Parejas perdurables (continuación 30 )
Desde recepción en el hotel, llamé al delegado de Turismo de Oporto. Amablemente, se presentó a los pocos minutos y con una atención encomiable, allí mismo, por teléfono se puso en contacto con los secuestradores de mi pasaporte.
Entendí muy bien como con duras calificaciones afeaba el descuido, conminándoles a disculparse por su mala práctica. Una vez exhibidos los pasaportes, tenían la obligación de devolverlo al cliente. En absoluto retenerlo.
Luego se puso en contacto con la policía. Nos preguntó hacia dónde nos dirigíamos.
Teníamos previsto, salir de Portugal, por Valença y como mucho en tres días pasar a Francia por Irún.
Nos pidió excusas en nombre de su departamento y el del Estado Portugués por las molestias acarreadas debidas a mala práctica del hotel de Lisboa.
Al hotelero de Oporto, le indicó que podía obrar como si le exhibiera el pasaporte, bastaba el DNI, que se hacía cargo Turismo oficialmente. Y a mi me dijo que no me preocupara por el pasaporte ya que la policía portuguesa lo entregaría a la española de la aduana en Irún, en dos días.
Tranquilizado por superar ya los inconvenientes del pasaporte y el dinero, dejamos las maletas en nuestras habitaciones y salimos a pasear por la Ciudad.
-Me gustaría encontrar por casualidad a Serrano y a Isabel. Les comentaría cómo logré identificar las fincas de su abuelo en La Puebla de Castro. Pero claro no sé si aún residen aquí, ni cuál es el nombre de su Empresa, de modo que preguntar es inútil. -Le dije a Tere.
-Isabel, estará en contacto con sus abuelos y tíos de La Puebla de Castro.
-Y , ¿qué?. También lo estará con sus padres en Barcelona. ¿A qué viene eso si ya hace cinco años que no contactamos?.
-Lo digo por cuanto ya debe saberlo por su abuelo, pues contentos estarían.
-Sí. Supongo. Pero sobre todo Serrano, se preguntaría cómo lo conseguí y es que yo mismo me maravillo de la suerte que tuve.
Antes de partir Serrano y su esposa para Oporto, me pidieron que contactara con Don Jacinto, abuelo de Isabel. Llevaba tres años incorporado a su pueblo natal, después de haber pasado veinte en América, sin lograr tomar posesión de las once fincas heredadas.
Precisaba un técnico de confianza, que le situara sobre plano lo que él tenía por escritura.
Le hice ver que el importe por gastos de desplazamiento desde Barcelona con un par de ayudantes y los días de estancia de hotel necesarios para el trabajo, superaría con creces lo que le cobrarían los técnicos Zaragozanos, que por su cercanía, prescindirían de las dietas.
Aclaró que el tema, le hacía dudar de hallar técnicos imparciales por la provincia, por lo que insistió. Además, dada la no existencia en La Puebla de hotel alguno, nuestra estancia sería en su propio hogar. Su casa era de las antiguas con más dependencias que habitantes, ya que ahora, sin criados, ni mozos de labranza, solo la habitaba él, su esposa, su hija y su cuñada.
Salimos de madrugada de Barcelona, para al mediodía en el Catastro de Zaragoza, sacar copia del municipio de La Puebla, y todos los datos habidos actualizados en plano aéreo.
Así por la tarde en La Puebla, ya me hallaba dispuesto a atender a Don Jacinto.
El problema era que durante los veinte años de su ausencia, los vecinos, no solo le olvidaron como vecino, sino también como propietario de las parcelas heredadas desde sus abuelos.
Tantas veces como reclamaba sus huertos, el vecindario se desentendía, dando excusas unos a otros de si los lindes habían sido variados, o si lo que reclamaba estaba en su imaginación.
Ni el Alcalde, por ser joven podía dilucidar lo que consideraban reyertas legendarias vecinales.
Le enseñé el plano que traje del municipio, cosa que ya le alegró, pero confesó que no entendía ni papa. Entonces le pedí que me describiera tal como recordaba las fincas y quiénes eran los vecinos de sus lindes, así como los detalles de superficies.
Aportó la escritura de tapas muy deterioradas. Redactadas a mano, describía las once parcelas que fueron de su abuelo y signado bajo el Reinado de José I, Bonaparte.
¡Toma castaña!. Una escritura de los tiempos de Pepe Botella, así llamado despectivamente el rey de España impuesto por Napoleón . Su reinado duró cinco años. ( 1808 hasta 1813).
