Este blog destinado a la narrativa de PAREJAS PERDURABLES se inicia el 24- I- 2017
Para obtener lectura ordenada, de capítulos del primero al (82 a) inicio su inserción con el último capítulo de la Iª parte con lo que finalizaré insertando el primero, ya que las adiciones empujan a los anteriores.
Añado hoy del cap.40 al 42 - 43 al 49 así como añadí del 50 al 55 y al 56 al 59 que con los del 60 al 64 forman parte de este
tramo de la 1ª parte ya que el blog, hasta el ( 82 a) no lo admite en una única
subida, por excesiva extensión.
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Este video corresponde al programa de Iker por TV, tratando normalmente de temas fantasiosos, pero en este caso, lo que se narra del profesor Fassman, lo sucribo, por haber sido testigo de algunos hechos. Y me complace haber buscado por Google las memorias de su vida, ya que hasta hoy, no supe que era natural de Sort, una población prepirenaica, famosa por los últimos años sacar premios de la Lotería Nacional. Por cierto aunque se diga que Sort (en Catalán ) es Suerte, en Castellano, el nombre de esta población, no se refiere a la aceptación de suerte sino que era el de “pequeño puente”, nombre dado en época prerrománica, por ser un poblado con único puente que atravesaba el rio Noguera Pallaresa.
Fassman escribió en una pizarra, cuatro opciones para que Tere eligiera una, la cual él la cumpliría, con los ojos vendados.
La opción que eligió Tere, ya me pareció, inducida por la personalidad de Fassman, (a menos que y eso no me lo comentó), que fuera para tener mayor protagonismo en la actuación.
Debía bajar Fassman a platea y dar la mano a su marido,……. a mí. ¿Eh?.
¿Para que me involucraba?. Ella me conocía lo suficiente como para saber que me repelían las actuaciones en público. Lo pasaba muy mal en un escenario ya desde mi época estudiantil al actuar en el Teatro Principal de Olot.
Pues bajó del escenario Fassman colocada una amplia venda negra que indudablemente no le permitía ver con los ojos. Pidió que Tere le siguiera a no más de dos pasos de él, pensando constantemente en la butaca que ocupaba yo.
Él captaría su pensamiento y…. se dirigió a Jaime. Yo aquello lo vi ya con un mérito superlativo. Le di yo mismo la mano para no errar con Jaime. Realmente, estaba ocupando el asiento que no me correspondía por el cambiazo entre parejas para charlar de nuestras preferencias.
Los aplausos del público fueron estentóreos. Y yo pensé, que si en lugar de salir Tere, lo hubiera hecho una desconocida, me habría reafirmado en creer que era camelo.
Indiscutible que tenía Fassman unas facultades fuera de lo normal, pues aunque aquello, lo hubiera realizado otras veces en otras sesiones, el solo hecho de bajar la escalerilla del escenario de ochenta centímetros ancho, con media docena de peldaños, a ciegas, ya merecía admiración.
Luego si es que él influyó a Tere para que entre las opciones eligiera esta, ya era otro mérito.
Y si en base a su aplomo en que influiría en el “sujeto”, como llaman a quien se presta de voluntario para las experiencias del hipnotista, hubiera memorizado la butaca que desde el escenario viera desocupada, era otro mérito.
Y el último, acoplar sus pasos hasta la fila de butacas en que me hallaba. Total, incomprensible.
Y entonces rememoré el motivo de haber adquirido a Jaime, cuando, ambos solteros paseábamos por la Diagonal, el Ford antediluviano que él lo daba por amortizado.
Le ofrecí una cantidad, más bien baja, pero mayor que lo que hubiera obtenido por desguace. Acababa de accidentarme con la moto llevando de pasajera a Tere de novia.
Barcelona por aquél tiempo tenía todas sus calles surcadas por los raíles de tranvías. Cuando la rueda delantera se encarrilaba en una vía, era muy difícil sacarla sin perder el equilibrio.
Esto me sucedió estando detrás de un tranvía, que al parar me obligó a frenar con la rueda en el carril.
No sucedió nada grave, solo ensuciarnos la vestimenta al besar los adoquines.
Aquello, era el final de circular en moto. También necesitaba el coche para los trabajos de campo, con ayudantes topógrafos.
Al despedirnos aquella noche, le confesé a Jaime que estaba preocupado por las ventas de la Urbanización y que no veía más solución que reanudar publicidad por mi cuenta.
Así que llamaría a Robino.
2008. CONSORCIO DE LA ZONA FRANCA DE BARCELONA,
BURBUJA INMOBILIARIA igual a CRISIS FINANCIERA
Rafael del Barco Carreras
Presidente el Alcalde, Vicepresidente el Delegado Especial del Estado, y Comité Ejecutivo con vocales representantes del Ayuntamiento, Aduana, Cámara y Estado. Un ENTE que a partir de las expropiaciones por los años 20 de los campos entre Hospitalet, Monjuich y el Prat de Llobregat con el proyecto de crear una ZONA FRANCA (que nunca funcionaría como tal) acaba en una macro urbanización industrial de unas 800 hectáreas que alquila los terrenos (SEAT, NISAN, etc..), con cesiones o ventas al Golf del Prat, puerto y aeropuerto, para unos años después del desfalco de los De la Rosa, 1974-1979, convertirse en una GRAN PROMOTORA INMOBILIARIA dirigida por los “políticos locales”.
Total Jaime estaba bien informado y más cuando este maneje de dinero del Erario a favor de capitostes, a través de mi vida, la fui constatando.
De todas maneras, algo me enseñó a mí también. Una vez obtenido el crédito de 15 millones, me lo ingresaron en otra cuenta bancaria. Por aquél tiempo ya eran doce las cuentas a manejar.
No lo tuve disponible, hasta la presentación de un acta Notarial una vez realizada la plantación.
Hecho esto, me devolvieron toda la documentación, incluida el acta Notarial. No les importaba lo mínimo lo que yo hiciera con aquél dinero. Querían su 6% anual y basta de historias.
¡Ah!. ¿Estas gastamos?. ¿Con qué lo único que querían era cumplir con el cupo obligado por el Estado en concesión de créditos baratos y nada más?.
Por lo visto, con unas cuantas Entidades particulares que acreditaran haber recibido las Ayudas a la Agricultura, bastaba para tapar el vergonzoso trapicheo de desvío del capital oficial a Nicolás.
Bien, pues me aproveché dentro de mi capacidad. Aquellas tres hectáreas, las había escriturado a favor de Orpí. Cada vez se convertía en socio con más intereses en USAMA. Tendría que pagarlo con sus emolumentos por proyecto y dirección de la serie de obras que estaba programando para estos diez años venideros.
En primer lugar, estos millones, permitieron cancelar hipotecas y las obras de calles de las tres hectáreas que eran las mismas de la proyectada Urbanización. El riego formaba parte de la propia infraestructura asimismo de la Urbanización, luego el único dinero tirado fue el de las legalizaciones y la adquisición de los 1600 manzanos, de costo ridículo.
Claro que no empezarían a dar fruto recolectable hasta el tercer año.
El beneficio fue automático. Me quité de encima la losa de los 12 puntos excedentes de interés. Adquirí un nuevo local para las oficinas de Usama, y cedí en alquiler la ya envejecida del Gabinete, para Robino.
Sí. Con Robino llegué a un acuerdo, aunque no muy acertado…….
Parejas perdurables (continuación 43 )
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Parejas perdurables (continuación 40 )
A Rodríguez, fui a verle en su bufete. Como si despertara de un letargo, mi mente se abría pasando de la infancia a la madurez. Cándido nací, y seguía siéndolo. Por lo visto el grado, la experiencia con los años lo rebaja, pero no lo elimina, pues aún conservo buena dosis.
Ya que acerté con lo imaginado sobre el afer del Secretario fascista, temí acertar de nuevo con lo de la policía.
Abiertamente, le expuse mi teoría.
-Creo Rodríguez, que el policía, no me lo contó todo. ¿Se las quedaría él, las letras?. Todo depende si la empresa vendedora realizó la venta en privado, o ante Notario. Claro que lo primero tiene el inconveniente que el cliente exigirá la escritura en su día. ¿Quién se la otorgará?. Y en el segundo caso, ¿qué financiera acepta papel indocumentado?. En realidad, era lo que se intentó conmigo.
-Nada de nada, Carlos. Es más que posible lo que imaginas. ¿No viste películas en las que aparecen policías corruptos?. Esto está a la orden del día. Existen los “Intocables”, pero los que no lo son tanto, a su vez, se diferencian entre los que van por libre, manteniendo sus cuitas ocultas, y los que forman verdadera mafia organizada.
Por lo que cuentas, este último puede ser el proceder de tus visitantes.
-Opinas que la Policía acudió, por complicidad con el delincuente. Que las unidades las enviaron extraoficialmente. Que el informe policial, sería negativo en cuanto al hallazgo de la documentación. Y que a la chita callando, se repartirían el botín entre ellos.
Queda por explicar quien les compra esta mercancía.
-Ay, Carlos, Carlos. ¡Las financieras, peristas!.
-Pero y ellas ¿cómo no son detectadas?. Las letras tienen que cobrarlas por alguna cuenta.
-¿Será posible, Carlos?. Todos los bancos, disponen de financieras directas, o indirectas. Las primeras son una continuidad del negocio Oficial, las segundas, que muchas veces las dirigen los mismos banqueros, disponen de cuentas secretas, a las que no se les puede seguir el rastro. Y si éstas a su vez tienen supervisores en la policía, tienes el círculo cerrado.
Por ejemplo tu caso, supón que están declaradas en la escritura de compra. La financiera, las entrega al mismo banco que figura endosado para su negociación. La financiera cobra del banco el valor de las letras descontadas a precio oficial bancario y el librado, las recibe para atender su importe, a la orden del mismo banco que los descontó provenientes de un endoso.
Nadie a menos que se tratara de una denuncia muy bien documentada, podría hallar ninguna anomalía entre comprador y vendedor. Y si el vendedor encima, está encausado, le interesa que se olviden de la desaparición de lo que la Justicia no supo hallar.
De no haberlo vivido, me lo cuentan y no lo creo. Empezaba o comprender la multitud de estafas realizadas por altos dignatarios que apenas se conocieron por la prensa, o que una vez conocidas, pasaban al olvido de inmediato.
Dejé pasar unos días para comentar esto con Tere. Sería alarmarla gratuitamente. Y ya conocía su interés en que me desprendiera de la Urbanización.
Claro. Si dispusiera de una posición legal bien definida y suficiente Capital para ponerla en venta, junto a la Sociedad USAMA, la duda ofendería. La realidad era que toda la documentación que obraba en mi poder, era legal, pero parcheada.
La propiedad por poderes, habría que convertirla en propiedad Registrada a mi nombre. Y si cuando la adquirí los trámites legales eran costosos, como para decidir la no declaración Pública, ahora, con la simple venta realizada del 15% de la superficie matriz, el valor a declarar a Hacienda, debía ser un mínimo de cinco veces superior. Ya no se trataba de una finca rústica abandonada.
Luego transferir los documentos privados con los propietarios de las fincas adyacentes y cumplirles los tratos a menos que se les liquidase definitivamente. Y no podía contar con la ayuda de Orpí, que estaba más que liado por causa del aporte de sus honorarios como Proyectista.
Total, no era fácil poner en venta la Urbanización entera, sin apechugar los grandes costos para su declaración integrada, u ofrecer un precio reventado que sedujera al comprador.
Entonces este sería el objetivo a conseguir. Me propuse incrementar las ventas. Poco a poco saldar las obras en curso y acopiar capital para legalizaciones.
Necesitaba desprenderme de otro 15% de los solares proyectados. Y esto eran muchos millones. ¿Cómo llegué a esta situación, si lo único que aspiraba al finalizar la carrera era un sueldo mediano recibido de una Industria Barcelonesa?.
¿Cómo necesitaba manejar tanto dinero para ser esclavo de él?.
Para ahorrar, mi declaración de Autónomo, era un gasto por la contribución mensual al Estado. No podía acreditar sueldo ni grande, ni pequeño ya que ello hubiera acabado con la estabilidad de la Sociedad creada. Era el Administrador, sin retribución.
Disponía de letras y más letras, pero el líquido justo para atender facturas y nóminas.
La oferta de Robino, de momento no encajaba. Puse un simple anuncio en la prensa, solicitando un equipo de vendedores para Urbanización en curso, con retribución a convenir.
Aquella semana, solo logré dos ventas atendidas por el único vendedor que me restaba. Eliminada la publicidad en tiempo excesivo, pocos clientes aparecían. Casi todos venían recomendados por compradores anteriores.
Para salvar la situación, o me ponía en manos de un equipo profesional de vendedores, o tendría que aceptar la oferta de Robino.
Inesperadamente, a punto de salir del despacho, dos jóvenes, pidieron ser recibidos.
-Don Carlos, ya nos íbamos todos, pues son mas de las ocho, pero unos señores dicen que vienen por el anuncio. ¿Les hago pasar, y desea que me quede?.
-¿Por el anuncio? ¿Cuál?. ¡Ah ¡. Caramba, ya sé. Sí, sí, que pasen y tranquila es muy tarde no hace falta que se quede. Terminaré pronto.
¡TERMINARÉ PRONTO!. ¿Es que no escarmiento, nunca?. Aquello me complicaría más aún.
A Rodríguez, fui a verle en su bufete. Como si despertara de un letargo, mi mente se abría pasando de la infancia a la madurez. Cándido nací, y seguía siéndolo. Por lo visto el grado, la experiencia con los años lo rebaja, pero no lo elimina, pues aún conservo buena dosis.
Ya que acerté con lo imaginado sobre el afer del Secretario fascista, temí acertar de nuevo con lo de la policía.
Abiertamente, le expuse mi teoría.
-Creo Rodríguez, que el policía, no me lo contó todo. ¿Se las quedaría él, las letras?. Todo depende si la empresa vendedora realizó la venta en privado, o ante Notario. Claro que lo primero tiene el inconveniente que el cliente exigirá la escritura en su día. ¿Quién se la otorgará?. Y en el segundo caso, ¿qué financiera acepta papel indocumentado?. En realidad, era lo que se intentó conmigo.
-Nada de nada, Carlos. Es más que posible lo que imaginas. ¿No viste películas en las que aparecen policías corruptos?. Esto está a la orden del día. Existen los “Intocables”, pero los que no lo son tanto, a su vez, se diferencian entre los que van por libre, manteniendo sus cuitas ocultas, y los que forman verdadera mafia organizada.
Por lo que cuentas, este último puede ser el proceder de tus visitantes.
-Opinas que la Policía acudió, por complicidad con el delincuente. Que las unidades las enviaron extraoficialmente. Que el informe policial, sería negativo en cuanto al hallazgo de la documentación. Y que a la chita callando, se repartirían el botín entre ellos.
Queda por explicar quien les compra esta mercancía.
-Ay, Carlos, Carlos. ¡Las financieras, peristas!.
-Pero y ellas ¿cómo no son detectadas?. Las letras tienen que cobrarlas por alguna cuenta.
-¿Será posible, Carlos?. Todos los bancos, disponen de financieras directas, o indirectas. Las primeras son una continuidad del negocio Oficial, las segundas, que muchas veces las dirigen los mismos banqueros, disponen de cuentas secretas, a las que no se les puede seguir el rastro. Y si éstas a su vez tienen supervisores en la policía, tienes el círculo cerrado.
Por ejemplo tu caso, supón que están declaradas en la escritura de compra. La financiera, las entrega al mismo banco que figura endosado para su negociación. La financiera cobra del banco el valor de las letras descontadas a precio oficial bancario y el librado, las recibe para atender su importe, a la orden del mismo banco que los descontó provenientes de un endoso.
Nadie a menos que se tratara de una denuncia muy bien documentada, podría hallar ninguna anomalía entre comprador y vendedor. Y si el vendedor encima, está encausado, le interesa que se olviden de la desaparición de lo que la Justicia no supo hallar.
De no haberlo vivido, me lo cuentan y no lo creo. Empezaba o comprender la multitud de estafas realizadas por altos dignatarios que apenas se conocieron por la prensa, o que una vez conocidas, pasaban al olvido de inmediato.
Dejé pasar unos días para comentar esto con Tere. Sería alarmarla gratuitamente. Y ya conocía su interés en que me desprendiera de la Urbanización.
Claro. Si dispusiera de una posición legal bien definida y suficiente Capital para ponerla en venta, junto a la Sociedad USAMA, la duda ofendería. La realidad era que toda la documentación que obraba en mi poder, era legal, pero parcheada.
La propiedad por poderes, habría que convertirla en propiedad Registrada a mi nombre. Y si cuando la adquirí los trámites legales eran costosos, como para decidir la no declaración Pública, ahora, con la simple venta realizada del 15% de la superficie matriz, el valor a declarar a Hacienda, debía ser un mínimo de cinco veces superior. Ya no se trataba de una finca rústica abandonada.
Luego transferir los documentos privados con los propietarios de las fincas adyacentes y cumplirles los tratos a menos que se les liquidase definitivamente. Y no podía contar con la ayuda de Orpí, que estaba más que liado por causa del aporte de sus honorarios como Proyectista.
Total, no era fácil poner en venta la Urbanización entera, sin apechugar los grandes costos para su declaración integrada, u ofrecer un precio reventado que sedujera al comprador.
Entonces este sería el objetivo a conseguir. Me propuse incrementar las ventas. Poco a poco saldar las obras en curso y acopiar capital para legalizaciones.
Necesitaba desprenderme de otro 15% de los solares proyectados. Y esto eran muchos millones. ¿Cómo llegué a esta situación, si lo único que aspiraba al finalizar la carrera era un sueldo mediano recibido de una Industria Barcelonesa?.
¿Cómo necesitaba manejar tanto dinero para ser esclavo de él?.
Para ahorrar, mi declaración de Autónomo, era un gasto por la contribución mensual al Estado. No podía acreditar sueldo ni grande, ni pequeño ya que ello hubiera acabado con la estabilidad de la Sociedad creada. Era el Administrador, sin retribución.
Disponía de letras y más letras, pero el líquido justo para atender facturas y nóminas.
La oferta de Robino, de momento no encajaba. Puse un simple anuncio en la prensa, solicitando un equipo de vendedores para Urbanización en curso, con retribución a convenir.
Aquella semana, solo logré dos ventas atendidas por el único vendedor que me restaba. Eliminada la publicidad en tiempo excesivo, pocos clientes aparecían. Casi todos venían recomendados por compradores anteriores.
Para salvar la situación, o me ponía en manos de un equipo profesional de vendedores, o tendría que aceptar la oferta de Robino.
Inesperadamente, a punto de salir del despacho, dos jóvenes, pidieron ser recibidos.
-Don Carlos, ya nos íbamos todos, pues son mas de las ocho, pero unos señores dicen que vienen por el anuncio. ¿Les hago pasar, y desea que me quede?.
-¿Por el anuncio? ¿Cuál?. ¡Ah ¡. Caramba, ya sé. Sí, sí, que pasen y tranquila es muy tarde no hace falta que se quede. Terminaré pronto.
¡TERMINARÉ PRONTO!. ¿Es que no escarmiento, nunca?. Aquello me complicaría más aún.
Parejas perdurables (continuación 40 a )
Ni pensaba ya con el anuncio pidiendo un equipo de vendedores. En diez días, nadie asomó la nariz. Ni una sola llamada por teléfono. Y ahora cuando daba por perdido el importe del anuncio, aparecen interesados. Con lo perentorio que me resultaba su obtención, no podía dejarles escapar.
Se presentaron ufanos, presumiendo su efectividad. Unos resultados probados en distintas urbanizaciones. Y actualmente su equipo, formado por ocho vendedores, cumplida la última misión, estaban a disposición de nuevo cliente.
El cliente sería yo, por lo cual fui pidiendo datos de sus actuaciones, quienes eran, cuales urbanizaciones habían sido objeto de su labor y más preguntas, ansiando que todas tuvieran la respuesta apetecida.
Como parecían convincentes, quise comprometerles en una próxima entrevista, en la que entraríamos en detalles económicos y proceso burocrático. Ellos entusiasmados, indicaron que podíamos seguir conversación, en la cena a la que me invitaban.
-No lo veo oportuno, ya que mi mujer me espera y son muchos los días que está sola. Cuando llego, los niños ya se acostaron.
Insistieron pero con mayor énfasis. Se hallaban ávidos de poner en práctica sus artes, en beneficio mutuo. Opté pues por llamar a mi mujer.
-Tere, estoy con una visita de sumo interés para cerrar trato comercial. Me invitan a cenar, para detallar los términos del compromiso, por cuanto siento que una vez más tengas que estar sola. Y verdaderamente, no sé a la hora que acabaremos, por lo que no me esperes despierta. Seguro que será de madrugada.
Me trajeron a un Restaurante de la Diagonal, de los que abrieron sus puertas recientemente, con pretensiones de alto Standing. Lo conocía de oídas y por visualizarlo de paso conduciendo el coche. Pero no esperaba su opulenta decoración, ni la cantidad de servicio de etiqueta que atendía a los comensales. Teníamos reservada una mesa. Me dijeron que aguardaban a otro colega, ya que la mesa era para cuatro.
El Maître, nos obsequió con entrantes para hacer tiempo y nos entregó las cartas. ¡Válgame el cielo!. ¿Aquellos precios, estaban al alcance de unos simples vendedores?. ¿Y se atrevían a invitar a un posible cliente?. Con el probable costo de aquella cena para tres, Tere podía alimentar nuestra familia durante dos meses.
No apareciendo quien supuestamente esperaban, empezaron a pedir los costosos platos. Cada uno lo servía el camarero especializado. Traían una mesita con todo tipo de aparatos y ante nosotros nos deleitaban con su preparación y recital de la procedencia de los ingredientes.
No era posible entablar conversación de negocios. Cuando se retiraba el camarero, tampoco. Se enzarzaron en contar batallitas jocosas, de sus últimas actividades. Interrumpir, parecía una descortesía, y no procedía ya que el nuevo camarero traía su arsenal para el próximo plato.
Yo me sentía incómodo. No me gustaba y sigo así, tal ostentación de lujo y menos el servilismo. Me hacía sentir un inútil que necesita que le corten el pan, que le descascarillen los crustáceos, que le limpien la boca, o que le pongan el cuchillo en la mano correspondiente.
Después catamos vinos distintos, decidiendo cual merecía nuestra aprobación despreciando las demás botellas abiertas y retiradas con indiferencia. Para mí, el colmo.
Para postre, los crep susets, los flambeó con hábil ritual el camarero de turno. Y no podía faltar brindar con la botella de champán.
Casi era la media noche, cuando viendo que el restaurante se desalojaba y nosotros más bien éramos unos incordios para el personal, insistí en que nos fuéramos ya. No habíamos abordado el tema que me interesaba.
-No se preocupe, vamos a los Jardines Casablanca, donde hasta la madrugada tienen abierto. Y allí podremos charlar. Por cierto que hoy actúa Jaime Morey como cantante de moda.
http://www.youtube.com/watch?v=WsEAPuv9l0o
Ni pensaba ya con el anuncio pidiendo un equipo de vendedores. En diez días, nadie asomó la nariz. Ni una sola llamada por teléfono. Y ahora cuando daba por perdido el importe del anuncio, aparecen interesados. Con lo perentorio que me resultaba su obtención, no podía dejarles escapar.
Se presentaron ufanos, presumiendo su efectividad. Unos resultados probados en distintas urbanizaciones. Y actualmente su equipo, formado por ocho vendedores, cumplida la última misión, estaban a disposición de nuevo cliente.
El cliente sería yo, por lo cual fui pidiendo datos de sus actuaciones, quienes eran, cuales urbanizaciones habían sido objeto de su labor y más preguntas, ansiando que todas tuvieran la respuesta apetecida.
Como parecían convincentes, quise comprometerles en una próxima entrevista, en la que entraríamos en detalles económicos y proceso burocrático. Ellos entusiasmados, indicaron que podíamos seguir conversación, en la cena a la que me invitaban.
-No lo veo oportuno, ya que mi mujer me espera y son muchos los días que está sola. Cuando llego, los niños ya se acostaron.
Insistieron pero con mayor énfasis. Se hallaban ávidos de poner en práctica sus artes, en beneficio mutuo. Opté pues por llamar a mi mujer.
-Tere, estoy con una visita de sumo interés para cerrar trato comercial. Me invitan a cenar, para detallar los términos del compromiso, por cuanto siento que una vez más tengas que estar sola. Y verdaderamente, no sé a la hora que acabaremos, por lo que no me esperes despierta. Seguro que será de madrugada.
Me trajeron a un Restaurante de la Diagonal, de los que abrieron sus puertas recientemente, con pretensiones de alto Standing. Lo conocía de oídas y por visualizarlo de paso conduciendo el coche. Pero no esperaba su opulenta decoración, ni la cantidad de servicio de etiqueta que atendía a los comensales. Teníamos reservada una mesa. Me dijeron que aguardaban a otro colega, ya que la mesa era para cuatro.
El Maître, nos obsequió con entrantes para hacer tiempo y nos entregó las cartas. ¡Válgame el cielo!. ¿Aquellos precios, estaban al alcance de unos simples vendedores?. ¿Y se atrevían a invitar a un posible cliente?. Con el probable costo de aquella cena para tres, Tere podía alimentar nuestra familia durante dos meses.
No apareciendo quien supuestamente esperaban, empezaron a pedir los costosos platos. Cada uno lo servía el camarero especializado. Traían una mesita con todo tipo de aparatos y ante nosotros nos deleitaban con su preparación y recital de la procedencia de los ingredientes.
No era posible entablar conversación de negocios. Cuando se retiraba el camarero, tampoco. Se enzarzaron en contar batallitas jocosas, de sus últimas actividades. Interrumpir, parecía una descortesía, y no procedía ya que el nuevo camarero traía su arsenal para el próximo plato.
Yo me sentía incómodo. No me gustaba y sigo así, tal ostentación de lujo y menos el servilismo. Me hacía sentir un inútil que necesita que le corten el pan, que le descascarillen los crustáceos, que le limpien la boca, o que le pongan el cuchillo en la mano correspondiente.
Después catamos vinos distintos, decidiendo cual merecía nuestra aprobación despreciando las demás botellas abiertas y retiradas con indiferencia. Para mí, el colmo.
Para postre, los crep susets, los flambeó con hábil ritual el camarero de turno. Y no podía faltar brindar con la botella de champán.
Casi era la media noche, cuando viendo que el restaurante se desalojaba y nosotros más bien éramos unos incordios para el personal, insistí en que nos fuéramos ya. No habíamos abordado el tema que me interesaba.
-No se preocupe, vamos a los Jardines Casablanca, donde hasta la madrugada tienen abierto. Y allí podremos charlar. Por cierto que hoy actúa Jaime Morey como cantante de moda.
http://www.youtube.com/watch?v=WsEAPuv9l0o
Rosita, por Jaime Morey
El Maître les trajo la cuenta, que ellos sin mirar, iban a firmar. El Maître les comentó algo que no entendí, pero la respuesta fue que no se preocupara que preferían liquidar a fin de mes. Deduje, que eran clientes habituales y que tenían crédito en tal Restaurante, muy bien recibidos por las abultadas cifras que les proporcionaban.
Sin embargo, este tren de vida, empezó a hacerme dudar de ser yo quien pudiera permitirles seguirla. No me cuadraban los números atendiendo a las comisiones por simples ventas de solares.
O es que ellos pensaban en un mes, vender lo que yo preveía para un año.
Tomando un taxi, paramos un par de manzanas antes de Jardines Casablanca ya que uno de ellos recordó que había citado a Juanita. Quizá ella sabría el motivo de la no asistencia de su colega a la cena.
Nos apeamos ante un bar y preguntó por Juanita. No estaba ya que según dijo una compañera, se hallaba indispuesta. Estuvieron charlando de lo que nada entendía y por cierto, poco me importaba.
Sin más entramos en Los Jardines Casablanca, y ocupamos un amplio palco, dominando el plató. En el plató las mesas, distribuidas en círculo, facilitaban gran superficie libre, a efectos de pista de baile. Y el escenario para actuaciones diversas, disponía de escalera para descender al plató ya que los artistas accedían indistintamente por ella, mezclándose con el público.
Como seguían enzarzados en sus aventuras, de nuevo corté diálogo requiriendo centrarnos en el negocio. Subió al escenario Morey. Se hizo un silencio y con su actuación, tuve que de nuevo aguardar. Es de mala educación ignorar al artista.
Retirado del escenario, Morey, la orquesta emitió los clásicos sones de invitación al baile. Uno de mis anfitriones viendo a una señorita en una mesa de platea, llamó la atención a su colega-
-Mira allí está la amiga de Juanita, voy a ver si ella nos lo soluciona.
Y nos dejó, teniendo la esperanza de poder al fin hablar de la venta de terrenos. Aunque no encontraba elegante el comportamiento de estos dos jóvenes. Me estaba desilusionando, creyéndoles más parranderos que vendedores.
¿Qué era lo que debía solucionarles la amiga de la reclamada Juanita?. Y ahora se ponía a bailar con ella. Además nos hizo señas.
-Veo que no vamos a lograr nada hoy. Es muy tarde, ya hablaremos mañana. Vaya Ud. a bailar con su colega, que lo del baile, no es lo mío.
-Pero mire. Nos llama ya que allí están unas amigas y están deseosas de compañía.
Se resistían a que abandonara el local, queriendo presentarme a sus amistades. Aquello olía a chamusquina. Se demostraba que su vida de noctámbulos era usual. Tenían contactos por doquier y derrochaban el dinero de modo insano. Definitivamente perdí interés y me fui.
Casi las tres eran cuando llegué al hogar. Tere dormía. Mañana le contaría. Vaya desengaño. Una noche de farra obligada, sin comerme un rosco, que para mí el rosco hubiera sido un trato equitativo por la consecución de un equipo profesional de vendedores.
El Maître les trajo la cuenta, que ellos sin mirar, iban a firmar. El Maître les comentó algo que no entendí, pero la respuesta fue que no se preocupara que preferían liquidar a fin de mes. Deduje, que eran clientes habituales y que tenían crédito en tal Restaurante, muy bien recibidos por las abultadas cifras que les proporcionaban.
Sin embargo, este tren de vida, empezó a hacerme dudar de ser yo quien pudiera permitirles seguirla. No me cuadraban los números atendiendo a las comisiones por simples ventas de solares.
O es que ellos pensaban en un mes, vender lo que yo preveía para un año.
Tomando un taxi, paramos un par de manzanas antes de Jardines Casablanca ya que uno de ellos recordó que había citado a Juanita. Quizá ella sabría el motivo de la no asistencia de su colega a la cena.
Nos apeamos ante un bar y preguntó por Juanita. No estaba ya que según dijo una compañera, se hallaba indispuesta. Estuvieron charlando de lo que nada entendía y por cierto, poco me importaba.
Sin más entramos en Los Jardines Casablanca, y ocupamos un amplio palco, dominando el plató. En el plató las mesas, distribuidas en círculo, facilitaban gran superficie libre, a efectos de pista de baile. Y el escenario para actuaciones diversas, disponía de escalera para descender al plató ya que los artistas accedían indistintamente por ella, mezclándose con el público.
Como seguían enzarzados en sus aventuras, de nuevo corté diálogo requiriendo centrarnos en el negocio. Subió al escenario Morey. Se hizo un silencio y con su actuación, tuve que de nuevo aguardar. Es de mala educación ignorar al artista.
Retirado del escenario, Morey, la orquesta emitió los clásicos sones de invitación al baile. Uno de mis anfitriones viendo a una señorita en una mesa de platea, llamó la atención a su colega-
-Mira allí está la amiga de Juanita, voy a ver si ella nos lo soluciona.
Y nos dejó, teniendo la esperanza de poder al fin hablar de la venta de terrenos. Aunque no encontraba elegante el comportamiento de estos dos jóvenes. Me estaba desilusionando, creyéndoles más parranderos que vendedores.
¿Qué era lo que debía solucionarles la amiga de la reclamada Juanita?. Y ahora se ponía a bailar con ella. Además nos hizo señas.
-Veo que no vamos a lograr nada hoy. Es muy tarde, ya hablaremos mañana. Vaya Ud. a bailar con su colega, que lo del baile, no es lo mío.
-Pero mire. Nos llama ya que allí están unas amigas y están deseosas de compañía.
Se resistían a que abandonara el local, queriendo presentarme a sus amistades. Aquello olía a chamusquina. Se demostraba que su vida de noctámbulos era usual. Tenían contactos por doquier y derrochaban el dinero de modo insano. Definitivamente perdí interés y me fui.
Casi las tres eran cuando llegué al hogar. Tere dormía. Mañana le contaría. Vaya desengaño. Una noche de farra obligada, sin comerme un rosco, que para mí el rosco hubiera sido un trato equitativo por la consecución de un equipo profesional de vendedores.
Parejas Perdurables (continuación 40 b )
La verdad es que cuando me llamó para decirme que llegaría muy tarde, que no le esperara, me sentí completamente hundida.
La tarea de la casa aunque tuviera quien me ayudara no dejaba de ser algo pesado. De los niños me ocupaba yo, y cuando estaban enfermos, mi madre y muchas veces mi hermana me echaban una mano. Pero llegado el momento como también tenían sus obligaciones, se iban a su casa Y yo haciendo broma les decía que me quedaba “sola ante el peligro”, mencionando la película de Gary Cooper.
También a veces comentaba con una amiga que también tenía muchos hijos que me sentía como un auriga, llevando mi cuadriga a toda velocidad. El más pequeño aún tomaba biberón, por lo que no tenía que andar detrás de él, pendiente de sus diabluras
Yo por aquel tiempo aún no había cumplido los 29 años y ya tenía cinco hijos. Por suerte por aquel tiempo al estar tan atareada, apenas si me daba cuenta que me perdía gran parte de unos años maravillosos.
Pero bueno a lo que iba…me llama el marido para anunciar un retraso considerable.
Recuerdo que dormí mal, despertándome muchas veces, y expectante miraba el reloj.
Eran las cuatro de la madrugada, y aún no había vuelto a casa. Lo que en un principio había sido en una decepción por su ausencia, a estas horas, se convirtió en temor a que le hubiera ocurrido algún percance.
No existían lo teléfonos móviles, pero ¡demonios! Podía llamar al fijo, y explicarme el motivo de su tardanza.
Incomprensiblemente, nunca veía la necesidad de llamar, para explicar los motivos del retraso, muchas veces yo sabía que estaba por la carretera, y esto aún me ponía más histérica. Mi imaginación no cesaba de visualizar escalofriantes accidentes.
Al regresar, me explicaba los motivos.
Yo le exponía mis miedos, mis temores al estar desinformada. La mente nos juega estas malas pasadas cuando estamos demasiado nerviosos.
Recuerdo que volví a mirar el reloj, ya eran las seis. Me preguntaba si tendría que llamar a la policía, o llamar a todos los hospitales.
Cuando oí la llave en la cerradura.
Aquel día, si me hubiera dejado llevar por todos los sentimientos que había ido almacenando tras una espera tan larga, seguro que hubiéramos terminado muy enfadados.
Opté por simular que dormía, ya que hubiera sido lo más normal.
Esperando que a su debido tiempo me explicara los motivos.
En efecto por la mañana, cuando ya los niños estaban en el colegio me explicó todo lo sucedido.
Y entonces surgió otra duda.
¿Me había sido fiel?
Los hombres delante de una mujer bonita, que les acosa…Mmmmmm
Mucho peligro.
Y se lo dije.
Me miró fijamente, y me aseguró que no había sucedido nada, que pudiera enturbiar nuestra relación.
Y simplemente le creí.
Pero le hice prometer que si otra vez ocurría algo que por motivos laborales, le retenía fuera de casa por muchas horas, me tenía que llamar, fuera la hora que fuera. Daba igual que los niños se despertaran, con el timbre del teléfono.
Si ella dice que eran las seis de la madrugada, no tengo más remedio que creerlo, pues mi detalle cronometrado de acontecimientos de cincuenta años atrás, no es muy fiable, máxime cuando en ningún momento estuve pendiente del reloj. Lo que me urgía, era camelar a los “maravillosos vendedores”, para allanar el camino, de la no dependencia de los Bancos.
Mi parecer, era que al marcharme de Los Jardines de Casablanca, sin finalizar el espectáculo, podían ser más o menos las dos de la madrugada, ya que a las cinco cerraban y una hora para llegar desde allí al hogar, con la dificultad de hallar taxi, me hacía presumir que fueran las tres de la madrugada. Pero ya digo, yo no consulté reloj alguno y por lo visto, ella sí.
Y ya que entramos en forzar la memoria, recuerdo algo más de esta madrugada:
El billete de entrada, con diseño especial durante los días de actuación de Gila, (más famoso que en aquél momento lo fuera Morey), en el reverso, indicaba que se guardara, ya que estaba premiado con los siguientes premios a elegir en tal día como la fecha del billete, pero 25 años después.
A ) Un globo, sin hinchar, conmemorativo de Casablanca.
B ) Otra entrada, previo pago del importe actualizado para Casablanca.
C ) Un viaje gratuito en tranvía, para llegar a Casablanca.
Resulta que 25 años después, ni existía la sala de fiestas, ni los tranvías por Barcelona. Claro que con otros 25 años, Barcelona está recuperando tranvías como el Trambaix y el Trambesós.
Lo del AVE, es otro tema.
La verdad es que cuando me llamó para decirme que llegaría muy tarde, que no le esperara, me sentí completamente hundida.
La tarea de la casa aunque tuviera quien me ayudara no dejaba de ser algo pesado. De los niños me ocupaba yo, y cuando estaban enfermos, mi madre y muchas veces mi hermana me echaban una mano. Pero llegado el momento como también tenían sus obligaciones, se iban a su casa Y yo haciendo broma les decía que me quedaba “sola ante el peligro”, mencionando la película de Gary Cooper.
También a veces comentaba con una amiga que también tenía muchos hijos que me sentía como un auriga, llevando mi cuadriga a toda velocidad. El más pequeño aún tomaba biberón, por lo que no tenía que andar detrás de él, pendiente de sus diabluras
Yo por aquel tiempo aún no había cumplido los 29 años y ya tenía cinco hijos. Por suerte por aquel tiempo al estar tan atareada, apenas si me daba cuenta que me perdía gran parte de unos años maravillosos.
Pero bueno a lo que iba…me llama el marido para anunciar un retraso considerable.
Recuerdo que dormí mal, despertándome muchas veces, y expectante miraba el reloj.
Eran las cuatro de la madrugada, y aún no había vuelto a casa. Lo que en un principio había sido en una decepción por su ausencia, a estas horas, se convirtió en temor a que le hubiera ocurrido algún percance.
No existían lo teléfonos móviles, pero ¡demonios! Podía llamar al fijo, y explicarme el motivo de su tardanza.
Incomprensiblemente, nunca veía la necesidad de llamar, para explicar los motivos del retraso, muchas veces yo sabía que estaba por la carretera, y esto aún me ponía más histérica. Mi imaginación no cesaba de visualizar escalofriantes accidentes.
Al regresar, me explicaba los motivos.
Yo le exponía mis miedos, mis temores al estar desinformada. La mente nos juega estas malas pasadas cuando estamos demasiado nerviosos.
Recuerdo que volví a mirar el reloj, ya eran las seis. Me preguntaba si tendría que llamar a la policía, o llamar a todos los hospitales.
Cuando oí la llave en la cerradura.
Aquel día, si me hubiera dejado llevar por todos los sentimientos que había ido almacenando tras una espera tan larga, seguro que hubiéramos terminado muy enfadados.
Opté por simular que dormía, ya que hubiera sido lo más normal.
Esperando que a su debido tiempo me explicara los motivos.
En efecto por la mañana, cuando ya los niños estaban en el colegio me explicó todo lo sucedido.
Y entonces surgió otra duda.
¿Me había sido fiel?
Los hombres delante de una mujer bonita, que les acosa…Mmmmmm
Mucho peligro.
Y se lo dije.
Me miró fijamente, y me aseguró que no había sucedido nada, que pudiera enturbiar nuestra relación.
Y simplemente le creí.
Pero le hice prometer que si otra vez ocurría algo que por motivos laborales, le retenía fuera de casa por muchas horas, me tenía que llamar, fuera la hora que fuera. Daba igual que los niños se despertaran, con el timbre del teléfono.
Si ella dice que eran las seis de la madrugada, no tengo más remedio que creerlo, pues mi detalle cronometrado de acontecimientos de cincuenta años atrás, no es muy fiable, máxime cuando en ningún momento estuve pendiente del reloj. Lo que me urgía, era camelar a los “maravillosos vendedores”, para allanar el camino, de la no dependencia de los Bancos.
Mi parecer, era que al marcharme de Los Jardines de Casablanca, sin finalizar el espectáculo, podían ser más o menos las dos de la madrugada, ya que a las cinco cerraban y una hora para llegar desde allí al hogar, con la dificultad de hallar taxi, me hacía presumir que fueran las tres de la madrugada. Pero ya digo, yo no consulté reloj alguno y por lo visto, ella sí.
Y ya que entramos en forzar la memoria, recuerdo algo más de esta madrugada:
El billete de entrada, con diseño especial durante los días de actuación de Gila, (más famoso que en aquél momento lo fuera Morey), en el reverso, indicaba que se guardara, ya que estaba premiado con los siguientes premios a elegir en tal día como la fecha del billete, pero 25 años después.
A ) Un globo, sin hinchar, conmemorativo de Casablanca.
B ) Otra entrada, previo pago del importe actualizado para Casablanca.
C ) Un viaje gratuito en tranvía, para llegar a Casablanca.
Resulta que 25 años después, ni existía la sala de fiestas, ni los tranvías por Barcelona. Claro que con otros 25 años, Barcelona está recuperando tranvías como el Trambaix y el Trambesós.
