanaba. 

Con los escasos medios que mis padres me enviaban, no podía abonarme a hotel alguno. Tampoco tuve suerte en inscribirme en la Residencia Estudiantil, por sus plazas limitadas, no ocupables por novatos, en tanto no se liberaran de los bisoños.

Lo que sí podía, era adquirir vales del comedor Estudiantil con un precio reducido de verdad, con la simple acreditación de estudiante (en aquél tiempo del SEU). Sin embargo debía como la mayoría de los colegas, alquilar una habitación cercana al recinto escolar.

Ello fue lo que me propuso Juan, ya que al siguiente curso, finalizada la carrera él se retiaba de la Ciudad. Podía contratar la habitación que le sirvió y que me invitaba a verla.

Era una habitación amplia a la cual le habilitó un tablero de dibujo ad hoc, para la realización de dibujo lineal, croquización y proyectos industriales. 
La casera, a pesar de concertarle un módico alquiler le permitió este inusual amueblamiento, con la condición de retirarlo al anular el contrato.

Esto, a él le representaba un pequeño inconveniente, ya que tendría que avisar a un trapero para llevarse el Tablero ya inservible para él. Propuso, que me lo quedara y seguir las mismas condiciones establecidas.

Me entusiasmó todo. El lugar, el precio, la amplitud de la habitación y....¡cómo no!. Un tablero profesional, que de maravilla resultaría para los ejercicios escolares.

Me advirtió Juan, que la casera, vivía con una sobrina, que más que persona era una fiera.
Ya imaginé un monstruo. Pero no: se refería a un carácter endemoniado. Intratable, vamos.
Que él lo solucionaba, al llegar, darle los buenos días si se la encontraba y sin más encerrarse en la habitación.
Me dijo asimismo que contrariamente a la violencia de carácter mostrada con los estudiantes visitantes, era la mar de simpática con una niña del vecino. 
Cosa rara, debía sentirse una especie de hermana mayor protectora. Pues la relación con su tía, era también feroz como la administrada a los estudiantes. Lo dicho, una fiera.

Asumidas las condiciones, decidí a la semana siguiente tratar con la casera el próximo cambio de inquilino, avalado por Juan.

Aquél día por primera vez, Tere apareció ante mis ojos.



Parejas perdurables ( 2 )

-Bueno Carlos, a la “colla” (grupo de colegas peripatéticos por la Diagonal), nos gustará conocer a tu Beatriz, dantesca. Jajaja
En serio, si no es aún oportuno, al menos al regreso de la “Mili”, al celebrar el despido de nuestra etapa estudiantil, nos la podrías presentar.

La gracia de Luis, podía completarla con : Carlos Dante, y su Beatriz tomante, pero no llegó a tanto.

Los recuerdos seguían bullendo en mi cerebro, máximo por lo sorprendido que yo mismo me sentía. En el lustro transcurrido desde el primer contacto visual con Tere, la transformación día a día, imperceptible de aquella niña, ya llegó a su culminación.
Al llamar a la puerta de mi prevista residencia, me sorprendió que en lugar de atenderme Doña Agustina, la casera, una niña pequeña peinada con un par de trenzas, y provista de unas antiestéticas gafas de montura plástica color negro, me preguntaba:

-¿Por quién pide?.

Vaya pregunta absurda. Aquella niña, que con su atuendo, parecía mucho menor de lo que en realidad era, abre la puerta a un desconocido, como si fuera ella la titular de la vivienda. ¿Por quién se interesaría un desconocido? Lo lógico, por la persona responsable del hogar.
Es que hay cosas que ponen de los nervios…. Mal empezamos.

-La Sra. Agustina ¿no está?.

-Sí señor, un momento. 

Al menos educada sí parecía ya que en aquél tiempo a las personas mayores se les debía el tratamiento de Sr., Sra., Don, Doña, y más modismos de superficialidad. Claro que tales respetos, la mayoría de las veces eran retóricos, incluso hipócritas. Pero nada, privaba lo Versallesco.

Apareció la casera, pidió disculpas por la intromisión de la chiquilla que era la hija de su vecina haciéndole compañía.

Se cerró el trato. Recibí las llaves del piso, junto a las de la cancela y me dispuse a traer mis pertenencias. Tomé posesión del habitáculo que sería mi mundo íntimo durante los años venideros.

Sin novedad transcurrió el primer curso, adaptado perfectamente a la vida urbana de gran Ciudad. Lo que me diferenciaba de los colegas era la sempiterna sensación de ocupar un lugar superior al que mi estatus permitía. 
Para no ser tanta carga a mis padres, me ofrecí a los compañeros a realizarles los ejercicios de dibujo, con una remuneración aprovechando mi providencial Tablero.
Y pensaba asimismo en cómo recompensar a mis progenitores una vez lograda la carrera.

Los vecinos seguro que por referencias de Tere respecto a mí, me consideraban un estudiante serio y responsable. Ello hacía que poco a poco en las coincidencias en el ascensor con sus padres, los esperpénticos diálogos sobre la meteorología, se volvieran más sustanciosos preguntando por los estudios y por las ilusiones futuras.
Así, un buen día, me llamó la madre de Tere, pidiéndome un favor. ¿Qué?, si no nos conocemos.

Asombrado, me pedía que acompañara a su hija mayor a ver la última reposición de un espectáculo en el que intervenía un artista del que la pobre era fan. Se le había prometido su asistencia, pero precisamente hoy, su hermana pequeña, estaba con 39º de fiebre y no podía abandonarla sola.

-Pues no faltaría más.

¿Era posible mi desfachatez?. ¿Qué admitiera salir con aquella chiquilla, de acompañante a un espectáculo, sin recurrir a ningún subterfugio?.
Que vergüenza, si mis compañeros me vieran por la calle con tal compañía. 
El caso era que me apetecía asistir no al espectáculo musical, con la intervención del ídolo de la niña, sino de la película que me la ponderaron y que se representaba a continuación.

El local, era uno de los tantos Cinemas, en que con un avance de escenario, ante la pantalla, lo utilizaban ambivalente, para proyección de filmes y para actuaciones de “Varietés”.
Normalmente eran de sesión continua y si uno quería ver el espectáculo completo, incluida la película, se pasaba en el local cuatro horas.

Aquél día era el último que se proyectaba la que me recomendaron.
 La Vida Secreta De Walter Mitty”, con el cómico Dany Kaye como protagonista y unas cuantas vedettes que enseñaban lo máximo permitido en aquél tiempo.

Mis compañeros comentaban repetidamente, los sueños de Walter, en los que además de bellas señoritas, no faltaba algún objeto que sonara “paqueta-paquete, paqueta-paquete” y se desternillaban.

Yo aquello no me lo podía perder. Entraría por la tarde a las cuatro, pero si no enlazaba bien el turno de la película, no saldría de allí hasta ver todos los 
"paqueta-paquete, paqueta-paquete”.

Cómo cuenta Tere el recuerdo de aquél día:

Era cierto que me apetecía ver esta película, y en aquellos tiempos una chica no estaba bien visto que fuera sola al cine. Y por una de esas casualidades, no tenía ninguna de mis amistades disponibles.
Luego con el paso de los años he pensado que nada sucede en la vida sin un motivo justificado.
Ya hacía por lo menos un año que conocía a Carlos. Era el huésped que estaba en casa de Agustina. Yo seguía pasando muchas horas en aquella casa. Me avenía bastante con la sobrina a pesar de ser bastante mayor que yo. Inevitablemente, la mayoría de las veces, estaba el huésped por allí, y entonces la gente parecíamos más humanos que ahora (quizás lo éramos), existía una convivencia vecinal que hoy no la hay.
Carlos en más de una ocasión también había pasado a mi casa, para charlar con mis padres, que por las tardes para ayudar a la manutención de la casa, trabajaban los dos para una imprenta. Unas veces se trataba de poner en orden unos folios. Otras eran pegar por un lado unos cartoncitos, que luego servían como cajetillas para poner las hojas de afeitar.
Carlos estaba siempre dispuesto a hacer algo más que estudiar, para tener algún beneficio extra. Por lo tanto las charlas además de ser amenas, a él, le reportaban algún beneficio.

Yo, a Carlos al principio le miraba sin verle. No tenía aún edad para fijarme en ningún chico. Mis trenzas, unos años después desaparecieron dejando paso a una media melena, y las gafas, completamente antiestéticas, deje de usarlas poco después, ya que solo las necesitaba para leer. Pero los chicos aún no me interesaban. Eso sí, a los actores de la radio, por aquel entonces muy en boga, hacía verdaderos sacrificios, para ir a verlos actuar.

Aquel sábado como cosa extraordinaria, actuaba un galán de la radio que hacía mis delicias cuando radiaban una serie policiaca.
Otra de mis aficiones era el cine. Creo recordar que me gustaban un montón de actores y actrices, y mi madre nunca se opuso a que empapelara prácticamente mi habitación con sus fotografías. (He de reconocer, que en este aspecto estaba muy adelantada). Hoy es normal que la juventud tenga posters en sus dormitorios. Entonces no.
Y que mi hermana se pusiera con tanta fiebre, me hizo sentir muy mal. Tiraba por el suelo toda la ilusión que tenía puesta de poder ver en directo a uno de mis actores de radio preferidos. Luego a la salida iría a pedirle un autógrafo. Todo se iba al traste con la inoportuna gripe de mi hermana. Ni la vecina podía esta vez echarme una mano, ya que tenía sus compromisos.
Por lo que cuando, se hizo la propuesta que Carlos me acompañara, no dejaba de ser una solución. Aunque de verdad que nunca imaginé que él, se aviniera.
Él ya salía con chicas de su edad. Yo todavía llevaba calcetines blancos como las escolares.
Pero aceptó, creo que más que nada para no desairar a mis padres. Y yo encantada porque de verdad, poder hablar de tú a tú, cuando le pidiera el autógrafo con ese hombre de una voz maravillosa, era lo que más deseaba. Desde siempre me he fijado en las voces de los actores.
Han sido mi debilidad. (Aún lo son).

Aquella tarde, dando la mano a la “niña”, andaba, observando por el rabillo de los ojos, a derecha e izquierda, con el temor de cruzarme con algún compañero, lo que motivaría un montón de explicaciones, para mitigar el pábulo malintencionado que a no dudar provocaría ante la Comunidad Estudiantil Barcelonesa. Jajaja. Me asombro ahora de mis infantiles prejuicios.

Llegamos al Cine, justo a tiempo para permaneciendo de pié, extender los brazos como el resto del público, a los sones del Himno Nacional, finalizado con la indefectible expresión del monitor de turno de “Arriba España”, “Viva Franco”, con la consabida respuesta del público “Viva”. Y ya por fin, podíamos bajar el brazo y sentarnos.

No acababa aquí la euforia Patria. A continuación había que enterarse de los sucesos de actualidad, suministrados por el NO+DO reportaje grafico de noticias Nacional. Básicamente, inauguraciones de Pantanos en el suelo Patrio. También algunos sucesos curiosos, dentro de un ambiente feliz en nuestra Península, por contraste con las maldades acaecidas en el Extranjero. ¿Cómo no nos dábamos cuenta de la bondad del Espíritu Nacional?.

Siguió la proyección de la película, disfrutada a carcajada limpia por mí y mi acompañante. Al encenderse las luces para las actuaciones de las Varietés, volví a sentirme incómodo. Por si acaso, no me dirigí en ningún momento a Tere, siquiera para responder a sus preguntas. Fingía absorción por el espectáculo, como si la butaca de mi vera, aleatoriamente la ocupara una desconocida.
Al finalizar, la actuación, de buena gana hubiera tomado las de Villadiego a toda prisa. No procedía. Había que aguardar a que la niña, tras sumergirse entre una avalancha de fans de los artistas, le llegara el turno de acceder a su ídolo para obtener un autógrafo.
La verdad que en la antesala del Cine, estuvimos más tiempo del que era de esperar. Vi con desespero, que se pasaba la hora límite para acceder al comedor Estudiantil. Mal menor. Total, un día sin cenar.
Lo peor: 

-Hola Carlos, qué casualidad. Tú por aquí. ¿Cómo van los estudios?.

¡Tierra, trágame!, Jaime, el cotilla, el mayor de los nueve hermanos Tunet de Olot.
Temblé al pensar en los dimes y diretes que se propagarían por todos los corros de mi lugar.
Como mínimo, acababa de adquirir la etiqueta de pedófilo. 

-Hola, Jaime. Pues sí que es coincidencia, ya que no suelo salir por lo que me ocupa el estudiar….,

No veía como abordar el tema, pues la familia Tunet eran de los que llevaban la religiosidad a extremos de fanatismo. La presencia a las 9 de la noche de una chiquilla acompañante, (en aquél tiempo, las ocho era la máxima decente para niñas en la calle), venía a ser un infanticidio.

