martes, 24 de enero de 2017

Parejas Perdurables (Avicarlos) (64.....82)

Este blog destinado a la narrativa de PAREJAS PERDURABLES se inicia el 24- I- 2017
Para obtener lectura ordenada, de capítulos del primero al (82 a) inicio su inserción con el último capítulo de la Iª parte. con lo que finalizaré insertando el primero, ya que las adiciones empujan a los anteriores.
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Parejas perdurables (continuación 64  )

Ramón comprendió que estaba abusando de mis intervenciones a favor de la empresa asumiendo riesgos incluso indirectos, como el de incluir al colaborador Ibáñez, en la nómina de la amplia plantilla y aprovisionando el almacén con los lingotes de plata que vino a valer un millón de pesetas.

Y ahora, por creerlo de especial interés, ofreció en compensación, crear una sociedad expendedora de un diseño especial de futuras botas futbolísticas, con la marca Kubala.
Para demostrar que era una oferta por agradecimiento a mis desvelos, la sociedad la constituiría Kubala y mi mujer.

Kubala, mítico jugador del Barça, por los años 70 era el seleccionador Nacional de España.






Ramón logró de  Ladislao Kubala, lo que nadie consiguió hasta aquél día en que le ofreció patrocinar unas botas diseñadas con perfecta adaptación  a las necesidades de un profesional futbolista.
Kubala, no necesitaba ni que le hicieran publicidad, ni él hacerla de ningún producto ajeno a su formación profesional, por el máximo estatus en que se hallaba.

Precisamente recriminó a  ”La Saeta Rubia”, como llamaban al otro fenómeno coétaneo suyo  adscrito al Real Madrid, Alfredo Di Stéfano, el haberse vendido a la publicidad en la campaña televisiva en que aseguraba:

-“Si yo fuera mi mujer las medias XX, serían mis preferidas”. O algo así .



Para Kubala, esto resultaba denigrante. Que un futbolista publicitara medias nada menos que de mujer,  para el publicista podía ser de impacto favorable a su pretensión de éxito, pero para el actor, era rebajarse hasta el suelo.

Por lo visto llevaba años Ladislao, recibiendo ofertas de todo tipo de anuncios, pero no le satisfacía ni “lavar mas blanco”, ni “mantener la línea con….”, ni “más rápido con el nuevo Fiat..” ni, ni, ….que nada tenía que ver esta publicidad con los futbolistas , ni las competiciones, ni su estatus de jugador, entrenador, o seleccionador.

Encajó pues la oferta de Ramón, ya que le gustó el diseño las botas, y el tipo de publicidad que podía ejercer, no saliendo en los posters sino por el concepto aprovechando su fama.
Por ello, en lugar de percibir emolumentos, sería él mismo que se beneficiaría con la comercialización.
El mínimo de participantes para crear una sociedad es la de dos personas físicas. Ni Kubala conocía a Tere, ni Tere conocía a Kubala pero para presentarse ante el Notario a firmar la creación, este requisito, era intrascendente.

Creada la sociedad, había que planificar la fabricación de las botas y orientar su publicidad para el tiempo adecuado, que no sería antes de haber realizado un sondeo de las necesidades a cubrir, el tiempo requerido para la fabricación de la primera expedición , el costo de todo ello, el margen de beneficio y capital a depositar, dado que Kubala, sobre admitir la utilización de su marca, no pondría de su bolsillo ni un céntimo.
A pesar de acelerar los trámites, no se dispusieron todos los datos sino un año después.
Las botas las fabricarían en Elche. El fabricante se comprometía a suministrar mil pares al mes, si le confirmábamos el pedido, con una provisión de fondos del cincuenta por ciento.
En el ínterin  Kubala ya había enseñado el calzado a sus allegados, e incluso lo aguardaba para que lo estrenara la Selección Nacional.

Mal momento. Mis inversiones tocaron techo. Le pasé la gestión a Ramón. Que se encargara de captar capital, pero no a través de bancos. El problemón que se me avecinaba de los Bungalowes, absorbía  toda mi atención.

Por aquellos días Prat traspasaba el negocio de congelados de Hospitalet, y creaba una nueva sociedad en un polígono industrial entre Barcelona y Sabadell. Lo titulaba Frio Santiga S.A.
Y por lo visto el capital de esta sociedad, lo captó mediante aporte paterno, el suyo por recuperación de la inversión en Hospitalet  y el de un negociante de empresa similar, de Sabadell.
El otro socio de Hospitalet,  Aitor,  vasco y amigo del tiempo de sus correrías juveniles, cuando estudiaba  ingeniería en Barcelona,  justo ahora, finalizada la carrera, no solo canceló su parte en el negocio, sino que partió  para residir en Vascongadas con su familia.

Una tarde, iba a entregar a Prat, el proyecto del bloque Gemini II, cuya obra no se finalizó. Solo se concluyeron las obras de estructura, la planta baja y primer piso .
Le propondría ampliar con dos alturas más, si estaba dispuesto a dotar al edificio con ascensor.

La secretaria, cariacontecida, no se atrevía a aclararme el motivo por el cual Prat no estaba, ni estaría en su despacho aquél día ni a la mañana siguiente.
Como al fin me enteraría,  y sabía los intereses que compartíamos, así por lo bajito me comunicó que se lo llevaron a comisaría.

-¿Hay alguna anomalía con la nueva empresa?.

-No dijeron nada los policías, pero parece que es una cuestión entre él y su socio.

No podía imaginar lo ocurrido entre ellos. Quizá al reparto de beneficios por saldar la empresa, aparecerían trapos sucios.
Me afectó pensar que su detención en una comisaría, asemejaría la de aquellos vendedores que intentaron embaucarme.
La estancia en las dependencias de las comisarías, repugna a cualquier bien nacido.

Hasta una semana después, no conocí por su boca, el mal trago.
Le tuvieron encerrado en el cuartelillo, teniendo que dormir de mala manera sin ropa que cambiar y por la mañana siguiente sin pasar por el aseo, le encararon ante un muro cutre,  sacándole fotos de cara y perfil.
La cara de patibulario, se entiende que la hagan los imputados y presidiarios al hacerse en estas condiciones.  Cara sin afeitar, ojos somnolientos, incluso con legañas, cabello sin peinar  con el cuello de camisa arrugado.
A media mañana le abrieron ficha con cargos por falsear talones bancarios y abuso de atributos.

Su socio, disponía de una cuenta corriente, paralela a la de la empresa conjunta. De esta cuenta, un talonario, estaba a disposición del administrador, que era Prat. Muchos pagos se hacían con esta cuenta, desde la fundación. Prat equilibraba saldos a semejanza de lo que hacía yo con mis veinticuatro cuentas entre corrientes, pólizas e hipotecas. Claro que los trasiegos destinados a un negocio desde otro, en mi caso nadie podía cuestionarlos. Todas respondían a mi mismo nombre.

Prat, como administrador, no faltaba al despacho ni un día, en tanto que su socio, aparecía por allí únicamente cuando había alguna cuestión delicada para tratarla  reunidos. Para facilitar la labor de Prat, sin estar presente en las transacciones, dejaba un talonario firmado guardado en la caja fuerte de su despacho.

Cuando se agotaba el talonario firmado, Prat a sabiendas de su socio, expedía talones de otro en blanco, imitando la firma.

Esto mientras eran socios, no tenía mayor importancia ya que el negocio era común, pero a partir de la propuesta de liquidar por venta o traspaso,  ya no había razón para seguir con esta operativa.
Nada menos, el banco admitía sin pestañear los talones de falsa firma, en tanto que los verdaderos, se los miraban con recelo.

Al cancelar su cuenta de Barcelona, Aitor, desde Bilbao, la halló en números rojos. Se percató que una serie de talones de los que no tenía conocimiento, habían sido cobrados cuando él ya había finiquitado su participación social.
Se asustó, no por el hecho en sí, sino al escuchar al abogado de su familia, que le agoraba el más negro destino entre rejas y el descrédito familiar, cuya honorabilidad quedaba mancillada.

Debía sin demora denunciar el delito, sopena de convertirse en colaborador de un delincuente que podía seguir emitiendo talones distribuidos por la península y arruinar a sus padres. Y más barbaridades. Aitor, firmó lo que le presentó el abogado de la familia, y la Justicia siguió su curso.

Prat, tuvo que enterarse de esta imputación por parte de su socio, estando entre rejas.
Su padre, acudió y al conocer los hechos, le sacó de allí mediante otro abogado que presentó al juzgado  aquello que llaman “Habeas Corpus”.

Y lo que no hubiera sido más que un comunicado en el que los talones habían sido emitidos con anterioridad al finiquito de la sociedad y destruir los talonarios restantes, se convirtió en un sarao entre abogados Catalanes y Vascos, que duró un par de meses.
Prat recriminó a su antiguo socio tal actitud, que con una simple llamada telefónica se hubiera resuelto y nadie tenía que haberse enterado del modus operandi que él ya conocía, a pesar de no ser ortodoxo.

Y el mal ya estaba hecho, pues a partir de aquél día Prat estaba fichado, aunque no procesado, por haberse desestimado el delito.
Pero tuvo consecuencias para la nueva sociedad de Frío Santiga, ya que enterado el nuevo socio, no cesó hasta obligarle a retirarse.
Y las consecuencias, como si de fichas de dominó se trataran, también me alcanzaron a mí.


Parejas perdurables  (continuación 64 a )

- Carlos, esta niña no te hace ningún favor, mándala de nuevo con Ramón, aunque lo que necesita es urbanidad.


Solamente Tere, había visto a la nueva secretaria suplente de Irene, un par de veces. En cierto modo, tenía razón. Tampoco a mí me satisfacía su presencia provocativa para los clientes jóvenes.



Su vestimenta en aquél tiempo se pasaba de llamativa. Cubría un cuerpo bien surtido de delantera y trasera, con un pareo ceñido para la parte superior, en tanto que una minifalda de las más cortas para la inferior. Y su cara picarona, mostraba pertenecer a una incipiente teenager. Más que secretaria, era una recepcionista sin aspiraciones.


Fue Ramón que me la endosó. Él disponía de una secretaria de primera, Teresa, homónima de mi mujer. Sin embargo Felicia, servía de auxiliar a su valorada secretaria.
¿Porqué pues me la envió?. Se trataba de una sustitución temporal de Irene, mi secretaria que en sus dos años de servicio demostró asimismo su valía.
Tere, que la conocía bien, no podía menos que compararla con Felicia. El Sol y la Luna.

Prat también tenía otra diligente y eficaz secretaria, Eloísa. Irene fue compañera de Eloísa larga temporada, habiéndose formado en una academia privada de Barcelona. Intimaron en amistad, por cuanto Eloísa vivía sola en Barcelona. Procedía de Melilla y allí se hallaba su familia.

Por la buena oferta laboral que recibió de Prat, puso todo su empeño en ser útil a su empresa, hasta tal punto que los empleados, así como los clientes habituales, inferían que su relación con el Jefe, debía ser algo más que laboral. Yo jamás pude constatarlo, pero que era muy apreciada por él y a la que confiaba todos los entresijos del negocio, era evidente.

Irene, se presentó a mi despacho poco después de haber iniciado negocios con Prat, recomendada precisamente por él y Eloísa. Y me recordó a la niña que tuve años antes y que perdí por su frágil salud.

Se repetía aquella fatalidad. A Irene, siempre la vi pálida, seria y contra la apariencia de Felicia, estilizada discreta.
Con la cantidad de asuntos que llevaba yo entre manos, su ayuda resultaba esencial, sino imprescindible, cosa que Felicia era incapaz de solventar ninguna papeleta sin consultarme primero, o si no estaba en el despacho, consultarlo al contable.

El día que sangró por la nariz Irene estando yo presente, me preocupé temiendo lo peor.
Mi mujer la acompañó a Urgencias sanitarias donde le cortaron la hemorragia y desvelaron su anemia.
Quería ella quitar importancia, indicando que esto le ocurría con frecuencia pero que pronto se recuperaría.

Le dí un mes de baja, esperando que se medicara y restableciera para poder seguir con su eficiente función de secretaria.
Aunque a su regreso perjuraba que se encontraba perfectamente, no duró más de dos meses, tras los cuales anunció su cese por motivos de salud. Lo dicho, se repetía la historia. Mala suerte para ella y para mí.

Mientras no dispuse de una nueva aparentemente fiable, Tere asistió al despacho a ratos y me ordenaba lo que buenamente estaba en su mano, respondiendo correo comercial y programando visitas.

En tanto, mi preocupación principal era la de los cobros realizados por ventas aplazadas de unos bungalowes en construcción.
Viendo el retraso real de la construcción de los 58 proyectados, propuse a Construcciones Domenech y Hnos. que se hiciera cargo de la mitad, pues evidentemente, no podía cumplir nuestro contrato para la totalidad, mientras yo debía hacerlo para con mis clientes.

La razón que adujo Domenech por el retraso, escondía una realidad que yo sospechaba pero él sabía. La pudo disfrazar por algo que le iba a favor. La carencia de material de construcción que acusaba Cataluña entera.

La proliferación de urbanizaciones, así como la masiva construcción de viviendas protegidas estatales y la moda de pavimentar a base de lechos de hormigón, colapsó la producción de las cementeras y las bóvilas. Era verdad pues que las empresas productoras de materias primas, dosificaban la entrega de la demanda atendiendo a una reducción proporcional al consumo habitual de los clientes conocidos y desatender los pedidos de nuevos clientes, o de bajo consumo.

Lo que venía a ser un racionamiento como en los tiempos de la guerra.
Cementos Fradera se hallaba cerca de Santa María y allí, un amigo mío, ostentaba el cargo de Ingeniero-director.  Le expuse mi problema y como favor especial, me suministró un camión de diez toneladas de cemento portland.

Domenech reanudó la construcción durante tres días, después de los cuales desaparecieron los albañiles y las toneladas de cemento.
Fui a verle en su despacho en la Gran Vía de Barcelona, justo en el edificio que años antes, Adams, “La Selva Negra Catalana” tenía como domicilio social.
Bromeando me contó cómo estaba sentado en la butaca que aquél desgraciado usó al pegarse un tiro.
Y que no me preocupara por las obras paralizadas. En Santa María ya no tenía tochos ni tochanas, (piezas básicas para levantar paredes de obra) por lo que no podía trabajar. El cemento se lo llevó para poder acabar unas obras en Tarragona ya que también se le paralizaban, pero en pocos días volvería con los tochos de procedencia castellana, ya solicitados.

El tamaño de estas piezas fabricadas en castilla, era un par de centímetros inferior en longitud y grosor. Ello requería un aumento en el precio de la colocación por metro cuadrado, así como un plus por el transporte extra radios.
Lo clásico, ir por lana y salir trasquilado. Quería rescindir el contrato y se avecinaba, la petición de aumento del precio concertado.
Aquél día tuve que transigir, pero reduciendo en el contrato el número de bungalowes inicial y que retirara las letras aceptadas por su correspondiente importe.

En realidad por mi temor, lo que deseaba era rescindir el contrato en su totalidad, pero como me hizo creer que estaban entregadas a la financiera, aquello no tenía marcha atrás.

Esperando un milagro que permitiera, recuperar las letras de la financiera, o ver finalizadas las obras, me dispuse a solventar aquella papeleta ofreciendo un plus a mis albañiles para que el primer grupo de seis bungalowes, lo acabaran definitivamente cuanto antes.

Luego los amueblaría, según lo proyectado y a los clientes con contrato, les explicaría que por motivos de fuerza coyuntural, me veía obligado a devolverles los pagos percibidos, rescindiendo la venta aplazada. Y quienes tuvieran mayor interés, deberían adquirir los bungalowes notarialmente, al contado en un plazo máximo de dos meses, suficientes para el retiro de las letras concertadas.

Como era de esperar de mal grado, desistieron de la compra y con ello devolviéndoles lo poco que habían ya entregado, me sacudía una responsabilidad de encima.

Dos fueron lo que prefirieron permuta con solares. Más a mi favor.
El problema no se acababa con este final feliz para los adquirentes que confiaron comprar sobre plano, pues era evidente que no podía arriesgarme al previsible incumplimiento de finalización de obras para el verano siguiente.

No pudiendo pues obtener capital por ventas de lo proyectado, debía intensificar la de los solares.




Parejas perdurables  (continuación 64 b )
 

Felicia, me anunciaba la visita de “Un Señor”. Ni siquiera aprendió que las visitas han de tener nombre y apellidos. Anunciarme a Un Señor, solo me daba la pista del veinticinco por ciento de personas que pudieran ser. Una señora, un Joven, una Joven.

Como pronto volvería Irene, me abstuve de hacerle corrección alguna.


-Bueno, pues que pase Un Señor.

Otra que tal. ¿Qué hacía aquel señor que resultaba ser el último contable de la ex señora Batlle?.
Estaba ya olvidando los pleitos y desprendimiento final por subasta de los “modelitos” que embargué al chulo de Conchita, cuando aparece el contable que lejos de velar por mis intereses, acabó siendo su escudo protector.

Me expuso que se hallaba sin trabajo, ya que con el finiquito de la empresa de confección, la ex Sra. de Batlle, iba a rehacer el negocio por su cuenta, pero muy limitado con lo cual, él ya no tenía cabida allí.
Aquello me olía a una petición de empleo, con velado chantaje. Como si se hubiera quedado sin empleo por mis malas artes al denunciar a Conchita y a su chulo. El negocio se le fue al traste, no por los desmanes de la caradura de aquella mujer. ¡Que va!. Era por cerrarles el grifo de la financiación y no dejar seguir siendo estafado.
No erré mi juicio.

-Pues pensé que Ud. podría admitirme para llevar la contabilidad de la Urbanización.

Me expuso su precaria situación con esposa y dos hijos en edad escolar, a los que ya no podía seguir manteniéndolos en las escuelas de pago.
Anda ya. O sea, que un simple contable de una empresa más bien pequeña, se permitía llevar a sus hijos a colegios de pago. Cada vez se me hacía más insoportable la presencia de aquél individuo. Falso, traidor, recibiendo emolumentos no merecidos y permitiéndose lo que yo no hice con ninguno de mis hijos.
Las escuelas Nacionales eran lo suficiente respetables para educar a los niños tanto de familias modestas, como pudientes.

-      -  Lo siento, pero también estoy reduciendo plantilla. Una vez entregue las obras en curso, liquidaré Santa María.

Mantuve lacónica conversación para que se diera cuenta que no era bienvenido.
Viendo que no tenía oportunidad ni con intentos de chantaje, al despedirse aún me pidió que le hiciera una recomendación para alguna otra empresa.

Aquél tío, tenía un rostro de cemento Portland como el que obtuve de la cementera de Garraf.

Cuando comenté esta visita, con Tere, los nervios no la dejaban. Mejor no hubiera rememorado el tema, pues ya sabía que ella se toma muy a pecho lo vivido con tal gente.
Para desviar la conversación, le pregunté por el resultado de la reunión en el colegio. 

Se promovía una especie de asociación de padres de alumnos, que intervendrían conjuntamente con los profesores, para mejorar la educación.
El pediatra de nuestros hijos, tenía también en el mismo colegio a sus dos hijas y posiblemente, por su profesión le nombraron presidente.

Pedían organizarse como si de una sociedad se tratara, con secretario, tesorero, vocales y seguir unos estatutos, levantar actas de las reuniones quincenales y …….

-Mira, Tere, no estoy para perder el tiempo en reuniones donde ya sé para que sirven, máximo si le quieren dar tanto boato. Mi parecer es que la educación de los hijos, la han de recibir de sus padres en el hogar y de sus mentores en el colegio. Son ellos los que están capacitados para la enseñanza y no nosotros para torcerles su labor.
No servirá de nada. En nuestra generación, recuerda que ningún padre iba nunca a enseñar a los maestros cómo debían tratarnos. Es más si recibían notas de queja por nuestro comportamiento, o bajo rendimiento en los estudios, lo estimaban para reconvenirnos a nosotros. Y siempre consideraban que en el colegio los padres eran ellos.

En una visita al pediatra, realizada en su consulta dos años después para atender a nuestro quinto vástago, le pregunté cómo se desarrollaba la asociación de padres, ya que yo, no asistí ni una sola vez.

Pues me dio la razón. Fue un entusiasta al inicio, por lo que se sintió halagado al nombrársele presidente, pero lo dejó aborrecido por tratarse de una “olla de grillos”. En las reuniones, se trataba de todo menos de asuntos concernientes a los estudios, o método de educativo. La gente no era puntual y después de perder hora y media de conversaciones inocuas, o chafarderías, se tenía que programar la próxima reunión sin sacar ninguna conclusión. Y al final se decidía hacer una excursión fin de curso, para lo cual se realizaba una colecta.

Visto el tiempo perdido, dimitió siguiendo mis pasos y ya llevaba medio curso, en que tampoco aparecía él por el colegio.

Tere, por la calle, se encontró con una antigua amiga de cuando era forofa de la Radio. Matilde, no solo seguía siendo forofa, como ella misma, sino que además llevaba tiempo interviniendo en los seriales radiofónicos y al doblaje de películas.

Este accidental encuentro reavivó su antigua amistad y como si se tratara de una circunstancia celestial, nos iba a cambiar la vida. Al menos, nuestro último  domicilio.

La invitó a su piso, que era un edificio proyectado exclusivamente para empleados de los medios de comunicación, periodismo, radio y televisión. Se hallaba a doscientos metros del nuestro en una calle adyacente.
Se construyó quince, hacía quince años  mediante una Cooperativa. Los socios, así obtuvieron un edificio, casi al cincuenta por ciento del coste normal en aquél tiempo, lo que ahora representaba un valor incluso inferior al cuarenta por ciento de lo que valía la nueva construcción.
En planta baja, aún se hallaba el taller del periódico El Brusi.

Portada de la primera edición del Diario de Barcelona, “ El Brusi”, en 1 -10 - 1792


Le mostró la total distribución de su piso que era simétrico al del frente de su rellano. Compartían el ascensor dos viviendas por piso en escaleras principales.

Había otro ascensor asimismo compartido en la parte de patio de luces. Era el utilizado por el servicio, y recogida de basuras, así como lavaderos, ya en desuso tras popularizarse las lavadoras el,ectricas.
La sala de 40 metros cuadrados era una tentación obscena, que a Tere la cautivó, pero más aún su cocina-comedor de otros veinticinco metros cuadrados y tres baños.
Lo definitivo: Cinco dormitorios. Casi uno por hijo.

Cuando me lo contó, también yo quedé cautivado. Es que Matilde envenenó nuestros sentidos al indicar que debido al fallecimiento de su vecino, la esposa se trasladaba a vivir con su hermana, ya que sin descendencia, aquél piso le resultaba una carga. Lo vendía por lo que le costó, con el valor actualizado. Mas tarde supe la verdadera razón.
Y no disponía más que un mes de tiempo para ponerlo en venta si algún conocido no se lo adquiría, para después pasarlo a una inmobiliaria que realizara la operación.

No tardé un minuto, en ponerme en contacto con Matilde, para que me presentara a la propietaria.
Fuimos citados por ella en el piso en venta, Tere y yo. Nos maravillamos por el buen estado de conservación y el magnífico recibidor decorado con maderas nobles y sus tres accesos para un pasillo, un dormitorio y la sala con portadas de dobles hojas acristaladas y emplomados sus vidrios de colores igual que los rosetones de las Catedrales.

La tentación era insuperable cuando dio el precio. Quince millones. Tuve que controlar mi tembleque incipiente y hablar pausadamente, pues mis palabras demostraban excesiva alteración. ¿Cómo no iba a alterarme?. Un piso así, cualquier inmobiliaria hubiese pedido entre treinta y cuarenta millones.
Fingiendo que nos gustaba sin exagerar, pero que atendíamos a su perentoria necesidad de realizar la venta hipso facto, allí mismo le prometí que le traería un par de millones como paga y señal, y que procediera a preparar la escritura notarial tan pronto lo estimara conveniente.

Ya me metí en otro lío. Pero, ¿no era aquello una ocasión pintada calva?.



Parejas perdurables  (continuación  65  )

 Jamás mi cerebro, se vio sometido a tanta presión. Estaba con un dilema crucial. Mi decisión de abandonar negocios, predominaba. Salir de tantas responsabilidades ajenas a la familia, como eran los empleados, los clientes y los colaboradores. Cualquier paso que diera atrás, un montón de familias saldría perjudicada.

El bienestar familiar actual y futuro, requería meterme en más responsabilidades. ¿Qué procedía?.

El piso que disponíamos era ya algo mejor que el tipo medio usual. Teníamos tres dormitorios y la del tálamo nupcial, así como dos baños y un aseo.

Al tener ocupado un dormitorio por la doméstica, tuvimos que amueblar con cuatro literas a uno, destinado a los cuatro vástagos menores y a los dos mayores en el otro, donde le pusimos además la cuna de la niña. Solo hacía seis meses que la retiramos de nuestra habitación.

Por delante teníamos un futuro de al menos catorce años, ocupando el hogar diez personas, sufriendo el hacinamiento.
Cada vez las despedidas nocturnas en el dormitorio de los cuatro menores, se dilataban por el jolgorio, al principio jocoso.
Se notaba que las incomodidades iban variando su humor y el jolgorio se convertía en discusiones. Extrapolando, de no disponer de un piso con mayor capacidad vital, las risas de ahora, serían riñas diarias.

Muy fuerte era pues el deseo de Tere y mío, de adquirir un piso como el que ahora sin esperarlo, se nos ofrecía.
Los cinco dormitorios, permitirían ser distribuidos, mejorando sensiblemente el panorama. Uno para la sirvienta, otro para el primogénito con una mesa para estudiar,  otro para la niña, y los otros dos, ya solo necesitaban literas de tres y dos.
Para acabar, dispondríamos de la magnífica alcoba matrimonial con sus amplios armarios empotrados.  Además los tres pasillos con techo útil para ubicar tres altillos en los que venía de perillas inquibir la cantidad de objetos personales, u obsoletos. Entre ropa interior de los niños, ropa de verano y ropa de invierno, ya se ocupó uno de ellos. 
Y merced a los armarios que poseíamos y que cabían en cada habitación de los niños, nos quedarían otros dos altillos, para ocupar por lo que se avecinara.

Mentalmente, discurrí que rescatando capital de los bancos a los que poco a poco cancelaría, obtendría los quince millones para la compra que pedía la Sra. propietaria, más las ochocientas mil pesetas previstas por gastos notariales y de Hacienda.

Sí. Hacienda podía resultar un problema. El mío, era que tenía demasiadas propiedades a mi nombre. El edificio de San Juan de Malta, el piso actual, ocho apartamentos aún no vendidos, el chalet Niu Blau, el despacho antiguo y menos mal que no figuraba el de Jacinto, que era de él.

¿Para qué sirve la suegra, aparte de ayudarnos atendiendo a los nietos?. Claro, mi suegro había expresado cuando le ofrecí el apartamento Gemini, que le ilusionaba tener una esposa propietaria.
Y a ella, ni fu, ni fa, pero le hizo gracia ir a la Notaría, incluso parecía rejuvenecer ante el acontecimiento. Luego, era una candidata perfecta para intitularla propietaria del piso nuevo.

Ella, carecería de gravámenes por patrimonio, cosa que distaba de lo que le sucedía a la Sra. vendedora.
Esta debía ser la razón por la que se desprendía de una propiedad a tan bajo precio.
Por lo visto sabía que el valor mínimo a vender sin que le causara problemas era el del valor catastral, que en Barcelona era dos veces y media inferior, al comercial medio catalogado.

Por otro lado, para venderlo, debía declarar todas las propiedades heredadas de su marido. Lo heredado se hallaría al límite del valor en que cambiaba el baremo del impuesto por transmisiones patrimoniales.

Un millón más declarado en su venta, a ella podía costarle pasar del baremo bajo, al superior de Hacienda. Tal vez hasta le costaría treinta millones más.
Según recuerdo, los porcentajes oscilaban entre un treinta y un cincuenta y seis por ciento del total valorado. Y prefirió, rebajar el piso al mínimo legal, favoreciendo al comprador.

Lo discutimos Tere y yo, dado que dar la titularidad a su madre, podía traer otras consecuencias futuras. Como me sentía yo, tan hijo de ella, como Tere misma lo era y no habiendo más familia que nos pudiera obstacularizar la disposición de un bien familiar, lo dimos por factible. Salió a colación, que su hermana algo tendría que decir, puesto que también era familia. Afortunadamente, la cuñada estaba tan bien unida a Tere, como a sus padres y reconoció que caso de óbito de sus padres, ella renunciaba a su parte de herencia por esta procedencia.

Tomada pues la resolución la puse en práctica. Entregué los dos millones prometidos a la mañana siguiente, firmando documento para la elevación próxima a escritura de venta.
No tuve ninguna dificultad con los bancos en Barcelona. Lo gordo sería cómo presentarme a los tres bancos de Girona para retirar trece millones y medio en metálico.

El Banco Industrial, en Girona, fue el primero al que comuniqué mi retirada a la mañana siguiente siete millones en metálico. De no avisar con antelación, tales cifras en metálico, no las atienden por ventanilla.

Al presentarme, me atendió el director, que se extrañaba de mi actitud. Quería entregarme talón conformado para poder usarlo en cualquier entidad, como si de metálico se tratara.
Le comenté que debía realizar una compleja operación y necesitaba el metálico para su distribución.
Contraofertó  el entregarme tantos cheques fraccionados como le requiriera.

La cosa al final debería confesarla en su cruda realidad. Pensaba cancelar la cuenta en cuanto el riesgo de mi póliza venciera, cosa que preveía en la siguiente quincena.
Que la operación a realizar, se debía a cancelaciones de cuentas y adquisiciones patrimoniales en metálico. Se dio cuenta de mi firme decisión, me entregó personalmente el dinero y ya no insistió más.

Los siete millones para despistar, envueltos en papel de periódico, fueron siete fajos de mil billetes de mil pesetas. Siete kilogramos de peso total. Los repartí entre una cartera de mano y una bolsa.

Mi próxima entrevista con el director, fue ya vencido el plazo de riesgo de la póliza. La usé durante tres años para el desarrollo de la empresa de Congelados.
Seguía con mi plan de cancelaciones, ya que reducí capital bancario con tal importe convertido en propiedad ajena. Era titular la suegra.

El director se resistía a mi cancelación.

-Don Carlos, ¿es que le hemos fallado en algo?. Si tiene otros bancos que le hayan hecho oferta, estoy dispuesto a mejorarla.

-No tengo ninguna prevención contra Uds. Para crear la Empresa me solicitaron garantías y se las aporté, luego con ello trabajé con su póliza crediticia, la usé y ahora doy por conclusa la misión. Congelados ya no me necesita.

-Pero Ud. se llevó siete millones para ingresarlos al Banco Hispano. Un empleado nuestro le siguió desde aquí, como protección por ir solo por la calle con tanto dinero.

Quedé sorprendido, máxime cuando la discreción de mi protector debió ser extrema. No advertí ningún seguimiento, ni anormalidad en el breve trayecto peatonal de doscientos metros, hasta el Banco Hispano.

-Pues se equivoca Ud. Al Banco Hispano, no le ingresé nada. Le retiré tres millones, también para cancelar cuenta y después entré en el Banco Central, que ya sabe, es colindante, y por lo mismo rescaté el saldo de un millón y medio más.
Este capital, sirvió junto con más cantidades de cuentas barcelonesas, para tal como le dije, distribuirlo en inversión inmobiliaria.


Ya solo me quedaba organizar un revuelo con las dieciocho cuentas que aún disponía en Barcelona y conminar a los compradores de solares por contrato aplazado a que lo hicieran público.
Y estaba dispuesto a escriturales incluso a los que les faltara más de un año su cumplimiento, con el simple reconocimiento de la deuda pendiente, en su escritura.


Y algo en principio intrascendente, hizo que me enterara de lo poco fiables que resultan a veces los segundos de a bordo y lo estúpidos que son ciertos asesores legales al aconsejar a sus clientes.



Parejas perdurables  (continuación  65 a  )

A Beltri, que con los años se convirtió en el “segundo de a bordo”, le conocí al regresar de su temporal búsqueda de trabajo por Francia.

Su padre viudo, era uno de tantos emigrados, que se estableció en Ivry, París. Tuvo la suerte de obtener la confianza de un potentado que le nombró portero de una de sus mansiones posteriormente habilitada como Hotel.



Beltri, llevaba dos años de casado sin conseguir puesto destacado en el Banco Español de Crédito (Banesto), por lo que intentaba abrirse camino con otras perspectivas.

Le concedieron una excedencia de tres años, por lo que si hubiera obtenido algo mejor en Francia, aprovechando posible convivencia con su padre, allí hubiera residido con su mujer definitivamente. No fue así, ya que a pesar de la ayuda de su padre, apenas subsistía con lo que ganaba de solador en una empresa constructora.

Coincidió su ausencia con mi traslado al primer piso de propiedad que obtuve, al cesar en Minas de Suria.
Mi primer piso, sin teléfono resultaba un hándicap para reemprender labor técnica y de promoción inmobiliaria. Un teléfono fijo, en edificios nuevos, requería que la Telefónica, hubiera hecho llegar hasta allí su red.
 Este impedimento, sin embargo, era menor que el de la avalancha de solicitudes de toda la Ciudad, motivando retrasos de conexión incluso superiores al año.

Acababa de abrir el Gabinete Técnico con Orpí, cuyo despacho se hallaba a siete kilómetros, lo que hacía de primera necesidad una comunicación telefónica.