Lo del AVE, es otro tema.
Parejas perdurables (continuación 41 )
La bomba sumergible que instalé de 5 CV en el pozo nº 1, habría que sustituirla pronto por otra de 10 CV.
Un comprador, se emperró en adquirir un solar del confín de Santa María. En la parte más alta. Y donde aún no se abrieron calles. Un incordio, vamos. Porqué disponiendo de más de doscientos solares con calles abiertas con alumbrado en ejecución y red de agua operativa, en niveles más bajos, aquello era un capricho infantil.
Sí, lo era. Y de no ceder a su capricho, se perdía la venta y lo más interesante: El primer cliente que por su cuenta iba a edificar una torre.
Esto daba fiabilidad a la Urbanización. Hasta aquél día no habían más que solares vendidos y solo cuatro edificados, para venderlos naturalmente.
La contribución de los clientes construyendo sus viviendas, favorecía la revalorización del resto en venta.
Pero allá arriba, la presión proporcionada por la bomba no era suficiente. La red disponía de tuberías resistentes hasta 10 atmósferas nominales, que aguantaban incluso veinte atmósferas, garantizadas por la Empresa suministradora.
Como el agua se hallaba a más de 20 metros de profundidad, esta altura dejaba de ser eficaz, por lo que la bomba nueva debía con el coeficiente de seguridad permitido, subir el agua a la cota 80 metros sobre la de la boca del pozo.
Mientras estudiaba la idónea, sobre unos catálogos proporcionados por la empresa fabricante, Judit, acababa de recibir una misteriosa llamada.
-Don Carlos, una Srta. Tiene algo delicado que contarle, si puede ser a solas.
-¿Está aquí?.
-No está al teléfono, que mantengo abierto, si es que quiere atenderla, pero recomienda que la atienda sin testigos.
Eso faltaba, ahora la atiendo. No escuche ¿eh Judit?. Voy a complacer a la interlocutora.
-Diga. ¿Con quién hablo?.
-Me dirijo a Ud. por mi cuenta, sin que nadie lo sepa, pues el caso es que los vendedores que le vinieron a ver, están en la Comisaría, donde pasaron la noche detenidos. Tengo una tarjeta de Ud. que ellos llevaban en su cartera. Sería muy beneficioso que les visitara, antes de que los pasen al Juzgado.
-Pero, ¿de qué está hablando?. ¿Porqué están detenidos?.
-Por un talón sin fondos, han sido denunciados. Si les pudiera cubrir el importe, les retirarían la denuncia. Están ahora en muy mala situación y no saben a quién recurrir.
-Y Ud. ¿quién es?.
-Una amiga que intenta ayudarles. La Comisaría es la de Vía Layetana. Le ruego que les vea ahora.
Colgó la Srta. Que no dio su nombre, pero que al decir una amiga, pensé de inmediato en la Juanita que buscaban los “vendedores” la noche, que me invitaron. Me puse muy nervioso.
¿Debía ayudar a unos desconocidos que me pusieron en un brete con Tere, por su causa?.
¿Tenía que ayudarles pagando la cena de gourmet que me regalaron?.
¿De qué importe sería el talón sin fondos?.
Me quedé serio y pensativo, cosa que lo observó Orpí.
-¿Qué ocurre Carlos?.
-Que me piden que vaya a Comisaría de inmediato.
Le conté la aventura de aquella madrugada y la mala opinión que adquirí de la parejita, que ahora se demostraba que eran unos rufianes. Y si la Juanita tenía mi tarjeta, sacada de la cartera de los compinches, debía ser por algún motivo, si no los policías también tendrían tal dato y me habrían llamado ellos.
Tampoco podía asegurar que no me hubieran fichado y me citaran directamente como testigo al menos en el Juzgado.
Lo discutimos con Orpí y con el contable. Entre si iba, o no iba. Al fin, decidimos averiguar lo ocurrido en comisaría, y acabar con las dudas.
Por lo que pudiera ser, me acompañaron ellos también. De hacer falta dar razones, ellos eran mis validos.
En la comisaría un policía nos preguntó que deseábamos. Al citar a los detenidos, preguntó de qué les conocíamos. Una vez oída mi versión, optó no solo por negarse a que los viéramos sino que mejor nos olvidáramos de tales indeseables.
-Estos individuos aquí nos visitan con demasiada frecuencia y esta vez van a escarmentar. La denuncia lo es por el dueño de un Restaurante al que timaron con un talón sin fondos. Como la cifra abultada ya entra en la imputación de estafa, esta vez no se librarán tan fácilmente como en anteriores ocasiones. Si no les conocen, mejor váyanse y procuren no conocerles nunca.
-Carlos, vamos a celebrar haber salido tan bien librado. ¡ Vaya ojo tienes para buscar colaboradores!.
Ya tranquilizados, reímos la ocurrencia de Orpí y solté lo que supuse les ocurrió.
Enlacé la pretensión de que catara varios vinos para alegrarme, cosa que no me entusiasmó, la discusión con el Maître, luego la búsqueda de Juanita, indispuesta, luego con las Srtas. bailando en Casablanca, y finalmente, lo contrariados que demostraban estar al fallarles la amiga y mi firme decisión en abandonarles sin seguir la juerga.
Me tomaron por el Pardillo que abonaría sus vicios. Me enteré que su plan aquél mes les falló conmigo y con otros tres como yo. La deuda del restaurante podía ascender al menos como cuatro veces la de aquel día. Y lógico que el Maître tomara tal decisión.
Juanita sería la Srta. artífice del simulacro teatral de accidente estando acompañada del pardillo de turno.
O bien apareciendo falsos policías, a los que eludían permitiendo escapar al embaucado, o bien simulando llevar a la Srta. a Urgencias, excusándole su asistencia, ya que ellos se ocuparían de todo, para no provocar escándalo y llegara a enterarse su mujer.
A la mañana siguiente, le pasaban la factura en su despacho, amedrentándole para que atendiera los supuestos gastos realizados por su bien. Le mantenían ajeno al accidente, sin recurrir a su esposa.
Orpí, tenía razón. Mi ojo con los colaboradores bizqueaba a más no poder, sino el equipo que posteriormente contraté, lo confirmaba.
La bomba sumergible que instalé de 5 CV en el pozo nº 1, habría que sustituirla pronto por otra de 10 CV.
Un comprador, se emperró en adquirir un solar del confín de Santa María. En la parte más alta. Y donde aún no se abrieron calles. Un incordio, vamos. Porqué disponiendo de más de doscientos solares con calles abiertas con alumbrado en ejecución y red de agua operativa, en niveles más bajos, aquello era un capricho infantil.
Sí, lo era. Y de no ceder a su capricho, se perdía la venta y lo más interesante: El primer cliente que por su cuenta iba a edificar una torre.
Esto daba fiabilidad a la Urbanización. Hasta aquél día no habían más que solares vendidos y solo cuatro edificados, para venderlos naturalmente.
La contribución de los clientes construyendo sus viviendas, favorecía la revalorización del resto en venta.
Pero allá arriba, la presión proporcionada por la bomba no era suficiente. La red disponía de tuberías resistentes hasta 10 atmósferas nominales, que aguantaban incluso veinte atmósferas, garantizadas por la Empresa suministradora.
Como el agua se hallaba a más de 20 metros de profundidad, esta altura dejaba de ser eficaz, por lo que la bomba nueva debía con el coeficiente de seguridad permitido, subir el agua a la cota 80 metros sobre la de la boca del pozo.
Mientras estudiaba la idónea, sobre unos catálogos proporcionados por la empresa fabricante, Judit, acababa de recibir una misteriosa llamada.
-Don Carlos, una Srta. Tiene algo delicado que contarle, si puede ser a solas.
-¿Está aquí?.
-No está al teléfono, que mantengo abierto, si es que quiere atenderla, pero recomienda que la atienda sin testigos.
Eso faltaba, ahora la atiendo. No escuche ¿eh Judit?. Voy a complacer a la interlocutora.
-Diga. ¿Con quién hablo?.
-Me dirijo a Ud. por mi cuenta, sin que nadie lo sepa, pues el caso es que los vendedores que le vinieron a ver, están en la Comisaría, donde pasaron la noche detenidos. Tengo una tarjeta de Ud. que ellos llevaban en su cartera. Sería muy beneficioso que les visitara, antes de que los pasen al Juzgado.
-Pero, ¿de qué está hablando?. ¿Porqué están detenidos?.
-Por un talón sin fondos, han sido denunciados. Si les pudiera cubrir el importe, les retirarían la denuncia. Están ahora en muy mala situación y no saben a quién recurrir.
-Y Ud. ¿quién es?.
-Una amiga que intenta ayudarles. La Comisaría es la de Vía Layetana. Le ruego que les vea ahora.
Colgó la Srta. Que no dio su nombre, pero que al decir una amiga, pensé de inmediato en la Juanita que buscaban los “vendedores” la noche, que me invitaron. Me puse muy nervioso.
¿Debía ayudar a unos desconocidos que me pusieron en un brete con Tere, por su causa?.
¿Tenía que ayudarles pagando la cena de gourmet que me regalaron?.
¿De qué importe sería el talón sin fondos?.
Me quedé serio y pensativo, cosa que lo observó Orpí.
-¿Qué ocurre Carlos?.
-Que me piden que vaya a Comisaría de inmediato.
Le conté la aventura de aquella madrugada y la mala opinión que adquirí de la parejita, que ahora se demostraba que eran unos rufianes. Y si la Juanita tenía mi tarjeta, sacada de la cartera de los compinches, debía ser por algún motivo, si no los policías también tendrían tal dato y me habrían llamado ellos.
Tampoco podía asegurar que no me hubieran fichado y me citaran directamente como testigo al menos en el Juzgado.
Lo discutimos con Orpí y con el contable. Entre si iba, o no iba. Al fin, decidimos averiguar lo ocurrido en comisaría, y acabar con las dudas.
Por lo que pudiera ser, me acompañaron ellos también. De hacer falta dar razones, ellos eran mis validos.
En la comisaría un policía nos preguntó que deseábamos. Al citar a los detenidos, preguntó de qué les conocíamos. Una vez oída mi versión, optó no solo por negarse a que los viéramos sino que mejor nos olvidáramos de tales indeseables.
-Estos individuos aquí nos visitan con demasiada frecuencia y esta vez van a escarmentar. La denuncia lo es por el dueño de un Restaurante al que timaron con un talón sin fondos. Como la cifra abultada ya entra en la imputación de estafa, esta vez no se librarán tan fácilmente como en anteriores ocasiones. Si no les conocen, mejor váyanse y procuren no conocerles nunca.
-Carlos, vamos a celebrar haber salido tan bien librado. ¡ Vaya ojo tienes para buscar colaboradores!.
Ya tranquilizados, reímos la ocurrencia de Orpí y solté lo que supuse les ocurrió.
Enlacé la pretensión de que catara varios vinos para alegrarme, cosa que no me entusiasmó, la discusión con el Maître, luego la búsqueda de Juanita, indispuesta, luego con las Srtas. bailando en Casablanca, y finalmente, lo contrariados que demostraban estar al fallarles la amiga y mi firme decisión en abandonarles sin seguir la juerga.
Me tomaron por el Pardillo que abonaría sus vicios. Me enteré que su plan aquél mes les falló conmigo y con otros tres como yo. La deuda del restaurante podía ascender al menos como cuatro veces la de aquel día. Y lógico que el Maître tomara tal decisión.
Juanita sería la Srta. artífice del simulacro teatral de accidente estando acompañada del pardillo de turno.
O bien apareciendo falsos policías, a los que eludían permitiendo escapar al embaucado, o bien simulando llevar a la Srta. a Urgencias, excusándole su asistencia, ya que ellos se ocuparían de todo, para no provocar escándalo y llegara a enterarse su mujer.
A la mañana siguiente, le pasaban la factura en su despacho, amedrentándole para que atendiera los supuestos gastos realizados por su bien. Le mantenían ajeno al accidente, sin recurrir a su esposa.
Orpí, tenía razón. Mi ojo con los colaboradores bizqueaba a más no poder, sino el equipo que posteriormente contraté, lo confirmaba.
Parejas perdurables (continuación 41 a )
Me ausenté para no seguir siendo testigo de un espectáculo vergonzoso. Ocho corros, cada cual compuesto por una docena de posibles compradores de solares, atendiendo a los pitidos de un dirigente, iniciaban la subasta.
Ocho vendedores cada cual rodeado con sus clientes, después de soltar un panegírico de la Urbanización y el solar en concreto que pisaban, declaraba que el precio normal era ……¡Asombro para mí!....cinco veces superior al que yo les di como referencia.
Lo rebajaban a tres veces y a partir de aquí, en el tiempo que recibían los pitidos, se iniciaba una subasta. Se adjudicaba el solar al mejor postor al término del tiempo previsto.
De no haber puja, uno de los presuntos clientes, obviamente un vendedor infiltrado, hacía su oferta, que si finalizaba sin más pretendientes, sería una venta ficticia, con la que el vendedor, esta vez se quedaba sin comisión, igual que el infiltrado. Pero cuando alguien seguía la puja, resultaba un buen tanto. Al oír el pitido, se le adjudicaba y los posibles interesados, en la subasta no agraciados, podían todavía optar por adquirir los solares adyacentes con un valor intermedio entre el del adjudicado y el declarado como valor normal.
Me había dicho el cabeza de grupo de vendedores, que solían obtener en cada sesión el resultado entre ocho ventas y veinticuatro. De ser inferior, abandonaban definitivamente la urbanización, pues según su experiencia no respondía a los plácemes de la clientela típica.
Y de ser superior a los veinticuatro, ofrecían trato más favorable a la Promotora.
Se trataba de cobrarse el valor excedido al precio base. Si lo vendían en subasta tres veces al fijado por mí, según ellos, a mí no me costaba ninguna comisión, en cambio ellos se cobraban el doble de lo que yo recibía. Esto llevaba unos problemas legales, que mejor no cuento cómo los resolvían.
Pero si vendían con éxito remarcado, entonces permitían rebajar sus emolumentos gradualmente, hasta equilibrar el fifty/ fifty.
A la mañana siguiente, les esperaba en el despacho para recoger los contratos. Estando disgustado por la vista de aquél teatro borreguil, mi disposición a despedirlos, era firme. Más aún, cuando Orpí conocedor de este sistema de venta, me aleccionó de la presión insana que ejercían a sus presas.
Salían con un autocar concertado desde Barcelona con un centenar de pasajeros, de los cuales, una veintena lo constituían vendedores declarados unos, e infiltrados otros que disimulaban su pertenencia al equipo y de vez en cuando alababan la organización de tal excursión.
El autocar paraba en el Restaurante más próximo a la Urbanización en venta, y obsequiaban a los excursionistas con un refrigerio convenido. Les entregaban panfletos alusivos a la oferta de solares y ya se disponían a recorrer el objeto del negocio.
Después de la actuación en la subasta, rápidamente los volvían a subir al autocar, sentándose los vendedores declarados, al lado de los forzados clientes, tratando durante todo el viaje solo el tema que les traía. Que el cliente entregara una cantidad a cuenta para preparar el contrato de compra-venta.
Si el cliente argüía carecer allí de metálico, se le acompañaba hasta su casa. La cuestión era no perder la venta, tras finalizar la efervescencia inculcada al comprador.
A pesar de todas estas precauciones un porcentaje de clientes a la mañana siguiente, no aparecía por el despacho para legalizar su compra. Preferían perder lo entregado a cuenta.
Y esta fue la decepción. Habían vendido doce solares. Se presentaron ocho compradores, a precio tres veces superior al por mí fijado. Quise rescindir contratos por las implicaciones que me reportaría abonar en metálico, una cantidad doble del líquido que proporcionaría el producto de la venta.
Me permitieron cancelar solo a dos, por ser las de menor cuantía, pero tuve que firmar contrato de venta a los seis restantes. Por supuesto, que no me interesó contratarles a ellos para más excursiones.
Pasado el trance, recapacité: ¿cómo puedo seguir vendiendo al precio justo, sin dejar patente a estos seis clientes que habían sido estafados?.
Lo discutí con Orpí y me dio ánimos.
-Carlos, en el estado avanzado que tienes la Urbanización, si valoras los costos de lo que te queda por atender y el capital invertido, te dará una idea del valor real sin beneficio al día de hoy. Luego le aplicas los intereses bancarios y legalizaciones de ventas, que las cobras a cinco años y el beneficio prudencial a favor de la Sociedad y verás cómo este precio de adquisición de los nuevos clientes, no es exagerado. Creo que incluso deberías subir más el precio.
O sea que se repetía lo de no hay mal que por bien no venga.
Establecí nuevos precios a los solares en venta, que por descontado se realizarían a ralentí.
Llegó el momento temido de aceptar mi obligada dependencia con el banco. Pero antes, jugaría mi última baza con la ENHER.
El Transformador iba a cargo de la empresa eléctrica, pero la red de línea en Baja Tensión, por las calles de Santa María, pretendían que fuera a mi cargo.
Aleccionado como estuve por los propios ingenieros de ENHER, aduje razones para cambiar el trato. Aporté los planos de una serie de proyectos de edificaciones, situadas en solares estratégicos que hacían ineludible la llegada del suministro en B.T. a todas las calles, y la más perentoria sería la del solar recientemente vendido.
Les excusé de enterrar la línea, a cambio de dejarla conclusa aérea en toda la Urbanización, en ambos Municipios. Después de discutir pros y contras, transigieron con la condición de que les dejara a ellos como exclusivos suministradores de energía en toda la Urbanización.
Lo que en aquél momento no entendí, un tiempo después, contra lo que parecía ser un detrimento tal concesión, salió rentable.
Me ausenté para no seguir siendo testigo de un espectáculo vergonzoso. Ocho corros, cada cual compuesto por una docena de posibles compradores de solares, atendiendo a los pitidos de un dirigente, iniciaban la subasta.
Ocho vendedores cada cual rodeado con sus clientes, después de soltar un panegírico de la Urbanización y el solar en concreto que pisaban, declaraba que el precio normal era ……¡Asombro para mí!....cinco veces superior al que yo les di como referencia.
Lo rebajaban a tres veces y a partir de aquí, en el tiempo que recibían los pitidos, se iniciaba una subasta. Se adjudicaba el solar al mejor postor al término del tiempo previsto.
De no haber puja, uno de los presuntos clientes, obviamente un vendedor infiltrado, hacía su oferta, que si finalizaba sin más pretendientes, sería una venta ficticia, con la que el vendedor, esta vez se quedaba sin comisión, igual que el infiltrado. Pero cuando alguien seguía la puja, resultaba un buen tanto. Al oír el pitido, se le adjudicaba y los posibles interesados, en la subasta no agraciados, podían todavía optar por adquirir los solares adyacentes con un valor intermedio entre el del adjudicado y el declarado como valor normal.
Me había dicho el cabeza de grupo de vendedores, que solían obtener en cada sesión el resultado entre ocho ventas y veinticuatro. De ser inferior, abandonaban definitivamente la urbanización, pues según su experiencia no respondía a los plácemes de la clientela típica.
Y de ser superior a los veinticuatro, ofrecían trato más favorable a la Promotora.
Se trataba de cobrarse el valor excedido al precio base. Si lo vendían en subasta tres veces al fijado por mí, según ellos, a mí no me costaba ninguna comisión, en cambio ellos se cobraban el doble de lo que yo recibía. Esto llevaba unos problemas legales, que mejor no cuento cómo los resolvían.
Pero si vendían con éxito remarcado, entonces permitían rebajar sus emolumentos gradualmente, hasta equilibrar el fifty/ fifty.
A la mañana siguiente, les esperaba en el despacho para recoger los contratos. Estando disgustado por la vista de aquél teatro borreguil, mi disposición a despedirlos, era firme. Más aún, cuando Orpí conocedor de este sistema de venta, me aleccionó de la presión insana que ejercían a sus presas.
Salían con un autocar concertado desde Barcelona con un centenar de pasajeros, de los cuales, una veintena lo constituían vendedores declarados unos, e infiltrados otros que disimulaban su pertenencia al equipo y de vez en cuando alababan la organización de tal excursión.
El autocar paraba en el Restaurante más próximo a la Urbanización en venta, y obsequiaban a los excursionistas con un refrigerio convenido. Les entregaban panfletos alusivos a la oferta de solares y ya se disponían a recorrer el objeto del negocio.
Después de la actuación en la subasta, rápidamente los volvían a subir al autocar, sentándose los vendedores declarados, al lado de los forzados clientes, tratando durante todo el viaje solo el tema que les traía. Que el cliente entregara una cantidad a cuenta para preparar el contrato de compra-venta.
Si el cliente argüía carecer allí de metálico, se le acompañaba hasta su casa. La cuestión era no perder la venta, tras finalizar la efervescencia inculcada al comprador.
A pesar de todas estas precauciones un porcentaje de clientes a la mañana siguiente, no aparecía por el despacho para legalizar su compra. Preferían perder lo entregado a cuenta.
Y esta fue la decepción. Habían vendido doce solares. Se presentaron ocho compradores, a precio tres veces superior al por mí fijado. Quise rescindir contratos por las implicaciones que me reportaría abonar en metálico, una cantidad doble del líquido que proporcionaría el producto de la venta.
Me permitieron cancelar solo a dos, por ser las de menor cuantía, pero tuve que firmar contrato de venta a los seis restantes. Por supuesto, que no me interesó contratarles a ellos para más excursiones.
Pasado el trance, recapacité: ¿cómo puedo seguir vendiendo al precio justo, sin dejar patente a estos seis clientes que habían sido estafados?.
Lo discutí con Orpí y me dio ánimos.
-Carlos, en el estado avanzado que tienes la Urbanización, si valoras los costos de lo que te queda por atender y el capital invertido, te dará una idea del valor real sin beneficio al día de hoy. Luego le aplicas los intereses bancarios y legalizaciones de ventas, que las cobras a cinco años y el beneficio prudencial a favor de la Sociedad y verás cómo este precio de adquisición de los nuevos clientes, no es exagerado. Creo que incluso deberías subir más el precio.
O sea que se repetía lo de no hay mal que por bien no venga.
Establecí nuevos precios a los solares en venta, que por descontado se realizarían a ralentí.
Llegó el momento temido de aceptar mi obligada dependencia con el banco. Pero antes, jugaría mi última baza con la ENHER.
El Transformador iba a cargo de la empresa eléctrica, pero la red de línea en Baja Tensión, por las calles de Santa María, pretendían que fuera a mi cargo.
Aleccionado como estuve por los propios ingenieros de ENHER, aduje razones para cambiar el trato. Aporté los planos de una serie de proyectos de edificaciones, situadas en solares estratégicos que hacían ineludible la llegada del suministro en B.T. a todas las calles, y la más perentoria sería la del solar recientemente vendido.
Les excusé de enterrar la línea, a cambio de dejarla conclusa aérea en toda la Urbanización, en ambos Municipios. Después de discutir pros y contras, transigieron con la condición de que les dejara a ellos como exclusivos suministradores de energía en toda la Urbanización.
Lo que en aquél momento no entendí, un tiempo después, contra lo que parecía ser un detrimento tal concesión, salió rentable.
Parejas perdurables (continuación 41 b )
Con nuestra “colla” habitual, fuimos al espectáculo nocturno, en el Teatro en que actuaba Fassman. Su fama de años era reconocida no solo en Cataluña sino en los Países Sudamericanos. Sabíamos que tenía números de magia muy buenos y lo combinaba con demostraciones de hipnotismo.
Para ello solía pedir voluntarios de público, y maravillaba las cosas que conseguía, generalmente jocosas.
Tanto yo como los colegas éramos escépticos sobre los “poderes” supuestos, pero sí que coincidíamos en que su espectáculo era meritorio.
Y además dábamos por sentado que el público “voluntario”, sería similar a los “infiltrados” que hacían de cliente en la compra de solares subastados.
Claro que a partir de aquella noche, todos empezamos a dudar sobre lo que había de espectáculo y lo que había de su don natural.
Para charlar de nuestras cosas, Tere se sentó al lado de Raquel, y yo al lado de Jaime, marido de Raquel. Pues ellas hablaban de niños y nosotros, si nada mejor, de “niñas”.
En aquél momento le contaba a Jaime mis sospechas de que SOFICO, sería una estafa Nacional.
-Puedes tener por cierto Jaime, que esto estallará algún día, que cuando más lejano sea, mas gorda la estafa.
-¿En qué te basas para predecir?
-En lo que prometen por el precio que anuncian. La construcción de Apartamentos en la Costa de Marbella, tiene un coste similar al de aquí. Aunque el terreno fuera regalado y que las comisiones de los vendedores fuera el mínimo legal, no podrían sostener la publicidad. Y menos disponer de tal cantidad de oficinas en distintas ciudades.
¿Sabes lo que vale un segundo de TV?. Pues Sofico, tiene ocho pases de 30 segundos a diario, desde varios meses.
Súmale la prensa, los folletos y las visitas a domicilio del “Hombre de Sofico”•
A mí no me salen los números. Sin publicidad y sin vendedores, supongamos que los clientes afluyeran de súbito, tendría aún que pedir a los albañiles que trabajaran a mitad de precio, en Santa María para competir con sus precios.
-Es que Sofico, se dirige a un público Internacional. Seguro que al captar divisas, tienen ayudas, subvenciones, o créditos por debajo del interés oficial.
-Pero ¿Dónde va Tere?.
Se había levantado y se dirigía al escenario. Enfrascados en nuestra conversación, no nos enteramos que Fassman, solicitaba un voluntario del público para una demostración de su poder de transmisión de pensamiento.
¿Sería posible que Tere se prestara a tal actuación?. Pero ya enmudecimos Jaime y yo atentos a lo que ocurriría.
Creo que a Tere, le afloraba su ansia de actriz. Aparte que así se lucía en un escenario, con su vestido-traje estrenado para esta reunión. Por cierto que le quedaba como un cromo y era confeccionado con gusto. La tela, tenía unas finísimas líneas de hilo dorado, que resaltaban a la legua. Y con los focos de candilejas, brillaban.

Fassman
http://www.youtube.com/watch?v=X2We0KjvRlc
Con nuestra “colla” habitual, fuimos al espectáculo nocturno, en el Teatro en que actuaba Fassman. Su fama de años era reconocida no solo en Cataluña sino en los Países Sudamericanos. Sabíamos que tenía números de magia muy buenos y lo combinaba con demostraciones de hipnotismo.
Para ello solía pedir voluntarios de público, y maravillaba las cosas que conseguía, generalmente jocosas.
Tanto yo como los colegas éramos escépticos sobre los “poderes” supuestos, pero sí que coincidíamos en que su espectáculo era meritorio.
Y además dábamos por sentado que el público “voluntario”, sería similar a los “infiltrados” que hacían de cliente en la compra de solares subastados.
Claro que a partir de aquella noche, todos empezamos a dudar sobre lo que había de espectáculo y lo que había de su don natural.
Para charlar de nuestras cosas, Tere se sentó al lado de Raquel, y yo al lado de Jaime, marido de Raquel. Pues ellas hablaban de niños y nosotros, si nada mejor, de “niñas”.
En aquél momento le contaba a Jaime mis sospechas de que SOFICO, sería una estafa Nacional.
-Puedes tener por cierto Jaime, que esto estallará algún día, que cuando más lejano sea, mas gorda la estafa.
-¿En qué te basas para predecir?
-En lo que prometen por el precio que anuncian. La construcción de Apartamentos en la Costa de Marbella, tiene un coste similar al de aquí. Aunque el terreno fuera regalado y que las comisiones de los vendedores fuera el mínimo legal, no podrían sostener la publicidad. Y menos disponer de tal cantidad de oficinas en distintas ciudades.
¿Sabes lo que vale un segundo de TV?. Pues Sofico, tiene ocho pases de 30 segundos a diario, desde varios meses.
Súmale la prensa, los folletos y las visitas a domicilio del “Hombre de Sofico”•
A mí no me salen los números. Sin publicidad y sin vendedores, supongamos que los clientes afluyeran de súbito, tendría aún que pedir a los albañiles que trabajaran a mitad de precio, en Santa María para competir con sus precios.
-Es que Sofico, se dirige a un público Internacional. Seguro que al captar divisas, tienen ayudas, subvenciones, o créditos por debajo del interés oficial.
-Pero ¿Dónde va Tere?.
Se había levantado y se dirigía al escenario. Enfrascados en nuestra conversación, no nos enteramos que Fassman, solicitaba un voluntario del público para una demostración de su poder de transmisión de pensamiento.
¿Sería posible que Tere se prestara a tal actuación?. Pero ya enmudecimos Jaime y yo atentos a lo que ocurriría.
Creo que a Tere, le afloraba su ansia de actriz. Aparte que así se lucía en un escenario, con su vestido-traje estrenado para esta reunión. Por cierto que le quedaba como un cromo y era confeccionado con gusto. La tela, tenía unas finísimas líneas de hilo dorado, que resaltaban a la legua. Y con los focos de candilejas, brillaban.

Fassman
http://www.youtube.com/watch?v=X2We0KjvRlc
Este video corresponde al programa de Iker por TV, tratando normalmente de temas fantasiosos, pero en este caso, lo que se narra del profesor Fassman, lo sucribo, por haber sido testigo de algunos hechos. Y me complace haber buscado por Google las memorias de su vida, ya que hasta hoy, no supe que era natural de Sort, una población prepirenaica, famosa por los últimos años sacar premios de la Lotería Nacional. Por cierto aunque se diga que Sort (en Catalán ) es Suerte, en Castellano, el nombre de esta población, no se refiere a la aceptación de suerte sino que era el de “pequeño puente”, nombre dado en época prerrománica, por ser un poblado con único puente que atravesaba el rio Noguera Pallaresa.
Fassman escribió en una pizarra, cuatro opciones para que Tere eligiera una, la cual él la cumpliría, con los ojos vendados.
La opción que eligió Tere, ya me pareció, inducida por la personalidad de Fassman, (a menos que y eso no me lo comentó), que fuera para tener mayor protagonismo en la actuación.
Debía bajar Fassman a platea y dar la mano a su marido,……. a mí. ¿Eh?.
¿Para que me involucraba?. Ella me conocía lo suficiente como para saber que me repelían las actuaciones en público. Lo pasaba muy mal en un escenario ya desde mi época estudiantil al actuar en el Teatro Principal de Olot.
Pues bajó del escenario Fassman colocada una amplia venda negra que indudablemente no le permitía ver con los ojos. Pidió que Tere le siguiera a no más de dos pasos de él, pensando constantemente en la butaca que ocupaba yo.
Él captaría su pensamiento y…. se dirigió a Jaime. Yo aquello lo vi ya con un mérito superlativo. Le di yo mismo la mano para no errar con Jaime. Realmente, estaba ocupando el asiento que no me correspondía por el cambiazo entre parejas para charlar de nuestras preferencias.
Los aplausos del público fueron estentóreos. Y yo pensé, que si en lugar de salir Tere, lo hubiera hecho una desconocida, me habría reafirmado en creer que era camelo.
Indiscutible que tenía Fassman unas facultades fuera de lo normal, pues aunque aquello, lo hubiera realizado otras veces en otras sesiones, el solo hecho de bajar la escalerilla del escenario de ochenta centímetros ancho, con media docena de peldaños, a ciegas, ya merecía admiración.
Luego si es que él influyó a Tere para que entre las opciones eligiera esta, ya era otro mérito.
Y si en base a su aplomo en que influiría en el “sujeto”, como llaman a quien se presta de voluntario para las experiencias del hipnotista, hubiera memorizado la butaca que desde el escenario viera desocupada, era otro mérito.
Y el último, acoplar sus pasos hasta la fila de butacas en que me hallaba. Total, incomprensible.
Y entonces rememoré el motivo de haber adquirido a Jaime, cuando, ambos solteros paseábamos por la Diagonal, el Ford antediluviano que él lo daba por amortizado.
Le ofrecí una cantidad, más bien baja, pero mayor que lo que hubiera obtenido por desguace. Acababa de accidentarme con la moto llevando de pasajera a Tere de novia.
Barcelona por aquél tiempo tenía todas sus calles surcadas por los raíles de tranvías. Cuando la rueda delantera se encarrilaba en una vía, era muy difícil sacarla sin perder el equilibrio.
Esto me sucedió estando detrás de un tranvía, que al parar me obligó a frenar con la rueda en el carril.
No sucedió nada grave, solo ensuciarnos la vestimenta al besar los adoquines.
Aquello, era el final de circular en moto. También necesitaba el coche para los trabajos de campo, con ayudantes topógrafos.
Al despedirnos aquella noche, le confesé a Jaime que estaba preocupado por las ventas de la Urbanización y que no veía más solución que reanudar publicidad por mi cuenta.
Así que llamaría a Robino.
Parejas perdurables (continuación 41 c )
Tere lo recuerda así:
Es curioso cómo los hombres lo ven todo de una manera tan diferente a nosotras. La noche que fuimos a ver a Fassman, sí que es cierto que me sentía muy a gusto con la ropa que llevaba puesta. Sabía que me favorecía (algo muy importante a la hora de subir a un escenario, y que me vieran multitud de personas).
Tal como cuenta, las dos mujeres nos pusimos juntas, para que ellos dos pudieran cuchichear sus asuntos, -cosa que no era acertada, pues habíamos ido a ver un espectáculo, sobre casos paranormales, que a mí me apasionaban-
Cuando pidió voluntarios para subir al escenario, no me lo pensé dos veces, la primera sin duda era porque me gustaba verme en un escenario, la segunda me daba cuenta que iba muy elegante, cosa que a una mujer joven, sin duda es una razón de peso, y la tercera y última –aquí tengo que rectificar al marido-
En el escenario había un pizarra completamente limpia, y las cuatro personas que subimos, deberíamos escribir lo que quisiéramos que hiciera Fassman. Yo sabía que al escribir no iba a cometer ninguna falta de ortografía, cosa que lo tuve muy en cuenta. Y puse: “Baje y salude a mi marido”
Cuando me pidió que yo le tapara los ojos primero con esparadrapo en sentido vertical, (recuerdo que pensé, uff que dolor cuando se lo quite, se apreciaba que apenas tenía cejas y pestañas. Era un depilación en toda regla) y luego le anudé por detrás un antifaz, que me hizo comprobar que no se veía nada a través de la tela.
Esta noche creo que la recuerdo como algo más que divertido. Mi marido siempre escéptico en todo esto, no le daba el mismo valor que yo.
Mentalmente iba dirigiendo a Fasman por el pasillo de la platea del teatro, pero me di cuenta que al haberse sentado los dos hombres juntos, lo lógico parecía que mi marido fuera el que estaba al lado de la butaca que yo había dejado vacía momentos antes.
Es cierto que hubo unos segundos de confusión, y fue mi marido el que estrechó la mano del artista.
A mí precisamente el detalle de esta vacilación, me dio más motivos para pensar que la mente es muy poderosa. Le pasé mis vacilaciones, y él las captó.
Bueno, esta salida mía al escenario, tuvo repercusiones durante algún tiempo, ya que normalmente íbamos más de dos parejas, pero aquella noche sólo fuimos dos.
¡Madre mía la de comentarios, que surgieron entre los amigos cuando nos volvimos a ver!
Todos se quedaron pasmados de que me hubiera atrevido a subir al escenario.
Tere lo recuerda así:
Es curioso cómo los hombres lo ven todo de una manera tan diferente a nosotras. La noche que fuimos a ver a Fassman, sí que es cierto que me sentía muy a gusto con la ropa que llevaba puesta. Sabía que me favorecía (algo muy importante a la hora de subir a un escenario, y que me vieran multitud de personas).
Tal como cuenta, las dos mujeres nos pusimos juntas, para que ellos dos pudieran cuchichear sus asuntos, -cosa que no era acertada, pues habíamos ido a ver un espectáculo, sobre casos paranormales, que a mí me apasionaban-
Cuando pidió voluntarios para subir al escenario, no me lo pensé dos veces, la primera sin duda era porque me gustaba verme en un escenario, la segunda me daba cuenta que iba muy elegante, cosa que a una mujer joven, sin duda es una razón de peso, y la tercera y última –aquí tengo que rectificar al marido-
En el escenario había un pizarra completamente limpia, y las cuatro personas que subimos, deberíamos escribir lo que quisiéramos que hiciera Fassman. Yo sabía que al escribir no iba a cometer ninguna falta de ortografía, cosa que lo tuve muy en cuenta. Y puse: “Baje y salude a mi marido”
Cuando me pidió que yo le tapara los ojos primero con esparadrapo en sentido vertical, (recuerdo que pensé, uff que dolor cuando se lo quite, se apreciaba que apenas tenía cejas y pestañas. Era un depilación en toda regla) y luego le anudé por detrás un antifaz, que me hizo comprobar que no se veía nada a través de la tela.
Esta noche creo que la recuerdo como algo más que divertido. Mi marido siempre escéptico en todo esto, no le daba el mismo valor que yo.
Mentalmente iba dirigiendo a Fasman por el pasillo de la platea del teatro, pero me di cuenta que al haberse sentado los dos hombres juntos, lo lógico parecía que mi marido fuera el que estaba al lado de la butaca que yo había dejado vacía momentos antes.
Es cierto que hubo unos segundos de confusión, y fue mi marido el que estrechó la mano del artista.
A mí precisamente el detalle de esta vacilación, me dio más motivos para pensar que la mente es muy poderosa. Le pasé mis vacilaciones, y él las captó.
Bueno, esta salida mía al escenario, tuvo repercusiones durante algún tiempo, ya que normalmente íbamos más de dos parejas, pero aquella noche sólo fuimos dos.
¡Madre mía la de comentarios, que surgieron entre los amigos cuando nos volvimos a ver!
Todos se quedaron pasmados de que me hubiera atrevido a subir al escenario.
Parejas perdurables (continuación 42 )
Llevando tres bancos visitados presentándoles mi proyecto de plantación de manzanas Strakin y Golden, siendo rechazado de plano, requerí una respuesta sincera. Lo de que ignoraban el Decreto por el que se ofrecían créditos a bajo interés para los proyectos Agrícolas, no colaba.
Sospeché por fin la causa. Jaime al hablarle de Sofico, me dio la idea. Aquí tenía que haber gato escondido, y resulta que en esta ocasión el gato se llamaba Nicolás Franco hermano del Caudillo.
Era el protector de las sociedades establecidas en la Zona Franca, de Barcelona. Y estas sociedades se llevaron el 90 % del presupuesto del Estado, adjudicado antes de salir la orden en el Boletín Oficial del Estado, destinado a Cataluña.
El 10 % restante, como es de suponer se agotó el mismo día que se enteraron los particulares. Yo fui uno y evidentemente, los tres meses que me costó reunir el papeleo exigido con documentación registrada y sin mancilla, obró el efecto negativo de la celeridad.
Tuve que pedir rapidez en la confección de la memoria de explotación de la pomareda, a un Ingeniero Agrónomo ya que los planos se los ofrecí de antemano. Valoró la labranza, el abono del terreno, la plantación de 1600 manzanos, los viales y el riego automático, los costos por mantenimiento, recogida del fruto, transporte y almacenaje.
El crédito que me correspondía para usar tres hectáreas en Santa María, a este fin era goloso.
Quince millones de pesetas, a devolver en doce años al cuatro por 4% de interés.
Comparado con los créditos campantes del 18 % anual que ofrecían los Bancos, esto era un regalo para el receptor, pero muy mal negocio para los Bancos. Total que todos ignoraban tal Decreto. Bueno hurgando por las Entidades, hallé la que no tenía más remedio que atenderme, el Banco Agrícola.
Aún así, tuve que aceptar un regateo. Supongo que el mismo para todos los que se presentaran como candidatos solicitantes. En lugar de doce años, me lo concedieron a diez y en lugar del 4%, el 6%.
Un regalo de todos modos. La diferencia a mi favor era del 12%, además de no preocuparme en renovaciones, hasta diez años después. O sea que los 4.500.000.000 pts destinados a Cataluña, 4.050 millones pasaban a manos de las Sociedades de Nicolás. Se pueden beneficiar muchas Entidades con tal cifra, máxime cuando no vi jamás que la Zona Franca, se explotara con el cultivo de acelgas, lechugas y alcachofas, que era lo recurrente por el Prat de Llobregat, y L`Hospitalet limítrofes.
Posteriormente, la Zona Franca, se declaró reurbanizable para las instalaciones Industriales, una de las cuales llegó a ser la SEAT.
Para formarse una idea de lo que se convirtió la supuesta agricultura de la Zona Franca años después.
http://lagrancorrupcion.blogspot.com/2008/08/2008-consorcio-de-la-zona-franca-de.html
Llevando tres bancos visitados presentándoles mi proyecto de plantación de manzanas Strakin y Golden, siendo rechazado de plano, requerí una respuesta sincera. Lo de que ignoraban el Decreto por el que se ofrecían créditos a bajo interés para los proyectos Agrícolas, no colaba.
Sospeché por fin la causa. Jaime al hablarle de Sofico, me dio la idea. Aquí tenía que haber gato escondido, y resulta que en esta ocasión el gato se llamaba Nicolás Franco hermano del Caudillo.
Era el protector de las sociedades establecidas en la Zona Franca, de Barcelona. Y estas sociedades se llevaron el 90 % del presupuesto del Estado, adjudicado antes de salir la orden en el Boletín Oficial del Estado, destinado a Cataluña.
El 10 % restante, como es de suponer se agotó el mismo día que se enteraron los particulares. Yo fui uno y evidentemente, los tres meses que me costó reunir el papeleo exigido con documentación registrada y sin mancilla, obró el efecto negativo de la celeridad.
Tuve que pedir rapidez en la confección de la memoria de explotación de la pomareda, a un Ingeniero Agrónomo ya que los planos se los ofrecí de antemano. Valoró la labranza, el abono del terreno, la plantación de 1600 manzanos, los viales y el riego automático, los costos por mantenimiento, recogida del fruto, transporte y almacenaje.