Pepe Botella
Salido de mi asombro, croquicé lo que se describía de cada una de ellas y luego le pedí que pacientemente, fuera contando lo que recordaba de ellas.
A la mañana siguiente con estos datos, recorrimos lo que podían ser sus propiedades. A base de tanteos, tomando medidas, algunas de las parcelas coincidieron con lindes y superficie, pero carecían de acceso.
Otras se desvirtuaba la figura, evidentemente modificada por el vecindario y una última, resultó imposible de localizar. Intuí que se trataba de un montículo pedregoso, alrededor del cual lindaban propiedades de tres vecinos.
Una vez superficiadas las diez fincas identificadas, le entregué los planos, para proceder si lo requería el abogado al hacer acto de dominio. Pero la última, imposible.
Durante los veinte años el vecindario, siguió el refrán, “ Al vecino darle, pero no quitarle”
Por lo visto cumplieron con la primera parte del refrán, y cada año, al limpiar sus tierras, las piedras las echaban al vecino ausente, pero la segunda parte no se cumplió, ya que a base de ensanchar las parcelas liberándolas de piedras, reducían la superficie lindante hasta convertirla en un túmulo pedregoso.
Para demostrar esta suposición había que superficiar las propiedades de los supuestos usurpadores. Sus propiedades, excederían entre los tres la superficie equivalente a la usurpada.
Como Don Jacinto, entendió el revuelo que armaría, se dio por satisfecho con la recuperación de las diez aclaradas. Don Jacinto, mostró mejor criterio que los herederos de la Era en litigio a la que asistí en Alcalá de Henares años antes.
Total que si nos topáramos con los Serrano, tenía tema para hablar de nuestro pasado. A la mañana siguiente, después de recorrer prácticamente toda la Ciudad y catar la diversidad de tapas de sus bares, esta vez pagué sin novedad la factura del hotel y para mayor tranquilidad pensé en pernoctar en Tuy, la primera ciudad española en la frontera portuguesa.
Pero un Urbano de Viana do Castelo, nos convenció para subir al monte del Santa Luzía.
Desde recepción en el hotel, llamé al delegado de Turismo de Oporto. Amablemente, se presentó a los pocos minutos y con una atención encomiable, allí mismo, por teléfono se puso en contacto con los secuestradores de mi pasaporte.
Entendí muy bien como con duras calificaciones afeaba el descuido, conminándoles a disculparse por su mala práctica. Una vez exhibidos los pasaportes, tenían la obligación de devolverlo al cliente. En absoluto retenerlo.
Luego se puso en contacto con la policía. Nos preguntó hacia dónde nos dirigíamos.
Teníamos previsto, salir de Portugal, por Valença y como mucho en tres días pasar a Francia por Irún.
Nos pidió excusas en nombre de su departamento y el del Estado Portugués por las molestias acarreadas debidas a mala práctica del hotel de Lisboa.
Al hotelero de Oporto, le indicó que podía obrar como si le exhibiera el pasaporte, bastaba el DNI, que se hacía cargo Turismo oficialmente. Y a mi me dijo que no me preocupara por el pasaporte ya que la policía portuguesa lo entregaría a la española de la aduana en Irún, en dos días.
Tranquilizado por superar ya los inconvenientes del pasaporte y el dinero, dejamos las maletas en nuestras habitaciones y salimos a pasear por la Ciudad.
-Me gustaría encontrar por casualidad a Serrano y a Isabel. Les comentaría cómo logré identificar las fincas de su abuelo en La Puebla de Castro. Pero claro no sé si aún residen aquí, ni cuál es el nombre de su Empresa, de modo que preguntar es inútil. -Le dije a Tere.
-Isabel, estará en contacto con sus abuelos y tíos de La Puebla de Castro.
-Y , ¿qué?. También lo estará con sus padres en Barcelona. ¿A qué viene eso si ya hace cinco años que no contactamos?.
-Lo digo por cuanto ya debe saberlo por su abuelo, pues contentos estarían.
-Sí. Supongo. Pero sobre todo Serrano, se preguntaría cómo lo conseguí y es que yo mismo me maravillo de la suerte que tuve.
Antes de partir Serrano y su esposa para Oporto, me pidieron que contactara con Don Jacinto, abuelo de Isabel. Llevaba tres años incorporado a su pueblo natal, después de haber pasado veinte en América, sin lograr tomar posesión de las once fincas heredadas.
Precisaba un técnico de confianza, que le situara sobre plano lo que él tenía por escritura.