Tere en pocos días hizo amistad con una vecina, la mujer de Beltri,  del edificio contiguo de construcción anterior, que sí, disponía de teléfono. Y apenas lo utilizaba. Incluso pensaba en darlo de baja, ya que lo que recibía de su marido Beltri desde Francia, le obligaba a reducir gastos.

Me la presentó y aproveché proponerle que me permitiera por las tardes durante un par de horas, usar su teléfono y me haría cargo yo de las facturas de Telefónica. Ella me hacía un favor a mí y seguiría disponible su teléfono para cuando regresara su esposo.

En realidad la ayuda era mutua, pero mayor provecho saqué yo.
Justo cuando obtuve mi conexión telefónica tan esperada, por lo que  ya no acudiría más al teléfono de la vecina, regresó de Francia Beltri.

Vino a verme para agradecer la ayuda a su mujer y ofrecerse de contable, ya que disfrutaba de dos años aún de excedencia al banco.
En principio no me pareció mal. Me hallaba predispuesto a emplearle, por agradecimiento. Le puse al tanto de la misión a cumplir, la cual le conllevaría más tiempo en atender el teléfono por anuncios, que por la incipiente contabilidad que requería el despacho.

Al funcionar mas bien que mal, el Gabinete, obtenía mayores ingresos por operaciones de venta terrenos, que por proyectos técnicos.
Fue desenvolviéndose el negocio, por lo que tomé confianza a Beltri, y le otorgué facultades amplias para atender clientes y preparlos para negociar, primero conmigo y un tiempo después con él mismo.

Los contratos de compra-venta aplazada, los imprimí para facilitar la diligencia mediante un simple relleno de datos del comprador, precio pactado, plazos con relación de letras aceptadas y los datos del solar a adquirir.
Se entregaba pues por duplicado a firmar por el comprador. Uno se lo llevaba él y el otro, pasaba al archivo de ventas.

Con las letras aceptadas se hacía un recorrido de reparto por las cuentas bancarias habidas, para proceder al principio a su descuento y tiempo después solo al cobro.
Todas esta funciones, Beltri estaba más que capacitado para realizarlas, así que su trabajo se veía de gran utilidad.
La confianza llegó a que realizara muchas gestiones bancarias y visitas a clientes, obteniendo también compradores provinentes de su círculo de amistades.
De contable pues, pasó a “segundo de a bordo”, tomando como contable a un nuevo empleado, asimismo recomendado por él. Era otro padre de familia también vecino suyo, necesitado de mejorar su situación al haber entrado en fallida la empresa que le empleó. Y que ya conté como me salió rana con la compra-si-pagar de mi 2 Caballos Renault.

Mis ausencias por trabajos de campo, hacían ya imprescindible una plantilla de empleados administrativos, como si de una Entidad importante se tratara. Dos contables, la secretaria, la telefonista, los cinco delineantes, y por toda ayuda al reparto de responsabilidades, el arquitecto Orpí.

Al principio me sorprendió la meteórica creación de empresa,  luego me hizo sentir importante, pero al final, afloró mi innato miedo al fracaso ante el cúmulo de responsabilidades que iba adquiriendo.

Dos años después Beltri se despidió, pasando de nuevo al Banesto, con una posición respetable, pues los años de excedencia le valían también como antigüedad.
Seguimos viéndonos, sin embargo, ya que sus tardes libres, las aprovechaba para finiquitar contratos antiguos, algunos de los cuales eran de él mismo, por haberme adquirido una manzana entera y seguía usando mis contratos impresos para gestionar también los suyos.

El contrato que realizó por venta de uno de los mayores solares, era a favor de su padre.
Me lo entregó, con las letras sin aceptar. Se trataba de simplicar trámites legales y su padre no pasaría por Barcelona hasta su jubilación, justo vencidas las letras de la operación.
Las domiciliaría a su nombre en una cuenta que administraba Beltri, en el propio Banesto donde ahora era un apoderado. No convenía pues tener que dar explicaciones a sus superiores sobre este arreglo.
De este modo, se limitaba a retirar las letras por su cuenta a cada vencimiento.
No me pareció tampoco problema. Y además le pedí que se presentara en mi nombre al despacho de Prat, que estaba en proceso del traspaso de su empresa, por crear la de Santiga. Ir unas cuantas tardes a resolverle asuntos bancarios, le reportaría un sobresueldo.

Y ahí se acabaron las buenas relaciones con quien fue mi segundo de a bordo.
Mi decisión de cancelar asuntos para reducir negocios, motivó citar al Notario a todos los que en aquél año les vencía el contrato de venta.
Uno de los clientes, no estuvo de acuerdo con la redacción que ofrecía la escritura.

-Oiga, su contrato cita un valor del solar, pero está denunciando otro distinto. - Constató el Notario.

El cliente, miró la copia de contrato que presentaba yo para su redacción.

-Mi contrato, no es este. Y mi firma tampoco, pero sí lo es la de las letras, que tampoco son la cantidad que dice. Yo pagué tres más como puede ver las que le enseño.

¡!!!!! Otra ducha fría. ¿Cómo que no era el contrato de copia mío, igual que el de él?.
Pues así era. Se declaraba el precio de venta un diez por ciento más caro en el contrato del cliente, que en el mío. Y faltaban tres letras no relacionadas que sí pagó el cliente a Beltri al contratar.

Y esto ya se fue repitiendo con los demás clientes citados para escriturar. El Notario, estaba dispuesto a que desistiera de la venta, pero esto no era posible ya que ellos atendieron lo contratado por la persona que oficialmente me representaba en mi despacho y no se trataba que ahora les reclamara importe alguno.
La estafa me la había realizado Beltri, al darme a mí contratos con firma falsificada, señalando un menor importe de venta, lucrándose él de la diferencia.
Las letras eran auténticas, por lo cual los bancos las atendieron estos cinco años de  aplazamiento. No habiendo devoluciones, imposible sospechar anomalía alguna.

A mí no me resultaba oneroso, declarar como cantidad confesada a la que se suponía había cobrado yo, por lo que simulé que había un error por parte de la copia firmando la venta notarial sin más problema. Al recuperar del cliente las letras pagadas y el contrato privado, tenía en mi poder el cuerpo del delito.
Más trabajo para Rodriguez. Bueno no, que aquí, no acabó la cosa.


Parejas perdurables  (continuación  65 b  )



Llamé a Prat. Le puse al corriente de lo descubierto sobre Beltri.



-Pues conmigo no va a hallar donde agarrarse. Hasta ahora, me ha sido diligente por cuestiones bancarias y saldos de cuentas clientes. Dispongo de la mitad del personal, ya que son los que trasladaré a Santiga. Y Beltri, allí no vendrá.

Estaba pensando en traer la documentación falsa recogida de la Notaría a Rodriguez. Que se la estudiara y obrar en consecuencia.

Tenía en mis manos el contrato de la venta a su padre. Ahora con conocimiento de su ardid, imaginé que habría gato encerrado.
Pedí al servicio de telefónica, si podían hallar el teléfono de Mesier Beltri en Ivry, París.
Pues claro que lo hallaron. Nada menos el de la portería de un edificio de pupilaje.

-Sr. Beltri, soy el promotor de Santa María, dónde según contrato firmado por su hijo, le vencen las tres últimas letras para cancelar la compra de su solar. Si pudiera Ud. pasar por Barcelona pronto, realizaría la escritura, aún sin haber vencido, puesto que estoy liquidando operaciones.

-¿Cómo dice?. Creo que no entendí bien, ¿Qué faltan liquidar tres letras?, ¿qué letras?. Yo lo adquirí de contado y que demoraría la adquisición en escritura pública, para mi próxima jubilación.

Ya nada me extrañaba. Entendí con ello, que su hijo se habría quedado el dinero. Me excusé y que ya le volvería a llamar después de unas comprobaciones.
Llamé al banco. Las letras estaban descontadas, pero el jefe de la sección de riesgos dio orden de retenerlas, ya que serían devueltas por orden del librado.
Ya no me faltaban más datos para ofrecer a Rodriguez y así lo hice.
Mi secretaria le trajo un dosier explicando el caso y con todas las letras de los cinco contratos irregulares, ya escriturados y lo averiguado telefónicamente de la venta a su padre.

Dos días después, vino Rodriguez con el caso estudiado.

-Este contable, te la metió, hasta el fondo. Te cuento la película de los hechos.

La secretaria, nos interrumpió, ya que tenía una llamada de París.
Se trataba del Sr. Beltri. Trató a su hijo de pillastre. Y que acudiría tal como le pedí, a pesar de no tenerlo previsto. Su hijo, manejaba una cuenta bancaria, a su nombre, dejándola sin fondos. No se trataba pues de que hubieran letras falsas, sino que le había robado el capital que enviaba desde Francia para disponer de él en la Jubilación.
Rodriguez, me miraba con ojos de mochuelo. Su asombro lo dirigía hacia mí.

-No me cuentes más Carlos. Este individuo es un solemne prestidigitador, a parte de pillastre como le llama su padre. El que me asombra más eres tú. ¿Cómo te las apañas para rodearte de tales genios?.

Me daba los preliminares de la actuación judicial, si decidía actuar.

-Te advierto que hay que presentarlo como retracción de menor cuantía, que no llega a inculparse como estafa.

Se consideraba que los cinco solares a razón del diez por ciento estafado correspondía al valor de medio solar, pero no al actual sino al que figuraba en contrato y no alcanzaba las cien mil pesetas.
Lo que sí ordenaría el Juez es el despido procedente de un empleado abusando de su puesto de trabajo. Pero esta sentencia me importaba un comino. Un despido de una persona que no figuraba en mi nómina ni ahora, ni nunca. Era un empleado del Banesto, no de Usamasa.

-Pero, ¿Cómo no te enteraste hasta cuatro años después?. Por lo que he visto este pillo, te la debió jugar desde el inicio. Según cuentas había realizado un centenar de ventas atendidas por él. Pues le reportarían diez solares a su favor, que serían los que te adquirió con el dinero que te había estafado.

- Ahora que lo dices, entiendo que las últimas visitas por las tardes que hacía, no eran para ordenar los contratos y poner cuentas al día. Lo que realizaba era el canje de los contratos archivados falsos, por los verdaderos.

-Claro, al ir al Notario, con contratos verdaderos no te enterabas, pero por lo visto, no le diste tiempo a que canjeara los cinco últimos y al fin te enteraste.
Ten pues en cuenta, que al juzgado solo podremos reclamar cien mil pesetas, mas las costas judiciales que irán a su cargo. Mis honorarios, van a subir aproximadamente lo mismo y van a tu cargo. Igual que los modelitos que reclamaste, lo comido por lo servido. Tu decides.

-Ya veo como se burlan de mí. Y mi derecho al pataleo no me satisface. Lo que lamento es que se embolsó, el equivalente a un millón trescientas mil pesetas con su ardid, aparte que le pagaba su salario, mientras de estas ventas, a mí me quedaban netas menos de la mitad de lo que robaba él. Gana más un contable de esta calaña que el mismo propietario.

Imposible contarlo a Tere. Tampoco a nadie en el despacho. Opté por llamar a Beltri en el Banesto para solventarlo discretamente. Me propuso vernos un día, ya que estaba ocupado con la mudanza de su hogar a un barrio señorial.
Que había realizado una operación fuerte y en todo caso me firmaría letras.

¡ Ah !. Esto era una solución. Me firmaría letras……. No había suficiente con haberme robado durante dos años, ahora le tocaba burlarse de mí.

Pero sabiendo que ya no veríamos más por nuestro barrio, ni a él, ni a su mujer, con la que la mía estaba compenetrada, desistí de toda venganza y procuré olvidarme de él.

Como queda patente, no lo conseguí. Cuarenta años después, aún lo recuerdo.

Y otro tipo de amenaza nos sorprendió aquella noche. La policía llamaba a todo el vecindario, para abandonar  de inmediato, el edificio, por amenaza de bomba.
Mujeres a medio vestir, niños en pijama, ancianos socorridos para aligerar el abandono del hogar.
Un centenar de personas nos reunimos al bar-restaurante de enfrente. Algunos traían mantas para cubrirse y a tres mujeres les dio un ataque de histeria.

¿Hasta cuando debíamos permanecer en aquellas condiciones?. Era la media noche. Al dueño del bar, no le importaba cobijar gente hasta las tres de la madrugada. Si tan seria era la cuestión, también él permanecería con nosotros hasta averiguar si aquello era falsa alarma.

Lo fue. Inspeccionada la imprenta del Brusi, comprobaron que el paquete anunciado era de recortes de periódico. En esta ocasión los terroristas tuvieron conciencia y no pusieron una bomba de verdad, sabiendo que treinta y seis familias del edificio, no tenían nada que ver con la política del periódico y podían salir lesionados.
A las dos de la madrugada, la policía nos liberó de la angustia, pudiendo regresar a nuestro hogar, sin embargo, más de la mitad de vecinos aún permanecieron discutiendo la jugada una hora más con la pinta de indumentaria que mostraban, tan apropiada para un revellón.


Parejas perdurables  (continuación  66  )

Me doy cuenta de que este relato,  puede dar la sensación de que en mi entorno social, se hallaba gran cantidad de indeseables. Quiero sacar de error a quienes así lo tomasen. Puedo haber contactado entre varios miles de conocidos, amigos, parientes, o vecindario, con aproximadamente ochocientos de ellos mediante conatos comerciales. 

De entre estos ochocientos, no llegó al centenar que intentaran aprovecharse de mi candidez y que recuerde, no excedieron la cuarentena quienes lograron embaucarme.

A pesar de ello, los ardides empleados, en ocasiones, infantiles, no llegaron a los extremos que personajes famosos por su estatus de poder, fueron posteriormente conocidos.
Un ejemplo apareció en la prensa, en el tiempo que ya acusaba mis problemas con la construcción de los Bungalowes.


Se trataba de Reace, una empresa que merced a los componentes del elenco directivo, administrativo, consejeril, de alto nivel de poder, lograron hacer desaparecer en 1972, cuatro mil toneladas de aceite de oliva, de entre doce mil almacenadas propiedad del estado, en Redondela. Claro, este afer, sí fue gordo. Como intervenía Nicolás Franco, el mismo que se adjudicó el beneficio gubernamental para explotación agraria, de la Zona Franca, casi la totalidad destinada a Cataluña, no se obtuvo ningún resultado aclaratorio del destino de tal cantidad de aceite , a pesar de entrar gente a la cárcel.

El Presidente de la empresa, misteriosamente murió en la cárcel mientras se duchaba. Se dijo que por una fuga de gas. Claro, él conocía lo de la fuga de aceite.

A un denunciante, una angina de pecho, no le permitió contar lo que sabía.

Otro directivo, fue cesado incomprensiblemente. Otro dimitió. Y un tercero apareció muerto en Sevilla en su domicilio junto a los cadáveres de su mujer e hija.
 A un taxista lo asesinaron, sin hallar pista alguna del asesino.

Los Jueces no pudieron sacar ninguna conclusión de las diligencias expuestas en cinco mil folios, dado que desapareció el expediente del Juzgado, por unas obras de reforma habidas, muy oportunas.
El Tribunal, acalló a los fiscales. Pío Cabanillas, ministro de Información, prohibió sacar el tema en periódicos, u otro tipo de medios para notificar al público.

Las películas de espías y organizaciones al estilo James Bond, pueden haber intentado emular a tales organizaciones para el quehacer REACE, pero ni mucho menos alcanzaron este grado de perfección.

Este caso me llamó la atención ya que uno de los protagonistas que no apareció ni tan solo citado para declarar  fue Nicolás, al que tuve que conocer cuando pretendía subvención para mis manzanos en Santa María. Para más detalles de REACE, ver el enlace.

Simplemente es una constancia de que el nivel económico del objeto a alcanzar, es proporcional al grado de maldad de los que lo ambicionan.
Mis enemigos, operaban por cantidades de cinco cifras, mientras los verdaderos enemigos públicos lo hacían por once.
Para cinco, los aprendices a delincuente, se atrevían a causar malestar, incomodidades, e incluso rasguños a sus presas, con maledicencias. 
Los de once, no se arredraban por dar trabajo a las funerarias y sepultureros.

Tal noticia, no hizo más que seguir reafirmando mi interés en cancelar negocios, aunque ya tenía la visión del desenlace fatal al que conducía la actitud del constructor Hnos. Domenech.
Según Rodriguez, no podía desatender las letras cursadas a través de financieras, a menos que fuera yo mismo a rescatarlas y darme por satisfecho con lo poco avanzada que se hallaba la obra.
Esto era ya imposible. No disponía de suficiente efectivo, y menos para continuar las obras que me costarían el doble de lo tratado, entre lo ya abonado y las letras en curso del siguiente trimestre.
A pesar de todo, mis problemas los conocía yo y Rodriguez, pero nadie más. Ni siquiera Tere.
Por ello, no me extrañó la visita de un ex empleado del Banco Popular.

-Don Carlos, supongo me recordará de cuando operaba en el Popular. Ahora pertenezco al equipo de promoción del Banco de Fomento. Dado que conocemos su trayectoria, creo que es la persona que merece beneficiarse de las ofertas que hacemos a los elegidos.

Esto, me recordó a Marcé, de Girona. No su aciago final, sino la labor que le tocaba en suerte. Los Bancos para crecer, precisan un máximo de clientes que les hagan fuertes depósitos, a la par que fuertes movimientos de capital. Estudian las posibilidades de sus clientes y dan créditos millonarios a quienes según sus informes, son acreedores de ello.
Pensé que en mal momento venía. Mi pensamiento estaba fijo en cancelar cuentas, no en abrir.

-Estamos en expansión y sabemos lo de su construcción en Santa María.

¿Qué sabían qué?. Rodriguez como profesional, no podía esparcir mi temor al fracaso por culpa de los Hnos. Domenech. Ni que estaba pasando un mal trago para deshacerme del contrato, que legalmente me unía aún durante un año más.

-Mi Banco, está dispuesto a financiar todas las obras que realice en su Urbanización. De entrada, le otorgaremos veinticuatro millones destinados a ellas.

¡¡¡Eh!!!. Me pellizcan y no lo noto. Otra vez me sentía obnubilizado por este anuncio. Estaba sentado, cosa que facilitó, disimular mi tembleque y respondí pausadamente.

-Me halaga que pensara en mí, pero en principio, no tengo previsto realizar más obras. He de terminar las que están en curso, promover su venta y ceder luego el seguimiento, a subcontratistas.

El empleado me tuvo media hora explicando el interés en captarme como cliente y que verdaderamente la oferta era excepcional, con el interés, no Bancario, sino interbancario. 

Es que ya vi como los veinticuatro millones que me ofrecía Fomento, automáticamente, a ellos les daba la oportunidad de crecer y ofrecer a más clientes, hasta doscientos cuarenta millones. Era pura competencia entre bancos.

Pero a mí, pensar en acarrear tal cifra sobre mis hombros cuando se me avecinaba una tormenta con los Bungalowes, me hacía dudar, a pesar de la tentación.
Disimulando, le indiqué que me pilló por sorpresa y tenía que pensar bien el aceptar tal oferta. Consultaría con mis socios la conveniencia de realizar nuevos proyectos. Así, no dije ni que sí, ni que no. Ya le llamaría.

Nada menos, que Prat, me adquiría  millón y medio de palmos cuadrados  equivalentes a cinco mil seiscientos metros cuadrados de la manzana de Cubera. Con su importe, sumado a la inversión del Notario, en la manzana de Nova, podía arreglármelas sin necesidad de recurrir a más créditos.
Pero tampoco esto estaba claro. Prat adquiría el terreno, a nombre de Santiga. Tenía que aguardar a que su legalización notarial, fuera operativa con su constancia en el registro mercantil. Podían pasar un par de meses.

Sin convencimiento, acepté los millones del Banco de Fomento, pensando que mientras no veía las cosas con mejor perspectiva, mejor dinero en cuenta corriente, que promesa futura volatilizable.
De resolver mi problema sin tal capital, no había dificultad alguna en cancelar tal nueva cuenta.
De no resolverse, otra opción, era la temeraria huida hacia adelante.  Ésta, seguro minaría mi salud y teniendo aún los niños en edad escolar, mi obligación era mantenerme en plenas facultades para seguir luchando en defensa de su educación. Debía prepararles para defenderse del mundo de lobos en el que me hallaba inmerso.




Parejas perdurables  (continuación  66 a )
.
Pasé varias noches dando vueltas en la cama, imaginando posibles soluciones para el cúmulo de problemas.
Los veinticuatro millones aceptados, me quemaban. Una vez ingresados en mi cuenta del Banco de Fomento, fui consciente de que me ataban más de lo previsto.

No se trataba de una póliza, por la que pagas intereses solo por las cantidades utilizadas. Podías disponer de una póliza de crédito por más de un año, no usarla y sólo devengaba el banco la tarifa por la cuenta, que solía ser un tanto por mil de lo nominal.
La cuenta aceptada no era así, devengaba intereses de los 24 millones desde el primer día, usados o no. Y por aquellas fechas el interés bancario se establecía al nueve por ciento y el interbancario, que me ofrecieron a mí el cuatro y medio.

Si desistía en emprender más obras, aquello era un lujo bastante imbécil. Pagar por figurar una cifra respetable en una cuenta.
Con un cálculo mental, entre lo recaudado por la venta al padre de Jacinto y lo que cobraría de Prat, al escriturar a favor de su nueva Sociedad, y lo disponible en mis cuentas de los diez bancos que aún ostentaba, eliminaría la cuenta de Fomento, pero para ello, habría que aguardar un trimestre.
Y en este trimestre las nóminas no perdonaban, de manera que había que acelerar más ventas.

Las ventas de solares tal como estaba avanzada la Urbanización, no podía realizarlas por debajo de un elevado precio. Se sentirían estafados los propietarios habidos con anterioridad. Y al precio que le correspondía, ya no fluían compradores como antes.
Se esperaba disfrazar el valor del terreno, con el de las construcciones a realizar. Si decidía pues tal como deseaba el Banco de Fomento construir por etapas grupos de chalets, me saldría la obra relativamente barata, mientras su venta alcanzaría valores más que doblados.

Pero, no. Los Hnos Domenech, me habían estafado y no podía hacer nada contra ellos. Me tocaría pagar las letras firmadas descapitalizándome y luego afrontar gastos Judiciales contra ellos, que en el mejor de los casos no habría sentencia hasta varios años después de haberse demostrado su estafa. Y mientras estaría ahogado aún obteniendo beneficios por nuevas obras. Calculé que para superar la estafa en ciernes, perdería los futuros beneficios.

Solución: En los planos del proyecto de los Bungalowes, señalé a los seis que estaban cubiertas aguas, los diez que tenían las paredes casi a punto de envigar y los ochos que tenían las paredes a media altura. Los demás prácticamente, apenas se levantaban de sus cimientos.
Con ellos a la vista, redacté su segregación individual y pasé los datos a Jacinto. Se trataba de declarar la obra nueva. Jacinto me llamó la atención.

-Carlos esto te saldrá muy caro. Mejor segregues los solares y declares la obra nueva, a medida que los vendas. Hacienda no se anda con chiquitas. Te cobrará lo mismo acabadas que a medio terminar.

Lo consideré, pero al menos podía intentar con las segregaciones realizadas, emprender nuevas ofertas a clientes que aceptaran terminar las obras por su cuenta. Al final viendo el coste por su legalización, incrementé el número a declarar hasta treinta y seis, que eran los que tenían frente a la Avenida proyectada ajardinada. Los veinte restantes se hallaban en el interior de la manzana y solo eran cimientos.
Gasté una parte del crédito en esta legalización y en las devoluciones de los anteriores compradores.

A Picot, le expliqué mi propuesta, que era a mi modo de ver más interesante que la de los apartamentos Gemini. En esta ocasión, me envió como primer cliente a su cuñado. Me levantó la moral, pues disponía al menos de seis meses para realizar las ventas suficientes que paliaran el perjuicio de Hnos. Domenech.

Y resultó peor de lo esperado. Mi prevención, no llegó a tanto. Al término del contrato, no habiendo colocado ni un tocho más, en las obras, ya no fue posible dar con su domicilio. Supe que abandonaron el despacho sin abonar el alquiler del último semestre, por lo que los iban a desahuciar. Y los peones sin cobrar los jornales de la ultima quincena, pues los Hnos. se fugaron hacia algún País Sudamericano.

Luego, se me presentaron los industriales suministradores del material para las obras. Sus facturas, me las reclamaban a mí. Y aquél material en todo caso fue transportado a otras obras, no a las mías. Ya tuve discusiones con varios de ellos por no querer entrar en razón.

Más trabajo para Rodriguez. Por mi parte envié cartas a todos los proveedores conocidos, para que no sirvieran material a ninguna de mis obras paralizadas.
Como el de los sanitarios, no quería atender, le fui a ver personalmente.

-Oiga. Las obras están paralizadas por motivo de abandono del constructor. Mejor no sirva ningún pedido, que tendría luego que retirarlo de nuevo.

-De ningún modo, el camión con los sanitarios para seis Bungalowes, ya se envió. Y obedecen a un pedido aceptado por lo que la factura le llegará próximamente.

-Le digo, que no voy a recepcionar los sanitarios. Me basta con el que ya acabamos como piloto. Las obras tendrán un retraso de al menos un año.

No quiso atender. Me llamó al día siguiente, indicando que tenía el albarán de recepción firmado por mi capataz.
Aquello, se salía de madre. ¿Qué capataz?. Pues el albañil que estaría por la obra, por su cuenta, admitió el material y se lo llevó al patio de su casa.

Los fuegos, me venían por todos lados. ¿Es que tenía que usar el crédito de Fomento, para organizar demandas al por mayor?. Unos por proveedores que se resistían a dejar de serlo, otros por servidores desleales que robaban en su beneficio exclusivo y los empleados despedidos, por reclamar indemnizaciones.
Mayor razón para abandonar negocios. Me propuse venderlo todo.

El cabecilla de un grupo de vendedores inmobiliarios a comisión, me vino a proponer la compra por un cliente que se quedaría con una manzana íntegra de Santa María.
Me venía al dedo. Estaba dispuesto ya, a desarmar el castillo de mis negocios.

-Dispongo de un cliente que puede abonarle al contado el importe de una manzana, si se lo deja al 45% de su valor, renunciando yo al 5% de comisión, por lo que sería como si accediera a vender a mitad de precio, pero de contado.

-Tengo la manzana que se refiere Ud. escriturada como aportación a la sociedad Complejos 7V2 S.A. Si se la vendo, ¿Qué hago con la sociedad descapitalizada y sin patrimonio?.

-No es problema tenemos demandas de sociedades del ramo inmobiliario que estén disponibles para realizar operaciones inmediatas. Se la podríamos comprar por el simple costo de creación y los gastos que hubieren hasta su traspaso.

Con ello, daba al traste a mi proyecto para el futuro económico familiar. Como el mayor de mis hijos solo había cumplido los catorce años, me quedaban al menos cinco años para salir del atolladero y rehacer lo que restara de Usamasa, Los Congelados y los Trofeos deportivos. Sería labor más ligera, habiendo liquidado el de Coches de alquiler, Revista discográfica y Gabinete Técnico.
Realicé la operación, sin saber quien era el comprador del terreno y quien el de la Sociedad. En aquél momento no presté atención, ya que no me incumbía, pero un año después tuve que enterarme del maquiavélico plan del comprador, al aparecer en el Registro de la Propiedad, como titular, el Banesto.



Parejas perdurables  (continuación  67 )



Por lo que deduje respecto al ignorado cliente, que transmitió la propiedad de Complejos 7V2 s.a., al Banesto, tenía que tratarse de alguien más inteligente que Paco, el desgraciado vendedor de pescado fósil.

Para zafarse de problemas financieros, quien adquirió la finca al bajo precio que se la vendí, debió pulirse todos sus bienes privados y ofrecérsela al banco por valor triplicado, como cancelación de deuda.
Y esta es una de las ocasiones en que se  aplaude al pillo por enredar a un banco, con sus mismas armas.

Jacinto y Picot, me pedían ampliar el negocio de Congelados, pasando de distribuidores comerciales a productores Industriales.

Las croquetas plagiadas de Prat, ya solo representaban una mínima parte del negocio que se obtendría al elaborar diversidad de platos, en lugar de distribuir los productos primarios.
Requerían triplicar el Capital social. Se adaptaría una nave industrial de un polígono de Olot, con una instalación moderna mecanizada al máximo, incluido embalaje y manufacturación.
Inoportuno. Le conté a Jacinto que con el problema que se me venía encima, con las letras de las financieras a atender mensualmente, lo que necesitaba era recuperar capital y no invertir.

-Carlos, ya que es de absoluta necesidad para rentabilizar Congelados, habiendo salido al mercado Findus, debemos realizar esta ampliación. Si no puedes aportar capital, pediría a mi padre que lo hiciera él, tal como había sido su primera intención, antes de adquirir la manzana de tu urbanización.

Permuta tu participación por la finca, que volverá a ser de tu propiedad y así no deberemos excedernos en la ampliación.

Como mi plan era el de ir eliminando intervenciones en negocios, no me parecía mal el abandonar también el de los Congelados, pero, recuperar a mi nombre la finca, resultaba otra inversión, más que por gastos Notariales por los de Hacienda que a esta reventa, le correspondía una fuerte revalorización Catastral y le acompañaría la Plus Valía, que exigiría el Ayuntamiento de Nova

-Le veo un inconveniente Jacinto. Si lo que quiero es recuperar Capital aún cuando esta permuta me favorece, no me facilita soluciones. El costo de legalización, no lo puedo asumir ahora.

-Esto no es inconveniente. En privado hacemos la permuta y yo recibiré un poder de mi padre para seguir vendiendo las parcelas a tu aire, directamente a tus clientes.

Esto ya era un adelanto. Así, cuando cobrara de Prat por la sociedad Frio Santiga, cancelaría la cuenta de los 24 millones  de Fomento.

Como despedí al personal de oficina, indemnizados correctamente, me quedé como ayudante, secretario y contable a Carrión. Y Tere, atendería llamadas en nuestra ausencia del despacho. En definitiva, era ella la Administradora titular de Usamasa
.
A Carrión, Ramón me lo adjudicó para que desglosara las contabilidades de los diversos negocios de la tienda. Una sería la de camisetas deportivas, otra la de accesorios, que las llevaría su ayudante Martinez y con Los Trofeos y Copas de Ibañez, seguiría  Marciano.

Cuando Ibañez desvalijó el obrador de los Trofeos llevándose durante una noche, maquinaria y Plata, Marciano se quedó huérfano de su misión, sin embargo lo seguí manteniendo como empleado de la Tienda, a pesar de no estar directamente vinculado en mi plantilla de Usamasa. Su poca utilidad, se reducía a transmitir a Carrión los asuntos pendientes de su sección.

Carrión era eficiente tanto para llevar la contabilidad, como para manejar a los clientes, pero mejor aún al tratar con los directores de banco.

Le encargué ir reduciendo movimientos de cuentas. De las veinticuatro que tuve, por mi parte ya solo me quedaban dieciocho y de ellas, le pasé seis con las que ya no operaría a partir del momento en que no quedara ni riesgo, ni cobros pendientes en ellas.

Por lo visto Carrión, se olió que la reducción drástica de personal que estaba haciendo, también le afectaría a él.

-Don Carlos, me hallo en una difícil situación en la que si tiene previsto cancelar mis servicios próximamente, me hundiría.

-Es verdad que estoy cancelando negocios, pero no tema Ud. que Usamasa, seguirá en pié forzosamente, ya que los únicos socios actuales son mi esposa y yo. Tenemos que vender los últimos apartamentos y treinta Bungalowes, cuanto antes, para cancelar todos los créditos.

-Sepa que es Ud. mi salvación. Dentro de tres meses, el Ayuntamiento, nos desahucia de la vivienda. Se ejecutarán las obras del proyecto de la plaza del Matadero.

Efectivamente en un año, aquella plaza con edificios de viviendas y  el matadero Municipal, fue arrasada y se convirtió en un parque dedicado a la escultura de Miró , “Pájaro y señora”.



Una vivienda de alquiler por aquél tiempo era muy difícil de hallar, o sea que sin algún capital ahorrado, Carrión, se hallaría sin remedio en la calle.
No tenía ahorros para obtener un piso en propiedad y si se quedaba sin empleo, ningún banco le facilitaría el crédito. 

Movido por la compasión, le ofrecí que ocupara un piso de mi edificio de San Juan de Malta, mientras no consiguiera otra cosa mejor.

Poco le faltó, para que no me besara los pies allí mismo, pero a pesar de servirme varios años, en los que obtuvo mi confianza, como mis anteriores contables, me asestó la puñalada.



Parejas perdurables  (continuación  67 a )

La finca que escrituré a Frío Santiga, para no resultar segregación parte del resto de la manzana que ya se había parcelado para otros siete clientes, la redacté en documento privado.  En la Notaría, se hizo constar la superficie total confesando el precio recibido con anterioridad.

También en escritura aparte le vendí dos chalets de la misma manzana, que ya figuraban en el Registro de la Propiedad.
Así, finiquitaba mi poder de la propiedad de Sumella, en su parte de ubicación en el  municipio de Cubera. Aún para agotar el uso de este poder que me sirvió durante nueve años, restaba segregar la superficie correspondiente al vial, que limitaba las manzanas. Y no resultaba útil para los clientes. No está bien visto que un particular construya en plena calle.

Lo agotaría en su día al ceder el resto de finca directamente al Ayuntamiento. Me ahorraba el doble traspaso de la finca a mi favor.

El documento privado, obligaba a Santiga, escriturar en su día a favor de mis clientes de forma gratuita, las detalladas siete parcelas. Lo signó Eloísa.
Me extrañó cuando leyó el Sr. Notario que representaba a la Sociedad en calidad de Administradora, con poderes totales.