El crédito que me correspondía para usar tres hectáreas en Santa María, a este fin era goloso.
Quince millones de pesetas, a devolver en doce años al cuatro por 4% de interés.
Comparado con los créditos campantes del 18 % anual que ofrecían los Bancos, esto era un regalo para el receptor, pero muy mal negocio para los Bancos. Total que todos ignoraban tal Decreto. Bueno hurgando por las Entidades, hallé la que no tenía más remedio que atenderme, el Banco Agrícola.
Aún así, tuve que aceptar un regateo. Supongo que el mismo para todos los que se presentaran como candidatos solicitantes. En lugar de doce años, me lo concedieron a diez y en lugar del 4%, el 6%.
Un regalo de todos modos. La diferencia a mi favor era del 12%, además de no preocuparme en renovaciones, hasta diez años después. O sea que los 4.500.000.000 pts destinados a Cataluña, 4.050 millones pasaban a manos de las Sociedades de Nicolás. Se pueden beneficiar muchas Entidades con tal cifra, máxime cuando no vi jamás que la Zona Franca, se explotara con el cultivo de acelgas, lechugas y alcachofas, que era lo recurrente por el Prat de Llobregat, y L`Hospitalet limítrofes.
Posteriormente, la Zona Franca, se declaró reurbanizable para las instalaciones Industriales, una de las cuales llegó a ser la SEAT.
Para formarse una idea de lo que se convirtió la supuesta agricultura de la Zona Franca años después.
http://lagrancorrupcion.blogspot.com/2008/08/2008-consorcio-de-la-zona-franca-de.html
2008. CONSORCIO DE LA ZONA FRANCA DE BARCELONA,
BURBUJA INMOBILIARIA igual a CRISIS FINANCIERA
Rafael del Barco Carreras
Presidente el Alcalde, Vicepresidente el Delegado Especial del Estado, y Comité Ejecutivo con vocales representantes del Ayuntamiento, Aduana, Cámara y Estado. Un ENTE que a partir de las expropiaciones por los años 20 de los campos entre Hospitalet, Monjuich y el Prat de Llobregat con el proyecto de crear una ZONA FRANCA (que nunca funcionaría como tal) acaba en una macro urbanización industrial de unas 800 hectáreas que alquila los terrenos (SEAT, NISAN, etc..), con cesiones o ventas al Golf del Prat, puerto y aeropuerto, para unos años después del desfalco de los De la Rosa, 1974-1979, convertirse en una GRAN PROMOTORA INMOBILIARIA dirigida por los “políticos locales”.
Total Jaime estaba bien informado y más cuando este maneje de dinero del Erario a favor de capitostes, a través de mi vida, la fui constatando.
De todas maneras, algo me enseñó a mí también. Una vez obtenido el crédito de 15 millones, me lo ingresaron en otra cuenta bancaria. Por aquél tiempo ya eran doce las cuentas a manejar.
No lo tuve disponible, hasta la presentación de un acta Notarial una vez realizada la plantación.
Hecho esto, me devolvieron toda la documentación, incluida el acta Notarial. No les importaba lo mínimo lo que yo hiciera con aquél dinero. Querían su 6% anual y basta de historias.
¡Ah!. ¿Estas gastamos?. ¿Con qué lo único que querían era cumplir con el cupo obligado por el Estado en concesión de créditos baratos y nada más?.
Por lo visto, con unas cuantas Entidades particulares que acreditaran haber recibido las Ayudas a la Agricultura, bastaba para tapar el vergonzoso trapicheo de desvío del capital oficial a Nicolás.
Bien, pues me aproveché dentro de mi capacidad. Aquellas tres hectáreas, las había escriturado a favor de Orpí. Cada vez se convertía en socio con más intereses en USAMA. Tendría que pagarlo con sus emolumentos por proyecto y dirección de la serie de obras que estaba programando para estos diez años venideros.
En primer lugar, estos millones, permitieron cancelar hipotecas y las obras de calles de las tres hectáreas que eran las mismas de la proyectada Urbanización. El riego formaba parte de la propia infraestructura asimismo de la Urbanización, luego el único dinero tirado fue el de las legalizaciones y la adquisición de los 1600 manzanos, de costo ridículo.
Claro que no empezarían a dar fruto recolectable hasta el tercer año.
El beneficio fue automático. Me quité de encima la losa de los 12 puntos excedentes de interés. Adquirí un nuevo local para las oficinas de Usama, y cedí en alquiler la ya envejecida del Gabinete, para Robino.
Sí. Con Robino llegué a un acuerdo, aunque no muy acertado…….
Parejas perdurables (continuación 42 a )

Carabela Santa María amarrada en el Puerto de Barcelona, frente al monumento a Colón.
En el Puerto, se hallaba la reconstrucción a escala natural de la Carabela Santa María, usada por Colón en su travesía hacia “Las Indias”.
Aproveché aquél día festivo, que nos quedábamos en Barcelona, para recrearnos ante el acontecimiento histórico de poder subir a la Carabela gobernada por Colón medio milenio antes y darnos cuenta de la precariedad en la que tuvo que vivir una tripulación, en tan breve espacio y tanto tiempo en alta mar.
Los niños lo husmearon todo, incluso acertadamente preguntaban por el aseo, que no aparecía ni en cubierta, ni en la bodega……bueno, ya entendieron.
Con el tiempo perdido en la cola para acceder a bordo y el de su regulada permanencia, se nos hacía tarde para regresar a casa, al tiempo en que Tere tuviera la mesa dispuesta.
Les dije a los niños que en otra ocasión, subiríamos en el ascensor del monumento a Colón, para divisar una panorámica espectacular de las instalaciones del Puerto y la extensión de la Ciudad hasta el Tibidabo.
Varios años se mantuvo la Carabela visitada por turistas y Barceloneses. Pero después de varios intentos fallidos por parte de la facción “Terra Lliure”, lograron incendiarla. Quedó tan mal parada, que la reconstrucción requería un gasto astronómico, por lo que las autoridades sin dar publicidad, una noche procuraron su desaparición y por muchos años nada se supo de su destino.
Por lo visto los submarinistas buceadores en Arenys de Mar, a fines del año1990, se sorprendieron ante el hallazgo de la Nao, a 30 metros sumergida. Presuntamente en secreto se decidió allí hundirla al llevársela arrastras desde el puerto de Barcelona.
Con los niños contentos, contaron a su madre fantasías del célebre Navegante, pero Tere estaba preocupada por la llamada de Robino.
-¿Es que te metes en más negocios?.
-No mujer, es una faceta del mismo.
-¿Ah, si?. La discografía forma parte de la Urbanización.
-Te lo explico: la cantidad de Urbanizaciones de la competencia, me obliga a anunciar la nuestra de forma continuada. Tantas veces como dejo de anunciar, acuso una paralización. Esto no es bueno, sino que muy malo. Las obras de infraestructura hay que atenderlas casi al contado en cambio lo recaudado por las ventas, lo es con plazos de cinco años. Para salir boyante preciso al menos 20 ventas al mes. En dos años finalizan las obras y sus facturas, o sea que nuestros ahorros, se verán a partir del tercer año. Entonces podré dejar que Robino siga el negocio de las discográficas por su cuenta, pero mientras, la publicidad de la Urbanización, la mantendrá constante, los doce meses del año.
No quedó convencida, pero al menos se dio cuenta que no era mi pretensión, poner un comercio de Discos de los Grupos musicales que aparecían como setas.
Le había propuesto a Robino que se alojara en mi antiguo Gabinete, ya que me trasladaba al nuevo despacho de la inmobiliaria USAMA. Él, se haría cargo del alquiler del local y se quedaría con la parte de mobiliario útil para la nueva entidad Publicista.
Los tres primeros meses me hacía cargo de los gastos para la organización y contrato con el Impresor. Toda la publicidad, iría a cargo de la nueva Entidad, pero al cuarto mes quería ver el rendimiento efectivo no solo por mi publicidad gratuita sino por beneficios sobre la publicidad insertada en la revista discográfica.
Lo que en principio parecía tan simple, me lo fue complicando. Al desplazarse continuamente para ganar clientes, contrató una secretaria, sin advertírmelo. Y la primera liquidación que trajo, en forma impresentable, advirtió de la conveniencia de abrir una cuenta bancaria aparte y adjudicarle un contable. Esto prolongaba el sacar beneficio, no al tercer mes previsto sino a alguno indefinido.
La indefinición, llegó a ser definida en el sentido que debía aún cooperar con mayor inversión, ya que según él no podíamos desaprovechar la ocasión de ganarnos como clientes las Salas de fiestas que se inauguraban como la Sala 2000, que ocupaba tres páginas de nuestra revista.
Me invitaba a la Inauguración aquella noche. Se hacía un guateque por todo lo alto. Esperaban al menos quinientos invitados y la fiesta duraría hasta las seis de la madrugada.
Esto estaba muy bien para acreditar que se movía y daría continuidad a un negocio ajeno totalmente no solo a mi ámbito industrial, sino también a mi idiosincrasia. No iría a esta inauguración, ni ninguna que le siguiera de más clientes. Por descontado que a Tere, mejor ni comentarlo.
Quedaba claro que la publicidad gratuita, me iba saliendo bastante cara.
.

Carabela Santa María amarrada en el Puerto de Barcelona, frente al monumento a Colón.
En el Puerto, se hallaba la reconstrucción a escala natural de la Carabela Santa María, usada por Colón en su travesía hacia “Las Indias”.
Aproveché aquél día festivo, que nos quedábamos en Barcelona, para recrearnos ante el acontecimiento histórico de poder subir a la Carabela gobernada por Colón medio milenio antes y darnos cuenta de la precariedad en la que tuvo que vivir una tripulación, en tan breve espacio y tanto tiempo en alta mar.
Los niños lo husmearon todo, incluso acertadamente preguntaban por el aseo, que no aparecía ni en cubierta, ni en la bodega……bueno, ya entendieron.
Con el tiempo perdido en la cola para acceder a bordo y el de su regulada permanencia, se nos hacía tarde para regresar a casa, al tiempo en que Tere tuviera la mesa dispuesta.
Les dije a los niños que en otra ocasión, subiríamos en el ascensor del monumento a Colón, para divisar una panorámica espectacular de las instalaciones del Puerto y la extensión de la Ciudad hasta el Tibidabo.
Varios años se mantuvo la Carabela visitada por turistas y Barceloneses. Pero después de varios intentos fallidos por parte de la facción “Terra Lliure”, lograron incendiarla. Quedó tan mal parada, que la reconstrucción requería un gasto astronómico, por lo que las autoridades sin dar publicidad, una noche procuraron su desaparición y por muchos años nada se supo de su destino.
Por lo visto los submarinistas buceadores en Arenys de Mar, a fines del año1990, se sorprendieron ante el hallazgo de la Nao, a 30 metros sumergida. Presuntamente en secreto se decidió allí hundirla al llevársela arrastras desde el puerto de Barcelona.
Con los niños contentos, contaron a su madre fantasías del célebre Navegante, pero Tere estaba preocupada por la llamada de Robino.
-¿Es que te metes en más negocios?.
-No mujer, es una faceta del mismo.
-¿Ah, si?. La discografía forma parte de la Urbanización.
-Te lo explico: la cantidad de Urbanizaciones de la competencia, me obliga a anunciar la nuestra de forma continuada. Tantas veces como dejo de anunciar, acuso una paralización. Esto no es bueno, sino que muy malo. Las obras de infraestructura hay que atenderlas casi al contado en cambio lo recaudado por las ventas, lo es con plazos de cinco años. Para salir boyante preciso al menos 20 ventas al mes. En dos años finalizan las obras y sus facturas, o sea que nuestros ahorros, se verán a partir del tercer año. Entonces podré dejar que Robino siga el negocio de las discográficas por su cuenta, pero mientras, la publicidad de la Urbanización, la mantendrá constante, los doce meses del año.
No quedó convencida, pero al menos se dio cuenta que no era mi pretensión, poner un comercio de Discos de los Grupos musicales que aparecían como setas.
Le había propuesto a Robino que se alojara en mi antiguo Gabinete, ya que me trasladaba al nuevo despacho de la inmobiliaria USAMA. Él, se haría cargo del alquiler del local y se quedaría con la parte de mobiliario útil para la nueva entidad Publicista.
Los tres primeros meses me hacía cargo de los gastos para la organización y contrato con el Impresor. Toda la publicidad, iría a cargo de la nueva Entidad, pero al cuarto mes quería ver el rendimiento efectivo no solo por mi publicidad gratuita sino por beneficios sobre la publicidad insertada en la revista discográfica.
Lo que en principio parecía tan simple, me lo fue complicando. Al desplazarse continuamente para ganar clientes, contrató una secretaria, sin advertírmelo. Y la primera liquidación que trajo, en forma impresentable, advirtió de la conveniencia de abrir una cuenta bancaria aparte y adjudicarle un contable. Esto prolongaba el sacar beneficio, no al tercer mes previsto sino a alguno indefinido.
La indefinición, llegó a ser definida en el sentido que debía aún cooperar con mayor inversión, ya que según él no podíamos desaprovechar la ocasión de ganarnos como clientes las Salas de fiestas que se inauguraban como la Sala 2000, que ocupaba tres páginas de nuestra revista.
Me invitaba a la Inauguración aquella noche. Se hacía un guateque por todo lo alto. Esperaban al menos quinientos invitados y la fiesta duraría hasta las seis de la madrugada.
Esto estaba muy bien para acreditar que se movía y daría continuidad a un negocio ajeno totalmente no solo a mi ámbito industrial, sino también a mi idiosincrasia. No iría a esta inauguración, ni ninguna que le siguiera de más clientes. Por descontado que a Tere, mejor ni comentarlo.
Quedaba claro que la publicidad gratuita, me iba saliendo bastante cara.
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Parejas perdurables (continuación 42 b )
La valla perimetral de cerramiento de lo que debía ser una cancha tenis, aquél sábado había desaparecido. Se trataba de unos soportes tubulares plantados cada 2,5 metros de una altura de cuatro. La tela metálica que lo envolvía en un cuadrilátero de 40 por 50 metros, permitía una visión perfecta a los espectadores fuera del recinto. Y los futuros tenistas no perderían pelotas con valla tan alta.
Pues este sábado se convirtió en trasparencia total. Solo se notaban 72 huellas en el suelo, de lo que fueron los anclajes de sus soportes.
El desmantelamiento, según contó un peón, se realizó el jueves. Cuatro obreros se apearon de una camioneta del Ayuntamiento cargada con herramientas. Estuvieron todo el día desarmando la cerca y se la llevaron.
Muy bien. Al menos dejaron una plaza nivelada y asfaltada, con un mínimo estropicio. ¿Para qué acudir a reclamar? . Era evidente que era lo esperado por el Alcalde. Podía tomar un berrinche, para nada. Me gasté un dinero, para nada. Volverlo a colocarla sería otro gasto y no me encontraba en situación de más extras.
Me importaba poco la razón que daría el Alcalde para obrar así, pudiera aducir que no presenté proyecto de instalación. Supuse que esta vez la orden de retirada del material no provendría del nuevo Secretario. Seguro conocería el resultado de su antecesor.
Al requerir toda mi atención a la consolidación de calles de Santa María, hice lo que por lo visto le dolió: ignorarle. Acerté con ello ya que cinco meses después, no tuvo más remedio que enviarme un comunicado para que retirara el material de los almacenes del Ayuntamiento, que estorbaba. Y una explicación somera por haberse retirado en su día a falta de licencia. Seguro que este papel procedente del Ayuntamiento, lo redactaron con mucho tiento para no evidenciar el acto de caciquismo.
No lo recogí. Salía mas barato cuando me apeteciera, encargar la instalación nueva a las empresas del Ramo.
No todo tenía que ser desagradable. Las ventas aquella semana, prometían. La publicidad encauzada por Robino daba sus frutos y los vendedores se las ingeniaron para poder atender a todos los clientes.
Le hablé de ello a Tere.
-¿Ves como superaremos los gastos de infraestructura con la reactivación comercial?. Lástima que los clientes no puedan ver la cancha de Tenis.
-¿Porqué no presentaste un proyecto antes de colocar el vallado?
-¿Para colocar un vallado en un terreno que es privado, ya que no pasará al Ayuntamiento hasta la finalización de las obras, ves lógico tener que presentar un proyecto?. ¿Por qué no me arranca los manzanos también?. A él no le pedí permiso para plantar.
-Harías bien en ganarte su simpatía. Siempre te pondrá obstáculos.
-Sí, es cierto. Pero esto es un imponderable. Igual que el Secretario de marras, me cree un potentado y ateniéndose a ello, aguarda que sea yo quien vaya a sobornarle por una suma que no me puedo permitir.
Y lo sucedido hoy, me reafirma en abandonar la construcción de la piscina pública. Me sirvió la excavación para obtener tierras de nivelación de la plaza para el Tenis, pero dado el tremendo papeleo que se exige para legalizar una piscina de Urbanización, lo dejo para el final.
Es más, si encuentro comprador de una hectárea, se la cedo.
Jamás tuve pretendiente para el terreno de la piscina. A medida que pasaban años, las normas de seguridad se endurecían. Había que tener ciertas garantías la instalación con sus controles y servicio de vigilancia asalariado y un montón de prevenciones que seguro, asustaban al más pintado. Para postre prohibieron el uso de las tierras Diatomeas para el filtrado del agua. Al popularizarse, en miles de piscinas, se causaban estragos ecológicos.
Finalizada la instalación de las tuberías en las zanjas de la red de agua, procuré protegerlas mediante las aceras. Unos bordillos con rigola encintaban las calles y el aspecto, de terreno rústico desapareció.
Era otro tanto que favorecía las ventas. Pero retrasaba la recuperación de capital. No sólo eso,
Otro aviso del Ayuntamiento, para arrancar las aceras, colocadas sin permiso………¡Eso era excesivo!. De nuevo, recurrir al abogado.
La valla perimetral de cerramiento de lo que debía ser una cancha tenis, aquél sábado había desaparecido. Se trataba de unos soportes tubulares plantados cada 2,5 metros de una altura de cuatro. La tela metálica que lo envolvía en un cuadrilátero de 40 por 50 metros, permitía una visión perfecta a los espectadores fuera del recinto. Y los futuros tenistas no perderían pelotas con valla tan alta.
Pues este sábado se convirtió en trasparencia total. Solo se notaban 72 huellas en el suelo, de lo que fueron los anclajes de sus soportes.
El desmantelamiento, según contó un peón, se realizó el jueves. Cuatro obreros se apearon de una camioneta del Ayuntamiento cargada con herramientas. Estuvieron todo el día desarmando la cerca y se la llevaron.
Muy bien. Al menos dejaron una plaza nivelada y asfaltada, con un mínimo estropicio. ¿Para qué acudir a reclamar? . Era evidente que era lo esperado por el Alcalde. Podía tomar un berrinche, para nada. Me gasté un dinero, para nada. Volverlo a colocarla sería otro gasto y no me encontraba en situación de más extras.
Me importaba poco la razón que daría el Alcalde para obrar así, pudiera aducir que no presenté proyecto de instalación. Supuse que esta vez la orden de retirada del material no provendría del nuevo Secretario. Seguro conocería el resultado de su antecesor.
Al requerir toda mi atención a la consolidación de calles de Santa María, hice lo que por lo visto le dolió: ignorarle. Acerté con ello ya que cinco meses después, no tuvo más remedio que enviarme un comunicado para que retirara el material de los almacenes del Ayuntamiento, que estorbaba. Y una explicación somera por haberse retirado en su día a falta de licencia. Seguro que este papel procedente del Ayuntamiento, lo redactaron con mucho tiento para no evidenciar el acto de caciquismo.
No lo recogí. Salía mas barato cuando me apeteciera, encargar la instalación nueva a las empresas del Ramo.
No todo tenía que ser desagradable. Las ventas aquella semana, prometían. La publicidad encauzada por Robino daba sus frutos y los vendedores se las ingeniaron para poder atender a todos los clientes.
Le hablé de ello a Tere.
-¿Ves como superaremos los gastos de infraestructura con la reactivación comercial?. Lástima que los clientes no puedan ver la cancha de Tenis.
-¿Porqué no presentaste un proyecto antes de colocar el vallado?
-¿Para colocar un vallado en un terreno que es privado, ya que no pasará al Ayuntamiento hasta la finalización de las obras, ves lógico tener que presentar un proyecto?. ¿Por qué no me arranca los manzanos también?. A él no le pedí permiso para plantar.
-Harías bien en ganarte su simpatía. Siempre te pondrá obstáculos.
-Sí, es cierto. Pero esto es un imponderable. Igual que el Secretario de marras, me cree un potentado y ateniéndose a ello, aguarda que sea yo quien vaya a sobornarle por una suma que no me puedo permitir.
Y lo sucedido hoy, me reafirma en abandonar la construcción de la piscina pública. Me sirvió la excavación para obtener tierras de nivelación de la plaza para el Tenis, pero dado el tremendo papeleo que se exige para legalizar una piscina de Urbanización, lo dejo para el final.
Es más, si encuentro comprador de una hectárea, se la cedo.
Jamás tuve pretendiente para el terreno de la piscina. A medida que pasaban años, las normas de seguridad se endurecían. Había que tener ciertas garantías la instalación con sus controles y servicio de vigilancia asalariado y un montón de prevenciones que seguro, asustaban al más pintado. Para postre prohibieron el uso de las tierras Diatomeas para el filtrado del agua. Al popularizarse, en miles de piscinas, se causaban estragos ecológicos.
Finalizada la instalación de las tuberías en las zanjas de la red de agua, procuré protegerlas mediante las aceras. Unos bordillos con rigola encintaban las calles y el aspecto, de terreno rústico desapareció.
Era otro tanto que favorecía las ventas. Pero retrasaba la recuperación de capital. No sólo eso,
Otro aviso del Ayuntamiento, para arrancar las aceras, colocadas sin permiso………¡Eso era excesivo!. De nuevo, recurrir al abogado.
Enseñé el requerimiento del Ayuntamiento a Orpí.
-Me está amargando la existencia el Alcalde. Como ves no me permite ningún movimiento para cumplir con el desarrollo de la Urbanización. Se agarra a las arbitrariedades que se le antojan, para boicotear. Como tú firmaste el proyecto y fue aprobado legalmente, ponte en contacto con Rodríguez, le aportas toda la documentación acreditativa del proyecto y que siga el proceso que requiera para oponernos a arrancar las aceras.
Rodríguez, también sacó mis mismas conclusiones, pero ateniéndose a que en cada Municipio disponen de reglamentos complementarios, ya me indicó, que aquello iría para largo.
Lo fue. Entre la documentación de descargo presentada, sus respuestas oficiales y convocatorias a plenos Municipales, para someter los descargos a debate, pasaron tres meses. Más hubieran sido si no nos aveníamos a zanjar la cuestión con una sanción administrativa, abonar unas inventadas tarifas locales y así, seguir con las aceras intactas.
Ya tenía una cuarta parte de las aceras ejecutadas, cuando ENHER, finalizó su tendido en baja tensión por todas las calles.
Rebosante de alegría por ello, pedí a la empresa de alumbrado, acelerar la instalación de las iluminarias de cayado, sobre base de farolas de tres metros y medio altura. El accionamiento sería todo el año automático, mediante células fotosensibles a la intensidad lumínica variable. Encendido al oscurecer bien fuera por echarse encima lo noche, o estar el cielo encapotado. Al alba, apagado.
Les pareció bien que el finiquito de la obra, lo realizara mediante letras aceptadas a 30, 60 , 90 días, a partir del día de la entrega comprobado su buen funcionamiento. Una condición casi clásica en aquél tiempo.
Al mismo tiempo ya contraté a ENHER para colocar a la salida de Transformador, el contador de alumbrado público acompañado de otro para servicio general de las construcciones de mis proyectos. Los contadores de los clientes para sus chalets, irían directamente a cargo de los usuarios.
Todo correcto, solo me faltaba contemplar el día previsto como se encenderían las iluminarias, por todas las calles. Claro que a partir de aquél día, las facturas de ENHER ya serían sustanciosas.
Pensé en echar mano de un porcentaje de letras para su descuento, precisamente, cuando ya estaba a punto de no utilizarlo, bastándome con las que entregaba al cobro.
Los bancos estaban contentos con mi papel comercial, por su carencia de morosidad. El que no lo estaba tanto era yo. El crédito de los manzanos, me facilitó poder ir eliminando su negociación doce puntos por encima del crédito oficial al que me acogí. Y tener que recurrir de nuevo a ellos, era ingrato.
En mi nuevo despacho, señorial, me sentía orgulloso por mi buen gusto al decorarlo. Tere estuvo de acuerdo que las cortinas haciendo juego con las alfombras daban su punto de distinción. En cuanto la mesa despacho moderna de blanco inmaculado con el tresillo de cuero y las dos butacas de visitantes junto a la de Director con ruedas, remataban una evidente categoría.
En una pared, el Plano aéreo de la Urbanización y enfrente un cuadro de grandes dimensiones de tema forestal, cumplían la nota de colorido con sobriedad.
La luz de pié al lado del tresillo, otra de sobremesa y una araña centrada colgando del techo asimismo todas del mismo estilo y color.
Recuerdo que los primeros que vieron el despacho en funciones, me expresaron su grata impresión.
-Don Carlos, desea que le atienda un corredor de banca.
-No tengo ningún interés en la bolsa. Dígaselo y no perderemos el tiempo.
Judit, regresó.
-Dice el Sr. Argen, que es asunto privado bancario pero no de la Bolsa.
El Sr. Argen se presentó como captor de clientes para bancos. Pertenecía a un grupo que a las órdenes de los Directores de Agencias, seleccionaban clientes para beneficio mutuo.
Ya conocía el interés que tenían lo directores de Agencias de Bancos, en procurarse una amplia clientela. Y si los clientes destacaban por la cantidad de negocio a pasar por sus manos, ellos ganaban puntos ante la Dirección General. Los puntos eran ascensos en categoría y sobresueldos en metálico.
Si el Sr. Director, un año, no cumplía con el cupo de captación cliente-capital, pasaba a ocupar la silla de Subdirector, de la misma Agencia, u otra. El Nuevo nombrado, disponía de un máximo de dos años, para cumplir con una exigencia mínima, a partir del tercer año se hallaba en las condiciones de su antecesor si no demostraba su valía.
En ocasiones, los menos afortunados, eran relegados a burocracia en la Central.
Esto explicaba el que los Directores con frecuencia, estuvieran ausentes del despacho. Visitaban clientes, para que aumentaran cifras en su banco, o bien a nuevos clientes para captarles a su favor.
El caso del Sr. Argen, no lo conocía. O sea que el Director al que representaba, procuraba multiplicar la efectividad de su labor, a base de que las visitas las realizaran subordinados.
-Don Carlos, no vengo como empleado del Banco, pues mi labor es captar clientes para los Bancos que lo solicitan. Para ello, me tienen la suficiente confianza como para aceptar los clientes que les propongo. Me documenté sobre sus actividades y su estado financiero, amén que últimamente entrega el papel comercial al cobro, a pesar de disponer líneas de descuento en otros bancos sin usar. Reúne Ud. las condiciones idóneas para la propuesta del Director del Banco Santander, al que me refiero.
Se trata de darle un crédito de medio millón de pesetas a devolver a los dos años con simples pagos de intereses al 9 % anual, además fragmentado en cuatro trimestres el 2,25%.
Como ve, es una condición óptima. El interés es la mitad del usual y no tiene que firmar letras ni pagos mensuales que les resulten incordios. Le realizamos el contrato en el Banco, incluso sin necesidad de bloquear ninguna cantidad en su cuenta.
Me tocó la lotería con el crédito de los Manzanos y ahora se repetía con una inusual oferta. Aquél director, debía estar en las últimas. Necesitaría clientes a mansalva, o le retirarían de la Agencia. Así lo entendí. Pero si podían en ocasiones prestar dinero a un interés mitad del normal, ¿no se trataba de usura en las operaciones normales?.
Mejor no mirar el dentado al caballo regalado. El Director en su despacho, me atendió, al ser presentado por Argen. Tenía la documentación preparada, en impresos del Banco, por triplicado. Le exhibí el D.N.I. firmé, los tres documentos, él los selló, me entregó una copia y un sobre con el dinero. Jamás conseguí un crédito con tan poco protocolo, ni burocracia.
Y no me exigió que lo ingresara en una cuenta de su agencia. Raro, raro, raro.
La rareza se resolvió al primer vencimiento trimestral de intereses.
Parejas perdurables (continuación 43 a)
Este dinero barato gracias a Argen, aunque no tanto como el de la ayuda a la Agricultura, me sirvió para demorar entregas de papel al descuento.
Proseguí las obras, a pesar de estar en litigio administrativo con el Alcalde. Sin embargo Rodríguez debió realizar bien su trabajo ya que no aparecían alguaciles a husmear las obras.
El día que probamos la instalación del alumbrado, tuve una visita por un ejecutivo de FECSA. (Fuerzas Eléctricas de Cataluña). Se ofrecían para suministrar energía, con muy buenas condiciones. Le puse en antecedentes, por lo que contrariado, se despidió previo anuncio de regresar con su jefe para concertar un acuerdo distinto.
No imaginé nada de lo que estaba sucediendo por la competencia entre las empresas eléctricas. Sin saberlo, también era fruto de la actividad del Alcalde.
Aquella semana procuré intensificar la publicidad. La respuesta fue efectiva. Se mantuvo al público expectante, invitando a pasear por las calles alumbradas por la tarde a medio oscurecer.
Los expectantes, fueron los clientes que ya pernoctaban en la Urbanización y los lugareños, que tomaron conciencia de como progresaría el Pueblo próximamente, merced a los colonos turísticos.
La prensa local, se hizo eco a la mañana siguiente, algo que tampoco entendí en aquél momento. Robino no había planificado aquél tipo de publicidad. Y bien que favorecía a Santa María. ¿Quién pagaría al autor del artículo con fotos, y un máximo de datos de la Urbanización, formando un nutrido panegírico?.
Pues del Alcalde, supe. ¿Es que cambiaba de parecer?. Por muy extraño que fuera, las ocultas razones, las conocí un año más tarde.
Sabía que hacía tiempo, en un Pleno Municipal, se aprobó sanear la zona del Municipio que abarcaba desde la carretera Nacional, hasta la playa.
Era necesario ya que entre una franja, con restos de antiguas salinas y el resto de su litoral de terreno insalubre, lo asemejaban a marismas con charcas que eran criadero de nubes de mosquitos. Además la playa con escasos metros de arena, desaparecía y reaparecía alternativamente, según las corrientes producidas por irregular oleaje.
Todo iba en contra de la promoción de Cubera. El turismo era muy selectivo y se abocaba a las playas de poblados que las mostraban muy cuidadas.
El Pleno aprobó aplicar unos arbitrios elevados a las propiedades de esta amplia zona del Minicipio. Se destinarían los ingresos a la construcción de un espigón protector de la playa, a desecar las charcas, a fumigar y erradicar los criaderos de mosquitos y a un acceso con firme asfáltico para la playa del futuro.
Aquel proyecto, ciertamente era millonario y los propietarios, no estaban dispuestos a sufragarlo.
Para entenderles había que conocer su historia. Sus ancestros, disponían de propiedades que abarcaban terrenos cultivables fértiles y parte de estas casi marismas. Los herederos, al distribuir los bienes paternos, convenían en repartir parte de lo útil cultivable y resto de lo inservible cercano a la playa. Este último terreno a base de despreciarse generación tras generación, más bien era la medicina que debían tomar para obtener la herencia de la parte útil. Mientras los arbitrios a esta parte resultaban prácticamente nulos, los propietarios los consideraban como valor sentimental.
Ahora con unos gravámenes sobre estas fincas que muchos consideraban de coste diez veces superior al valor que magnánimamente, se pudiera otorgar a la propiedad, los afectados se rebelaron.
Altercados se produjeron dividiendo al pueblo en dos bandos. Ganó, el del Alcalde, como no podía ser de otra manera.
Para sofocar el descontento, se les dio la opción de vender el terreno, al que obviamente ningún lugareño mostraría interés, pero sí una Sociedad recién nacida que se presentó con bajas ofertas.
La presión por el Municipio en cobrarles cantidades inasumibles, determinó que el noventa por ciento de los allí involucrados, cedieran sus propiedades a la Sociedad salvadora.
Dentro del diez por ciento restante, se incluía el propietario de la salina, que aunque su explotación se abandonó hacía décadas, seguía con su valor sentimental.
El Ayuntamiento agotado el plazo dado para transacciones, promovió un Edicto en el que aquellas propiedades que no satisficieran los gravámenes atrasados incluídos intereses de recargo y costos ejecutivos, serían expropiados.
De muy mal grado, algunos cedieron a la venta y otros a pagar las exorbitantes cantidades gravadas.
Se mantuvo el de la salina, que amenazó con defender su propiedad, ante un tribunal si hiciera falta, ya que aquello representaba un atropello injustificado.
El Acalde, vista su obstinación, le hizo una oferta bastante superior a la de la Sociedad aparecida. Le convenció, que era para el bien de la Comunidad, ya que las mejoras a introducir en su litoral declarado como zona verde, darían prosperidad. Él como Alcalde amante del bien de su Pueblo, estaba dispuesto a colaborar.
A regañadientes, acudió el propietario a firmar ante Notario la compra-venta de su patrimonio ancestral.
Concluidas las transacciones, toda la zona costera del Municipio, quedó transformada mediante una reparcelación, ya que se explanó todo. Se arrasaron las separaciones de límites entre antiguas propiedades. Se aportaron tierras de relleno a las charcas, y se construyó el espigón.
La totalidad de esta zona, se repartía entre un 90 % a nombre de la Sociedad, un cuatro por ciento a nombre del Alcalde y un seis por ciento entre cuatro particulares que también optaron por colaborar, en lugar de vender.
Dos meses después, otro Pleno, aprobaba la recalificación de suelo del Municipio, declarando la zona del Litoral urbanizable.
Aquello exasperó a los que se consideraron estafados. Hubieron intervenciones de las fuerzas armadas para evitar llegar a mayores.
Apenas se apaciguaban los ánimos, cuando el rumor de instalación en el Municipio de una Central Térmica reactivó la animadversión.
De nuevo un Pleno del Ayuntamiento, aprobaba la instalación en el terreno que fue del Alcalde, de una Central Térmica para el bien del Pueblo.
Venía a ser una incineradora de desperdicios, eficaz como recolectora de la basura y como productora de energía eléctrica. Todo para el bien común de los habitantes de Cubera. El Alcalde, lo vendió a la Incineradora por un importe veinte veces superior al que él pagó al propietario de la salina. Una pequeña compensación que recibía el Alcalde por sacrificarse pagando una cifra extra al tozudo vendedor.
Esta vez al ser de dominio público, varios antiguos propietarios se confabularon para matarle.
Pero antes de todo esto resulta que FECSA, lo que intentaba era llegar a la Central que en aquél próximo futuro se construiría.
Y aquí enlazaba mi contrato con ENHER, y lo que me pedía FECSA.
Este dinero barato gracias a Argen, aunque no tanto como el de la ayuda a la Agricultura, me sirvió para demorar entregas de papel al descuento.
Proseguí las obras, a pesar de estar en litigio administrativo con el Alcalde. Sin embargo Rodríguez debió realizar bien su trabajo ya que no aparecían alguaciles a husmear las obras.
El día que probamos la instalación del alumbrado, tuve una visita por un ejecutivo de FECSA. (Fuerzas Eléctricas de Cataluña). Se ofrecían para suministrar energía, con muy buenas condiciones. Le puse en antecedentes, por lo que contrariado, se despidió previo anuncio de regresar con su jefe para concertar un acuerdo distinto.
No imaginé nada de lo que estaba sucediendo por la competencia entre las empresas eléctricas. Sin saberlo, también era fruto de la actividad del Alcalde.
Aquella semana procuré intensificar la publicidad. La respuesta fue efectiva. Se mantuvo al público expectante, invitando a pasear por las calles alumbradas por la tarde a medio oscurecer.
Los expectantes, fueron los clientes que ya pernoctaban en la Urbanización y los lugareños, que tomaron conciencia de como progresaría el Pueblo próximamente, merced a los colonos turísticos.
La prensa local, se hizo eco a la mañana siguiente, algo que tampoco entendí en aquél momento. Robino no había planificado aquél tipo de publicidad. Y bien que favorecía a Santa María. ¿Quién pagaría al autor del artículo con fotos, y un máximo de datos de la Urbanización, formando un nutrido panegírico?.
Pues del Alcalde, supe. ¿Es que cambiaba de parecer?. Por muy extraño que fuera, las ocultas razones, las conocí un año más tarde.
Sabía que hacía tiempo, en un Pleno Municipal, se aprobó sanear la zona del Municipio que abarcaba desde la carretera Nacional, hasta la playa.
Era necesario ya que entre una franja, con restos de antiguas salinas y el resto de su litoral de terreno insalubre, lo asemejaban a marismas con charcas que eran criadero de nubes de mosquitos. Además la playa con escasos metros de arena, desaparecía y reaparecía alternativamente, según las corrientes producidas por irregular oleaje.
Todo iba en contra de la promoción de Cubera. El turismo era muy selectivo y se abocaba a las playas de poblados que las mostraban muy cuidadas.
El Pleno aprobó aplicar unos arbitrios elevados a las propiedades de esta amplia zona del Minicipio. Se destinarían los ingresos a la construcción de un espigón protector de la playa, a desecar las charcas, a fumigar y erradicar los criaderos de mosquitos y a un acceso con firme asfáltico para la playa del futuro.
Aquel proyecto, ciertamente era millonario y los propietarios, no estaban dispuestos a sufragarlo.
Para entenderles había que conocer su historia. Sus ancestros, disponían de propiedades que abarcaban terrenos cultivables fértiles y parte de estas casi marismas. Los herederos, al distribuir los bienes paternos, convenían en repartir parte de lo útil cultivable y resto de lo inservible cercano a la playa. Este último terreno a base de despreciarse generación tras generación, más bien era la medicina que debían tomar para obtener la herencia de la parte útil. Mientras los arbitrios a esta parte resultaban prácticamente nulos, los propietarios los consideraban como valor sentimental.
Ahora con unos gravámenes sobre estas fincas que muchos consideraban de coste diez veces superior al valor que magnánimamente, se pudiera otorgar a la propiedad, los afectados se rebelaron.
Altercados se produjeron dividiendo al pueblo en dos bandos. Ganó, el del Alcalde, como no podía ser de otra manera.
Para sofocar el descontento, se les dio la opción de vender el terreno, al que obviamente ningún lugareño mostraría interés, pero sí una Sociedad recién nacida que se presentó con bajas ofertas.
La presión por el Municipio en cobrarles cantidades inasumibles, determinó que el noventa por ciento de los allí involucrados, cedieran sus propiedades a la Sociedad salvadora.
Dentro del diez por ciento restante, se incluía el propietario de la salina, que aunque su explotación se abandonó hacía décadas, seguía con su valor sentimental.
El Ayuntamiento agotado el plazo dado para transacciones, promovió un Edicto en el que aquellas propiedades que no satisficieran los gravámenes atrasados incluídos intereses de recargo y costos ejecutivos, serían expropiados.
De muy mal grado, algunos cedieron a la venta y otros a pagar las exorbitantes cantidades gravadas.
Se mantuvo el de la salina, que amenazó con defender su propiedad, ante un tribunal si hiciera falta, ya que aquello representaba un atropello injustificado.
El Acalde, vista su obstinación, le hizo una oferta bastante superior a la de la Sociedad aparecida. Le convenció, que era para el bien de la Comunidad, ya que las mejoras a introducir en su litoral declarado como zona verde, darían prosperidad. Él como Alcalde amante del bien de su Pueblo, estaba dispuesto a colaborar.
A regañadientes, acudió el propietario a firmar ante Notario la compra-venta de su patrimonio ancestral.
Concluidas las transacciones, toda la zona costera del Municipio, quedó transformada mediante una reparcelación, ya que se explanó todo. Se arrasaron las separaciones de límites entre antiguas propiedades. Se aportaron tierras de relleno a las charcas, y se construyó el espigón.
La totalidad de esta zona, se repartía entre un 90 % a nombre de la Sociedad, un cuatro por ciento a nombre del Alcalde y un seis por ciento entre cuatro particulares que también optaron por colaborar, en lugar de vender.
Dos meses después, otro Pleno, aprobaba la recalificación de suelo del Municipio, declarando la zona del Litoral urbanizable.
Aquello exasperó a los que se consideraron estafados. Hubieron intervenciones de las fuerzas armadas para evitar llegar a mayores.
Apenas se apaciguaban los ánimos, cuando el rumor de instalación en el Municipio de una Central Térmica reactivó la animadversión.
De nuevo un Pleno del Ayuntamiento, aprobaba la instalación en el terreno que fue del Alcalde, de una Central Térmica para el bien del Pueblo.
Venía a ser una incineradora de desperdicios, eficaz como recolectora de la basura y como productora de energía eléctrica. Todo para el bien común de los habitantes de Cubera. El Alcalde, lo vendió a la Incineradora por un importe veinte veces superior al que él pagó al propietario de la salina. Una pequeña compensación que recibía el Alcalde por sacrificarse pagando una cifra extra al tozudo vendedor.
Esta vez al ser de dominio público, varios antiguos propietarios se confabularon para matarle.
Pero antes de todo esto resulta que FECSA, lo que intentaba era llegar a la Central que en aquél próximo futuro se construiría.
Y aquí enlazaba mi contrato con ENHER, y lo que me pedía FECSA.
Parejas perdurables (continuación 43 b )
Zona de charcas a desecar en playa de Cubera.