Le hice ver que el importe por gastos de desplazamiento desde Barcelona con un par de ayudantes y los días de estancia de hotel necesarios para el trabajo, superaría con creces lo que le cobrarían los técnicos Zaragozanos, que por su cercanía, prescindirían de las dietas.
Aclaró que el tema, le hacía dudar de hallar técnicos imparciales por la provincia, por lo que insistió. Además, dada la no existencia en La Puebla de hotel alguno, nuestra estancia sería en su propio hogar. Su casa era de las antiguas con más dependencias que habitantes, ya que ahora, sin criados, ni mozos de labranza, solo la habitaba él, su esposa, su hija y su cuñada.
Salimos de madrugada de Barcelona, para al mediodía en el Catastro de Zaragoza, sacar copia del municipio de La Puebla, y todos los datos habidos actualizados en plano aéreo.
Así por la tarde en La Puebla, ya me hallaba dispuesto a atender a Don Jacinto.
El problema era que durante los veinte años de su ausencia, los vecinos, no solo le olvidaron como vecino, sino también como propietario de las parcelas heredadas desde sus abuelos.
Tantas veces como reclamaba sus huertos, el vecindario se desentendía, dando excusas unos a otros de si los lindes habían sido variados, o si lo que reclamaba estaba en su imaginación.
Ni el Alcalde, por ser joven podía dilucidar lo que consideraban reyertas legendarias vecinales.
Le enseñé el plano que traje del municipio, cosa que ya le alegró, pero confesó que no entendía ni papa. Entonces le pedí que me describiera tal como recordaba las fincas y quiénes eran los vecinos de sus lindes, así como los detalles de superficies.
Aportó la escritura de tapas muy deterioradas. Redactadas a mano, describía las once parcelas que fueron de su abuelo y signado bajo el Reinado de José I, Bonaparte.
¡Toma castaña!. Una escritura de los tiempos de Pepe Botella, así llamado despectivamente el rey de España impuesto por Napoleón . Su reinado duró cinco años. ( 1808 hasta 1813).
Pepe Botella
Salido de mi asombro, croquicé lo que se describía de cada una de ellas y luego le pedí que pacientemente, fuera contando lo que recordaba de ellas.
A la mañana siguiente con estos datos, recorrimos lo que podían ser sus propiedades. A base de tanteos, tomando medidas, algunas de las parcelas coincidieron con lindes y superficie, pero carecían de acceso.
Otras se desvirtuaba la figura, evidentemente modificada por el vecindario y una última, resultó imposible de localizar. Intuí que se trataba de un montículo pedregoso, alrededor del cual lindaban propiedades de tres vecinos.
Una vez superficiadas las diez fincas identificadas, le entregué los planos, para proceder si lo requería el abogado al hacer acto de dominio. Pero la última, imposible.
Durante los veinte años el vecindario, siguió el refrán, “ Al vecino darle, pero no quitarle”
Por lo visto cumplieron con la primera parte del refrán, y cada año, al limpiar sus tierras, las piedras las echaban al vecino ausente, pero la segunda parte no se cumplió, ya que a base de ensanchar las parcelas liberándolas de piedras, reducían la superficie lindante hasta convertirla en un túmulo pedregoso.
Para demostrar esta suposición había que superficiar las propiedades de los supuestos usurpadores. Sus propiedades, excederían entre los tres la superficie equivalente a la usurpada.
Como Don Jacinto, entendió el revuelo que armaría, se dio por satisfecho con la recuperación de las diez aclaradas. Don Jacinto, mostró mejor criterio que los herederos de la Era en litigio a la que asistí en Alcalá de Henares años antes.
Total que si nos topáramos con los Serrano, tenía tema para hablar de nuestro pasado. A la mañana siguiente, después de recorrer prácticamente toda la Ciudad y catar la diversidad de tapas de sus bares, esta vez pagué sin novedad la factura del hotel y para mayor tranquilidad pensé en pernoctar en Tuy, la primera ciudad española en la frontera portuguesa.
Pero un Urbano de Viana do Castelo, nos convenció para subir al monte del Santa Luzía.
https://youtu.be/AwUtVhQr8hs
Parejas
perdurables (continuación
30 a)
Panorámica de Porto
Partimos después de comer en Oporto, hacia Viana do Castelo. Recomendada por ser una hermosa Ciudad, muy visitada por los Gallegos ya que prácticamente eran vecinos, de modo similar a lo que representa Perpiñán Francesa, con los Catalanes.