¿Hasta dónde llegaría el entendimiento de ella, con Prat?. Ya parecía creíble lo de que intimaran, pero fuera cierto o no, no obedecía a motivos sentimentales sino todo lo contrario.
Me lo contó Prat, meses después, cuando segregó a su vez una parte de lo adquirido  a favor de Ezquerdo, antiguo cliente mío.

-Carlos, esta sociedad de Santiga, nace tocada. El socio que tenía, ya sabes la jugarreta que me hizo. Pues bien llegó a conocimientos de Ribas, el nuevo socio para Santiga. Mostrando un pundonor hipócrita, impidió que mi nombre figurara en la administración. Evitaba que personas de su entorno social, le consideraran colega de un procesado.
Eloísa, tiene toda la confianza mía y de mi padre y ella no tiene ninguna participación en la sociedad, pero es plenipotenciaria para todas las funciones legales.
Tanto mi padre como yo, venderemos las acciones, ya que no las Sindicamos y tendrá que quedárselas él.

Desconocía el significado, o más bien las consecuencias de crear una sociedad, sin “Sindicar las acciones”. Lo supe años después de hallarme víctima de la serie de estafas concatenadas por motivo de los Bungalowes.

-Pero, ahora tendré que escriturar las parcelas que no os vendí.

-Ella es la que seguirá como administradora y te las firmará cuando se lo pidas.

Prat y su padre, no sindicaron las acciones. Y eso que parecía intrascendente, fue la causa de la finalización de nuestro contacto.
Vendió sus acciones y las de su padre, desapareciendo de mi Mundo.
Por lo visto, con el líquido obtenido por la venta de la finca a Esquerdo, se dieron los Prat por satisfechos de su participación en la sociedad teniendo que adquirir la totalidad de las acciones, el socio Ribas.

Intenté localizar a Prat hace unos años, por la nostalgia de lo vivido en aquellos comunes negocios pero no lo conseguí. Su antiguo domicilio, el de sus padres ya no era, ni es. Quizá por defunción de sus miembros, o por cambio de residencia, incluso de Ciudad. Por facebook tampoco está y ya no llega a tanto mi nostalgia y afán de platicar unas horas con él, como para meterme a su búsqueda por los medios sociales, o ayudado de un investigador.

Sin embargo, si casualmente leyera esto, me satisfacería rememorar conjuntamente, nuestras aventuras y desventuras.
Y se dará por aludido, si lee esto, por más que disfracé su nombre en la narración.
La conclusión, inesperada por este motivo, fue que las complicaciones generadas por los aviesos Hnos. Domenech, trascendieron por todos los frentes. No tuve ocasión de vender las parcelas a tiempo.

Unos años después, Eloísa cesó de Administradora y Ribas, cambió el nombre de Santiga por el de otra sociedad que tenía, fusionándolas.
Con Eloísa también perdí el contacto, ya que años después al querer conjuntamente con Esquerdo, comercializar estas parcelas, había regresado a Melilla con sus padres.

Pero no era solo este el inconveniente para recuperar las parcelas, el Ayuntamiento de Cubera, nos granjeó una alegría, (maldita) al haber trazado en la manzana una calle que la atravesaba en diagonal.
Claramente era una argucia, para usurpar propiedades aún no figurantes en el Registro de la Propiedad. De nuevo el Ayuntamiento abusaba de sus atribuciones.

Yo me había desprendido ya de todo el personal de Usamasa, y también de Los Trofeos deportivos. Mucho me costó. Me quedé solo con Carrión.

El contable de Ibañez, Marciano, no quiso despedirse por las buenas y me obligó a desatenderle, ya que no tenía contrato con él firmado.

Pues aprovechando mi débil situación, me llevó a Magistratura del Trabajo.
De nuevo, consulta con Rodriguez.

-Tranquilo, Carlos. No tiene ninguna razón para pedirte indemnización. Es a Ibáñez a quien debe pedírsela.

-Pero Ibañez, ya sabes, no solo nos robó, sino que para cubrirse las espaldas nos amenazó con demandarnos con cargos ficticios, si nos querellamos. Y tú mismo me desaconsejaste ninguna acción, que resultaría otra lid con años de seguimiento.

-Sí Carlos. Y te lo dije desde un principio, a menos que quieras a partir de ahora ser :
Carlos, de oficio “Sus pleitos”.
Lo que puedes hacer, después de lo que ya has perdido, presentarte a Magistratura, alegar falta de liquidez y abonarle los seis meses de indemnización que le corresponderían si fuera legal, en doce meses.
Seguro que lo admitirá el Sr. Juez y tú, al tercer mes deja de pagarle. Verás como ya no incordiará, pues le costaría la reclamación otro año de espera sin garantía de cobro.

-Hombre. Es la primera vez que me enseñas a aprovechar las deficiencias de la Justicia a mi favor.

Mientras, Carrión había realizado un centenar de visitas a los clientes de Santa María pendientes de escritura. Les cité a la notaria, en cinco días  por turnos de a veinte. Mayor cantidad de personas, colapsaría  la sala de la Notaría.

Y hasta algo tan banal, como es elevar a público un documento de compra-venta privado, salieron clientes negados a escriturar, por consejo de sus abogados.

El Mundo de los Disparates, por lo visto, lo tenía ante mis narices. 


Parejas perdurables  (continuación  67 b )


La Notaría, no era lugar para entablar discusiones, entre veinte clientes. El Sr. Notario, nos destinaba un máximo de quince minutos, por cada operación a realizar. Iniciando a las nueve de la mañana, concluíamos a las dos de la tarde, agotando el tiempo reservado, a mis clientes según cita previa.



Tomé nota de los no presentados, o negados a firmar su compra. Fueron un total de ocho, entre todas las sesiones a las que se les citó.


Carrión, se puso en contacto con ellos para averiguar como les funcionaba el cerebro y obrar yo en consecuencia.

-Don Carlos, las razones que dan dos de ellos, es la que no contaban con el gasto de la legalización. Que lo harían mediante la paga extra de Navidad.
Otros tres, que aún tienen dos letras pendientes y los tres restantes, que temen según asesoramiento del abogado, se les involucre en estafa.

-¡Esta es buena!. ¿Un abogado les previene para no elevar a público su documento privado?. ¿Qué estafa?. ¿No sería estafa, lo contrario?.

-Dicen que su abogado, estudiaría la causa repentina de citar a todos los parcelista al Notario. Entre nosotros, creo que lo que busca el abogado es ganar unos honorarios por trabajo de investigación.

- Acabáramos. Ver los datos registrales si coinciden con los del contrato privado. Esto sí es estafar a sus clientes. Esta función le corresponde al Notario, con sus comprobaciones previas y que detalla en la propia escritura. Y tal gestión ya se incluye en la minuta.

Tuve que explicarles por teléfono que su actitud desacertada, la podían enmendar con la comparecencia a una nueva cita. De no hacerlo, recibirían un requerimiento Notarial mío para perfeccionar el documento privado, lo que en su día, redundaría en un gasto añadido, que les reclamaría.

Pues erre que erre. Para los tres acérrimos, mi actitud daba razón a su abogado.
Por escrito les envié a los tres un detalle de las consecuencias, si desatendían el requerimiento.
Al escriturar sus propiedades, se cancelaba la superficie de la finca matriz, por lo cual mi obligación en atender impuestos Municipales, o cualquier clase de arbitrios finalizaba. Al quedar sus solares sin registrar, serían ellos quienes deberían afrontarlos con recargos en su día. Ni esta nota les hizo cambiar de actitud, y ya lo dejé correr.

Diez años después, uno de ellos vino a pedirme al fin formalizar la compra-venta. El motivo, era que alguien se lo adquiría por valor doble del que le costó. Y me pedía que lo pusiera directamente a nombre de su comprador.

Otro que tal. No bastaba con incordiar. Con la misma cara del contable que me pedía una carta de recomendación, a pesar de haberme perjudicado, esperaba que le favoreciera, ahorrándole gastos.

-Sepa Ud. que yo, no atendí ningún gravamen correspondiente a este solar en los diez años transcursos. Puedo justificar que van a su cargo, merced al requerimiento que le hice. Y por ello, no tengo más remedio que firmárselo como está previsto a su nombre, o incurriría en el delito que su gracioso abogado le instruyó.

Como le quedó claro que debía primero realizar la compra él, para luego venderla, entramos a detallar las cuentas. Se horrorizó, viendo que no podía vender al precio que creyó negocio, puesto que las legalizaciones con plus valía de diez años, y los recargos por no atender arbitrios aplicados a la Urbanización, sobrepasaban el valor del solar adquirido quince años antes y que pagó aplazado a través de otros cinco.

Se dio cuenta al fin de la insensatez demostrada al hacer caso a su abogado, que le cobró para demostrar honorabilidad, solo un tercio de la minuta, al distribuirla entre los que siguieron sus consejos.

Los otros dos, seguían en paradero desconocido, pero al recibir reclamación a mi nombre del Ayuntamiento de Nova, tuve que ser yo quien les buscara.
El Ayuntamiento embargó el resto de finca. No sirvió para nada declarar que no me pertenecía. Me conminaban a pagar con los recargos y con las costas del embargo. 
De nuevo presenté al Ayuntamiento un escrito de descargo, al que le hicieron un caso que le llaman “Silencio Administrativo”.

Esto significaba según conveniencia arbitraria del Jefe de la Administración Municipal, que el silencio, favorecía al administrado, o ¿porqué, no?. A la Administración, calladamente.

Dos años después recibí el ultimátum de ejecución embargo. Vuelta a protestar ya que estaban embargando algo que no era de mi propiedad. Ni caso. 

La próxima nota la recibí pasados  tres años más y con ello ya habían transcurrido treinta desde el día que vendí en privado aquellos solares. Esta ocasión, se pasaban de castaño oscuro. Anunciaban resarcirse de los gastos por embargo, mediante intervención de cuentas bancarias.

Los clientes al fin se presentaron ante el Juzgado y fue el Juez que atendió sus quejas. Les legalizó su documento privado, levantando el embargo de la finca, al hacerse cargo de todos los gastos provocados.

Sin embargo, no acabó aquí la odisea que les costó tres veces más de lo previsto. Esto lo tenían merecido, pero lo que seguía siendo una injusticia, fue que el Ayuntamiento, no hizo caso de los términos de aquella venta realizada de treinta años atrás, demostrados al legalizarla en el Juzgado.
El vendedor era yo, por lo cual debía atender la Plus Valía de treinta años.

Hacía tiempo que no acudía a Rodriguez, pues ya me había jubilado yo. Sin embargo, él seguía en su bufete.

-Carlos ¿qué te trae por aquí?. Después de tantos años creí que ya te olvidaste de mí. No me dirás que sigues con problemas.

-Muy gracioso. Esta vez, espero que sea el penúltimo.

Y así fue, el penúltimo que lo resolvió con algo que llaman “Contencioso Administrativo”.
En cambio el último, al día de hoy, aún colea y ya no lo podrá resolver Rodriguez (R.I.P.). Pero ya lo relataré más adelante, pues me desvié demasiados años de lo acontecido al despojarme de los negocios.




Parejas perdurables  (continuación  68  )

-Tere, desprenderme de los negocios, está resultando peor que seguir con ellos.

-Lo superarás. Nuestras necesidades ya van decreciendo. Los niños ya no necesitan niñera. Fíjate en J.C., como consigue que le obedezcan y les enseña a mantener ordenada la habitación. Lo que me preocupa, es por la niña.

-¿Qué le ocurre?. No le veo nada preocupante.

-La profesora, recomendó que la trajéramos al psicólogo. Se retrasa anormalmente en la lectura y redacción.

El psicólogo, después de entablar una conversación con Esther, le mandó realizar unos gestos imitados a los que él le hacía.
Nos quedamos boquiabiertos, al ver como nuestra hija titubeaba y solo los acertaba repetir bien, de casualidad. No interpretaba que la gesticulación, del Dr. Frente a ella, era como si de un espejo se tratara. Le dio instrucción sobre la derecha y la izquierda y el motivo por el que no era lo mismo ver una persona desde una posición frente al espejo, que vis a vis.

Nos citó para otro día en que quería entrevistarnos a nosotros a solas.
Con ello se formó la idea, al hablarle de sus hermanos y el entusiasmo que nuestro primogénito puso al saber a Tere esperando un “hijo”. Que fue decepción, al nacer Esther. 
No contarían con su pretendido equipo de fútbol formado por siete muchachos, con una niña. Total J.C. dirigía a sus hermanos y jugaban a las mil maravillas todos a una, pero olvidando a su hermana.

La continuada indiferencia durante seis años, la convirtió en retraída y disléxica. Este fue el diagnóstico del Dr. Y por todo tratamiento, recomendó solo el cambio de actitud de sus hermanos.

Hablado el problema con ellos, especialmente con J.C. que entendió a la perfección, a partir de aquél día, la incluyeron en todos sus juegos.    Se dirigían a ella como lo que siempre había sido, una hermana de igual a igual.

Como un milagro, en tres meses, Esther, dejó de ser dislexia, más comunicativa y vivía las gracias, disfrutando de ellas como todos sus hermanos.

Una vez reducida la plantilla que arrastraba para el funcionamiento de los negocios, Carrión, se instaló en el piso de planta baja de San Juan de Malta. El anterior despacho, que también había sido nuestra vivienda, lo alquilé con suma facilidad.
Era lógico, ya que persistía la tendencia a las adquisiciones mediante hipotecas. Habiendo pues un limitado número de ofertas de alquiler, un piso como el que ofrecía, no era nada despreciable.
Entre este pequeño ingreso y la eliminación de las nóminas, se allanaba el camino de la normalidad desde la nueva perspectiva.

No todo iba a ser camino de rosas, ya que a los seis meses, el inquilino, desatendió los alquileres.
Otra vez Rodríguez a la palestra. Obtuvo tras otros seis meses de litigio, el cobro de la anualidad retrasada y el convenio de que la próxima desatención, sería sin más trámite desahuciado.

A Carrión lo ocupé con los cobros de cantidades pendientes de clientes, bien visitándoles, bien por requerimientos telefónicos.
Y aprovechando su ubicación en la vivienda prestada, hacer prosélitos para mi propuesta de venta de los Bungalowes a medio construir.

Esto, falló por varias razones. La principal, que la barriada en aquél tiempo, era la habitual de clase obrera. Nadie por las inmediaciones disponía de medios suficientes para continuar las obras. A penas podían con la adquisición de un simple solar, sin ningún servicio.

Otra razón fue la inminencia en tener que desatender las letras de los Hnos. Domenech, imposibles de recuperar de las financieras.

Y otra inesperada, la resolución del Ayuntamiento de Nova, de reglamentar a Santa María, con un P.E.R.I.
Esto es, un Plan Especial de Reforma Interior. La afección, era tal que ya no servían ni los Bungalowes segregados, ni el terreno restante.
Con ello, agravaba la imposibilidad de hallar clientes. Y mientras, se imponía a través de este PERI, una cuota por metro cuadrado de propiedad, para atender al construcción del alcantarillado.

Esto, me dejó planchado. La cantidad de metros cuadrados que me otorgaban, hacía que el precio resultante de los solares volviera a duplicarse. 
Desde la década anterior en que adquirí la finca de Sumella, hasta este momento en que se gravaba el metro cuadrado por el impuesto Municipal, había pasado de veinte pesetas el metro cuadrado, a  seiscientas. Me vi incapaz de seguir actuando con estas condiciones.

Agravado pues por la visión del abandono de las obras, una vez hube devuelto el crédito de Fomento, resté prácticamente descapitalizado. Y desanimado. 
Lo comenté a Carrión, a quien le confesé que tantas avalanchas nefastas unidas, eran superiores a mis fuerzas, lo que decidí desatender más letras, y dar a conocer a los bancos mi abandono, cancelando cuentas, definitivamente.

-Don Carlos, esto no es el fin del mundo. Tiene Ud. mucho por lo qué seguir luchando. A parte de la familia, le quedan propiedades a las que debe rentabilizar.

-Sí. Es verdad que no estoy en la miseria, pero lo que estoy, es descapitalizado totalmente. Y lo que mayor desequilibrio me causa, son esas letras de las financieras que ni Rodriguez supo evitármelas. No es sólo la estafa de respetable cuantía, sino lo que arrastra en consecuencia. Ya nadie querrá adquirir Bungalowes a medio construir y menos con un gravamen tan elevado por el alcantarillado.

Aún pasaron otros tres meses sin que nada aflorara al público en general, ni a los bancos en particular. Llegado ya el momento de reclamaciones por devolución de letras, se iniciaron los avisos de los tenedores con la resolución legal de exigir de contado, la totalidad del resto de deuda.

Esto ya fue la acabose. De contado, ipso facto, imposible. Y ya no importaba vender Bungalowes. Me harté hasta no poder más.
Mandé a Carrión recorrer unos cuantos bancos, mientras yo lo hacía con los restantes, para comunicarles esta mala nueva.

Él, se dirigió a los que no presentarían problema alguno, en tanto que yo lo hice con los que pedían me presentara a Dirección. No hacía falta ser adivino para saber el motivo.
Me sorprendió que se acumularon estas solicitudes, provinentes de bancos incluso ajenos a mi operativa.


Y uno de ellos, el chasco que se llevó fue mayúsculo.


Parejas perdurables  (continuación  68 a )


Lo hablé con Tere, ya que en esta ocasión la decisión le incumbía directamente a ella.



-Tere, esta vez, a menos que varíes de parecer, seguiré tus tan repetidos consejos de no entrar en negocios. Ya inicié entrevistas con los bancos para cancelar cuentas. Nos quedamos con el resto de manzana Usamasa, sin los Bungalowes. Tú sigues siendo la Administradora.

Luego queda la manzana que va a nombre de Jacinto y las parcelas resto de mi venta a Frío Santiga.

Los Bungalowes, no los puedo vender como están, ni puedo acabar las obras, sin más capital.
Pero de Fadiexde, tu contrato con Kubala, ¿Qué hacemos?.

-¿Ahora me vienes con esas?. Lo firmé porque así me lo presentaste, pero no tengo ningún interés.

-Pues es el único negocio que figurando tú como única propietaria, me hace titubear. Ramón, con la jugarreta de Ibañez, se ha visto obligado a renovar las actividades y buscar otro suministrador. Me pidió tres millones para poner en marcha la campaña de las botas Kubala. Como no quiero ya más créditos y él no obtuvo capital por su cuenta, este será también el fin del negocio por mi parte de los Trofeos Deportivos y el tuyo de las botas.

No se inmutó. Incluso hoy, casi cuarenta años después, temo que no es consciente del negocio que tiramos por la borda. Pero aquel día como el César Romano, pasamos el Rubicón.
De haber tenido ella un mínimo interés, quizá hubiera cedido en llevarlo adelante, pero vista su actitud de indiferencia, puse a Carrión en marcha para seguir lo programado.


Fui comunicando a los Directores de las agencias el motivo de mi próximo cese en los negocios, por lo que les solicitaba las cancelaciones de cuentas.
Alguna resistencia ponían como es natural. Su misión, es captar Capital y clientes, no en perderlos. Una mala nota en su expediente bancario.

Estas entrevistas aclaratorias y de cese actividad, me ocupaban toda la mañana para cada uno de los bancos, de manera que las llamadas para entrevistarme con todos, se hacían insistentes, al creer los banqueros que les rehuía. Sin embargo Carrión, ya les ponía veladamente al corriente, cosa que en vez de tranquilizarles les inquietaba aún más.

Llegado el turno de atender a la insistente llamada del Santander, el Director, al verme respiró tranquilo. Según dijo, aquél día vencía el plazo para que aceptara el crédito de dos millones y medio, concedido desde hacía quince días, sin que yo hubiera aparecido por allí.  De no llegar a tiempo, tenía que cancelar la operación y devolverla a la Central de riesgos.

-Pues mire Ud. No vengo a firmar el crédito, sino a cancelar la cuenta.

Su sorpresa, no la ocultó. Inmediatamente pensó en que la competencia logró captarme. Pero cuando le puse al corriente del motivo de mis cancelaciones con su banco y todos los demás, se puso lívido.

Estaba confesándole, ya que no me importaba, que pronto las financieras de los Bungalowes, reclamarían las letras que no atendería. Sabían los banqueros, que esto motivaría salir al R.A.I., con lo que se recomendaba a todas las entidades financieras, negar créditos mientras se mantuviera el nombre del cliente en la lista.
Sobre esta cláusula, también tengo mal sabor de boca al enterarme que unos comisionistas se ofrecían a borrar del RAI, a quienes les pagaban un porcentaje de la cantidad a desaparecer. O sea que un camelo más, de tantos como el ser humano, es capaz.

El Director, serenándose, siguió a la defensa mutua. A mí me conminaba que aceptara el crédito, ya que las cantidades que debía atender de las financieras, mensualmente, eran pequeñas, por lo que tenía unos cuantos meses por delante para resolver mi situación. Y él no quedaba mal ante sus superiores que le achacarían poca diligencia en la concesión de créditos.
No le valió su buena voluntad interesada, ya que la decisión tomada junto con Tere, era definitiva.
Incluso Rodríguez me recriminó, haber dado estos pasos tan prematuros.

-Carlos, tenías que aguardar a que se produjera la aparición del RAI. Al menos tenías dos meses para realizar otras operaciones. Y con esos dos millones y medio, tenías de sobra, para demandar a las financieras cuando actuaran, en tanto que descapitalizado tendrás que ponerte a la defensiva. Es más barato, pero perderás el patrimonio afectado por las financieras.

-Si para vender los Bungalowes hay que terminar las obras, ya las doy por perdidas.

Tal como dijo Rodriguez, dos meses tardaron las financieras en protestar las letras, notificarlas al RAI y reclamarme las cantidades pendientes como vencidas.
Al no hacerles caso, volví a recibir notificaciones de los bancos Central, Vizcaya, Bilbao, Popular, Cafirsa, y otra financiera menor que no recuerdo.
Me extrañó que los bancos, a los que ya había acudido dos meses antes cancelando cuentas, de nuevo me citaran pero esta vez a su sede Central de créditos. Lo de las financieras, lo veía lógico, ya que eran las que aceptaron las operaciones de Hnos, Domenech.

-No ha de extrañarte. Las financieras trabajan con todos los bancos y se pasan riesgos como si de barajar cartas se tratara. Seguro que tus letras estarán repartidas por todos ellos, pero a ti no te venían por las agencias en que trabajabas sino que éstas forman cuerpo especial que lo tramitan los equipos de riesgo con su jurídica en oficinas separadas, dentro del edificio de su Sede.

Me lo explicó Rodríguez como de costumbre, el asesor de años que tuve desde mi incursión a los negocios.
Y así tuve la oportunidad de recorrer los laberínticos pasillos de la última planta del Banco Central en Plaza Cataluña, para tener cambio de pareceres con los abogados y contables que por allí figuraban distribuidos en múltiples compartimentos.


Allí donde siete años después, el 23 Mayo 1981, murió de un balazo uno de los atracadores del banco, se supone que de sus mismos compañeros al verse acorralados y víctimas del asedio del los GEOS que entraron por el tejado.

Como este atraco era algo más que espectacular, digno de la trama mejor urdida realizada para los filmes de Holywood, dejo el enlace que lo detalla tal como yo mismo lo recuerdo y ví en su día por la Tele, mientras sucedía, ya que duró la acción un día y medio.


El director financiero del Banco Central, me entretuvo un par de horas sondeando la solución para atender las letras sin necesidad de reclamarlas vencidas. Tuve de nuevo que mantenerme firme, indicando que ya que la estafa me la hicieron los tenedores de las letras, yo daba por perdido el objeto que eran los Bungalowes, por lo cual podían proceder con ellos.

En principio, esto era inviable ya que se debían a las normas estrictas. Dicho lo cual, les dí el teléfono de Rodríguez para que lo trataran de letrado a letrado.
Sucesivamente, las entrevistas las mantuve con todos los actores, hasta conocer a la misteriosa Cafirsa.

Parejas perdurables  (continuación  69 )

-¿Quién ha doblado esta cuchara?.

Tere se extrañó hallar encima la mesa de la cocina una cucharilla con evidentes trazas de haber sido forcejeada.
Jordi con diez años recién cumplidos, ufano por su destreza a pesar de ser zurdo, le contaba a Tere.

-Mamá: he sido yo, que con esta cuchara manejé la cerradura de la habitación de mis hermanos y la pude abrir.

La puerta del dormitorio de los dos pequeños, inesperadamente con la cerradura encasquillada,  no permitió accionar ni el pomo interior, ni la manivela exterior.
Estando sus hermanos encerrados, se cansaron de intentarlo. Nerviosos, empezaron a llorar. María, la doméstica, tampoco pudo abrirles la puerta. El quinto vástago, con los esfuerzos y la rabia de hallarse encerrado, se estaba haciendo pipí.

María, tuvo la mala idea de socorrerles de la forma que a Tere, la sacó de quicio.
Después de desahogarse increpándola con fuerte vilipendio, la despidió.
Fue la última sirvienta que tuvimos. A partir de esta fecha, Tere ya sólo tomaba a horas alguna mujer de faenas para la limpieza, o para coser la ropa. De todos modos, ya entraba en nuestros cálculos reducir gastos.

Llegué tarde a comer, después de la sesión en el Banco Central, pensando ya en la renovada disculpa que tendría que presentar a Tere. Las obligadas citas a los bancos, me causaban problemas familiares. Y aún me quedaba la de Cafirsa, desconocida hasta aquél día por mí. Era la principal financiera, que descontó las letras a los Hnos. Domenech.

Suponiendo que ya habrían terminado la comida, no esperaba que aún no habían puesto la mesa.

-Carlos, ya me apañaré sin sirvientas. Despedí a María, que por poco me da un patatús. La muy imbécil sacó a Xavi por la ventana.


Planta 5ª del piso de Consejo Ciento
A)-Puerta cerrada con cerradura atascada.
B)-Dormitorio con dos niños encerrados.
C)-Aseo receptor del 5º hijo traspasando ventanas.
5 )- Dormitorio de la Doméstica.

Por lo visto María por querer ayudar a Xavi, puso una silla en la bañera del aseo, se subió y sacando los brazos por la ventana le llamó para que se agarrara a ella. Así le introdujo con poca dificultad merced a sus pequeñas dimensiones corporales.  Y el niño, ya podía hacer pis en el W.C.

Cuando relató la imprudencia Tere, recordé que también a mis seis años de edad, algo semejante protagonicé en nuestro piso de Olot. La puerta se me cerró de golpe, con la llave puesta por dentro.
Mi padre me subió hasta la altura de la ventanilla del aseo que daba al rellano de la escalera y así, pude entrar y desde dentro abrir la puerta sin dificultad y recordar para siempre, no dejar la llave puesta en la cerradura. Pero allí no había una altura de cinco pisos.

Y ahora, me recuerda a Mike Jackson, mostrando a sus fans, a su hijo por la ventana. Su imprudencia, no merecía el alboroto que se armó. Hubiera sido justificado si su acción se hubiese asemejado a la de María. 

El beneficiario de tal accidente, fue el cuarto vástago, que a partir de aquél día se auto adjudicó el dormitorio de María, para él solito.

Por lo visto, estaba viviendo una época en que los problemas, no se veían venir. Simplemente, venían.

Hablé con Rodriguez comentándole el resultado del banco Central y mi próxima entrevista con el financiero de Cafirsa. Enterado de como discurrían los sucesos, se prestó acompañarme.
Y la añagaza que Rodriguez tendió al financiero de Cafirsa, tenía injundia.




Parejas perdurables  (continuación  69 a )

Por el camino, Rodriguez, seguía aleccionándome. Acudíamos a la cita de Caja de Financiaciones Reunidas S.A. Esta entidad, posteriormente se extinguió en 1999.

-Carlos, CAFIRSA S.A. es una entidad financiera Madrileña, que actúa por todo el ámbito Español. Últimamente, su ánimo expansivo la convertirá en la más importante. Para ello, no son sus métodos todo lo ortodoxos deseables.
Por lo visto aceptan riesgos superiores a los de sus competencias. Y por medios político-profesionales, logran incrementar deuda, transfiriendo operaciones a primeros bancos como el Vizcaya, o el Bilbao.

Al exponer el abogado de Cafirsa la solución que me brindaban para retirar la demanda, Rodriguez ya no me dejó responder.

-Entiendo que Uds. Tienen unas letras aceptadas en teoría por mi cliente. Esto tendrá que comprobarse, puesto que mi cliente, aquí presente, jamás tuvo contacto con Uds.

-Se trata de una operación librada por una constructora contra su cliente.

-Mi cliente, ya dio a conocer a los bancos que también le reclaman cantidades, la real situación. Ésta no cuadra con sus exigencias, así que si persisten, deberemos actuar contra su representada por supuesta estafa.
Habiendo desaparecido los Administradores de la constructora, sin cumplir su contrato, hace sospechar que Uds. o bien abrevian el trámite cebándose con mi cliente, caso de ser su firma auténtica, o de no serlo, abusar de su situación.
Tendrán que demostrar la vigencia del contrato, o el endoso a otras entidades. En tal caso quedará la evidencia que reclaman por duplicado. O que son cómplices de los Hnos. Doménech.

Tuvieron una breve discusión, en la que Rodriguez, tras exigir demostraciones del contrato de Cafirsa con los Hnos. Domenech, ante el Juzgado, salí de allí convencido que la situación sin llegar a entenderlo, la ganamos.

La realidad fue que desde aquel año 1974 hasta el 2002, tal asunto fue olvidado. Resurgió al recibir una Cédula de Notificación, del Juzgado de primera Instancia por el procedimiento de cancelación de cargas y gravámenes sobre el edificio San Juan de Malta.
Me concedían cinco días para interponer recurso de apelación contra la sentencia de anulación cargas.

Recordé que cuando adquirí el edificio, forzado por la estratagema del propietario, yo mismo me abstuve de cancelar la hipoteca de un millón de pesetas a la que anteriormente, en 1966 gravé como garantía del capital aportado.
Al ser yo el nuevo propietario, me pareció gasto inútil una nueva acta Notarial de cancelación, e inscribirla al Registro. La única persona que podía reclamar tal cantidad, era yo mismo. Huelga la deducción.

Sin embargo, por lo visto el año 1997, debía prescribir al no presentar demandas de ejecución.
Y en ello, también estaba incurso el actual Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, S.A., fusionados en 1988.

Consecuencia: Por olvidarme, perdí la oportunidad de sacar a subasta al edificio, para recuperar un millón de pesetas más costas. Cualquiera podría pensar que tal olvido se debía a mi abundancia, cuando yo pasé verdaderos apuros para mantener a la familia al máximo protegida, disimulando mi precariedad.

Por otro lado entendí que Cafirsa, en su día, prefirió pasar la patata caliente de las letras de Hnos Domenech al Banco Bilbao, antes que provocar el litigio que Rodriguez les insinuó.
 Y lo que más me intrigó fue el que se involucrara el Bco Bilbao, actual BBVA. Ahora entiendo, que Cafirsa, estando en periodo de Liquidación, se desprendería de todos sus activos, entre los cuales se hallaba su vínculo con el antiguo banco Bilbao.
Un año después de mi decisión de abandonar la lucha por las obras de Santa María, los Bancos afectados Bilbao, Vizcaya, Santander y Central y la financiera que no recuerdo, en una misma reunión con Rodriguez acudieron, para saldar el caso, pero no se presentó Cafirsa.
Vistas las posturas de ambas partes, Rodriguez, ofreció a los demandantes, un justiprecio de los Bungalowes y sortearlos a los actores como pago.

El Banco Central, y la financiera, se adjudicaron por compra los que les correspondieron, el Santander y el Vizcaya, los gravaron con sendas hipotecas, pero el más inteligente fue el Bilbao, que renunció a reclamación alguna.

-Rodriguez, ¿porqué dices que el jefe de la jurídica del Bilbao, ha sido el más inteligente?.

-Porque seguro que al ser gato viejo, conoce que es lo más barato que puede salirles.

-O sea que se dan por estafados en la proporción que les cupo y lo destinan a pérdidas y ganancias, sin más.

-Así es. Los demás aparte de lo estafado, ahora apechugarán con los gastos de legalización y más adelante los perjuicios de tener unas obras inacabadas, que se deteriorarán con el tiempo, si no, aún con más gastos municipales.

Tuvo razón de nuevo Rodríguez. Años después, los mismos bancos que me gravaron los Bungalowes, me ofertaban su recompra a bajo precio. Negándome, reiteradamente, el súmmum llegó en una oferta ultimátum del Santander. Me brindaba crédito para acabar yo mismo las obras, y no exigirme ni lo hipotecado, ni el crédito para la obra, hasta realizada la venta a clientes.

Hay que ver, cómo cambian las situaciones, siempre a favor del que tiene la sartén por el mango.
¿Porqué, algo así no me lo ofrecieron, cuando los visitaba anunciándoles la estafa de la que era víctima?.

Por aquellas fechas me desenvolvía por otros lares. Ya no me apetecía reemprender obras por Nova. Lo que intentaba era pulirme las fincas que quedaron sin vender.
Para postre el Ayuntamiento de Nova, promovió un P.E.R.I en Santa María. (Proyecto Especial de Reforma Interior). Al enterarme, no pude menos que regocijarme. Lo predicho por Rodriguez, se cumplió con énfasis, para escarnio de los letrados financieros.