Como los lectores habrán adivinado, la información obtenida merced a su cargo Político sobre los planes Urbanísticos y de desarrollo energético Estatales, años antes que trascendiera a la ciudadanía por publicación al B.O.E., no la desaprovechaba el Alcalde.
Le iba muy bien que FECSA, trazara su línea de trasporte energía por la calle limítrofe de su Municipio en Santa María. Y que llegara a la zona marítima, en la que se desarrollaría la gran urbanización, prácticamente de su propiedad íntegra, pues la Sociedad creada para adquirir los terrenos era suya aunque permanecía a la sombra.
Y FECSA, interesada conjuntamente con la Alcaldía, por explotar la Térmica y granjearse la casi total clientela de Cubera actual y futura, como así fue.
Zona de charcas a desecar en playa de Cubera.
Como los lectores habrán adivinado, la información obtenida merced a su cargo Político sobre los planes Urbanísticos y de desarrollo energético Estatales, años antes que trascendiera a la ciudadanía por publicación al B.O.E., no la desaprovechaba el Alcalde.
Le iba muy bien que FECSA, trazara su línea de trasporte energía por la calle limítrofe de su Municipio en Santa María. Y que llegara a la zona marítima, en la que se desarrollaría la gran urbanización, prácticamente de su propiedad íntegra, pues la Sociedad creada para adquirir los terrenos era suya aunque permanecía a la sombra.
Y FECSA, interesada conjuntamente con la Alcaldía, por explotar la Térmica y granjearse la casi total clientela de Cubera actual y futura, como así fue.
Térmica
explotada por FECSA
En cinco años la transformación de Cubera en una bella ciudad turística con casi dos kilómetros de playa, Puerto deportivo y zona Residencial a partir del Paseo marítimo, se revalorizó cien veces.
El interés del Alcalde en perjudicar a una modesta Urbanización como Santa María, se extinguió por fin, dedicándose a combatir a los terratenientes autóctonos.
Tuvo unos años de discusiones con los declarados enemigos sin llegar a las manos. Pero cuando se puso en marcha la Térmica, fueron de dominio público sus maniobras.
Las amenazas de muerte, tomaron consistencia, hasta el punto que un guardaespaldas en un poblado pequeño, poca seguridad le proporcionaría. El camino del Ayuntamiento no admitía variantes. Y su domicilio, no era ninguna fortaleza.
Presentó la dimisión del cargo a la Diputación, mediante un certificado médico constando que el estrés por la excesiva labor, le causó enajenación mental transitoria, incapacitándole de atender sus obligaciones como Cabeza del Consistorio.
Testigos hubieron de alguna de sus excentricidades en público, amén que múltiples salidas de tono en el Ayuntamiento.
Fue aceptada su dimisión y nombraron como nuevo Alcalde, al mecanógrafo del antiguo Secretario, causante de mi paseo callejero esposado por la Guardia Civil.
Un año lo pasó en un Psiquiátrico, hasta que obtuvo (seguro que a petición propia) autorización para externarse, siendo constantemente vigilado por una asistenta profesional. Como su esposa era enfermera, aunque no ejerciera, le valió como asistenta.
Con ella, recorrió toda la Península, sin parar más de dos días en un mismo lugar, lo que le hacía ilocalizable. Su mujer para cubrir el expediente, enviaba mensajes semanales de la supuesta mejoría al centro Hospitalario.
Con otro año en estas condiciones, enterado que los ánimos de los terratenientes ya se calmaron del todo, se atrevió a regresar indicando su total restablecimiento.
Aún así, no volvió a Cubera, sino a la población natal de su mujer. En realidad no tenía necesidad de supervisar los negocios de la Sociedad. Iba tan boyante con la construcción de viviendas, y negocios turísticos, su venta, alquiler o readquisición, que sus arcas rebosaban.
Todos sabían que la Sociedad era suya, pero no se le podía relacionar legalmente con quienes llevaban el negocio.
De haber sabido el motivo del cambio de su actitud, respecto a Santa María, al entrevistarme con el representante de FECSA, le hubiera sacado mayor partido.
Solo se me ocurrió que sus líneas de alta tensión, no podían discurrir por la Urbanización dado mi contrato con ENHER y que éstos ya realizaron su red en baja tensión aérea.
Otro motivo para que no pudieran pasar, el reglamento que prohibía el cruce de dos líneas aéreas.
Como el interés suyo era marcado, propusieron que al llegar al límite de la Urbanización seguirían la red subterránea, por los 700 m de la Avenida del Término. Una vez cruzada seguirían de nuevo con la línea aérea.
Entonces pensando que siendo empresas oficiales de ofrecer demasiadas reticencias podían obtener un mandato gubernamental para permitir su tránsito, les propuse ya que tenían que abrir zanjas a una calle que tenía a punto de asfaltar, que fuera a cargo de ellos la total construcción incluido el riego asfáltico.
Lo encontraron razonable, de modo que calculé, por los presupuestos que tenía, de todas las calles, el ahorro de cinco millones y medio de pesetas. Me puse contento por creer que el contrato con ENHER era el que me benefició, sin embargo ahora me doy cuenta de que podía sin temor a excederme, haberles exigido además de las obras a su cargo, una indemnización de otros dos millones.
Y la Térmica, no hubo año en que no recibiera protestas del vecindario, ya que producía malos olores. Luego por usar fuel, protestas de los ecologistas al expedir azufre y gases nocivos. Luego usaron gas natural y siguieron las protestas por hallarse rodeada de chalets de lujo y desmejoraba el paisaje. También se protestó por afectar a la fauna marina el calentamiento de las aguas del mar al recibir las de refrigeración de la Térmica.
Treinta años después de su instalación, considerándola amortizada, la desmantelaron. El pueblo pertinaz obtuvo así su premio.
Parejas perdurables (continuación 44 )
La llamada del Sr. Argen, me alarmó. Con frases entrecortadas, con evidente afección, me instaba a que destruyera mi copia de contrato con el Director del Banco por el préstamo del medio millón, ya que le cesaron y estaba su despacho intervenido.
No debía presentarme allí, ya que solo provocaría agravar las acusaciones contra el Director.
Justo cuando preparaba un talón para ingresarle lo convenido, 11.250 pts por los intereses del primer trimestre, e incluso estaba dispuesto a amortizar la cuarta parte del préstamo, 125.000 pts. Con el ahorro obtenido merced a la operación FECSA, más bien andaba sobrado. Mejor ir cancelando créditos y ahorraría más.
Como no me dio detalles Argen, antes de seguir su consejo lo consulté con Rodríguez. Le enseñé el contrato de préstamo.
-Esta vez, el Sr. Argen te está haciendo un favor, que posiblemente redunda también en él.
-¿Quieres decir, que he de imaginar que tal trato nunca existió?. Pero yo recibí a mano en metálico medio millón. No comprendo cómo devolverlo le puede perjudicar.
-Otra vez muestras un desconocimiento impropio de un Empresario. Este Director, estaba realizando operaciones de un Banco, dentro de su Banco. Ya que te entran mejor lo números te doy idea numérica.
Los bancos al capital en cuenta corriente, dan el 1% interés. Si el impositor pide mejora de intereses, se lo bloquean a un año y le dan el 3%. Si quiere mayor interés, los Directores ofrecen invertir en Bolsa, aunque siempre están al albur de alzas y bajas. Los Jubilados suelen temer estos riesgos y se conforman con imposiciones a plazo superior al año en el propio banco y hasta llegan a obtener un 3,5%.
El Director tiene una clientela que se pone a sus manos dispuesta para incrementar un interés sin riesgos. Les ofrece el 4%, lo aceptan firman el bloqueo en una cuenta del Director. Te da el dinero a ti, con el 9% de interés, él abona el 4% y le queda limpio el 5%.
Mientras sus cuentas se lleven ocultas al Banco, el negocio es redondo.
Por lo visto alguna indiscreción, motivaría sospechas de los supervisores y descubrirían esta operativa. Lógico que lo cesaran, pero no es lo mismo que sea por una determinada operación a la que podría hacer frente, a que se presentaran muchos receptores de estos créditos con documentos falsificados del propio Banco. Pasaría de un delito de pequeña cuantía, a otro tipificado con cárcel.
Entendí, pues como quedándome con el dinero, favorecía al avisado Director. No era ético, pero al presentarme a deshacer el entuerto, me involucraba, hasta el punto que podía ser también yo un encausado.
-Tere, no lo vas a creer. En un mes, por operaciones ajenas a las obras de Santa María y a los trabajos del Gabinete, obtuve un beneficio de seis millones.
-¿Bromeas?. ¿Qué hiciste?
Puesta en antecedentes también se alegró pareciéndole que la esperanza puesta en que algún día dispondríamos de unos ahorros, estaba próxima a cumplirse.
-Voy a planificar un viaje por el Litoral, ya que en nuestro recorrido por la Península, nos quedó esta parte olvidada. Y me gustará conocer más Paradores.
Tere me recordaba que el viaje que hicimos, no fue muy del agrado de los niños y que en esta ocasión, teníamos cinco. Había que estudiar muy bien la ocasión de poder combinar nuestro recreo en solitario con el de los niños. No se podían abandonar a una simple niñera, que los atendía muy bien por cierto, pero estando nosotros presentes en el hogar.
Aprovechamos las próximas vacaciones estudiantiles para distribuir a los niños en dos partes. Los tres mayores una quincena en Colonias. Los dos pequeños, al cuidado de la abuela y abuelo, que pasarían la semana que nos ausentaríamos, en casa junto a la sirvienta de turno.
Procurábamos no darles demasiadas funciones que atender a las sirvientas, por la poca duración que ello nos reportaba, al sentirse explotadas.
De modo que en esta ocasión, se sentiría aligerada de sus obligaciones pues de siete componentes de la familia, pasaba a atender a cuatro.
La cuñada, no se trasladaría con sus padres, a nuestro hogar, ya que era una Girl-Scout, que dirigía grupos de Scouts en excursiones por el Pirineo.
Total teníamos en esta ocasión, resuelta la ausencia de una semana para recorrer parajes de nuestro suelo patrio, sin churumbeles.
Aferrado a mi hobby aventurero, me propuse una única intención: Visitar La Alhambra en Granada, pero ni el itinerario para llegar allí, ni los Paradores en que nos hospedaríamos los preconcebí. Me gustan las sorpresas en los viajes, incluso las no muy agradables como en verdad de vez en cuando sucedían.
Lo que sí tuvimos en cuenta era aceptar la invitación de una prima de Tere, para pasar un día en su finca de Gandía.
Así que para allá iríamos. La primera parada fue recrearnos de nuevo en el Balcón del Mediterráneo, recordando nuestra luna de miel truncada.
La llamada del Sr. Argen, me alarmó. Con frases entrecortadas, con evidente afección, me instaba a que destruyera mi copia de contrato con el Director del Banco por el préstamo del medio millón, ya que le cesaron y estaba su despacho intervenido.
No debía presentarme allí, ya que solo provocaría agravar las acusaciones contra el Director.
Justo cuando preparaba un talón para ingresarle lo convenido, 11.250 pts por los intereses del primer trimestre, e incluso estaba dispuesto a amortizar la cuarta parte del préstamo, 125.000 pts. Con el ahorro obtenido merced a la operación FECSA, más bien andaba sobrado. Mejor ir cancelando créditos y ahorraría más.
Como no me dio detalles Argen, antes de seguir su consejo lo consulté con Rodríguez. Le enseñé el contrato de préstamo.
-Esta vez, el Sr. Argen te está haciendo un favor, que posiblemente redunda también en él.
-¿Quieres decir, que he de imaginar que tal trato nunca existió?. Pero yo recibí a mano en metálico medio millón. No comprendo cómo devolverlo le puede perjudicar.
-Otra vez muestras un desconocimiento impropio de un Empresario. Este Director, estaba realizando operaciones de un Banco, dentro de su Banco. Ya que te entran mejor lo números te doy idea numérica.
Los bancos al capital en cuenta corriente, dan el 1% interés. Si el impositor pide mejora de intereses, se lo bloquean a un año y le dan el 3%. Si quiere mayor interés, los Directores ofrecen invertir en Bolsa, aunque siempre están al albur de alzas y bajas. Los Jubilados suelen temer estos riesgos y se conforman con imposiciones a plazo superior al año en el propio banco y hasta llegan a obtener un 3,5%.
El Director tiene una clientela que se pone a sus manos dispuesta para incrementar un interés sin riesgos. Les ofrece el 4%, lo aceptan firman el bloqueo en una cuenta del Director. Te da el dinero a ti, con el 9% de interés, él abona el 4% y le queda limpio el 5%.
Mientras sus cuentas se lleven ocultas al Banco, el negocio es redondo.
Por lo visto alguna indiscreción, motivaría sospechas de los supervisores y descubrirían esta operativa. Lógico que lo cesaran, pero no es lo mismo que sea por una determinada operación a la que podría hacer frente, a que se presentaran muchos receptores de estos créditos con documentos falsificados del propio Banco. Pasaría de un delito de pequeña cuantía, a otro tipificado con cárcel.
Entendí, pues como quedándome con el dinero, favorecía al avisado Director. No era ético, pero al presentarme a deshacer el entuerto, me involucraba, hasta el punto que podía ser también yo un encausado.
-Tere, no lo vas a creer. En un mes, por operaciones ajenas a las obras de Santa María y a los trabajos del Gabinete, obtuve un beneficio de seis millones.
-¿Bromeas?. ¿Qué hiciste?
Puesta en antecedentes también se alegró pareciéndole que la esperanza puesta en que algún día dispondríamos de unos ahorros, estaba próxima a cumplirse.
-Voy a planificar un viaje por el Litoral, ya que en nuestro recorrido por la Península, nos quedó esta parte olvidada. Y me gustará conocer más Paradores.
Tere me recordaba que el viaje que hicimos, no fue muy del agrado de los niños y que en esta ocasión, teníamos cinco. Había que estudiar muy bien la ocasión de poder combinar nuestro recreo en solitario con el de los niños. No se podían abandonar a una simple niñera, que los atendía muy bien por cierto, pero estando nosotros presentes en el hogar.
Aprovechamos las próximas vacaciones estudiantiles para distribuir a los niños en dos partes. Los tres mayores una quincena en Colonias. Los dos pequeños, al cuidado de la abuela y abuelo, que pasarían la semana que nos ausentaríamos, en casa junto a la sirvienta de turno.
Procurábamos no darles demasiadas funciones que atender a las sirvientas, por la poca duración que ello nos reportaba, al sentirse explotadas.
De modo que en esta ocasión, se sentiría aligerada de sus obligaciones pues de siete componentes de la familia, pasaba a atender a cuatro.
La cuñada, no se trasladaría con sus padres, a nuestro hogar, ya que era una Girl-Scout, que dirigía grupos de Scouts en excursiones por el Pirineo.
Total teníamos en esta ocasión, resuelta la ausencia de una semana para recorrer parajes de nuestro suelo patrio, sin churumbeles.
Aferrado a mi hobby aventurero, me propuse una única intención: Visitar La Alhambra en Granada, pero ni el itinerario para llegar allí, ni los Paradores en que nos hospedaríamos los preconcebí. Me gustan las sorpresas en los viajes, incluso las no muy agradables como en verdad de vez en cuando sucedían.
Lo que sí tuvimos en cuenta era aceptar la invitación de una prima de Tere, para pasar un día en su finca de Gandía.
Así que para allá iríamos. La primera parada fue recrearnos de nuevo en el Balcón del Mediterráneo, recordando nuestra luna de miel truncada.
Parejas perdurables (continuación 44 a )
-Vámonos ya Carlos que llegaremos muy tarde a Gandía.
Tere se intranquilizaba, porqué a pesar de haber salido muy temprano de Barcelona, entre el desayuno en Tarragona, luego entretenernos en recoger almejas en la Isla de Buda del Deltebre, dejaba ya de ser temprano.
Claro que el centenar de rosellonas (especie de almejas) recogidas en el arenal, con nuestras manos, serviría un aporte en agradecimiento por la invitación de nuestros anfitriones. Los guardamos en un tuperware, para mantenerse en buen estado durante el trayecto.
Pensé que es lástima tener que ir por el Mundo siempre con prisas. Una semana, no era nada para poder disfrutar de tantos rincones de belleza que por todas partes hay. Ya decidí que debíamos concentrar este viaje al destino de Granada. Con lo demás transitorio, tomar fotos y dejarlo para mejores ocasiones. Por lo menos esta era la intención.
Ahora, debíamos subir de nuevo al coche, partir de Peñíscola y sin perder más tiempo, llegar cuanto antes a Gandía. Estábamos invitados por la prima de Tere, a ver su finca de naranjos. Finalizaron las obras de modernización del sistema de explotación.
Este día lo programamos para hoy y debíamos llegar a comer a las dos, lo más tardar, o la Paella se enfriaría. Nos prometieron que no empezarían sin estar nosotros.
Y se trataba de una paella, alrededor de la cual, nos sentaríamos doce personas con una cuchara cada uno para el ataque.
Era el clásico modo de comer la Paella. Nada de platos, que pierde sabor. Y si tiene algo de “socarrimat” (una pizca requemado), mejor, que mejor. ¡Menuda sartén, sería!.
Nada, no podíamos entretenernos más en la visita del Castillo de Peñíscola. Solo una somera toma de fotos y una vuelta por su alrededor. Era una curiosidad que la mantuve desde adolescente por la Historia del Papa Luna. Y la razón de su construcción, como vigía de piratas intrusos venidos de las costas africanas. También recordaba los episodios de Jaime I el Conquistador, al entregarlo a Valencia.
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/4/4d/Peniscola_plages.JPG/399px-Peniscola_plages.JPG
-Vámonos ya Carlos que llegaremos muy tarde a Gandía.
Tere se intranquilizaba, porqué a pesar de haber salido muy temprano de Barcelona, entre el desayuno en Tarragona, luego entretenernos en recoger almejas en la Isla de Buda del Deltebre, dejaba ya de ser temprano.
Claro que el centenar de rosellonas (especie de almejas) recogidas en el arenal, con nuestras manos, serviría un aporte en agradecimiento por la invitación de nuestros anfitriones. Los guardamos en un tuperware, para mantenerse en buen estado durante el trayecto.
Pensé que es lástima tener que ir por el Mundo siempre con prisas. Una semana, no era nada para poder disfrutar de tantos rincones de belleza que por todas partes hay. Ya decidí que debíamos concentrar este viaje al destino de Granada. Con lo demás transitorio, tomar fotos y dejarlo para mejores ocasiones. Por lo menos esta era la intención.
Ahora, debíamos subir de nuevo al coche, partir de Peñíscola y sin perder más tiempo, llegar cuanto antes a Gandía. Estábamos invitados por la prima de Tere, a ver su finca de naranjos. Finalizaron las obras de modernización del sistema de explotación.
Este día lo programamos para hoy y debíamos llegar a comer a las dos, lo más tardar, o la Paella se enfriaría. Nos prometieron que no empezarían sin estar nosotros.
Y se trataba de una paella, alrededor de la cual, nos sentaríamos doce personas con una cuchara cada uno para el ataque.
Era el clásico modo de comer la Paella. Nada de platos, que pierde sabor. Y si tiene algo de “socarrimat” (una pizca requemado), mejor, que mejor. ¡Menuda sartén, sería!.
Nada, no podíamos entretenernos más en la visita del Castillo de Peñíscola. Solo una somera toma de fotos y una vuelta por su alrededor. Era una curiosidad que la mantuve desde adolescente por la Historia del Papa Luna. Y la razón de su construcción, como vigía de piratas intrusos venidos de las costas africanas. También recordaba los episodios de Jaime I el Conquistador, al entregarlo a Valencia.
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/4/4d/Peniscola_plages.JPG/399px-Peniscola_plages.JPG
Casillo de
Peñíscola.
Las películas que se rodaron allí, como El Cid, con Charlton Heston de protagonista y Calabuch dirigida por Berlanga, acabaron por sembrar la semilla del deseo de pisar este poblado.
Por lo menos el deseo quedó cumplido. Preparado para hacer kilómetros sin parar ni siquiera en Valencia, a menos que lo pidiera Tere para aliviar la vejiga, en algún bar durante el trayecto.
Llegamos a tiempo. El espectáculo de una Paella de metro y medio de diámetro, compensaba haber realizado los más de trescientos kilómetros.
Y lo de suministrarte una cuchara para comer doce personas apretujadas a su alrededor, en principio, no me convencía, pero al enseñar cómo se procedía, cambié de opinión.
Trazaban con la cuchara, doce radiales en el arroz, muy bien calculadas. Hacían un hueco en el centro, donde amontonaban los tropezones. Iban apartando los trozos de pollo, los mariscos y demás elementos que dieron toda su sustancia al arroz. Normalmente, los gourmets de la paella, estos ingredientes los desechaban por quedar insulsos.
Cada comensal, iniciaba su labor, a partir de la radial que le tocaba, dirigiendo la cuchara hacia su izquierda. El comensal a base de ingerir cucharadas, dejaba su lado derecho vacío hasta llegar a lo que fue el radio de su vecino que asimismo lo dejó vacío.
Curioso. No se me hubiera ocurrido que en un mismo plato comieran doce personas sin estorbarse ni mezclar sus porciones.
Tenía razón el marido de la prima de Tere, el socarrimat era lo más sabroso. Pero un arte conseguirlo. Los principiantes en la cocción de la paella, solían pasar de socarrimat, al carbonizado. Luego, la gracia ausente.
Las rosellonas, en diez minutos las prepararon, con una simple cocción al vapor de agua con sal y rodajas de limón. Justo el tiempo de abrirse las valvas. Las acompañaron con un Ribeiro que curiosamente guardaban en la nevera. Resultó un aperitivo acertado que nos hizo quedar muy bien por su aceptación.
Más tarde, nos enseñaron la bodega y ya no extrañé la coincidencia del Ribeiro. Tenía cientos de botellas de todo tipo de vinos. Esto para hacer boca, ya que la cocina, se veía rústica ancestral de grandes dimensiones y hogares de distintos tamaños, uno de los cuales, admitía las paellas gigantescas.
Pasamos al campo para digerir la paella, comentando los estudios realizados para la comercialización de sus naranjas.
Había arrancado los antiguos cultivos. Realizó nuevas plantaciones de tres clases de naranjas, cuya recolección se realizaba, en tres épocas del año, las primerizas, las medias y las tardías. Amén que dos variedades de mandarina y clementina.
El cultivo nuevo alineado a la distancia de cuatro metros, formaba columnas separadas entre sí por cinco metros de distancia. Previstas para la circulación de las camionetas recolectoras.
Cada calle, era recorrida a paso lento por la camioneta con cuatro peones arriba, que alcanzaban a su nivel el fruto. Dos recogían los frutos de la derecha y los otros dos los de su izquierda. Directamente, las metían en las cajas amontonadas que de vacías pasaban a llenas en un santiamén. Les seguían dos peones a pié encargados de recoger el fruto no alcanzado por los de arriba la camioneta.
Este sistema ahorraba gran cantidad de jornales, lo que le permitía sacar el máximo rendimiento al vender el fruto en el árbol a los almacenistas. Y con la alternancia de las variedades, todo el año estaba la finca visitada, con lo cual también resultaba rentable el personal de atención al cultivo. Era como si dispusiera de una fábrica de producción continua.
Admirado por esta conversión de explotación agraria convertida en industrial, pasamos a la cata de los frutos.
Iba dándonos lecciones de la clase que nos ofrecía para degustar y dar nuestra opinión. A mí, dado que tengo especial predilección por lo ácido me gustaban todas, al menos comí un par de cada variedad, incluso las que él indicó como verdes y que precisaban casi dos meses más para su recolección en perfecta madurez.
Pues nada, las que mejor sabían para mí. Entre catas de variedades y repeticiones para asegurar cual me parecía mejor, creo que ingerí docena y media de naranjas.
-Carlos, un solo naranjo al año, no sería suficiente para tu voracidad.
Lo dijo convencido, sin embargo de vivir entre naranjos, creo que mi afición se desvanecería pronto, pues corría riesgo de alterar mi tripa.
Y pensé en los kilómetros que me aguardaban a la mañana siguiente, pero esta noche, con Tere y los anfitriones disfrutaríamos de un paseo por la playa antes de acostarnos en una impesionante factoría semirural.
Las películas que se rodaron allí, como El Cid, con Charlton Heston de protagonista y Calabuch dirigida por Berlanga, acabaron por sembrar la semilla del deseo de pisar este poblado.
Por lo menos el deseo quedó cumplido. Preparado para hacer kilómetros sin parar ni siquiera en Valencia, a menos que lo pidiera Tere para aliviar la vejiga, en algún bar durante el trayecto.
Llegamos a tiempo. El espectáculo de una Paella de metro y medio de diámetro, compensaba haber realizado los más de trescientos kilómetros.
Y lo de suministrarte una cuchara para comer doce personas apretujadas a su alrededor, en principio, no me convencía, pero al enseñar cómo se procedía, cambié de opinión.
Trazaban con la cuchara, doce radiales en el arroz, muy bien calculadas. Hacían un hueco en el centro, donde amontonaban los tropezones. Iban apartando los trozos de pollo, los mariscos y demás elementos que dieron toda su sustancia al arroz. Normalmente, los gourmets de la paella, estos ingredientes los desechaban por quedar insulsos.
Cada comensal, iniciaba su labor, a partir de la radial que le tocaba, dirigiendo la cuchara hacia su izquierda. El comensal a base de ingerir cucharadas, dejaba su lado derecho vacío hasta llegar a lo que fue el radio de su vecino que asimismo lo dejó vacío.
Curioso. No se me hubiera ocurrido que en un mismo plato comieran doce personas sin estorbarse ni mezclar sus porciones.
Tenía razón el marido de la prima de Tere, el socarrimat era lo más sabroso. Pero un arte conseguirlo. Los principiantes en la cocción de la paella, solían pasar de socarrimat, al carbonizado. Luego, la gracia ausente.
Las rosellonas, en diez minutos las prepararon, con una simple cocción al vapor de agua con sal y rodajas de limón. Justo el tiempo de abrirse las valvas. Las acompañaron con un Ribeiro que curiosamente guardaban en la nevera. Resultó un aperitivo acertado que nos hizo quedar muy bien por su aceptación.
Más tarde, nos enseñaron la bodega y ya no extrañé la coincidencia del Ribeiro. Tenía cientos de botellas de todo tipo de vinos. Esto para hacer boca, ya que la cocina, se veía rústica ancestral de grandes dimensiones y hogares de distintos tamaños, uno de los cuales, admitía las paellas gigantescas.
Pasamos al campo para digerir la paella, comentando los estudios realizados para la comercialización de sus naranjas.
Había arrancado los antiguos cultivos. Realizó nuevas plantaciones de tres clases de naranjas, cuya recolección se realizaba, en tres épocas del año, las primerizas, las medias y las tardías. Amén que dos variedades de mandarina y clementina.
El cultivo nuevo alineado a la distancia de cuatro metros, formaba columnas separadas entre sí por cinco metros de distancia. Previstas para la circulación de las camionetas recolectoras.
Cada calle, era recorrida a paso lento por la camioneta con cuatro peones arriba, que alcanzaban a su nivel el fruto. Dos recogían los frutos de la derecha y los otros dos los de su izquierda. Directamente, las metían en las cajas amontonadas que de vacías pasaban a llenas en un santiamén. Les seguían dos peones a pié encargados de recoger el fruto no alcanzado por los de arriba la camioneta.
Este sistema ahorraba gran cantidad de jornales, lo que le permitía sacar el máximo rendimiento al vender el fruto en el árbol a los almacenistas. Y con la alternancia de las variedades, todo el año estaba la finca visitada, con lo cual también resultaba rentable el personal de atención al cultivo. Era como si dispusiera de una fábrica de producción continua.
Admirado por esta conversión de explotación agraria convertida en industrial, pasamos a la cata de los frutos.
Iba dándonos lecciones de la clase que nos ofrecía para degustar y dar nuestra opinión. A mí, dado que tengo especial predilección por lo ácido me gustaban todas, al menos comí un par de cada variedad, incluso las que él indicó como verdes y que precisaban casi dos meses más para su recolección en perfecta madurez.
Pues nada, las que mejor sabían para mí. Entre catas de variedades y repeticiones para asegurar cual me parecía mejor, creo que ingerí docena y media de naranjas.
-Carlos, un solo naranjo al año, no sería suficiente para tu voracidad.
Lo dijo convencido, sin embargo de vivir entre naranjos, creo que mi afición se desvanecería pronto, pues corría riesgo de alterar mi tripa.
Y pensé en los kilómetros que me aguardaban a la mañana siguiente, pero esta noche, con Tere y los anfitriones disfrutaríamos de un paseo por la playa antes de acostarnos en una impesionante factoría semirural.
Parejas Perdurables (continuación
44 b)
http://www.youtube.com/watch?v=x-goL1b9u-c
http://www.youtube.com/watch?v=x-goL1b9u-c
Paella tamaño
pequeño
La sartén de la foto es ridícula al compararla con la utilizada en Gandía para las doce personas.
Pedí los datos técnicos para en un futuro ser yo quien ofreciera a la familia e invitados, Paellas semejantes cocinadas al aire libre en Santa María.
Me los especificó el maestro paellero, anfitrión nuestro, mientras desayunábamos.
Mencionó que una vez se echa el “caldo” al arroz (jamás agua), es el momento de echar mano al vino…… pero no junto al caldo en el arroz, sino en sendos vasos para llevarse al coleto entre chascarrillos.
Realizado este ritual, prácticamente, ya puede apagarse el fuego. La paella, justo al evaporarse el agua del caldo, impregna su sabor al arroz que debe quedar con los granos sueltos. Por ello es imprescindible una buena nivelación de la paella, que el fuego llegue regular en toda su superficie y echar el caldo justo que cubra al arroz. Si hay demasiado líquido, el arroz se reblandece y si hay poco se carboniza.
Esperaba que próximamente fueran ellos quienes nos visitaran en la Urbanización y que allí él hiciera de supervisor de mi iniciación a cocinero de paellas.
Ya que estábamos cerca, no me resistí salir tan pronto desayunamos entre los naranjos, para pisar el Peñón de Ifach.
http://www.comunitatvalenciana.com/files/publicacion/doc/cvnews40.pdf
Este enlace da mucha información del Peñón de Ifach.
Estuvimos paseando algo menos de una hora, ya que teníamos muchos kilómetros por delante. No nos detuvimos en Alicante, ni en Murcia, ni en Lorca. Nos detuvimos a comer en el Parador Albergue de Puerto Lumbreras.
Tuvimos que desviarnos algo del camino, pero resultó tal como ya constatábamos, con todos los Paradores, que se disfrutaba en ellos por el paisaje, la decoración, sus instalaciones y el servicio esmerado.
Recorridos los jardines brevemente después de comer, nos dirigimos al Parador San Francisco en Granada donde pernoctamos.
Parejas Perdurables (continuación
45)
Mientras deambulábamos por las calles Granadinas, buscando lo más céntrico donde supuse habría concentración de tascas, oí palmas y taconeo procedente de un bar.
Seguro de iniciar allí nuestra ronda, entramos a chatear.
Había un grupo de tres hombres y tres mujeres, ellas con faralaes y zapatos con tacones de hierro, se jaleaban consiguiendo un animado ambiente. En las mesas distintos grupos seguían con la mirada, mientras que otros ayudaban con sus palmas a seguir el ritmo. Casi que estaba dispuesto también yo a participar, pero no me atreví, al ignorar si a un extraño recién llegado, esto le era permitido.
Tere pidió la tapa propia del local y un “fino” en una caña, en la misma barra. La secundé.
Nos propusimos al llegar al Parador ya muy tarde, no cenar en él, por contra recordaría mi permanencia en Alcalá, si seguíamos un Vía- Crucis de tascas y bares tomando muestras de lo que allí es usual.
Así lo iniciamos con éste, repleto de paisanos animados con sus cantantes y bailaoras.
Recuerdo que en Alcalá esto estaba prohibido, mediante unos rotulitos bien visibles “No se permite cantar”, sin saber el motivo exacto, quizá para que no se entretuvieran demasiado los clientes, para dar paso a los nuevos, aunque pudiera ser por motivo de molestar al vecindario hasta altas horas de la noche. Los locales solían ocupar plantas a nivel calle con bajo techo, encima de las cuales moraban los vecinos.
Aquí pudiera ocurrir lo mismo, pero por lo visto se toleraba.
-Como ves la juerga por Andalucía, está a la orden del día y de la noche. Si te parece recorreremos hasta que nos cansemos, un máximo de tascas. Por ello vamos a pedir en todas o bien el chato, o bien la caña, que contiene pequeña cantidad de vino o cerveza, sino pronto estaríamos piripis.
A Tere le sedujo la animación del barrio y no le hacía ascos a la “manzanilla”, al “amontillado” al “fino de Jerez” y lo que se presentara, fueron unos años después que no toleró el alcohol. Un simple vaso, o una sola copa de Champán, le motivaban dolor de cabeza. Por esto en las Navidades ella prefería Sidra.
Variadas tapas en Granada
Llevábamos ya cuatro tascas visitadas de las que llamaban la atención por la algarabía que dentro armaban los parroquianos. Para variar, entramos en una vacía.
El barman nos atendió de maravilla, nos recomendó probar una especialidad suya y le dimos la razón. La saboreábamos y nos enfrascamos en tertulia con él breves minutos, pues en un santiamén se llenó el local. Pagamos y ….hasta la próxima.
Nos pareció bien, otra en similares circunstancias. Solamente había un joven tomando su copa. Repetimos lo de tomar la tapa recomendada, y se repitió lo de abarrotarse el local por nuevos parroquianos.
A la tercera sucedió igual. Decidimos que la próxima sería la última por aquella noche, pues empezamos a notar el cansancio.
Al entrar en el bar vacío, pedimos al barman que nos sirviera lo que quisiera y que casi debería servirnos gratis, pues nosotros éramos el reclamo infalible de la clientela de los bares.
El hombre sonrió, pero le caímos tan bien que nos tomó la palabra. No falló, en un par de minutos lleno a rebosar. La última ronda, nos salió gratis.
Mientras volvíamos al Parador, recordamos el fenómeno que ya lo vivimos en otras Ciudades. Por lo visto se cumple el refrán de
-“¿Dónde va la Gente?, Pues dónde va Vicente.” O al revés.
Y bien pudiera ser que el itinerario que elegimos sin saberlo era el clásico, igual que los soportales lo eran para las rondas en Alcalá de Henares.
Llegamos al Hotel cansados, pero bastante animados. Era más de la media noche y queríamos por la mañana llegar pronto a La Alhambra.
Para ganar tiempo, nos duchamos juntos. Para ganar más tiempo, nos acostamos desnudos……Y con tanto tiempo ganado, ¿porqué, no aprovecharlo?. Por la mañana ya nos deleitaríamos con las instalaciones del Parador y su decoración. Pues lo aprovechamos.
http://www.youtube.com/watch?v=EKZel1D_8q0
Mientras deambulábamos por las calles Granadinas, buscando lo más céntrico donde supuse habría concentración de tascas, oí palmas y taconeo procedente de un bar.
Seguro de iniciar allí nuestra ronda, entramos a chatear.
Había un grupo de tres hombres y tres mujeres, ellas con faralaes y zapatos con tacones de hierro, se jaleaban consiguiendo un animado ambiente. En las mesas distintos grupos seguían con la mirada, mientras que otros ayudaban con sus palmas a seguir el ritmo. Casi que estaba dispuesto también yo a participar, pero no me atreví, al ignorar si a un extraño recién llegado, esto le era permitido.
Tere pidió la tapa propia del local y un “fino” en una caña, en la misma barra. La secundé.
Nos propusimos al llegar al Parador ya muy tarde, no cenar en él, por contra recordaría mi permanencia en Alcalá, si seguíamos un Vía- Crucis de tascas y bares tomando muestras de lo que allí es usual.
Así lo iniciamos con éste, repleto de paisanos animados con sus cantantes y bailaoras.
Recuerdo que en Alcalá esto estaba prohibido, mediante unos rotulitos bien visibles “No se permite cantar”, sin saber el motivo exacto, quizá para que no se entretuvieran demasiado los clientes, para dar paso a los nuevos, aunque pudiera ser por motivo de molestar al vecindario hasta altas horas de la noche. Los locales solían ocupar plantas a nivel calle con bajo techo, encima de las cuales moraban los vecinos.
Aquí pudiera ocurrir lo mismo, pero por lo visto se toleraba.
-Como ves la juerga por Andalucía, está a la orden del día y de la noche. Si te parece recorreremos hasta que nos cansemos, un máximo de tascas. Por ello vamos a pedir en todas o bien el chato, o bien la caña, que contiene pequeña cantidad de vino o cerveza, sino pronto estaríamos piripis.
A Tere le sedujo la animación del barrio y no le hacía ascos a la “manzanilla”, al “amontillado” al “fino de Jerez” y lo que se presentara, fueron unos años después que no toleró el alcohol. Un simple vaso, o una sola copa de Champán, le motivaban dolor de cabeza. Por esto en las Navidades ella prefería Sidra.
Variadas tapas en Granada
Llevábamos ya cuatro tascas visitadas de las que llamaban la atención por la algarabía que dentro armaban los parroquianos. Para variar, entramos en una vacía.
El barman nos atendió de maravilla, nos recomendó probar una especialidad suya y le dimos la razón. La saboreábamos y nos enfrascamos en tertulia con él breves minutos, pues en un santiamén se llenó el local. Pagamos y ….hasta la próxima.
Nos pareció bien, otra en similares circunstancias. Solamente había un joven tomando su copa. Repetimos lo de tomar la tapa recomendada, y se repitió lo de abarrotarse el local por nuevos parroquianos.
A la tercera sucedió igual. Decidimos que la próxima sería la última por aquella noche, pues empezamos a notar el cansancio.
Al entrar en el bar vacío, pedimos al barman que nos sirviera lo que quisiera y que casi debería servirnos gratis, pues nosotros éramos el reclamo infalible de la clientela de los bares.
El hombre sonrió, pero le caímos tan bien que nos tomó la palabra. No falló, en un par de minutos lleno a rebosar. La última ronda, nos salió gratis.
Mientras volvíamos al Parador, recordamos el fenómeno que ya lo vivimos en otras Ciudades. Por lo visto se cumple el refrán de
-“¿Dónde va la Gente?, Pues dónde va Vicente.” O al revés.
Y bien pudiera ser que el itinerario que elegimos sin saberlo era el clásico, igual que los soportales lo eran para las rondas en Alcalá de Henares.
Llegamos al Hotel cansados, pero bastante animados. Era más de la media noche y queríamos por la mañana llegar pronto a La Alhambra.
Para ganar tiempo, nos duchamos juntos. Para ganar más tiempo, nos acostamos desnudos……Y con tanto tiempo ganado, ¿porqué, no aprovecharlo?. Por la mañana ya nos deleitaríamos con las instalaciones del Parador y su decoración. Pues lo aprovechamos.
http://www.youtube.com/watch?v=EKZel1D_8q0
Parejas Perdurables (continuación
45 a )
Una vez desayunados, recorrimos las instalaciones magníficas del Parador. Y en el jardín hicimos una llamada a los suegros.
El mensaje fue como en los cuarteles. “Sin novedad”. Tere habló con los niños, que al estar con los abuelos, estaban encantados. Les permitían todo lo que se les antojaba, de modo que papá y mamá, podían tardar en volver, que no les importaba. Esto no se lo esperaba Tere. Pero es que esta vez, no se quedó solo el cuarto hijo, como en nuestro anterior viaje en que el tercero sí se quedó solo.
En esta ocasión, el quinto por su corta edad, estaba muy alerta con su hermano mayor y el mayor, se sentía autoritario para con su hermano pequeño.
Si a ello le sumaba que no tenían a los mayores que les mandaran, perfecto. Y sus necesidades cubiertas por partida triple. Los dos abuelos y la sirvienta pendientes de ellos.
Pues ya tranquilos, aparcamos el coche en la explanada frente a La Alhambra. Adquirimos los billetes de visita y nos sumamos a un grupo con su Cicerone.
http://www.youtube.com/watch?v=bZo3N8nxJ4w&NR=1&feature=fvwp
Una vez desayunados, recorrimos las instalaciones magníficas del Parador. Y en el jardín hicimos una llamada a los suegros.
El mensaje fue como en los cuarteles. “Sin novedad”. Tere habló con los niños, que al estar con los abuelos, estaban encantados. Les permitían todo lo que se les antojaba, de modo que papá y mamá, podían tardar en volver, que no les importaba. Esto no se lo esperaba Tere. Pero es que esta vez, no se quedó solo el cuarto hijo, como en nuestro anterior viaje en que el tercero sí se quedó solo.
En esta ocasión, el quinto por su corta edad, estaba muy alerta con su hermano mayor y el mayor, se sentía autoritario para con su hermano pequeño.
Si a ello le sumaba que no tenían a los mayores que les mandaran, perfecto. Y sus necesidades cubiertas por partida triple. Los dos abuelos y la sirvienta pendientes de ellos.
Pues ya tranquilos, aparcamos el coche en la explanada frente a La Alhambra. Adquirimos los billetes de visita y nos sumamos a un grupo con su Cicerone.
http://www.youtube.com/watch?v=bZo3N8nxJ4w&NR=1&feature=fvwp
Estábamos contemplando Historia. Y era admirable ver los
lugares que a pesar del transcurso de cinco siglos, se mantenía en impecable
estado.
Los trabajos en columnas, paredes y artesonados, no permitían más que admiración. ¿Cómo labraron tal cantidad de figuras geométricas con aquella perfección, en metros y metros de superficie?. Se hacía evidente que trabajarían con moldes, pero así y todo, más que labor de árabes, merecía la denominación de chinos.
Y tuve que permutar mi idea de que el yeso en la intemperie se destruye con facilidad. Aquellos trabajos resistieron sin ninguna erosión, tanto los interiores como los exteriores. Tenían una técnica escrupulosa, ya que el fraguado para lograr tal resultado debía realizarse en unas condiciones muy precisas.