Tuve que perjurar que no había cometido ningún secuestro, que eran coincidencias, que su hermana con fiebre….
Total que me liaba, hasta que por fin el cotilla me interrumpió para enterarme de los acontecimientos habidos en el último trimestre, por Olot.

-¿Sabes quien se casa?. Alberto Font. Y ¿sabes con quién?. Con Victoria.

-¿Eh?. ¿Cuál Victoria?. ¿La compañera de Bachillerato?. Pero …. Si esto es imposible…..

Ya me olvidé de mi propia incomodidad ante la situación, para mentalmente intentar explicarme el notición.
Alberto Font, cuatro años mayor que yo, había sido un colega instructor de sus experiencias ante los estudiantes de cursos inferiores. Se pavoneaba de su táctica para camelar a las chicas. Contaba con pelos y señales lo que les decía y les sonsacaba. Como colofón, llegó a contar como a Victoria, le sacó un beso.

¿Eh?. Pero si estaba harto de echarle pestes. Se burlaba de su pelo, de su nariz respingona, de sus pecas. De su voz de caña resquebrajada. De su ingenuidad, al tragarse todo lo que le contaba. 
Claro, su alto grado de sexapil, le permitía ensayar con ella, para llegado el momento, embaucar a quien a él le apeteciera.

Así, que se enredó en su propia red. ¿Supo ella, que era el hazmerreir de todos?. ¿Que las burlas de Alberto eran de dominio público?.

Me despedí de Jaime, apesadumbrado por las consecuencias imaginables que las comidillas a mis expensas hallaría al regresar a Olot por vacaciones.
Y a devolver a sus padres a la niña lo más rápido posible, con su trofeo de autógrafo de no sé cual actor. No fuera que también con los vecinos fuera yo a perder su confianza, regresando a tan extremas horas de la tarde.


Dice Tere:

Aunque la película me gustó, la verdad es que yo estaba ansiosa esperando el momento en que en el escenario, aparecería mi ídolo, recitando unos cuantos versos.

La voz de aquel artista me tenía completamente embelesada. Me olvidé de la fiebre de mi hermana, de mi acompañante, y de todo lo demás, para centrarme únicamente en la voz maravillosa de aquel hombre (imagino que debería tener unos 30 años, todo un señor mayor para mi) pero su voz era la que doblaba a muchos artistas de cine.
Que gustaba a todo el mundo quedó muy patente, ya que en toda la sala no se oía ni el vuelo de una mosca. Después los aplausos. Y por fin el tan ansiado momento de ir a pedirle un autógrafo.

El delirio, ya no podía pedir más, sólo que tuve que esperar mucho más de lo que suponía, pues no era la única que esperaba conseguir unas palabras garabateadas con prisas, más o menos dedicada a mi, puesto, que sólo se limitó a preguntarme mi nombre, y sin mirarme, me dedicó una frase.
Luego, con mi preciado tesoro, busqué con la mirada a Carlos, que estaba hablando con algún amigo.

Me acerqué a ellos, pero sin interrumpir su charla, simplemente me quedé muda, levanté la cabeza, ya que Carlos era mucho más alto que yo, y con una sonrisa blandí mi trofeo. No me atreví a más porque comprendía que a ellos por ser “mayores” no lo iban a entender.

Por suerte para mí, ajena por completo al mal rato que él estaba pasando, si lo llego a imaginar creo que me hubiera dolido mucho. Pues no hay nada que moleste más que saberse una carga para alguien.

No tenía ni idea de la hora que era. Sólo sabía que estaba ansiosa de poder enseñar en casa aquel autógrafo (que me parece aún lo conservo). Son esas cosas que aunque pasen muchos años, se recuerdan siempre con nostalgia. Y por supuesto, a mis dos amigas del alma, ellas también aficionadas como yo a los programas de radio. En aquellos años no teníamos grandes cosas para entretenernos. Sólo sé que me sentía feliz, y que cuando me reuniera con mis dos amigas disfrutaría explicando toda mi aventura con la obtención del autógrafo
. 

Parejas perdurables  (3)

Tenía que confesar a Luis, la realidad de la cuestión. Nuestra amistad venía de lejos y entre nosotros no había secretos, pero esto, pertenecía a mi intimidad. ¿Para qué confesar?.

Mientras lo tenía a mi lado paseando por las tantas veces concurrida Diagonal con la “colla”, mi cerebro desarrollaba la película vivida en los últimos cinco años.

Decidí, que al fin y al cabo algún día se sabría. Mejor que lo supiera por mi boca. Y ya que habíamos entrado en materia, era la mejor ocasión de explicárselo en principio a él solo.

Pero,..... ¿Y si al fin y al cabo no me comprometía con Tere?. Nada le había manifestado a ella para que se hiciera ilusiones. ¿ Y si ella me otorgaba las calabazas que jamás coseché durante la carrera?. Sería un riesgo inútil, exponerme al ridículo. 

Discurrí como afrontar el tema, ya que las primeras consecuencias sufridas afluían a mi memoria:

“La reprimenda que recibí por parte de mi padre al regreso del primer curso Universitario, deslució totalmente la euforia con la que me presentaba, por los notables en puntuación escolar obtenidos.
Como reguero de pólvora, Tunet , había transmitido por Olot la fábula de Carlos, el “infanticida”.

Desmentir con los compañeros el infundio, era cuestión entre jóvenes, con poca trascendencia, pero que llegara a oídos de mi padre, la cosa tomaba un cariz insospechadamente serio.
Estoicamente, soporté sus consejos de moralidad y el deber de comportarse como ser responsable, demostrar con acciones el provecho de los conocimientos recibidos, que al no asimilarse debidamente, conducían a las personas a semejar animales………..

Sudaba, viendo como se desbordaba la mala interpretación de mi acción caritativa, equiparándola a la monstruosidad de pervertir a una infantil niña. La pobre, ya no podría mirar a la cara a familiar alguno. Abandonada a la p… calle.
Sus padres, deberían emigrar al extranjero para no ser reconocidos ante el oprobio social recibido. Ella, permanecería en la Ciudad de Perversión que era Barcelona. (La moderna Sodoma y Gomorra). Su futuro sería el de las desgraciadas, cayendo seguro en manos de algún chulo.

En cuanto a mi familia, marcada con el dedo de culpabilidad por los ciudadanos de “La Muy Leal Ciudad de Olot”, título rimbombante otorgado por no sé cual administración antigua.
A mis padres se les conocería como progenitores de un desnaturalizado y perverso vástago. Mas le valiera a Carlos, que se le colgara al cuello una rueda de molino y se le lanzara al mar, no fuera a repetir acción semejante. (El escándalo infantil Bíblico).

Una vez aclarado con mi padre la maledicencia de los cotillas, confesó que en realidad, no les había creído una palabra, pero que no estaba de más que hiciera honor a la honradez familiar.”


Sin darme cuenta, mi imaginación rivalizaba con la de Walter Mitty. 

De modo que aquello era historia. Anécdota para olvidar, intrascendente. Sin embargo, ahora resucitaba.

Dos años después, primero la abuela que me había criado, como nurse y casi de inmediato mi madre, fallecieron. Mi dolor se convertía en rabia. No era justo que ambas, después de lo que se desvivieron para que alcanzara yo, un puesto en la sociedad, con título universitario tan ansiado por ellas, no vivieran para verlo.
La cosa empeoró, pues sea por la viudedad, o por la dejadez en que cayó mi padre, según un vecino suyo que me envió el fatídico telegrama, mi padre, finalizada la velada con él, faltó al trabajo, a la mañana siguiente, por no haber despertado.
Tomando el primer tren que de Barcelona enlazaba con el autocar de Ripoll, acudí al sepelio, ya organizado por los vecinos, atendiendo a mi inusitada situación.
Se nos conocía por familia numerosa desde nuestra residencia adquirida antes de la guerra Civil.
Se redujo paulatinamente nuestro número, por enlaces de los parientes jóvenes y óbitos de los abuelos. El fallecimiento de mi padre, culminó la desaparición total familiar.

Lloré esta última pérdida, pero además, a mi edad sin estudios terminados, un negro nubarrón ocultaba las posibilidades inciertas de mi futuro.

Dios aprieta, pero no ahoga. Otro refrán sabio.

El catedrático de Construcción y Topografía, necesitaba ayudante de Campo para levantamientos topográficos, al licenciarse el que tuvo. En atención a mi particular situación, accedió a tomarme como su sustituto. Detestaba en principio mi procedencia del alumnado, por las posibles implicaciones que pudieran reportar. Le agradecí la excepción que hacía conmigo.

Esto me permitió incrementar ingresos, los justos para paliar la nula ayuda familiar, dada su inexistencia. Pero más aún, especializarme en tales disciplinas y con ello, atraer trabajo suplementario desarrollable en el bendito tablero heredado de Juan.

Y precisamente ahora, que se cumplía esta etapa de mi formación, vi a la niña de antaño con un grupo de amigos y amigas, riendo por chascarrillos comentados y programando excursiones para las vacaciones.
Por primera vez, me di cuenta que la apariencia de Tere, era la de un “guayabo”, como llamábamos entonces a las chicas estupendas. Ni su indumentaria, ni sus proporciones antropológicas, tenían que ver con el recuerdo de su primera apariencia. Y su sonrisa, me cautivó.

¿Había que hablarle?. No. En principio, seguía yo sin estar situado. Y ahora, la mili me llamaba. ¿Qué hacer?.

Esto era pues lo que confesaría a Luis. Que se trataba de la niña de antaño de la cual Olot entero tuvo noticias. Ya no serían jocosas las reacciones. Se otorgaría veracidad a lo propalado por Tunet.
      Mi amigo, lo entendería.
Como la cuestión ya no permitía demora, le expuse a Luis tal cual la situación. Mientras él asentía, ya que me comprendía perfectamente, iba creciendo mi determinación de postergar el compromiso.

-Mira Luis, creo que lo más conveniente será hacer mutis por el foro, pero dejando la puerta abierta. 
No estoy aún en condiciones de incrementar responsabilidades. Me despediré de los vecinos y de ella, sin mencionar mis sentimientos. Si cuando vuelva lo veo todo más claro y ella sigue disponible, actuaré en consecuencia.
Y ya está bien de hablar tanto de mí. Cuéntame lo tuyo con Nuria, ya que ella en ningún momento quiere vivir en Barcelona. Nuestra camarilla, en un mes se habrá disuelto. Ella regresará a Olot. ¿Tú que harás?.

-Tal como has dicho, a nuestro regreso de la Mili, lo hablaremos también.

Otro de nuestros colegas era Antonio. Sin ambages, se había liado con Raquel, vecina de Olot como lo éramos Luis, Nuria y yo. Y ella también detestaba el modus vivendi al que obligaba la Gran Ciudad.

Aquello resultaba chusco. Se trataba del caso inverso al mío. Yo procedente de Olot, definitivamente me convertiría en un Urbanita. Antonio con toda su familia Urbanita, se convertiría en pueblerino. Hay que ver la atracción femenina, como deriva nuestro destino.

Tres de las amigas de la camarilla, ya dejaron de acudir a los paseos vespertinos diarios. Una por haberse comprometido con un desconocido y las otras dos, me temo por haberse olido que su pesca fracasó. Luego las redes las lanzarían a otros caladeros.

Algo que era tan evidente por ellas, a los chicos nos pasaba desapercibido. Con razón en su cotilleo, nos llamaban tontos del bote. Nuestra picardía era al menos tres grados inferior a la de ellas. Prácticamente, hasta los treinta años, nosotros no alcanzábamos la perspicacia natural que ellas poseían a los dieciocho. Claro que esta distancia se ha reducido en la actualidad, aunque perdura un tanto a favor de ellas.
Nosotros a ellas las llamábamos "estrechas", cuando no nos eran asequibles. Por su parte ellas nos llamaban “panolis”, por no ser atrevidos. ¿Cómo se come esto?. 

Con todo, de las siete compañeras con las que compartimos los asuetos durante los tres últimos años, dos de ellas se comprometieron con los colegas. Restaban pues otras dos cuya pesca se hallaba aún indeterminada. Y tal como se veían venir los acontecimientos, de no cobrar pieza con urgencia, deberían asimismo, seguir el camino de las que ya se despidieron. A buscar otros caladeros.

Llegado el día de tomar el embarque para el servicio militar, envié mi bagaje por correo con destino al Cuartel del Regimiento de Caballería en Alcalá de Henares y acto seguido, pasé a despedirme de los vecinos.