Parejas perdurables  (continuación  70 )



Solo faltaba que el inquilino de nuestro anterior hogar, dejara de pagar el alquiler. Se lo reclamé a los tres meses oficialmente, dado que eludía reiteradamente el pago, bajo falsas promesas. Pero la resolución judicial llegó al cabo de otros seis meses. Además, con el simple pago de atrasos, evitó el desahucio, que era lo deseable para poder venderlo libre de cargas e inquilinos.



Tuve mala suerte con él. Y necesitaba vender para cumplir con los últimos requisitos de Santa María. Tampoco podía hallar comprador por el edificio de San Juan de Malta, por estar con inquilinos, a los que sumé el piso cedido provisionalmente a Carrión.


-Tere, mientras no cobremos la venta del Chalet Niu-Blau, tendremos que restringir más aún los gastos.

-¿Tan mal ves la situación?-

-Peor. Con el gravamen de Nova por el alcantarillado, los clientes de antigüedad superior al quinquenio, se alborotaron. Envié a Ramón a una reunión con ellos para explicarles que en definitiva aquél impuesto, al que nada tenía que ver cuando se les vendió el terreno, lo que ahora hacía era dignificar su propiedad. Se revalorizaba muy por encima del coste del alcantarillado.

-Y ¿cómo se lo tomaron?.

-Pues, lo que era de esperar. Los que verdaderamente hicieron un esfuerzo, en su día por ser propietarios, ponen en venta los solares.
Si no les alcanzaba sin gastos añadidos, construir su torre, ¿cómo van a lograrlo ahora con esta carga?.
Y ello hace que al menos durante cinco años, ya no podremos vender ningún solar, sin salir perdiendo.

Aquél año vendimos Niu-Blau, justo al inicio del verano. El comprador apuró al máximo su pago. Justo para aprovechar las vacaciones, sin gastos de hotel.
Esto ahora resultaba un hándicap para nosotros. Los niños pronto iniciarían las vacaciones. No interesaba que se traumatizaran viendo que su familia iba a menos económicamente.

Para disimular, utilicé parte del producto de la venta, para adquirir un chalet en Pierola. El lugar se estaba urbanizando y así como yo, el propietario, también promovía las primeras ventas con grandes facilidades y precios muy ajustados. Le adquirí un chalet al que le faltaban los últimos retoques para ser habitado. Me permitió adquirirlo en privado pagándole el ochenta por ciento de contado reservando el veinte restante para el día de elevarlo a público en un plazo máximo de dos años y a nombre de quien yo lo subrogara.

No tuvo inconveniente tal como supuse, puesto que en definitiva, mi presencia en su recién estrenada urbanización, dándole vida con una familia numerosa, resultaba buen reclamo y publicidad para progresar en las siguientes ventas.

Allí estuvimos dos años. Lo necesario para reemprender el camino de nuevos negocios.
Inimaginable resultó que años después, o sea actualmente, aquel pueblecito de Pierola se desarrollara más por la Paleontología que por la Urbanización.
Se han hallado y siguen descubriendo actualmente miles de restos fósiles que se supone abarcan más de un millón de años.

Cráneos de équido y de antílope
Instituto de Paleontología  M.Crusafont







Mientras, Carrión seguía buscando por anuncios, fincas rústicas, yo realizaba visitas para ofrecer solares de Santa María.
Le puse en conocimiento mis intenciones, ya que fue el único empleado que quedó de la deshecha organización de negocios.
Resultó pues, confidente, secretario, contable, vendedor, publi-relations y todo lo imaginable, hasta que no resurgiera de mi descalabro. Lo tenía en plena confianza, ya que dependía del todo de mí. Incluido el techo para su familia.

El verano sin Niu-Blau cerca de las playas de Cubera, era un trauma para Tere. Pierola, es montaña muy lejos de las playas Mediterráneas, que así como a mí me place, a ella le causa sensación de pesadez. Pero las construcciones en el litoral Catalán eran prohibitivas.

Convenimos que al menos durante un mes, alquilaríamos un apartamento en Palamós, donde disfrutaría ella y los niños de su ración de Mar anual.
Esto procurando siempre hallar algo económico, pues necesitaba de la misma manera que cuando éramos novios, ahorrar para nueva empresa.

Carrión sabía que necesitaba al menos vender un solar de Santa María cada dos meses para ir cubriendo gastos, pero que aún así esto no podía exceder de seis solares. Si seguía a este ritmo más de un año, peligraba el futuro por cuanto el precio de oferta era infravalorado. Debía buscar la vida por otro lugar y mantener lo que restara de la urbanización, al menos durante cinco años, en que se habrían estabilizado las condiciones generales. Ya no existirían desesperados para la reventa de sus propiedades y alcanzarían los solares, su verdadero valor, que sería de nuevo sustancioso.

Diez años después, me quedaban de la manzana de Jacinto, seis solares, cuyo valor superaba a lo que saqué de las doce vendidas con anterioridad. Y ello, también superaba con creces a las doscientas parcelas vendidas veinte años antes. Esto no era un bum artificial, pues los millones invertidos para convertir los primitivos algarrobos en solares edificados de torres con agua, electricidad y alcantarillado, además del abigarramiento de familias en zona urbana, tenían consistencia.

Todo lo contrario de Sofico. Desde 1962 hasta 1971 fue hinchando la bola con sus supuestas inversiones en apartamentos en Marbella y urbanizar más fincas, todo ficticio.
El año 1976, los cabezas de turco de la empresa fallida, fueron a la cárcel, pero a la sombra se encontraban entidades como  ministros, militares y altos cargos del Estado.

Los suegros, vendido el Niu-Blau, mostraron desinterés por seguir ocupando su apartamento Gemini. Ellos acudían por estar con nosotros y atender a sus nietos. Por ello, también se lo vendieron y estuvieron gratamente sorprendidos al ver que les pagaron el cincuenta por ciento más de lo que les costó.

Decididamente, de haber gastado dinero en alquiler, hubiera sido tirarlo. Esto es lo que alimentaba la moda de comprar viviendas.

Luego los niños ignorantes de los cambios en la economía familiar, siguieron en todo, su ritmo habitual, en el colegio, con sus amistades, asistiendo a excursiones y contentos con sus habitaciones en el nuevo hogar.

Para seguir disimulando nos preocupaba la llegada de la Navidad con los múltiples regalos costosos que acostumbraban a recibir, y que seguían los de los Reyes Magos. No estaba en condiciones dilapidar los pocos ahorros que conseguí para reemprender negocios.

Tere, dio la solución. A los tres mayores les proporcionaría múltiples regalos, apropiados a sus perentorias necesidades. Ropa, calzado, libros, útiles de aseo y poco más. A los peques, chucherías, cuadernos de dibujo, el parchís, y la Diana. El juguete que verdaderamente les encantó fue la peonza fotosónica, con música y los fogonazos que daba al final de su baile.

Por descontado, los abuelos y la cuñada además de los amigos que les nombramos padrinos, ayudaron y mucho. Total a nuestros, ojos habiendo más de treinta regalos en la sala de recepción de sus Majestades ocultas, creímos que aquello no se distinguía de los años anteriores.

Años después los niños ya formando sus hogares, nos confesaron, que no supieron distinguir el nivel de vida que les dimos antes, del de después de la pérdida de los negocios, pero algo raro notaron en aquellos regalos que veían perfectamente de bajo valor, por descontado, no eran juguetes. Los mayores creyeron que por su edad ya les apartábamos de estas celebraciones.



Parejas perdurables  (continuación  70 a)

Recibimos una nota de La Caixa de Pensiones, para que pasáramos a recoger la Libreta de ahorros que aquél año regalaban a los niños recién cumplido un año, como promoción por la Entidad y estímulo de los futuros clientes. La entregaban con un ingreso inicial de 25 pesetas. Los tutores podían disponer de ellas si no querían utilizar la libreta, a partir de tres meses.

Tal como se planteaba la cuestión, aunque la cantidad no era para lanzar cohetes al aire, al menos demostraba que tampoco era una miseria y sí que servía para fomentar el ahorro.

-Tere, ¿qué te parece si abrimos libretas a todos los niños, para que inicien su propia economía?.

-Sí, no es la primera vez que La Caixa hace este tipo de promoción y lo veo interesante. Y buena idea la de abrir una cuenta para cada uno.
Podrías poner cien pesetas de más a cada uno de menor a mayor. Con seiscientas veinticinco pesetas, J. C. se sentiría con el poder de un adolescente, que pronto será.

Así era, se consideraban mayoría de edad a los jóvenes a partir de dieciséis años. A partir de ésta, ya no precisaban la firma de los tutores.
Y esta, al parecer poco trascendente acción, les fue beneficiosa en el futuro, ya que se les inculcó la importancia del ahorro.

Años después cuando Xavi obtuvo su D.N.I. obligado, pudo disponer de su libreta sin necesidad de la firma de sus padres.
Fui a renovar los datos a La Caixa quedando yo simplemente como autorizado a la cuenta.
Este trámite se repitió con cada unos de ellos a su tiempo.

Un día en que quise hacerle un ingreso de cien pesetas más para cada uno de ellos, ví cómo el saldo de Xavi excedía bastante de lo que debía ser según mis cuentas.

-Oiga, ¿este saldo es correcto?.

El empleado, consultó los datos y los confirmó. Pensé que Tere sin consultarme, le habría hecho ella un ingreso. Cosa que al hablárnoslo resultó negativo.
Volví a La Caixa, con los datos que yo tenía y los contrasté con los de ellos. Total me actualizaron la libreta, con quinientas pesetas de más, a pesar de indicarles mi desconocimiento de tal ingreso y si podían averiguar que benefactor lo realizó.
Dos días después nos llamó el empleado de La Caixa por teléfono.

-Disculpen el error, pero le retraemos las quinientas pesetas por cuanto las incluímos en la cuenta de su hijo, cuyas señas por una gran coincidencia son idénticas al verdadero titular.

Mi quinto hijo, tenía nombre y dos apellidos idénticos al de la cuenta destinataria. Pero además, era de su misma edad, vecino del mismo barrio. Por ello eran clientes asimismo de la misma Agencia. Y su DNI sólo discrepaba de una unidad de la cifra de siete dígitos.

Sus padres, reclamaron a La Caixa al ver que su justificante no constaba en la libreta debida, con lo cual se dieron cuenta de esta colosal coincidencia.

Por lo visto, al presentarse mi hijo a la policía para confeccionar el DNI, debieron coincidir, en la cola, uno tras otro sin conocerse, él y su homónimo. Por ello su identificación, parecía la de un clon al que les distinguía el dígito final, por una unidad.

Y no fue esta la última vez que protagonicé despistes bancarios a mi favor, sin aprovecharme, ya que tenía claro que los errores los pagarían los empleados. Pensé en uno de mis hijos que lo era de otra Entidad, y las consecuencias laborales que le podían reportar.

Sin embargo por aquellas fechas salió a la prensa el caso de un jugador de apuestas Americano, en USA, que estuvo a punto de desaparecer de su radio de acción, al quedar deudor por fallidas operaciones. 
Imposible atender a sus acreedores. Optó, para sacar los pocos fondos que le quedaban en su cuenta corriente bancaria, y salir del País de inmediato, procurando discreción borrando huellas.

Pidió el saldo, para no exceder en la cantidad a retirar y levantar sospechas.
La cifra que le anunciaron incomprensiblemente, cubría con exceso sus deudas, por lo que no había necesidad de poner en práctica su plan de huida. 

Temió que se advirtiera el error, y repitió la solicitud por escrito.
Una vez confirmada, emitió los diversos talones para sus acreedores, extrayendo una suma en metálico, dejando un saldo simbólico sin finiquitar la cuenta.

Casi un mes después, fue requerido por el banco, ya que se percataron del error. No les atendió. Le llevaron a juicio, reclamándole como estafa. 
Su defensa le resultó fácil. Indicó que ya no disponía de tal cantidad, y que ignoraba los ingresos que recibía por parte de clientes, con lo cual no le era factible en determinado momento conocer el estado de sus cuentas. Al ser ellas normalmente de volumen considerable, a una más de aquella cantidad, no le dio importancia.

Ni siquiera se avino en pagar una cantidad aplazada para su restitución. No sólo eso, sino que demandó al banco para que le resarciera de los gastos de defensa que tuvo que abonar a su abogado.

Para casos chuscos, aquél año un Obispo Católico Vietnamita, Martín Gho Dhin, sobornado por los cofrades de El Palmar de Troya, celebró una misa en la que nombró Obispos a cuantos se le presentaron. Una vez nombrados ya no había fuerza de ninguna legalidad que les pudiera retraer. La institución es de carácter divino.
Y al fundador de la cismática Iglesia del Palmar, le bastaron cuatro años de Obispado, para ser nombrado por Dios, como Papa Clemente. Obviamente, autoproclamado y seguido por la comitiva de Obispos que constituían su Iglesia.

Avanzado el año 1974, los bancos tenían registradas sus propiedades o hipotecas de los Bungalowes de Santa María. Así, ya me desentendí por completo de este affaire, pero llevaba demasiados meses sin vislumbrar nuevas fuentes de ingresos.
Las pocas parcelas que vendía Carrión, se esfumaba por los gastos familiares y el de sus emolumentos. Era alarmante. Yo ya había inspeccionado media docena de fincas rústicas en un radio de cincuenta quilómetros de Barcelona, considerándolas con posibilidades para reemprender la labor colonizadora.

Elegí a tres como las más apropiadas y para decidirme me permití salir de excursión con Tere y niños tres fines de semana.
Nos llevamos bocadillos, fiambres, fruta y bebida y pasamos tres sábados de picknic. A Tere no le seducía ninguna, pues solo veía tal como eran y lo que le ofrecían eran incomodidades.

No tenían acceso rodado, no habían fuentes ni lagunas donde recrearse. No había ningún kiosco con sombrajos. Tampoco vecinos a los que acudir de ser necesario. Y ninguna farola que iluminara las sendas. Era inútil explicarle que todo el artificio, era lo que había que proyectar. Una finca rústica, no es una urbana. De eso tenía que encargarme yo. Total que no me sirvió mucho para elegir. Lo que sí me sirvió, fue el conocer el precio de venta y condiciones para urbanizarlas.
Por la que me pareció ser la mejor de todas, pidieron una cantidad desorbitada.

Con lo poco que me quedaba disponible de las últimas ventas de solares y del Chalet Niu-Blau, no era suficiente. Y el edificio de San Juan de Malta, seguía sin pretendiente.
La segunda elegida, al consultar sus datos en el Ayuntamiento, tampoco resultó atractiva, ya que el Alcalde pedía que para su recalificación, necesitaba publicar un Edicto para que se presentaran posibles propietarios afectados y a tenor del resultado realizar el proyecto cuya aprobación, se dilataría al menos dos años. No podía permitirme estar ocioso tanto tiempo, en el cual mi descapitalización, preví absoluta.

Luego opté por la tercera que como si del anverso de Santa María se tratara, me atendió el Alcalde con los brazos abiertos, asegurando que tendría todos los beneficios legales a mi favor. Era bienvenido y deseaba que triunfara en su Municipio, para que no se despoblara. Les estaba ocurriendo igual que en todos los pequeños municipios que se estaban abandonando por la juventud, para 
instalarse en las Ciudades.

Su entusiasmo me hizo mella. Ya no le hice ver con vehemencia que las dificultades en urbanizar, no consistían únicamente con la venia municipal, sino de dependían de las normativas estatales, concretamente con Urbanismo y las influencias políticas.
Siguió con su inmutable entusiasmo, ya que según él disponían de un Diputado que les lograba todo aquello que pedía.
Confieso que mis dudas eran fuertes, pero mi necesidad de actuación, las superó. 



Parejas perdurables  (continuación  71)

Aquella finca, me robó el corazón. Un antiguo propietario, realizó una tala de pinos hacía cuarenta años. Por lo visto debido a la guerra civil, del 1936-1939, quedó abandonada de masoveros.

El penúltimo propietario desde inicios del siglo XX, persona huraña, abandonando a su familia de Barcelona, a sus sesenta años de edad, ocupó una de las casas al pié del antiguo castillo de defensa de los sarracenos que se elevaba sobre un pequeño otero.

La única compañía que tuvo, hasta el día de su fallecimiento, fue la de un descendiente de los masoveros del siglo XIX.
Eso lo supe, por una inscripción en una de las casas en ruinas, en la que mostraba su inquina por las penurias pasadas allí.

Que us donguin pél cul Tarter
Avans cuan estava aquí,
No podía veure vi.
Ara en tinc vint votes al celler
I us o diu un masover”

“Que os den …Tarter
Antes viví aquí,
No pude beber vino´
Ahora poseo veinte botas en la bodega
Os lo dice un masovero”

La cuestión era que se trataba de una finca de 50 Has., de bosque frondoso y pequeñas partes  que denotaban haberse cultivado antaño. Una jungla me pareció, de espesura tal, que el sotobosque la hacía impenetrable.

El abandono daba fe al temor del Alcalde. Aquellos parajes se degradaban a los ojos de sus vecinos, en tanto que dominaba la Naturaleza virgen.
El que fue Castillo de defensa, junto a la Ermita destinada a la advocación de San Blas, restaba prácticamente asolado. De él quedaba en pié una pared en cuya parte alta una sola ventana aún permitía vislumbrar su antiguo esplendor. La formaban tres columnas de piedra labrada sustentando dos  arcos  de medio punto.

Con la Ermita, la barbarie se enseñoreó. Su interior destrozado, lo cubría una bóveda que amenazaba derrumbe. Y además sin puerta, seguramente consecuencia del pillaje. Y una espadaña en su cara frontal, demostraba haber soportado la campana para llamada a los fieles. Lógico que alguien en su día, seguramente por los tiempos de la guerra, se la llevó.

La carretera, serpenteante, la atravesaba en una longitud de dos kilómetros. Buena para facilitar acceso rodado por toda ella, pero no tan bueno para optimizar el rendimiento urbanizable.  Había que prescindir de la franja de veinte metros a ambos lados de la carretera, ya que el dominio de Obras Públicas, impedía construcciones de ningún tipo, ni abrir más accesos a partir de ella, de los que como finca rústica tenía ya abiertos de antaño.
Con esto se reducía la superficie útil urbanizable a 42 Ha. Pero es más.

De éstas, seis eran barranco no utilizable tampoco y otras once, por corresponder a la zona límite ribereña, ya que la Confederación Hidrográfica, prohibía alteraciones de todo tipo en una franja de cien metros.
El proyecto se limitaría pues a veinticinco Has. Útiles para una urbanización con doscientas parcelas.

Un torrente afluía sus aguas al río, creando un remanso a doscientos metros de su desembocadura. Lo ví ideal para formar un azud contenedor del agua a subir al bosque.
Lo abrupto de terreno lejos de causarme desazón, me seducía, recordando a semejantes parajes suizos.

Contacté con el Alcalde para darle a conocer mi proyecto. Nada, ningún inconveniente. Tendría que abrir calles para crear los solares y para ello, inevitablemente eliminaría varios cientos de pinos. Entusiasmado, me propuso que contratara a algunos de los vecinos de las masías que estarían contentos con ganarse unos jornales con la limpieza del sotobosque.

Una vez planifiqué el trazado, mandé a tres de ellos que realizaran la limpieza prevista por mí y que con esfuerzo, no podía enseñarles más de una veintena de metros, ya que ni el taquímetro ni la cinta métrica servía con aquella maraña vegetal obstaculizando el paso e incluso la vista. Ellos armados de hachas y azadones, realizaban una agotadora labor.
Así, el resultado era muy lento. Preferí ayudarme de una retroexcavadora. 

La máquina mientras los peones limpiaban algo lo previsto por el trazado, avanzaba a buen ritmo, pero se paraba a la espera del avance de los peones para proseguir.

Aquello, no funcionaba según mis previsiones. No podía pasar meses en limpieza del bosque. Había que hacerlo en semanas.
Así, sacrifiqué precisión en el trazado planificado, por aproximación, a ojo de buen cubero del tractorista. Le pedí que realizara por su cuenta la apertura de calles con un ancho de tres metros inicialmente. Posteriormente, pudiendo recorrer el camino, ya replantearía las calles con los ocho metros de ancho rectificando las desviaciones iniciales que hubiera causado el tractorista.
Parecía un acierto y durante dos días me congratulé de ello, puesto que obtuve un acceso abierto con los ocho metros de ancho de casi cien metros. Sin embargo, al tercer día, vino a consultarme el tractorista por dónde debía seguir, ya que mi trazado, le llevó a una guarida de jabalíes.


                                                                  Jabalí, macho y jabatos.

Fui a verlo y quedó manifiesto que un hoyo de unos seis metros de radio, permaneció invisible por la maleza. Aquello fue aprovehado como madriguera. Supe contando las yacijas formadas por los miembros de una familia de jabalíes, que se trataba de una pareja adulta y cinco jabatos.

Claramente estaba desalojándolos de su hábitat al igual que los bancos desahuciaban a los inquilinos de sus viviendas por falta de pago  de alquileres.

Carrión, que me acompañaba, me disipó dudas al respecto de lo que había que hacer. Él, era entusiasta cazador de joven y conocía los hábitos de estos animales.

-Don Carlos, no tiene que preocuparse. Los jabalíes buscan siempre lugares donde ocultarse. Cuando se les molesta, por invadir su territorio, invariablemente lo abandonan para establecerse en otra guarida. En este caso, disponen de cientos de hectáreas por inmediaciones donde elegir. No tienen problema. En todo caso lo será con los años, al convertirse esta zona forestal en urbanización con doscientas familias en sus chalets.

No le dí pues, mayor importancia, e invité al tractorista a seguir con su labor. Más aún, le propuse un plus de su jornal, si me acababa aquél tramo de calle hasta las inmediaciones de la zona ribereña.

No esperé consecuencias tan nefastas, por aceptar mi oferta.




Parejas perdurables  (continuación  71 a )

-¿Ud., encargó ayer a mi tractorista que abriera camino en el bosque hasta el río?.

-Me temo que sí.

-Pues sepa que ya no trabajaremos más por Ud. Lo que hizo fue provocarle un suicidio.

No entendí nada hasta que explicó muy enfadado como su empleado, se quedó con la retro balanceando al borde de un cortado de cinco metros altura, sin poder moverse bajo el peligro de precipitarse con tal salto.

Como la luz solar ya menguaba al atardecer, se le hizo más indistinguible la espesura que tenía por delante. El sotobosque seguía como desde el inicio, mezclándose la maleza, con arbustos, pimpollos y pinos crecidos.

No se enteró que lo que tenía delante no eran pinos a su nivel, sino las copas de altos pinos, crecidos desde el pie del cortado. La cuchara al intentar arrancarlos, se encontró sin apoyo de las ruedas delanteras. Un movimiento más y al faltar suelo firme, habría realizado una caída fatal.

El conductor, con mucho miedo consiguió apearse abandonando la máquina en equilibrio inestable. Sólo en un bosque al anochecer sin nadie que pudiera ayudarle, a pié fue al poblado de Tarter y por teléfono recurrió a su jefe.

De inmediato el patrón le fue a buscar con otra excavadora con la cual se pasó toda la noche aportando tierras al pie del cortado hasta formar una rampa de tres metros de altura en una pendiente del catorce por ciento. Luego, él mismo para no arriesgar a su empleado, se subió a la retro y desanclando la pala, cayó desde dos metros de altura sobre la muelle tierra aportada.

Tuvo suerte y nadie salió lastimado y malhumorado, con rabia adquirida por el suceso, me lo echó en cara y no quiso saber nada más de mí. Ni siquiera me pasó factura por las horas empleadas.
Quizá por temor a descubrirse que operaba sin ninguna clase de seguro. Y lo que a mí me parecía dar una oportunidad a un trabajador por ganarse un plus de su jornal, vi como se había convertido en una imprudencia temeraria, impensable antes del suceso.

Pocos días después buscando otro tractorista, conocí a Jaime, el capataz de ICONA.
Era un hombre de unos cincuenta años de edad, que según contó, llevaba cuarenta años al servicio de esta entidad, que desde 1971 así se denominaba,Instituto Conservación de la Naturaleza, pero que cuando el inició su labor, se llamaba IFIE, Instituto Forestal de Investigaciones y Experiencias, que a su vez, se había denominado INIA, Instituto Nacional Investigaciones Agrarias.

El caso era que bajo las siglas que fueran él en estos años pasó de simple mozo a ayudante de Ingeniero, hasta culminar con su grado de capataz.
Y así fue como se convirtió en la mano derecha de los Ingenieros que por allí aparecían en cortos periodos para dirigir las actuaciones en la finca adyacente a la de Tarter, al otro lado del río, abarcando cuatrocientas hectáreas.

Explicaba que al incorporase como empleado hacía casi cuarenta años, el paraje era desolador pero una labor meticulosa, fue convirtiendo montes yermos, en plantaciones de diversas especies incluso una zona reservada cerca del río se destinó a factoría piscícola.
Y  se sentía ufano de haber vivido tal transformación, que era reclamo para muchos hacendados dedicados a las plantaciones en sus fincas. Al ser una entidad Nacional, los planteles que suministraban, prácticamente se entregaban por el precio del transporte. Era de interés fomentar la repoblación forestal.

-Sr. No pude menos que observar la tala de arbolado que está realizando. Le pido que cese, ya que estoy obligado a denunciarlo.

Se le veía contrariado por tener que darme esta noticia, dado su porte bonachón natural. Sin embargo me explicó que realizara una instancia a ICONA, exponiendo la tala que proponía realizar, y que por una módica cantidad, serían los técnicos forestales quienes señalarían los pinos autorizados, con lo cual ya no tendría problema para seguir abriendo calles.




Efectivamente recibí una respuesta de ICONA con la multa de quince mil pesetas por lo realizado sin consultar, e instrucciones para presentar mis solicitud, incluso direcciones de madereros que podían estar interesados en la adquisición de los cinco mil árboles que permitían talar para clareo del bosque tan tupido.

Lo que al principio me molestó, por ver como aparecían nuevos problemas al margen de la ayuda cacareada del Alcalde, fue resultando bienvenido, por cuanto trabé amistad con Jaime, que a diario pasaba por allí dirigiéndose a su trabajo. Y lo inesperado fue que me ayudaron los de ICONA a la limpieza del sotobosque y por la madera de la tala, percibí cien mil pesetas.

Lo que ocurrió cuatro años después fue espantoso. Un incendio quemó las cuatrocientas hectáreas de ICONA, poniendo en peligro la vegetación de las fincas colindantes. La de Tarter disponía de un cortafuegos natural que era el río, pero los pimpollos esta barrera la saltan volando al explotar por los gases naturales de las piñas. Y ocurre incluso a distancias superiores a los cien metros.
Como por aquellas fechas ya estaba el Tarter con los primeros colonos veraniegos, se montó durante la noche un retén vigilante por si sucedía tal posibilidad y poder atajar de inmediato la propagación por la urbanización. Hubo suerte para nosotros, pero para Jaime fue desolador.

La última vez que le vi, llorando, comentó que se sentía un inútil. Durante sus años laborables desde su juventud hasta ahora que en un mes se jubilaba, había convertido unas montañas desoladas, en un bosque, con plantaciones de diversas especies y labrado zonas de la finca en las que se estudiaban las especies que mejor se adaptaran al clima mediterráneo, así como una floreciente factoría piscícola.
Todo ello se fue al traste, su labor no sirvió de nada, de nuevo cuatrocientas hectáreas yermas. 
Le compadecí, por la verdad de su sentimiento que intuía.

-No piense Ud. en el estado en que queda donde trabajó toda su vida. Piense en el bien proporcionado mientras estaba Ud. activo.
Los estudios que se realizaron, quedan. Los suministros para plantaciones forestales durante todos estos años dieron satisfacción a muchas personas, incluso puede estar seguro que la vegetación creada por cantidad de fincas catalanas, nacieron de sus planteles. 
Y algún sucesor reemprenderá la labor que Ud. realizó, convirtiendo de nuevo la finca en lo que deseaba. Es posible que dentro de otros treinta años, así será.

Puede que mi condolencia le mitigara algo su desánimo, pero comprendí que aquel percance, a su edad, acabaría envejeciéndole prematuramente.


Parejas perdurables  (continuación  72)

Un lector casual de esta narrativa, tuvo la amabilidad de enviarme un enlace en el que colegas suyos, recopilaron 305 fotos relativas a Minas de Potasa de Suria.
Las contemplé, y como es de suponer evocaron los recuerdos más íntimos de los vividos allí en mi juventud.
Antes de proseguir hoy, después de emocionarme con los recuerdos, selecciono de entre ellos a uno, provocado por la vista de la foto adjunta.
(Gráfico eliminado)


Se trata de la nave de calderería. En ella se ve el puente grúa, que deslizaba en toda su longitud, trasladando máquinas y piezas de tonelaje elevado. La posición en que se distingue el puente, sobre el tercer apoyo de las vigas guía, solía destinarse para tratar las piezas a reparar. Era la zona permanente de actuación. Allí se trasladaban mediante accionamiento manual con cadenas por un solo operario. Luego pasaban horas, o días para realizar los trabajos de reparación accionando el polipasto con motor eléctrico.

La grúa, deslizaba en sus cuarenta metros de longitud de la nave, con extrema suavidad. El operario, casi sin esfuerzo tiraba de las cadenas con una sola mano.
Las guías, formadas por perfiles de acero laminados doble T de 20 PN (altura de veinte cm. Con aletas de 10 cm), se soportaban con los apoyos empotrados en las paredes.

Cuando el operario se acercaba a unos cinco metros del punto usual de trabajo, notaba un encasquillamiento de las cadenas, luego una tendencia a aligerarse y seguidamente, una resitencia al avance que ni con dos manos podía vencer. Cuando las piezas eran excepcionales, tenían que intervenir dos operarios a cuatro manos.

Este raro comportamiento de la grúa, llevaban más de un año acusándolo, pero finalmente, se hacía excesivamente gravoso.
Engrasaron los engranajes, revisaron los cojinetes, limpiaron las cadenas y realizaron un montón de inspecciones visuales, sin comprender el raro efecto.

Como yo permanecía inactivo, una vez el Belga, dejó montada la nueva máquina y regresó a la sede de Solvay, a falta mejor ocupación, asistí con el jefe de los caldereros, a la comprobación de esta rareza del puente grúa.

Igual que ellos, me asombré. Lo normal sería que las ruedas deslizaran por un igual, los cuarenta metros de longitud de la nave.
Luego el defecto debía hallarse en un ahondamiento en el lugar de trabajo.

Me resistí darles mi opinión, pues era inimaginable el desgaste local de las vigas de hierro. Menos aún su deformación. Pero no pudiendo darles un diagnóstico plausible, me callé y dije que pensaría en ello.

Lo que hice fue aprovechando mi poca autoridad, por Vicejefe de talleres, pasé una orden al topógrafo. Debía comprobar la nivelación de las guías de ambos lados de las paredes de calderería.

Casi olvidé la cuestión al no recibir resultado rápido. El topógrafo, se dedicaba a otros menesteres más importantes como acudir a las galerías de extracción, o replantear nuevas construcciones.
Al recibir una semana después del topógrafo, el plano con el perfil de las guías, comprendí la razón evidente. La zona mayor utilizada, con los años había descendido dos centímetros. No por culpa de las vigas, sino por sus apoyos empotrados en la pared.

Dí orden de disponer unos pies derechos en los extremos de las guías para asentarlas a ellos.
Luego que cortaran los tres apoyos finales. Así se liberaba la guía pudiendo nivelarla. Los apoyos, se resanaron en las paredes y a continuación unas soldaduras con pletinas, restablecerían la altura de los dos centímetros faltantes a las guías. Casi se rieron en mi cara.

Sentí que si aquél remiendo que ordené, no funcionaba, sería el hazmereir de los mineros. Por suerte, funcionó y ya me miraron con otros ojos los operarios veteranos que veían en mí, a un imberbe (aunque me afeitara) ingeniero de pacotilla.

Pues al ver esta foto, reviví la vergüenza que tuve al pensar en la posibilidad de errar el diagnóstico y su reparación.
Me ilusionó recibir este enlace con las fotos de Suria, que formarán parte de todos mis recuerdos. Se lo agradecí al autor, que no nombro, por si no fuese de su agrado su aparición en pública edición.

Según dijo, su padre formó parte de la plantilla de Minas, y también supongo, que aun y siendo coetáneos, bien pudiera fallar la coincidencia en mi breve permanencia., donde laboraban 450 personas.

Fotos de Minas de Suria.
https://picasaweb.google.com/104947011100849392243/Suria



Parejas perdurables  (continuación  72 a)

 -Papá. ¡ El yate que alcanzaste nadando arde !

Estaba adormilado tendido prono, en la arena de la playa de Palamós.
Secándome al implacable Sol del mediodía, me reponía del sprint de regreso desde la línea de fondeo de las embarcaciones de recreo.

No había por aquél entonces en Palamós, puerto deportivo. A partir de los cien metros de la playa, los propietarios de naves de corta eslora, los anclaban a esta distancia para no incordiar a los bañistas.

No solo mi hijo me ponía sobre aviso, ya resultaba un espectáculo para todos los bañistas, quienes emitían gritos de asombro y peligro.

El asombro lo era por no entender la causa de aquel incendio espontáneo. Y el peligro, por amenazar pasar el fuego a los yates de sus inmediaciones también allí anclados.
Con prontitud, varios espectadores, alcanzaron las naves inmediatas, para proceder a su alejamiento. La que inició con unas pequeñas llamas, ya era pasto total del fuego chisporroteante por la fusión de las resinas con la fibra de vidrio.