De desconocer su verdadero material, hubiera creído que todo se debía a trabajos esculpidos en piedra.
También era admirable la ingeniosa distribución hidráulica, haciendo aparecer en distintos niveles la misma agua inicial, para surtidores, fuentes y remansos.
Seguimos las explicaciones del Cicerone, que ampliaron mis débiles recuerdos de lo estudiado hacía treinta años, en la escuela.
Nos recreamos en cada uno de los lugares de aquel Palacio, que también era refugio de la plebe y el retén de guerreros con sus caballerizas. Aparte de su ubicación estratégica, su extensa superficie amurallada, forma por sí misma un poblado preparado para resistir ataques del enemigo.
Pero no hizo falta poner a prueba su efectividad, dado que el último sultán, Boabdil el Chico, tuvo que abandonar La Alhambra a manos de los Reyes Católicos, por caer prisionero en Guadix. Y al partir de la Península Ibérica, cuenta la leyenda que al lamentarse por la pérdida, entre sollozos, su madre le recriminó:
"llora como mujer lo que no supiste defender como hombre"
Sultana Aixa, madre de Boabdil.
http://es.wikipedia.org/wiki/Alhambra
Los trabajos en columnas, paredes y artesonados, no permitían más que admiración. ¿Cómo labraron tal cantidad de figuras geométricas con aquella perfección, en metros y metros de superficie?. Se hacía evidente que trabajarían con moldes, pero así y todo, más que labor de árabes, merecía la denominación de chinos.
Y tuve que permutar mi idea de que el yeso en la intemperie se destruye con facilidad. Aquellos trabajos resistieron sin ninguna erosión, tanto los interiores como los exteriores. Tenían una técnica escrupulosa, ya que el fraguado para lograr tal resultado debía realizarse en unas condiciones muy precisas.
De desconocer su verdadero material, hubiera creído que todo se debía a trabajos esculpidos en piedra.
También era admirable la ingeniosa distribución hidráulica, haciendo aparecer en distintos niveles la misma agua inicial, para surtidores, fuentes y remansos.
Seguimos las explicaciones del Cicerone, que ampliaron mis débiles recuerdos de lo estudiado hacía treinta años, en la escuela.
Nos recreamos en cada uno de los lugares de aquel Palacio, que también era refugio de la plebe y el retén de guerreros con sus caballerizas. Aparte de su ubicación estratégica, su extensa superficie amurallada, forma por sí misma un poblado preparado para resistir ataques del enemigo.
Pero no hizo falta poner a prueba su efectividad, dado que el último sultán, Boabdil el Chico, tuvo que abandonar La Alhambra a manos de los Reyes Católicos, por caer prisionero en Guadix. Y al partir de la Península Ibérica, cuenta la leyenda que al lamentarse por la pérdida, entre sollozos, su madre le recriminó:
"llora como mujer lo que no supiste defender como hombre"
Sultana Aixa, madre de Boabdil.
http://es.wikipedia.org/wiki/Alhambra
Granadinos célebres
García Lorca – Poeta
Manuel de Falla- La Vida Breve-
http://www.youtube.com/watch?v=a1OIeFVeQ8E
García Lorca – Poeta
Manuel de Falla- La Vida Breve-
http://www.youtube.com/watch?v=a1OIeFVeQ8E
Agustín Lara – Granada
Tanto cuando se pusieron de moda las coplas de Agustín Lara, con María Bonita y Granada y años más tarde al cantarle a su Ciudad, Miguel Ríos, se reavivaron mis deseos de algún día personarme aquí. Y haberlo logrado junto a mi querida mujer, fue lo máximo.
Impresionados y contentos por lo acertado de la visita, fuimos al Parador a comer tal como teníamos previsto.
Inmediatamente, después del exquisito ágape, pusimos en marcha el coche hacia Argamasilla de Alba. Se trataba de muchos kilómetros que hicimos de un tirón, sin detenernos ni en Linares, ni en Manzanares, pues queríamos pasar al menos un día entero por los parajes de la Ruidera.
Tanto cuando se pusieron de moda las coplas de Agustín Lara, con María Bonita y Granada y años más tarde al cantarle a su Ciudad, Miguel Ríos, se reavivaron mis deseos de algún día personarme aquí. Y haberlo logrado junto a mi querida mujer, fue lo máximo.
Impresionados y contentos por lo acertado de la visita, fuimos al Parador a comer tal como teníamos previsto.
Inmediatamente, después del exquisito ágape, pusimos en marcha el coche hacia Argamasilla de Alba. Se trataba de muchos kilómetros que hicimos de un tirón, sin detenernos ni en Linares, ni en Manzanares, pues queríamos pasar al menos un día entero por los parajes de la Ruidera.
-¿Conqué Ud, es Catalán?. ¿Qué le indujo establecer en La Mancha una hospedería?.
Se lo preguntaba a Sergi, dueño del Hostal Don Quijote, en Argamasilla de Alba. Me sorprendía, que un Sr. que no aparentaba más de cuarenta años, prefiriera montar un negocio mas bien modesto, en una población insignificante, cuando tenía muchísimas probabilidades de lograrlo con mejor categoría y rentabilidad en Cataluña.
Claro que en la actualidad es un enclave renombrado y convertido en Ciudad. Tuvo catorce años después de nuestra visita, su esplendor merced al turismo. Después vinieron otros veinte años de sequía, desapareciendo el río, los ojos y el ruido que se suponía daba nombre a La Ruidera.
La sequía, provocó que las turberas tras años de hallarse afloradas en terreno seco y ni siquiera ya cultivable, se encendieran, causando el exterminio de la flora y fauna. Un verdadero desastre escológico.
A partir de 2010, en que volvieron las lluvias, se extinguieron los incendios y de nuevo se recuperaron las antiguas Tablas de Daimiel.
http://upload.wikimedia.org/wikipedi...era_11_JMM.jpg
Laguna de La Ruidera
]
-Por una excursión programada por mis compañeros, hace veinte años. Celebramos la suerte de haber sido excluidos del Servicio Militar por cupo excedente.
Como nosotros, querían conocer los Ojos del Guadiana, las Tablas de Daimiel y La Ruidera. La publicidad en aquél tiempo era la propia obra de Cervantes. La fama de los lugares del Caballero andante, de la triste figura, atraía a los lectores, máxime a los Catalanes ya que según la Obra, Quijote en las playas de Barcelona, luchó por su Dama imaginaria, regresando humillado a su redil, al ser vencido por el Caballero que lo único que pretendía era acabar con la locura quijotesca.
Así nuestro hospedero Sergi, nos narró su aventura. Al llegar a Argamasilla de Alba, supuestamente la morada de Quijote, como nosotros, buscó aposento para pernoctar yendo a parar donde nos hallábamos. Dirigía el negocio, una bella joven, recientemente huérfana de su padre dueño del negocio.
Fue el flechazo a primera vista. Permaneció tres días en el lugar, habiendo recorrido todos los parajes, seguidos por la lectura del Quijote, como si se tratara de reconstruir los hechos. Las tardes las pasaba con su enamorada, llegando a intimar y hacer planes para el futuro.
Se la llevó a conocer a su familia, y en un mes cumplieron con todos los requisitos de la boda.
No le preocupaba la categoría del negocio sino la de tener la vida encauzada con su amada.
Y llevaba ya diez años, desde que fallecieron sus padres, que su ausencia de Cataluña era absoluta.
Tere, encontró esta historia muy romántica y pensó que la nuestra aunque muy distinta tenía coincidencias básicas. Dios los cría y ellos se juntan. Imprevisible total, en la mayoría de los casos.
Tomamos habitación, decorada muy austeramente, y con mobiliario que recreaba el habido en tiempos de Quijote. Lo diferente seguro sería que los aseos eran modernos. No nos hacía falta la “vasija de noche”.
Y el desayuno, resultó la mar de agradable, todo a base de productos del lugar. La hogaza de pan horneado en leña, recordaba el de las Masías Catalanas de los años 30 del siglo pasado.
La leche, la mantequilla, la miel, la fruta, el vino, los embutidos, todo procedía del campo, o de manufactura lugareña. Nada procedente de supermercados ni tiendas exclusivas de comida envasada. Su sabor a Tere y a mí, nos recordó nuestra infancia.
Nos propusimos recorrer toda la zona de unos 70 Km, con el coche y regresar de nuevo a pernoctar en Argamasilla. Veríamos este paraje agreste y peculiar.
http://upload.wikimedia.org/wikipedi...NTO_SALTOx.JPG
http://upload.wikimedia.org/wikipedi...0px-Ruid02.jpg
http://upload.wikimedia.org/wikipedi...las_tablas.jpg
http://upload.wikimedia.org/wikipedi...juntabla_p.jpg
http://www.quixote.tv/tablas2.jpg
Vista aérea de las Tablas.
Parejas Perdurables (continuación 46 a )
Dispuestos a recorrer toda la zona, entramos a un camino carretero que llegaría seguramente hasta Ruidera, pero por lo angosto y serpenteante, a los pocos kilómetros se convertía en camino de herradura.
Persistiendo en seguir con el coche con mucha dificultad y a velocidad poco mayor que la del andante peatón, nos encontramos en un ensanchamiento que permitía girar el coche. Prudentemente, preferí apearme, y aparcar allí.
No tuve la precaución al salir de Argamasilla, de preguntarle a Sergi, que tal eran las comunicaciones para tránsito rodado y si se llegaba sin dificultad a Ruidera.
Pudiera darse el caso que confundiera el camino correcto y el que elegí, quizá se convertiría en una simple senda.
No vimos alma viviente en todo el camino, ni en un sentido ni en otro. El que no hubiera circulación, me puso en prevención. ¿Qué hubiera ocurrido de aparecer otro turista con automóvil?.
Decidimos tomar unas fotos del paisaje. Por lo visto, ya iniciaba una era de sequía causando el declive de los acuíferos. De haber realizado este recorrido un par de años antes, hubiera aparcado en un vado del río.
Seguimos pues a pié más de una hora, cuando a lo lejos vimos una oquedad en el terreno, formando una caverna.
Claro, la Cueva de Montesinos. Recordé al Quijote, y allá fuimos. No estaba en muy buenas condiciones su entrada, pero una vez pasado el umbral, una no muy suave pendiente, deslizaba hacia una sala de grandes dimensiones.
http://www.turismocastillalamancha.es/naturaleza/lagunas-de-ruidera-en-albacete-58272/visita/
Dispuestos a recorrer toda la zona, entramos a un camino carretero que llegaría seguramente hasta Ruidera, pero por lo angosto y serpenteante, a los pocos kilómetros se convertía en camino de herradura.
Persistiendo en seguir con el coche con mucha dificultad y a velocidad poco mayor que la del andante peatón, nos encontramos en un ensanchamiento que permitía girar el coche. Prudentemente, preferí apearme, y aparcar allí.
No tuve la precaución al salir de Argamasilla, de preguntarle a Sergi, que tal eran las comunicaciones para tránsito rodado y si se llegaba sin dificultad a Ruidera.
Pudiera darse el caso que confundiera el camino correcto y el que elegí, quizá se convertiría en una simple senda.
No vimos alma viviente en todo el camino, ni en un sentido ni en otro. El que no hubiera circulación, me puso en prevención. ¿Qué hubiera ocurrido de aparecer otro turista con automóvil?.
Decidimos tomar unas fotos del paisaje. Por lo visto, ya iniciaba una era de sequía causando el declive de los acuíferos. De haber realizado este recorrido un par de años antes, hubiera aparcado en un vado del río.
Seguimos pues a pié más de una hora, cuando a lo lejos vimos una oquedad en el terreno, formando una caverna.
Claro, la Cueva de Montesinos. Recordé al Quijote, y allá fuimos. No estaba en muy buenas condiciones su entrada, pero una vez pasado el umbral, una no muy suave pendiente, deslizaba hacia una sala de grandes dimensiones.
http://www.turismocastillalamancha.es/naturaleza/lagunas-de-ruidera-en-albacete-58272/visita/
Tere me seguía con reparos, cuando de pronto un revolotear de murciélagos, la puso histérica.
-¡Me voy de aquí, me voy!. Esto es tétrico y solo faltaban estos bichos.
-Mujer no temas que no se te comerán, ni siquiera te tocarán, saben muy bien volar en la oscuridad. Con su radar esquivan todos los obstáculos.
No le interesó, lo mínimo la vida y milagros de los murciélagos y corriendo salió al aire libre.
Años después, ni murciélagos ni clase alguna de bicho viviente. Tal fue el cambio drástico que arruinó la zona con la pérdida del agua. Se intentó aprovechar los terrenos desecados para cultivo, pero con más años de sequía, también este recurso falló.
El turismo asimismo decreció, pues se venía aquí para ver los ojos del Guadiana, como salían de la tierra igual que manantiales cuyos chorros formaban pequeñas cascadas y desaparecía el agua en las proximidades, para reaparecer en unos cientos de metros más abajo y formar las grandes charcas que dejaban al terreno en pequeñas islas, las Tablas de Daimiel.
Para postre el agua oculta provocaba con sus choques con rocas un ruido, que era el que daba nombre a la Población cercana.
Sin todo esto que dio fama al Guadiana, ¿a qué, vendrían los turistas?.
Tuvimos suerte de ser de los últimos en divisar varias lagunas con agua. Poco a poco, año tras año, fueron desapareciendo. En 1984, ya no manaba agua de los Ojos. En 1990 se abandonaron los cultivos en tierra baldía y seca. En 2009, las turberas se encendieron saliendo el humo del subsuelo. En 2010 había desaparecido todo vestigio de flora y fauna.
Pero ¡Vinieron las lluvias!. Los incendios se extinguieron y se recuperó buena parte de lo que fueron las Tablas.
Actualmente ignoro si de la misma manera se restableció el turismo y si ya disponen de caminos decentes para recorrer los valles.
[URL]http://www.turismocastillalamancha.com/naturaleza/parque-natural-de-las-lagunas-de-ruidera/[/URL]
Antes de seguir la excursión con el coche, nos entretuvimos en contemplar los campos de molinos, que según el Quijote, eran unos gigantes.
http://archivos.turismocastillalaman...iudad-real.jpg
Buscando caminos apropiados para nuestro vehículo, lo conseguimos retrocediendo bastantes kilómetros, hasta dar con el que anunciaba Ruidera. Allí comimos, y deambulamos sacando más fotos, hasta que viendo atardecer regresamos a Argamasilla.
http://www.spaincenter.org/turismo/c...de-alba-1b.jpg
Molinos en Argamasilla
Parejas perdurables ( continuación 46 b )
_¡ Ah, del Castillo !.
-¿Quién va?.
-El Caballero Hidalgo, para desfacer entuertos.
Estaba imaginando la llegada al Castillo de Alarcón, Parador Marqués de Villena, como la podía haber realizado El Quijote. Y estaba impaciente por llegar a él antes de anochecer.
Era otro recorrido kilométrico respetable desde Argamasilla. No había más solución que hacer muchos kilómetros y pocas paradas para regresar en el tiempo previsto de una semana.
Cuando lo divisé en la lejanía, pensé que muy discreta no resultaba la fortaleza. Era un enclave destacado en una prominente altura dominando el campo llano a sus pies.
Mas bien tenía que ser un acicate para el enemigo, tener allí como un faro, la morada del Poderosos señor feudal. Pero al estar ya cerca, cambié de opinión. La construcción, aprovechando la orografía, se asentaba en lo alto de un montículo. La defensa inexpugnable de forma natural.
No se precisaban fosas alrededor de las murallas, ni puentes levadizos. El angosto camino llevaba a la entrada, único punto que la soldadesca necesitaría defender, caso de ser asaltado.
Entré con el coche subiendo en primera, ya que la pendiente era fuerte e ignoraba si era permitida la entrada para los automóviles visitante.
El Castillo, muy bien conservado, y de aspecto una monada. Como si se tratara de una miniatura de lo contenido tras las murallas de La Alhambra. Tal como sospeché, el patio aparcamiento era reducido y con la media docena de coches que allí había, no había mucho margen para escoger donde aparcar.
http://www.parador.es/es/tratarFicha...do?parador=002
_¡ Ah, del Castillo !.
-¿Quién va?.
-El Caballero Hidalgo, para desfacer entuertos.
Estaba imaginando la llegada al Castillo de Alarcón, Parador Marqués de Villena, como la podía haber realizado El Quijote. Y estaba impaciente por llegar a él antes de anochecer.
Era otro recorrido kilométrico respetable desde Argamasilla. No había más solución que hacer muchos kilómetros y pocas paradas para regresar en el tiempo previsto de una semana.
Cuando lo divisé en la lejanía, pensé que muy discreta no resultaba la fortaleza. Era un enclave destacado en una prominente altura dominando el campo llano a sus pies.
Mas bien tenía que ser un acicate para el enemigo, tener allí como un faro, la morada del Poderosos señor feudal. Pero al estar ya cerca, cambié de opinión. La construcción, aprovechando la orografía, se asentaba en lo alto de un montículo. La defensa inexpugnable de forma natural.
No se precisaban fosas alrededor de las murallas, ni puentes levadizos. El angosto camino llevaba a la entrada, único punto que la soldadesca necesitaría defender, caso de ser asaltado.
Entré con el coche subiendo en primera, ya que la pendiente era fuerte e ignoraba si era permitida la entrada para los automóviles visitante.
El Castillo, muy bien conservado, y de aspecto una monada. Como si se tratara de una miniatura de lo contenido tras las murallas de La Alhambra. Tal como sospeché, el patio aparcamiento era reducido y con la media docena de coches que allí había, no había mucho margen para escoger donde aparcar.
http://www.parador.es/es/tratarFicha...do?parador=002
Nos las dábamos de afortunados por llegar a tal Castillo convertido en Parador Turístico. Resultaba tan original y de gusto severo que bendije la idea de pernoctar soñando en ser uno de los habitantes del Medioevo.
En recepción nos apearon del sueño. Como bien se veía el Castillo disponía de más superficie para las murallas y paredes de piedra, que para habitaciones útiles para turistas. Concretamente de las catorce habitaciones habilitadas con mucho gusto, solo seis estaban disponibles para viajeros. Las demás eran fijas para los empleados. Y sí. Conté bien, seis coches en el patio, y seis viajeros que se hospedaban.
Lamentaban no poder albergarnos pero si nos placía, estaban ya dando la cena. ¿Qué remedio?. Seguro que a cien kilómetros a la redonda no habría ningún Restorán.
Procurando obviar lo desagradable de la situación, preferimos acompañar al resto de comensales, en un ambiente señorial. Se respiraba un aire fresco y aromoso. La decoración muy acertada con manteles clásicos resaltando el rojo con el blanco y los jarrones con flores en las mesas. Y un silencio grave, que obligaba a hablar en voz baja, en señal de respeto.
Muy buena la cena, como era de esperar. Y antes de marcharnos, pedimos que nos dejara recorrer las dependencias, ya que al menos esto paliaría el desencanto de no poder quedarnos a dormir.
Cuando nos hallábamos ya en plena carretera, empecé a urdir una solución.
-Mira Tere, por el mapa, no veo que podamos hallar ningún hotel a menos de cien kilómetros. Para llegar allí pasada la media noche, y eso con suerte, prefiero acampar en el Pantano de Alarcón.
-Me parece que esto ya te lo esperabas, desde el momento que no quisiste telefonear pidiendo reserva.
-¿Cómo podía imaginar que un parador ubicado en lugar tan alejado de todo lo turístico no tuviera más que seis habitaciones?. Mujer que ha sido un contratiempo totalmente imprevisible.
En lugar pues de dirigirnos hacia Valencia, nos dirigimos hacia Madrid y en muy pocos kilómetros nos entramos en un lado boscoso del Pantano de Alarcón.
Llegamos con una noche iluminada por la luna llena, por lo que pudimos escoger bien el lugar de acampada. El coche estaba acondicionado para tender los asientos y no era la primera vez que lo usamos. A Tere no le satisfacía tanto como a mí, pasar la noche a la intemperie. No estaba acostumbrada al excursionismo, pero a pesar de todo, el lugar en que paramos, entre la arboleda, y con las aguas del pantano brillando por la luz de la luna, lo convertía en algo romántico.
Por la mañana, nos aseamos a lo Cro-Magnón y por lo menos yo me sorprendí al ver ya con luz de día todo el entorno del pantano, que no hubiera absolutamente nada para atraer turismo.
-Esto es incomprensible. Un lugar tan bello, y distante de poblaciones, que es ideal para practicar la pesca, navegar con piraguas, pasear por el bosque y pasar verdaderas horas de recreo en la naturaleza, no haya ni un simulacro de merendero. Yo aquí, montaría un restorán aunque fuera de bocadillos y refrescos, con unos pocos juegos para los niños y con un pudridero apartado lo resolvía con poquísimo dinero.
Parejas perdurables ( continuación 46 b )
No debí salir de la carretera general. Buscando un bar típico lugareño, perdimos mucho tiempo, para al final comer en un tenducho. Estuvimos a punto de llegar de nuevo hasta Aranjuez. Luego decidimos que nos desviábamos demasiado. Nuevo recorrido buscando aventura y convencidos de que no la hallaríamos por aquellos parajes, concluimos que lo más cercano era Aranjuez, por cuanto cambiando otra vez de opinión, allí fuimos, pero para llevarnos un chasco.
El Parque, abandonado en peor estado que cuando estuvimos años antes. Nos dijo un barrendero, que el Ayuntamiento, no tenía dinero para un mantenimiento decente y se proyectaba una remodelación para dejarlo en unas condiciones con las que el servicio resultara menos oneroso. Supongo que esta remodelación, llevaría consigo el pago de entrada para los futuros visitantes.
Siendo ya muy tarde, reemprendimos regreso hacia Valencia, pero el trayecto al ser tan largo, motivaba pernoctar en el hotel que mejor pareciera por el camino.
A tres ya los dejamos por inútiles, puesto que si no era yo, era Tere que lo encontraba destartalado, o con acceso dificultoso, o carentes de aparcamiento.
No quería dejar el coche invadiendo la carretera, ni meterme en terrenos vírgenes.
-Carlos, no busquemos más. Estoy cansada y tenemos la noche encima. Sin mirar entremos al primer hotel que aparezca.
Estuve de acuerdo y a partir de aquél momento no se divisó ningún hotel. Era desesperante. Una vez decidido a entrar sin discriminar al hotel que hubiere, ya no hallamos ninguno.
La media noche, no era una hora apropiada para buscar hospedaje. Después de pasar la anterior en el pantano Alarcón, apetecía al menos dormir en una cama.
¡ Milagro!. Cuando temí vernos de nuevo durmiendo en el coche, un rótulo luminoso alejado de la carretera, anunciaba al ansiado HOTEL.
Tuve que aparcar mal, pero por lo menos no en la carretera. La entrada era lúgubre. La recepción brillaba por su ausencia. Directamente, nos encontramos con el mostrador del bar en cuyos taburetes sentadas fumaban tres señoritas.
No tenía pinta de Hotel, pero la Srta. que atendía, nos ofreció la llave de una habitación cobrando por adelantado su ocupación. La categoría de este local se reflejaba ya en todo. Mobiliario desvencijado. Decoración, hortera. Alumbrado, mejor dicho sombreado por unas lamparillas de poca intensidad en las paredes y una que sí alumbraba de verdad, encima del mostrador, lo que permitió contar el dinero que nos pedía por el alojamiento.
Precio ridículo, ya que por lo visto, el negocio iba destinado a otro menester.
De no hallarse Tere agotada, de buena gana nos habríamos largado sin dormir.
-Carlos, ¿dónde nos metimos?.
-¿Te importa?.
-Ya , lo mismo da. Pero mejor eso no contarlo.
No, eso no merecía contarse, pero sí lo de la habitación.
Destartalada. Una luz cenital que se accionaba con una perilla desde la cabecera de la cama. No, mejor dicho, camastro, como los del ejército con barrotes de hierro.
Una silla y una mesita de noche. Ah, un perchero tras la puerta. Y como olía la habitación, entreabrimos la ventana para ventilar.
Las sábanas nos dieron reparo, por lo cual nos acostamos simplemente echados sin usar encimeras ni colchas, más dudosas de su limpieza.
Por la madrugada Tere despertó con una sensación de pinchazo.
-Carlos, que me pellizcas.
-¿Qué?.....
Encendí la luz, para ver un surrealista espectáculo. De la ventana entreabierta, bajaba un reguero de hormigas, atravesando la habitación, subiendo por el barrote de cama de mi lado, pasaba el reguero por debajo mis piernas, subía a las de mi mujer, y por lo visto decidían iniciar un festín.
Recordé que Tere ya me lo dijo más de una vez. Tenía sangre dulce…….
No debí salir de la carretera general. Buscando un bar típico lugareño, perdimos mucho tiempo, para al final comer en un tenducho. Estuvimos a punto de llegar de nuevo hasta Aranjuez. Luego decidimos que nos desviábamos demasiado. Nuevo recorrido buscando aventura y convencidos de que no la hallaríamos por aquellos parajes, concluimos que lo más cercano era Aranjuez, por cuanto cambiando otra vez de opinión, allí fuimos, pero para llevarnos un chasco.
El Parque, abandonado en peor estado que cuando estuvimos años antes. Nos dijo un barrendero, que el Ayuntamiento, no tenía dinero para un mantenimiento decente y se proyectaba una remodelación para dejarlo en unas condiciones con las que el servicio resultara menos oneroso. Supongo que esta remodelación, llevaría consigo el pago de entrada para los futuros visitantes.
Siendo ya muy tarde, reemprendimos regreso hacia Valencia, pero el trayecto al ser tan largo, motivaba pernoctar en el hotel que mejor pareciera por el camino.
A tres ya los dejamos por inútiles, puesto que si no era yo, era Tere que lo encontraba destartalado, o con acceso dificultoso, o carentes de aparcamiento.
No quería dejar el coche invadiendo la carretera, ni meterme en terrenos vírgenes.
-Carlos, no busquemos más. Estoy cansada y tenemos la noche encima. Sin mirar entremos al primer hotel que aparezca.
Estuve de acuerdo y a partir de aquél momento no se divisó ningún hotel. Era desesperante. Una vez decidido a entrar sin discriminar al hotel que hubiere, ya no hallamos ninguno.
La media noche, no era una hora apropiada para buscar hospedaje. Después de pasar la anterior en el pantano Alarcón, apetecía al menos dormir en una cama.
¡ Milagro!. Cuando temí vernos de nuevo durmiendo en el coche, un rótulo luminoso alejado de la carretera, anunciaba al ansiado HOTEL.
Tuve que aparcar mal, pero por lo menos no en la carretera. La entrada era lúgubre. La recepción brillaba por su ausencia. Directamente, nos encontramos con el mostrador del bar en cuyos taburetes sentadas fumaban tres señoritas.
No tenía pinta de Hotel, pero la Srta. que atendía, nos ofreció la llave de una habitación cobrando por adelantado su ocupación. La categoría de este local se reflejaba ya en todo. Mobiliario desvencijado. Decoración, hortera. Alumbrado, mejor dicho sombreado por unas lamparillas de poca intensidad en las paredes y una que sí alumbraba de verdad, encima del mostrador, lo que permitió contar el dinero que nos pedía por el alojamiento.
Precio ridículo, ya que por lo visto, el negocio iba destinado a otro menester.
De no hallarse Tere agotada, de buena gana nos habríamos largado sin dormir.
-Carlos, ¿dónde nos metimos?.
-¿Te importa?.
-Ya , lo mismo da. Pero mejor eso no contarlo.
No, eso no merecía contarse, pero sí lo de la habitación.
Destartalada. Una luz cenital que se accionaba con una perilla desde la cabecera de la cama. No, mejor dicho, camastro, como los del ejército con barrotes de hierro.
Una silla y una mesita de noche. Ah, un perchero tras la puerta. Y como olía la habitación, entreabrimos la ventana para ventilar.
Las sábanas nos dieron reparo, por lo cual nos acostamos simplemente echados sin usar encimeras ni colchas, más dudosas de su limpieza.
Por la madrugada Tere despertó con una sensación de pinchazo.
-Carlos, que me pellizcas.
-¿Qué?.....
Encendí la luz, para ver un surrealista espectáculo. De la ventana entreabierta, bajaba un reguero de hormigas, atravesando la habitación, subiendo por el barrote de cama de mi lado, pasaba el reguero por debajo mis piernas, subía a las de mi mujer, y por lo visto decidían iniciar un festín.
Recordé que Tere ya me lo dijo más de una vez. Tenía sangre dulce…….
Parejas perdurables ( continuación 47 )
Fue aquél un malogrado día. Comida vulgar, cansancio de carretera y habitación de fulanas. En la barra al despedirnos, sin mencionar el safari nocturno, tomamos un café con leche y un croissan. ¿Tenía importancia quejarnos de la suciedad? Ya que el precio no daba para más, quizá si citamos la aventura de las hormigas, la srta. barmaid nos cobra el espectáculo.
Molesta por este aciago día, Tere me pidió, que no más aventuras. Nos saltaríamos todo lo que hubiere por el trayecto y a Alcocebre, faltaba gente.
Me lo recomendaron ya varios conocidos y creí oportuna la ocasión. Esta vez acertamos tal como nos prometieron los amigos.
Fue aquél un malogrado día. Comida vulgar, cansancio de carretera y habitación de fulanas. En la barra al despedirnos, sin mencionar el safari nocturno, tomamos un café con leche y un croissan. ¿Tenía importancia quejarnos de la suciedad? Ya que el precio no daba para más, quizá si citamos la aventura de las hormigas, la srta. barmaid nos cobra el espectáculo.
Molesta por este aciago día, Tere me pidió, que no más aventuras. Nos saltaríamos todo lo que hubiere por el trayecto y a Alcocebre, faltaba gente.
Me lo recomendaron ya varios conocidos y creí oportuna la ocasión. Esta vez acertamos tal como nos prometieron los amigos.
Incluyo aquí este enlace que muestra en vídeos el
estatus actual, que nada tiene que ver con el paraíso que nosotros pisamos
medio siglo ha.
Por lo visto iniciaban la promoción de un motel,
en plena naturaleza del litoral Castellonense.
Nos costó hallar el indicador que partiendo de la carretera general (nada que ver tampoco con las autopistas actuales existentes), que anunciaba un camino hacia la playa de Alcocebre. Casi que era un simulacro de carretera, ya que recordaba la del inicio para recorrer la Ruidera. Ambos lados vírgenes con tramos de arbolado y otros desiertos.
Quince kilómetros en estas condiciones, que parecían alejarse del mundo civilizado, concluyeron con la vista de una frondosa pineda, y mirando al sur, contemplamos una cuarentena de bungalowes de planta elevada y a mitad de su camino, lo que claramente era el Hotel custodia de los bungalowes.
La brisa, nos trajo además el olor a sal marina. Contemplamos una cala a la que aportaron gran cantidad de elementos de hormigón con formas estrelladas, a efectos de iniciar un espigón protector de la cala, e incrementar la superficie de playa.
Muy buena impresión nos llevamos ya de entrada.
El recepcionista nos mostró las instalaciones del edificio matriz, que disponía de una gran sala de fiestas y otra sala comedor. Mientras que un anexo, era para la venta de souvenirs y todo tipo de mercancía propia de las instalaciones turísticas.
También había una salita para material sanitario y botiquín de urgencias. Nos entregó las llaves del apartamento ocupable por un máximo de seis personas, aun cuando era recomendable elegir el de dos, ya que era más barato y casi idénticos todos. El de dos no tenía aparcamiento bajo el piso como tenía el de seis personas.
Nos complació que tuvieran tal deferencia pero nos quedamos con el de seis. “Ande o no ande, Caballo grande”.
Así al llegar al número alquilado, aparcamos el coche dentro del recinto abierto a cuatro vientos bajo el techo de la vivienda.
Disponía de un pequeño jardín muy bien cuidado. Nos estábamos ilusionando.
Arriba habían tres habitaciones, de justas dimensiones, pero la de la sala, era como las tres juntas. Disponía de un pequeño habitáculo en el que quedaba escondida una cocina con menaje suficiente, para calentarse comida o preparase el desayuno si no apetecía recurrir al restaurante.
Lo mejor, para Tere, resultó la terraza balconera. Con unas tumbonas, apetecía desde allí mirar el cielo, o ¡El Mar!. Lo más deseado por Tere. Y para postre si bajaba la mirada, contemplaba nuestro jardincito y el de los bungalowes vecinos.
Una vez aposentados, Fuimos a recepción, para antes de cenar, llamar a nuestra familia. Había que conocer novedades y notificarles nuestra próxima llegada por la tarde de la mañana siguiente.
Ningún inconveniente, ni siquiera por parte de Orpí, que prefirió comentar eventualidades a mi regreso.
Total una noche deliciosa compensación por las frustradas dos anteriores. Y el paseo por la playa sin rastros de nada de la urbanización en ciernes, resultaba un vergel rodeada de la pineda hasta la misma arena. Aguas cristalinas como no contemplamos en ninguna playa turística.
Nos prometimos traer a nuestros hijos en la próxima escapatoria de ocio, cosa que logramos pronto y que a saber si hubiésemos tardado mucho, cuán distinto hubiese sido lo percibido.
Desgraciadamente, en la actualidad, siendo una Urbanización bonita, carece del encanto primero.
Existen cuatro hoteles un gran Camping, cientos de torres, varios kilómetros de playas seguidas, etc. Una de las tantas urbanizaciones modernas, con la belleza artificial creada y las instalaciones pertinentes que transformaron al Natural paisaje que gozamos.
Trayéndoles aquí a nuestros cuatro hijos mayores en próximo viaje, lo disfrutamos todos, aparte de un susto procedente del menor de los cuatro.
Nos costó hallar el indicador que partiendo de la carretera general (nada que ver tampoco con las autopistas actuales existentes), que anunciaba un camino hacia la playa de Alcocebre. Casi que era un simulacro de carretera, ya que recordaba la del inicio para recorrer la Ruidera. Ambos lados vírgenes con tramos de arbolado y otros desiertos.
Quince kilómetros en estas condiciones, que parecían alejarse del mundo civilizado, concluyeron con la vista de una frondosa pineda, y mirando al sur, contemplamos una cuarentena de bungalowes de planta elevada y a mitad de su camino, lo que claramente era el Hotel custodia de los bungalowes.
La brisa, nos trajo además el olor a sal marina. Contemplamos una cala a la que aportaron gran cantidad de elementos de hormigón con formas estrelladas, a efectos de iniciar un espigón protector de la cala, e incrementar la superficie de playa.
Muy buena impresión nos llevamos ya de entrada.
El recepcionista nos mostró las instalaciones del edificio matriz, que disponía de una gran sala de fiestas y otra sala comedor. Mientras que un anexo, era para la venta de souvenirs y todo tipo de mercancía propia de las instalaciones turísticas.
También había una salita para material sanitario y botiquín de urgencias. Nos entregó las llaves del apartamento ocupable por un máximo de seis personas, aun cuando era recomendable elegir el de dos, ya que era más barato y casi idénticos todos. El de dos no tenía aparcamiento bajo el piso como tenía el de seis personas.
Nos complació que tuvieran tal deferencia pero nos quedamos con el de seis. “Ande o no ande, Caballo grande”.
Así al llegar al número alquilado, aparcamos el coche dentro del recinto abierto a cuatro vientos bajo el techo de la vivienda.
Disponía de un pequeño jardín muy bien cuidado. Nos estábamos ilusionando.
Arriba habían tres habitaciones, de justas dimensiones, pero la de la sala, era como las tres juntas. Disponía de un pequeño habitáculo en el que quedaba escondida una cocina con menaje suficiente, para calentarse comida o preparase el desayuno si no apetecía recurrir al restaurante.
Lo mejor, para Tere, resultó la terraza balconera. Con unas tumbonas, apetecía desde allí mirar el cielo, o ¡El Mar!. Lo más deseado por Tere. Y para postre si bajaba la mirada, contemplaba nuestro jardincito y el de los bungalowes vecinos.
Una vez aposentados, Fuimos a recepción, para antes de cenar, llamar a nuestra familia. Había que conocer novedades y notificarles nuestra próxima llegada por la tarde de la mañana siguiente.
Ningún inconveniente, ni siquiera por parte de Orpí, que prefirió comentar eventualidades a mi regreso.
Total una noche deliciosa compensación por las frustradas dos anteriores. Y el paseo por la playa sin rastros de nada de la urbanización en ciernes, resultaba un vergel rodeada de la pineda hasta la misma arena. Aguas cristalinas como no contemplamos en ninguna playa turística.
Nos prometimos traer a nuestros hijos en la próxima escapatoria de ocio, cosa que logramos pronto y que a saber si hubiésemos tardado mucho, cuán distinto hubiese sido lo percibido.
Desgraciadamente, en la actualidad, siendo una Urbanización bonita, carece del encanto primero.
Existen cuatro hoteles un gran Camping, cientos de torres, varios kilómetros de playas seguidas, etc. Una de las tantas urbanizaciones modernas, con la belleza artificial creada y las instalaciones pertinentes que transformaron al Natural paisaje que gozamos.
Trayéndoles aquí a nuestros cuatro hijos mayores en próximo viaje, lo disfrutamos todos, aparte de un susto procedente del menor de los cuatro.
Parejas perdurables ( continuación 47 a)
Sí, pues en la próxima Semana Santa, aprovechando las vacaciones, trajimos a los cuatro mayores a Alcocebre. Como era de esperar, estuvieron encantados y ya después de cenar se enzarzaron en juegos moviditos en el piso del bungalow, teniendo que llamarles la atención.
Disponían de dos días más para corretear al aire libre. Lo mejor que podían hacer era acostarse y guardar energías para la mañana siguiente.
Fueron los primeros en levantarse, pedir el desayuno y salir a la espesura de la selva que teníamos a menos de cien metros.
Les recomendé que no tardaran más de una hora, ya que haríamos una excursión por las calas vecinas a la de los bungalowes.
Media hora después Dani, alarmado:
-¡Papa, papá!, Beto se perdió.
-¿Qué quieres decir con que se perdió?.
-Es que jugamos al escondite en la pineda y él no aparece.
-¿Le habéis llamado?.
Tal como venía alarmado era cuestión de hacerle caso, e indagar después. Salimos tere y yo, siguiendo a Dani, que nos trajo ante J.C. y Jordi.
Se adentraron bastante por la espesura, llamando a gritos de vez en cuando a Beto. Después de situarnos en el lugar donde le vieron por última vez antes de retirarse para esconderse del mayor, que le tocó en suerte hacer de base del juego, procedimos a separanos una distancia prudencial entre nosotros e ir avanzando mientras seguíamos llamándole.
El bosque, virgen, tenía mucho ramaje bajo y además un sotobosque que impedía avanzar en línea recta. Constantemente , debíamos sortearlo, o romper ramas para pasar.
Entendí que en estas condiciones Beto, al alejarse, perdería orientación. Llevábamos en esta función más de diez minutos sin vislumbrar nada que pudiera dar pista por donde pasó.
La alarma cundió, para todos y Tere me la contagió. Desde donde estábamos en medio de una frondosa pineda, no divisábamos más que unos veinte metros a nuestro alrededor y nos habíamos internado más de trescientos metros.
Ordené regresar, para ir a pedir ayuda al Hotel. Cuando ya desesperábamos por gritar su nombre, y casi finalizado el regreso, Beto se da a conocer.
-Papá, mamá, estoy aquí.
¿Cómo era posible?, Beto surgía de la playa.
J. C. y Dani, le avistaron por última vez adentrándose por el bosque, no era lógico que saliera de la Playa.
Llegaron las recriminaciones de Tere dirigidas a Beto por ser tan atrevido y a mí por dejar abandonados a los niños en una Selva Amazónica, llena de peligros con fieras salvajes, y a saber si también con Jíbaros, o antropófagos.
-Pero ¿de dónde sales?. ¿No jugabais en el bosque?.
-Es que me perdí. No sabía regresar pero estuve callado para no dar pista a que me encontraran hasta que me asusté y decidí que lo mejor para salir del bosque sería ir siempre cuesta abajo que así llegaría al mar.
-Buen juicio Beto, y suerte tuviste de no haberte metido en una hondonada. ¿Qué hubieras hecho si todo el terreno de tu alrededor se convertía en cuesta arriba?.
Esto no lo pensó, pero lo que sí demostró era capacidad de raciocinio y a su edad me pareció digna de un genio.
Beto era el mismo que ya había protagonizado otras travesuras con menos acierto que la de este día.
Nos lo cuenta Tere:
Podría narrar una anécdota ocurrida poco antes que naciera el sexto, ya que fue algo que verdaderamente es digna de mención. Estaba ya muy avanzada en mi estado (no puedo decir “nuevo”, al contrario, en aquel tiempo me parece que tenía más meses de embarazo que de los normales), ya me sentaba con dificultad.
Estábamos todos en el comedor poco antes de la comida, haciendo un poco de aperitivo, encima de la mesita pequeña, estaban en diferentes platos, varias cosas para ir picando, almendras, avellanas, patatas fritas, etc etc Y de repente el cuarto hijo empezó a llorar a pleno pulmón. Realmente algo le pasaba, una madre sabe cuándo lloran por marranería, o cuando ocurre algo. Se tocaba la nariz pero no decía nada, yo vi que la tenía abultada, y supuse igual que su padre, que se había metido una avellana y no se la podía quitar…intenté presionar la nariz para que con un masaje suave, saliera el fruto seco.
Pero cuando me acerqué… el niño se ponía histérico llorando con más fuerza.
Le hablé tratando que comprendiera, que aquello tenía que salir de su cuerpo cuanto antes mejor, el niño debería tener unos 5 años o sea que me entendía perfectamente lo que le pedía, pero no había manera de que nos acercáramos a él. Verdaderamente estaba fuera de sí.