Llamando a Tere aparte, le insinué que dada mi carencia de familia, me complacería recibir al menos una carta al mes de alguna persona, para hacer llevadera la estancia en “Tierras inhóspitas”, en las que naufragaría durante seis meses. Y que se me ocurría que podía ser ella quien me socorriera.
Estaba convencido, al ver que aceptaba de buen grado, que no le era indiferente. Sentí verdaderas ganas de hablarle con sinceridad del motivo, pero me contuve, por todo lo razonado sobre mi responsabilidad.
Las enseñanzas paternas, afloraban y a ellas correspondía.

Tere lo recuerda así:

Había quedado muy atrás el día que me acompañó a buscar mi ansiado autógrafo. Reconozco que él, físicamente no había cambiado demasiado, pero yo sí. Y lo noté porque siempre tenía algún moscón de buscaba mi compañía. Uno de ellos lo hacía de la manera en que se hacían entonces estas cosas, solapadamente, como quien no da importancia, eran encuentros fortuitos, pero Juanito parecía que me perseguía a todas horas. 

Al salir del trabajo invariablemente lo encontraba por allí “de casualidad” según me decía él. Charlábamos me imagino que de tonterías, ya que no recuerdo ni una conversación que se me haya quedado grabada. Pero sí que recuerdo que tenía unos ojos verdes muy bonitos. Era agradable en su trato, pero…yo le encontraba un defecto. No era alto. Era casi de mi misma estatura. Yo me he considerado siempre bajita, y en una mujer tiene un pase pero para mí, no lo tenía en un muchacho.

Carlos se fue a cumplir con la Patria, y vino a despedirse de mi familia, prometió que nos mandaría alguna postal del lugar que lo habían destinado 
Cuando yo llegaba a mi casa preguntaba distraídamente, si se había recibido alguna postal del Cuartel Militar de Alcalá. Era cierto que la esperaba, pero si he de ser sincera tampoco me preocupaba demasiado no tener noticias. Al fin y al cabo él tenía su grupo de amigos y amigas con las que hacían fiestas y organizaban bailes. Pero muy dentro de mí, estaba la ilusión de recibir alguna noticia de él. Le admiraba porque conocía todos los malos ratos que había pasado, sabía de su tenacidad tanto en los estudios, teniéndolos que compaginar con el trabajo para su sustento. 

Este detalle hacía que lo viera como una persona seria, alguien que de buen seguro en un momento dado sabría salir adelante con todo lo que se le presentara en contra. Lo había demostrado en los años anteriores.

¿Gustarme? Creo que todavía no. Pero bueno su 1,84 de estatura me hacía verle benévolamente, no como a Juanito. Él continuaba siendo para mí, el vecino de enfrente de casa, larguirucho, que cuando venía a pasar un rato con mis padres, me dedicaba una sonrisa y un saludo y poco más.
De momento sólo sentía por él, una mezcla de pena y de admiración al saber que había mantenido una lucha feroz en su entorno para seguir con sus estudios. 
Durante estos años había pasado más de una tarde en mi casa, charlando con mis padres. Le oía hablar, aunque yo no estuviera en el comedor con ellos. En su momento su historia me conmovió. Perder a su familia en tan poco tiempo, imaginaba que tenía que marcarle para siempre. 

Mi habitación era un verdadero caos de fotografías de artistas de cine y de radio. A pesar de los años transcurridos mis aficiones no habían variado lo más mínimo. Disfrutaba con todo ello.
Y luego estaban las matinales en el Palacio de la Música Catalana, donde los domingos ofrecían un variado programa de música clásica, a un precio muy asequible. Iba con mi queridísima amiga, esa con la que compartíamos todos nuestros secretos, desde los siete años. Ella se empeñaba en ponerse en la primera fila de butacas, para ver más de cerca al primer violín. Decía que le gustaba. Y entre las tonterías propias de la adolescencia, nos reíamos porque yo le decía que por la edad podría ser su padre … Pero luego los acordes musicales, nos hacían enmudecer por completo, y gozábamos de la buena música.


Parejas perdurables  (4 )

Ayudas Providenciales. Fueron las recibidas de mi “jefe”. Los dos años de mi colaboración en levantamientos topográficos, le hicieron olvidar mi estatus de alumno, tomándome gran confianza.

Sabedor de lo oneroso que resultaba la adquisición del uniforme de Gala militar, me solventó buena parte del problema.

El ejército Español, a los reclutas les atendía todas sus necesidades para el cumplimiento del servicio obligatorio, pero a los “Oficiales de Complemento” Universitarios, los trataba como a los de Academia, favorecidos con un sueldo, pero desatendiéndose de su manutención. 

Tampoco suministraba gratis los atuendos personales. Había que comprar en “abastos”, el almacén militar suministrador de todo equipamiento destinado a la Infantería, Artillería, Armadas aérea y marítima, o Caballería.

¡Ajá!. Caballería, lo que me tocó en suerte. Económicamente, el uniforme de Gala, resultaba gravoso. Las botas hasta las rodillas, con espuelas cromadas. Los pantalones de dos tipos, los normales de retaguardia y los bombachos para campaña y desfiles. La guerrera, el correaje con y sin cartuchera, y los consabidos cordones distintivos de la procedencia universitaria. El capote, nos lo ahorrábamos, ya que siempre había excedentes en los centros oficiales de los cuarteles.
La gorra de plato, y guantes blancos, a juego con el collarín de plástico blanco sobresaliente del cuello de la guerrera.
Finalmente, un aditamento para colgar del correaje, el SABLE mediante su funda metálica.

Atractivos los uniformes militares debían resultarles a las chicas…….sino, ¿Cómo se entiende que Font, se casara con Victoria, con su uniforme blanco inmaculado de cadete de la Armada?.

De haber realizado tal osadía hoy, habría sido denunciado al Ejército y pagado las consecuencias. Tal uniforme, no podía lucirlo públicamente sin estar en activo.
Más bien creo que para él le resultó una barata manera de figurar ante los papanatas de la estirpe “quiero y no puedo”. Me alegro de no haber sido testigo de tal efeméride, ya que ver transcurrir la comitiva por las calles de Olot en su desfile nupcial, me hubiera provocado terrible vergüenza ajena.

Y en mi caso, la cuestión era que mi jefe, me facilitó a título de préstamo el sable y espuelas con sus complementos que él guardaba de antaño. Y me dirigió a un conocido que lo mismo haría con la guerrera. Total el atuendo faltante a adquirir, resultó más que asequible.

Y preocupado, a pesar de las promesas de mi protector, por mi porvenir una vez acabada la mili, partí hacia la aventura militar.
Mis ahorros eran escasos y tenían que alcanzar hasta la primera paga mensual. Convenimos entre cuatro colegas, alquilar conjuntamente en Alcalá un par de habitaciones a las Hermanas Peñuelas como les llamaban, sin saber el motivo, ya que una era la “Engracia” y la otra la ”Herminia”. Y sus apellidos Gómez.

Nuestro afán ahorrativo, dado que los emolumentos profesionales no daban para más, nos llevó asimismo a adquirir un despertador entre todos, a un relojero que además nos prometió readquirirlo él a mitad de precio, cuando nos licenciáramos. 
Era necesario este artilugio. Las consecuencias de llegar tarde a la Diana cuartelera, las hubiéramos pagado con días de reenganche al servicio ya para nosotros odioso.
De esta manera, el despertador, era la Diana particular de nuestro compartido hogar, no muy aplaudido por las hermanas Peñuela. 

También el uso de los vales para la cantina del cuartel ayudaba bastante a estirar el sueldo. Las consumiciones eran fiadas hasta el día de la paga, en que la recibíamos tras haberse realizado las deducciones pertinentes. El líquido efectivo, escasamente servía para atender al hospedaje y al chateo en las rondas vespertinas. Francamente, nuestro sueldo era inferior al de los oficiales profesionales. Nosotros , carecíamos de “antigüedad”, que es un grado. Tampoco teníamos prebendas de medallas o méritos de guerra. Total un asco de sueldo.

Las veladas en nuestras habitaciones, casi todas acababan con la nostalgia del hogar y discurrir los planes futuros. Me sentí reticente a hablar de los míos, hasta que una carta de Tere, captada por García al recoger su correspondencia, hizo inevitable que hablara de ella.
Las bromas a partir de aquél día fueron cotidianas. De los cuatro hospedados, era el único que recibía correspondencia de una fémina, lo cual era muy sospechoso.
Y para colmo una de las misivas de Tere, incluía su foto. ¿Alguien era capaz de desmentir a tres feroces compañeros sobre el particular?.
Pero si solo nos conocemos…………
Cómo lo recuerda Tere:

Al cabo de poco de haberse ido, nos mandó una misiva dedicada a la familia, explicándonos que todo se le iba resolviendo dentro de una normalidad. Que salía con los amigos todas las tardes, haciendo recorridos por los bares de la pequeña ciudad. Nos hablaba incluso de la plaza dedicada a Miguel de Cervantes, que nació allí.

También nos hacía saber que a pesar de estar bien instalado, añoraba Barcelona, incluso la habitación de su patrona Agustina, que ignoraba si la buena mujer se la guardaría para cuando volviera. 
Al final de la carta me pedía a mí personalmente que le buscara entre mis amigas, por si había alguna dispuesta a hacer, lo que se llamaba “madrina” para los pobres muchachos que como él, estaban lejos de sus casas, y se sentían solos.

Esto era algo, que aunque parezca raro, por aquellos años, era bastante normal. Muchachas que sin ninguna aspiración a buscar novio ( ¿o si?), dedicaban unas horas a relacionarse mediante unas cartas, con muchachos que no conocían, con la mejor de las intenciones, que era la de proporcionar un poco de calor hogareño, a los que estaban lejos.

En mi respuesta le dije que lo hablaría con ellas, que seguro que alguna tendría interés, en hacer “una buena obra”. Así se enfocaban estas cosas.
Aunque creo que en mi tercera carta, le dije que mi vida había tomado un rumbo completamente diferente al que yo había soñado. 

Surgió la posibilidad de entrar a trabajar como secretaria en una imprenta, muy cerca de mi casa. Mis padres conocían a un amigo del propietario, y no se les ocurrió nada mejor que decirles que yo estaría encantada de formar parte de su plantilla. Sin consultarlo conmigo. Esto también estaba dentro de la normalidad. Debíamos un respeto y sólo nos quedaba acatar las órdenes recibidas, aunque no fuera de nuestro agrado.

No tuve inconveniente en explicárselo a Carlos, segura que me entendería porque él, había pasado por momentos difíciles. Le comenté, que nada más lejos de mis deseos, que dejar los estudios, que estaban basados en una cultura general, bastante amplia, para ponerme a trabajar. Me quedaba un año y medio, para tener la formación mínima que se requería en el colegio donde yo estaba. La escuela pertenecía al Ayuntamiento de la ciudad, y era de lo mejor que había por aquel tiempo. No entraban todas las que querían, yo si lo hice años atrás, fue porque mi padre era Funcionario del Estado, y tenía una preferencia.

Me parece que este fue el primer golpe bajo de la vida.
A pesar del tiempo transcurrido, aún me duele. Creo que es lo único que tengo en contra de mis progenitores. Ya que mi infancia había sido la de una niña feliz y muy querida. 
Creo que por primera vez usé a Carlos como desahogo de mi pena, convencida que él, no se reiría de mis sentimientos.

Mis nuevos compañeros de trabajo eran divertidos, eso no lo puedo negar. Un buen día para celebrar el cumpleaños de uno de ellos al salir, nos invitó a todos a tomar unos refrescos, y nos hicimos fotografías, y seguro que alguien dijo algo para hacernos reír a todos, porque yo que estaba en un primer plano, parecía la imagen de la felicidad.
Y no tuve reparos en mandársela a Carlos para que conociera a mis nuevos amigos. Al fin y al cabo él ya conocía a dos de mis amigas íntimas por haberlas visto en mi casa.

Acoto que Alcalá, de Pueblerino en aquél tiempo, con 2000 habitantes autóctonos civiles, y 14.000 militares de las diversas Armas en cuatro cuarteles, sesenta años después se convirtió en una Ciudad de 35.000 civiles y 3000 militares + una penitenciaría en extraradios.
Amén que la Universidad ancestral que en mi tiempo se hallaba en obras, revivió su importancia Histórica.

Parejas perdurables. (5)

Ernesto, se las daba de donjuán. Vimos como acabó. Faltó a la cotidiana velada, aquella noche. No estaba de parranda. Simplemente en el Cuartel por orden del Capitán recluido en la sala de banderas. Venía a ser para los oficiales, el equivalente del calabozo para la tropa.

Sin permiso expreso, salió por la tarde con la moto-sidecar de su escuadrón, a dar vueltas por Alcalá. Llamó la atención a un Regimental quien le delató, mayormente por la inquina que tenían los Chusqueros a los “niños oficiales de complemento”.

El motivo fue pararse ante cierta casa con motor en marcha provocando acelerones ruidosos, repetidamente.

La razón que nos dio por tal comportamiento, nos pareció surrealista.