Pensando en el motivo, sugerí que alguien podía haber provocado el incendio. En todo caso, lo provocaría con un mando a distancia, pues allí ni cuando yo estuve descansando a su vera, ni después, nadie se acercó, hasta declararse la ignición.
Lo más probable, sería un descuido del propietario teniendo cristales o vidrios rotos en cubierta, que concentraran los rayos solares por su caída vertical del mediodía.
Jamás vi otro incendio espontáneo, pero al menos conocí que tal hecho no era raro.
Lo previenen en Náutica.
Incendio 
Un incendio a bordo es uno de los mayores peligros que puede amenazar la vida de una embarcación. Si no es dominado rápidamente o no es localizado a tiempo, pone en serio riesgo a la tripulación e inclusive a la misma nave.
Los barcos de crucero incluyen numerosos materiales inflamables, empezando por el propio casco, que construido en resinas de poliéster resulta combustible cuando alcanza una cierta temperatura. A ello se añaden los riesgos del combustible almacenado, los muebles de madera, las telas y los revestimientos sintéticos, aunque algunos de ellos estén ignifugados. Cualquier llama descontrolada producida en el motor, la cocina o el cuadro eléctrico, puede rápidamente prender el resto de la embarcación, que se convertirá en un horno en pocos minutos.

Para los niños y todo el personal expectante, fue una curiosa  diversión, en tanto que imagino la tragedia que le representaría al propietario, cuando se enterara.
No quedó nada de la cubierta y no fue posible apagar el fuego antes por falta de medios motrices de bombeo, pues agua, no faltaba.

Con esta aventura, a Tere le entró miedo adentrarse unos pocos metros en el mar, en cambio a los niños, les entraban ganas locas de aprender a nadar para llegar a las embarcaciones y jugar incluso subir a las que lo hacían factible desde el agua.

Afortunadamente, desde la venta del Niu-Blau, con su piscina, ya sabían nadar los cuatro mayores, máxime al cuarto que se inició, con la travesía de nuestra piscina, sin respirar.

Ahora, pasábamos dos meses en Pierola, disfrutando de la nueva torre, ajardinando el terreno de mil metros cuadrados. Y el tercer mes de verano, en un apartamento de alquiler en la Costa Brava.

Parecía pues a los ojos de nuestra prole, que se trataba de simples mudanzas y conocer otros lugares de ocio. No podían imaginar que era por necesidad el cambio realizado.
Tres años seguidos acudimos a Palamós. Los dos primeros solos Tere, yo y los niños pero el tercero, nos acompañó mi suegra, por haber enviudado.

El Chalet de Pierola, una vez habilitado, acogió a toda la familia los fines de semana. Los suegros, habían vendido su Apartamento Gemini, al no serles apetecible pasar el tiempo allí solos.
Dos años disfrutamos en Pierola, hasta la compra de Tarter. Tuve que echar mano a todos los ahorros, por las ventas de Cubera, y de la torre de Pierola. Seguía pues descapitalizado aun que ahora casi se podía decir que era un terrateniente. No solo eso: podían llamarme Castillano, señor del Castillo de Tarter.
En serio, era una desgracia. Cincuenta hectáreas de terreno bosque, no daban para ser un terrateniente y las paredes de un antiguo castillo derruído, menos aún para ser un Sr. de la nobleza Castillana.
El problema seguía siendo captar dinero para realizar las obras proyectadas en la nueva finca.

Carrión, seguía con su labor de vendedor de parcelas, con las que subsistir hasta disponer la habitabilidad de Tarter.
Y al vender la torre de Pierola, atendiendo al acertado contrato que requerí de su propietario urbanizador, salí doblemente beneficiado por obtener mejor precio en la venta de lo que me costó, aún sin haber terminado de pagar, y hacerlo sin costo alguno de legalización.

El comprador, también estuvo satisfecho, dado que la torre la adquiría acabada con todos sus detalles interiores y ofrecía por su exterior un bello jardín que cambió el aspecto desolador de cuando la adquirí dos años antes.

Desde Pierola, para el trabajo, me dirigía a Tarter sólo. Quedaba la familia entera incluídos los suegros y cuñada, en su disfrute por ocio alternado con la necesaria labor de decoración y jardinería.

Tuve la oportunidad al haber remozado dos casas de Tarter semiderruidas, de recorrer la finca con toda la familia, antes de que mi suegro enfermara gravemente. Pocos meses después falleció.



Parejas perdurables  (continuación  73)

Contraté con otra empresa lugareña, una retro de mayor potencia. Me la proporcionó Mullier, como Gerente de una constructora y suministradora de materiales. Congeniamos de inmediato. Iba a contarle el suceso aciago del anterior tractor. No hizo falta. Lo conocía. En definitiva en las poblaciones se conoce todo el mundo y cualquier suceso fuera de lo normal, en pocas horas es de dominio público.

Al ser la población importante más cercana del Tarter, me convertí en su cliente asiduo por alquilarle maquinaria, adquirir materiales de construcción, e incluso en muchas ocasiones, me facilitó personal suyo para las obras.

Fueron veinte años los que dediqué mi atención a Tarter, transformando su bosque frondoso, en una urbanización con ciento cincuenta viviendas construidas, restando otro centenar de solares para seguir ocupándolos. 
Al ser Mullier de mi misma edad, coincidimos en nuestra jubilación. Él sigue allí, retirado, en tanto que yo, ya llevo quince años ausente, sin haber vuelto a pisar la campiña de Tarter.
 Nos felicitamos por las Navidades, como buenos amigos que somos.

Otro amigo, que ha incrementado la cifra de conocidas parejas perdurables. Actualmente, también él y su mujer rebasaron los cincuenta años de matrimonio, viviendo en armonía con sus hijos, el mayor de los cuales es ahora el Gerente de la empresa, que había iniciado su abuelo. 
Curioso lo de las trasferencias generacionales. Son muchas las familias que siguen el negocio de sus ancestros.

Para no ser menos, recuerdo como mi padre comentaba que su abuelo, su padre y él se dedicaron a barberos, peluqueros pero ya de ninguna manera quería que heredara el oficio. Eso lo logró, pero el deseo de mi madre de que fuera Doctor, como llamaban a los médicos, lo traspasé a mi primogénito. 
A mí, desde el bachillerato el estudio del cuerpo humano, me convertía en hipocondríaco.
Todo lo que podía acaecer por desórdenes orgánicos, los asumía. Ver la sangre brotar, me producía estertores. Hablar de la trepanación, escalofríos. La simple observación de un mutilado, me aterraba.

Pero bueno, me estoy desviando de lo sucedido al estreno de la retro. Acompañé a Benito, el conductor, hasta el pié de las paredes del castillo. Le mostré como una enorme roca impedía el paso para un coche, permitiendo seguir solo una senda.
Mi intención era poder llegar hasta allí arriba, con los vehículos de todo tipo, comenzando por la camioneta de suministro de materiales. Procedería a nivelar una superficie de doce metros de radio, con lo que se podría maniobrando, dar la vuelta una vez retirados los materiales subidos, bajar por el camino de dos metros que lo ampliaría a tres y medio.

Entendida la labor encomendada, me olvidé hasta verle bajar con la retro a su máxima velocidad, llamando la atención, para que le siguiera carretera abajo.
Extrañado, subí a mi mercedes, el inembargable profetizado, que ningún banco se atrevió a permutarlo por los Bungalowes, y aparqué a pocos metros de él.
Se detuvo en un tramo de carretera, de cota cien metros por debajo de la vertical del Castillo.
Observé con horror como la mole que le propuse recortara, o apartara del camino del otero, se hallaba ahora en mitad de la carretera, obstaculizándola por completo.

Razón clara de que aquella mole, se hallaba suelta y en equilibrio inestable al borde del precipicio. La fuerte pendiente habida entre el Castillo y nosotros, hizo que rodando a gran velocidad, no parara hasta hallar el llano de la carretera.
Los Santos seguro se apiadaron de mí, consiguiendo que la escasa circulación por estos pagos, aquél día fuera nula.
El desastre hubiera sido coincidir con el paso de algún vehículo. Por otro lado, pasaría por allí el celador y no sabría que explicarle.

No tuvo que dar detalles Benito, que con pericia, fue apartando la roca, hasta alcanzar el borde cara al río, con lo que un último empujón, la hizo rodar esta vez sin peligro ya que su destino fue la vera del río. Dejó la huella de su paso, machacando arbustos, lo mismo que se delataba el curso seguido desde el Castillo.
La carretera quedó magullada y temí que de nuevo tuviera problemas, esta vez, con Obras Públicas.

Como pudo, Benito, restableció las irregularidades del firme y fue a buscar material bituminoso para dejar lo máximo pulida la carretera y con un pase final de arena, quedó bastante disimulado. Si alguien no  iba predispuesto a indagar, podía pasarle desapercibido el accidente.
Los ojos del celador por la tarde lo descubrieron, pero vista la buena labor realizada, al dirigirme la palabra lo hizo con conmiseración.

-Ya que Ud. va a realizar obras, le recuerdo que los márgenes de la carretera hasta veinte metros, son de dominio de O.P.
Y el deterioro de la calzada puede ser punible. Ya veo que esta vez fue algo fortuito, pero para otras ocasiones, apuntale antes, o haga una zanja para que el material caído, no alcance el vial.

A semejanza de mi encuentro con Jaime de ICONA, Arcadio, resultó con el tiempo, otro amigo con quien conversar al pasar por Tarter cumpliendo su servicio. Contó como antes de mi llegada, se pasaban días sin circulación por estos parajes. Pero que ahora, los vecinos por curiosidad, los trabajadores para su cometido y los suministros de materiales continuados para mis obras, aquella carretera, dejaba de ser fantasmal. Necesitaría acondicionarse ante la nueva perspectiva. Él mismo encargaría rótulos apropiados a O.P.

Luego supe que el Alcalde le había predispuesto, ya que el Tarter parecía convertirse en la esperanza de los lugareños.
De nuevo tuve que bregar con Benito, que el mal sabor de lo ocurrido, le predisponía a abandonar el trabajo. Me desatendió una semana, hasta que por fin Mullier, le convenció que aquél suceso fue algo excepcional y que en definitiva ya había asistido a obras muy peligrosas que con su pericia dominaba.

Pasado el susto, me arregló el acceso al Castillo facilitando el paso de los vehículos de la constructora, incluído mi mercedes y acabó de demoler las piedras que amenazaban caída imprevista, evitando futuros percances.

Me preparó una plataforma en lo más alto, en lo que restaba de piso bajo la ventana única en aqella alta pared, formando ángulo con otra que llegaba solo al piso. Allí coloqué un depósito de uralita de 1,80 m diámetro por dos de altura. Formó parte de la instalación de agua para las casas a rehabilitar.

Y pensando en los niños, pedí a Mullier, me proporcionara otro conductor con una apisonadora vibro.
La retro, habilitó una explanada lindante a la carretera, con las dimensiones de un campo de fútbol, La vibro, la compactó y alisó. Luego aportando veinte camiones de arena, las esparcieron y volvieron a apisonar.
Quedó un espacio perfecto, a prueba de barrizales, ya que de no tomar la precaución de la arena, se habría convertido con la lluvia en un terreno fangoso y una vez seco en un foco productor de polvo.
Lo malo era que cada año, había que proceder con otra capa de arena, pues su densidad hacía que con las lluvias, fuera filtrándose dejando una superficie con la tierra original.

Cuando lo vieron los niños se entusiasmaron, tanto que les proporcioné unos maderos para portería y cal, para señalar las líneas del campo de fútbol.
Fue el motivo que abrió ante sus ojos, un nuevo modo de esparcimiento. Y además aquél campo, tres años después, cuando ya tuve un par de casas antiguas rehabilitadas y media docena de torres de planta baja, escondidas entre la maleza boscosa, Tere lo utilizó para prácticas con el Renault amarillo.

Se lo regalé para su uso exclusivo. Un cobertizo, sirvió de garaje, incorporándole una puerta corredera. El coche se quedaba siempre en la urbanización. Las mujeres de las torres, la lisonjeaban y se granjeaban el favor de ser pasajeras del coche de la única mujer allí disfrutaba de uno propio. Les resultaba divertido realizar las compras de mercado en la cercana población, con taxi gratis.

Claro los peques al fin lograron que mamá, les permitiera hacer prácticas en aquella extensión sin más obstáculos que las porterías de fútbol.

Era imposible accidentarse..... bueno, ellos no pero ya hubo quien.



Parejas perdurables  (continuación  73 a)



Pasé muchos meses saliendo de Barcelona de madrugada con Carrión para ir con el mercedes a Tarter. Ayudábamos a los albañiles  a restaurar ruinas. Carrión, les echaba una mano cuando hacía falta la colaboración de peón. En otras ocasiones me acompañaba al almacén de Mullier acarreando material.



También hicimos de jardineros. Servíamos para todo. Convertíamos en realidad el dicho de “lo mismo planchamos un huevo que freímos una corbata.



Hasta yo me convertí en cocinero. Siendo el lugar deshabitado, para no perder horas de trabajo, al mediodía para comer, preparaba un potaje. Me salía lo suficiente sabroso como para entusiasmar a los tres albañiles fijos. Ellos y Carrión junto a mí, formábamos una mesa campestre en círculo. Las tochanas, cumplían el cometido de mesa y asiento.


Estas son las tochanas clásicas de las bóvilas de Cataluña.



Llegada la temporada de la caza del jabalí, un campesino de la comarca, ayudante esporádico de los albañiles, prometió obsequiarnos con una porción del primer jabalí que cazara su grupo.
Salían de madrugada un grupo de veinte veteranos en esta lid, ojeando los bosques cercanos y se repartían entre ellos la caza del día. Los desollaban y troceaban en porciones equitativas para los concurrentes.

El día que cumplió su promesa, elaboré un potaje de calidad extra. Para dar honor al suculento manjar, pedí a Carrión que se llegara al poblado vecino y trajera una botella de tinto de buena graduación.

Mientras, me las deseé para conseguir pequeñas raciones del grueso trozo de jabalí. Mis cuchillos resbalaban en su carne. Evidenciaba mi desconocimiento del oficio de carnicero y la falta de útil apropiado. Al final opté por un martillo y un cortafrío. Nada ortodoxo el método pero efectivo.

Diez trozos de durísima carne los agregué al potaje, dejándolo cocer tres horas. La vista del condimento con los magullados trozos de carne, no resultó nada estético, pero el sabor resultó auténtico. Nada que ver con la carne de cerdo.

Y al volver a mentar al jabalí, recuerdo como años después, ya tomada posesión para veraneo, de una de las viviendas construidas, tres de nuestros hijos, salieron del chalet en plan de exploradores por la selva tupida. Su diversión consistía en buscar la nueva guarida de los jabalíes que les conté desaparecieron al abrir calles.

Por lo visto el mayor de la expedición, que era nuestro tercer hijo, divisó un escondite del que salió un ejemplar respetable de esta fauna. Viendo que el jabalí iniciaba una marcha en su dirección, plantando cara, dio media vuelta conminando a sus hermanos, el quinto y el sexto, a que huyeran corriendo, bajo peligro de ser perseguidos por un animal enfurecido.

Muy lejos se hallaban, en el confín de la finca con bosque sin limpiar aún, por lo que corriendo cuesta abajo, el mayor tuvo que saltar un pequeño margen del terreno, sin ver que a sus pies el suelo se cubría mediante un gran zarzal.

Su salto rebasó con creces el matorral, le siguió el quinto, que al no tener piernas tan largas, su salto le llevó al límite del zarzal, causándole rozaduras, pero el sexto con sus seis años de edad, fue a caer en su centro, quedando inmerso en él.

Como el jabalí realmente no tenía intención de abandonar su madriguera, la estampida resultó inútil. No eran perseguidos. Tuvieron que afanarse en sacar al pequeño de su improvisada cuna, con brazos y piernas pródigas en rasguños de cierta importancia.

Muy mala impresión le causó a Tere, curando las heridas del peque. Estos inocentes accidentes, según mi visión, para ella eran tremendos peligros. Temía también que se pasaran horas en el río sin saber con cual monstruo fluvial se las tendrían que ver. Les prohibió ir de pesca.

Estos miedos, junto a las incomodidades por falta de electricidad, pasar frío por las noches, y carencia de locales sociales, ahora le hacen aborrecer su recuerdo. Y que de aquellos quince años allí vividos, al menos los tres primeros soportados estoicamente, los imaginaba de naturaleza salvaje. Nada menos aquellos parajes, para mí eran bucólicos. Y con el tiempo, quedó demostrada la atracción de la belleza natural que sentían los visitantes, al convertirse en colonos.

El día que inauguramos la electricidad mediante un grupo de gasoleo, acompañó a nuestro segundo vástago, un colega del instituto en que estudiaba.

Como tenía permiso de su madre para practicar con el coche amarillo por el campo de fútbol, satisfizo a su amigo, dejándole también a él conducir. El chico, era la primera vez que tomaba el volante y sin noción de cual  era el acelerador y cual el freno, en uno de los giros al final del campo, se atolondró y lo dirigió contra una portería. Tampoco era experto futbolista, no logró un gol, sino que se cargó un poste.

Visto el coche con un faro resquebrajado pregunté su causa. El amigo invitado, lejos de confesar, permitió que reprendiera a mi hijo ante todos por inconsciente y desobediente, castigándole a pagar con sus ahorros el desperfecto del faro y el poste de la portería.

Una vez solos, Tere contó la verdad y luego le transmití a mi hijo mi pesar por aceptar amigos irresponsables con muestras de tal cobardía, y le eximí del castigo. La lección desagradable en aquél momento, les valió a todos mis hijos, que asimilada, la han puesto a la práctica siempre, enorgulleciéndome de que sean responsables de sus actos en todas las circunstancias.

Apurábamos las horas de trabajo en Tarter hasta el anochecer.
La llegada a Barcelona, hacía que invariablemente cenara solo con Tere. Éramos tardíos en acostarnos y madrugadores por mi trabajo. Cinco días a la semana aquél invierno, no veía a mis hijos levantados.
En verano, la menor distancia que me separaba desde Pierola, me permitía comer y cenar con la familia, hasta que al veranear en Palamós ya no fue posible.

La cuestión era pues, cuanto antes tener alguna vivienda disponible con un mínimo de comodidades y usarla como hicimos en Santa María.
Procuré de inicio habilitar un almacén de materiales y herramientas, un garaje para tres coches y un leñero. Al depósito de agua subido al castillo, lo llenaba subiéndola mediante una moto-bomba accionada a gasolina situada en un charco, al parecer receptor de agua de manantial.

Para hormigonar, almacenaba agua en una docena de bidones usados de gasóleo.
Por cierto, que a la llegada del invierno, nos pillaron de sorpresa las fuertes heladas nocturnas.
Tuvimos indefectiblemente, que agrupar de tres en tres, a los bidones con varios centímetros de grosor de hielo, colocándoles leña en su centro. Una fogata durante una hora, licuaba la capa de hielo. Con cinco grados centígrados de temperatura ya permitía un fraguado del hormigón normal.

Por cierto inicialmente a falta de hormigonera, el suelo y el azadón accionado a sangre, como llamaban a la fuerza animal, suplían su utilidad, pastando con arena y cemento varios metros cúbicos diarios.

Una vez habilitadas un par de casas, propuse a Carrión que se alojara en una de ellas y la otra sirviera de reclamo y oficina para promoción de venta terrenos.
Mientras estudié solares estratégicos para proyectarles viviendas de planta baja de fácil construcción, con lo que serían vendibles a precio módico.

Los lugares preferidos eran aquellos en los que necesitaba menos tala de árboles. Cada uno a derribar me dolía en el alma. Soy un amante de la vegetación. 
Y pensé de inmediato en cómo utilizar la pequeña balsa para suministro de agua, teóricamente potable.
En ello, el Alcalde me animó, pues según dijo, de antaño que se usaba como abrevadero para los caballos y que nunca se agotaba. Un pequeño estudio de su potabilidad, acompañado de inspección y rastreo del manantial, en principio resultaban positivos, más al hallarse la balsa tan cercana a la carretera, a medida que avanzaba urbanizando, aparecían más indicios de su inconveniencia.




Parejas perdurables  (continuación  74 )

El Alcalde nos visitaba en el curro con frecuencia. Se ofrecía a realizar trabajos que se adaptaran a lo que podía realizar con su tractor.
Aparte de limpiar bosque y acarrear materiales con una cuchara en función de dumper, poco más podía hacer.

Un día le pedí me contara la historia reciente de Tarter. Por las escrituras, ya sabía que después de la guerra civil, aquél paraje, quedó desierto, deshabitado por fallecimiento del propietario antecesor y abandono del antiguo masovero que le atendía.
Ya lo corroboró el antiguo escrito hallado en una de las paredes de la casa que habitó.

El alcalde contó:

-Según recuerdos de mi abuelo, alrededor del castillo, y ermita, se construyeron hasta siete casas, formando un núcleo urbano con treinta habitantes. Como los claros boscosos no eran ni abundantes ni de fácil cultivo, la vida allí era dura. Una vez crecidos los niños, las familias emigraron con lo que se extinguió Tarter como pueblo. Sin embargo, durante los veranos, acudían al Castillo, vecinos de los núcleos cercanos para celebrar fiestas y bailar al son de orquestas que se asentaban en el piso del castillo, ahora derruido.

Efectivamente coloqué el depósito de agua provisional en lo que quedaba del piso, pero no entendía la causa de destrucción total del que suponía debió ser el castillo de un señor feudal.

-El castillo, en realidad ejercía solamente la función de vigía alcanzando la visión de una lejana campiña, en tiempos de los sarracenos. Cada cinco kilómetros se construyeron en la edad media, castillos de este tipo, que se divisaban entre sí, así los cristianos advertían si en el campo dominado, aparecían los moros.
Luego mediante señales visuales, con rapidez, se propagaba la señal de peligro.
Esto dejó de ser de útil en la edad moderna, por lo que el abandono fue manifiesto. Sobrevivió la ermita a la que acudían romerías y los masoveros se establecieron hasta principios del siglo veinte. Fueron abandonando paulatinamente las tierras poco rentables y con el bombardeo del año 1938 por los aviones Nacionales, la destrucción del castillo, fue total y las casas quedaron como ahora las vemos.




Esto quedó de la ermita tras el bombardeo. Pero la campana, no se la llevaron las bombas sino unos avisados que sacaron un beneficio con su venta.
Me lo contó también el Alcalde.

-A la campana, el propietario del Tarter la mandó bajar por temor a que debido a las paredes maltrechas, acabara cayendo.
Como era de peso considerable, fue a buscar un medio de transporte para llevarla a una fundición. Convino con un interesado que se la recogiera a la mañana siguiente.
No tuvo ocasión, ya que en su ausencia, otros interesados la sustrajeron. Montó en cólera el propietario, sospechando que su ayudante tuviera algo que ver con el robo. No llegando a esclarecer la cuestión el masovero que vivía con él, harto del malhumor crónico de su patrón, asimismo como antes hicieron los habitantes, tomó las de Villadiego.
Nada menos que este altercado, agudizó su enfermedad del corazón y pocos días después,  solo y abandonado falleció en su lecho.
Un viandante casual, lo halló cadáver y avisó a las autoridades, quienes lo notificaron a su familia de Barcelona.
Este fue el final de lo que había sido un pueblo.

-No entiendo porqué los Nacionales bombardearían un grupo de casas rural con un castillo ya maltrecho y una ermita que no le iba en zaga.

-Creo que cumplían con la misión de desmoralizar a las tropas republicanas. Se habían instalado en el castillo con simples fusiles por armamento. Al recibir varios pases de los aviones descargando sus bombas, huyeron a la desbandada ocultándose en el bosque. Uno de ellos al atravesar un claro con su mulo de carga, fue alcanzado. Murió en el acto y el mulo quedó con las tripas abiertas.
Los compañeros dieron el tiro de gracia al mulo, lo enterraron allí mismo y se llevaron al soldado muerto para enterrarlo en el cementerio de su familia.
Así, que ya sabe Ud. quizá algún día abrirá una zanja para cimientos de un chalet y se encontrará con los restos de un mulo.

-Bien está saberlo, no fuera que creyéramos que se tratan de restos antediluvianos.

También me contó el Alcalde como la balsa que utilizamos como suministro provisional de agua bombeada hasta el castillo, era una parada obligatoria para las caballerías de la comarca. Incluso que un poco más arriba, manaba un hilillo de agua de fácil conversión en fuente potable.
La idea no quedó en saco roto, pues al año siguiente, no tuve mas remedio que poner manos a la obra.
Todo por descubrir que para obtener caudal suficiente para más de doscientas torres, aquél manantial era verdaderamente ridículo.

Opté por estudiar la subida del agua del torrente, aunque se hallara a ciento veinte metros por debajo del Castillo. Pero de allí podía sacar más de un litro por segundo.

A este torrente cruzando la propiedad, le construiría un azud para remanso de las aguas y colocaría una bomba sumergible, a pesar de necesitar un bombeo a doce atmósferas, a través de una tubería kilométrica.
De nuevo recurrí al Alcalde cuya predisposición era patente, al contrario de la obstrucción pertinaz que había recibido por parte de los de Santa María.


Parejas perdurables (continuación 74 a) 

Ilusionado por la aparición de un pasavolante interesado en adquirir una Ha de Tarter, entablé diálogo. A los pocos minutos se desvaneció la ilusión. 

-Si me vende el terreno con precio ajustado, se lo pago al contado.
-Pero lo que propone Ud., no es que le venda terreno a precio ajustado. Pretende que afronte gastos superiores al triple de lo que me ofrece.
-Pues sepa que de una finca tres kilómetros más abajo, con frente a esta misma carretera, me la venden por esta cifra y allí hay dos Hectáreas.
-Aprovéchelo si le parece buen negocio, pero todo lo que tengo que invertir para parcelar Tarter, tiene un costo que le aseguro triplica el valor que ofrece. Y luego, hay que urbanizar, lo que no puede hacerse sin disponer de servicios mínimos de viales, agua, electricidad y centro comercial.
No le convencí y me enteré que era verdad su comentario.
Adquirió una finca de dos Has. cercana, con cien metros de fachada a la carretera. Me maravillé que invirtiera una sola peseta en aquella finca.
No tenía acceso. Los cien metros frontales a la carretera, eran un cortado casi con vertical absoluta.
Por lo visto, el propietario, se desentendía de esta finca, parte de una mayor a la cual sí accedía trescientos metros más abajo, en que el terreno era llano a pié de carretera. Ya me apiadé del cliente perdido, pues lo que le dije del triple de coste, solamente para crear una entrada de acceso, se quedaba chico.
Meses después me comunicó Benito, que estaría una semana sin acudir a mi finca, dado que le encargaron abrir un camino en la finca de marras.

No creí lo que oía. Lo comenté con Benito, que estaba de acuerdo que aquello era tirar el dinero.
Tres días después reemprendió los trabajos de limpieza para ampliar calles en Tarter. Dijo que no le permitieron seguir con la labor de apertura de camino en la finca cercana. Arcadio de Obras Públicas, detuvo el trabajo indicando que debía avisar al propietario para presentar una solicitud a la Jefatura del Ministerio de Obras Públicas por tale acceso y realizar movimientos de tierras a menos de veinte metros de la fachada a la carretera. 

Lo dicho, la cosa se le ponía peor de lo que pronostiqué. Un año después, la retro de Benito, siguió a la chita callando, abriendo paso a determinadas horas para no ser visto por el celador.
Y tuvo la precaución, de llevarse las tierras excavadas cargándolas a un camión y no dejar evidencia al otro lado de la carretera.

No hubo suerte de ninguna manera. El camino para ganar la altura del cortado tuvo que iniciarlo con una pendiente del ocho por ciento. Sin embargo ni con aquella fuerte pendiente podía coronar la cima del cortado en los cien metros de propiedad y realizar una vuelta se le comía hasta cuarenta metros de fachada. Tuvo que abandonar el trabajo ya que las horas invertidas acabaron con los ahorros del nuevo propietario. Además el celador viendo un trabajo semirealizado sin permiso, lo denunció, sufriendo otro varapalo de la sanción de O.P.
Zapatero a tus zapatos. Es un refrán que calzaba a la perfección al pobre señor. No se le vió más por allí.

Mientras me ocupé de la subida de agua del torrente. La balsa pronto tuve que eliminarla. Llevábamos usando su agua incluso para beber, cuando un día al colocar la bomba, me encontré con la desagradable visión de un monumento allí defecado.
Carrión ya había realizado ventas de terrenos aún sin edificar. Lógico que ahora por allí las visitas fueran frecuentes. Y entre tantas personas, no podía faltar la incívica que mostrara su nula educación.






Estado de las sendas antiguas.
Este era el camino principal que atravesaba Tarter. Partía de la balsa junto al recodo de la carretera.
Al eliminar la balsa, tuve que crear una fuente y dar escape al agua veinte metros más al interior, para no tener también yo, problemas con O.P. 


Parejas perdurables  (continuación  75 )

Carrión, por su cuenta, alquiló un coche con el que recorrió los lugares cercanos a Tarter distribuyendo la publicidad impresa en folletos incluido un mapa de las comunicaciones desde las cuatro provincias Catalanas hasta el Tarter.

Fue un indicio del interés que mostraba en seguir conmigo. O lo que es lo mismo, tenía fe en mí. Después de haber vivido mi derrumbe comercial,  desprendiéndome de toda la organización que me costó años crear, mostraba coraje.

No podía iniciar otra organización, antes de disponer con unas mínimas bases establecidas. Yo solo, hubiera tardado mucho tiempo en preparar un Tarter presentable comercialmente. Quizá habría acabado con los ahorros antes de tenerlo a punto. Sin embargo, mientras me ocupaba de la transformación de ruinas y proyectaba la nueva Urbanización, él con los pocos clientes que consiguió, permitió que no se agotaran tan rápido los ahorros.

Su fidelidad mereció mi agradecimiento. En cuanto tuve resuelto el proyecto, a sabiendas de las partes de finca prescindibles y las de mayor interés, destiné dos hectáreas para ubicar el campo de deportes, ocupando algo menos de una Ha y el resto circundante, se lo regalé, pagándole incluso los gastos Notariales.
Creo que su entusiasmo, lo mostró salido del alma.

-Don Carlos, jamás esperé de nadie un comportamiento así. Nadie que conozca, a un subordinado, le otorgaría una muestra de agradecimiento de tal calibre.

-Se lo merece, pues en este año transcurrido, ha sido Ud. mi báculo eficaz. Ahora podré iniciar ventas para lo cual buscaré un equipo especializado, en tanto yo me ocuparé de la parte técnica y la construcción de viviendas. Así quedará confirmada la honestidad de la oferta a parcelistas. El público anda escamado con tantas urbanizaciones fiasco. Si pudiera, no vendería nada hasta tener las calles consolidadas y con todos los servicios disponibles, pero ello no lo puedo realizar sin ayuda de un porcentaje de ventas a un mínimo precio, para aplicar lo que recaude a las obras pendientes.
Le sugiero que no venda nada Ud. en este plan barato, ya que dentro de dos años, alcanzaremos un valor cuadriplicado.

Parecía que así sería. Una vez acordé con un grupo de vendedores unas condiciones sugestivas, las ventas se realizaron vertiginosamente.
Quedamos con los vendedores que al acabar las obras de lo que destinaría a restaurante, las tarifas cambiarían drásticamente, por aumento de su valor. Esto se realizó en otros seis meses.

Luego venía el problema de poner en servicio, al menos una cafetería.
Evidentemente, contemplar un paraje desierto, con intentos de levantar una urbanización, no era lo que buscara ningún interesado en el ramo de restauración. Tuve que montar una barra, adquirir una cafetera Gaggia de accionamiento mixto, eléctrico y a gas, una nevera de butano, y con seis mesas y veinte sillas, establecer servicio los sábados y festivos. El barman era yo mismo y el camarero, Carrión.

Este fue el restaurante ya acabado con la traída de electricidad, cinco años después de su inauguración, con velas.

Tomé fijos una cuadrilla de albañiles que se sumaron a los tres lugareños habidos desde el primer día con los que reformé un par de viviendas al pié del Castillo.
Las torres en las parcelas ya se levantaban a buen ritmo. Durante la jornada diurna, el Tarter, tenía el cariz de cualquier lugar de actividad febril. Máquinas, camiones con materiales, personal de la construcción, visitas de clientes, curiosos de lo pueblos vecinos, e instaladores de la red de agua.

Pero la nocturna, era un cementerio. No me preocupó, hasta el día que amaneció la cafetería desvalijada.
Los cacos, se llevaron la cafetera, los vasos de cerveza, las tazas del café, la caja de terrones de azúcar, las cucharillas, platillos, cuchillos, tenedores, veinte cajas de refrescos varios, y seis botellas de licores.
Esto sin realizar ningún estropicio. Automáticamente, tanto Carrión como yo, no dudamos de la autoría, aunque tuviéramos que aparentar ignorancia y silenciarlo.
La cuadrilla de albañiles supuestamente se enteró por nosotros del robo nocturno. Su jefe, nos dio la condolencia. ¡Que desfachatez!.
Todos hallaron comprensible el suceso, dado el abandono absoluto del lugar. Precisaba un vigilante.

¡ Cómo no!. Carrión se ofreció. Volvería a instalar el material, mejorado para atraer público, llevaría el negocio del bar, asistido por su mujer, e hijo mayor. Abandonarían la vivienda de San Juan de Malta, para establecerse en una de las preparadas frente al castillo.

Todo casaba. Su problema de carencia de vivienda se acabó. El disponer de noche y día personas al cuidado, hacía innecesario buscar vigilante. Y por supuesto, ya tenían los vendedores, lugar para establecer la base de sus operaciones.