Ya en el centro de Viana, preguntamos a un Urbano por un hotel económico. Nos miró extrañado, ya que para ellos, un automóvil impecable con aspecto de recién adquirido, era sinónimo de transporte para turistas potentados.
-¡Oh!. Pero no pueden marcharse sin visitar Santa Luzía. Un panorama “maravelhoso”.
Y que nuestra moneda era muy superior a la de ellos. Que no íbamos a arrepentirnos de subir al Monte de Santa Luzía donde se ubicaba una basílica y un hotel en privilegiada ubicación, rodeado de jardines y resto del monte forestal.
Pensé que más que Urbano, debía ser un promotor turístico, ya que nos sedujo su entusiasmo al alabar a determinado hotel. ¿Y si resultara que cobraba comisión?.
Sin poner pegas, le hice caso, ya que no se trataba tampoco de comportarnos como míseros, en un viaje paliativo de nuestro antaño fallido de novios.
Santa Luzia desde el Hotel
Vista Hotel
Razón total del Urbano. Maravillados quedamos por la panorámica, por los jardines, por la paz y tranquilidad de una construcción rodeada de bosque, como un cuento de hadas.
Y algo asombroso. La explanada amplísima a los pies de la escalinata del hotel, apta como parking para gran cantidad de vehículos. Y solo habían dos. ¿Seremos los terceros huéspedes?. Algo de ello habría de cierto. Se trataba del último día festivo en Portugal. Los visitantes tomarían las de Villadiego, al revés que nosotros que aún disponíamos de seis días de asueto.
Sala estar
Disfrutamos, lo indecible de tan apacible lugar. Lo curioso es que cuarenta y siete años después, al rememorar esta Gira por la península, J.C., no supo dar detalle de sus vivencias. Aunque a sus seis años de edad, debía recordar como mínimo lo que le hubiera impactado.
Todo lo que nos contó fue que recordaba un viaje de muchos kilómetros. Cansado de coche. Y ni enterarse de los hoteles, a excepción de la llorera de Dani. Y lo de jugar a plena calle en La Línea de la Concepción. Y después de mucho exprimir sus recuerdos, estuvo de acuerdo que la huella indeleble, fue la travesía francesa. Ya entendí su motivo.
Muy contentos por haber hecho caso a aquel urbano, salimos hacia Valença, donde cruzamos el puente internacional, para entrar en Tuy.
Puente España-Portugal en Tuy
Parejas perdurables (continuación 31)
Cruzamos el Puente Internacional que enlaza Valença con Tuy. Propuse dar una vuelta para conocer la Ciudad, luego comer y seguir hasta Vigo.
No podíamos permanecer mucho tiempo en cada etapa del viaje pues ya se habían quejado los niños en varias ocasiones que tenían sed, tenían pis, tenían aburrimiento en el coche. Constantemente, Tere tenía que poner paz entre ellos.
Para realizar el itinerario previsto, nos faltaba recorrer mil quinientos kilómetros. Tocaba pues dosificarlos como mucho en cinco etapas.
-Tere, tú no conociste a tu abuelo paterno, pero sí sabes que falleció en Tuy.
-Lo sabes mejor tú que yo. Las charlas que tuvisteis vosotros dos antes de tu partida para Alcalá, fueron las que me dieron algo de luz. Conmigo nunca habló del abuelo.
Por lo visto, mi suegro desde que su padre viudo, casó en segundas nupcias con una viuda gallega, madre de dos hijas, casi le perdió la pista.
Había sido un Comandante del Ejército Español. Y participó en las guerras del RIF. Allí ascendió a Tte. Coronel. Luego se dio el esperpéntico cuadro de Tragedia Griega:
La Guerra Civil.
Del África, pasó a la Península, librando batallas que le ascendieron a Coronel.
Mi suegro, al mencionar este grado militar, ponía una cara grave.
-Suerte tienes Carlos de hacer el Servicio en tiempos de Paz. Tanto tu padre, así como yo ,tuvimos enfrentamentos bélicos y eso es trágico . Él, en Melilla según contaste, yo en Lérida. La batalla del río Segre.
El Segre por Alós de Balaguer
Me contó, como por residir en Barcelona, le enrolaron con las tropas republicanas y se vio involucrado en varias batallas defensivas en el Segre. A la otra orilla, el ejército de los Nacionales, al mando de su padre, les estaba masacrando.
Los compañeros, le preguntaron varias veces si por su apellido, no era pariente del Coronel franquista. Igual que San Pedro, lo negaba, a sabiendas que si la sospecha se extendía, no faltaría quien aprovechando cualquier refriega, provocara una bala perdida a su cabeza.