Yo comprendí que aquella actitud no era normal.
Finalmente, con buenas palabras le convencí, y lo puse entre mis piernas, haciendo tijera para inmovilizarlo y boca abajo, (con dificultades, porque mi barriga estaba ya enorme), diciéndole que yo no le tocaría la nariz, pero que él, tenía que ayudar, y hacer mucha fuerza, como si quisiera sonarse muy fuerte. Nada de hacer lo que pretendía el padre, de presionar la nariz, ya que por lo visto era lo que el niño más temía.
Vaya…nos quedamos todos como atontados, lo que salió de su pequeña nariz, no era una avellana, fue una chincheta, evidentemente envuelta en sangre y mucosidad!!!
Con razón, no quería que hiciéramos presión. Él sabía muy bien que si oprimíamos, se le clavaría aún más.
Esto ha salido en más de una ocasión en las reuniones familiares, todos nos acordamos muy bien.
De este tipo de anécdotas tengo un montón para ir contando, porque las familias numerosas tenemos muchos de estos momentos que luego al recordarlos, te hacen pesar, en lo que podría haber sucedido entonces…
Efectivamente Beto nos obsequió durante su infancia, un montón de anécdotas. La de mostrarnos al permitirle por primera vez como saltaba a la pequeña piscina de once metros de nuestro Chalet “Niu Blau” resultó premonitoria.
Dijo:
-Observadme para atravesar la piscina como lo hago y me decís si está bien.
Se lanzó de cabeza y buceando dando patadas a diestro y siniestro con verdadero desespero adelantaba al máximo los brazos hasta que tocó el borde de la piscina.
Se puso en pié y preguntó:
- Pero ¿Cuándo se respira?.
Evidentemente, esto explicaba el patear con desespero.
Y años después, formó parte del equipo de buceadores de la Marina, siendo testigo de la actuación de un Capitán descerebrado. Esto es otra historia, para narrar más adelante.
__________________________________________________ ___
Sí, pues en la próxima Semana Santa, aprovechando las vacaciones, trajimos a los cuatro mayores a Alcocebre. Como era de esperar, estuvieron encantados y ya después de cenar se enzarzaron en juegos moviditos en el piso del bungalow, teniendo que llamarles la atención.
Disponían de dos días más para corretear al aire libre. Lo mejor que podían hacer era acostarse y guardar energías para la mañana siguiente.
Fueron los primeros en levantarse, pedir el desayuno y salir a la espesura de la selva que teníamos a menos de cien metros.
Les recomendé que no tardaran más de una hora, ya que haríamos una excursión por las calas vecinas a la de los bungalowes.
Media hora después Dani, alarmado:
-¡Papa, papá!, Beto se perdió.
-¿Qué quieres decir con que se perdió?.
-Es que jugamos al escondite en la pineda y él no aparece.
-¿Le habéis llamado?.
Tal como venía alarmado era cuestión de hacerle caso, e indagar después. Salimos tere y yo, siguiendo a Dani, que nos trajo ante J.C. y Jordi.
Se adentraron bastante por la espesura, llamando a gritos de vez en cuando a Beto. Después de situarnos en el lugar donde le vieron por última vez antes de retirarse para esconderse del mayor, que le tocó en suerte hacer de base del juego, procedimos a separanos una distancia prudencial entre nosotros e ir avanzando mientras seguíamos llamándole.
El bosque, virgen, tenía mucho ramaje bajo y además un sotobosque que impedía avanzar en línea recta. Constantemente , debíamos sortearlo, o romper ramas para pasar.
Entendí que en estas condiciones Beto, al alejarse, perdería orientación. Llevábamos en esta función más de diez minutos sin vislumbrar nada que pudiera dar pista por donde pasó.
La alarma cundió, para todos y Tere me la contagió. Desde donde estábamos en medio de una frondosa pineda, no divisábamos más que unos veinte metros a nuestro alrededor y nos habíamos internado más de trescientos metros.
Ordené regresar, para ir a pedir ayuda al Hotel. Cuando ya desesperábamos por gritar su nombre, y casi finalizado el regreso, Beto se da a conocer.
-Papá, mamá, estoy aquí.
¿Cómo era posible?, Beto surgía de la playa.
J. C. y Dani, le avistaron por última vez adentrándose por el bosque, no era lógico que saliera de la Playa.
Llegaron las recriminaciones de Tere dirigidas a Beto por ser tan atrevido y a mí por dejar abandonados a los niños en una Selva Amazónica, llena de peligros con fieras salvajes, y a saber si también con Jíbaros, o antropófagos.
-Pero ¿de dónde sales?. ¿No jugabais en el bosque?.
-Es que me perdí. No sabía regresar pero estuve callado para no dar pista a que me encontraran hasta que me asusté y decidí que lo mejor para salir del bosque sería ir siempre cuesta abajo que así llegaría al mar.
-Buen juicio Beto, y suerte tuviste de no haberte metido en una hondonada. ¿Qué hubieras hecho si todo el terreno de tu alrededor se convertía en cuesta arriba?.
Esto no lo pensó, pero lo que sí demostró era capacidad de raciocinio y a su edad me pareció digna de un genio.
Beto era el mismo que ya había protagonizado otras travesuras con menos acierto que la de este día.
Nos lo cuenta Tere:
Podría narrar una anécdota ocurrida poco antes que naciera el sexto, ya que fue algo que verdaderamente es digna de mención. Estaba ya muy avanzada en mi estado (no puedo decir “nuevo”, al contrario, en aquel tiempo me parece que tenía más meses de embarazo que de los normales), ya me sentaba con dificultad.
Estábamos todos en el comedor poco antes de la comida, haciendo un poco de aperitivo, encima de la mesita pequeña, estaban en diferentes platos, varias cosas para ir picando, almendras, avellanas, patatas fritas, etc etc Y de repente el cuarto hijo empezó a llorar a pleno pulmón. Realmente algo le pasaba, una madre sabe cuándo lloran por marranería, o cuando ocurre algo. Se tocaba la nariz pero no decía nada, yo vi que la tenía abultada, y supuse igual que su padre, que se había metido una avellana y no se la podía quitar…intenté presionar la nariz para que con un masaje suave, saliera el fruto seco.
Pero cuando me acerqué… el niño se ponía histérico llorando con más fuerza.
Le hablé tratando que comprendiera, que aquello tenía que salir de su cuerpo cuanto antes mejor, el niño debería tener unos 5 años o sea que me entendía perfectamente lo que le pedía, pero no había manera de que nos acercáramos a él. Verdaderamente estaba fuera de sí.
Yo comprendí que aquella actitud no era normal.
Finalmente, con buenas palabras le convencí, y lo puse entre mis piernas, haciendo tijera para inmovilizarlo y boca abajo, (con dificultades, porque mi barriga estaba ya enorme), diciéndole que yo no le tocaría la nariz, pero que él, tenía que ayudar, y hacer mucha fuerza, como si quisiera sonarse muy fuerte. Nada de hacer lo que pretendía el padre, de presionar la nariz, ya que por lo visto era lo que el niño más temía.
Vaya…nos quedamos todos como atontados, lo que salió de su pequeña nariz, no era una avellana, fue una chincheta, evidentemente envuelta en sangre y mucosidad!!!
Con razón, no quería que hiciéramos presión. Él sabía muy bien que si oprimíamos, se le clavaría aún más.
Esto ha salido en más de una ocasión en las reuniones familiares, todos nos acordamos muy bien.
De este tipo de anécdotas tengo un montón para ir contando, porque las familias numerosas tenemos muchos de estos momentos que luego al recordarlos, te hacen pesar, en lo que podría haber sucedido entonces…
Efectivamente Beto nos obsequió durante su infancia, un montón de anécdotas. La de mostrarnos al permitirle por primera vez como saltaba a la pequeña piscina de once metros de nuestro Chalet “Niu Blau” resultó premonitoria.
Dijo:
-Observadme para atravesar la piscina como lo hago y me decís si está bien.
Se lanzó de cabeza y buceando dando patadas a diestro y siniestro con verdadero desespero adelantaba al máximo los brazos hasta que tocó el borde de la piscina.
Se puso en pié y preguntó:
- Pero ¿Cuándo se respira?.
Evidentemente, esto explicaba el patear con desespero.
Y años después, formó parte del equipo de buceadores de la Marina, siendo testigo de la actuación de un Capitán descerebrado. Esto es otra historia, para narrar más adelante.
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Después de comer en el Hotel, emprendimos el viaje de regreso a Barcelona, en la plena confianza de haber salido todo a pedir de boca. Así fue pero me intrigaba lo que tuviera que contarme Orpí.
Pronto lo sabría y ya seguiría liándome en redes ignotas.
Parejas perdurables ( continuación 47 a)
Lo que planteó Orpí, para mí resultaba un descalabro. En cambio él consideraba que me hacía un regalo.
Me propuso que me quedara su participación en la Sociedad USAMA junto a su último aporte del proyecto y dirección de los dos primeros bloques de Apartamentos.
Les llamamos Gemini, para ser originales. Teníamos la documentación en regla, pero los cambios de nombre debían legalizarse y esto representaba mucho dinero para Hacienda, Notaría y Gestoría.
Y , Orpí necesitaba el dinero tocante y sonante en cuestión de un mes. Le dí varias vueltas al tema, que en verdad representaba un incremento importante de patrimonio, para Tere y para mí, como únicos socios acreedores de USAMA. Sin embargo el problema era siempre el mismo . El patrimonio crecía a buen ritmo, pero la liquidez se esfumaba.
De nuevo entregar papel comercial a los Bancos, usar las pólizas, e incluso ampliar hipotecas.
No me hacía gracia que lo obtenido en cinco años, que casi me permitía prescindir de los Bancos, tuviera una vez más que sacrificarlo y atarme como cualquier otro comerciante.
Encargué una campaña publicitaria a Robino, para reducir al máximo las hectáreas de Orpí. Entraría dinero y reduciría gastos para el cambio de nombre del resto.
Pero esto no era cosa de un mes, la venta incluso queriéndola poner a precio reventado, ascendía a bastantes millones y los capitalistas, no sueltan prenda sin antes tomar gran cantidad de precauciones .
No es óbice para quien quiere estafarles, ya que son los que les siguen la corriente a sus pretensiones. Luego les salen con la carta en la manga y adiós precauciones. No era mi caso. No podía desaparecer con la cantidad de bienes raíces que estaba aflorando.
Y a Hacienda, le importa poco que un propietario regale, o venda barato. La tasa para sus deducciones fiscales correspondía al valor Catastral y los impuestos se aplican a este valor.
Tenía pues que hacer oferta por encima del valor catastral, de lo contrario de negocio, pasaba a perjuicio.
Orpí, había sido socio leal. Todos sus emolumentos los aportó a la Sociedad. Ahora quería dedicarse exclusivamente a presentar a organismos Oficiales Proyectos Faraónicos. Sabía que la competencia era dura y costosa. Los proyectos presentados por los concursantes, pasaban por la criba política, que por lo visto son permeables a distintas seducciones.
La ideal sería la de sopesar el trabajo mejor concebido, por su fácil y menor costo en su desarrollo, su originalidad, menor tiempo en ejecución y adaptado a la perfección a su destino.
Pero no siempre gana lo ideal, de modo que más bien para un concursante lograr una adjudicación de su proyecto, puede haber concursado hasta cinco veces con otros tantos proyectos, que iban a la basura.
El coste del mismo, el Arquitecto tenía que afrontarlo de su bolsillo mientras duraba su trabajo sin haberse aceptado. Es lo que previó Orpí y se arriesgaba a permanecer hasta tres años sin percibir un óbolo.
Con el dinero que recibiría de USAMA, y seguir con el Gabinete, con el personal ya veterano, podría permitírselo.
No le dije nada a Tere, pero confiando en poder vender pronto las fincas de Orpí y alguna que otra mía, reuniría el capital suficiente para pagar a Orpí y a Hacienda.
Mientras esto no acaecía, cargué la maleta con letras y las endosé a varios Bancos. Los directores se alegraron que por fin les diera negocio sustancioso, pero imagino, que si en lugar de repartirlo a varios lo hubiera entregado todo a uno solo, el resultado hubiera sido distinto. Habría recelado el director de turno, que de repente una cuenta mantenida con un mínimo de crédito sin usar, la sobrecargara con cifras desmesuradas.
La cuestión era que de nuevo la aventura bancaria se hallaba en marcha.
Y los Bloques de Apartamentos ya afloraban del suelo asentados sobre cientos de metros cúbicos de cimentación.
Lo aproveché para anunciar su próxima construcción y engrosar la campaña publicitaria.
Esta vez no me salía tampoco gratis la publicidad.
Robino, me pedía más capital, para ampliar las tiradas de la revista discográfica. Según él el negocio se presentaba muy bien ya que podía competir con las revistas del ramo y que pronto seríamos conocidos por la tele.
No me convenció, ya que las revistas con las que competíamos, eran adquiridas por los fans, pagando, mientras que la nuestra era gratuita.
En aquél tiempo, las revistas de la competencia, además tenían sponsors que eran las propias empresas promotoras de grupos como “Los Diablos”, por más que otros grupos destacados de mayor calidad, eran ignorados. Y a esos les promovíamos nosotros gratis. Jamás llegué al meollo del negocio, que cada vez olía peor.
A pesar de las discrepancias, seguí entregándole nuevas dosis de capital y casi como por compensación divina, obtuve buen resultado de la nueva campaña a favor de USAMA.
Un domingo, ya algo repuesto por rebaje sustancioso del papel descontado por los bancos, volví a mi intención de seguir reteniendo el de nuevas ventas, sin descontar.
Lo comenté con un cliente, aduciendo que el interés que aplicaban los bancos a mi modo de ver era el de usura. Convino conmigo Batlle, el cliente, que tras alabar mi proceder, se explanó con la historia del negocio de su mujer una artista en la confección pret a porter.
Mientras iba exponiendo las virtudes de su mujer y el interés en ampliar su negocio, que topaba frontalmente con los bancos, un parcelista, nos interrumpió.
-Oiga, señor. Nosotros vinimos ayer por la tarde para quedarnos a dormir en la torre y no se encendieron las luces de las calles.
Esta noticia, me anonadaba. Vencía el último plazo para la liquidación a la Empresa del alumbrado. Urgentemente les llamaría para recomponer la avería que podía haberse producido. No pagaría hasta su entrega en perfectas condiciones de servicio. Este era el trato.
Pero lo que no esperaba, era cual fue el verdadero motivo de tener las calles a oscuras por la noche.
Parejas perdurables (continuación 50 )
Me extrañó al regresar de la Urbanización en día laboral a media tarde, ver a tres "gachís", llamativas jóvenes, solicitando autostop. No era mi intención parar, pero el titubeo, alegró a las niñas que me vitoreaban. Curioso, paré y les pregunté a que obedecía el teatro que armaban.
- Por favor, debemos estar antes de dos horas a Barcelona, que nos contratan de Gogó. Si no llegamos a tiempo, perderemos la oportunidad.
-¡ Ah!. Pues.....¿Dónde quieren que les deje?.
No me atreví a tutearlas, ni tampoco hacerles un desplante. Se sentaron las tres en los asientos traseros, montando una algarabía con una serie de grititos que debían formar parte de su original actuación preconcebida.
Para mí ajeno a este mundo que surgía de la farándula, era una novedad. Claro, ahora viene a ser un oficio más. ¡ Como cambia todo!.
Por mostrar gratitud, me soltaron el rollo de su vida. Yo, alucinando. Aquellas chiquillas, de no más de diecinueve años, parecía que disponían de experiencia mundanal muy superior a la mía casi doblándoles la edad.
Para no dar demasiadas pistas sobre mí, puse la radio, buscando música. Una de las emisoras, estaba haciendo publicidad de "Los Ángeles de San Rafael".
Iba a cambiar de emisora, cuando con voz grave, el locutor daba una noticia, fuera de programa por el drama ocurrido.
http://www.abc.es/20090615/nacional-sucesos/cuarenta-anos-tragedia-angeles-200906151341.html
Era una Urbanización de las enésimas habidas por el suelo Hispano. Llevaba unos meses anunciándose y prometiendo una inauguración Oficial sonada, al finalizar las obras de su Restaurante.
Por lo visto, era hoy. Segovia, pillaba muy lejos de las Urbanizaciones de Cataluña, por lo que para mí carecía de interés, esta nueva urbanización de Ángeles, así como para los posibles clientes de la mía.
Iba de todos modos a buscar música cuando las niñas se interesaron por lo que podía decir el locutor.
No me esperaba aquello. Por lo visto la cubierta de la sala del restaurante, era aún provisional.
Cuando los cientos de comensales entre los cuales, políticos de la localidad y altos cargos del Gobierno como garantes de la importancia del evento, se hallaban a medio ágape, la cubierta se desplomó sobre sus cabezas.
Aunque se siguió una investigación que involucró a bastantes personajes, en definitiva el causante del desastre era Gil y Gil, por imprudencia temeraria. De postergar la inauguración, hasta la consolidación de la obra, tal suceso se hubiera evitado.
Sin embargo, tal como indican los artículos de la prensa, barato le salió al ser condenado por tiempo mínimo, e indultado casi de inmediato.
En el futuro, siendo alcalde de Marbella y presidente del Atletic de Madrid, protagonizó una serie de afers de los que asimismo iba saliendo indemne. Pero como todo tiene su fin, también un buen día le alcanzó a él. Eso sí, muchos años después.
Las chicas hicieron sus comentarios a los que me involucré, trascendiendo mi inevitable inquina contra personajes irresponsables. Y lo clásico de que siempre pagan justos por pecadores. ¿Cuantos de los comensales, se hallarían allí, cumpliendo su cometido honrado?.
Representantes de Organismos Oficiales, invitados de honor, familiares, incluso los sirvientes camareros, los reporteros, y un nutrido número de fotógrafos y visitantes.
Llegando ya a Barcelona, reemprendieron su charla, como si de nada se hubieran enterado y me pidieron apearse en la Diagonal. ¿Dónde actuarían?. Quise saber, pero por lo visto esta pregunta, provocaba una respuesta peor clasificada que la de averiguar la edad de una Sra. otoñal.
Pasé por el despacho, donde me aguardaba impaciente la Secretaria.
-Dejé sobre su mesa, una nota urgente de la Notaría, para que les llame cuanto antes.
Todavía pude localizar al pasante de la notaría.
Mala noticia. Me daba la opción de anular la compra-venta del edificio de San Juan de Malta.
Al traer el gestor las escrituras para liquidar Hacienda, se comprobó que las notas registrales, se hallaban afectas por un embargo millonario.
Aquella nota, estaba registrada con una antelación de diez minutos respecto mi declaración de compra.
O sea, si quería anular las cargas anteriores, debía sumar ésta, no prevista. Y no se trataba de una minucia. Por ello, el Notario, se ofrecía a anular la operación si ello era de mi interés. Claro que los gastos Notariales, serán dobles, pero los casi tres millones de la operación, quedaban en suspenso.
Aturdido, indiqué que dilataba la decisión en tanto no hablara con mi abogado.
-Carlos, veo tan mal anular la operación como la de demandar al vendedor.
Fue el consejo de Rodriguez y me explicó el porqué.
Comprendió que el vendedor jugó con mayor astucia de la imaginable por mi cándida visión. Estaba bien aconsejado por el acompañante al que no dimos importancia. El embargo lo tenían para presentar al Registro en cuanto le interesara. Y le interesaba, que figurara una vez se hubiera realizado la transacción, visto que los gravámenes eran asumibles dando un bajo precio de venta.
Así, una vez comprobada por nosotros la existencia de las únicas cargas confesadas, el astuto vendedor, inscribía su nueva carga, antes de llegar mi escritura del Notario.
Rodriguez explicó:
Opción de anulación. Gastos notariales por duplicado. Pérdida del millón en metálico entregado a mano.
Esta opción derivaba en dos otros supuestos. Demandar al estafador, con pleito largo, ya que se defendería procurando desvirtuar el hecho. Con gastos y años de pleito.
O dejarle en paz, tras intentos de recuperación por las buenas, previsiblemente sin éxito.
Opción seguir el curso normal de la inscripción de la compra-venta.
Apechugar con esta carga, liquidando con demora su importe. Hasta que no saliera a subasta, también podían pasar años. Incluso en este caso, como propietario, sería el postor de la subasta preferente.
Me pareció que la solución menos mala, era la de olvidar a este desaprensivo que habiéndosela jugado a Gómez, consiguió impasivo repetir suerte conmigo.
Cariacontecido, salí del despacho, pensando en la cara que debía mostrar a Tere.
Justo. Le contaría lo de las niñas y lo de Gil y Gil. Haría unos cuantos aspavientos que parecerían dirigidos a tal personaje, cuando a mi fuero interior los dirigía al estafador del edificio de San Juan de Malta.
Me extrañó al regresar de la Urbanización en día laboral a media tarde, ver a tres "gachís", llamativas jóvenes, solicitando autostop. No era mi intención parar, pero el titubeo, alegró a las niñas que me vitoreaban. Curioso, paré y les pregunté a que obedecía el teatro que armaban.
- Por favor, debemos estar antes de dos horas a Barcelona, que nos contratan de Gogó. Si no llegamos a tiempo, perderemos la oportunidad.
-¡ Ah!. Pues.....¿Dónde quieren que les deje?.
No me atreví a tutearlas, ni tampoco hacerles un desplante. Se sentaron las tres en los asientos traseros, montando una algarabía con una serie de grititos que debían formar parte de su original actuación preconcebida.
Para mí ajeno a este mundo que surgía de la farándula, era una novedad. Claro, ahora viene a ser un oficio más. ¡ Como cambia todo!.
Por mostrar gratitud, me soltaron el rollo de su vida. Yo, alucinando. Aquellas chiquillas, de no más de diecinueve años, parecía que disponían de experiencia mundanal muy superior a la mía casi doblándoles la edad.
Para no dar demasiadas pistas sobre mí, puse la radio, buscando música. Una de las emisoras, estaba haciendo publicidad de "Los Ángeles de San Rafael".
Iba a cambiar de emisora, cuando con voz grave, el locutor daba una noticia, fuera de programa por el drama ocurrido.
http://www.abc.es/20090615/nacional-sucesos/cuarenta-anos-tragedia-angeles-200906151341.html
Era una Urbanización de las enésimas habidas por el suelo Hispano. Llevaba unos meses anunciándose y prometiendo una inauguración Oficial sonada, al finalizar las obras de su Restaurante.
Por lo visto, era hoy. Segovia, pillaba muy lejos de las Urbanizaciones de Cataluña, por lo que para mí carecía de interés, esta nueva urbanización de Ángeles, así como para los posibles clientes de la mía.
Iba de todos modos a buscar música cuando las niñas se interesaron por lo que podía decir el locutor.
No me esperaba aquello. Por lo visto la cubierta de la sala del restaurante, era aún provisional.
Cuando los cientos de comensales entre los cuales, políticos de la localidad y altos cargos del Gobierno como garantes de la importancia del evento, se hallaban a medio ágape, la cubierta se desplomó sobre sus cabezas.
Aunque se siguió una investigación que involucró a bastantes personajes, en definitiva el causante del desastre era Gil y Gil, por imprudencia temeraria. De postergar la inauguración, hasta la consolidación de la obra, tal suceso se hubiera evitado.
Sin embargo, tal como indican los artículos de la prensa, barato le salió al ser condenado por tiempo mínimo, e indultado casi de inmediato.
En el futuro, siendo alcalde de Marbella y presidente del Atletic de Madrid, protagonizó una serie de afers de los que asimismo iba saliendo indemne. Pero como todo tiene su fin, también un buen día le alcanzó a él. Eso sí, muchos años después.
Las chicas hicieron sus comentarios a los que me involucré, trascendiendo mi inevitable inquina contra personajes irresponsables. Y lo clásico de que siempre pagan justos por pecadores. ¿Cuantos de los comensales, se hallarían allí, cumpliendo su cometido honrado?.
Representantes de Organismos Oficiales, invitados de honor, familiares, incluso los sirvientes camareros, los reporteros, y un nutrido número de fotógrafos y visitantes.
Llegando ya a Barcelona, reemprendieron su charla, como si de nada se hubieran enterado y me pidieron apearse en la Diagonal. ¿Dónde actuarían?. Quise saber, pero por lo visto esta pregunta, provocaba una respuesta peor clasificada que la de averiguar la edad de una Sra. otoñal.
Pasé por el despacho, donde me aguardaba impaciente la Secretaria.
-Dejé sobre su mesa, una nota urgente de la Notaría, para que les llame cuanto antes.
Todavía pude localizar al pasante de la notaría.
Mala noticia. Me daba la opción de anular la compra-venta del edificio de San Juan de Malta.
Al traer el gestor las escrituras para liquidar Hacienda, se comprobó que las notas registrales, se hallaban afectas por un embargo millonario.
Aquella nota, estaba registrada con una antelación de diez minutos respecto mi declaración de compra.
O sea, si quería anular las cargas anteriores, debía sumar ésta, no prevista. Y no se trataba de una minucia. Por ello, el Notario, se ofrecía a anular la operación si ello era de mi interés. Claro que los gastos Notariales, serán dobles, pero los casi tres millones de la operación, quedaban en suspenso.
Aturdido, indiqué que dilataba la decisión en tanto no hablara con mi abogado.
-Carlos, veo tan mal anular la operación como la de demandar al vendedor.
Fue el consejo de Rodriguez y me explicó el porqué.
Comprendió que el vendedor jugó con mayor astucia de la imaginable por mi cándida visión. Estaba bien aconsejado por el acompañante al que no dimos importancia. El embargo lo tenían para presentar al Registro en cuanto le interesara. Y le interesaba, que figurara una vez se hubiera realizado la transacción, visto que los gravámenes eran asumibles dando un bajo precio de venta.
Así, una vez comprobada por nosotros la existencia de las únicas cargas confesadas, el astuto vendedor, inscribía su nueva carga, antes de llegar mi escritura del Notario.
Rodriguez explicó:
Opción de anulación. Gastos notariales por duplicado. Pérdida del millón en metálico entregado a mano.
Esta opción derivaba en dos otros supuestos. Demandar al estafador, con pleito largo, ya que se defendería procurando desvirtuar el hecho. Con gastos y años de pleito.
O dejarle en paz, tras intentos de recuperación por las buenas, previsiblemente sin éxito.
Opción seguir el curso normal de la inscripción de la compra-venta.
Apechugar con esta carga, liquidando con demora su importe. Hasta que no saliera a subasta, también podían pasar años. Incluso en este caso, como propietario, sería el postor de la subasta preferente.
Me pareció que la solución menos mala, era la de olvidar a este desaprensivo que habiéndosela jugado a Gómez, consiguió impasivo repetir suerte conmigo.
Cariacontecido, salí del despacho, pensando en la cara que debía mostrar a Tere.
Justo. Le contaría lo de las niñas y lo de Gil y Gil. Haría unos cuantos aspavientos que parecerían dirigidos a tal personaje, cuando a mi fuero interior los dirigía al estafador del edificio de San Juan de Malta.
Parejas perdurables ( continuación 47 b)
El Director de la Electra de alumbrado, había sido colega de estudios por lo que nos unía buena amistad.
Ante el drama de repetir la instalación para las farolas de Santa María, tuvimos que esforzarnos ambos en mantener la calma.
Su Empresa había cumplido escrupulosamente y con eficiencia. La prueba era el resultado. Funcionó la instalación dentro del plazo establecido correctamente. Y precisamente al agotar el tiempo de pruebas y dar por finiquitado el contrato resultó que “ROBARON” los cables de cobre de toda la línea.
La facilidad que tuvieron los rateros para tal acción, nos dimos cuenta que obedecía a nuestra falta de experiencia y al cúmulo de coincidencias.
Recientemente una disposición oficial, obligaba a un sobredimensionado de los tubos de plástico de protección de los cables eléctricos que se debían introducir para instalaciones subterráneas. Y los tramos entre las iluminarias resultaban de una longitud muy manejable.
Otro elemento a favor de los cacos, era que desde el momento en que se interrumpe al sensor fotoeléctrico, la línea quedaba automáticamente desconectada.
Otro factor, el que en la Urbanización, no había ningún guarda. Hasta este día no me conciencié que era necesario. Otro gasto y otro empleado, en nómina.
Y el tope para favorecer a la misión delictiva, que en el extremo de la urbanización, donde tenía la plantación de manzanos, quedaba una choza de pastor que jamás le vi la necesidad de asolarla.
Se trataba de un refugio que antiguamente los pastores usaban para cuando les pillaba una inclemencia meteorológica. Era una pequeña construcción semejante a un iglú, solo que en lugar de bloques de hielo, el material de paredes y techo abovedado, eran piedras y barro.
Con todas estas facilidades a disposición de los ladrones, no tenían más que cualquier día entre lunes y jueves, en que por las noches nadie había el la Urbanización, solo tenían que ir cortando los tramos entre farolas con gran comodidad, ya que tirarían los cables deslizantes de las tuberías desde el mismo suelo.
Los llevarían a la choza y una vez concluida la labor sin que nadie les entorpeciera, en plena noche, quemarían el par de kilómetros de cobre recubierto de plástico, en el interior de la misma.
Nadie vería ni el fuego ni el humo al ser de noche. Luego, lo cargarían en una furgoneta y si te vi, no me acuerdo.
Como este supuesto, quedó demostrado como de hecho real, las sospechas recaían a dos sectores de personal apto para tal proeza. Ambos sectores debían ser conocedores de las circunstancias y haber pisado muchas veces Santa María.
Un sector podía provenir de mis peones de las obras ya diseminadas. El otro, del personal de mi colega. Todo, no siendo descabellado, resultaba demasiado aventurado para atribuir a nadie la fechoría.
Recurrí al seguro que mientras no obraba definitivamente la instalación del alumbrado finiquitada, le correspondería a al Instaladora.
Pero tampoco coló, ya que la recepción sí la realicé dando el visto bueno, por lo que la responsabilidad de la aseguradora, se desvanecía.
Al final, como buenos amigos, quedamos que yo abonaría el material a restituir y a su cargo correría la reinstalización.
Antes de proceder a tomar un vigilante, lo traté con mi gestor para saber hasta qué punto era conveniente declararlo y en concepto de qué.
Al estar levantando las paredes de los Apartamentos, me sugirió que podía utilizarlo como empleado fijo, a cambio de permitirle una vivienda provisional. Con ello disponía de personas que morando fijos, hacían la función de guardas diurnos y nocturnos.
Esto no tuve más remedio que acatarlo, pero inició mi miedo a un futuro descalabro. Estaba la prensa plagada de publicidades de urbanizaciones.
Desde mis inicios para los trabajos del Sr. Castillo, no veía claro como un País que en aquél tiempo disponía de una población no superior a los cinco millones de habitantes, pudiera necesitar tamaña cantidad de oferta de parcelas.
Formando un millón de familias, de las cuales como mucho doscientas mil, podían permitirse el lujo de tener dos viviendas, la habitual mas la de recreo, la oferta superior a estas doscientas mil, resultaba obviamente excesiva y de difícil salida comercial.
A pesar de haber desarrollado Santa María, con penurias, hasta aquél momento me mantuvo el afán de vender casi todo, liquidar bancos y empleados, para ofrecerme a empresas que tardíamente me requerían.
En lugar de mis pasos dirigirse a esta ideal salida, me llevaban por caminos más complejos.
Mis anuncios ya formaban parte de otros similares ocupando páginas enteras de la prensa más acreditada “La Vanguardia”. Y a pesar de ocuparse Robino de las campañas publicitarias, como a fin de cuentas lo pagaba yo, me entró el pánico. La cosa empeoró al ver las campañas de Sofico por la Tele que tenían un costo superior a la venta de un apartamento diario. Inexplicable. Mejor dicho sí me lo explicaba, lo que no me explicaba cómo podían existir tantos incautos. Y el surgir la nueva Venecia Catalana. Se trataba de los anuncios de Ampuriabrava, en la Costa Brava. Algo para millonarios, chales con entrada por motoras o veleros en sus canales o por coche en la parte de terreno firme.
Total si yo durante los diez últimos años intervine en ciento cuarenta con una media de 500 parcelas y existían más de doscientas que me eran desconocidas pero que a ciencia cierta, dominaban las de mil parcelas, significaba que este negocio estaba saturado.
Este miedo repentino influyó en dejarme camelar por Batlle, al reavivar su interés por el negocio de su mujer. Trajo tres vestidos muy monos salidos de la manos de su Sra. y que los obsequiaba a Tere.
En principio, creí oportuno mostrarle mi buena voluntad, pero……..
El Director de la Electra de alumbrado, había sido colega de estudios por lo que nos unía buena amistad.
Ante el drama de repetir la instalación para las farolas de Santa María, tuvimos que esforzarnos ambos en mantener la calma.
Su Empresa había cumplido escrupulosamente y con eficiencia. La prueba era el resultado. Funcionó la instalación dentro del plazo establecido correctamente. Y precisamente al agotar el tiempo de pruebas y dar por finiquitado el contrato resultó que “ROBARON” los cables de cobre de toda la línea.
La facilidad que tuvieron los rateros para tal acción, nos dimos cuenta que obedecía a nuestra falta de experiencia y al cúmulo de coincidencias.
Recientemente una disposición oficial, obligaba a un sobredimensionado de los tubos de plástico de protección de los cables eléctricos que se debían introducir para instalaciones subterráneas. Y los tramos entre las iluminarias resultaban de una longitud muy manejable.
Otro elemento a favor de los cacos, era que desde el momento en que se interrumpe al sensor fotoeléctrico, la línea quedaba automáticamente desconectada.
Otro factor, el que en la Urbanización, no había ningún guarda. Hasta este día no me conciencié que era necesario. Otro gasto y otro empleado, en nómina.
Y el tope para favorecer a la misión delictiva, que en el extremo de la urbanización, donde tenía la plantación de manzanos, quedaba una choza de pastor que jamás le vi la necesidad de asolarla.
Se trataba de un refugio que antiguamente los pastores usaban para cuando les pillaba una inclemencia meteorológica. Era una pequeña construcción semejante a un iglú, solo que en lugar de bloques de hielo, el material de paredes y techo abovedado, eran piedras y barro.
Con todas estas facilidades a disposición de los ladrones, no tenían más que cualquier día entre lunes y jueves, en que por las noches nadie había el la Urbanización, solo tenían que ir cortando los tramos entre farolas con gran comodidad, ya que tirarían los cables deslizantes de las tuberías desde el mismo suelo.
Los llevarían a la choza y una vez concluida la labor sin que nadie les entorpeciera, en plena noche, quemarían el par de kilómetros de cobre recubierto de plástico, en el interior de la misma.
Nadie vería ni el fuego ni el humo al ser de noche. Luego, lo cargarían en una furgoneta y si te vi, no me acuerdo.
Como este supuesto, quedó demostrado como de hecho real, las sospechas recaían a dos sectores de personal apto para tal proeza. Ambos sectores debían ser conocedores de las circunstancias y haber pisado muchas veces Santa María.
Un sector podía provenir de mis peones de las obras ya diseminadas. El otro, del personal de mi colega. Todo, no siendo descabellado, resultaba demasiado aventurado para atribuir a nadie la fechoría.
Recurrí al seguro que mientras no obraba definitivamente la instalación del alumbrado finiquitada, le correspondería a al Instaladora.
Pero tampoco coló, ya que la recepción sí la realicé dando el visto bueno, por lo que la responsabilidad de la aseguradora, se desvanecía.
Al final, como buenos amigos, quedamos que yo abonaría el material a restituir y a su cargo correría la reinstalización.
Antes de proceder a tomar un vigilante, lo traté con mi gestor para saber hasta qué punto era conveniente declararlo y en concepto de qué.
Al estar levantando las paredes de los Apartamentos, me sugirió que podía utilizarlo como empleado fijo, a cambio de permitirle una vivienda provisional. Con ello disponía de personas que morando fijos, hacían la función de guardas diurnos y nocturnos.
Esto no tuve más remedio que acatarlo, pero inició mi miedo a un futuro descalabro. Estaba la prensa plagada de publicidades de urbanizaciones.
Desde mis inicios para los trabajos del Sr. Castillo, no veía claro como un País que en aquél tiempo disponía de una población no superior a los cinco millones de habitantes, pudiera necesitar tamaña cantidad de oferta de parcelas.
Formando un millón de familias, de las cuales como mucho doscientas mil, podían permitirse el lujo de tener dos viviendas, la habitual mas la de recreo, la oferta superior a estas doscientas mil, resultaba obviamente excesiva y de difícil salida comercial.
A pesar de haber desarrollado Santa María, con penurias, hasta aquél momento me mantuvo el afán de vender casi todo, liquidar bancos y empleados, para ofrecerme a empresas que tardíamente me requerían.
En lugar de mis pasos dirigirse a esta ideal salida, me llevaban por caminos más complejos.
Mis anuncios ya formaban parte de otros similares ocupando páginas enteras de la prensa más acreditada “La Vanguardia”. Y a pesar de ocuparse Robino de las campañas publicitarias, como a fin de cuentas lo pagaba yo, me entró el pánico. La cosa empeoró al ver las campañas de Sofico por la Tele que tenían un costo superior a la venta de un apartamento diario. Inexplicable. Mejor dicho sí me lo explicaba, lo que no me explicaba cómo podían existir tantos incautos. Y el surgir la nueva Venecia Catalana. Se trataba de los anuncios de Ampuriabrava, en la Costa Brava. Algo para millonarios, chales con entrada por motoras o veleros en sus canales o por coche en la parte de terreno firme.
Total si yo durante los diez últimos años intervine en ciento cuarenta con una media de 500 parcelas y existían más de doscientas que me eran desconocidas pero que a ciencia cierta, dominaban las de mil parcelas, significaba que este negocio estaba saturado.
Este miedo repentino influyó en dejarme camelar por Batlle, al reavivar su interés por el negocio de su mujer. Trajo tres vestidos muy monos salidos de la manos de su Sra. y que los obsequiaba a Tere.
En principio, creí oportuno mostrarle mi buena voluntad, pero……..
Parejas perdurables (continuación 47 b )
A la tercera va la vencida. Así fue. Tuve otra visita de Batlle. Me propuso ocuparme de la construcción de su torre en el solar de Santa María, que adquirió de contado. Y con ello, adujo que era una lástima, pero él no disponía de suficiente capital para el lanzamiento del negocio de su mujer.
-Conchita, mi mujer, tiene buena mano para la confección de prendas femeninas. Dos veces al año acude a las pasarelas de París y de Roma, para estar al tanto de la moda. Se forma una idea y luego lo plasma en tejidos originales y con variantes en los diseños. Dispone de dos viajantes que recorren uno el litoral cántabro y otro el mediterráneo. Sería oportuno, emplear a otro para la ruta central.
Este año, con los pedidos actuales tiene el taller a tope. Y es de suponer que si los viajantes aportan más clientes, no tendrá más remedio que cancelar los nuevos pedidos.
Esto que en principio resultaba óptimo para el negocio, de no atenderse, será un fracaso. Los clientes, desconfían de las empresas que incumplen con los pedidos en cantidad, o en fecha de entrega. No digamos de un incumplimiento de ambas cosas. Y ahora ya es conocida la marca de CONSEAR (confecciones selectas artesanas).
-¿Porqué, no invierte Ud. en el negocio, mediante la aportación de un local de dimensiones apropiadas a las necesidades presentes y futuras?. La instalación en mesas y maquinaria, es muy simple. Y la mano de obra que se nos ofrece, es mayor de la requerida.
Sería la forma de no solo perseverar en el negocio, sino ya una ampliación apta para servir a toda España.
-¿De qué cifras hablamos?.
-De un local de trescientos metros cuadrados, la mitad para taller y la otra para exposición al público. Actualmente tiene seis modistas, que pasarían a ser las mentoras de una docena de principiantas nuevas.
Y el local no tiene porqué valer más que lo recaudado en tres ejercicios.
-¿Y esto en números?
-Doce millones.
-Si Ud. invierte lo que le costará la torre en la ampliación de CONSEAR, ya tiene la mitad resuelta.
-Con la mitad no resolvemos nada y además dejamos fenecer la ilusión de nuestra soñada torre de recreo.
Le expuse que era bastante dinero y no me convenía rebajar cifras en el banco. Pero insistió, que ellos mensualmente producían cantidades respetables de papel comercial dimanantes de los pedidos servidos.
Lo clásico en aquél tiempo, eran las letras sin aceptar giradas a 30, 60 y 90 días, que al emitirse un mes después del acuse de recepción del género y el margen de otro mes para la liquidación bancaria, casi se trataba de medio año financiado con el riesgo consabido.
Podía entregar al descuento bancario este papel y de nuevo, me liaba, y los bancos se crecían, por obtención de un cliente muy rentable.
La idea empezó a calar en mi mente. Poner capital en un negocio dispar del de la construcción. Formaba lo que se llama diversificación de riesgos. Y lo podía usar también para rentabilizar la revista de los grupos musicales.
Se destinaba principalmente, para la juventud, a las que les llegaba la revista gratuita. Y precisamente era esa juventud, la más proclive clientela de modelitos de pret a porter. Anuncios en ella, redundarían al progreso de la nueva empresa de Modas.
Había una pega. ¿Lo cuento a Tere?. Si no le gustó que me mezclara con la juventud disquetequera, menos le gustaría saber que me meto con la juventud sedienta de última moda.
Pero en verdad, que no veía solución a lo de cumplir con los compromisos que me abrumaban para acabar la Urbanización y entregar a los Municipios los viales e instalaciones, al llegar a su término.
Vislumbraba la necesidad de crear una Comisión Urbanística de Santa María. Provisionalmente, sería el órgano jurídico para seguir las directrices Municipales y de Urbanismo. Todo ello escapaba de mis manos. No podía atender tal diversidad de temas. Y a los segundos de a bordo, aunque los temía, se me hacían imprescindibles.