Llevaba días intentando camelar al guayabo de aquella casa, que solía exponerse generosamente con las ventanas abiertas, y en paños menores, mientras planchaba su vestido. Durante el paseo del día anterior, contactó con ella y…. “Veni, vidi, vici”.
La citó para aquél malaventurado día. Saldría de servicio del cuartel a media tarde y la re*****ía con un medio de locomoción para alejarse de Alcalá, lo suficiente para disponer de una intimidad bucólica.
Sin embargo la preciosa joven se lo pensó mejor y temiendo ser vista por conocidos, con un “Polaco”, (así nos llamaban a los Catalanes), no acudió a la cita. Ni siquiera tenía las ventanas abiertas como de costumbre, para alejar sospechas de complicidad."


Conque el donjuán, trasquilado. Le dijimos que puestos a alardear dado que en el Regimiento aparte de caballos y Jeeps también habían tanquetas, con este último vehículo, seguro que la sílfide no se hubiera resistido.

Por suerte, su Capitán se contentó con la reprimenda privada, y no extendió el parte oficial, que le hubiera causado arresto mayor. Desde aquél día Ernesto mantuvo ojeriza al delator que era un simple brigada. Pero nada pudo contra él, dado que no lo tenía a sus órdenes.

Las rondas vespertinas por las tascas, a pesar de costarnos una miseria, a tenor del sueldo idem, se comían los pocos ahorros deseables para no seguir sin blanca al licenciarme. 
El servicio en el cuartel, a excepción del día en que nos tocaba “semana” (servicio de armas, o de instrucción y vigilancia), quedaba cumplido a la hora de “fajina” o, “rancho”.

Las tardes libres, tenía que aprovecharlas mejor. Me presenté al Ayuntamiento pidiendo por el Arquitecto Municipal, ofreciendo mis servicios.
Maravillado, le resulté caído del cielo. Necesitaba un topógrafo para acudir a una propiedad de la demarcación donde se ventilaba un litigio de herencia familiar.
Me aclaró que normalmente el Ayuntamiento no precisaba más técnicos, lo cual me daba por advertido que se trataba únicamente de este trabajo esporádico. Sin embargo me recomendaría a unos Ingenieros de Madrid, con los que tenía posibilidades.
Bienvenido para mí era cualquier clase de trabajo, por ello no dudé un instante en aceptar lo que me ofrecía, sin reparos. Por cierto, fue mucho más de lo que esperaba.

El día de marras, o de “autos” en términos legales, me incorporé a una comitiva de dos taxis, un coche particular y una limusina oficial.
No entendí cómo para realizar un levantamiento topográfico, replantear en el terreno unas divisiones de fincas para en el gabinete calcular superficies, hacía falta la procesión de tan numerosa comitiva.
Por el camino me instruyó el Arquitecto, que se trataba de una discusión ya vieja, entre dos hermanos herederos de una finca ya adjudicada judicialmente, pero que restaba dilucidar a quien otorgar la Era de pan trillar.
Me hice un poco a la idea, imaginando una Era de dimensiones más que normales con obras aledañas de granero, pajar, barracón de aperos y quizá también cuadras, pocilgas y a saber.
Una vez allí, no entendí nada. Montaron el teatro judicial, con el Sr. Juez, flanqueado por el Secretario Judicial y el Municipal. Enfrente, dos grupos familiares, cada cual con su abogado.
Algo apartados, se hallaban los taxistas y las personas citadas como testigos.
Inició la sesión el Fiscal, con su perorata. A una indicación del sr. Juez, procedí a tomar medidas de…….
¡Una Era de 10 metros de radio!. Ni obras anexas, ni empedrado especial, ni sendas de propiedades ajenas que cruzar. Nada. Sólo situarla en el plano de la finca matriz.
La estupidez humana, aquél día comprendí que no tenía límites. ¿Eran conscientes los hermanos, de lo que les costaría tal litigio?.
A bulto yo imaginé, las costas judiciales, los alquileres de taxis, la factura del Ayuntamiento y los honorarios del Arquitecto y míos. Con creces superaban diez veces el valor de aquél círculo de tierra pavimentada con adobes, de superficie seis áreas. 
Por descontado que aquella Era, en pleno descampado rural, jamás habría estado invadida por tanta humanidad como la de aquél día.

Me dio vergüenza cobrar lo estipulado con el Arquitecto. La vencí, pensando en mi futuro con Tere. Estaba decidido a declararme a mi regreso a Barcelona. Para ello, debía consolidar una posición que para nada sería estable si no la iniciaba con un pequeño capital.
La responsabilidad de mi vida, no la podía evitar, pero arriesgar a otra persona, atándola a mi incierto porvenir era temeridad. 
Si no disponía de una mínima seguridad para atender a una familia, mejor permanecer soltero.

El Arquitecto, cumplió su promesa y me dirigió al Edificio España en Madrid (el más alto, entonces, con 24 pisos), donde en la planta 16 se hallaba un grupo de Ingenieros, realizando el proyecto de las Bases Aéreas Americanas de Morón de la Frontera y de Torrejón de Ardoz. (Actualmente Españolas).
Fui bienvenido a la oficina, conviniendo un precio por hora, ya que no disponía más que las tardes libres. El destino empezaba a sonreírme. Con los cuatro meses que me quedaban, ahorraría lo impensado.

La Entidad Norteamericana que encargaba tal proyecto, se hallaba en el mismo edificio en la planta 18. Así era frecuente la intromisión de los Ingenieros Americanos en nuestra sala de delineación.
Y aquí por segunda vez fui testigo de la estupidez Humana.
En este caso la de los Ingenieros Yanquis.


Parejas perdurables.( 6 )

Los Americanos tenían un trato con el Estado Español, que les otorgaba la construcción de estas dos bases Aéreas en terreno Hispano. Su beneficio Político y Militar, era evidente y al españolito de a pié, ni se le informaba, ni le preocupaba.
La realidad para mis efectos, era la posibilidad de obtener ingresos. Vendrían de perillas para mi inicio laboral post titulación docente.

Nuestros ingenieros, presentaron a los Americanos, ochenta planos tamaño Din A-0 (1 metro cuadrado superficie), en los cuales se detallaba la superficie total de la delimitación de la Base de Torrejón, con las cotas del terreno, los mojones de referencia y las estaciones de medición con la usual precisión en nivel de centímetros altura.
Con su aprobación se proyectarían las pistas rodadas niveladas sobre pavimento hormigonado.

Nuestros jefes de sección, alarmados por la amenaza de no admisión de nuestro trabajo, nos convocaron para solicitar veinte voluntarios para labor extra aquella noche.
Se trataba de adjudicar cuatro planos a cada uno y rehacer las cotas grafiadas.
El cálculo estimado para realizar tal gestión oscilaba entre tres y cuatro horas por cada voluntario. Como excepción, se nos retribuiría con el importe de cuarenta horas, independientemente de lo que tardáramos realmente.
Casi todos entusiasmados aceptamos, yo entre ellos, a pesar de las previsibles consecuencias de una noche sin dormir.

La razón por tal reforma de los planos, “ESTÚPIDA”.
 Como la nivelación de las proyectadas pistas rodadas se realizaría con precisión de milímetros, había que homogeneizar los planos topográficos con niveles asimismo en “milímetros”.
No hay que ser ingeniero, para entender que la huella de un zapato en terreno virgen, de realizarla en día húmedo o en seco, puede variar incluso más de un centímetro. La nivelación era pues correcta y nada influía en la obra proyectada de hormigón, cuya lisura y nivelación serían mecanizadas con precisión milimétrica.

Solución Ingeniería Española: Al albur,( a la tun tun), agregar cifras entre cero y nueve a cada cota tras los centímetros. 
¿Es posible, que los Americanos, no lo imaginaran?. 
Daba igual, las órdenes se cumplían y punto. Procedían de Ingeniería del Ejército Norteamericano.

Económicamente, para mí fue un regalo inesperado muy apreciable. A media noche, los voluntarios, finalizamos la labor, con la antelación previsible por trabajar a destajo. 
Mi problema emergía. Ya no había trenes de cercanías para Alcalá de Henares. Hasta las siete de la mañana, ¿cómo pasaba las horas?. Tendría que buscar pensión para pernoctar en Madrid, o alquilar un taxi para Alcalá.
Fue más simple. Un compañero Madrileño, me ofreció, la habitación de invitados de su hogar. Y eso desbarataba el tópico consabido sobre la relación Madrileños –Catalanes.
Se demostraba una vez más la irrealidad de las etiquetas cuando hay que adjudicarlas a nivel personal.

A las ocho de la mañana, ya en Alcalá, desayuné en un bar y acto seguido fui a mudar mi indumentaria civil, por la militar.
La clásica broma de los compañeros, al verme entrar en la habitación: 

¿Estaban buenas las Madrileñas?.

Recuerda Tere:

Recibimos la carta en la que nos explicaba a toda la familia de sus andanzas por Madrid.
Todos sabíamos de su manera de organizarse la vida, para poder subsistir. Y ahora resultaba que incluso estando prestando el servicio Militar, también trabajaba incluso sabiendo que le podría repercutir negativamente en su disciplina militar. En casa se comentó que era arriesgado, ya que el cuerpo humano, por joven que fuera, también tenía sus necesidades de descanso.
Cosa que presumiblemente no podría hacer si continuaba con aquel frenético plan de ganar dinero.

Le había parecido buena la idea de buscar “madrinas” para sus compañeros, y lo comenté con mis amigas de siempre, y estuvieron de acuerdo. Yo sólo tuve que poner las direcciones que ellas mismas me dieron permiso para darla, y de esta manera Carlos haciendo de intermediario, se entabló una correspondencia entre sus amigos y mis amigas.

Era divertido. Parecía como si aquello fuera un juego. Cada dos o tres días, se carteaban, explicando las cosas más tontas y más pueriles. Comentaban si habían visto alguna película buena, la recomendaban a los “pobres chicos”, para darles ánimos.

Yo estaba muy al corriente por lo menos de las misivas que mi amiga íntima me explicaba y me dejaba leer las cartas. Me decía que se sentía muy a gusto en su papel de benefactora de aquellos muchachos, lejos de sus casas, y que procuraba animarles todo cuanto podía.

Yo seguí con la rutina del trabajo, las clases de pintura, los conciertos musicales, y sobre todo la radio, que me acaparaba por completo. Siempre que podía acudía a los seriales, que algunos de ellos los daban en directo en los estudios de la emisora. Tanto mi amiga como yo nos desvivíamos por asistir. Por suerte mi padre siempre estaba dispuesto a acompañarnos, ya que se radiaban por la noche, y él, se esperaba abajo en una cafetería. Todo un detalle, porque al pobre esos dramas radiofónicos no le gustaban, por eso nos esperaba pacientemente, a que terminaran y nos llevaba hasta casa.

En la oficina a mi también se me complicaron un poco las cosas. Un día subió el encargado Don José, y muy serio me dijo que quería darme un sabio consejo. Que me hablaba como lo haría un padre con su hija. Por la edad, seguro que podría serlo. Imagino la cara de susto que debí poner. Me recomendó que no entablara ningún tipo de relación que no fuera la estrictamente laboral sobre todo, con los dos muchachos que eran un poco mayores que yo. Que siendo la única fémina del lugar, podría dar opción a discusiones entre ellos.

Ahora con el paso de los años, imagino que él, al estar siempre en contacto con ellos, habría oído algún comentario. Y yo le debí parecer bastante infantil, y muy alejada de la realidad. Me insistió en que era mucho mejor alejarlos si se me insinuaban queriendo salir conmigo.

Y así lo hice. Tal como D. José imaginaba no tardó uno de ellos en querer acompañarme al salir por las tardes. Lo tuve fácil, sin desairarle, le dije que tenía las horas ocupadas en las clases, y que ya iba con muchas prisas para no llegar tarde. O sea que en la oficina, seguro que pasé de ser la niña infantil, a la antipática y engreída Teresa.


Parejas Perdurables (6-a)

Dos compañeros, atendieron mi oferta de cartearse con amigas de Tere. Al principio, sus comentarios eran ampliamente discutidos en conciliábulo, pero al poco tiempo, se convirtieron en reservados. Como cada cual gozaba de sus aventuras, las cartas, pasaron a ser asuntos privados, sin comentarios.

Especialmente las de Tere, tomaban un cariz claramente interesado. No se trataba de hablar del tiempo, o de la prohibición Municipal del uso de las bocinas de los vehículos. Explicaba Tere, como el primer día de
aplicación de este decreto, amaneció la Ciudad con un silencio fantasmal. Era la impresión por contraste a las sinfonías habituales formadas en los atascos cotidianos.

Ahora expresaba sus sentimientos íntimos, los confesaba a un “amigo”. Se sentía frustrada por no poder acabar los estudios, ya que debía colaborar en el sustento familiar, estrenándose de Secretaria en una imprenta.