Acabada la guerra, solo tuvo un efímero contacto con su padre, ya que como ascenso, le destinaron a gobernar de nuevo en África, la Plaza de Tetuán y poco después retirado se dirigió con su mujer e hijas que jamás conoció a Tuy, donde falleció a sus noventa años.
Visitamos esta bella campiña someramente y en Vigo, después de cenar en Restaurante El Mosquito, de fama como antro para los gourmets, pero nada económico, pernoctamos.
Visitamos las Islas Cíes, paradisíacas y a continuación, sin escala hacia Santillana de Mar al Parador Nacional Gil Blas. Escarmentados, sacamos dinero del Banco y ya pedimos reserva al Parador, desde el hotel de Vigo.
En Santillana nos encontraríamos con una amiga de Tere, casada con Tornillo, apodo de un ayudante que tuve de soltero en Barcelona.
Veleros en una playa de las islas Cíes.
Cruzamos el Puente Internacional que enlaza Valença con Tuy. Propuse dar una vuelta para conocer la Ciudad, luego comer y seguir hasta Vigo.
No podíamos permanecer mucho tiempo en cada etapa del viaje pues ya se habían quejado los niños en varias ocasiones que tenían sed, tenían pis, tenían aburrimiento en el coche. Constantemente, Tere tenía que poner paz entre ellos.
Para realizar el itinerario previsto, nos faltaba recorrer mil quinientos kilómetros. Tocaba pues dosificarlos como mucho en cinco etapas.
-Tere, tú no conociste a tu abuelo paterno, pero sí sabes que falleció en Tuy.
-Lo sabes mejor tú que yo. Las charlas que tuvisteis vosotros dos antes de tu partida para Alcalá, fueron las que me dieron algo de luz. Conmigo nunca habló del abuelo.
Por lo visto, mi suegro desde que su padre viudo, casó en segundas nupcias con una viuda gallega, madre de dos hijas, casi le perdió la pista.
Había sido un Comandante del Ejército Español. Y participó en las guerras del RIF. Allí ascendió a Tte. Coronel. Luego se dio el esperpéntico cuadro de Tragedia Griega:
La Guerra Civil.
Del África, pasó a la Península, librando batallas que le ascendieron a Coronel.
Mi suegro, al mencionar este grado militar, ponía una cara grave.
-Suerte tienes Carlos de hacer el Servicio en tiempos de Paz. Tanto tu padre, así como yo ,tuvimos enfrentamentos bélicos y eso es trágico . Él, en Melilla según contaste, yo en Lérida. La batalla del río Segre.
El Segre por Alós de Balaguer
Me contó, como por residir en Barcelona, le enrolaron con las tropas republicanas y se vio involucrado en varias batallas defensivas en el Segre. A la otra orilla, el ejército de los Nacionales, al mando de su padre, les estaba masacrando.
Los compañeros, le preguntaron varias veces si por su apellido, no era pariente del Coronel franquista. Igual que San Pedro, lo negaba, a sabiendas que si la sospecha se extendía, no faltaría quien aprovechando cualquier refriega, provocara una bala perdida a su cabeza.
Acabada la guerra, solo tuvo un efímero contacto con su padre, ya que como ascenso, le destinaron a gobernar de nuevo en África, la Plaza de Tetuán y poco después retirado se dirigió con su mujer e hijas que jamás conoció a Tuy, donde falleció a sus noventa años.
Visitamos esta bella campiña someramente y en Vigo, después de cenar en Restaurante El Mosquito, de fama como antro para los gourmets, pero nada económico, pernoctamos.
Visitamos las Islas Cíes, paradisíacas y a continuación, sin escala hacia Santillana de Mar al Parador Nacional Gil Blas. Escarmentados, sacamos dinero del Banco y ya pedimos reserva al Parador, desde el hotel de Vigo.
En Santillana nos encontraríamos con una amiga de Tere, casada con Tornillo, apodo de un ayudante que tuve de soltero en Barcelona.
Veleros en una playa de las islas Cíes.
Parejas perdurables (continuación 31 a)
Llegamos por fin al Parador de Santillana.
-Carlos, no repitas trayectos tan largos y enrevesados. Los niños no lo soportan y a mí también me marean.
-Mujer, interesaba llegar cuanto antes al Parador. Así tendremos tiempo de ver La Cueva de Altamira. Y no esperaba que para reducir kilómetros por Carreteras Nacionales, tuviera que seguir el laberíntico trazado de las secundarias.