Demasiado bien. La euforia de Carrión, por mejora de situación, con ingresos por el restaurante en el que cocinaba su mujer, el alquiler de vivienda gratis, y la comisión de las ventas al igual que el equipo comercial, a su favor, creo que le trastocó, o mejor dicho, me enteré que fue a instancias de su mujer.

A todo eso, Tere se encontraba taciturna. Era demasiado tiempo el que yo estaba ausente, incluidos muchos festivos en que me convertía en el showman del Tarter. También lampista, fontanero, por dar servicio con un pequeño grupo eléctrico a gasolina. 
Era interesante que los pocos parcelistas que ocuparon las primeras torres a precio coste justo, no se desilusionaran, sino que se convirtieran en los principales testigos de la autenticidad de la Urbanización, pregonándolo a sus conocidos.

-Tere, aguanta un par de meses más y ya tendré a punto la organización en Tarter, con el equipo de vendedores y con Carrión y su mujer convertidos en mesoneros.

-¿Te das cuenta de que somos esclavos permanentes?. Tu no te enteras de cómo tengo que apañarme con los niños. Y casi no te conocen a ti. Al menos antes los fines de semana los pasábamos juntos, pero esta finca, te absorbió incluso los sesos.

-Claro lo dices por que no te das cuenta que es nuestra única base económica y lo que hago es dejarla con unas mínimas comodidades para poder pasar allí las vacaciones.

-Esta canción ya la conozco…..

Estaba dolida por sentirse abandonada, a pesar de disfrutar de la compañía de siete vástagos, y la de su madre, que llevaba a los niños al colegio.
Incluso desde que enviudó, nos acompañó por vacaciones en los apartamentos alquilados en Palamós. Procurábamos mitigar su dolor estando así mucho tiempo ocupada con nosotros.

Su hija, mi cuñada, poca compañía le daba al ser la secretaria de una firma alemana, que la hacía viajar frecuentemente.

La inversión en la finca iba creciendo, y a semejanza con los anteriores negocios, no podía mantener ahorros. Todos los ingresos eran necesarios, así que le tocó el turno de vender el chalet de Pierola. La historia, se repetía.

Así, mientras no estaba apunto la torre que construía para ocuparla nosotros los fines de semana, quisimos pasarlos en un apartamento de Castelldefels. La razón doble. Una, la cercanía de Barcelona que nos evitaba pérdida de tiempo en carretera y otra, que tener a la vista el Mar, resultaba media vida para Tere.


Otro proyecto que tuvimos que cancelar ante las imprevistas circunstancias.

Parejas Perdurables (continuación 75 a )

Tere, lo vió así, o al menos así lo recuerda:


"Queridas amigas, me es casi imposible poner en los escritos de AVICARLOS, mis propias vivencias y sensaciones, ya que llegaríais a pensar que no forman parte del mismo relato.

Él siempre ha visto el vaso medio lleno, y yo medio vacío. Quizás en este equilibrio se basa la convivencia.

Habla de todos los percances ocurridos de una manera, casi diría que jocosa, cuando para mí, en aquellos momentos, y ahora si los vuelvo a leer, se me remueve todo el cuerpo.

La venta de nuestro primer chalet, con su piscina, su mullido césped para tomar el sol, él no hace ninguna referencia del disgusto que para mí supuso perderlo. Allí se habían criado los 5 primeros hijos, los otros dos al ser pequeños, ni se acuerdan. No me avergüenza confesar que derramé muchas lágrimas. Aquella casa era como si formara parte de mi misma, en ella había puesto muchas ilusiones, me gustaba ver el mar, aunque fuera desde lejos.

Pero se tenía que buscar una solución a la supervivencia.

Y el marido, “A Dios pongo por testigo”  (esta es mi frase favorita)  ha sido siempre una persona que el trabajo no le ha asustado. No le importaba hacer de peón si era necesario.  Lo que hiciera falta para tirar adelante a una familia tan numerosa.

No cuenta que el lugar a donde fuimos a parar, a pesar de tratarse de un paisaje precioso, el clima era muy diferente, al que estábamos  acostumbrados, que es más bien cálido, y húmedo. Allí en invierno todas las noches helaba, y las casas no estaban ni mucho menos acondicionadas, nos servíamos de estufas de gas butano, igual que la nevera, ya que aún no había luz. Todo eran incomodidades. AVICARLOS, no lo menciona. Por las noches a veces me levantaba para asegurarme que los niños estaban bien arropados, ya que el frio era intenso. Tenía que alúmbrame con una linterna.

 Al oscurecer todos los ruidos se engrandecen, así pudimos constatar todos, que a aquellas horas, los ratones campaban a sus anchas, entre el techo y el tejado. Os aseguro que no era nada divertido.

Dicen que el capitán de un barco que se hunde es el último en abandonarlo, y yo en aquellos momentos, veía a mi capitán zarandeado y luchando a brazo partido con todo. Y creo que fui yo quien tomó la decisión, de en cuanto hubiera un lugar donde cobijarnos, aunque no fuera en óptimas condiciones, estar a su lado, sobre todo en verano que ya no habían colegios, estar todos reunidos. En pleno invierno sólo eran los fines de semana, que dejábamos un piso, espacioso, y con calefacción central. Para estar con él, ayudando si podíamos de alguna manera.

Mi punto de vista era, por lo menos que no se sintiera solo.

A mí el mundo se me había caído encima, y pensaba que si estábamos todos juntos, sería más llevadero. Imaginaba al marido trabajando lejos de casa, afrontando según mi manera ver las cosas, demasiados peligros.  Pensando que si tuviera que ser yo, la que los tuviera que soportar, no me gustaría para nada, estar sola. El silencio de aquel lugar, la primera vez que fui, me sobrecogió de tal manera, que aún hoy lo recuerdo como una losa que me estuviera aplastando.
Aquellos años incluso ahora  los recuerdo como si se tratara de una pesadilla.
Este ha sido el principal motivo, por el que he dejado de expresar mis vivencias, ya que para mí, resultaron francamente dolorosas.
Pero bueno ya he dicho desde un principio, que soy de las que ve el vaso medio vacío. He tenido que luchar, pero no porque sea innato en mi persona.
Es cierto que hubieron momentos buenos…pero de verdad que recuerdo muy pocos!!!
Tenemos un refrán que dice “No hay bien, ni mal, que cien años dure”
Ya pasó.
Y lamento este escrito, ya que imagino os habrá dejado mal sabor. Pero es que la vida nos pone a prueba  en muchas ocasiones. Al principio te crees que no vas a salir adelante, y luego con el paso de los años, comprendes que sí, que has podido con todo.
Sólo que el carácter te ha cambiado.  Te ha endurecido, y te llegas a preguntar si todo lo que has hecho ha servido de algo, y sobre todo si lo han valorado. Ya no eres la misma,  no ves las cosas de color de rosa.
Y también te llegas a preguntar si el marido en aquellos momentos se daba cuenta del gran sacrificio que representaba para todos, aquella nueva situación.
Lo bueno de todo esto, es que la familia, permaneció unida.
¡Que ya es mucho decir!
Los hijos  disfrutaban en sus correrías por el bosque, el campo de futbol fue un acierto ya que allí pasaron muchas horas, y yo los podía ver con solo asomarme a una de las ventanas."
 ________________________________________________________________
- Espero que los lectores veáis desde vuestra perspectiva, una versión distinta y ya serán tres, la mía tal como la narro, porque así la recuerdo y siento, la de ella según su sentir y la vuestra, ajena como simples observadores a quienes no os atañe ni lo bueno, ni lo malo de lo referido. 

Parejas perdurables  (continuación  76 )

Una vez probado que un grupo electrógeno a gasolina de pequeña potencia era inadecuado, urdí cómo al finalizar el chalet nº 12 de los por mí proyectados. Podía convertirlo en vivienda con bastante comodidad.
Los motores de estos grupos individuales, eran muy manejables y ocupaban poco espacio, pero el ruido ensordecedor que emitían, hacía imposible permanecer inalterado.

En medio del bosque, posiblemente escamparía a la fauna varios kilómetros a la redonda. No había otra solución que construir una caseta para acallar el ruido. Eso lo haría más adelante pero con un grupo electrógeno trifásico, accionado a gasóleo, y con cincuenta caballos de potencia.

De entrada debía prescindir de la energía eléctrica, pero suplí tal inconveniente con una serie de artilugios todos ellos consumiendo butano. Era la época del auge de la empresa butanera. Adquirí una nevera, una cocina y una estufa, ya popularizadas por la creciente publicidad, por su cómodo funcionamiento.
Y para alumbrarnos también disponíamos de los quinqués de Camping-gas.
Faltaba la aspiradora, la lavadora, el lavavajillas, el ventilador y otros muchos artilugios en principio prescindibles. 
De forma que me atreví a invitar a Tere a que diera su opinión para proceder al estreno del chalet.

Mientras ultimaba instalaciones, para hacerlo acogedor, tuve que pasar alguna que otra noche solo en la urbanización. De esta manera, al alba ya reemprendía la labor y distribuía las órdenes perentorias para la cuadrilla de albañiles y los peones lugareños.
La población cercana, ya estaba al tanto del progreso de las obras. Los comerciantes, nos recibían con gusto, pensando en que si aquella urbanización seguía su curso esperado, verían incrementada su clientela, como así fue en los años siguientes.

De momento al lamentar que no podía aprovechar las horas de atardecer por falta de luz, en un comercio de Ultramarinos, como se llamaban antes a los que eran una mezcla de droguería y colmado, me ofrecieron casi por nada, una voluminosa caja que guardaban de antiguo, llena con trozos de velas.

Por lo visto desde que se electrificó la población, su consumo decreció hasta su nulidad. Lo único que vendían eran antorchas para las procesiones y los cirios de la Iglesia.
Los trozos de velas, algunas simplemente enteras pero descascarilladas, ya no las quería nadie.
Pues resultó una solución, puesto que aquella caja, a pesar de consumir los cachos de vela a discreción, quemando en todas las piezas del chalet, me duró hasta tener solucionado el alumbrado con butano.
Carrión, al establecerse con su familia, también inició el servicio del restaurante con las velas que sobraron.

Ya no tenía que acudir yo para servir cafés. Él y su familia, se ocupaban de todo. Su mujer resultó buena cocinera y él un adelantado maître. Ya le salían los cafés con la nueva cafetera, exactamente igual que en cualquier bar administrado por profesionales.
Lo aprendió como yo, el año anterior, al servir un café solicitado por un excursionista.

-Señor: este servicio de café no tiene calidad a pesar de ser escaso. ¿Tanto quiere ahorrar?.

-Perdone. No es eso. Lo que ocurre es que jamás había manejado una cafetera automática. Le doy la razón que no me salen ni suficiente sabrosos, ni completas las tacitas. Si insisto en sacar al máximo para llenarla, sale peor como infusión acuosa.

-Mire, yo soy profesional y si me lo permite, le daré las instrucciones precisas.

Vio como la cafetera era adecuada, que el tiempo de accionamiento de la máquina también lo era y que el vapor salía con la adecuada presión, luego dijo:

-Enséñeme el café que usa.

Le mostré el que tenía molido tal como lo adquirí de los Ultramarinos.

-Eso no sirve para cafetera automática. Mire: ya que no tiene su molinillo para moler a medida que se sirven los cafés, adquiéralo de grano entero mezclando tres clases. Luego exija que se lo molturen extrafino, para cafetera automática. Por lo demás, verá como cambia el resultado.

Y no le faltó razón. El café mío perdía aroma aparte que la moltura gruesa, convertía la medida del brazo en un amasijo de marro granado. Allí se perdía todo el sabor. Salía un chorrito, captado por la tacita a servir, restando el vapor entre el marro hinchándolo y obturando más salida.
Le agradecí la lección y en broma me dijo que como pago, le visitara yo en Montferri, una población con viñedos a veinte kilómetros, hacia la costa. Allí él tenía de una bodega, con Toneles de varios vinos y un "cup" de cincuenta mil litros, del que suministraba a toda la provincia. El cup, es una piscina subterránea a la que no le entra la luz más que cuando se abre la trapilla, sea para extraer el vino, o para rellenarla antes de que su nivel descendiera un veinte por ciento. Así el buqué se mantenía por los siglos.

De momento así quedó la cosa, pero una vez ya instalados en la Torre preparada para Tere y mis hijos, decidí realizar con ellos la excursión inversa a la del visitante.

-Tere, ¿qué te parece como quedó la Torre.?

-Mucho mejor de lo que esperaba, pero nada que ver con el Niu-Blau. Aquí no veo más que bosques. Y no digamos del frío que hace.

-Esto es inevitable. Te apetecería ver el Mar azul y esto es un mar verde. Pero para el frío verás el hogar que diseñé en el comedor, cómo tira….
Leña no falta, pues con la limpieza del bosque todos los vecinos la disponemos gratis. Eso sí, hay que cortarla.

La verdad fue que tenían su encanto las veladas a la lumbre del “foc a terra” como llamamos a los hogares adosados a la pared con una chimenea de tiro graduable.
A los niños les apetecía permanecer allí observando las llamas chisporroteantes, por trozos de leña de pino verde, saboreando hogazas de pan recién tostado allí, restregadas con ajos y untadas en aceite. Y el acompañamiento de jamón de Jabugo, remataba la pitanza.
Eran horas de contar cuentos y saborear estas vivencias tan diferentes a las recordadas del Niu-Blau, mirando al Mar.


Parejas perdurables  (continuación  76 a)

Antes que nada, para traer a la familia a “veranear” en Tarter quería dejar conclusa la fuente sustitutoria de la balsa abrevadero.
Vista la indecencia practicada por una persona cuya gracia la tenía por donde se desprendió su obra defecada, procedí a practicar un aliviadero y desecar el espacio que ocupó la balsa durante tiempo inmemorial.

Seguí por las paredes del torrente cuesta arriba, hasta hallar un lugar por el que la humedad superficial visible, delataba la procedencia del manantial.
Realicé unos surcos de medio metro de profundidad, al bies, quince metros por la derecha y otros quince por la izquierda, concentrándolos en forma de uve, hasta el punto en que esperaba acumular el agua de procedencia poco profunda. Sigo pensando que no era más que un escurridero de aguas superficiales de la montaña.
Como fuere, resultó un manantial de poco caudal, pero continuo.
En la confluencia de los surcos, enterré un depósito, para sedimentar los arrastres arcillosos. A éste por su nivel alto, le coloqué una tubería asimismo subterránea, la acerqué hasta el lugar apartado de la carretera. Su final lo rematé con un caño metálico a la altura de medio metro del suelo.
Otra cavidad a los pies del caño, la doté de un sumidero con rejilla.
Con una tubería enterrada, traspasé la calle recién abierta por las máquinas y lo dejé aflorar a unos cuantos metros cuesta abajo, con lo que el agua iría directa al rio.
Con mampostería una pared, contuvo las tierras dejando un frente limpio del que salía el caño. Y en sus laterales formé también con obra, unos bancos que daban el pego a cualquier fuente campestre.

Así a aquella calle con toda razón, le puse el nombre de “Calle de la fuente”. Por lo mismo, la calle superior la titulé “Del Bosque” y como más arriba aún tracé otra asimismo paralela a la carretera, se me ocurrió “Diana”, pensando a
en la Cazadora mítica, ya que aquí venían cazadores de jabalíes, como a los que inesperadamente desahuciamos de su madriguera.
Y por las mañanas en que recorría el bosque inspeccionando lugares idóneos para formar plazoletas, por lo visto despertaba a la fauna como al tejón que por primera vez en mi vida lo vi al natural, a pocos pasos frente a mí. Parece que ambos nos sorprendimos por un igual. Me detuve, a contemplar que bicho sería aquello, cuando el tejón, hizo lo mismo, dirigiéndome su mirada sin dejar de andar sin prisa.
Una vez se ocultó en la espesura tomé nota de sus huellas para poder acreditar que clase de animal era. Fue un tejón.



En otra ocasión sucedió algo similar con una pintada.



Cuando lo conté, se rieron de mí.

-Pero ¿cómo quieres ver a una pintada por el bosque?. No las hay por la península Ibérica.

Dudé de lo que vi, hasta que el celador de O.P. me explicó que en la forestal había una granja avícola, de la que con frecuencia se les escapaban animales. Y las pintadas, tenían todos los números para traspasar la débil cerca. Me devolvió mi confianza, puesto que así sin temor le conté cómo debajo del coche una mañana me encontré a un gato montés. Lo que llaman el Linx Ibérico. 

Como también es raro un ejemplar así, que merodee por bosques Hispanos, ya no me hubiera atrevido a mentarlo. Seguro que se reirían los interlocutores creyendo que confundía al Linx, con el gato del vecino.


Y como colofón, un cazador me ofreció una lechuza. La obtuvo por carambola en una incursión por el bosque y creyó que disecada adornaría a la barra del restorán.



Ya no se podía decir que aquél lugar del Tarter era desierto. De vegetación, era exuberante, de fauna no carecía y variada. Y lo que antes faltaban, seres humanos, también llegó el turno de poblarlo.

Carrión mostró sus dotes de cazador, acompañando al grupo de rurales, aunque esto solo funcionaba dos meses al año. Mientras se ocupó de realizar alguna venta de solares.
Al llegar el equipo contratado por mí, no le sedujo obtener la simple comisión de solares míos y siguiendo las directrices de su mujer, obró, tal y como le desaconsejé.

Vendía terrenos suyos, que a bajo precio, competían con mis vendedores.
Le advertí de nuevo, que si bien el aportar clientes en la Urbanización, beneficiaba al negocio para el resto de finca, a este ritmo él no lo vería. Y era malograr el regalo que le hice, con el que con cinco años de espera le hubiera reportado pingües ingresos.

Se lo conté a Tere, que me hizo ver cuán apurado debía estar Carrión. Le daba la sensación que en verdad se hallaría bajo mínimos. Que hubiera aceptado ir a vivir, e instalarse con su mujer al restaurante en lo que a ella le parecía lugar inhóspito, era un indicio. El que se amoldara a hacer de contable, cazador restaurador y comisionista, era lo definitivo. Seguro arrastraba números rojos por actuaciones antiguas.
Su hijo mayor tampoco aligeraba la carga familiar, o sea que vender parte de su terreno, resultaba una solución.

-Pues ya que lo dices, es probable que los viajes trimestrales que realiza para ir a ver a sus padres en Valencia, no sean solo para visita de parabién. Siempre que vuelve trae dinero que según afirma le entregan para negocios.

Y me temo que lo que le sucede, es que está separado, o divorciado de su primera mujer, de la cual tiene una hija que vive en Valencia.
No hablamos del tema, pero seguro que es la causa por la que se le van los ahorros.

-Pues ten cuidado con las atribuciones que le das. Pueden volverse en tu contra.

Imposible imaginar aquellos días, cuán certera fue su visión. Sin embargo yo le iba a proponer algo agradable para que empezara a mirar al Tarter con ojos optimistas.

-¿Qué te parece si organizo un viaje a Italia por unos diez días, tú, yo y los dos mayores?. Ya tiene edad para disfrutarlo, no como las otras veces que aparte del trabajo por sus cuidados, ni se enteraron de lo que veían del mundo.

-¿Y qué hacemos con los cinco pequeños?.

-Por diez días tu madre puede cuidarlos, viniendo a nuestra casa, que en realidad, la escrituramos a su nombre.

-Es abusar. Se hace mayor y cinco niños es mucho para ella sola. Mi hermana sigue apareciendo por su casa de noche y algunos días ni eso. Tiene una responsabilidad grande en la empresa y sigue al Director a casi todas las reuniones en Madrid.

Parejas perdurables  (continuación  77 )

Mientras lo comentábamos, J.C. y Dani, prestaban una atención inusual.
Oír que programaba un viaje a Italia, contando con ellos, les excitó.

-Sí, papá, vamos a Italia.

Dani, pensaba en los Gladiadores que actuaron en la reciente película de Romanos.

-Eso. Un niño de mi clase, estuvo el año pasado y dijo que en Roma, los vehículos circulan por la ciudad sin semáforos y que los peatones a pesar de ello, cruzan las calles con toda normalidad, ya que son los coches los que los evitan. Y que hay menos atropellos que aquí.

J.C. veía en cualquier proceso urbanístico extranjero, unas virtudes elevadas a la quintaesencia.

-Sí. Claro. Aquí hay atropellos, por que se distraen con los semáforos. ¡No te digo!.

La cuestión se enfrió cuando Tere habló con su madre, a pesar de ser reticente.
No hubo sorpresa alguna. Su madre, estaba de acuerdo en que le dejáramos la parejita final de nuestra prole. Pero a los tres ya algo creciditos, no podía atenderles. Era imposible dominar a cinco críos ella sola.
Propuso que contratáramos a una doméstica por estos diez días. Y aquello ya se complicaba. Dejamos pasar unos días, pero los niños no cesaban de hablar de su viaje a Italia.

-Carlos, desengáñales de una vez. Me están sacando de quicio. No podemos ir todos, pues no vamos ninguno.

Más barato me salía, pero no era este el tema. Llevábamos años de sacrificios. Salíamos lo justo con la colla. Y ahora que podía demostrarle que la vida no es solo trabajar, nos hallábamos atados por una minucia…….bueno, siete hijos son un buen bloque, tampoco hay que minimizar.
Haber puesto la miel en labios a los niños fue cruel. Se encargaron ellos mismos de insistir a su abuela una y otra vez.
Les dimos largas y pasé otro mes eludiendo el tema, ya que me preocupé de organizar servicios para Tarter.

Los fines de semana se reunían allí una veintena de parcelistas que disponían de chalet en precarias condiciones. Traían desde su hogar habitual, todo lo que podían menester, pero lo normal, era que siempre olvidaban algo de avituallamiento esencial. Y allí se encontraban que lo único que podían adquirir para completar sus necesidades eran refrescos, café y poca cosa más que les vendía Carrión.

Convencí al panadero de la población cercana, que ampliara los sábados y vísperas de festivos, el itinerario que realizaba para suministrar el pan a los rurales. Eso funcionó.
Luego avisé a correos que sería interesante acudiera para la entrega de cartas como rural que era.
Me dijo que para legalizar tal proceder, me diera de alta como lector de un periódico, con lo cual el servicio diario quedaba garantizado.
Y al butanero, sabiendo que obligatoriamente allí, era el único suministro energético que podían consumir, tampoco tuvo inconveniente.

Luego Carrión se entendió con el repartidor de refrescos, que al menos una vez a la semana, pasaría para servir lo que hiciera falta.

Y al mecánico del taller más importante de las cercanías, le convencí que dejara su teléfono para atender a quienes tuvieran necesidad por coche averiado, tanto sábados, como domingos.

Para muchos esto resultó un alivio. No se trataba de propietarios de Rolls-Royce, sino de vejestorios similares al Ford que tuve como mi primer vehículo. Y las averías, rara era la semana que alguno de los coches de los vecinos no la sufriera.

También fui a ver al Secretario de la Alcaldía, para poner las bases sobre la construcción de viviendas. Dijo que en principio, no hacía falta legalizar los proyectos, mientras se tratara de viviendas de planta baja. Que el Municipio era considerado de Rural de segunda.

O sea que ni siquiera disponía de plaza fija. Al ser entidades de baja población, el Secretario, lo era para una buena cantidad de ellos.
Esto concordaba con lo que desde el primer día que lo conocí al Alcalde, me supuse.
Las facilidades que me daba, eran merced al descontrol Administrativo de la zona. Todo lo que la Administración, con sus Ediles y mandatarios convertían en impedimentos, como lo que tuve que bregar con los Ayuntamientos de Cubera y Nova, aquí, era inexistente.

Contento el Alcalde y muchos de los vecinos de fomentar vida por su alrededor, sin preocuparse de que llegaría el día que aquél crecimiento, se volvería en su contra, pues lo veían lejano y tampoco eran duchos en Urbanismo. Es más ni el Secretario estaba muy al tanto de las Leyes vigentes. 
Era supervisado mensualmente por la Administración en Tarragona, donde recibían respuestas a los problemas que se les presentaran.

Así, que yo allí, podía desenvolverme como me diera la gana, mientras el descontrol durara.
Y lo que facilitó las ventas de obras, fue poder construir, sin planos visados por el Colegio de Arquitectos, ni pedir permisos de construcción, ni tener que pagar seguros, ni nada,….aquello era Jauja.

Los vendedores se regocijaron de ello. Podían hacer ofertas que resultaban a menor precio que las obras usuales en cualquier lugar. Sumando que los servicios aún eran deficientes, este menor precio pasaba a ser incluso inferior a la mitad de lo usual.

Con la Urbanización en marcha, vendí el chalet de Pierola, tal como conté y además envié a Carrión a Santa María para tomar nota de los precios que se alcanzaban por allí, después de tres años de ausencia.

Realmente era algo inusitado. Lo que yo vendía por cien mientras permanecí en la brecha, en mi ausencia lo pagaban por doscientos cincuenta.

De vislumbrar algo tan exagerado, no hubiera hecho falta cancelar los negocios con los Bungalowes, ni malvender el Niu-Blau, al que Tere se encariñó. Pero lo que nos ofrece el Destino es impredecible y lo mismo hubiera podido ser lo contrario,  o sea, que abandonando las obras aquello se depreciara.

Y en este caso lo que fue negocio para muchos, hubiera sido su ruina, cosa que me la hubieran achacado a mí. Total hubiera podido ocurrir que me consideraran un embaucador como tantos hubo.

Pero no solo fue esto lo que Carrión comprobó. Los terrenos que no vendí por ser superficie vial, el antiguo propietario los vendió como solares y los estaba edificando.

-¿Las calles edificadas?

Mi extrañeza, la aclaró Carrión.

-No. No es eso, lo que han hecho es vender sus solares con la superficie excedente. Como nadie había para presentar reclamación, se consideró que estos solares eran libres.

-Pero, cuando los compradores con mis escrituras se presenten verán que su solar está ocupado. Y por lo visto los que lo ocupan también dispondrán de escritura, ya que el Registro de la Propiedad, solo resta superficies, pero no da ubicaciones.

-No sólo eso, Don Carlos, que las obras las hacen merced a una hipoteca de la Caixa. Para sacar de allí a estos mal informados ocupantes, va a ser difícil y sus consecuencias desagradables para todos.

Aquello trajo cola, pero no podía atender de momento. Lo latente, era la manera en que podía resolver el viaje a Italia.
Lo que propuso Tere, me alucinó.


Parejas Perdurables (Continuación 77, a )





-Carlos, ¡Llévate a los niños tú solo a Italia y que te acompañe mi madre!.



Por lo visto la lata que daban los críos y lo dialogado con su madre, brindó esta resolución.



-Mira, mamá está aún muy decaída por el óbito de papá. Casi parece haber envejecido diez años, en este único transcurrido. Le vendrá muy bien distraerse. Y conocer algo del Extranjero puede ilusionarla, ya que jamás conoció más geografía que la de Catalunya, Valencia y Aragón. Viajar fuera de España, será un aliciente para renovar su apego a la vida.



Una vez repuesto de la sorpresa, convine que aquello se lo merecía después de habernos dedicado quince años al cuidado de nuestros hijos.



-Pero Tere, ¿ y tú, cómo te sentirás?. Yo, por lo agradecidos que le estamos se lo pediré, sin embargo, mi plan era para que pudiéramos disfrutarlo juntos.

Convino conmigo que otras ocasiones  más oportunas habrían  y en definitiva diez días ausentes por turismo, no podían considerarse como una desgracia.
Aprovechando pues las vacaciones escolares, aquél año, cruzamos la frontera francesa en Cervere una rara pareja, con dos vástagos.

        En Perpignán, nos detuvimos a comer. Los camareros nos hablaron en Catalán. La comida la pagamos en pesetas. Mi suegra, se extrañó.

-Pero, no estamos en ¿Francia?.

Tuve que darle una lección de historia para que lo entendiera. Un milenio transcurrió, desde que lo que ahora llamamos Cataluña Norte, formaba el Rosellón y la Cerdaña, que pasó a ser un condado con habla común. A pesar de las escisiones político-económicas de estas regiones, una en la parte Francesa y otra en la Española, conservaron su identidad representada en su cultura.
Y el hecho de que en Perpignán admitieran pesetas, así como francos indistintamente, se debía a la masificación de españoles turistas cotidianos.

Semejaba a lo que ocurría en Andorra, que los comercios lo mismo aceptaban pesetas que francos y los mismo hablaban en catalán, en catellano, o en francés.

Luego recorrimos una parte de la Camarga, que a los niños les ilusionó. Sin embargo tuve que contarles el motivo por el que el ganado en estado salvaje no traspasaba los límites ideales de la zona.

Realmente eran a medio domar, pues por las cercanías de las lagunas que había en su territorio y lugares estratégicos, se les suministraba grano, pienso y balas de forraje. Cualquier animal, que en un espacio suficiente para sus correrías, hallara sin dificultad su alimento preferido, no sería tan cerril como para emigrar a la aventura. Está demostrado a través de la historia, que las manadas salvajes solo abandonan su hábitat al agotarse su alimento. Luego buscan otros pastos, no antes.

-Antes de que anochezca, vamos a ver la Esclusa de Fonseré en el Canal du Midi.

-¿Qué esclusa?. ¿No se construyen para pasar barcos de una parte de nivel más bajo a otra más alta del canal y viceversa?.

El mayor de mis hijos ya muy al corriente en geografía, ignoraba igual que yo hasta aquél día que Francia desde el siglo XVI y justo en el XX, disponía de este canal que permite a las embarcaciones cruzar su País desde el Mediterráneo en Sete, hasta el Atlántico en Burdeos.

Tuvimos suerte y al llegar a la primera esclusa, cerca de Beziers, fuimos observadiores de primera línea de el ascenso de varias embarcaciones deportivas pequeñas, pero tras ellas la esclusa funcionó para una embarcación mayor. Discutieron antes el capitán de la embarcación con el encargado de la esclusa, puesto que temía que su calado fuera superior al permitido. Por lo visto no era prudente sobrepasar los dos metros.





Lo disfrutamos todos, suegra incluida. Para ella resultaba mágico subir un barco por la mera apertura de una esclusa. Y luego ya se hizo a la idea de las de Panamá y Suez.

Como ya atardecía, regresé a la ruta prevista y decidimos cenar en Sete.
Optamos por un hotel cercano al puerto y luego se presentó el problema al pedir habitaciones.

Solo les restaban dos. Una de matrimonio y otra de dos camas simples.








Pues aprovechamos la ocasión para ser más íntimos. Mis hijos estaban acostumbrados a convivir con su abuela, aunque ahora ya empezaban a ser demasiado creciditos. Sin embargo, todo queda en casa.
Al mayor me lo auto adjudiqué y compartimos el “tálamo”, en tanto que el segundo, compartió la habitación con su abuela, como lo más natural.

Me vino a la memoria el día que con pocos años de edad, apenas sabía hacerse entender. Su abuela le acostaba, le daba las buenas noches y apagaba la luz. Muy excitado el niño no tardaba dos minutos en berrear:


-“Que me cae el pijama”.  Buaaa….


Vuelta e encender la luz, levantando la colcha la abuela sujetaba el pantalón del pijama, con un lazo para que no le resbalara de la cintura.
De nuevo:


-“¡Me cae el pijama!. No puedo dormir.” Buaaaa….


A la tercera que se quejó, fue la vencida y se entendió: No le caía el pijama, lo que al estirar las piernas para dormir, le “subían los camales del pijama y le molestaban las arrugas.

Solucionado el problema, opté por llamar a Tere, para darle el reporte del día. Ella se las apañaba bien con el quinteto, pues le ayudaba una muchacha vecina que se brindó por estos pocos días dedicarle las mañanas para lo que hiciera falta y por las noches su hermana mudó su domicilio por el nuestro.

Mi suegra se alegró de que Tere saliera tan bien parada y con una despedida lacónica, pasó el teléfono a los niños que casi no se hacían entender por querer contar de un tirón la aventura del viaje.

Por la mañana, después de haber compartido cama con mi hijo, le propuse que compartiéramos el aseo inaugurando su primer afeitado.
Tenía la edad en la que mi padre, me enseñó cómo manejar la navaja de barbero. Eran otros tiempos. Lo más efectivo y aún vigente era para conseguir un perfecto rasurado, realizarlo como en las barberías.
Con una brocha, jabón en pasta y un recipiente para la adaptación de agua caliente, se procedía a realizar muñujos en la cara repetidamente, con lo que se reblandecía el pelo.


Se decía que un buen bañado, ya es medio afeitado. Y tenían razón. Si alguien lo duda, que pruebe con un cuchillo, rasurar su cara en seco.

Luego con un afilador de cuero empastado de suave esmeril, se procedía a pasar la navaja barbera una y otra vez, en un mismo sentido, para lograr un afilado casi diría magnético.
Me decía cómo debía empuñarla y manejarla por tramos faciales dando movimiento a la muñeca.
Todo esto era aparatoso y peligroso. Al menor descuido aparecían trazas sangrantes por la cara. Por eso había que aprender.

Pero ya se prescindía de tan arcaico sistema en los viajes turísticos, así que a mi hijo simplemente le presté mi espuma de jabón en spray y la maquinilla con las hojas de afeitar. No necesitaba lección alguna.


-A partir de ahora, al menos un par de veces a la semana, deberás afeitarte, pues el vello se vuelve duro y afea mucho la cara.