Me solicitaba fotos de mis andanzas por el cuartel, a caballo, en las motos (como la de Ernesto), en los Jeeps, y perspectivas de los carros de combate, con la formación del escuadrón a mis órdenes.

En compensación me envió fotos suyas con el grupo de amigas y una en la que mostraba todo su palmito de curvas seductoras y melena suelta asimismo sugestiva.

Era una velada confesión de su incipiente interés por mi persona. Parecía que el anterior habido con el joven, antes de mi partida, se debilitaba. Dudaba ya en confesarle de inmediato mis sentimientos, que podían tener garantía de éxito.

No creí oportuno realizarlo por carta. A su debido tiempo, lo haría en un vis a vis a mi regreso en Barcelona
.

Parejas perdurables ( 6-b )

Morán, se distinguía entre mis compañeros por su boyante economía. El hospedaje que eligió en solitario, no era nada barato. Además se permitía el lujo de invitarnos alguna vez a cenar en el 
“Hostal del Estudiante”. Un restaurante de campanillas al que acudía bastante turismo, ya que en aquellos días la Universidad, de la que era parte adyacente, por obras se mantenía cerrada.
Tampoco habría subsistido tal restorán con aquellos precios si en verdad contara con clientela estudiantil. 

Me pidió que en uno de mis viajes a Madrid, le retirara de una joyería, una medalla conmemorativa de las Bodas de Plata de sus padres. La encargó personalmente con un diseño original. De dimensiones notorias y sobre plata una grabación en oro con nombres y fecha.

Me entregó el dinero de su coste, superior a dos pagas del cuartel. Para él las pagas venían a representarle propina.
No tuve inconveniente ya que la joyería se hallaba en el itinerario entre la estación de Atocha, terminal del ferrocarril y la Plaza España, mi destino en el edificio de su mismo nombre.

Al entregársela, comenté lo bonita que resultaba y que era merecedora de exhibirla en una vitrina. Sus padres se sentirían orgullosos de tener un hijo tan considerado.
Por su parte me confesó que estaba tramitando poder darles la sorpresa el día de su celebración. Se presentaría a su hogar para felicitarles y regresaría a la mañana siguiente. Solo le faltaba combinar los horarios de vuelo en Barajas.

Le recordé la inconveniencia de tal proyecto. Yo me la jugaba a diario con mis idas a Madrid, puesto que algún imprevisto algún día podía requerir nuestra asistencia por la tarde al cuartel. Este era un riesgo extremadamente pequeño, puesto que saliendo de “rancho”, el cuartel se libraba de la oficialidad. Los únicos que permanecían eran los de Servicios, de Guardia, de Vigilancia, o los de Semana.

Pero un viaje a Barcelona, merecía otro respeto. De descubrirse podía ser sometido a Consejo de Guerra, por deserción. 
Se rió, diciendo:

-Ja,ja, Carlos, no estamos en guerra y yo firmaré mi entrada normalmente. Mi salida del Cuartel la haré cinco minutos después de mi entrada. 

-Con todo, este día figurarás como presente en el cuartel, pero a la mañana siguiente, ¿Seguro llegarás a tiempo para firmar?.

-Carlos, eres un pusilánime. Con tantas consideraciones, no llegarás nunca a ningún lado.

Parte de razón tenía él, pero el resto la tuve yo.

El esperado día, Morán con su medalla en el bolsillo, llegaba por la mañana al aeropuerto del Prat (Barcelona). Pensaba en la sorpresa que daría a sus queridos padres, cuando…….¿veo bien?. ¿Qué hacen mis padres aquí?.

Gestionando nerviosos, sus padres entre abrazos y palabras entrecortadas, le conminaron que tomara el pasaje adquirido para su regreso a Madrid, en el vuelo que despegaba en quince minutos.

Entre su salida de la puerta de llegadas y el recorrido para la puerta de salidas, le enteraron de que se esperaba para aquella tarde la visita “imprevista” del Coronel.

Pasaría revista al Regimiento, con todo lo que aquello implicaba. Formar a la tropa. Todas las unidades con sus pertenencias exhibidas como en una parada militar normal. Por descontado la Oficialidad entera, recibiría los partes de sus subordinados y el Teniente Coronel transmitiría la clásica orden:

-Mi Coronel, sin novedad en el Regimiento.

¿Cómo daría tal parte si faltaba Morán?.

Llegó a tiempo, ya que alquiló un taxi de Barajas a Alcalá. Algo cara le salió la sorpresa frustrada, pero eludió el mal mayor. Yo había llamado a sus padres poniéndoles al corriente de la situación.

Desde aquél día, Morán me mostró agradecimiento, que lo materializaría brindándome trabajo en el taller de su padre en Barcelona.

Mi futuro, iba esclareciéndose. Las promesas de mi antiguo Jefe, ahora las de Morán y lo recaudado por mi trabajo. La decisión de declararme a Tere ya era irreversible. Me sentía capaz de sostener un hogar modesto.

Cómo lo vivía Tere:

Durante el tiempo que duró su ausencia, mantuvimos una buena correspondencia. Yo le explicaba cosas sin importancia. Y él nos iba relatando a la familia todas las peripecias que tenía que hacer para poder ganar algo de dinero.

Ya llevábamos casi seis meses sin vernos. Y me empezaba a dar cuenta que tenía ganas de verlo en persona, poder hablar de tú a tú, no como ahora a través de las cartas, las cuales muchas de ellas estaban compartidas con la familia. Cuando se fue, éramos casi unos desconocidos, pero a través de sus cartas parecía que nos habíamos ido descubriendo.

Juanito, me estaba persiguiendo. No había día que no me tropezara con él. No tenía nada de particular, pues vivía en la misma escalera que mi amiga de toda la vida, a pocos metros de mi casa. 
Con esta amiga la verdad es que pasamos muchas horas de nuestra vida juntas. Ella venía mucho por mi casa, y yo iba a la suya. Nunca se nos acababan los temas para charlar. Tenía un hermano, al que sinceramente nunca se me ocurrió mirarlo, como a un posible pretendiente. Es más me trataba desde el primer día como a una hermana, con sus bromas incluidas de tirarme de las trenzas.

Pero con el paso del tiempo aún recuerdo que su madre, me decía medio en broma, medio en serio, que le encantaría tenerme como nuera. Aseguraba que era muy sensata para mi edad. Yo estaba convencida que me veía con muy buenos ojos porque me conocía dese que su hija y yo teníamos siete años. Me había visto crecer, y me tenía afecto.
Nunca pensé que lo dijera de verdad.

La sorpresa vino el día en que Juanito, me esperaba a la puerta del trabajo. Le noté nervioso. Durante el trayecto habló poco, y al llegar al portal de mi casa, me dijo que no se atrevía a decírmelo en persona, y que lo dejaba escrito. Me dio un sobre cerrado.

¡Madre mía!. Era una declaración de amor, medio en verso.
Quedé atónita. Y algo que a mí misma me sorprendió fue que me molestara tanto, la gran cantidad de faltas de ortografía que contenía el escrito. (Reconozco, que esta sensación de desagrado aún me dura, continuo juzgando duramente a los que escriben con faltas ortográficas)
Tuve que rechazarlo. Y me peguntó el motivo. Supongo que fui cruel, cosa muy propia de los pocos años. 
Le dije que no me gustaba, que yo no estaba enamorada de él. Y tanto insistió que tuve que decirle la verdad. Para mi gusto tenía poca estatura. ¡Pobre Juanito! Aún recuerdo la cara de decepción que puso. Imagino que lo esperaba todo menos este detalle.

Y enseguida me vino a la memoria, la estatura de Carlos.


De esto me enteré a posteriori, pero evidenciaba que mi percepción no iba desencaminada.

Parejas perdurables ( 7 )

A fines de Julio cancelé mi trato con la oficina de Madrid. Por el calor, el itinerario entre Atocha y Pza. España, se convirtió en un Vía Crucis, de un mínimo de siete cañas de cerveza en otras tantas tascas. Y en la oficina nos esperaba el botijo comunitario con agua anisada. 

En estas condiciones el trabajo se hacía pesado y entre el coste del ferrocarril y lo erogado por las tascas, se iba casi todo lo a devengar. Disponía ya de algún dinero y no valía la pena seguir.

Con mis compañeros, el mes de Agosto, último para licenciarnos, en un vergel del río Henares, disfrutábamos del frescor y las zambullidas esporádicas, practicando natación. El lugar no distaba ni un kilómetro de la Plaza Cervantes. Era ideal para zafarnos del bochornoso calor veraniego y contar chascarrillos.



Este lugar años después por desvío del cauce, en atención a la contaminación y a la ampliación de la base de Torrejón de Ardoz, desapareció.



Soportales de la calle donde se albergaban el máximo de tascas de Alcalá, seguidas alegremente por nosotros, al frescor del atardecer.

Un veterano, nos contó un curioso suceso del año anterior con los paracaidistas .
La Mascota de los paracaidistas, era una mona menuda. El equivalente a la cabra de los Legionarios. Y no faltaba en los desfiles con uniforme a su medida. Orgullosos de ella se hallaban hasta tal punto, que no podía faltar en las prácticas semanales de salto desde los aviones. También llevaba un paracaídas a su medida.
Se lanzaba el Cabo primera del grupo, con la mascota a cuestas. A mitad trayecto en el aire, le tiraba de su anilla.
Era la mascota, veterana como la tropa de su unidad y parecía que le divertía este ejercicio. Esto, así fue hasta el día que no se le abrió a tiempo. Horrorizados sus hermanos humanos, vieron como caía dando raros tumbos y emitiendo chillidos, hasta el inevitable encuentro con el suelo.

Se levantó, arrastrando el paquete del paracaídas y fue a abrazarse al primero que aterrizó. Milagrosamente, indemne, parecía consolarse con la tropa, pero ya rehusó posteriores saltos.

Aquello me hizo pensar en el riesgo de los soldados con tal práctica obligatoria entre una y dos veces semanales. La seguridad era alta, pero no absoluta.
Y mi pensamiento agorero, se materializó a la mañana siguiente.

Lo sabría Tere en mi próxima misiva.

Parejas Perdurables  ( 8 )

Aquella noche, mi sentimiento mezcla de nostalgia por mi pasado familiar y tristeza por la vivencia de unas horas antes, fue la primera vez que encabecé la carta con : “Mi querida amiga Tere”.

Por la mañana acababa mi Servicio de Guardia, sin embargo una orden imprevista me varió los planes de la tarde. Fui asignado como comando de una unidad especial para desfilar acompañando a otras tantas unidades del resto de Armas, por las calles de Alcalá.
Debería presentar en representación del Regimiento de Caballería, los Honores póstumos al paracaidista, ante su féretro en el cementerio.

Ante todo, tuve que ensayar el ritual del saludo con el sable. Fue la primera y última ocasión en que tuve que desenvainarlo. Pasó de ser un mero apéndice colgado del cinto, a un arcaico elemento bélico, desenfundado para lucir en Paradas militares.

Conté a Tere, como a mí me lo contaron, que había fallecido un paracaidista, en acto de servicio.
Por lo visto, un salto mal ejecutado enredó sus cintas, no desprendiéndose a tiempo. Quedó atrapado en el alerón posterior. El piloto al percibirse realizó varias maniobras en círculo a la espera de que otro avión acudiera y con maniobras circenses, lo rescatara en vuelo.

No fue posible por cuanto al ponerse a su altura se dieron cuenta que el desgraciado soldado perdió el conocimiento, no pudiendo colaborar con la intención de rescate.
Se desprendió en una de las maniobras pero con el paracaídas liado. El desenlace fatal, formó parte de las estadísticas luctuosas, según las cuales debía haber sido menor de uno entre 100.000. 

Al realizar el protocolario saludo, reflexioné sobre las ironías de la vida:

Unos padres, perdieron a un hijo, al que le estaba rindiendo honores un hijo que perdió a sus padres.

Terminé la carta con lágrimas. Y con la intención de no transferir mi tristeza a Tere, excusé mi breve relato, hablándole de mi ya próximo regreso, en el que quería que ella y sus amigas madrinas, nos reuniéramos por la Diagonal con mis compañeros que así nos conoceríamos todos .


Estado actual de la fachada de la Universidad, en mi tiempo,deteriorada.


Estatua monumento de Quijote, frente la casa natal de Cervantes



Parejas perdurables. (Continuación 9ª)

Aquella sentida angustia, ahora a tantos años vista, entiendo que se trataba de un conato de depresión, al que la imagen de Tere y el deseo de crear una familia, disolvió sus perniciosos efectos. Noté que mi orfandad en los últimos años, la paliaba con las frecuentes visitas a los vecinos, que eran sus padres.