-Y retroceder por equivocar la adecuada.
-No me eches en cara esto, que no puedo ir conduciendo y a la vez mirando el mapa.
El itinerario, de haberlo hecho por las carreteras nacionales, se hubiera incrementado más de cien kilómetros, pero contra este ahorro, perdimos más de una hora debido a la menor velocidad adecuada y los extravíos.
El Parador, todo un lujo. Nos aposentamos en una suite, con camas de matrimonio y dos más para los niños. Asimismo, un baño amplísimo y otro que tampoco desmerecía. Una nevera atiborrada de bebidas y chucherías. Una sala de estar y una terraza-balcón solana.
A nuestra llamada acudió la amiga de Tere, que nos concienció del acierto en elegir este Hotel. El que la élite de la sociedad local frecuentaba como club.
Nos acompañó hasta su hogar. Ocupaban La Casona de los Tagle.
http://www.santillana-del-mar.com/espanol/guia_archivos/linajes/casadelostagle.htm
Llegamos por fin al Parador de Santillana.
-Carlos, no repitas trayectos tan largos y enrevesados. Los niños no lo soportan y a mí también me marean.
-Mujer, interesaba llegar cuanto antes al Parador. Así tendremos tiempo de ver La Cueva de Altamira. Y no esperaba que para reducir kilómetros por Carreteras Nacionales, tuviera que seguir el laberíntico trazado de las secundarias.
-Y retroceder por equivocar la adecuada.
-No me eches en cara esto, que no puedo ir conduciendo y a la vez mirando el mapa.
El itinerario, de haberlo hecho por las carreteras nacionales, se hubiera incrementado más de cien kilómetros, pero contra este ahorro, perdimos más de una hora debido a la menor velocidad adecuada y los extravíos.
El Parador, todo un lujo. Nos aposentamos en una suite, con camas de matrimonio y dos más para los niños. Asimismo, un baño amplísimo y otro que tampoco desmerecía. Una nevera atiborrada de bebidas y chucherías. Una sala de estar y una terraza-balcón solana.
A nuestra llamada acudió la amiga de Tere, que nos concienció del acierto en elegir este Hotel. El que la élite de la sociedad local frecuentaba como club.
Nos acompañó hasta su hogar. Ocupaban La Casona de los Tagle.
http://www.santillana-del-mar.com/espanol/guia_archivos/linajes/casadelostagle.htm
Tenían la obligación de conservar el Museo del
piso superior y permitir los laborables por las tardes el acceso a los turistas.
Allí estaba Tornillo. Le recordé la poca gracia que me causó cuando de regreso de un trabajo de Campo Topográfico, aburridos en la estación aguardando el tren directo a Barcelona, propuso entrar en la cantina y ya que teníamos media hora de espera, jugáramos a los naipes.
El cantinero, nos llamó diciendo que se iba el tren. Cierto. Enfrascados, con los naipes y los chatos de vino, a pesar de tener los billetes, no le alcanzamos a tiempo.
Insistió en que continuáramos jugando. Tomaríamos el próximo, otra media hora. Se repitió la broma. Él, tomándolo a risa, “tomaremos el siguiente”. Y de nuevo entró en la cantina con los compañeros.
Yo mosqueado por los sucedido, opté por pasarme otra media hora en el andén. Y a mí no se me escapó aquella vez, aunque sí nuevamente a él y los dos acompañantes siguiendo con su chateo.
Ahora lo reímos los dos, pero recuerdo que el tiempo perdido en la estación, lo tuve que recuperar para acabar el trabajo saltándome la cena cuando ya era hora de acostarse.
Esta vez, ya ambos con la seriedad de cabezas de familia, nos ofreció ver los objetos del museo que mantenían intactos tal como se suponía lo tenían los Tagle desde hacía más de cien años.
No permitió que subieran los niños, ya que algunas piezas de las mostradas al alcance de la mano de cualquiera, eran delicadas muy valiosas, únicas y frágiles. Su responsabilidad, no le permitía riesgos con niños.
Luego paseamos por la playa Santa Justa.
Antes de volver al hotel, visitamos La Colegiata.
Y por la tarde personalmente fue a buscar al Guarda de La Cueva, para que saltándo la norma de las visitas concertadas, nos la abriera y enseñara, esta vez sí a todos, incluídos los niños.
Bisonte pintado en el techo de La Cueva de Altamira
Fuimos afortunados al poder ser testigos del Arte Rupestre conocido más antiguo en Europa. Poco tiempo después de nuestra visita, se cerró a cal y canto por temer el deterioro en las pinturas debido a la masificación de público.