Y vaya que me ahogaba en un vaso de agua, pues tres años después, la llamada de Luis, rememorando nuestros años de soltería, acabó con mis pequeños embrollos para enzarzarme en otro de tamaño natural.
De momento, aparte de buscar seguridad diversificando los riesgos, era evidente que Santa María ya necesitaba un Restaurante, que además de su negocio por sí mismo, sería reclamo para los parcelistas actuales y futuros. Orpí había proyectado los bloques de dos Apartamentos Gemini, con la total previsión que uno de ellos albergaría al restaurante de la Urbanización.
Cuando reflexionaba en el berenjenal en que me metí, me entraba el pánico. Orpí, había sido una ayuda para el Gabinete y para la Urbanización. Ahora carecería de su apoyo. Robino, más que apoyo para mí era un lastre. Perdía mucho tiempo para controlar el negocio, o la mala inversión de la revista discográfica.
Y el gestor, se desentendía de cualquier decisión, que obviamente a mí me correspondía. Como colofón, Rodriguez en su calidad de abogado, solo me servía cuando los bollos estaban armados, pues en mi despacho acudía diversidad de personajes con asuntos variopintos y agobiando para dar soluciones a los problemas, o para aceptar sus ofertas.
Entre los últimos, apareció otro que tal……..
Ramón se dio a conocer recomendado por el Director del banco Exterior y su propuesta según él era irrechazable, se trataba del comercio en el ámbito de los Deportes.
Pero…..si yo estaba fuera de este mundo del deporte, que básicamente se circunscribía al fútbol, desde mi regreso de la mili…..
A la tercera va la vencida. Así fue. Tuve otra visita de Batlle. Me propuso ocuparme de la construcción de su torre en el solar de Santa María, que adquirió de contado. Y con ello, adujo que era una lástima, pero él no disponía de suficiente capital para el lanzamiento del negocio de su mujer.
-Conchita, mi mujer, tiene buena mano para la confección de prendas femeninas. Dos veces al año acude a las pasarelas de París y de Roma, para estar al tanto de la moda. Se forma una idea y luego lo plasma en tejidos originales y con variantes en los diseños. Dispone de dos viajantes que recorren uno el litoral cántabro y otro el mediterráneo. Sería oportuno, emplear a otro para la ruta central.
Este año, con los pedidos actuales tiene el taller a tope. Y es de suponer que si los viajantes aportan más clientes, no tendrá más remedio que cancelar los nuevos pedidos.
Esto que en principio resultaba óptimo para el negocio, de no atenderse, será un fracaso. Los clientes, desconfían de las empresas que incumplen con los pedidos en cantidad, o en fecha de entrega. No digamos de un incumplimiento de ambas cosas. Y ahora ya es conocida la marca de CONSEAR (confecciones selectas artesanas).
-¿Porqué, no invierte Ud. en el negocio, mediante la aportación de un local de dimensiones apropiadas a las necesidades presentes y futuras?. La instalación en mesas y maquinaria, es muy simple. Y la mano de obra que se nos ofrece, es mayor de la requerida.
Sería la forma de no solo perseverar en el negocio, sino ya una ampliación apta para servir a toda España.
-¿De qué cifras hablamos?.
-De un local de trescientos metros cuadrados, la mitad para taller y la otra para exposición al público. Actualmente tiene seis modistas, que pasarían a ser las mentoras de una docena de principiantas nuevas.
Y el local no tiene porqué valer más que lo recaudado en tres ejercicios.
-¿Y esto en números?
-Doce millones.
-Si Ud. invierte lo que le costará la torre en la ampliación de CONSEAR, ya tiene la mitad resuelta.
-Con la mitad no resolvemos nada y además dejamos fenecer la ilusión de nuestra soñada torre de recreo.
Le expuse que era bastante dinero y no me convenía rebajar cifras en el banco. Pero insistió, que ellos mensualmente producían cantidades respetables de papel comercial dimanantes de los pedidos servidos.
Lo clásico en aquél tiempo, eran las letras sin aceptar giradas a 30, 60 y 90 días, que al emitirse un mes después del acuse de recepción del género y el margen de otro mes para la liquidación bancaria, casi se trataba de medio año financiado con el riesgo consabido.
Podía entregar al descuento bancario este papel y de nuevo, me liaba, y los bancos se crecían, por obtención de un cliente muy rentable.
La idea empezó a calar en mi mente. Poner capital en un negocio dispar del de la construcción. Formaba lo que se llama diversificación de riesgos. Y lo podía usar también para rentabilizar la revista de los grupos musicales.
Se destinaba principalmente, para la juventud, a las que les llegaba la revista gratuita. Y precisamente era esa juventud, la más proclive clientela de modelitos de pret a porter. Anuncios en ella, redundarían al progreso de la nueva empresa de Modas.
Había una pega. ¿Lo cuento a Tere?. Si no le gustó que me mezclara con la juventud disquetequera, menos le gustaría saber que me meto con la juventud sedienta de última moda.
Pero en verdad, que no veía solución a lo de cumplir con los compromisos que me abrumaban para acabar la Urbanización y entregar a los Municipios los viales e instalaciones, al llegar a su término.
Vislumbraba la necesidad de crear una Comisión Urbanística de Santa María. Provisionalmente, sería el órgano jurídico para seguir las directrices Municipales y de Urbanismo. Todo ello escapaba de mis manos. No podía atender tal diversidad de temas. Y a los segundos de a bordo, aunque los temía, se me hacían imprescindibles.
Y vaya que me ahogaba en un vaso de agua, pues tres años después, la llamada de Luis, rememorando nuestros años de soltería, acabó con mis pequeños embrollos para enzarzarme en otro de tamaño natural.
De momento, aparte de buscar seguridad diversificando los riesgos, era evidente que Santa María ya necesitaba un Restaurante, que además de su negocio por sí mismo, sería reclamo para los parcelistas actuales y futuros. Orpí había proyectado los bloques de dos Apartamentos Gemini, con la total previsión que uno de ellos albergaría al restaurante de la Urbanización.
Cuando reflexionaba en el berenjenal en que me metí, me entraba el pánico. Orpí, había sido una ayuda para el Gabinete y para la Urbanización. Ahora carecería de su apoyo. Robino, más que apoyo para mí era un lastre. Perdía mucho tiempo para controlar el negocio, o la mala inversión de la revista discográfica.
Y el gestor, se desentendía de cualquier decisión, que obviamente a mí me correspondía. Como colofón, Rodriguez en su calidad de abogado, solo me servía cuando los bollos estaban armados, pues en mi despacho acudía diversidad de personajes con asuntos variopintos y agobiando para dar soluciones a los problemas, o para aceptar sus ofertas.
Entre los últimos, apareció otro que tal……..
Ramón se dio a conocer recomendado por el Director del banco Exterior y su propuesta según él era irrechazable, se trataba del comercio en el ámbito de los Deportes.
Pero…..si yo estaba fuera de este mundo del deporte, que básicamente se circunscribía al fútbol, desde mi regreso de la mili…..
Parejas perdurables (continuación 48 )
Como se lo prometí a los niños, aproveché otro domingo que nos quedamos en Barcelona, para subir al monumento de Colón.
Tere prefirió atender al quinto vástago y organizar los trabajos caseros. Me fui pues con la misma ilusión de mis hijos, pensando ver desde lo alto del monumento, a la Ciudad a nuestros pies incluso la isla de Mallorca, si el cielo era diáfano. En los treinta años que llevaba residiendo en Barcelona, no tuve ocasión de subir al ascensor apto para una docena de turistas, a la vez.
Pues, sigo en las mismas después de otros treinta años, ya que aquél día se hallaba el acceso barrado.
El día anterior, los turistas de turno, pasaron unas horas angustiosas, al quedarse atrapadas en la cabina a media altura, por avería en el ascensor.
Fueron rescatados por los bomberos y no se reabriría el acceso, hasta haber modernizado el aparato, que ya pedía su renovación a gritos. Que recuerde, desde mi pasado estudiantil, seguía siendo el original.
Para no mantenerles con la frustración, subimos a las Golondrinas, la embarcación turística que nos llevaba hasta la salida de Puerto y nos apeamos en la antesala del Transbordador teleférico.
El transbordador, quizá causaba mayor impresión que la tranquila subida al ascensor, incluso con el posible accidente de su avería. Puesto a imaginar desgracias, una rotura del cable de traslación de la cabina del Teleférico desde el rompeolas hasta Montjuich, nos hubiera permitido darnos un baño sin bañador.
Con el consecuente desespero que procedería de Tere, al presentarnos los cinco caballeros de su hogar, con la ropa chorreando.
En el bien entendido, que no era para tomarlo a broma, puesto que si tal accidente sucediera, entre contusiones por la caída, e inmersión en las aguas del puerto, más de una persona se ahogaría.
Nada de esto sucedió, ni jamás hasta hoy, o no lo contaría.
http://www.telefericodebarcelona.com/
Les satisfizo la permuta de ascensor por teleférico, así como a mí mismo. En Montjuich, tomamos una horchata de chufa como colofón al trayecto no programado, pero acertado.
Años después esta aventura, la repetirían mis hijos, para con mis nietos.
Mientras regresábamos, mi mente barruntaba la manera de contar a Tere la inversión a CONSEAR. Procuraba no darle importancia. Se trataba de adquirir un local, a plazos. Y estos plazos, se pagaban con las letras del propio negocio.
Y nada de aventurar riesgos. Incluso si el negocio iba mal, el local tenía un valor al alza. ¡ Qué ingenuo!. Para tener mejor y más amplia visión de la vida, me faltaba aún la experiencia de los Empresarios maduros.
No hizo Tere comentario alguno. En el aire se mascaba el significado de su silencio. No me atreví a florear la cuestión, pues comprendí que ella, le gustara o no, se daba cuenta que me encontraba bajo fuertes tensiones.
Abandonar negocios cuando nuestros gastos familiares a pesar de ser modestos, ascendían a más de cinco veces lo que un empleado medio podía percibir, no era lo más inteligente.
Estábamos en el barco, y había que navegar. El número de empleados a mi cargo, pesaba mucho y no podía fallarles, del mismo modo que no podía fallarle a Tere, por las promesas que le dí cuando nos declaramos el amor eterno.
El lunes me dirigí a Santa María, por dos motivos agradables. Cerrar la venta del resto de la propiedad de Orpí con un nuevo capitalista, y verificar la restitución de la línea del alumbrado.
Felipe, sería el peón futuro Guarda, al que le prometimos entrar en nómina, en cuanto dispusiéramos del habitáculo asignado como vivienda para él, su esposa e hijo.
La mañana resultó húmeda. Cerca de la curva cerrada peligrosa de Garraf, el firme asfáltico, se tornó resbaladizo. Recordé cómo la humedad, convertía al polvillo de la Cementera que allí obraba, en una viscosa materia, que rellenaba el ranurado de los neumáticos, perdiendo su capacidad directriz.
Lo recordé, por cuanto en anteriores viajes allí en el hueco de la ladera en la convexidad de la carretera, vi a coches como el mío.
En un instante, pasé de mis recuerdos, a la contemplación de una película.
No iba conmigo, pues la pantalla, que era el amplio parabrisas, venía a ser la del televisor. Contemplaba como algún vehículo serpenteaba. El del protagonista, obligado a evitar a los demás, primero frenaba quitando gas. Sin resultado. Luego intentó pisar el freno, peor. Luego, casi rozando al inmediato precursor, un bandazo le llevó directo al centro de la curva, que disponiendo de una cuesta abajo pronunciada, hacía de imán, atrayendo a aquél vehículo osado.
En pantalla, se divisaba el monte. Luego, cabeceaba. El techo rozaba los matorrales de la oquedad. Giraba y el morro se clavaba al fondo del hueco.
Pero, ¿en qué pensaba?. La película la estaba viviendo yo. Y como no tenía al coche acondicionado con los clásicos cinturones de seguridad, todo lo que pude hacer fue apretar los pies al suelo, el culo al asiento, una mano al tablier y otra al techo. Tenía que inmovilizarme con fuerza, resistiendo el choque final que a no dudar sería duro, e inmediato.
Detenido el coche, panza arriba, quedé desorientado, pero estaba oyendo murmullos de gente desde la carretera. Me entretuve en sacar la documentación de la guantera y acto seguido, con cierto esfuerzo, logré bajar el cristal de la puerta del conductor y arrastrándome, cuando ya tenía medio cuerpo fuera, escuché aleluyas de los transeúntes desde arriba la carretera:
-Ya sale, ya sale. Parece que está bien.
-Sí. No se preocupen. No me lastimé. Voy a subir.
Me incorporé sobre la zaga de mi coche, y me orienté descubriendo un acceso fácil a base de gatear.
Una ver en la carretera una docena de viajeros detenidos por el espectáculo, me ofrecían ayuda.
Uno me invitó a subir en su coche que me traería hasta Cubera. Y sacó un botellín de bolsillo (una petaca) de coñac, para reanimarme.
A pesar de no precisarlo, obedecí ante su insistencia. Estaban obrando con altruismo y no debía mostrarme desagradecido.
Me acompañaron hasta el bar de Cubera, junto a la gasolinera, para poder hacer las pertinentes llamadas a la Cía. aseguradora, y preparar un parte para la Guardia Civil.
En aquél instante, se me ocurrió, que mejor no aparecieran. Seguro que me atribuirían el accidente por conducir bebido.
Lo comenté y allí mismo se inició, otra aventura comercial, de un desconocido atento a mi relato. Pero lo inminente era verme con el Capitalista adquirente de la finca de Orpí.
Así lo expuse al Sr. Gómez, quien por una razón que en aquél momento yo ignoraba, estaba dispuesto, no solo aguardarme en el bar hasta mi regreso, sino que me acompañaría en su coche, hasta Barcelona.
¿Telefoneo a Tere?. ¡Que va!. Por más que perjurara que no me lastimé, lo único que conseguiría era preocuparla. Lo mejor era contárselo, en persona, la forma evidente de demostrar la carencia de importancia del accidente.
Cerrado el trato con el capitalista y comprobado el funcionamiento del alumbrado, me excusé de los vendedores sin siquiera haberles notificado el motivo de mi breve presencia.
El sr. Gómez, disponía de una docena de coches de alquiler. En principio, me ofrecíó uno mientras permanecía el mío en el taller, pero poco a poco, comprendí sus intenciones. El viaje de regreso a Barcelona, resultaba aparentemente muy interesante.
Parejas perdurables (continuación 48 a )
Nos intercambiamos tarjetas, ya que en principio para mí era ineludible disponer de inmediato un vehículo de automoción.
Comenté a Tere, que un resbalón por Garraf, motivó un topetazo con el resultado de coche inservible. Procuré no alarmarla y quitando hierro, le comenté lo bien que resultó la venta de Orpí. Tenía alas para afrontar el nuevo negocio de Confección.
Aquél día la cuestión se mantuvo al límite prudencial. No fue lo mismo, el día que el agente de Seguros se nos presentó de improviso, alarmado.
Traía la foto del SEAT accidentado, y un parte para que lo signara en conformidad. Lo daban por siniestro total. Tere, presente, quiso ver el estado en que quedó, pues creía que unos rasguños, no serían motivo para tal decisión de la Aseguradora.
La foto, realizada desde varios ángulos, mostraba el techo, no solo abollado, sino deformado.
Y con los faros apastados, seguía otra foto de los bajos dislocados. Una rueda delantera renqueando. Las puertas desvencijadas. Resultaba más barato para la Cía. abonarme un coche nuevo, que atender el presupuesto del taller.
-Carlos, me explicarás esto.
Tere no salía de su sorpresa. ¿Cómo explicarle que aquello era el resultado de una ilusión?. ¿No le bastaba con haber comprobado que mi persona no había sufrido ni un rasguño?.
La mecánica, no era su fuerte y no entendería que el trabajo enorme de deformación realizado en magullar el coche, absorbió el impacto, por lo que al ocupante del vehículo, no le llegaba ya esfuerzo alguno.
-Mujer, que un coche, dispone de chasis resistente y además la envoltura de la carrocería, ofrece una seguridad muy distinta a la de las motos.
Le cité las motos, por cuanto recordaría ella misma cuando de novios tuvimos el accidente por las vías del tranvía y allí a pesar de mesar el suelo unos cuantos metros deslizando, tampoco sufrimos daños físicos, en tanto que la moto, tuvimos que traerla al planchista.
Para evitar el recuerdo de este accidente, cada vez que en nuestros desplazamientos a Santa María pasábamos por el enclave nefasto, daba un giro a la conversación recurriendo a algún acontecimiento interesante.
Esta táctica, me sirvió, hasta que decidí revelar toda la realidad. Ello fue un año después. Obras Públicas, al fin, hizo caso a las múltiples quejas por el punto negro con su embudo fatal en Garraf.
El hueco fue rellenado, a la par que ensanchada la calzada, suavizada la pendiente y aumentado algo el radio de la curva.
Como quien no quiere la cosa, viendo la transformación, perdida la impresión de curva con barranco siniestro, le comenté:
-¡Ah!, mira Tere, se ve que al fin se habrán acabado los accidentes en esta curva.
-¿Qué quieres decir?
-Nada, que como yo, aquí fueron muchos los que patinaron.
Y seguí procurando desviar su atención, puesto que a poco que se esforzara, recordaría las condiciones en que estaba el trazado, antes de su modificación.
Y ahora, llevábamos un año, conduciendo distinto coche en cada viaje. Gómez me hizo ver lo que ahorraba tomando los vehículos de alquiler, sin necesidad de apechugar con los costes de la aseguradora, de la plaza de Parking, del impuesto Municipal, de las revisiones técnicas, del mantenimiento, neumáticos, batería, lavado periódico y demás inconvenientes a soportar el mero propietario de un vehículo fijo.
En primer lugar, destiné el dinero ofertado por la seguradora, sumado a una pequeña parte de lo recibido por la venta de Orpí, a la financiación del nuevo parque móvil de Goysa, como le llamó a la ampliación de la empresa de alquiler de coches. Fue una adquisición de 14 nuevos coches, cuya duración mediante Leassing, la establecían en un año. La empresa cada año, canjeaba sus vehículos viejos por otra tanda de nuevos. Y ya su local, lucía a veintiseis vehículos de distintas categorías y escuderías.
Aquello, representaba negocio para los fabricantes de automóviles, para el concesionario, para la financiera del Leassing, para la aseguradora, para Gómez y se supone que también para mí.
En principio estaba satisfecho el quitarme la preocupación de los cuidados de mi herramienta locomotriz y también por disponer vehículos para mis subordinados cuando los precisaran en su cometido laboral.
A Robino, le pareció una magnífica idea. Él, para presentarse ante los clientes, recogía el vehículo más espectacular que estuviera libre.
Hasta el día que se incendió su transporte, por ignorada causa. Se hallaba en la Autopista, un caluroso día de verano, atrapado en un atasco a la entrada de la Ciudad.
Para apagar el incendio, no bastó el extintor propio, sino que le ayudaron los conductores de los vehículos próximos, ante el temor de invadirles a ellos también las llamas.
No quedó claro el motivo del incendio, por lo que Gómez ya no quiso dejarle más coches a él.
También Orpí, estuvo una temporada usando los alquilados, contribuyendo al progreso del negocio Goysa. Por lo menos a éste negocio, le estaba sacando jugo inmediato.
Y Robino, aparte de adquirir uno definitivo para consigo, sin rencor, siguió publicitando a los coches de alquiler Goysa.
La publicidad a favor de mis negocios, se estaba incrementando notoriamente. El gabinete de Orpí, la constructora USAMASA, los solares de Urbanización Santa María, los coches Goysa y…..claro, las confecciones CONSEAR.
Tuve la suerte de hallar en lugar céntrico un local idóneo para la Sra. Batlle. Y verdad sea dicha, supo decorar bien la zona útil para las pasarelas públicas, en tanto que el obrador lo ordenó como una fábrica de confección en serie, de lo más moderna.
A las claras, la producción de modelitos, se convertía en industrial y podríamos servir a España entera.
Inmediatamente, me asaltó la duda. ¿Dispondría de personal eficiente para control de los negocios?. Me fié de un contable persona mayor, pronto a jubilarse y lo destiné a las órdenes de la Sra. Conchita. Ella le propondría la facturación y programación financiera. Me la traería cada fin de semana y yo decidiría el destino, si a descuento bancario, o a acopio para cobro a su vencimiento.
Como nada es eterno, esto funcionó tres años, en los que el relajamiento del control, se fue distendiendo y tuve que aceptar un nuevo contable propuesto por la Sra. Batlle, al sustituir al jubilado.
Pero antes, tuve tres años de ajetreo con el negocio de trofeos deportivos que me encasquetó, el recomendado por el director del Banco Exterior. Y......silencio, no fuera que se enterara Tere de haber transigido con muy poca resistencia a los cantos del nuevo colaborador, pues no sé porqué, pero a ella jamás le cayó bien.
Nos intercambiamos tarjetas, ya que en principio para mí era ineludible disponer de inmediato un vehículo de automoción.
Comenté a Tere, que un resbalón por Garraf, motivó un topetazo con el resultado de coche inservible. Procuré no alarmarla y quitando hierro, le comenté lo bien que resultó la venta de Orpí. Tenía alas para afrontar el nuevo negocio de Confección.
Aquél día la cuestión se mantuvo al límite prudencial. No fue lo mismo, el día que el agente de Seguros se nos presentó de improviso, alarmado.
Traía la foto del SEAT accidentado, y un parte para que lo signara en conformidad. Lo daban por siniestro total. Tere, presente, quiso ver el estado en que quedó, pues creía que unos rasguños, no serían motivo para tal decisión de la Aseguradora.
La foto, realizada desde varios ángulos, mostraba el techo, no solo abollado, sino deformado.
Y con los faros apastados, seguía otra foto de los bajos dislocados. Una rueda delantera renqueando. Las puertas desvencijadas. Resultaba más barato para la Cía. abonarme un coche nuevo, que atender el presupuesto del taller.
-Carlos, me explicarás esto.
Tere no salía de su sorpresa. ¿Cómo explicarle que aquello era el resultado de una ilusión?. ¿No le bastaba con haber comprobado que mi persona no había sufrido ni un rasguño?.
La mecánica, no era su fuerte y no entendería que el trabajo enorme de deformación realizado en magullar el coche, absorbió el impacto, por lo que al ocupante del vehículo, no le llegaba ya esfuerzo alguno.
-Mujer, que un coche, dispone de chasis resistente y además la envoltura de la carrocería, ofrece una seguridad muy distinta a la de las motos.
Le cité las motos, por cuanto recordaría ella misma cuando de novios tuvimos el accidente por las vías del tranvía y allí a pesar de mesar el suelo unos cuantos metros deslizando, tampoco sufrimos daños físicos, en tanto que la moto, tuvimos que traerla al planchista.
Para evitar el recuerdo de este accidente, cada vez que en nuestros desplazamientos a Santa María pasábamos por el enclave nefasto, daba un giro a la conversación recurriendo a algún acontecimiento interesante.
Esta táctica, me sirvió, hasta que decidí revelar toda la realidad. Ello fue un año después. Obras Públicas, al fin, hizo caso a las múltiples quejas por el punto negro con su embudo fatal en Garraf.
El hueco fue rellenado, a la par que ensanchada la calzada, suavizada la pendiente y aumentado algo el radio de la curva.
Como quien no quiere la cosa, viendo la transformación, perdida la impresión de curva con barranco siniestro, le comenté:
-¡Ah!, mira Tere, se ve que al fin se habrán acabado los accidentes en esta curva.
-¿Qué quieres decir?
-Nada, que como yo, aquí fueron muchos los que patinaron.
Y seguí procurando desviar su atención, puesto que a poco que se esforzara, recordaría las condiciones en que estaba el trazado, antes de su modificación.
Y ahora, llevábamos un año, conduciendo distinto coche en cada viaje. Gómez me hizo ver lo que ahorraba tomando los vehículos de alquiler, sin necesidad de apechugar con los costes de la aseguradora, de la plaza de Parking, del impuesto Municipal, de las revisiones técnicas, del mantenimiento, neumáticos, batería, lavado periódico y demás inconvenientes a soportar el mero propietario de un vehículo fijo.
En primer lugar, destiné el dinero ofertado por la seguradora, sumado a una pequeña parte de lo recibido por la venta de Orpí, a la financiación del nuevo parque móvil de Goysa, como le llamó a la ampliación de la empresa de alquiler de coches. Fue una adquisición de 14 nuevos coches, cuya duración mediante Leassing, la establecían en un año. La empresa cada año, canjeaba sus vehículos viejos por otra tanda de nuevos. Y ya su local, lucía a veintiseis vehículos de distintas categorías y escuderías.
Aquello, representaba negocio para los fabricantes de automóviles, para el concesionario, para la financiera del Leassing, para la aseguradora, para Gómez y se supone que también para mí.
En principio estaba satisfecho el quitarme la preocupación de los cuidados de mi herramienta locomotriz y también por disponer vehículos para mis subordinados cuando los precisaran en su cometido laboral.
A Robino, le pareció una magnífica idea. Él, para presentarse ante los clientes, recogía el vehículo más espectacular que estuviera libre.
Hasta el día que se incendió su transporte, por ignorada causa. Se hallaba en la Autopista, un caluroso día de verano, atrapado en un atasco a la entrada de la Ciudad.
Para apagar el incendio, no bastó el extintor propio, sino que le ayudaron los conductores de los vehículos próximos, ante el temor de invadirles a ellos también las llamas.
No quedó claro el motivo del incendio, por lo que Gómez ya no quiso dejarle más coches a él.
También Orpí, estuvo una temporada usando los alquilados, contribuyendo al progreso del negocio Goysa. Por lo menos a éste negocio, le estaba sacando jugo inmediato.
Y Robino, aparte de adquirir uno definitivo para consigo, sin rencor, siguió publicitando a los coches de alquiler Goysa.
La publicidad a favor de mis negocios, se estaba incrementando notoriamente. El gabinete de Orpí, la constructora USAMASA, los solares de Urbanización Santa María, los coches Goysa y…..claro, las confecciones CONSEAR.
Tuve la suerte de hallar en lugar céntrico un local idóneo para la Sra. Batlle. Y verdad sea dicha, supo decorar bien la zona útil para las pasarelas públicas, en tanto que el obrador lo ordenó como una fábrica de confección en serie, de lo más moderna.
A las claras, la producción de modelitos, se convertía en industrial y podríamos servir a España entera.
Inmediatamente, me asaltó la duda. ¿Dispondría de personal eficiente para control de los negocios?. Me fié de un contable persona mayor, pronto a jubilarse y lo destiné a las órdenes de la Sra. Conchita. Ella le propondría la facturación y programación financiera. Me la traería cada fin de semana y yo decidiría el destino, si a descuento bancario, o a acopio para cobro a su vencimiento.
Como nada es eterno, esto funcionó tres años, en los que el relajamiento del control, se fue distendiendo y tuve que aceptar un nuevo contable propuesto por la Sra. Batlle, al sustituir al jubilado.
Pero antes, tuve tres años de ajetreo con el negocio de trofeos deportivos que me encasquetó, el recomendado por el director del Banco Exterior. Y......silencio, no fuera que se enterara Tere de haber transigido con muy poca resistencia a los cantos del nuevo colaborador, pues no sé porqué, pero a ella jamás le cayó bien.
Parejas Perdurables (continuación 48 b)
Aunque tuviera gran dependencia bancaria, en realidad mi economía marchaba bien. Lo deseable era algo ideal. En lugar de disponer de activo muy superior al pasivo, pero sin liquidez, hubiese preferido disponer de activo rebajado con pasivo casi nulo y liquidez total.
Atendiendo que según lo conocido de mi entorno, esta situación era la normal, incluso para Empresas de renombre, al menos por la festividad de Reyes de aquél año, me esforcé en hacer caso omiso a este sentimiento de dependencia.
Conocía a Margets, de cuando le mensuraba sus múltiples fincas del Prat de Llobregat, afectadas por el Canal de la Infanta, para regantes y en virtud a que me proporcionó buenos ingresos por algunos años, ahora que había inaugurado una Comercializadora de electrodomésticos, juguetes y muebles, COESA, iba a convertirme en cliente agradecido.
Los muebles y electrodomésticos me servirían como así fue para habilitar los Apartamentos y las construcciones piloto de Santa María. Y los juguetes en esta ocasión para cumplir con las demandas de los cinco hijos a los Magos de Oriente.
Para comportarnos Tere y yo, como Reyes eficientes sin quitar la ilusión de los niños, por la tarde fuimos a la Cabalgata. Llegaban por el Puerto, en adornadas barcazas. Allí mismo les aguardaban las carrozas y el numeroso séquito, de los tres Magos. Se les unieron bandas de música, la Guardia Urbana, y los motoristas de apertura del desfile y las ambulancias y personal sanitario cerrando la comitiva.
El desfile, cruzó buena parte de la Ciudad, durando más de tres horas. Después, a cenar y a acostar a los niños.
Este era el cometido de Tere, el mío fue ir a media noche a COESA, dado que la festividad permitía tener abierto hasta la madrugada.
Allí seleccioné lo que faltaba para los niños, además adquirí enseres de cocina que pedía Tere y un tocadiscos última generación, que pensé regalarle sorprendiéndola.
Al llegar a las tantas al hogar, aparqué el coche enfrente, recogí los paquetes, todos, a excepción del tocadiscos, que lo recogía una vez ella agotada tras organizar la ubicación de los regalos, como el escalectric, se hubiera acostado.
-Tere, voy a traer el coche al garaje y vuelvo enseguida.
Mi intención era recoger el tocadiscos para que no lo viera y dejar el coche en la calle, así por la mañana ya lo teníamos disponible a la misma salida de casa.
Pero……¿qué ocurre?. ¿Dónde está el tocadiscos?. Puse las manos para palpar el asiento trasero, dando el mismo resultado que la visión de mis ojos. ¡No había nada!. Y ¿a los pies?.
Tampoco. Y ¿al lado del conductor?. Tampoco. No hacía falta mirar el portaequipajes, allí no metí nada. Todo estaba a punto para recoger y subir al piso. ¿Por qué pues, faltaba el tocadiscos?.
Tragando bilis, al fin, admití que lo robaron. A altas horas de la noche, mejor dicho primeras de la madrugada, algún avisado vio una ocasión de las que pintan calvas. Un paquete de regalo visible en un coche de facilísima técnica para su apertura. Transeúntes escasos, o nulos y seguridad del vehículo, ausente.
¿Cómo podía subir a decirle a Tere que se esfumó mi sorpresa?. Nos dicen y es verdad, que todo lo que puede solucionarse con dinero, carece de importancia.
Pues con el vehículo a punto, otra vez a COESA. Segunda adquisición, que al saber Margets lo acontecido, me lo ofreció a mitad de precio, o sea sin beneficio para su empresa.
No pensaba comentarlo, pero Tere me aguardaba despierta.
-¿Éste es tu concepto de enseguida?. ¿Dónde fuiste a estas horas?.
No vi escapatoria, cualquier mentira piadosa hubiera acarreado mayor confusión, de manera que lo inevitable fue ponerla en conocimiento del afer de los cacos.
-Y ¿eso no te lo esperabas, en noche de Reyes?. ¿Cuántas veces se avisa de no dejar en los vehículos nada a la vista?.
Aguantar el chaparrón ya que su razón era aplastante, aparte que yo mismo la propalaba para con los conductores amigos novatos. Y se estaba constatando una y otra vez, que mentirijillas a mi mujer, no servían jamás a la larga.
Por lo menos el tocadiscos fue de su agrado y nos mantuvo en la nostalgia de nuestros años célibes, con la asistencia a los guateques privados, hasta el nuevo cambio de aparatos fónicos y sus grabaciones en L.P. con carga automática. Se programaba una carga de 10 L.P. y tenías tres horas de música sin necesidad de acudir al aparato.
En el despacho, siguiendo asimismo la moda, instalé el “hilo musical”, abonado a telefónica. Era agradable programar el tipo de música apetecida y durante todo el día no se emitía más que la música, sin locutores que interrumpieran, ni para el título, ni para vida y milagros del compositor.
Esto también lo propuso Conchita, para el salón de la pasarela, dando más expectación y lujo a la presentación de los modelitos.
Como la producción parecía seguir a buen ritmo, no tuve inconveniente en asumir este nuevo gasto añadido a los generales del negocio.
Los niños crecían en muy buen ambiente. El colegio, al cual iban asistiendo todos en los cursos 1º, el 3º, el 5º y el 7º que ya correspondía a J.C.
Se dio la casualidad que este Instituto pertenecía al Obispado, entidad propietaria de la Iglesia en que nos casamos Tere y yo. Inició la docencia el mismo año de nuestro enlace, solo para la primaria y a partir de entonces fue incrementando un curso cada año, para que los alumnos que se iniciaran allí pudieran terminar la secundaria sin abandonar el centro. De allí salían preparados para ingresar a la Universidad.
Y así fue como con los años, nuestros siete hijos se encontraron todos ellos escolarizados en el mismo centro. Tal rareza, no fue exclusiva nuestra pues algo semejante, sucedió con la familia Baranges. Eran seis hermanos y cada uno tenía su colega homónimo con nuestros hijos.
El mayor de los Baranges, resultó una lumbrera, alcanzando siempre los sobresalientes. Lo citaban como ejemplo a seguir. Incluso en deportes destacó pensando la dirección del instituto si sería apropiado entrenarle para poder actuar en las Olimpíadas.
Mis hijos se hicieron muy amigos con esta familia hasta el punto que nos relacionamos también los padres.
Cuando de repente, a mediados del último curso previo a la iniciación para seguir con los estudios superiores, el mayor de los Baranges, se comportaba extrañamente. Ya no era puntual. Se olvidaba de tareas escolares. Su carácter jovial y alegre, se estaba agriando. Incluso tuvo altercados con desconocidos.
Lo comentamos con J.C. ya que eran los compañeros más unidos. Nos reveló algo que nos dejó pasmados. Su amigo se había iniciado con la droga.
En mis años estudiantiles tuve una ligera noción de que en los Países avanzados, la juventud menos moderada, era promiscua y drogadicta. Al menos eso se veía en películas americanas, pero con gran discreción. Luego ya en los años de noviazgo, llegaron a mis oídos que la moda se iniciaba en España, aunque no conocía a nadie de mi entorno que pasara de fumar tabaco, o beber alguna copa alcohólica, en festejos.
Al sentir que la ola ya alcanzaba nuestro entorno, Tere y yo, nos sentimos alarmados. ¿Lo sabía la madre de Baranges?. Por lo visto, nadie se atrevía a siquiera comentar la cuestión como de cosa ajena y de poca importancia.
Tere muy discretamente, la abordó a la mañana siguiente, solo para sondear lo que podía saber. No fue posible comentarle nada. La Sra. Baranges, seguía idolatrando a su hijo, atribuyendo que los dimes y diretes obedecían a envidia por ser el primero en todo. Y que su hijo se hallaba agotado por el esfuerzo de los estudios. No había forma de que escuchara.
Cuando la cosa fue creciendo y ya los suspensos ganados en los estudios, no podían esconderse, la cuestión se difundió por todo el centro, los padres, los alumnos y la guardia urbana, avisada de que en la puerta del centro por las mañanas aparecían camellos.
Baranges, siguió en sus trece de que eran los compañeros y los profesores que la tenían con su hijo. Cortó con todas las comadres, considerándolas difamadoras de su hijo.
Y cuando, ingresado en urgencias su hijo, entrado en coma, y fallecido en tres días, le dieron el resultado de las investigaciones, no soportó su ceguera mantenida hasta este desenlace.
Sacó del centro a sus hijos, y con su marido se ausentaron a otra ciudad en la que no vieran a nada, ni a nadie que le recordaran la ilusa vida que llevó durante los dos últimos años.
Ya no tuvimos más noticias de esta desgraciada familia. Sobre todo, Tere lo sintió, ya que habían pasado años de amistad estrecha.
Pero antes de llegar a estos años en que también a mí se me cayó la venda que me mantuvo en la inopia de tal ola, seguíamos pasando muchos fines de semana en Santa María y casi exclusivamente las vacaciones de verano y las Pascuales.
Ya que nos estábamos convirtiendo en verdaderos Cuberenses, pasamos la Semana Santa en la Urbanización con el Dodge “Poder”, tal como se anunciaba por la tele este vehículo rayano a una limusina y que tenía en su stock, Gómez. A mí me importaba muy poco su posesión, como muchos apetecían para creerse que con cacharros así, su ego se crecía. Se suponía que causarían envidia a los conocidos y desconocidos, pero lo que era a mí, solo me interesaba por la amplia cabida destinada a los siete pasajeros que éramos y su gran capacidad de portaequipajes, sin necesitar baca.
Acudimos toda la familia a la Iglesia de Cubera, con palmas y palmones que nuestros hijos, se esforzaban en restregar con fuertes golpes. Era lo tradicional, pero a mí me parecía una forma de desgraciar los palmones tan decorativos, aunque pasado el acto, ya solo servirían para quemarlos y guardar sus cenizas. Sí, para el Miércoles de ceniza, si mal no recuerdo.
La indiferencia que me causan aún hoy, los automóviles, pronto varió a odio contra el “Dodge Poder”, y eso por culpa de un atasco y una barrera de ferrocarril.
Aunque tuviera gran dependencia bancaria, en realidad mi economía marchaba bien. Lo deseable era algo ideal. En lugar de disponer de activo muy superior al pasivo, pero sin liquidez, hubiese preferido disponer de activo rebajado con pasivo casi nulo y liquidez total.
Atendiendo que según lo conocido de mi entorno, esta situación era la normal, incluso para Empresas de renombre, al menos por la festividad de Reyes de aquél año, me esforcé en hacer caso omiso a este sentimiento de dependencia.
Conocía a Margets, de cuando le mensuraba sus múltiples fincas del Prat de Llobregat, afectadas por el Canal de la Infanta, para regantes y en virtud a que me proporcionó buenos ingresos por algunos años, ahora que había inaugurado una Comercializadora de electrodomésticos, juguetes y muebles, COESA, iba a convertirme en cliente agradecido.
Los muebles y electrodomésticos me servirían como así fue para habilitar los Apartamentos y las construcciones piloto de Santa María. Y los juguetes en esta ocasión para cumplir con las demandas de los cinco hijos a los Magos de Oriente.
Para comportarnos Tere y yo, como Reyes eficientes sin quitar la ilusión de los niños, por la tarde fuimos a la Cabalgata. Llegaban por el Puerto, en adornadas barcazas. Allí mismo les aguardaban las carrozas y el numeroso séquito, de los tres Magos. Se les unieron bandas de música, la Guardia Urbana, y los motoristas de apertura del desfile y las ambulancias y personal sanitario cerrando la comitiva.
El desfile, cruzó buena parte de la Ciudad, durando más de tres horas. Después, a cenar y a acostar a los niños.
Este era el cometido de Tere, el mío fue ir a media noche a COESA, dado que la festividad permitía tener abierto hasta la madrugada.
Allí seleccioné lo que faltaba para los niños, además adquirí enseres de cocina que pedía Tere y un tocadiscos última generación, que pensé regalarle sorprendiéndola.
Al llegar a las tantas al hogar, aparqué el coche enfrente, recogí los paquetes, todos, a excepción del tocadiscos, que lo recogía una vez ella agotada tras organizar la ubicación de los regalos, como el escalectric, se hubiera acostado.
-Tere, voy a traer el coche al garaje y vuelvo enseguida.
Mi intención era recoger el tocadiscos para que no lo viera y dejar el coche en la calle, así por la mañana ya lo teníamos disponible a la misma salida de casa.
Pero……¿qué ocurre?. ¿Dónde está el tocadiscos?. Puse las manos para palpar el asiento trasero, dando el mismo resultado que la visión de mis ojos. ¡No había nada!. Y ¿a los pies?.
Tampoco. Y ¿al lado del conductor?. Tampoco. No hacía falta mirar el portaequipajes, allí no metí nada. Todo estaba a punto para recoger y subir al piso. ¿Por qué pues, faltaba el tocadiscos?.
Tragando bilis, al fin, admití que lo robaron. A altas horas de la noche, mejor dicho primeras de la madrugada, algún avisado vio una ocasión de las que pintan calvas. Un paquete de regalo visible en un coche de facilísima técnica para su apertura. Transeúntes escasos, o nulos y seguridad del vehículo, ausente.
¿Cómo podía subir a decirle a Tere que se esfumó mi sorpresa?. Nos dicen y es verdad, que todo lo que puede solucionarse con dinero, carece de importancia.
Pues con el vehículo a punto, otra vez a COESA. Segunda adquisición, que al saber Margets lo acontecido, me lo ofreció a mitad de precio, o sea sin beneficio para su empresa.
No pensaba comentarlo, pero Tere me aguardaba despierta.
-¿Éste es tu concepto de enseguida?. ¿Dónde fuiste a estas horas?.
No vi escapatoria, cualquier mentira piadosa hubiera acarreado mayor confusión, de manera que lo inevitable fue ponerla en conocimiento del afer de los cacos.
-Y ¿eso no te lo esperabas, en noche de Reyes?. ¿Cuántas veces se avisa de no dejar en los vehículos nada a la vista?.
Aguantar el chaparrón ya que su razón era aplastante, aparte que yo mismo la propalaba para con los conductores amigos novatos. Y se estaba constatando una y otra vez, que mentirijillas a mi mujer, no servían jamás a la larga.
Por lo menos el tocadiscos fue de su agrado y nos mantuvo en la nostalgia de nuestros años célibes, con la asistencia a los guateques privados, hasta el nuevo cambio de aparatos fónicos y sus grabaciones en L.P. con carga automática. Se programaba una carga de 10 L.P. y tenías tres horas de música sin necesidad de acudir al aparato.