Historial de la 1ª Bandera de paracaidistas ROGER DE FLOR referenciado en este relato:

La creación de las Fuerzas Paracaidistas del Ejército de Tierra español se remonta al 17 de octubre de 1953, siendo Ministro de la Guerra el general Muñoz Grandes. Se le encomienda la misión al comandante Tomás Pallás Sierra, que junto a 8 oficiales, 12 suboficiales y 149 de tropa formarán el primer curso de paracaidista, con lo que nace la I Bandera Paracaidista y recibe el nombre de "Roger de Flor", en memoria del famoso caudillo almogávar al servicio de la Corona de Aragón durante el siglo XV.

El 23 de febrero de 1954 se realiza el primer lanzamiento paracaidista desde aviones Junkers y Saboya, utilizando paracaídas modelo T-6, en Alcantarilla (Murcia), siendo esta una fecha que se celebra todos los años.

La Bandera se instala en el Acuartelamiento Lepanto (Alcalá de Henares), antiguo cuartel de Caballería, en 1955.

Actualmente, la I Bandera de Paracaidistas se aloja en la nueva Base "Príncipe" en el Término Municipal de Paracuellos de Jarama.

Fachada del Cuartel, adyacente a La Universidad.


Carro de combate de Caballería, en 1955 . Modelo M24 cedido por EEUU, al ejército Español .

En la última carta que envié a Tere, le pedí notificara mi próximo regreso a la Sra. Agustina, que tuvo la amabilidad (aunque pagada) de mantener la habitación ocupada durante los seis meses con mis pertrechos y el tablero de dibujo con el paralex, (regla graduada ya obsoleta que abarcaba los 1,2 metros desplazándose paralela fija ).

Me daba un mes más de plazo para desocuparla, al obtener un piso idóneo de alquiler. Lo buscaría módico, pero céntrico, ya que se convertiría en mi primera vivienda-despacho.

Le conté como ansiaba volver a verla y saludar a sus padres, (aunque me estaba delatando veladamente). Tenía que resistir mis impulsos y cumplir con mi decisión, de declararme en persona en los bellos jardines de "La Masía". Era una sala de baile de moda, establecida en extrarradios de Barcelona, donde ya había acudido anteriormente, pero no con ella.
Y para no mostrarme más obvio, omití darle los datos del día y medio de locomoción que usaría. Al menos evitar el, por otro lado apetecido, recibimiento a mi llegada en la estación.

Tere lo recuerda así:

Después de rechazar a Juanito, me quedé con la desagradable sensación de haber reaccionado con demasiada brusquedad por la manera que le dije sin contemplaciones que era por su estatura. Claro que si él no hubiera insistido tanto en saber el motivo de mi poco interés en su persona, me lo habría callado.
Cuando recibí la carta de Carlos, esa que iba solo dirigida mí y ver el encabezamiento, noté algo raro, como si alguien me estuviera oprimiendo el estómago acelerando los latidos del corazón
Mientras leía la carta de Carlos, me di cuenta que esa sensación tan nueva, ese corte de respiración, nunca lo había sentido. Era una mezcla de inquietud y de curiosidad por la novedad que me representaba. Con el paso del tiempo supe que vulgarmente se llamaba mariposas en el estómago.
Diecisiete años de aquellos tiempos, corresponden a los trece o catorce de ahora. O sea casi una niña. Sin ningún tipo de experiencia en nada.
Con mi amiga ya hablamos de esa salida que Carlos y sus amigos nos proponían para encontrarnos en la Diagonal, para pasear y conocernos en persona, los que aún no se conocían. Ella sabía mi rechazo hacia Juanito y me preguntó si Carlos me gustaba. Recuerdo que fui bastante evasiva le dije que sí, pero que también me gustaban todos los artistas que tenía en las paredes de mi habitación. Nos reímos mucho cuando me dijo “esos no cuentan, esos nos gustan a todas, y no están a nuestro alcance.”
En realidad tenía razón, eran para soñar despiertas.
Nos enfrascamos en la novedad de esa salida, con los que estaban a punto de regresar a sus casas. 
A mi amiga le parecía que después de cartearse durante meses, conocía bastante al “pobre chico”, pero ahora también sentía una sensación nueva. Una cosa era charlar y dar consejos de las películas bonitas, y la otra era conocerse en persona. 
Estábamos las dos muy intrigadas, en cómo iría esa primera salida. ¿Tendríamos temas de los que hablar?
Yo estaba menos apurada, porque Carlos no era un desconocido. Pero…si, había ese pero como una espada de Damocles encima nuestro. Igual en persona no congeniábamos las tres parejas que saldríamos.
Comunicarse por carta era una cosa, y otra muy diferente sería hacerlo frente a frente Y así sin darnos cuenta entramos en otra etapa de nuestras vidas. Pasamos de ser unas niñas a ser casi unas mujeres.

Parejas perdurables. (continuación 10ª)

Estando de Vigilancia, distribuí a la tropa de Servicio entre las calles y la casa de lenocinio.
Tenía referencias de ella, por la fama de su Madame Pirata. Se trataba de una mujer madura, con un parche negro en el ojo izquierdo. El alias era acertado. 
La entrada en el local, imaginé como en las películas, que armaría alboroto entre los clientes, mayoritariamente militares. A decir verdad de civiles, entre pocos y ninguno.
Pero la reacción no la esperaba. Inmediatamente se nos acercó la Pirata, agradeciendo la visita e invitándonos a tomar un refrigerio, a pesar de saber que lo rehusaríamos por hallarnos de servicio.
La bienvenida según supe se debía a que antes de ser la Pirata, era una bella señorita que perdió un ojo a causa de uno de los incontables alborotos entre parroquianos. Con nuestra presencia no se producían altercados.
Al salir del servicio, innecesario a la hora de retreta ya que la tropa debía evacuar el local, decidí unirme a las rondas de mis compañeros, agotando los pocos días que me restaban para disfrutar de ellas.

Mi grupo usual, charlando con lugareñas, me llamó para presentarme a sus acompañantes.

-¡ Ah, es el oficial del balcón!. Dijo una de ellas.

Intrigado, pregunté a que se refería. 

-Si, los pies al fresquito.

¡Ya!. Hacía casi dos meses que antes de acostarme, me tumbaba en pijama, al balcón con los pies salidos entre los barrotes de la baranda por ser mi estatura superior a su longitud. Por lo visto sin enterarme era visualizado a diario por los paseantes de los soportales.

Y es que con el calor reinante, la cama hasta la madrugada, era una sauna.
Me sonrojé, al imaginar la estampa que debí presentar al público que me observaba, pero ya me desentendí, puesto que en realidad solo era un número entre tantos Polacos, que pronto nos ausentaríamos.

Seguimos la ronda ya sin ellas chateando como de costumbre y como de costumbre, al llegar a la tasca cuya “tapa” de regalo, consistía en un chato de caldo, permanecía fuera para incorporarme al grupo a su salida y seguir el Vía Crucis.
Me repugnaba el caldo desde mi infancia. A pesar de los elogios de mis compañeros a favor de tan original “tapa”, no conseguían sacarme de mis prejuicios.

Diez días después me tocó el último servicio de Semana. Concluido el cual, ya estábamos todos licenciados. Era cuestión de devolver el despertador al relojero para recuperar el 50% prometido.
El hombre casi avergonzado, se excusaba por no devolvernos una cantidad mayor, ya que mermaba su parco beneficio.

¡Vaya, con el honrado relojero!. Cómo si no nos hubiera devuelto nada. Estábamos dispuestos a ello, por cuanto su valor del cincuenta por ciento repartido entre cuatro era una miseria, que al relojero si le podía beneficiar. Le agradecimos su servicio y decidimos emplear aquél capital, en la última ronda por los soportales de Alcalá.

Esta fue apoteósica. Nos animamos más de la cuenta y con ello, al llegar a la famosa tasca del caldo, me desinhibí y entré.

¡Ave María Purísima!. Lo que me perdí durante seis meses. Los elogios de los compañeros, me parecieron muy cortos.
Aquello no era el caldo que yo desde niño detestaba tanto por su aroma como por su sabor. Esto era un CALDO diablos. Lo servía el barman en vaso corto. El caldo sacado de una olla hirviendo en el mostrador, con componentes de crustáceos variados y especias como el ají y otras.

Una vez engullido el líquido, unas ganas locas de refrescar la boca, afloraban sin piedad.

-Vino, o cerveza, podéis repetir. Agua prohibida.

Era lo que siempre remarcaba el barman. Evidente que velaba por el negocio. Y el acierto de aquel brebaje, merecía secundarle.

Aquel arrepentimiento, lo mantuve toda mi vida, por lo que años después intenté elaborar el caldo por mi cuenta, sin conseguir la gracia del barman de Alcalá.

Parejas perdurables. (continuación 10ª b) 

Durante todo el día tanto yo como los colegas, lo pasamos con exacerbado nerviosismo. Ni siquiera tuve apetito a la hora de comer. Salí del cuartel como todos y nos dispusimos a preparar maletas y deshacernos de los objetos ya innecesarios, para la partida.
A media tarde, ocupados los cuatro camaradas en nuestro quehacer, Ramón indicó.

-¿Alguno de vosotros tiene mis calcetines ?

-Y ¿No os habréis equivocado de calzoncillos?. No aparecen los míos. 
Preguntó Pedro.

-Habrá que preguntar a Doña Engracia cuando regrese, si extravió prendas de lavado, porqué a mí me faltan los guantes y pañuelos. ¿No te falta nada Carlos?. 
Dijo Ernesto.

En principio, a mí no me faltaba nada ni tenía nada de mis compañeros.

-No cantes victoria Carlos. Ven acá. Mira. 
Dijo Pedro.

Había entrado en la habitación de Herminia y en su mesita, había un acopio de prendas nuestras, plegadas y ordenadas en varios cajones.
Le reprendimos por haber entrado en la habitación de la hospedera, máxime cuando no tardarían las hermanas en volver de su paseo, pero es que la evidencia hizo transgredir toda precaución.

Ni me lo creía, pero sí. Allí había ropa interior mía. ¿A qué obedecía tal rareza?.
Por primera vez hablamos dando nuestras opiniones. Unos que se trataba de una cleptómana. Otro que era una fetichista. Y yo preferí imaginar que era una nostálgica que pensó que sin darnos cuenta obraría en su poder un recuerdo de nuestro paso por su casa.

Cada cual recogió sus prendas, pero quedaba en mente que Herminia sabría que entramos en su habitación. ¿Qué decir?.

-Tranquilos todos, veréis como no osará comentar nada, por temor a quedar en evidencia ante su hermana por nuestras respuestas. Seguro que Engracia, no tiene idea de la operativa de Herminia.

Deducimos que al extraviar parte de la última entrega que dimos de ropa a lavar, conociendo ella nuestra partida inmediata, creería que su falta pasaría desapercibida.
Así fue como cuando nos despedimos, ni ella ni nosotros hicimos comentario alguno.

Mi último servicio aquella tarde fue la de formar a la tropa y leer el parte de retreta.
¿Era así cómo se mofaba de mí, el Destino?. Yo mismo tuve que leer oficialmente ante la formación del Escuadrón, la aprobación del aumento del 50 % de paga para los futuros oficiales de Complemento. Y entraba en vigor al día siguiente. Era como un despido de :

Ale, con viento fresco y barca nueva. Ya te explotamos bastante.

¿No se había podido producir tal aumento mientras estábamos nosotros?. Las penurias me hicieron espabilar. Cosa que de seguro teniendo sobrado para los gastos de hospedaje y manutención, mi estada en Alcalá hubiera sido muy diferente.
Pero pensándolo mejor, no debió ser este un mal que por bien no viniera. Ahora disponía de unos ahorros por mi trabajo, de los que carecería, si no me hubiera visto obligado a laborar en Madrid.

Parejas perdurables (continuación 11)


A las 10 de la mañana siguiente, recogimos nuestros embarques de regreso a los hogares. A esta hora ya no podíamos tomar el tren Expres, que salía de Madrid y no paraba hasta Guadalajara.
Para evitar demoras, decidimos subir al primer mercancías que llegó a Alcalá, transbordamos en Guadalajara, al próximo Rápido hasta Barcelona, que tampoco realizaba muchas paradas intermedias.

Pudimos hacerlo, por cuanto los embarques nos permitían libre circulación por los ferrocarriles que coincidieran dentro del itinerario de nuestro destino Barcelona, siempre y cuando vistiéramos de militar.

A las nueve p.m. respirábamos el húmedo aire de Barcelona. Nos percatamos por el contraste habido con los respirados durante medio año por Castilla.
Nos despedimos quedando citados para el 15 de Setiembre que celebraríamos el acontecimiento con una cena en el Paseo Marítimo todos los colegas de los diversos Destinos. Éramos ocho que procedíamos de Alcalá pero habían diez, que vendrían de Zaragoza y otros cuatro de Barcelona.
Y conste que a quienes les tocó en suerte el Cuartel de Barcelona, eran Provincianos, casi como si estuviera prohibido cumplir el Servicio en la propia Ciudad de residencia.