Hasta años después no se volvió a abrir al público tras haber tomado precauciones para la conservación, obstruir grietas de humedades, prohibir el acceso a grupos numerosos. Prohibir entrar con luminarias de fuego, y por descontado nada que provocara humo, como fumar. Y además limitar la cantidad anual de permisos para visitantes.
Llamamos a la mañana siguiente al Parador de Hondarribia, solicitando habitación ya que tenía mis dudas de que la Policía Portuguesa hubiera sido tan diligente como para ya haber hecho llegar en tan poco tiempo mi pasaporte a Irún. Y sin él no podría entrar en Francia.
Allí estaba Tornillo. Le recordé la poca gracia que me causó cuando de regreso de un trabajo de Campo Topográfico, aburridos en la estación aguardando el tren directo a Barcelona, propuso entrar en la cantina y ya que teníamos media hora de espera, jugáramos a los naipes.
El cantinero, nos llamó diciendo que se iba el tren. Cierto. Enfrascados, con los naipes y los chatos de vino, a pesar de tener los billetes, no le alcanzamos a tiempo.
Insistió en que continuáramos jugando. Tomaríamos el próximo, otra media hora. Se repitió la broma. Él, tomándolo a risa, “tomaremos el siguiente”. Y de nuevo entró en la cantina con los compañeros.
Yo mosqueado por los sucedido, opté por pasarme otra media hora en el andén. Y a mí no se me escapó aquella vez, aunque sí nuevamente a él y los dos acompañantes siguiendo con su chateo.
Ahora lo reímos los dos, pero recuerdo que el tiempo perdido en la estación, lo tuve que recuperar para acabar el trabajo saltándome la cena cuando ya era hora de acostarse.
Esta vez, ya ambos con la seriedad de cabezas de familia, nos ofreció ver los objetos del museo que mantenían intactos tal como se suponía lo tenían los Tagle desde hacía más de cien años.
No permitió que subieran los niños, ya que algunas piezas de las mostradas al alcance de la mano de cualquiera, eran delicadas muy valiosas, únicas y frágiles. Su responsabilidad, no le permitía riesgos con niños.
Luego paseamos por la playa Santa Justa.
Antes de volver al hotel, visitamos La Colegiata.
Y por la tarde personalmente fue a buscar al Guarda de La Cueva, para que saltándo la norma de las visitas concertadas, nos la abriera y enseñara, esta vez sí a todos, incluídos los niños.
Bisonte pintado en el techo de La Cueva de Altamira
Fuimos afortunados al poder ser testigos del Arte Rupestre conocido más antiguo en Europa. Poco tiempo después de nuestra visita, se cerró a cal y canto por temer el deterioro en las pinturas debido a la masificación de público.
Hasta años después no se volvió a abrir al público tras haber tomado precauciones para la conservación, obstruir grietas de humedades, prohibir el acceso a grupos numerosos. Prohibir entrar con luminarias de fuego, y por descontado nada que provocara humo, como fumar. Y además limitar la cantidad anual de permisos para visitantes.
Llamamos a la mañana siguiente al Parador de Hondarribia, solicitando habitación ya que tenía mis dudas de que la Policía Portuguesa hubiera sido tan diligente como para ya haber hecho llegar en tan poco tiempo mi pasaporte a Irún. Y sin él no podría entrar en Francia.
Parejas perdurables (continuación 31 b)
Lo primero que hice al llegar a Irún fue solicitar mi pasaporte a la Policía en la Aduana. No las tenía todas conmigo. Por eso había pedido alojamiento al Parador de Fonterrabía (Actual Hondarribia), que de tener certeza, habría seguido viaje por Francia.
Pues, sí señor. Los Portugueses cumplieron y casi que no tuve que darme a conocer para recogerlo. Los Policías sin asombrarse dijeron:
-¿El de Lisboa?. Tenga Ud. Lo trajeron ayer.
Uno se maravilla más por lo que sale bien, que por los entorpecimientos imprevisibles, pero esperados en la cotidianeidad.
Sin dar ocasión a que se apearan del coche, ni Tere ni los niños, nos dirigimos a Hondarribia.
Lo primero que hice al llegar a Irún fue solicitar mi pasaporte a la Policía en la Aduana. No las tenía todas conmigo. Por eso había pedido alojamiento al Parador de Fonterrabía (Actual Hondarribia), que de tener certeza, habría seguido viaje por Francia.