Desayunamos en el hotel y al recibir la minuta, que me temí sería abultada, francamente, no me esperaba tanto.
La razón era que nuestra llamada telefónica desde recepción, se contaba doble de lo normal. Una por ser conferencia al extranjero y otra por ser servicio especial del hotel. 
Sin chistar pagué con pesetas que fueron también bien recibidas, no sin antes dirigirme al empleado ad hoc, que realizaba los cambios de moneda, evidentemente a su favor.
Total pagué la novatada y me propuse acudir a algún banco para change pesetas-francos.

Después de un paseo corto, reemprendimos viaje hacia Marsella.
Como nos gustaba recorrer el litoral mediterráneo, escogí siempre las carreteras que lo bordeaban. Atravesamos nuevamente la Camarga que les gustó a los niños más que a mí mismo. Y después de horas sin ningún aliciente por carretera angosta llegamos a Marsella.

Siendo un puerto destacado de Francia y de historia magnificada en las aulas colegiales, la entrada que se nos avecinaba daba ganas de echarse atrás. No acertamos la década para visitar tan importante ciudad.

El estado de abandono de los edificios limítrofes de la carretera, junto a la suciedad ennegrecedora de sus muros, daba una sensación, tétrica. A mi regreso me enteré de la crisis que se ensañó con esta ciudad durante la década de los 70. No se superó sino en la siguiente, tanto en el comercio, como en el turismo.

 Las nuevas obras y remodelaciones, permitieron realzar la belleza que antes la suciedad ocultaba.
No apetecía entrar en la Ciudad ante esta desgraciada entrada, así que atravesamos el puerto, rumbo a Cannes.


Como se hacía tarde paramos a comer en Toulón siempre atraídos por los puertos y playas, aunque no nos bañamos en ninguna y sin parar, llegamos a Cannes.
Me hacía gracia recorrer las calles del entorno de del Festival de cine del Mediterráneo.
Se consideraba que las mejores películas, eran las premiadas allí. Y los medios de comunicación, no faltaban año tras año en popularizar la ciudad, el Festival y los artistas que acudían junto a sus directores.




Como estábamos cansados de hacer kilómetros nos quedamos a cenar y pernoctar.
Lo hicimos en un restaurante típico del puerto que nos ensalzó una mariscada especial típica de los marineros.
A mí oir simplemente mariscada ya se me hizo la boca agua, también le apeteció a la abuelita, pero no al segundo de mis hijos. Como no faltarían los mejillones, a él le daban asco.
Imposible convencerle por lo que le dí la oportunidad de probarlos y si no le apetecía ni eso, que pidiera lo que se le antojara al camarero.


La cena, con luces de faros de barcas, en una terraza frente a la playa del puerto , oyendo unas melodías de trastienda que debían ser habituales para amenizar veladas, invitaba a sentirse romántico.


-Carlos, me arrepiento de haberte acompañado yo en este viaje. Debías haberlo hecho con Tere. Esto es para disfrutarlo de joven.


-Pues no tiene que arrepentirse que bien merecido tiene Ud. un asueto que le distraiga de los avatares adversos. Lo que en todo caso debe entristecerla no haberlo realizado Ud. con su marido. Con Tere, ya programaré otro viaje, cuando los niños vayan de Colonias. Y recuerde que para mí, Ud. ha sido mi segunda madre por el trato que me dio al quedar huérfano y el que ha seguido dándome como abuela de nuestros hijos.


La cena transcurrió, con la opípara mariscada. A mi segundo hijo, tampoco le pareció mal. Incluso se esforzó y comió más de un mejillón, que al principio los había eludido del plato.

Repetimos pues para pernoctar, la misma función del día anterior en Sete, y de maravilla resultó, hasta conocer lo sucedido por la noche en la habitación de la abuela.


Parejas Perdurables (Continuación 78 a )

Mi suegra, contó lo mal que pasó la noche mi segundo hijo. No me llamó ya que claramente se trataba de una mala digestión.
Vomitó un par de veces antes no concilió el sueño. De madrugada, un retortijón, le hizo acudir al excusado tres veces.
La cara que se le veía al desayuno, denotaba la amarga experiencia vivida.


-Tómate un brebaje de hierbas por todo desayuno, y no comas nada hasta hallarte bien restablecido.


Le estaba dando a mi hijo la solución que para mí aborrecía. Pero era lo que se estilaba en estas ocasiones y que yo mismo, más de una vez tuve que catar.


Por otro lado, comprendí que no debimos presionarle para comer en la cena lo que a él le producía ascos. Recordé que de pequeño, a mí me repugnaban los caracoles. Bueno a mis ochenta años, siguen repugnándome, que le vamos a hacer. En cierta ocasión, la abuela paterna, quiso festejar con mis padres un acontecimiento, cocinando un guisado de caracoles con patatas.
Viendo yo en la cocina a los bichos extraídos de una vasija de tela de alambre, y la baba que dejaron como huella rastrera, me hicieron exclamar:


-Yo no quiero comer esta asquerosidad.


La abuela, me calmó.


-No tienes porqué. Si no quieres no te obligaremos.


Una cosa es ser conciliadora y otra distinta complaciente. Así que a la hora de comer, ¡caracoles para todos!.
Yo no pude con ellos y así lo dije. Luego iban a darme las patatas solo, sin caracoles.


-¡NOOOO!. Estas patatas llevan el jugo de los caracoles.


Y preferí ayunar. Ahora que lo pienso, fue la mejor decisión que tomé, puesto que hubiera acabado como ahora mi hijo con los mejillones.
Salimos tarde esperando que mi hijo se recompusiera del todo.


Pasamos de largo Niza, deseaba recrearme un día entero en Mónaco. Las aventuras que contaban los mayores en mi infancia, dejaron en mí la semilla que con los años fructificó convirtiéndose en vehemente deseo.


Tuve la prudencia al entrar en Mónaco, preguntar por un hotel barato al primer transeúnte. Por suerte, barato no era sinónimo de cutre. Y tal como nos sugirió el peatón, no muy lejos de donde nos hallábamos vimos a un sugestivo hotel.

Comimos allí ya que era tarde, nos aposentamos en las habitaciones ya de modo habitual y salimos a recorrer el Principado.
Como mi segundo hijo aún no se encontraba demasiado bien, prefirió regresar al hotel con su abuela. Luego le propuse a J.C. que nos diéramos una vuelta por el circuito de fórmula I, para poder contar a los conocidos como nos convertimos en émulos de Niki Lauda.
El anterior año se había convertido en el Campeón Mundial.  





-Bravo papá. Esto será fantástico. Vamos a correr por el circuito que tantas veces nos han televisado.


-Y mira que es reconsagrado este circuito. Lleno de vueltas cerradas, paso por túnel, tramos estrechos, y todo cruzando la ciudad a la que con mucha dificultad la aíslan para el día del campeonato.


Recorrimos el trazado, que lo vi peligrosísimo, a pesar de circular a media velocidad. Así y todo, en tres de las revueltas, me veía rozar laterales. Eran siempre inesperadas. Pero a J.C. le entusiasmaron. Ya tenía algo que contar a sus compañeros de estudios.


Al atardecer, con el hijo ya recuperado de la intoxicación por la mariscada, fuimos a recrearnos en los jardines del Casino.
Verlo por fuera y pasear por allí, pero no entrar, ya que los niños lo tienen prohibido.

https://youtu.be/NeDn_m-P7BY




Como nos gustó mucho, a la mañana siguiente recorrimos de punta a punta al pequeño Principado entreteniéndonos en contemplar la panorámica que ofrecía el Instituto Oceanográfico de Monaco.


Los niños de nuevo entusiasmados por recrear mentalmente la serie televisiva de Cousteau. 

Era el Director de esta Institución, y un protegido de los Príncipes Rainiero y Gracia.
Cousteau, junto a Félix Rodriguez de la Fuente, eran los ídolos para la juventud estudiantil. El primero por sus experiencias a bordo de su nave Calipso, las aventuras submarinas por todos los Océanos y su inventiva al aplicar los últimos adelantos en aquella nave transformada en laboratorio.

Y Félix, con su serie El Planeta Tierra, y la Fauna Ibérica, promotor de vocaciones a Veterinaría y defensores Ecológicos. Por cierto que fue desgraciado su fin, que ya predijo él mismo en más de una ocasión. Para su trabajo, disponía de medios precarios. Uno de ellos era una avioneta, con la que tenían que hacer juegos malabares para mantenerse en el aire. Y tal como se temía en un vuelo sobre unos acantilados, la nave no pudo remontar y pereció, junto a los acompañantes.

Luego no podíamos partir sin visitar el Palacio principesco.
Queríamos recorrelo pero la pareja de guardia al estilo de la Inglesa, no permitía traspasar sin permiso especial, el recinto cercado con una cadena a muchos metros de distancia del Palacio.


Les conté a los niños lo que sabía de aquél País, mas pequeño aún que Andorra y el motivo por el que tuve ansias de recorrerlo personalmente. Lo que no les podía contar era era el desenlace de la Princesa Gracia, por inimaginable que fue unos años después.




Parejas Perdurables (Continuación 79)

La llamada a Tere, fue breve. Pues ponerse al teléfono cuatro personas, sabiendo que los minutos se pagaban a precio de oro, no permitía grandes historias. Los niños siguieron contando lo vivido, silenciando lo de la indisposición de un vástago, ya recuperado. No era cosa de alarmar inútilmente, por algo ya superado. La suegra estuvo de acuerdo con ello. Ya le contaríamos detalles a nuestro regreso.

Como se trataba de llegar a Roma, debíamos partir ya sin más dilación. Habíamos consumido un tercio del tiempo programado.
Pagamos el Hotel y pregunté por la gasolinera cercana. Un botones al recibir la propina al traer la valija a la Mercedes, me comentó que la gasolinera que había en Mónaco era bastante cara, que lo mejor repostar en Francia, o en Italia.

Se ganó la propina. Cruzamos Mentón que en historia reciente, fue desmembrada del Principado, e incorporada a Francia. Sin tener más conocimientos históricos ni geográficos por aquél entonces, me aventuré sin prevención alguna en repostar en la primera gasolinera que avistara.

Reflexionando ahora, aquella visita a Mónaco sirvió para enmarcar acontecimientos futuros desgraciados. Los del corredor de fórmula I,  Ayrton Senna ganador del premio de los años 1987 -89-90-91-92 y 93, para hallar la muerte en la carrera del año 94 en el circuito de Imola, en San Marino.



Senna a bordo de su McLaren-HondaMP4/7A durante el Gran Premio de Monaco de 1992, su primera victoria en dicha temporada.

En su azarosa y breve vida, mantuvo relaciones con 21 novias, siendo Xuxa, la que le robó el corazón en profundidad.
Por lo visto no llegaron a formalizar la relación, por la incompatibilidad de caracteres. Ni él, ni ella querían ser secundones. Eran ambos famosos y ricos, no necesitaban para figurar ni el uno ni la otra escudarse en la figura de la pareja. Cada cual se dedicó con febril entusiasmo a su carrera, él de piloto recorriendo el mundo y ella también recorriéndolo con su espectáculo dirigido a los niños.

Tere y yo, la estuvimos admirando en sus programas televisados en España. Por lo visto ella también había tenido por novio a Niky Lauda, el  rival destacado que años después también en otro accidente, se abrasó el rostro que lo mostró hasta su muerte sin intentar cirugía estética.

La otra desgracia histórica fue la de la Princesa Gracia, en 1982 al regreso de un recorrido de cercanías con su propio coche acompañada de su hija Estefanía. 

Se rumoreó que cometió el error de permitir a su hija la conducción por el difícil trazado. La velocidad fue inadecuada y el accidente irremisible. Ella falleció sin recuperar el conocimiento, a la mañana siguiente, mientras Estefanía se libró de mal mayor.
Y por último, la del Príncipe Rainiero, falleciendo sin haber logrado ver a su hijo con la cabeza sentada. Contra todos pronósticos, su hijo, una vez tomó posesión del título heredado, cambió radicalmente haciendo gala de su responsabilidad.

Sin darme cuenta había entrado en Italia. Esperaba ver aduana o paso fronterizo remarcado, pero no; un simple rótulo anunciaba el cambio de nación. Me preocupé por no vislumbrar gasolinera alguna y sí, carretera despoblada. 
Al fin en un pequeño lugar, Mortola, a pie de carretera, en un recodo, frente a media docena de casas, que debían componer todo el vecindario, hallé una máquina de las antiguas con manguera surtidor de gasolina.

No había nada más. Aquello no me servía. Mi Mercedes consumía gasóleo. Pregunté al que atendía por el poste de gasoil más cercano.

-Ventimiglia. (Ventimilla, para los Italos, veinte millas para los hispanos).)

Aquello me asustó. En primer lugar lo primero que me encuentro habitado de Italia es una especie de poblado rural, que aún cuentan distancias de carreteras en millas. Y con unos aparatos de principios de siglo. Jamás hubiera imaginado hallar en pleno siglo XX, un lugar tan atrasado.

Y en segundo lugar lo que me aterraba, que llevaba ya un montón de kilómetros usando la reserva del depósito. A mí no me parecía que tuviera carburante para más de diez kilómetros y veinte millas eran unos treinta.

Sudé sin necesidad del calor reinante. Imaginé a mitad de camino del próximo poblado, el Mercedes parado en medio de la carretera, aguardando un samaritano que me admitiera de polizón hasta la gasolinera. Y de nuevo un regreso nada afortunado, anocheciendo. Los niños y su abuela, pasando sed en el coche que sin refrigeración sería un horno.

Muy negro lo vi todo, pero se me ocurrió que como donde estábamos era algo elevado respecto el nivel del mar, hallaría, como así fue, un buen trecho de carretera cuesta abajo.
A pesar de no ser recomendable por peligroso, dejé circular lo máximo, con motor parado y punto muerto.

Cuando más atemorizado estaba por las consecuencias, aparece un rótulo VENTIMIGLIA, 5 Km.




Parejas Perdurables (Continuación 79 a )

En la gasolinera, fueron bienvenidas las pesetas y los francos que me quedaban, por dos motivos, porque cargar a un automóvil 60 litros de gasóleo de una tacada, no era frecuente en estas gasolineras, a excepción de los camiones. 

Y la otra, que la moneda extranjera les era apetecible, por ocupar menor lugar.
Por lo visto Italia tenía una moneda papel, que eran sábanas, de 20.000 liras, e incluso mayores.
Sin embargo aquello no alcanzaba ni el diez por ciento del valor de las pesetas y casi que el cuatro por ciento de los francos Franceses.

Me di cuenta que se asemejaba tal bajo valor al de los Escudos Portugueses, de cuando viajé allí con Tere y los niños. Por cierto los mismos que ahora me acompañaban.

Nos aposentamos en un hotel Pizzería, sin miramiento alguno. No me hallaba con ánimos de indagar hospederías de gran reputación.
Y salió bien. Desayunamos y comimos allí mismo a la mañana siguiente, por recomendación del propio hostelero. Claro la “Pasta” la trataban con esmero y se regaba con vino tinto del lugar, por cierto de 16 grados alcohol.
Y en aquél tiempo, no era óbice el actual “si bebes no conduzcas”. De modo que si no bebí más de lo que me apetecía por su exquisito buqué, fue por cuanto claramente aquel vino se subía rápido a la cabeza.



 Antes de seguir con paseos por Ventimiglia, entré en un banco para cambio moneda y en un quiosco adquirí un plano de Italia. No era cuestión de tener más sorpresas, ni por la ruta ni por las gasolineras.


La estación de ferrocarril límite de Italia en Ventimiglia con la entrada a Francia, siempre hizo gala de un servicio impecable para la unión Roma-Parìs, sin embargo en 2011 se acabó tan buen funcionamiento misteriosamente. Coincidió con la intentona de emigración de Tunecinos que llegados por embarques a Italia, no se les permitía quedarse y por lo visto las comunicaciones con París curiosamente se obstacularizaron por una serie de infortunios técnicos.

Seguimos ruta por la tarde, sin ningún plan preconcebido, pero el calor nos hizo apetecer tomar alguno de los famosos helados italianos. 
Lo aprovechamos parando en San Remo.
Un vendedor con carrito ambulante de helados nos llamó la atención puiestio qyue exhibía las cremas en colores. No estabamos acostumbrados a ver más colores de helados que los de crema en su propio color, los de chocolate asimismo y los de nata también natural, pero aquel barquillero, los tenía rojos, azules granates y....verdes.

-¿Cosa es verde?
 Sin saberme expresar, indiqué a dedo la muestra de helado de color verde.

-Molto buono, pistaccio.

¿Pistacho?. En mi vida oí tal nombre. ¿No serían berzas?. ¿Y si fueran alcalchofas?. Parece mentira pero hasta bastantes años después, no se introdujo en España este fruto de procedencia griega.

Mi hijo mayor, se apuntó a probarlo así como yo, pero a mi suegra y al pequeño, les dio por ser tradicionales y se conformaron con los de crema.

Con los cucuruchos en una mano y la lengua lamiendo el pistacho, seguimos un paseo por lo que conocía como la ciudad del Festival de la canción Itala.

Las canciones que allí se presentaban, año tras año, al igual que las películas de Cannes, luego se hacían famosas por el continente Europeo, e incluso América.

Ganador de 1976 San Remo

Como se hacía tarde pernoctamos en San Remo, pero me preocupaba, al observar el mapa de Italia, que habiendo consumido la mitad de los días previstos para este periplo, distábamos mucho de Roma. 

Y a la mañana siguiente, recorriendo la interminable costa de la Riviera Italiana, me acordé de la película que no hacía muchos años vimos Tere y yo, con los colegas de parejas perdurables en un cine de Barcelona. "La Escapada" con Vitorio Gassman. Supongo que debía ser por esta autopista donde en la película, cometiendo toda clase de imprudencias, el protagonista para no topar de frente con un camión lanza su coche por el acantilado, saltando antes de él. No así su acompañante que se despeña con el vehículo, acabando con la escapada del "giorno".

Ansiando llegar a destino, fuimos cruzando ciudades sin parar Imperia, Andora, Alassio, Albenga. Allí comimos en un parador en carretera y de nuevo, hacer kilómetros hasta Savona.
Los niños ya se cansaban de tanto kilometraje, por lo que de nuevo paramos a tomar un refresco y les comenté que si no espabilábamos no veríamos Roma, de modo que por lo menos seguimos hasta Génova.
Allí pasamos la quinta noche, que la veía ya como un límite. Les conté como los Genoveses, se sienten afortunados por ser Colón de allí, nativo. Esto daba al traste con las múltiples familias catalanas que así se apellidan y también sostienen que era Catalán. 

Claro que los Portugueses asimismo se lo adjudican y creo yo que no pudiéndolo demostrar nadie de forma efectiva, también los del Pakistán se lo podrían adjudicar.

A la mañana siguiente tuve que plantearme el camino a seguir. Los niños ya no disfrutaban del paisaje. se cansaban de kilómetros en coche. por lo cual paré en La Spezia. Les planteé que según el mapa, para llegar a Roma tendríamos que hacer más kilometraje y menos paradas.
Por otro lado podíamos llegarnos a Florencia, ciudad de renombre cultural y ver unos cuantos museos y pinacotecas. No les sedujo.

Pernoctamos pues en La Spezia y les propuse que por lo menos veríamos la famosa torre de Pisa, aunque era otro tirón kilométrico.
Esto ya les hizo más gracia  y hacia allí nos dirigimos.






Recorrimos las calles adyacentes contemplando el la Piazza Duomo, la magnífica construcción y los jardines.

A pesar de ser la torre más famosa por su amenaza de caída al ser cada año algo más inclinada, no es ni mucho menos la líder en el Mundo.
Incluso en Italia existen otras que también adolecen de esta anomalía por fallar la cimentación, pero la mayor del Mundo se encuentra en Alemania. Se trata de una ermita.





La Torre de Suurhusen es la mas inclinada del mundo


Parejas Perdurables (Continuación 80 )

A mitad de camino de La Spezia y Livorno, los niños ya daban muestras de aburrimiento.
Puse la radio para oir lo último de San Remo:


Reflexioné si merecía la pena seguir.

-Tenemos desde Pisa para llegar a Roma, trescientos kilómetros que van a ocuparnos medio día. Luego, al menos uno para recorrer lo más manido turísticamente, habremos traspasado los seis días de nuestra salida. El regreso a casa serán milquinientos kilómetros.

-Podemos dar por realizado el viaje.

La abuela, estaba de acuerdo con los niños. De querer visitar Roma, mejor en un viaje por barco, o por avión. La carretera es para disfrute de todo lo que hay en su paso. Saltárselo permaneciendo horas y horas enlatado en el vehículo, resultaba un suplicio.

Como estuvimos todos de acuerdo, en la gasolinera de Livorno, repostamos y cambiamos el rumbo cientoochenta grados.

Parecía tal aventura de visita de Roma frustada, como el fracaso de Anibal cuando tenía a Roma a su alcance, después de realizar las penosas contiendas por Iberia y traspasar los Alpes.

Sin importame demasiado, pregunté a los niños ya que conocíamos todos el itinerario de regreso, donde preferían pasar las tres noches que se nos avecinaban.

Mejor para variar conocer otros hoteles. Miré el mapa y decidí. Una noche en Andora, otra en Toulón  y la última en Motpelier.

Lo decidido, también lo transmití por teléfono a Tere.
Desde la misma gasolinera, la puse al corriente y esperaba sus noticias de como se portó el quinteto esta semana.

-Los niños bien, ya que la sirvienta es una gran ayuda. Pero Carrión llamó para saber que día regresas, ya que realizó una venta de Santa María y quería que de tardar, para no perder la venta de contado, se la firmara yo ante Notario.

Esta era una noticia inesperada. No le autoricé para ello. Lo que sí estaba autorizado era para estar atento a las vicisitudes de la Urbanización, por parte de los Ayuntamientos y prospección de mercado. Ya decidiría yo, cuando era de interés vender lo que restaba allí. Precisamente Tere, era la Administradora de Usamasa.
Si se trataba de un solar de la sociedad, era evidente que lo podía firmar ella, pero si se trataba de la finca a nombre de Esquerdo, o de la de Jacinto, solo mi firma valía.

-No firmes nada y quiero saber antes el precio que concertó y cómo le llegó el cliente. Aunque es bueno, saber que hay demanda.

Con esta noticia, tuve fuerte acicate para llegar a Barcelona cuanto antes.
Me extrañó que Carrión hallara tan normal realizar una venta de solar de Santa María, cuando lo que le tenía recomendado era que vendiera los de Tarter. 

Incluso que reservara los suyos para poder obtener ganancias en el futuro.
El regreso ya no lo disfruté. Tenía la idea fija del raro proceder de Carrión. Pensé en que desde que con su mujer se instaló en Tarter y regentó el Restaurante, había cambiado.

Lo atribuía a que se sentía consolidado económicamente. Era propietario de más de una hectárea de terreno, disponía de vivienda gratuita. Su mujer de cocinera y él de Maitre, algo se sacaban, sin que yo les pasara cuentas. Su hijo, campaba a sus anchas a la espera de emplearse en Barcelona, o en Igualada, que ya tenía currículos presentados.

Tanto los niños como la abuela, al llegar a casa, mostraron su alegría renovada. Los tramos discretos de kilometraje y el visitar nuevas ciudades, les sacó el mal sabor que les empezaba a producir las incontables horas pasadas dentro del vehículo y eso que mas bien disponían de un espacio más que respetable.

Eran solo tres personas que me acompañaban en el Mercedes. Habitualmente lo ocupaba la familia al completo, que éramos nueve.
La parte trasera estaba dispuesta con asientos abatibles, resultando apta para trasladar enfermos en camilla. Casi se trataba de una limusina.

La verdad es que con la última visita que realizamos en un parque zoológico, se les olvidó lo pesados que fueron los últimos trayectos.

A la mañana siguiente, reanudé mi rol de urbanista y me entrevisté con Carrión.


Parejas Perdurables (Continuación 80 a )



-¿Cómo te has sentido estos días Tere?. Yo te encontré a faltar. Y me importaba un comino Roma.



-Dentro de lo que cabe, no me fue mal. Sin la chica que se nos ofreció, hubiera sido una algarabía. Los niños también notaban la ausencia de los mayores. Es curioso como se sienten unidos bajo las órdenes de J. C.



-Y que pronto vamos a perderle. Ya insinuó que lo de pasar fines de semana en Tarter no le ilusiona. Lo encuentro normal y por mí, puede iniciar su conato de independencia hasta cierto límite, pues seguro que le apetecerá estudiar en la Universidad.



Esto es lo que imaginaba acertadamente, pero no que me saliera una vez finalizado el bachillerato, con una petición que no podía satisfacérsela.



El programa televisivo de Rodriguez de la Fuente, le indujo su amor por los animales, interesándose por su fisiología y cuidados sanitarios. Quería matricularse en Veterinaria, cosa que solo podía realizar en Zaragoza.

Sentí gran dolor al tener que confesarle el verdadero estatus familiar, motivo por el cual mi economía no bastaba para tal dispendio.



-Hijo, procuré que no os faltara nada en la educación infantil y siempre estuve aguardando una posibilidad de zafarme de la economía debida a los estamentos bancarios. No lo conseguí aún. Es más día a día me hallo pendiente de un hilo para mantener nuestra apariencia de economía sólida. Los bancos me tienen atado. Si las propiedades que tu ves, y todo el mundo cree, que son nuestras, lo fueran sin dependencia de los bancos, no habría inconveniente, pero la realidad es otra y no es necesario que lo cuentes a tus hermanos que ya tendrán ocasión en su día de saber quienes son los Reyes Magos. No vayas a desengañarles prematuramente, como ahora lo hago contigo.



Le conté que si bien era verdad que disponía de propiedades unas a mi nombre, otras a la de una sociedad, otras a la de su abuela y por último otras de las cuales siendo mías, no las podía aflorar, se debía a que unas malas interpretaciones mías para con mis subordinados y contactos comerciales, me obligaron a pactar con los bancos. 

Esto significaba, que presentados a ellos los balances comerciales, me daban crédito para seguir laborando, a cambio de atenderles con unos intereses que más bien eran usura por aquél tiempo.

Si dejaba de ser propietario, y perdía la organización comercial, no dispondría de suficiente capital para salir airoso de sus tenazas.


En definitiva, con mucha paciencia y extrema cautela administrativa, iba procediendo a la cancelación de propiedades al tiempo que, de dependencia bancaria. Esto no me permitía pagarle una estancia en Zaragoza para que estudiara Veterinaria.
Le propuse, o que estudiara Medicina en Barcelona, con lo cual, no variaba mi economía, o que de seguir insistiendo en su vocación, podía indagar si una vez allí, por sus medios conseguiría autofinanciarse. Le conté que esto es lo que obligatoriamente me sucedió a mí a su edad, por fuerza mayor y que no me gustaría que él tuviera que repetir esta experiencia.

Lo entendió y al cabo de pocos días plenamente concienciado, me indicó que efectivamente lo más parecido a los animales salvajes o domésticos, son los humanos. Y así fue como en pocos años ya tuvimos al primer médico en la familia. Aquél que yo no pude ser y que a mi madre, tanto le hubiera ilusionado poder verlo.

-Tere, lo que me contaste de Carrión, me preocupa mucho. Tenías como siempre razón en la catalogación de las personas, pero desgraciadamente, no está en tus manos las elecciones del personal con quie he de tratar. Me temo que Carrión, está cambiando y que se olvida de la situación en que estuvimos tan solo hace cuatro años y que aún seguimos atados, si bien él en menor nivel que yo.
Veré mañana lo que me cuenta de sus gestiones por los Ayuntamientos de Cubera y Nova. Pero no es aún tiempo de desprendernos de los terrenos que nos quedan allí. Son nuestro aval bancario.

Dejamos ya los diálogos para pasar a la acción, que para esto estaban ya los niños en la cama.
....................................
A la mañana siguiente, lo que Carrión contó de sus gestiones por los Municipios de Santa María, tenían una parte jocosa, otra de injundia y otra de esperanza.

La última es fácil de comprender. Existía demanda de solares a precios triplicados en relación a los existentes al ausentarme.

La jocosa, que precisamente el PERI de Nova redactado, expuesto al público, aprobado y en vigor, convertía la Isla de la cual era propiedad de Usamasa, en la que se ubicaban los Bungalowes semiderruidos en una exclusiva aprobación para veintiun pareados con características tan ceñidas a los términos del proyecto, que hacían imposible variación alguna.
Y al dar importancia a estas proyectadas construcciones, se limitaban en su frente por una avenida-bulevar de ocho metros calle por un lado, ocho por el otro con ocho más centrales para jardín y paseo peatonal.

¡Se cargaron los Bungalowes adquiridos por los bancos!.  Esto me provocó risa. Después de todo, el Ayuntamiento, creyendo que me perjudicaba y en venganza redactara este PERI, lo que hizo fue dar al traste con las propiedades de bancos usureros.
Si alguien debía presentar objeciones, cosa que ya no era posible, dado el término legal vencido para ello, debían ser los propietarios de estos Bungalowes destinados a ser arrasados por edificados en plena calle.

Me acordé de Rodriguez, cuando aseveraba que los más inteligentes en su actuación fueron los del Banco Bilbao, al hacer borrón y cuenta nueva, sin adjudicarse nada.
Los demás bancos, tuvieron que apechugar los gastos legales de adjudicación y gravámenes Municipales durante estos años y ahora deberían afrontar nuevos gastos para acciones contra el Ayuntamiento, en espera de indemnización por tal proyecto.
Que yo sepa, hasta hoy, incluso el presente año 2011, ninguno, percibió un solo Euro por parte del Ayuntamiento de Nova.

Claro, queda la parte desagradable del notición. La oferta que tenía Carrión, no procedía de un particular cualquiera. Se trataba de una Empresa financiera, que se haría cargo de las deudas por impuestos municipales sobre Usamasa, durante los últimos años y los gastos de demolición de los restos de Bungalowes inacabados.
Contra ello, ofrecían de contado el valor de antes del abandono.

Mi desconfianza con Carrión, perdió fuerza. No se trataba de una deslealtad, ( aún), sino interés por salvar la situación mutua dependiente de la economía bancaria.
Tuve que hablarlo antes con Rodriguez y con Jacinto, pues la oferta era una simple puesta de la soga al cuello del próximo a ahogarse. Y no estaba yo tan apurado.
Cuando lo expuse a Jacinto, me levantó el ánimo.

-Carlos, te metisme en bastantes fregados, aunque no los buscaras. Pero siempre saliste airoso. No dudes que esto lejos de causarte perjuicio, te proporcionará finalmente el beneficio que presumiste.
Recuerda el caso último de Congelados, como lo solventamos.

-Sí lo tengo presente. Nuestro viaje relámpago a Cartagena.



Parejas Perdurables (Continuación 80 a)

Fue otra de mis pifias al catalogar a presuntos colaboradores. Baoburg, se ofreció como Delegado de nuestra sociedad de Congelados, en Sant Feliu de Guixols, centro de la Costa Brava.

La superpoblación que invadía cada verano por turismo esta franja costera, invitaba a atenderla especialmente.
Y Baoburg, era propietario de un edificio en Sant Feliu, en cuyos bajos, disponía de una cámara frigorífica, heredada de su padre junto a la furgoneta isoterma, para reparto de los alimentos refrigerados. También tenía un compartimento, para maduración de plátanos de Canarias.

Entusiasmado por nuestro rápido desenvolvimiento en el negocio de los congelados, quería convertirse en un colaborador firme, renovando su negocio.
Fui a ver su instalación y seducía su capacidad de almacenaje así como su ubicación para carga y descarga de género, pero inadecuada para los congelados.

Se trataba de refrigeración normal para verduras. Se enorgullecía de sus aparatos que le conseguían hasta ocho grados bajo cero. Y sus compartimentos, en los que según el producto, los mantenía desde ocho grados centígrados sobre cero, hasta los ocho bajo cero. Y el compartimento para los plátanos con los veinte grados, en una atmósfera de humedad regulable.

-Esta instalación, así como el revestimiento aislante de paredes y techo, no es adecuada.

-Estoy dispuesto a reformarlo, pues ceso en el negocio actual. Solo que deberían Uds. Financiarme las obras y nueva instalación.

Aquello era interesante, pero el coste de la reforma y la dotación de varios camiones de la diversidad de productos congelados, era millonario.

Lo hablé con Picot y con Jacinto. Boaburg, estaba dispuesto en garantía firmarnos la venta en privado de su edificio, actualmente desocupado y que con anterioridad las dos plantas superiores fueron la vivienda de su familia.

Todo fue sospesar el riesgo que a mi modo de ver se reducía a, de no funcionar el negocio, la pérdida del valor de la reforma. Y esto era un mínimo, comparado con la millonaria carga de género a ocupar la nueva cámara.

Pero este género de cesar el negocio, se recuperaba, por lo cual forcé a los socios a admitir la oferta de Baoburg y firmar el contrato.

Dos semanas fueron suficientes para darme cuenta del error de mi apreciación.
No teníamos noticias de él, ni de la distribución de congelaos a su cargo. Picot y yo, le fuimos a visitar para tener un vis a vis.
El local, cerrado. Un vecino informó que en el bar oyó comentarios sobre su ausencia. Se había separado de su mujer.

Descubrimos el domicilio de su supuesta ex esposa.
Fue poco explícita. Cómo si estuviera molesta por mencionar a Baoburg. No nos aclaró nada. Solo esperaba el día que obtuviera la definitiva y legal separación, para desligarse de los líos en que se metió su marido.

Ya intranquilos, nos dirigimos al Ayuntamiento para obtener mejor información.
Estaba agobiado por deudas. Los acreedores no ejercían su potestad, por las promesas que llevaba haciendo al poner en marcha el negocio de los congelados. Lo creyeron, por cuanto no recurrió a los bancos para más crédito, cosa que evidentemente no se lo hubieran concedido, y sin embargo atendió las reformas, e inició operaciones comerciales con nuestro género.