Tomé un taxi con mi eximio equipaje llegando antes de que se cerrara la cancela de mi antiguo domicilio. No disponiendo de llaves, hubiera tenido que pernoctar en una pensión. En aquél tiempo no existían celulares, (móviles) ni medios sencillos para conseguir acceso a edificios a partir de las diez.
Sin novedad, me recibió la Fiera, sobrina de la Sra. Agustina. Cordialmente, me esperaba, ya que Tere se lo anunció. Aluciné ante su amabilidad. Me preparó la ducha y tenía mi cama disponible.

Anunció que podía estar los días que hicieran falta para que encontrara nuevo alojamiento, que ella y su tía abandonarían este domicilio después. Ocuparían uno recién alquilado por su madre, hasta el cercano día de su boda, con un empleado bancario. Así su tía no restaría sola.

Se ve que la ilusión de la boda, amansó a la fiera. 


http://wikimapia.org/15815117/es/Cuarteles-del-Pr%C3%ADncipe-y-Lepanto

Este enlace da un poco de Historia del cuartel de Alcalá.

Lo que recuerda Tere:


La salida con las otras parejas por la Diagonal, creo que fue bastante amena. Se habló de muchas cosas, paseamos arriba y debajo de la citada avenida, contando cada cual sus vivencias. Y al llegar la hora en que las “buenas chicas” debían volver a sus casas, nos dejaron en el portal despidiéndose educadamente, tal como lo requerían las reglas de entonces.

Al día siguiente con mi amiga más íntima, estuvimos charlando de lo que habían dado de sí, aquellos paseos. Me dijo que no le disgustaba el muchacho, pero que era mucho más divertido en las cartas que en persona. Que tuvieron momentos de esos que se quedaron en blanco sin saber de qué hablar. Me preguntó a mí, si lo había pasado bien. Y le dije sí, que por supuesto la conversación no decayó ni un instante. Y le comenté que me había pedido para salir con él otra tarde, pero nosotros dos solos. A la pregunta de mi amiga de si esperaba que aquella salida tuviera mayores consecuencias, tuve que decirle la verdad. Que sí. Que estaba casi segura, que le inspiraba algo más que una sincera amistad, pero claro, tampoco podía hacer demasiadas cábalas sobre el asunto, si él no era más explícito.

Ella quería saber cuál sería mi respuesta si Carlos me hablaba en serio de formalizar nuestra amistad en algo más profundo e íntimo. 
A esa amiga no podía responderle con evasivas, nos conocíamos demasiado bien, para ir con medias verdades.
Y le dije la verdad Me gustaba y lo admiraba. Que creía había llegado a quererle. Aunque me daba cuenta, que al haber tenido que luchar a brazo partido con la vida para seguir adelante, me inspiraba un poco de recelo, su carácter. Comprendía que estaba muy acostumbrado a mandar, a valerse por sí mismo sin depender de nadie. Ya lo había notado a través de sus cartas, y ahora al volver, lo poco que pudimos hablar, descubrí que se marchó siendo un muchacho, y volvía siendo un hombre. Sus ojos le delataban cuando me miraba.

Nuestra amistad de tantos años me hacía ser completamente veraz, aunque se tratara de algo tan personal. Conocernos desde los siete años nos daba este privilegio. No tuve ningún reparo en decirle todo lo que sentía.
También yo hice un cambio en este tiempo, pero el mío era más visible en mi cuerpo. Sin embargo, yo notaba una diferencia en su carácter, más que en su físico. A pesar de todos esos miedos, esperaba ilusionada los acontecimientos, que imaginaba podían suceder sin tardar demasiado.

Ese sexto sentido de las mujeres, había hecho su aparición.

Parejas perdurables (continuación 12)

http://www.youtube.com/watch?v=fd_nopTFuZA&feature=related

Esta melodía, 
La Mer, popularizada por Charles Trenet, sonaba en los jardines de La Masía. A Tere todo lo relacionado con el Mar, la seduce. Aproveché la coyuntura, y teniéndola en mis brazos bailando, acerqué mi mejilla a la suya y le susurré que algo importante debía confesarle.

Mi timidez, impedía decirle nada mirándola a los ojos. Tomé aliento y la llevé a un flanco con arbolado que aislaba nuestra presencia del resto de danzantes. De carrerilla le dije que ya desde antes de mi partida a Alcalá, estaba enamorado de ella, que no dudaba ya, que sentía verdadero amor y me haría feliz, si me correspondía. 

Aguardé no sé si un segundo, un minuto, o más. La espera me parecía eterna. Con el corazón acelerado, escuché el Sí deseado, confesándome que ella sentía lo mismo por mí.

La abracé con fuerza, la besé al cuello, a la mejilla y a los labios expresándole la explosión de alegría que me proporcionaba.

Tan efusivo resulté que llamamos la atención de nuestros amigos acompañantes. 

-Bravo Carlos, veo que te decidiste, pero no te la comas aún. Ha de durarte muchos años. Os deseamos que seáis muy felices.

No me pareció oportuno hacer ningún comentario respecto a como evolucionaba el paso de su contacto epistolar, a físico.

En unos instantes, rememoré los días transcurridos desde la llegada a Barcelona, hasta hoy en que los colegas, lo celebraríamos con una mariscada en La Barceloneta.

Vaya semanita. Devolver el uniforme, acudir a varios anuncios para alquilar un despacho, comunicados inacabables para reanudar contactos, giras por almacenes de menaje, adquisición herramientas……..para fabricar mis propios muebles. Se trataba de estirar al máximo mis ahorros.

Por descontado ingresé todo mi efectivo, a la libreta de ahorros de “La Caixa”abierta por mis padres desde mi infancia.

Pedí entrevista con el Director y le expuse mi situación. 
Como si hiciera un favor extralimitado incluso de sus facultades, (le merecía confianza por mi seriedad, supongo que la misma que le causarían todos los clientes peticionarios de cantidades exiguas), me concedería un crédito personal equivalente a diez veces lo que era mi saldo positivo.

Para que la banca no se arruine, el trato es leonino. El prestamista, se cobra los intereses del primer año anticipados. O sea que no dispones del nominal del que eres deudor sino de éste menos los intereses. ¡Ah!. Y también deducidos los gastos de estudio de tal concesión. En mi caso fueron un diálogo de veinte minutos. Mejor, ya que por deferencia especial, eludía el Registro y Acta Notarial, consulta con la sección Jurídica y más lindezas burocráticas.
Y mejor el ingreso del crédito concedido a primeros de mes, pues el día uno del siguiente ya mermaba la cantidad recibida, por la primera cuota.

Este sería mi inicio en las lides bancarias. Sobre mí la espada de Damocles, durante dos años, a devolver el Capital más intereses en cuotas mensuales.

Mi antiguo Jefe me animó mucho, no con palabras, sino cumpliendo las prometidas antes de mi partida. Me dirigió a varios Ingenieros y Arquitectos amigos suyos, que esporádicamente me darían trabajos. 

Lo mismo ocurrió con Morán, podía iniciar mi debut en su taller, ocupándome las mañanas con el proyecto de adaptación de un automatismo neumático para las imprentas. Tenía asegurados varios meses, antes no se concluyera el proyecto.

Animado, pedí a Tere que avisara a sus amigas para vernos con mis colegas Ex - militares. 
Le adelanté que tenía especial interés en invitarla a ella y a su amiga íntima con el compañero del que fue madrina, a La Masía. Para el día 15 de setiembre, estaba anunciada la actuación de una orquesta de renombre. No podíamos perder la ocasión.

Hoy, la llamé a su puerta, trajeado con mis mejores galas de paisano. Salió ella ya acompañada de su amiga, ambas esplendorosas, con un toque discreto de maquillaje conscientes de que celebrábamos una fiesta muy particular. El encuentro de dos parejas que mantuvieron relación epistolar durante seis meses."

Y aquí me hallaba bajando de una nube, ya que todo al fin me sonreía.

Pues  dice Tere:


Esta iba a ser junto con mi amiga, nuestra primera salida con un chico en un plan muy formal. Ya éramos unas señoritas, nada de niñas.
Ni que decir tiene, que pusimos las dos un empeño más que notorio en parecer mayores de lo que éramos (con el paso de los años, este factor lo invertiríamos).

Estábamos emocionadas, sobre todo yo. Iríamos a una sala de fiestas muy en boga, lejos de la capital, rodeada de jardines, con sus luces suaves pareciendo que todo lo que nos rodeaba recordaba uno de esos cuentos de hadas. Mi primer baile con Carlos. Bueno más que baile a mí me parecía un abrazo perfecto. Creo que esta era la única manera de permanecer tan juntitos, sin que nadie pudiera llamarnos la atención.
Y aquel primer beso…

Si tengo que decir la verdad, debo confesar que tanta fogosidad me pilló completamente desprevenida. Es cierto que esperaba unas palabras, pidiéndome para ser más que amigos.
¡¡¡Pero aquel beso!!! Fue como abrir una puerta que estuviera cerrada, y al abrirse entrara un vendaval.

Como mandan los cánones, al cabo de un rato, mi amiga y yo fuimos a los aseos, juntas, cosa que todavía se hace. Las mujeres acuden a los servicios de dos en dos. Para poder charlar y comentar lo que haga falta.

Mi amiga me miró divertida mientras comentaba, “bueno parece que Carlos por fin se ha decidido” Supongo que me sonrojé, y bajando mucho la voz para que nadie más lo oyera le dije “¿Sabías que en un beso, se mete la lengua?”
Ella abrió mucho los ojos. Como si tomara nota para cuando le tocara a ella el turno de semejante descubrimiento.
Con el paso de los años, nos reímos mucho de estas experiencias. Ella no llegó a nada serio con su acompañante. Aunque también fuera su primera salida en plan mujercitas, no fue el compañero de aquel día el padre de sus hijos.
Mi caso fue completamente diferente.

A partir de ese día Carlos y yo, podría decirse que formamos un tándem bastante sólido, por lo menos era eso lo que deseábamos. Aunque imagino que los dos en algún aspecto podríamos tener nuestras dudas. Nos conocíamos desde años, pero, creo que éramos conscientes que en más de una ocasión podría surgir alguna discrepancia. ¿Sabríamos resolverlas?
Porque quedaba muy claro que en aquellos instantes, todo parecía sonreírnos. Ya podíamos decir abiertamente, que éramos más que amigos.

Y flotábamos los dos en la misma nube.

Parejas perdurables (Continuación 13)

A la puerta del Restorán de la Barceloneta, fuimos agrupándonos hasta dieciocho colegas. Fallaron a la cita, los que se excusaron por motivos ajenos a su voluntad.

Entramos y los camareros con sus exageradas sonrisas, nos ubicaron en la mesa reservada prevista para veintidós, en la planta del nivel superior, pues resultaba más íntima. La animación era extrema.

Cantando estrofas a medio conocer de los ritmos de actualidad, y algunos adrede distorsionando la voz, provocando risas y algarabía.

De habernos ubicado el Maître en una mesa de planta baja, o nos acallaban, o nos echaban.

La velada, transcurrió alegre y con menciones de anécdotas del pasado y previsiones del futuro.

Tras las confesiones mutuas, cuatro estábamos comprometidos con novia, pero uno nos dejó alucinados. Doc, que así llamábamos a Palau, desde que era estudiante de medicina, nos invitó a todos para el próximo 2 Enero, a su boda con la que conocíamos como su enfermera preferida.

Se habían inscrito conjuntamente a un cursillo especial de enfermedades tropicales, ya que Brasil, pedía médicos Españoles, voluntarios para zonas rurales.

Por Navidad acababan el cursillo, el día dos de Enero se casaban y el tres partían para Belo Horizonte.

Problemático sería reencontrarnos en el futuro.

Los camareros, subían y bajaban las escaleras con frecuencia desmesurada. Retiraron los servicios, recogieron los manteles, apagaron luces supletorias, bajaban las persianas ruidosamente, vamos que si tales insinuaciones no bastaban, solo faltaba que ante la única mesa ocupada a las tantas de la madrugada, nos cantaran “El Vals de las Velas”.

En Catalunya tal melodía con letra ad-hoc, se canta en los despidos nostálgicos entrelazándose todos con las manos.

Nos dimos por aludidos. Salimos al frescor de la marinada y poco a poco se fue disolviendo nuestro grupo, paseando por las Ramblas.

Al quedar solo con Luis, pasada la efervescencia de las copas de Cava ingeridas, le confié mis temores.