En el despacho, siguiendo asimismo la moda, instalé el “hilo musical”, abonado a telefónica. Era agradable programar el tipo de música apetecida y durante todo el día no se emitía más que la música, sin locutores que interrumpieran, ni para el título, ni para vida y milagros del compositor.
Esto también lo propuso Conchita, para el salón de la pasarela, dando más expectación y lujo a la presentación de los modelitos.
Como la producción parecía seguir a buen ritmo, no tuve inconveniente en asumir este nuevo gasto añadido a los generales del negocio.
Los niños crecían en muy buen ambiente. El colegio, al cual iban asistiendo todos en los cursos 1º, el 3º, el 5º y el 7º que ya correspondía a J.C.
Se dio la casualidad que este Instituto pertenecía al Obispado, entidad propietaria de la Iglesia en que nos casamos Tere y yo. Inició la docencia el mismo año de nuestro enlace, solo para la primaria y a partir de entonces fue incrementando un curso cada año, para que los alumnos que se iniciaran allí pudieran terminar la secundaria sin abandonar el centro. De allí salían preparados para ingresar a la Universidad.
Y así fue como con los años, nuestros siete hijos se encontraron todos ellos escolarizados en el mismo centro. Tal rareza, no fue exclusiva nuestra pues algo semejante, sucedió con la familia Baranges. Eran seis hermanos y cada uno tenía su colega homónimo con nuestros hijos.
El mayor de los Baranges, resultó una lumbrera, alcanzando siempre los sobresalientes. Lo citaban como ejemplo a seguir. Incluso en deportes destacó pensando la dirección del instituto si sería apropiado entrenarle para poder actuar en las Olimpíadas.
Mis hijos se hicieron muy amigos con esta familia hasta el punto que nos relacionamos también los padres.
Cuando de repente, a mediados del último curso previo a la iniciación para seguir con los estudios superiores, el mayor de los Baranges, se comportaba extrañamente. Ya no era puntual. Se olvidaba de tareas escolares. Su carácter jovial y alegre, se estaba agriando. Incluso tuvo altercados con desconocidos.
Lo comentamos con J.C. ya que eran los compañeros más unidos. Nos reveló algo que nos dejó pasmados. Su amigo se había iniciado con la droga.
En mis años estudiantiles tuve una ligera noción de que en los Países avanzados, la juventud menos moderada, era promiscua y drogadicta. Al menos eso se veía en películas americanas, pero con gran discreción. Luego ya en los años de noviazgo, llegaron a mis oídos que la moda se iniciaba en España, aunque no conocía a nadie de mi entorno que pasara de fumar tabaco, o beber alguna copa alcohólica, en festejos.
Al sentir que la ola ya alcanzaba nuestro entorno, Tere y yo, nos sentimos alarmados. ¿Lo sabía la madre de Baranges?. Por lo visto, nadie se atrevía a siquiera comentar la cuestión como de cosa ajena y de poca importancia.
Tere muy discretamente, la abordó a la mañana siguiente, solo para sondear lo que podía saber. No fue posible comentarle nada. La Sra. Baranges, seguía idolatrando a su hijo, atribuyendo que los dimes y diretes obedecían a envidia por ser el primero en todo. Y que su hijo se hallaba agotado por el esfuerzo de los estudios. No había forma de que escuchara.
Cuando la cosa fue creciendo y ya los suspensos ganados en los estudios, no podían esconderse, la cuestión se difundió por todo el centro, los padres, los alumnos y la guardia urbana, avisada de que en la puerta del centro por las mañanas aparecían camellos.
Baranges, siguió en sus trece de que eran los compañeros y los profesores que la tenían con su hijo. Cortó con todas las comadres, considerándolas difamadoras de su hijo.
Y cuando, ingresado en urgencias su hijo, entrado en coma, y fallecido en tres días, le dieron el resultado de las investigaciones, no soportó su ceguera mantenida hasta este desenlace.
Sacó del centro a sus hijos, y con su marido se ausentaron a otra ciudad en la que no vieran a nada, ni a nadie que le recordaran la ilusa vida que llevó durante los dos últimos años.
Ya no tuvimos más noticias de esta desgraciada familia. Sobre todo, Tere lo sintió, ya que habían pasado años de amistad estrecha.
Pero antes de llegar a estos años en que también a mí se me cayó la venda que me mantuvo en la inopia de tal ola, seguíamos pasando muchos fines de semana en Santa María y casi exclusivamente las vacaciones de verano y las Pascuales.
Ya que nos estábamos convirtiendo en verdaderos Cuberenses, pasamos la Semana Santa en la Urbanización con el Dodge “Poder”, tal como se anunciaba por la tele este vehículo rayano a una limusina y que tenía en su stock, Gómez. A mí me importaba muy poco su posesión, como muchos apetecían para creerse que con cacharros así, su ego se crecía. Se suponía que causarían envidia a los conocidos y desconocidos, pero lo que era a mí, solo me interesaba por la amplia cabida destinada a los siete pasajeros que éramos y su gran capacidad de portaequipajes, sin necesitar baca.
Acudimos toda la familia a la Iglesia de Cubera, con palmas y palmones que nuestros hijos, se esforzaban en restregar con fuertes golpes. Era lo tradicional, pero a mí me parecía una forma de desgraciar los palmones tan decorativos, aunque pasado el acto, ya solo servirían para quemarlos y guardar sus cenizas. Sí, para el Miércoles de ceniza, si mal no recuerdo.
La indiferencia que me causan aún hoy, los automóviles, pronto varió a odio contra el “Dodge Poder”, y eso por culpa de un atasco y una barrera de ferrocarril.
Parejas Perdurables (continuación 49)
Regresar a Barcelona después de un fin de semana de recreo, era complicado en aquél tiempo y sigue siéndolo en el día de hoy a pesar de las mejoras en la red viaria, ampliaciones en las calzadas, creación de autopistas, eliminación de pasos a nivel y nuevos túneles en montañas.
Todo inútil puesto que el parque móvil, fue creciendo a la par.
Viendo cómo se dificultaba la salida de Santa María para ingresar a la carretera general, decidí repostar en Sitges, ya que a su entrada se ubicaba una gasolinera con muchos surtidores y haría la espera ágil, contra lo que sucedería si pretendía ir en sentido contrario para hacerlo en la gasolinera de Cubera, que luego otra vez hubiera tenido dificultad de nueva incorporación.
El Dodge, andaba con la reserva de gasolina, pero no tenía que circular más que dieciséis kilómetros.
Claro que consumía veintiún litros a los cien, por lo que con cuatro litros que quedaran a la reserva, era suficiente.
Primer error. La reserva no daba idea de si iniciaba, o llevaba así bastantes kilómetros.
Segundo error. El motor consume gasolina incluso parado el coche, pero en ralentí.
Tercer error. El consumo de arranque, es superior al de mantenimiento a velocidad de régimen.
Cuarto error. La batería, permitía un número limitado de arranques cuando se realizaban sin reposición por la marcha del vehículo.
Cada uno de estos considerandos, me eran conocidos. No era ningún conductor novato. Pero inimaginable me fue que una ver incorporado en la caravana, tuviera que permanecer un tiempo parado.
A la que los vehículos adelantaban, avanzaba los pocos metros que permitían y de nuevo a esperar.
Esta operación la realicé tantas veces a motor parado como a ralentí, pues según lo que parecía cada momento la espera podía prolongarse mucho, por el contrario otras se acortaba.
No comprendía el porqué. Sin embargo al ver de lejos la gasolinera, también vi el motivo de las alternancias.
El paso a nivel del tren tenía la barrera cerrando el paso. Allí pasaban todo tipo de trenes. Los expresos, los de mercancías, los de rodalías y los de intercambios.
Esto vi y entendí las consecuencias en la caravana de la que participaba. Pero también noté el horror, al no lograr arrancar el coche de nuevo. A base de usar el demarré, avancé algo intentando salir de la comitiva en una breve ampliación de la calzada. Casi lo logré, pero a unos diez metros la mole de dos toneladas de “Poder”, ya no pudo con el “Dodge”. Se acabó la gasolina y la batería.
Me apeé. Hice señas a los vehículos que me seguían. Me entendieron y ayudaron a ganar el trecho que faltaba para salir de la caravana.
Como el peso era considerable, se apeó toda la familia y empujando los desconocidos conductores, con la buena voluntad también de Tere, conduje al arcén el que a partir de aquél momento, consideré como el “maldito Dodge”.
Llegué a la gasolinera, pedí la lata más grande que tuvieran a disposición llenándola de gasolina y un carrito, para conducir una batería para recargar la mía. Tuve dificultad para esta operación de regreso al coche. La caravana era densa. Tuve que sortear vehículo a vehículo, antes no llegué al ensanchamiento del arcén. Y además, recibir improperios de los conductores que creían que era el causante del atasco. No se calmaban hasta que por sus propios ojos, divisaban la barrera del ferrocarril.
Resuelto el problema, tuve que seguir el calvario de reincorporación, llegada a la gasolinera, devolver la batería y llenar a tope el tanque de gasolina.
Al cruzar las vías del tren vinieron los recuerdos de cuando allí mismo, con mi ayudante unos años atrás, nos dormimos.
También era un incordio la barrera, aunque no con la exageración de este lunes fatal. Habíamos realizado un trabajo de campo muy original en Hospitalet el Infante. En lo que llamaban Miami Beach. Lo que lo hacía famoso, más que el nombre era el condenado viento intempestivo, constante.
Regresar a Barcelona después de un fin de semana de recreo, era complicado en aquél tiempo y sigue siéndolo en el día de hoy a pesar de las mejoras en la red viaria, ampliaciones en las calzadas, creación de autopistas, eliminación de pasos a nivel y nuevos túneles en montañas.
Todo inútil puesto que el parque móvil, fue creciendo a la par.
Viendo cómo se dificultaba la salida de Santa María para ingresar a la carretera general, decidí repostar en Sitges, ya que a su entrada se ubicaba una gasolinera con muchos surtidores y haría la espera ágil, contra lo que sucedería si pretendía ir en sentido contrario para hacerlo en la gasolinera de Cubera, que luego otra vez hubiera tenido dificultad de nueva incorporación.
El Dodge, andaba con la reserva de gasolina, pero no tenía que circular más que dieciséis kilómetros.
Claro que consumía veintiún litros a los cien, por lo que con cuatro litros que quedaran a la reserva, era suficiente.
Primer error. La reserva no daba idea de si iniciaba, o llevaba así bastantes kilómetros.
Segundo error. El motor consume gasolina incluso parado el coche, pero en ralentí.
Tercer error. El consumo de arranque, es superior al de mantenimiento a velocidad de régimen.
Cuarto error. La batería, permitía un número limitado de arranques cuando se realizaban sin reposición por la marcha del vehículo.
Cada uno de estos considerandos, me eran conocidos. No era ningún conductor novato. Pero inimaginable me fue que una ver incorporado en la caravana, tuviera que permanecer un tiempo parado.
A la que los vehículos adelantaban, avanzaba los pocos metros que permitían y de nuevo a esperar.
Esta operación la realicé tantas veces a motor parado como a ralentí, pues según lo que parecía cada momento la espera podía prolongarse mucho, por el contrario otras se acortaba.
No comprendía el porqué. Sin embargo al ver de lejos la gasolinera, también vi el motivo de las alternancias.
El paso a nivel del tren tenía la barrera cerrando el paso. Allí pasaban todo tipo de trenes. Los expresos, los de mercancías, los de rodalías y los de intercambios.
Esto vi y entendí las consecuencias en la caravana de la que participaba. Pero también noté el horror, al no lograr arrancar el coche de nuevo. A base de usar el demarré, avancé algo intentando salir de la comitiva en una breve ampliación de la calzada. Casi lo logré, pero a unos diez metros la mole de dos toneladas de “Poder”, ya no pudo con el “Dodge”. Se acabó la gasolina y la batería.
Me apeé. Hice señas a los vehículos que me seguían. Me entendieron y ayudaron a ganar el trecho que faltaba para salir de la caravana.
Como el peso era considerable, se apeó toda la familia y empujando los desconocidos conductores, con la buena voluntad también de Tere, conduje al arcén el que a partir de aquél momento, consideré como el “maldito Dodge”.
Llegué a la gasolinera, pedí la lata más grande que tuvieran a disposición llenándola de gasolina y un carrito, para conducir una batería para recargar la mía. Tuve dificultad para esta operación de regreso al coche. La caravana era densa. Tuve que sortear vehículo a vehículo, antes no llegué al ensanchamiento del arcén. Y además, recibir improperios de los conductores que creían que era el causante del atasco. No se calmaban hasta que por sus propios ojos, divisaban la barrera del ferrocarril.
Resuelto el problema, tuve que seguir el calvario de reincorporación, llegada a la gasolinera, devolver la batería y llenar a tope el tanque de gasolina.
Al cruzar las vías del tren vinieron los recuerdos de cuando allí mismo, con mi ayudante unos años atrás, nos dormimos.
También era un incordio la barrera, aunque no con la exageración de este lunes fatal. Habíamos realizado un trabajo de campo muy original en Hospitalet el Infante. En lo que llamaban Miami Beach. Lo que lo hacía famoso, más que el nombre era el condenado viento intempestivo, constante.
Con la esperanza de realizar nuestro trabajo en condiciones, dado que se trataba de fincas del interior, estuvimos más de una hora perdiendo el tiempo. Era inútil. El viento soplaba igual racheado. El taquímetro, a causa de la resistencia ofrecida por el trípode al viento, se mantenía vibrante.
Imposible realizar lecturas. Estuvimos a punto de marcharnos y volver otro día.
Un lugareño, se jactaba que daba lo mismo. Allí el viento soplaba aunque hubiera calma chicha por las inmediaciones, desde enero a Diciembre.
Al fin decidimos prescindir del taquímetro y realizamos el trabajo de medición con cinta métrica, nos ocupó cinco horas.
Era tardísimo cuando agotados y con apetito, regresamos al despacho. Pero evitamos tener que volver en otra ocasión con la duda de encontrarnos en las mismas condiciones adversas.
La barrera del ferrocarril nos pilló justo en el momento en que íbamos a cruzar las vías. Nos quedamos allí aguardando. Incomprensiblemente tardaba en levantarse sin cruzar tren alguno. Mal cálculo, o exceso de prudencia. La realidad fue que nos dormimos los dos.
Unos estridentes bocinazos, nos rescataron de los brazos de Morfeo y excusándonos, seguimos sin más novedad.
El mal trago proporcionado por el Dodge, con su extraordinario consumo para otorgarle el calificativo de Poder, acabó con la poca simpatía que me proporcionaba circular con vehículos espectaculares solo útiles para satisfacer la vanidad de los pretenciosos.
Devolví a Gómez el coche, encareciéndole que para las próximas remesas de renovación de los vehículos para alquiler, se ciñera a coches de mejor rendimiento económico. Al fin y al cabo eran los comerciales de mayor demanda.
Por mi parte la experiencia de devolver y recoger una y otra vez los vehículos cuando los precisaba, me resultaba cargante.
Mi cambio de opinión se efectuó por asimismo un cambio de circunstancias. Antes de mi accidente en Garraf, llevaba mucho tiempo, en que sólo lo necesitaba algún día que otro entre semana y los fines, pero precisamente mientras opté por prescindir del fijo en propiedad, lo necesité a diario y preví que con los trabajos acumulados en cartera, esta circunstancia sería de larga duración.
Al cominicárselo a Gómez, me hizo una propuesta, que reunía unas características que de entrada parecían inmejorables. Entrando en detalles, tuve que sospesar la parte legal.
Parejas Perdurables (continuación 49)
Regresar a Barcelona después de un fin de semana de recreo, era complicado en aquél tiempo y sigue siéndolo en el día de hoy a pesar de las mejoras en la red viaria, ampliaciones en las calzadas, creación de autopistas, eliminación de pasos a nivel y nuevos túneles en montañas.
Todo inútil puesto que el parque móvil, fue creciendo a la par.
Viendo cómo se dificultaba la salida de Santa María para ingresar a la carretera general, decidí repostar en Sitges, ya que a su entrada se ubicaba una gasolinera con muchos surtidores y haría la espera ágil, contra lo que sucedería si pretendía ir en sentido contrario para hacerlo en la gasolinera de Cubera, que luego otra vez hubiera tenido dificultad de nueva incorporación.
El Dodge, andaba con la reserva de gasolina, pero no tenía que circular más que dieciséis kilómetros.
Claro que consumía veintiún litros a los cien, por lo que con cuatro litros que quedaran a la reserva, era suficiente.
Primer error. La reserva no daba idea de si iniciaba, o llevaba así bastantes kilómetros.
Segundo error. El motor consume gasolina incluso parado el coche, pero en ralentí.
Tercer error. El consumo de arranque, es superior al de mantenimiento a velocidad de régimen.
Cuarto error. La batería, permitía un número limitado de arranques cuando se realizaban sin reposición por la marcha del vehículo.
Cada uno de estos considerandos, me eran conocidos. No era ningún conductor novato. Pero inimaginable me fue que una ver incorporado en la caravana, tuviera que permanecer un tiempo parado.
A la que los vehículos adelantaban, avanzaba los pocos metros que permitían y de nuevo a esperar.
Esta operación la realicé tantas veces a motor parado como a ralentí, pues según lo que parecía cada momento la espera podía prolongarse mucho, por el contrario otras se acortaba.
No comprendía el porqué. Sin embargo al ver de lejos la gasolinera, también vi el motivo de las alternancias.
El paso a nivel del tren tenía la barrera cerrando el paso. Allí pasaban todo tipo de trenes. Los expresos, los de mercancías, los de rodalías (cercanías) y los de intercambios.
Esto vi y entendí las consecuencias en la caravana de la que participaba. Pero también noté el horror, al no lograr arrancar el coche de nuevo. A base de usar el demarré, avancé algo intentando salir de la comitiva en una breve ampliación de la calzada. Casi lo logré, pero a unos diez metros la mole de dos toneladas de “Poder”, ya no pudo con el “Dodge”. Se acabó la gasolina y la batería.
Me apeé. Hice señas a los vehículos que me seguían. Me entendieron y ayudaron a ganar el trecho que faltaba para salir de la caravana.
Como el peso era considerable, se apeó toda la familia y empujando los desconocidos conductores, con la buena voluntad también de Tere, conduje al arcén el que a partir de aquél momento, consideré como el “maldito Dodge”.
Llegué a la gasolinera, pedí la lata más grande que tuvieran a disposición llenándola de gasolina y un carrito, para conducir una batería para recargar la mía. Tuve dificultad para esta operación de regreso al coche. La caravana era densa. Tuve que sortear vehículo a vehículo, antes no llegué al ensanchamiento del arcén. Y además, recibir improperios de los conductores que creían que era el causante del atasco. No se calmaban hasta que por sus propios ojos, divisaban la barrera del ferrocarril.
Resuelto el problema, tuve que seguir el calvario de reincorporación, llegada a la gasolinera, devolver la batería y llenar a tope el tanque de gasolina.
Al cruzar las vías del tren vinieron los recuerdos de cuando allí mismo, con mi ayudante unos años atrás, nos dormimos.
También era un incordio la barrera, aunque no con la exageración de este lunes fatal. Habíamos realizado un trabajo de campo muy original en Hospitalet el Infante. En lo que llamaban Miami Beach. Lo que lo hacía famoso, más que el nombre era el condenado viento intempestivo, constante.
Regresar a Barcelona después de un fin de semana de recreo, era complicado en aquél tiempo y sigue siéndolo en el día de hoy a pesar de las mejoras en la red viaria, ampliaciones en las calzadas, creación de autopistas, eliminación de pasos a nivel y nuevos túneles en montañas.
Todo inútil puesto que el parque móvil, fue creciendo a la par.
Viendo cómo se dificultaba la salida de Santa María para ingresar a la carretera general, decidí repostar en Sitges, ya que a su entrada se ubicaba una gasolinera con muchos surtidores y haría la espera ágil, contra lo que sucedería si pretendía ir en sentido contrario para hacerlo en la gasolinera de Cubera, que luego otra vez hubiera tenido dificultad de nueva incorporación.
El Dodge, andaba con la reserva de gasolina, pero no tenía que circular más que dieciséis kilómetros.
Claro que consumía veintiún litros a los cien, por lo que con cuatro litros que quedaran a la reserva, era suficiente.
Primer error. La reserva no daba idea de si iniciaba, o llevaba así bastantes kilómetros.
Segundo error. El motor consume gasolina incluso parado el coche, pero en ralentí.
Tercer error. El consumo de arranque, es superior al de mantenimiento a velocidad de régimen.
Cuarto error. La batería, permitía un número limitado de arranques cuando se realizaban sin reposición por la marcha del vehículo.
Cada uno de estos considerandos, me eran conocidos. No era ningún conductor novato. Pero inimaginable me fue que una ver incorporado en la caravana, tuviera que permanecer un tiempo parado.
A la que los vehículos adelantaban, avanzaba los pocos metros que permitían y de nuevo a esperar.
Esta operación la realicé tantas veces a motor parado como a ralentí, pues según lo que parecía cada momento la espera podía prolongarse mucho, por el contrario otras se acortaba.
No comprendía el porqué. Sin embargo al ver de lejos la gasolinera, también vi el motivo de las alternancias.
El paso a nivel del tren tenía la barrera cerrando el paso. Allí pasaban todo tipo de trenes. Los expresos, los de mercancías, los de rodalías (cercanías) y los de intercambios.
Esto vi y entendí las consecuencias en la caravana de la que participaba. Pero también noté el horror, al no lograr arrancar el coche de nuevo. A base de usar el demarré, avancé algo intentando salir de la comitiva en una breve ampliación de la calzada. Casi lo logré, pero a unos diez metros la mole de dos toneladas de “Poder”, ya no pudo con el “Dodge”. Se acabó la gasolina y la batería.
Me apeé. Hice señas a los vehículos que me seguían. Me entendieron y ayudaron a ganar el trecho que faltaba para salir de la caravana.
Como el peso era considerable, se apeó toda la familia y empujando los desconocidos conductores, con la buena voluntad también de Tere, conduje al arcén el que a partir de aquél momento, consideré como el “maldito Dodge”.
Llegué a la gasolinera, pedí la lata más grande que tuvieran a disposición llenándola de gasolina y un carrito, para conducir una batería para recargar la mía. Tuve dificultad para esta operación de regreso al coche. La caravana era densa. Tuve que sortear vehículo a vehículo, antes no llegué al ensanchamiento del arcén. Y además, recibir improperios de los conductores que creían que era el causante del atasco. No se calmaban hasta que por sus propios ojos, divisaban la barrera del ferrocarril.
Resuelto el problema, tuve que seguir el calvario de reincorporación, llegada a la gasolinera, devolver la batería y llenar a tope el tanque de gasolina.
Al cruzar las vías del tren vinieron los recuerdos de cuando allí mismo, con mi ayudante unos años atrás, nos dormimos.
También era un incordio la barrera, aunque no con la exageración de este lunes fatal. Habíamos realizado un trabajo de campo muy original en Hospitalet el Infante. En lo que llamaban Miami Beach. Lo que lo hacía famoso, más que el nombre era el condenado viento intempestivo, constante.
Con la esperanza de realizar nuestro trabajo en condiciones, dado que se trataba de fincas del interior, estuvimos más de una hora perdiendo el tiempo. Era inútil. El viento soplaba igual racheado. El taquímetro, a causa de la resistencia ofrecida por el trípode al viento, se mantenía vibrante.
Imposible realizar lecturas. Estuvimos a punto de marcharnos y volver otro día.
Un lugareño, se jactaba que daba lo mismo. Allí el viento soplaba aunque hubiera calma chicha por las inmediaciones, desde enero a Diciembre.
Al fin decidimos prescindir del taquímetro y realizamos el trabajo de medición con cinta métrica, nos ocupó cinco horas.
Era tardísimo cuando agotados y con apetito, regresamos al despacho. Pero evitamos tener que volver en otra ocasión con la duda de encontrarnos en las mismas condiciones adversas.
La barrera del ferrocarril nos pilló justo en el momento en que íbamos a cruzar las vías. Nos quedamos allí aguardando. Incomprensiblemente tardaba en levantarse sin cruzar tren alguno. Mal cálculo, o exceso de prudencia. La realidad fue que nos dormimos los dos.
Unos estridentes bocinazos, nos rescataron de los brazos de Morfeo y excusándonos, seguimos sin más novedad.
El mal trago proporcionado por el Dodge, con su extraordinario consumo para otorgarle el calificativo de Poder, acabó con la poca simpatía que me proporcionaba circular con vehículos espectaculares solo útiles para satisfacer la vanidad de los pretenciosos.
Devolví a Gómez el coche, encareciéndole que para las próximas remesas de renovación de los vehículos para alquiler, se ciñera a coches de mejor rendimiento económico. Al fin y al cabo eran los comerciales de mayor demanda.
Por mi parte la experiencia de devolver y recoger una y otra vez los vehículos cuando los precisaba, me resultaba cargante.
Mi cambio de opinión se efectuó por asimismo un cambio de circunstancias. Antes de mi accidente en Garraf, llevaba mucho tiempo, en que sólo lo necesitaba algún día que otro entre semana y los fines, pero precisamente mientras opté por prescindir del fijo en propiedad, lo necesité a diario y preví que con los trabajos acumulados en cartera, esta circunstancia sería de larga duración.
Al cominicárselo a Gómez, me hizo una propuesta, que reunía unas características que de entrada parecían inmejorables. Entrando en detalles, tuve que sospesar la parte legal.
Parejas Perdurables (continuación 49 a )
Según Gómez, se veía obligado a cobrarse de un antiguo cliente, presunto futuro socio, mediante la adquisición de un Mercedes matriculado en Andorra, donde él residía. Las promesas de aporte capital fallaron y al final, se salió del negocio de coches de alquiler, con fuerte cantidad debida al negocio.
Gómez, asimismo sin capital para seguir, me propuso intervenir en el negocio, como así lo hice y tampoco disponía del líquido necesario, para finiquitar el precio del Mercedes en Andorra, ni mucho menos para legalizar la entrada del vehículo a España.
En aquél tiempo, los vehículos de procedencia extranjera, pasaban unos rigurosos controles, que aparte de ser buen negocio para la Aduana, dotaban a los usuarios propietarios de tales vehículos de gran prestigio a los ojos de quienes no podían permitírselo.
Se trataba de un mercedes rojo, para mejor pasar desapercibido y de dimensiones también modestas como las que permitían traslados de camillas, además de seis ocupantes pasajeros y un subpiso con capacidad de equipaje superior al antiguo Seat 1500. Y al ser Diesel, un consumo mínimo. Con tanque que permitía autonomía 500 Km.
Las características mecánicas eran ideales para una familia como la mía. No lo eran según mi criterio por lo ostentosas, que harían (y así ocurrió siempre), dar la sensación de pertenecer a un potentado.
Gómez estaba dispuesto a renunciar a su parte contributiva, poniéndola a mi disposición, en atención a que le salvé el negocio sustituyendo al deudor.
Muy tentadora era la oferta y me puse en contacto con agencias de importación. No acabaron de aclararme ni el costo total de la operación por entrada del coche a España y matriculación a mi nombre, ni el tiempo que en ello invertirían.
Sin embargo, a todas luces sería menor que la mitad del precio que se pagaba por los Mercedes similares que circulaban recientemente por Barcelona.
Y para que no desistiera de la operación, el agente de importación, soltó lo que para él debía ser razón definitiva para tal adquisición.
Los vehículos así importados, eran INEMBARGABLES.
¿Es que era premonitorio?. Por mis conocimientos la cantidad de Empresas constructoras o Urbanizadoras que se iban al garete, superaban lo racional.
Los promotores de los que tuve noticias, dentro de sus peculiaridades, acabaron con suicidio, con ingreso a la cárcel, con desaparición del mercado, con absorción por otras sociedades, y….con embargo de sus bienes.
De todo lo conocido, lo único que temía yo, era fracasar en la culminación del proceso urbanístico de Santa María y perder todo lo ganado con mi trabajo y organización.
Claro, ésto sería lo que agoraba mi agente importador.
Adelantándome a los acontecimientos a este respecto, recuerdo una de las consecuencias de haber optado por quedarme con el Mercedes.
-La documentación, por favor.
Un guardia civil, nos paró antes de entrar en el área de peaje. Otro, le secundaba metralleta en mano, y otro se dirigía a más coches, invitándoles asimismo a someterse a control.
Entregué mi DNI y el de propiedad del Mercedes.
-Los DNI de sus acompañantes, también.
-¿Ha ocurrido algo especial para que inspeccionen tan a fondo?
-Nada, es un control rutinario.
¡Seguro!. Lo máximo que llegué a comprender era que aquél guardia civil, únicamente conocía la acepción de “rutinaria”, por realizarse en la ruta de los viajeros. Pues otra cosa, no sería. No estaba acostumbrado a que en mis ya miles de viajes aparecieran guardias con metralleta en ristre.
Esto se pasaba de castaño oscuro. Íbamos como siempre a primera hora de la mañana dirigiéndonos hacia nuestro destino habitual. Sin embargo era la primera vez que una inspección de estas dimensiones alteraba nuestro itinerario.
Nos fijamos que seleccionaban coches. Sólo paraban a los de color rojo. ¡ Vaya coincidencia!.
-Carlos, pon la radio. Si ocurrió algo siniestro lo comentarán.
Hice caso a mi ayudante. Tras breves instantes de acabar con un anuncio publicitario, el locutor dio la noticia.
A primera hora de la mañana, unos atracadores asaltaron la furgoneta que traía monedas fraccionarias, para cambios de los cajeros en los mercados de Grandes superficies.
Se llevaron a punta de pistola, catorce sacas de cincuenta kilos cada uno, conteniendo lo que debían ser monedas entre cinco, diez, y veinticinco céntimos de peseta. Calculaban que ascenderían a cinco millones de pesetas.
Una vez liberados del encierro en el propio Hipermercado del Prat de Llobregat, los empleados del transporte del dinero, denunciaron que cuatro individuos a cara descubierta, les intimidaron cargando las catorce sacas en un vehículo rojo.
¡Ajá!. Entendido todo. El atraco se perpetró, apenas una hora antes de pasar por este control.
No fue solo este percance que tuve por tan llamativo coche, pero en los catorce años que lo conservé, realizó una labor que no la habría conseguido con otros vehículos. Su rendimiento por economía en consumo y por utilidad variada manifiesta, compensaba con creces los inconvenientes.
Sí visto ahora, resultó más un acierto que un error dar conformidad al gestor para iniciar los trámites. El coste del trámite ascendió a cinco veces lo normal para un vehículo Nacional, o extranjero pero de segunda mano y matriculado en España.
Y eso era una minucia. Lo retuvieron en la frontera, durante el trámite que duró cinco meses. Luego el garage donde se ubicaba estos cinco meses, me cobró pupilaje.
Y la puesta a punto tras tanto tiempo de hibernación, me la cobró un taller de Barcelona a precio de millonario.
Cualquier cantidad que hubiera requerido Gómez como acreedor del antiguo socio, hubiera representado la anulación total del beneficio por precio bajo como resultaba en Andorra.
En fin, para compensar tal insignificante beneficio monetario en la adquisición, Gómez, me propuso un paliativo. Adquirir antes de embargar un edificio de cuatro plantas y local industrial en San Juan de Malta, afectado por el plan de remodelación de la zona, ya que estaba a punto de prolongarse la Diagonal de Barcelona para su llegada al Mar.
Pues esto resultó otro afer. Y ya estaba por demás dar detalles a Tere. Más bien llevaba tiempo en que se desentendía de los negocios. Estaba concentrada en el hogar y la atención de nuestros hijos.
Según Gómez, se veía obligado a cobrarse de un antiguo cliente, presunto futuro socio, mediante la adquisición de un Mercedes matriculado en Andorra, donde él residía. Las promesas de aporte capital fallaron y al final, se salió del negocio de coches de alquiler, con fuerte cantidad debida al negocio.
Gómez, asimismo sin capital para seguir, me propuso intervenir en el negocio, como así lo hice y tampoco disponía del líquido necesario, para finiquitar el precio del Mercedes en Andorra, ni mucho menos para legalizar la entrada del vehículo a España.
En aquél tiempo, los vehículos de procedencia extranjera, pasaban unos rigurosos controles, que aparte de ser buen negocio para la Aduana, dotaban a los usuarios propietarios de tales vehículos de gran prestigio a los ojos de quienes no podían permitírselo.
Se trataba de un mercedes rojo, para mejor pasar desapercibido y de dimensiones también modestas como las que permitían traslados de camillas, además de seis ocupantes pasajeros y un subpiso con capacidad de equipaje superior al antiguo Seat 1500. Y al ser Diesel, un consumo mínimo. Con tanque que permitía autonomía 500 Km.
Las características mecánicas eran ideales para una familia como la mía. No lo eran según mi criterio por lo ostentosas, que harían (y así ocurrió siempre), dar la sensación de pertenecer a un potentado.
Gómez estaba dispuesto a renunciar a su parte contributiva, poniéndola a mi disposición, en atención a que le salvé el negocio sustituyendo al deudor.
Muy tentadora era la oferta y me puse en contacto con agencias de importación. No acabaron de aclararme ni el costo total de la operación por entrada del coche a España y matriculación a mi nombre, ni el tiempo que en ello invertirían.
Sin embargo, a todas luces sería menor que la mitad del precio que se pagaba por los Mercedes similares que circulaban recientemente por Barcelona.
Y para que no desistiera de la operación, el agente de importación, soltó lo que para él debía ser razón definitiva para tal adquisición.
Los vehículos así importados, eran INEMBARGABLES.
¿Es que era premonitorio?. Por mis conocimientos la cantidad de Empresas constructoras o Urbanizadoras que se iban al garete, superaban lo racional.
Los promotores de los que tuve noticias, dentro de sus peculiaridades, acabaron con suicidio, con ingreso a la cárcel, con desaparición del mercado, con absorción por otras sociedades, y….con embargo de sus bienes.
De todo lo conocido, lo único que temía yo, era fracasar en la culminación del proceso urbanístico de Santa María y perder todo lo ganado con mi trabajo y organización.
Claro, ésto sería lo que agoraba mi agente importador.
Adelantándome a los acontecimientos a este respecto, recuerdo una de las consecuencias de haber optado por quedarme con el Mercedes.
-La documentación, por favor.
Un guardia civil, nos paró antes de entrar en el área de peaje. Otro, le secundaba metralleta en mano, y otro se dirigía a más coches, invitándoles asimismo a someterse a control.
Entregué mi DNI y el de propiedad del Mercedes.
-Los DNI de sus acompañantes, también.
-¿Ha ocurrido algo especial para que inspeccionen tan a fondo?
-Nada, es un control rutinario.
¡Seguro!. Lo máximo que llegué a comprender era que aquél guardia civil, únicamente conocía la acepción de “rutinaria”, por realizarse en la ruta de los viajeros. Pues otra cosa, no sería. No estaba acostumbrado a que en mis ya miles de viajes aparecieran guardias con metralleta en ristre.
Esto se pasaba de castaño oscuro. Íbamos como siempre a primera hora de la mañana dirigiéndonos hacia nuestro destino habitual. Sin embargo era la primera vez que una inspección de estas dimensiones alteraba nuestro itinerario.
Nos fijamos que seleccionaban coches. Sólo paraban a los de color rojo. ¡ Vaya coincidencia!.
-Carlos, pon la radio. Si ocurrió algo siniestro lo comentarán.
Hice caso a mi ayudante. Tras breves instantes de acabar con un anuncio publicitario, el locutor dio la noticia.
A primera hora de la mañana, unos atracadores asaltaron la furgoneta que traía monedas fraccionarias, para cambios de los cajeros en los mercados de Grandes superficies.
Se llevaron a punta de pistola, catorce sacas de cincuenta kilos cada uno, conteniendo lo que debían ser monedas entre cinco, diez, y veinticinco céntimos de peseta. Calculaban que ascenderían a cinco millones de pesetas.
Una vez liberados del encierro en el propio Hipermercado del Prat de Llobregat, los empleados del transporte del dinero, denunciaron que cuatro individuos a cara descubierta, les intimidaron cargando las catorce sacas en un vehículo rojo.
¡Ajá!. Entendido todo. El atraco se perpetró, apenas una hora antes de pasar por este control.
No fue solo este percance que tuve por tan llamativo coche, pero en los catorce años que lo conservé, realizó una labor que no la habría conseguido con otros vehículos. Su rendimiento por economía en consumo y por utilidad variada manifiesta, compensaba con creces los inconvenientes.
Sí visto ahora, resultó más un acierto que un error dar conformidad al gestor para iniciar los trámites. El coste del trámite ascendió a cinco veces lo normal para un vehículo Nacional, o extranjero pero de segunda mano y matriculado en España.
Y eso era una minucia. Lo retuvieron en la frontera, durante el trámite que duró cinco meses. Luego el garage donde se ubicaba estos cinco meses, me cobró pupilaje.
Y la puesta a punto tras tanto tiempo de hibernación, me la cobró un taller de Barcelona a precio de millonario.
Cualquier cantidad que hubiera requerido Gómez como acreedor del antiguo socio, hubiera representado la anulación total del beneficio por precio bajo como resultaba en Andorra.
En fin, para compensar tal insignificante beneficio monetario en la adquisición, Gómez, me propuso un paliativo. Adquirir antes de embargar un edificio de cuatro plantas y local industrial en San Juan de Malta, afectado por el plan de remodelación de la zona, ya que estaba a punto de prolongarse la Diagonal de Barcelona para su llegada al Mar.
Pues esto resultó otro afer. Y ya estaba por demás dar detalles a Tere. Más bien llevaba tiempo en que se desentendía de los negocios. Estaba concentrada en el hogar y la atención de nuestros hijos.
Según contó Gómez, invirtió su dinero en la hipoteca del edificio de la calle San Juan de Malta. En él vivían en cuatro pisos, inquilinos todos mayores, rayando a ancianos, más el piso principal, en el que residía la madre de un cliente, viuda y propietaria del inmueble.
La planta baja, estaba alquilada a una industria de recubrimientos metálicos. Disponía de un permiso para la galvanotecnia y electrólisis, pronto a caducar que el Ayuntamiento al estar el edificio afectado, ya no lo prorrogaría.
El alquiler era para el industrial, extraordinariamente bajo, aunque ascendiera a tres veces lo que pagaba el resto de inquilinos juntos. Por ello, no mostraba disposición alguna en abandonar el local, aunque se hallara en precario.
Los demás inquilinos, iban desapareciendo por extinción de contrato, o por óbito, dada su avanzada edad.
Aguardando la disponibilidad del edificio, el hijo de la anciana propietaria, un manirroto, se fue hipotecando, mientras no podía vender el edificio.
Recién fallecida la propietaria, su hijo pródigo desesperado, iba a gastar su último cartucho para obtener dinero.
Con tal de eximirse de los gastos de herencia, estaba dispuesto a ceder el edificio por un millón de pesetas netas. Significaba que entre la cancelación de la hipoteca existente y las deudas al fisco, así como las de cambio de titularidad, el nuevo adquirente apechugaría junto a lo que pretendía cobrar, ascendería la inversión a una cifra cercana a los tres millones.
Consulté los valores del Catastro y en que punto se hallaba el proyecto de reparcelación urbano en el Ayuntamiento. A pesar de que en un próximo año, no determinado aún, se procediera a su derribo, el simple valor del solar superaba con creces esta inversión.
Pero ello no se lograría antes de que el edificio, se hallara totalmente desocupado. Mientras, disponía de los ingresos procedentes del inquilinato.
Pareció interesante invertir en este inmueble, y pasé la orden a mi gestor para ultimar los requisitos de su adquisición.
El día previsto para la transacción en la Notaría, llenamos el despacho del Sr. Notario, entre su secretario, el vendedor, yo como adquirente, el gestor, Gómez, el contable de Usama y un desconocido, acompañante del vendedor.
No me pareció oportuno preguntar por aquella intromisión en un acto privado, ya que también a mí me acompañaban el gestor y el contable de Usama, que poco tenían que ver con el vendedor. Mi interés en asegurar que la operación, era la de que no se desviara mi compra por derroteros imprevisibles. El edificio pasaría a nombre de Usama, pero yo particularmente, lo gravaba con nueva hipoteca asimismo de un millón. Era la manera de no descapitalizarme.
El gestor, estaba en contacto con un dependiente suyo, desplazado al Registro de la Propiedad. Su misión era que en cuanto la función protocolaria de la compra-venta llegara al punto de la firma, desde el Registro el empleado, daría su visto bueno, al cotejar los gravámenes existentes en esta propiedad.
De aparecer algo no declarado por el vendedor, desistiríamos en la operación.
Todo correcto, a las doce y pocos minutos, firmamos y el Sr. Notario, procedió a encargar una copia auténtica, para rápidamente, acudir al Registro de la Propiedad, ya que a las trece horas cerraban la admisión de documentos, hasta la mañana siguiente hábil.
La escritura, en la Notaría, llevó su tiempo en protocolizar. La transacción era compleja. Se requería un precio de venta, que se abonaba al vendedor, mediante el millón en metálico, y el resto, cancelando hipoteca existente, mas gastos por embargos Municipales.
Y una segunda escritura, se efectuó en la que para extinguir cargas, hipotecaba por un millón a la propiedad de Usama.
Total, a pesar de salir el contable con las escrituras de la Notaría y tomar un taxi, llegó al Registro a punto de cerrar.
Comentó que le atendieron merced a que cuando llegó él al mostrador, estaban ultimando una nota del cliente que le precedió. De no darse esta circunstancia, no le hubieran admitido los documentos, hasta el lunes siguiente.
Mi gestor y yo, nos tranquilizamos por el éxito habido, ya que tantas precauciones tomamos. Pues no. Al atender los gastos Notariales quince días después, se descubrió el pastel.
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