Ya destapada la estafa, se nos hacía imprescindible indagar donde se hallaba, para obligarle a cumplir en documento público lo pactado en privado.

Aquí vino la sagaz intervención de Jacinto. Con sus contactos por la Notaría, y merced a los datos del contrato de cesión de la propiedad de Sant Feliu, pudo saber que su mujer, planeaba también abandonar el domicilio de Sant Feliu. En su peluquería, a la mujer se le escapó que próximamente, partiría para Cartagena.

Supimos sumar dos y dos y ahora, lo que nos hacía falta era averiguar el domicilio de Cartagena.
La red Noarial de Jacinto, se puso en contacto con un Notario de Cartagena, poniéndole al corriente de la operativa planeada desde la Notaría de Barcelona.

Numerosas llamadas a la Policía del lugar, así como a los Hoteles, hasta contactar con conocidos del Ayuntamiento, para indagar si un Catalán recién llegado a Cartagena, se alojaba, o bien en algún Hotel, o disponía de propiedad alguna, o había alquilado alguna vivienda.
Los datos del personaje eran perfectamente identificables ya que disponíamos de su DNI y su firma rubricada en el documento privado.

En un par de días quedó localizado. Se trataba del Catalán que comerciaba con productos alimenticios congelados.

-Tere, echaré una siesta después de comer, ya que a las ocho partimos con Jacinto para Cartagena y conduciremos turnándonos toda la noche.

- ¿Así de repente?. ¿Más negocios?. ¿No estabas cancelándolos?.

-Esta vez es una cancelación definitiva, al menos por aquél individuo que creía de interés para ampliar actividad del congelado en Sant Feliu.

-¿Y qué tiene que ver Cartagena con Sant Feliu?.

-Pues que el individuo se extralimitó y vende nuestros productos allí.

De madrugada, en Cartagena, desayunamos en un bar y pedimos orientación para el domicilio de Baoburg. Supimos que a las nueve de la mañana, salía de su reciente domicilio para dirigirse a una de las cámaras frigoríficas de alquiler.
También trazamos el itinerario entre su domicilio y el de la Notaría, que abría sus puertas a partir de las nueve.
Puestos al acecho, desde el interior del coche, aguardamos hasta la aparición de Boaburg por el umbral de su vivienda.

-Encantados de verle por aquí. Justo le esperábamos.

La cara de Baoburg, era un poema. La de cosas que deberían haberle pasado por la cabeza, ante tamaña sorpresa.
Sin permitirle historias le invitamos a tomar otra taza de café, en el bar cercano, mientras le poníamos en antecedentes.

Los antecedentes eran que nos importaba un pimiento lo que tuviera que alegar y que en media hora, nos sentaríamos todos ante el Notario de Cartagena.

Firmada la propiedad a nombre de Congelados, despedimos con viento fresco a Baoburg, fuimos a comer, y reemprendimos marcha de regreso a Barcelona.

Muy pesado fue el viaje, pero la cena aquél día la degustamos con satisfacción Jacinto y yo con nuestra familia, y quedamos que la cena siguiente, sería de celebración con nuestras parejas yendo a un espectáculo teatral.

-Tere: Mañana saldremos con la colla, para celebrar el éxito de hoy. No olvides acicalarte y relucir las joyas que tanto gustaron a tus amigas.

Aquél incidente, fue otro de los tantos de los que salí por los pelos. Me estaba temiendo ya el día que el toro me cogiera desprevenido y no lo pudiera capear.
Parecía que si no era el actual, con mis dudas de Carrión y los nuevos gastos municipales de Nova, se le parecería mucho.






Parejas Perdurables (Continuación 81 )

Estaba dando vueltas a lo comentado por Carrión, sobre la Urbanización Santa María, relativo a la isla mayor enclavada en Cubera.

Deduje que se procedía allí también a una reparcelación, dividiéndola en dos islas al ser atravesada diagonalmente, con una calle en proyecto. Y no se hablaba de ningún PERI. Era decisión, a dedo.

Como mis problemas en Tarter ya me distraían suficiente, postergué ahondar en este nuevo de Cubera, para cuando me hallara con ánimos suficientes para encararme con el Ayuntamiento.
No se trataba de un Alcalde ahora, pues el que me dio guerra sin cuartel, ya se perdió en el olvido. En todo caso, serían reminiscencias por intereses de alguien para obtener ignorado beneficio.

Así fue, pues años después, al decidir mi intervención renovada, supe la razón y su procedencia. Una aberración, de despropósitos continuados, que colea aún en la actualidad.

Al verme con Carrión en el Tarter, le confesé que tenía mis sospechas de lo que estaba ocurriendo con Santa María, por lo que aguardaría unos años más antes de reemprender acciones.

-Debemos concentrarnos en activar el desarrollo de Tarter. No es suficiente una campaña publicitaria, debemos realizar mejoras ostentosas y ofrecer motivos lúdicos para los posibles clientes.

-El Alcalde, propuso que con los jóvenes colonos de Tarter, formáramos un equipo de fútbol. Los fines de semana, también vendrían para practicar el deporte, los jóvenes de las distintas entidades que formaban el Municipio.

-Sí, no está mal. Un aliciente para las familias que nos visitan, pero aún son muy pocos los jóvenes asiduos en acudir los fines de semana, nos pasamos entre niños, menores, y los ya maduritos en exceso.
-Los vendedores, ya se apuntarían. A ellos les viene de perillas.

Así fue. El equipo de vendedores con su cabecilla Roano y su segundo Pelón, fueron los organizadores de equipos para entreno los fines de semana. Improvisaron una Competición Tarteros- Vecinos, para finalizar al tiempo que se iniciara la temporada de cacería. Prácticamente, serían los mismos componentes, futbolistas  y cazadores.

-      -Tere, los niños ya tendrán mayor aliciente en Tarter. Verás como al final les entusiasmará.

-     - No a mí. Cuando ya teníamos amistades en Santa María y nos desenvolvíamos con verdadero placer disfrutando de juegos, reuniones y un magnífico paisaje marino, nos internamos en un bosque, lleno de peligros y aislados del mundo civilizado.


-   - Hija, no te pases. Ya viste como lo transformé. Aislados no lo estamos. Tienes el coche que te regalé para que puedas sin ninguna dificultad acudir a mercados, o tiendas de los pueblos vecinos. Está avisado el farmacéutico y el médico más cercano. Recibirás el correo a diario durante el verano.

Efectivamente, en aquellos días, ya tenía buen cariz la urbanización. Lo que le faltaba aparte del suministro eléctrico por no haberse inventado aún, eran los teléfonos móviles, o celulares. Claro ahora, con los Ipod, también resultan obsoletos.

Y  la torre que inauguraríamos, estaba verdaderamente enclavada en un entorno de espesura boscosa.
Para su construcción, talé y limpié un mínimo de terreno, imprescindible para formar un jardín y una barbacoa.

Al eliminar considerable cantidad de pinos concentrados, su estado raquítico, no me causaba piedad ni desazón, pero uno, a un metro de los cimientos proyectados, parecía destacar de entre sus hermanos, con un cuerpo visible de pino añoso, y ramaje exuberante.

Hice un cerco a su alrededor, lo podé y procedí a defenderle de inclemencias meteorológicas, supliendo sequía por riego moderado.
Me lo agradeció un par de años, pero al tercero, con el ánimo compungido, no tuve más remedio que proceder lo mismo que anteriormente hice con sus congéneres: Talarlo.

Se convirtió en un hermoso gigante cuya altura doblaba la del tejado de la torre. Sus ramas, de grosor considerable barrían las paredes al movimiento inducido por el viento y deduje que sus raíces no visibles, eran las que resquebrajaron la acera alrededor del chalet, levantándola y amenazando hacer lo mismo con los cimientos.

Aquél invierno, aún preferimos no estrenar el chalet de Tarter. Lo haríamos al final de curso. Los niños invitaron a sus amigos para que les visitaran.
Ya vendí la torre de Pierola y lo más práctico para los fines de semana, resultó alquilar un apartamento en Castelldefels, a dieciséis kilómetros de Barcelona, lo que era un paseo.

La sorpresa inicial de hallar uno a primera línea del mar a tan bajo precio de alquiler, se desvaneció, al segundo día de su ocupación.

-Carlos, es raro que un apartamento en sexto piso de altura dominando el maravilloso panorama Mediterráneo, nos lo alquilen tan barato.

-Lo atribuyo a que le sacarán partido en verano, por eso nos cobra por adelantado dos meses. Seguro que al vencimiento nos pedirá otro precio.

No era exactamente esto. La prueba es que nuestra segunda ocupación, ya que era de fines de semana, fue la última.
Rehusamos reclamar dinero alguno, ya que lo pagado por anticipado, según trato, no admitía devolución.

El primer sábado llegamos a tomar posesión del apartamento, a medio día. Mientras los niños jugueteaban por las inmediaciones, Tere, tomaba posesión de su reino culinario. Le ayudé a preparar algunos canapés mientras ella procedía a cocinar un suculento caldo reconfortante. Era apetecible, dada la humedad fría reinante como era natural en invierno frente al mar.

La tarde la disfrutamos, paseando por una playa sin alma viviente.
Por la tarde, acudimos al único bar que abría en invierno. Charlamos con el dueño, que se lamentaba de la tremenda diferencia entre una temporada invernal y la veraniega. No se atrevía a amplir el negocio, que le comportaba más personal fijo y que no rentaba durante siete meses al año.
Se extrañó que fuéramos inquilinos del edificio de marras. Sin embargo, no hizo comentarios.

Después de ver la tele en la habitación, nos dispusimos a dormir en los tres dormitorios que disponía el apartamento. Nos distribuimos ocupándolos, además del sofá cama del comedor-sala de estar.

De dos en dos, copábamos su capacidad, ya que J.C. iniciaba su prevista emancipación, quedándose en Barcelona, a sus anchas.

Las doce de la media noche, en edificio desocupado, a una altura del suelo de veinte metros, el ulular del viento encogía el alma.

Bueno, también hacía que te agarraras bien a la pareja que brindaba calor y seguridad. Muy bien. A dormir, o lo que sea.

Diez minutos después al ulular del viento, se sumó el tintineo de unos vasos sobre la mesita de noche. Y un ligero temblor, acusado por la lámpara colgante. Y un traqueteo ruidoso, claro procedente del paso de un mercancías por las vías del tren a treinta metros de distancia del edificio por su parte trasera.

-Niños, no tengáis miedo, esto es por retumbar el traqueteo del tren hasta la altura en que nos hallamos. Dormid tranquilos.

Veinte minutos más tarde se repite la función. Nos volvimos a despertar todos. Y siguió una y otra vez.
Contamos once pasos de trenes ascendentes y ocho de descendentes. Los mercancías aprovechaban sus viajes nocturnos por ofrecer menos impedimentos a los trayectos diurnos turísticos.

No resistimos la segunda semana, y preferimos quedarnos en Barcelona, cambiando hábitos.



Parejas Perdurables (Continuación 81 a)

Al restaurar viviendas antiguas al pié del castillo, una higuera estorbaba, impidiendo una necesaria ampliación. La vimos decrépita, aunque con alguna rama llena de vigor y el tronco desde su emerger del suelo con visibles raíces, era corpulento pero parcialmente dañado.

Sabía de la extrema resistencia de este frutal. Y después de lo experimentado con el pino levantando la acera y cimientos de la torre, me temí lo peor.

Procedí a su tala incluso eliminando el tocón a ras, aserrando el máximo de raíces visibles. Como pareciese una extinción total del arcaico árbol, procedí las obras, pensando en que a su término el lugar ocupado por la higuera, sería el garaje de nuestros vehículos y almacén de áperos, herramientas y maquinaria.
Al siguiente año, me llamó la atención el resurgimiento de la higuera. Las raíces se engrosaron y extrañamente revitalizaron a un nuevo brote.

Repetí mi labor “arboricida”, al asesinar a aquel neonato árbol, excavando una profundidad de medio metro eliminando raíces. Sabía que esto era utópico, pues las raíces de una higuera, lo mismo abarcan un recinto de varios metros, como cientos.
Esto lo sabía desde mi tiempo de levantamientos topográficos en fincas rurales. Me contó un lugareño el litigio que tuvo con su vecino por culpa de una higuera cercana a su linde.

Había empleado un capital en la construcción de un pozo en su campo de secano, sin hallar agua. Para que no resultara baldía  la labor realizada, lo utilizó como aljibe, ya que las lluvias eran escasas.
El tercer año, el aljibe perdía agua, por lo que su nivel no subía por más lluvia que lo alimentara. Al reparar las grietas, vio la causa. Una raíz de higuera se metía por las grietas del cemento.
Y no había más higuera en lontananza que la del vecino a más de cien metros del aljibe.

La discusión fue por cuanto las leyes de buena vecindad en predios agrícolas, prohíben mantener arbolado de savia dulce, a menos de veinticinco metros del linde vecinal y aquella higuera, se hallaba a escasos seis.
Sin embargo reconoció que el problema hubiera sido el mismo de cumplir con lo reglamentado, ya que a la higuera, ni cien metros más la hubieran impedido que fuera a beber del manantial apetecido, cuando en su alrededor dominaba la sequedad. Eso sí, quizá hubiera tardado algunos años más en conseguirlo.

Con esta experiencia en mi memoria, una vez descalzadas las raíces  aserré las diversas ramificaciones en esta profundidad.
A continuación, empleé varios litros de ácido sulfúrico, para cicatrizarla y luego, al hoyo de medio metro, le vertí doscientos kilos de concreto.

Una vez fraguado el relleno del hoyo, nivelé el suelo y lo dejé apto para enlosar, cosa que estaba tentado de realizar por mi mano prescindiendo de los albañiles.
Le conté a Tere lo avanzadas que estaban las obras y que a partir del verano ya podíamos ocupar lo que llamé Torre Pairal por haberle habilitado doce dormitorios. Como si de un hotel se tratara.

Pensaba en que los amigos de de nuestros hijos, usualmente invasores del hogar en Barcelona, podrían por invitación, también visitarles en Tarter pasando la noche si se terciaba.

Era curioso como los compañeros colegiales de nuestros hijos eran asiduos también en sus juegos en nuestro hogar. Jamás al revés.
Posiblemente la razón estribaba en que con nosotros, veían una continuidad del colegio más animada, además que de un espacio mayor que el disponible por ellos ellos en sus casas.

-Este sábado, Carrión nos invita a la comida inaugural del Restaurante. Y la paga él. Su mujer hace de cocinera y su hijo de camarero. Carrión, de Barman y maitre. Un acontecimiento.

-¿Pensaste en el destino del Restaurante?. ¿De qué se nutrirá, durante el tiempo que se precise antes no sea conocido y acudan clientes?.

-Carrión, lo administrará mientras yo busco a alguien interesado, al ver su puesta en marcha. Y de ser necesario, le ofrecería al posible regente, la casi gratuidad del local durante diez años, o venta por un valor simbólico. Lo que interesa es dar vida a la Urbanización.

La comida inesperadamente, resultó mucho mejor de lo razonable.
Entre mi familia, la de Carrión y otros catorce comensales desconocidos, nos hallábamos como si de un restaurante normal se tratara, con veintiséis personas ocupándolo, mediante doce mesas.
Y el hecho de haber diseñado el edificio con aseos exteriores y otros interiores, daban prestigio a la Sala Comedor, cuya única conexión con el resto de dependencias, era la barra frente a la entrada.

Felicité a Carrión por haber superado la prueba. Había ubicado en la cocina a otras tres encimeras para proceder a la elaboración del menú. Ayudó a su mujer una cocinera Gallega, esposa de uno de los comensales. Y también me di cuenta del aumento de neveras al lado de la barra. También el menaje, era nuevo.
Total, aquello sería objeto de una factura de la cual Carrión no hizo mención.

-¿Qué te pareció Tere?, ¿No ves futuro al Restaurante?.

-Muy lejano, pero no a manos de esa mujer.

-¿Qué quieres decir?. La cocinera gallega solo era provisional para el evento.

-No. La mujer de Carrión, no me da buenas vibraciones

A mí, ni fú, ni fa. A quien tenía que satisfacer aquella mujer, era a su marido y por lo visto, se entendían a la perfección. El trato yo lo tenía con Carrión, no con su mujer, pero ya Tere me puso la mosca tras la oreja.

Nuestra relación empezó a agriarse, al presentarme dos meses después, en pleno verano y con una incipiente asiduidad de clientela, una factura de material de menaje y aparatos culinarios adquiridos sin consulta alguna.

-Lo menos que podía haber hecho era que pretendía dotar al restaurante de este menaje y aparatos, máxime cuando no son de importe baladí.

-Don Carlos, tenga en cuenta que redunda en el negocio. Al fin y al cabo este material es suyo.

Cuando lo supo Tere, volvió al ataque.

-¿Te sorprende?.Es su mujer que le induce actuar así. Mejor te liberes de ellos.

-Pero, Tere, es que se trata de mi brazo derecho aquí en el Tarter. Si le doy un ultimátum, me expongo a depender directamente del equipo de vendedores. Serían ellos los que se moverían para buscar un regente del Restaurante. Y para ello, no tengo más remedio que ir a declarar la obra nueva Notarialmente y segregarla del resto de finca matriz.

Decidido, me presenté a la Notaría del vecino Pueblo, al que concentraba las operaciones de Tarter.

-Don Carlos, esta redacción de límites ¿es correcta?.

-Pues sí Señoría, le acompaño la escritura de la finca matriz.

-Tendrá que modificar algo de estos datos, pues el Registro de la Propiedad, así, no se lo aceptarán. Son una duplicidad de propiedad.

-¿Cómo?. Si las únicas segregaciones con declaración de obra que llevo realizadas, no son más que las torres de planta baja y lo próximo será un grupo de pareados. ¿A cual duplicidad se refiere?.

-Pues los datos idénticos que un tal Carrión, trajo a favor de su mujer.

¡¡¡ Ya….!!!


Parejas Perdurables (Continuación 82 )

A Rodriguez, fui a verle después de haber contado a Tere la fatalidad, por ella vaticinada.
La actitud irresponsable de Carrión, se debía a su esposa.
Cuando se lo conté a Tere, me expuso lo que leyó de aquella mujer, por sus miradas y posturas altaneras.

-Carlos, vi perfectamente que la mujer de Carrión, se sentía humillada ante nosotros, aunque no hiciéramos nada para provocarla.

-Por lo último discutido con Carrión, deduje que su mujer pretendía unos emolumentos extraordinarios para llevar el restaurante, aún en estado de experimentación. Y que de no ser así, allí solo permanecería siendo la dueña.

-Ya ves el complejo de inferioridad, le afloraba, con ínfulas de gran señora. No me extrañaría que nos odiara a ti y a mí. Considerará que su matrimonio no le permite el nivel social, que supone sea el nuestro. Hay que ver. Nos envidia. A saber que le contaría su marido sobre nosotros. Forzosamente, no la realidad, ya que como contable, la conoce de sobras.

La somera explicación que di a Rodríguez, le puso como siempre sobre aviso de todos los problemas legales que me amenazaban.

-Carlos, tu mujer no va desencaminada y esto tienes que solventarlo de inmediato. Cuanto más tardes en actuar, peor.

-A eso vengo, a decidir como resolverlo con mínimas consecuencias.

-Lo de costumbre. Si lo tiene ya registrado, obligarle a que acuda al Notario, realice nueva escritura anulando la anterior por error. Traelo de inmediato al Registro, para cancelar la anotación previa anterior.
Si no está registrada, acudir contigo al Notario levantando acta de cancelación de la escritura anterior asimismo por error. Y ya no se entrega al Registro.
Y por último, si está registrado de más de dos meses, una posibilidad sería que te escriturara a ti como comprador, aunque fuera por  
cesión gratuita.

-¿No es complicarlo?. Es otro gasto Notarial, y además los aranceles de Hacienda por comra-venta, son veinte veces mayores que los de simple declaración de obra nueva.

-Tal cual, Carlos. Tú decides. Si a lo que decidas, Carrión se opone, la alternativa, ya sabes, como siempre una demanda y quien se lleve la peor parte serás tú.

No tuve ocasión de volver a Tarter para requerir a Carrión. Fue él quien vino a verme en Barcelona.
Se excusó como pudo, visiblemente afectado por el desliz cometido. Fue su mujer que le puso entre la espada y la pared. O era la Señora de Tarter, propietaria del Restaurante, o le abandonaba con su hijo, que ya era mayorcito.

-Don Carlos, le ruego me permita seguir figurando como propietaria mi mujer, cambiando la superficie de terreno que ocupa el Restaurante, por la totalidad del terreno que me resta de las Has, que me regaló.

Aquella confesión me aclaraba definitivamente la doblez de Carrión.
Se había vendido once solares de la finca que puse a su nombre. Con ello disponía de dinero para al menos dos años por los vendidos a plazos, pero es que preparaban la venta también del Restaurante en poco tiempo.

Emigraron regresando a Barcelona, ya que el motivo por el cual vino a Tarter desapareció. Su hijo, halló un empleo y él ya tenía dinero para alquilar un piso decente  y posibilidades de ejercer la profesión.

-Me defraudó Ud, Carrión. Deposité mi confianza, creyendo en verdad que nos sentíamos unidos ante el infortunio, pero ha actuado como lo que se dice vulgarmente, “le tendí la mano y se tomó el brazo”.
Al vender contra lo aconsejado por mí, parte de la finca, ya levantó sospechas, pero luego viendo que se afanaba para levantar la urbanización me las desvaneció y si no voy al Notario para legalizar la obra nueva, ¿cuándo me habría enterado que Ud, se la había apropiado?.

No había forma ya de seguir con él. Prometió que anularía él mismo su escritura.
Dos semanas después, aún no había cumplido su promesa, por lo cual con otra entrevista, le dí una semana de tiempo, o recibiría la consabida demanda Judicial.
Se excusó de nuevo. No quería acudir su mujer al Notario, cosa que era imprescindible si figuraba como propietaria.
Lo consiguió, ignoro como. Desde luego, a regañadientes firmó su mujer, con lo que permutamos una declaración errónea fallida, por la mía tras un mes de zozobra.
No volví a ver más a Carrión y familia, que por supuesto un careo, hubiera sido repelente.

Y tal como preví, ahora dependería exclusivamente del equipo de vendedores por muchos años.
El colofón de tal desventura, lo reviví, cinco años después, cuando ya mis hijos mayores iniciaban estudios superiores.
Estaba atendiendo a una visitadora para captar estudiantes de informática. Era la moda. Nadie conocía nada de esta nueva técnica, pero unas máquinas de tamaños portentosos, figuraban ya en las empresas de solera. 

Los ordenadores, eran conocidos por su capacidad de obtención de datos, a partir de antes haberlos alimentado con ellos, pero realizaban una labor matemática con una celeridad superior al cerebro humano.
Igual de ignorante que el resto de la ciudadanía de a pié, me hallaba yo a este respecto, pero veía lógico que a no tardar la sociedad derivaría hacia este nuevo mundo informático.
Había pocos técnicos que pudieran manejar estas máquinas colosales. Y se requería mucha preparación y demostrar experiencia para que le admitieran al manejo de estos esperpentos de veinte metros de longitud, lo que permitía obtener buenas retribuciones.

Desde luego lacapacidad de aquellas máquinas a pesar de su colosales dimensiones no llegaba ni a la centésima de cualquiera de los ordenadores personales que se popularizaron cinco años después.

Cuando yo inicié mis estudio de Ingeniero, se propalaba la conveniencia de estudiar la electrónica, “la base del futuro”. En pocos años se divulgó de tal manera que pasó a ser una asignatura más de las que quedaron relegadas a un capítulo. Pues ahora esta Srta, veinte años después venía a decir lo mismo para la informática.

Se lo aconsejé a mi tercer hijo, que aceptó, por lo cual di la conformidad a la captadora visitante, y tres años después ya era mi hijo quien daba clases.

Pues bien Tere que por aquél tiempo era mi secretaria, me anunció la visita de unos jóvenes de nombre desconocido por mí.

-Diles que aguarden que acabo en seguida. Estoy firmando la matriculación de Jordi para informática.

Al entrar al despacho dos jóvenes un chico y una chica, se presentaron como hijos de Carrión.
Aquello era una bomba. ¿De dónde surgían?. ¿Porqué, si era hijos de Carrión, no tuve su conocimiento?. ¿Porqué no usaban su apellido?.

A medida que se explicaron, fui comprendiendo muchas cosas de Carrión. Tenía una doble vida y ya me importaba poco conocer detalles pero las cosas encajaban.

Aquella pareja que tenía ante mí, eran fruto de su matrimonio en Valencia, donde él acudía de vez en cuando y no sé si para sacar dinero, o para dejar. Y la mujer de Tarter era con la que tenía al hijo que conocí. En verdad, o mantenía él a dos familias, o la mujer de Valencia le mantenía a él. Es igual, no lo sabré ni me interesa.

Los hijos frente a mí me anunciaron el fallecimiento de su padre en uno de los viajes de ida a Valencia, por accidente en carretera con el coche que manejaba.
Y ahora como herederos, me ofrecían a buen precio, el resto de la finca de Tarter.

¡Pues, qué bien!. Esto era el regodeo, incluso después de morir.



Parejas Perdurables (Continuación 82 a)


La visita de los hijos de Carrión, se produjo cuando por mi cuenta y riesgo, sin equipo de apoyo, aparte del de los vendedores, tramitaba con FECSA la traída de electricidad a Tarter.


Debía acusar pues la ayuda, de Roano y su segundo, Pelón, pero pocos años después se repitió la historia de los ya numerosos colaboradores que a semejanza del dios Jano, disponían de dos caras.


Mis colaboradores, mostraban la cara de cordero obediente por intereses mutuos. Una vez consolidados en su estatus, sin ambages mostraban la del lobo en arras a su lucro personal.
¡ Y lo lograron!.


Franco había muerto, con lo que la era de la Dictadura Franquista Española se acabó. España iniciaba una nueva etapa : la de un Reino Demócrata, que de inventiva no nos falta.
Asimismo, se acabó la etapa de las Parejas Perdurables citadas, en su faceta de formar un hogar e incrementar familia.
La nueva etapa en que como diáspora la prole formaría sus propios nidos, la trataré en una segunda parte de esta narrativa.


Me tomaré al menos otro año para ello, aunque con menos capítulos, para no cansar. Sin embargo, al menos hoy, haré mención de cómo me sacudí de encima a los hermanos Carrión.


-Justo cuando daba por descontado que tendría que prescindir en la Urbanización de la Hectárea que le resta a su Sr. Padre, por no tener noticias desde años, aparecen Uds.


-Los tres últimos los pasó con nosotros en Valencia la mayor parte del tiempo, por lo cual se desenvolvía laboralmente allí. Los viajes a Barcelona fueron esporádicos, hasta el día macabro.


-Pues su terreno, no integrado en el proyecto de Urbanización, por desestimarlo su Padre, carece de valor, a menos que contribuyan en la parte proporcional para la electrificación que ya sin este incremento de posibles solares, asciende a muchos millones de pesetas. FECSA, me obliga a financiar la traída de 6 Km. de línea en Alta tensión, desde el transformador más cercano hasta el centro de Tarter. Y luego tendré que realizar otra inversión para, distribuir la línea en Baja tensión por todas las calles.


Tal como imaginé, desconocían el origen de su propiedad. Tampoco sabían de la jugarreta final que me hizo, ni los problemas que las parcelas que segregó causaron a sus compradores, perdiendo uno de ellos su inversión al negarse a contribuir con el correspondiente rateo.


Con el rabo entrepiernas salieron de mi despacho. Por lo visto, la herencia que les dejó su padre, fueron deudas y orientados por su madre, esperaban con tal venta, sufragarlas.
Esta vez sí que la aventura Carrión, quedó definitivamente archivada.


Volviendo a mi labor en Tarter, para hacer un poco más confortable la estancia a Tere, ya que estaba de nuevo sin servicio en la urbanización desde la partida de Carrión, adquirí un grupo electrógeno a gasóleo de 50 C.V. trifásico, con lo que me atreví a suministrar un mínimo de potencia de 5 A. a 220 V para a lo sumo, cien viviendas.


El tendido provisional por las calles de los que lo solicitaban, lo realicé a falta de capital para un tendido definitivo, yo mismo con la ayuda de mis hijos mayores. 
Pasamos cables de revestimiento sumergible en agua, una parte por el suelo bajo las aceras y el resto colgado en postes de madera embreados, o creosotados.
Era dinero tirado, ya que una vez se obtuviera la traída eléctrica por parte de FECSA, no serviría lo instalado para nada.


Sin embargo, el que unos veinticinco vecinos pudieran disfrutar de alumbrado, nevera y televisor, era un paso muy eficaz para seguir promocionando ventas.
En eso obtuve todo el apoyo de Roano que incluso se brindó de inspector, para asegurar que los parcelistas no introdujeran aparatos eléctricos de fuerte consumo en sus torres, dada la poca potencia que se les podía suministrar. De no cumplir esta premisa, las averías y cortes de corriente, se hubieran generalizado.


La Burra, como se le llamaba al grupo electrógeno, la instalé a mitad de camino entre la balsa captora del agua del torrente y el Restaurante.
A pesar de hallarse distante y en una vertiente inferior, el ruido era atroz. Le puse un silenciador, y además la aislé cobijándola en una barraca de cuatro por cuatro metros con las tochanas recubiertas de porexpan. Y el tubo de escape, mediante un silencioso, lo enterré, aflorando lo imprescindible.


Con todo, de día no se escuchaba, pero con el silencio de la noche, se oía desde el Restaurante, aunque ya sin molestar.
Por aquellos días, proliferaron y se pusieron de moda con la rapidez de una epidemia, las tiendas de Videos en alquiler.


Se me ocurrió que si los vendedores se hacían cargo, podía traer un televisor de color y semanalmente media docena de vídeos alquilados para amenizar los atardeceres, ya que la instalación eléctrica funcionaba a la perfección.
Durante un verano aquello, resultó buena idea, hasta que la gente tuvo en sus propias torres televisores y videos.
Para seguir dando vida y mientras se buscaba un posible regente del Restaurante, Roano organizó bailes para las verbenas. 


Les permitía alumbrado hasta las doce de media noche, no poniendo en marcha la Burra de nuevo, hasta las nueve de la mañana.
Pero los días de Verbena señalada, les permitía hasta las dos de la madrugada aproximadamente, ya que calculaba la cantidad de gasóleo suministrado hasta esta hora.

Los demás días tenía que bajar a parar el generador, a las doce cosa muy incómoda. El regreso, a oscuras mientras que todo el mundo se había metido en cama cuando disponían de alumbrado.
Esto al llegar los fines de semana invernales, se hizo harto desagradable. Más los días lluviosos. 
Lo solventé con un nuevo tendido de cable para instalar el accionamiento eléctomagnético, que desde mi cama, a las doce lo pulsaba, cerrando el suministro a los inyectores de la Burra.


Otro problema era que al ser ya bastante concurrido el Tarter, me convertí en el pito del sereno. Debía acudir para solventar instalaciones, para dar soluciones de construcción, preparar planos para los que iban a realizar su propia torre, señalar solares en venta, conectar acometidas de agua, enfín, que ocupado por cualquier asunto en un confín de Tarter alguna vez se cortó el suministro de la Burra. Antes no podía dedicar mi atención en su resolución, transcurrían horas.


Manera de seguir apañándome sin contratar personal, una lección a mis hijos.
A excepción de la niña por demasiado pequeña, cité a los seis varones para que acudieran a ver como preparaba y ponía en marcha al generador.


-Fijaros bien que lo voy a realizar lentamente y si hace falta lo repetiré, pero aparte de ser el procedimiento lógico, conviene realizarlo en los veintitrés pasos sin olvidar ninguno, ya que son garantía de funcionamiento sin problemas por muchas horas.


Les indiqué cómo asegurarse de los niveles de agua, aceite, gasóleo, para una previsión de dieciséis horas.
Cómo controlar las revoluciones, la frecuencia, la temperatura, la distribución de las fases ya que todo estaba contemplado mediante indicadores.
Al parecer ya lo entendieron y así les dije:


-Bien ahora cada uno lo pondrá en marcha y lo parará.


El mayor se saltó una operación de las primeras diez.
El segundo, se equivocó en la dieciocho, pero ya vieron todos como aquello se aprendía con rapidez. El tercero al realizar la operación diecinueve, saltó el peque.


-No, no es así. Ahora hay que igualar la tensión de las tres fases.


Pues así era. Me sorprendí, puesto que no pensaba en ningún momento permitirle a él siquiera intentar ponerlo en marcha estando yo presente.


Pues el peque fue quien no erró ni un paso. Con los años, demostró una especial recepción de lo que se le enseñaba. Por poco, su facilidad de comprensión e inteligencia nata, estuvo a punto de costarle un disgusto, en su carrera.
Entendía las explicaciones del profesor, y con ello descuidaba estudiar. Salía bien en los exámenes, hasta que su pertinaz abstención le atrasó respecto sus compañeros. Aquél año, para aprobar tuvo por fin que estudiar.


Una vez Tere inserta en nuestro nuevo hábitat veraniego, reconoció que allí también tendría amigas con quienes podría entablar palique y que la selva ya no lo era tanto.


Y en los años de asistencia a Tarter se desarrolló la segunda etapa de la vida de las parejas de nuestro entorno social. Como dije cada cual con sus particulares circunstancias, vivieron lo básico de forma muy similar.

Saludos de Avicarlos
FIN 1ª Parte.

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