-Hablamos Tere y yo sobre notificar nuestro compromiso, oficialmente a sus padres. En mi caso particular, no tengo padres que presenten petición de mano a los suyos. Tengo que hacerlo sin ambages, yo mismo sin parientes.

-Que más lógico, ¿dónde está el problema?.

-Pero Luis, ellos conocen tan bien como tú mi estado social. Sin ingresos fijos, sin domicilio y ya pretendo formar familia con una chica de dieciocho años en ciernes. Tengo todos los números para que me saquen de la cabeza tal idea.

-¿Qué piensa Tere al respecto?.

-Bien ella lo ve igual que yo y que en todo caso haga una petición de manos condicional. Que nos permitan el noviazgo, hasta que al consolidar mi posición podamos, programar la boda, si seguimos en nuestros trece.


Cuatro días después, me presentaba ante sus padres con un ramo de flores para Tere, ya que era su cumpleaños. Tras las salutaciones rituales, expuse mi solicitud, en los términos preconcebidos.

Su padre me miró con indulgencia y su madre, parecía feliz.

Estuvieron de acuerdo ya que efectivamente Tere era muy joven para contraer matrimonio y no dudaban que yo estaba dispuesto a no cometer ningún desliz, sin albergar una mínima seguridad para nuestro futuro.

Total, vía libre para nuestros encuentros por las tardes al salir ella de la oficina y ocasionalmente asistir a espectáculos.

Tan cordial resultó la petición, que a partir de aquél día era bienvenido como comensal invitado a comer los fines de semana.

Ignoraron siempre mis suegros, lo que su benévola actitud representó para mí. Me insuflaron indecible optimismo para mi desenvolvimiento social. Me sentía ya como persona arraigada a una familia. Sólo debía luchar con su beneplácito para obtener una economía suficiente para mantener a una familia. Era evidente, que Tere al casarse, cesaría en su etapa laboral.

Parejas perdurables (Continuación 13-a)

Lo hablé con Tere. Llevábamos ocho meses de noviazgo, tocaba ya prever nuestro futuro enlace. Según mis cálculos con otro año y medio más, podría disponer de un piso de alquiler aparte del despacho.

El despacho ya necesitaba nuevo look. Tanto quise ahorrar que construí con mis herramientas las estanterías, y un armario. Colgué unas perchas. Compré un par de taburetes para los dos tableros de dibujo, ya acondicionados ambos con el tecnígrafo. 
Las dos puertas batientes de la entrada a la sala, me sirvieron para colocarlas sobre caballetes.
Las forré con papel de embalaje, y sirvieron de perillas como mesas de trabajo.

La habitación única, sirvió de dormitorio mediante un colchón en el suelo.
En una hora a la semana, la mujer de faenas contratada acababa con la limpieza del local. Y hasta el momento sus dimensiones satisfacían.
Dado que los trabajos que me daban los Industriales y los Arquitectos se consolidaban, tenía que adecentar el habitáculo.

Adquirí mesas, sillas, butacas, un armario ambivalente para archivero y ropero. También una cama plegable, que al re*****la figuraba un cuadro en la pared. Así el dormitorio se convirtió en despacho presentable. Restablecí las puertas batientes de la sala que usé como mesas y con algo de decoración, lo que era solo recibidor, adquirió el aspecto de sala de espera. 
Y disponía de dos ayudantes captados de la Escuela, a semejanza a lo que yo fui respecto mi Jefe. Por cierto, atendí su recomendación de adquirir un teodolito taquimétrico y realizar los levantamientos topográficos para las urbanizaciones que surgían como setas. Estaba de moda crear urbanizaciones por toda Catalunya.

Un slogan gracioso salido a toda página en un periódico fue el de cierta entidad con: 
Yo urbanizo, tú urbanizas, el urbaniza,
Pero mejor que la nuestra ninguna
.”

El trabajo se multiplicó, tuve que organizar un equipo con dos ayudantes más. Uno de ellos, Viturí, tenía una hermana, Carmen, a la que le hacía gracia lo de los trabajos de campo. 
Imaginaría que se trataba de divertidas excursiones por múltiples parajes, a cual más bucólico. Insistiendo en que la admitiéramos como ayudante, logró que cediera y un día la llevé conmigo a Badalona.

Se trataba de un trabajo sencillo. El Ayuntamiento encargó un proyecto de rehabilitación del antiguo cementerio abandonado. Como el Municipio crecía vertiginosamente, se remodelaría para contener un millón de tumbas. 
El Arquitecto me entregó el plano al que debía situar las pocas construcciones medio derruidas que allí quedaban. Con la cinta métrica de 50 m, el cuaderno para notas y la ayudante para sostener la cinta, me bastaba.
La mayor construcción que restaba en pié, era el bloque de cinco alturas de nichos, con una longitud cercana a los 50 m. Le entregué la anilla a Carmen, para ejecutar la medición. Con la anilla en sus manos, iba dirigiéndose hacia el final de la construcción, a paso titubeante con lentitud. Miraba el suelo que pisaba y luego a mí, detenida como preguntando si ya era suficiente.

-Pero, Carmen, hay que llegar al final. Esto se derribará todo. No importan, las medidas parciales.

-Bu…eno, es que……


Siguió, caminado y casi llegaba al final, cuando soltando la anilla, se puso histérica, quedó paralizada y empezó a llorar.

-¿Que te ocurre?.

Sin moverse, y con sollozos entrecortados:

-Hay, ca..da..ve..res.

Al llegar frente a ella, entendí. Había pisado lo que era un túmulo destinado a fosa común. La débil capa de tierra de cubrición, había cedido a su pisada y tenía un pie entre un montón de huesos, sin atreverse a sacarlo.
Tiré de ella, apartándola de allí. Se me abrazó y poco a poco fue recuperándose. Con tal experiencia, finalizó su afán de ayudante para giras campestres.

Otro ayudante gratuito, resultó un taxista. Como para los levantamientos hacían falta como ayudantes un par de portamiras, un croquizador de los puntos de nivelación y un libretista para anotar las lecturas del visualizador del taquímetro, no había más remedio que desplazarnos un mínimo de cuatro personas. Un taxista se avino a realizar la labor de portamiras gratis, además por terrenos cuanto más abruptos mejor.

Encantados mis ayudantes, ya que los desplazamientos para colocar vertical la mira parlante por montes a pleno sol en verano, no seducía a nadie.
Su complexión era más bien fuerte, o, sin eufemismos algo gordo. Tenía recomendación por su médico que hiciera ejercicio. No siendo su oficio apropiado para el cumplimiento recomendado, nos dijo que le asignáramos recorrer los puntos más inaccesibles, para los cuales debiera realizar verdaderos esfuerzos. Sudar a mares le convenía.

A pesar de esta ayuda gratuita, los desplazamientos alquilando taxi, resultaban onerosos y ni decir cuando se trataba de trabajos en los que debíamos pernoctar en el lugar. Se trataba de gastos de hospedaje más alquiler de taxi por dos o más días.

Tere convino conmigo que era el momento de adquirir un vehículo automóvil adecuado para transporte de ayudantes y equipo. El ahorro, ayudaría a acrecentar la cuenta de ahorros conjunta, destinada a nuestro futuro hogar.

Sin pensarlo más, cancelé el crédito de la Caixa y pedí otro sustancioso que me permitieran. Esto requirió a la vez contratar una plaza de parking. Total me estaba imponiendo una serie de gastos, que de no rendir el trabajo de mi equipo, daría al traste mi proyectada boda.

Aquello funcionaba. Los ahorros crecían y seis meses después, ya disponía de tres cuentas bancarias: la conjunta con Tere, la de crédito bancario, a medio cancelar y la nueva corriente en un Banco Nacional de renombre. 
Destinaría el movimiento comercial, exclusivamente a esta última cuenta, prevista para acreditar méritos, en futuras solicitudes crediticias.

Esto último, a Tere no le parecía prudente. Teníamos conocimiento de un montón de fracasos comerciales aventados por la prensa, en la cual, los Bancos eran siempre los protagonistas acreedores que daban la puntilla a las empresas en problemas financieros.

Con todo, yo no veía salida mejor para lograr nuestro objetivo. Y las últimas bodas de colegas a las que asistimos, eran un acicate más para reafirmarme en ello.

Nuestras salidas con los compañeros y sus esposas, se iban dilatando, pues en Barcelona, ya solo quedaban tres parejas.

Wifredo, el mayor de nuestro grupo partió para Liberia, con el encargo de dirigir una fábrica textil Africana. La mano de obra era de raza negra. Los capataces y técnicos, formaban la élite de colonos blancos. Esto fue lo que le atrajo. De estudiantes él y yo, escuchábamos embelesados aventuras por las Selvas del Continente Africano, aún salvaje. Le envidié su suerte, ya que tal oportunidad aún de habérseme presentado, no la hubiera podido aprovechar.

Joaquín, se nos despidió por integrarse en Düsseldorf en una fábrica Alemana. Otro colega, se casó y se integró en una empresa Portuguesa, en Porto. Otro se fue a Tolouse, en Francia.
A todos ellos ya les perdimos la pista, pero los que se quedaron en Catalunya, aunque dispersos por el territorio, convenimos que para no perder contacto, nos cartearíamos y a los veinticinco años, nos reuniríamos en un hotel de la Costa Brava, para recordar nuestra celebración en La Barceloneta.

Esto se cumplió, a los veinticinco años, reunidos todos con nuestras respectivas cónyuges. No solo esto, también a los cincuenta años lo repetimos, todas las parejas, vivas e indisolubles. A pesar de caminos dispares por la vida, nuestra suerte en este sentido fue semejante.
Recuerda Tere:

De alguna manera ya habíamos empezado nuestra singladura por la vida.
A él, el trabajo le tenía muy ocupado, pero no pasábamos ni un día sin vernos, si no podía venir a re*****me a la salida de la oficina, venía a mi casa aunque fuera un poco tarde, porque yo aún iba a las clases de dibujo.
En alguna ocasión, incluso se quedaba a cenar con nosotros. Unas cenas completamente informales.

A mí me hubiera gustado mucho poder hacer mis pinitos en la radio, y desempeñar algún papel aunque hubiera sido sin importancia alguna, pero…no pudo ser. En aquel tiempo se daba muchísima importancia al acento y a la dicción de las voces. Yo en casa y como casi todas mis amigas hablábamos en catalán, cosa no demasiado bien vista en aquel tiempo, por lo que la mayoría de la gente en cuanto salía de su domicilio tras cerrar la puerta, se tenía que olvidar aquel idioma, para hablar sólo en castellano. Y en la radio que todo se limitaba al sonido de las voces, la mía no encajaba. Me dijeron que se me notaba mucho mi acento catalán. La opción que me daban era la de estar seis meses sin hablarlo. Evidentemente no estuve de acuerdo.

Creo que la primera vez que Carlos me vio llorar fue cuando murió en un accidente, el popular actor y rapsoda, ese que yo había ido años atrás en busca de su autógrafo. Si, no me avergüenza confesar que lloré. Le admiraba, y en aquellos años transcurridos, yo había ido bastantes veces por la radio, y aunque no podía decir que éramos amigos, sí que me reconocía, y nos saludábamos educadamente.
Y recuerdo que comenté a Carlos que estaba preocupada porque, un día antes que sufriera el accidente, yo soñé que iba a la radio y hablaba con el actor, y me estrechaba la mano mientras se despedía de mí. Me desperté al notar en el sueño la frialdad de su mano, mientras me decía que se iba para interpretar el último capítulo de la serie, en el cual el protagonista moría.

Algunas veces habíamos hablado, que soñaba cosas que luego se cumplían. Y Carlos inevitablemente me decía, que todo eso, eran imaginaciones mías. Que era absurdo que teniendo una cultura más o menos aceptable creyera en todo esto.
Yo pensaba que cada uno es como es. Por mucho que siguiera diciendo que todo esto eran tonterías…yo insistía que aceptaba que él, no las creyera, pero que no iba a conseguir que yo dejara de creer en ellas.

Esto, hubiera podido ser una fuente de discusiones. Pero no lo fue. Acabamos dando por bueno, que teníamos diferentes puntos de vista. 
Luego con el paso del tiempo, (muchos años después) Me dio la razón. Aceptó que tenía sueños premonitorios, y en plan de guasa me decía que seguro que dormía con unas antenas enormes que lo captaban todo. Tuvo que rendirse a lo evidente, pues en muchas ocasiones, al ser unos sueños tan reales, se los comentaba, y además los podía describir con toda clase de detalles.
Una cosa me llamaba la atención, quería saber si mis amistades soñaban en colores. Creo recordar que todos se quedaban el blanco ante mi pregunta. Nunca se habían fijado en este detalle, que a mí particularmente me llamaba mucho la atención. 
En mis sueños los colores tenían mucha importancia, ya que ellos me avisaban también de si iban a surgir o no dificultades.