Pues, sí señor. Los Portugueses cumplieron y casi que no tuve que darme a conocer para recogerlo. Los Policías sin asombrarse dijeron:
-¿El de Lisboa?. Tenga Ud. Lo trajeron ayer.
Uno se maravilla más por lo que sale bien, que por los entorpecimientos imprevisibles, pero esperados en la cotidianeidad.
Sin dar ocasión a que se apearan del coche, ni Tere ni los niños, nos dirigimos a Hondarribia.
Video del Parador.
-Da gusto esto de los Paradores Nacionales, Tere. Ninguno es parecido, pero todos mantienen un estilo señorial, procurando merecer a su historia local.
-Y ya veo que mantiene los precios por debajo de lo que correspondería a su categoría. ¿No fue Fraga, el impulsor del Turismo durante su Ministerio?.
Por cierto todos los trayectos deberían ser como los de hoy. Pocos kilómetros. Me gustó El Sardinero y su playa en Santander, contra lo desmerecedor de Bilbao, con una entrada fatal y sucia.
Playa del Sardinero
El Bilbao que atravesamos en aquellas fechas, nada tiene que ver con el actual. Ya no hay altos Hornos. No existe el tráfico desmesurado de camiones con carbón. Se ha modernizado, se ha reverdecido la ría y finalmente el Museo de Guguenheim, le infundió el sello definitivo.
Museo Gugenheim
-Y me robó el alma la bahía de la Concha en San Sebastián. Los elogios oídos no le hacen justicia. Ya me habría gustado también pasar la noche allí, pero nada a objetar viendo también la desembocadura del Bidasoa desde las habitaciones de este Parador.
Playa de La Concha
Tere, se sentía feliz, cada vez que tomábamos contacto visual con aguas marinas. Cosa que poca atención les merecía a nuestros hijos. Demasiado pequeños para apreciar lo que se les ofrecía, pero tenía puesta mi esperanza que de mayores sintieran haber tenido una infancia agradable con pocas dificultades, para no torcer su sano desarrollo físico y mental.
A la mañana siguiente, nos entretuvimos ya en la primera Ciudad Francesa dada a conocer por Luis Mariano en sus coplas, a San Juan de Luz, que verdaderamente se veía diáfana. Y con colorido en sus fachadas recordando las de Estoril.
También Biarritz formaba parte del repertorio del cantante, ya que son Ciudades de la Vasconia Francesa, como una continuidad de Euskera, la Vasconia Española.
Biarritz
Comimos allí y pernoctamos en Bayonne. Me enteré del origen del nombre dado a las bayonetas colocadas en los fusiles para ataques cuerpo a cuerpo.
Muchos judíos expulsados de los reinos de Castilla y de Aragón por los Reyes Católicos se establecieron en Bayona, hasta que en 1602 el rey les obliga a abandonar la ciudad, a la que volvieron en 1789, instalándose en el barrio de Saint Esprit.6
A lo largo de los conflictos esporádicos que agitaron los campos franceses en el siglo XVII, los agricultores de Bayona se encontraron cortos de pólvora y de proyectiles. Entonces metieron sus cuchillos de caza en los cañones de sus escopetas, confeccionando lanzas improvisadas que se llamarían a partir de entonces bayonetas.
Extracto de wikipedia.
Bayonne
Seguiríamos otra jornada, hacia Lourdes, pero empezaron los problemas con los niños.
-Da gusto esto de los Paradores Nacionales, Tere. Ninguno es parecido, pero todos mantienen un estilo señorial, procurando merecer a su historia local.
-Y ya veo que mantiene los precios por debajo de lo que correspondería a su categoría. ¿No fue Fraga, el impulsor del Turismo durante su Ministerio?.
Por cierto todos los trayectos deberían ser como los de hoy. Pocos kilómetros. Me gustó El Sardinero y su playa en Santander, contra lo desmerecedor de Bilbao, con una entrada fatal y sucia.
Playa del Sardinero
El Bilbao que atravesamos en aquellas fechas, nada tiene que ver con el actual. Ya no hay altos Hornos. No existe el tráfico desmesurado de camiones con carbón. Se ha modernizado, se ha reverdecido la ría y finalmente el Museo de Guguenheim, le infundió el sello definitivo.
Museo Gugenheim
-Y me robó el alma la bahía de la Concha en San Sebastián. Los elogios oídos no le hacen justicia. Ya me habría gustado también pasar la noche allí, pero nada a objetar viendo también la desembocadura del Bidasoa desde las habitaciones de este Parador.
Playa de La Concha
Tere, se sentía feliz, cada vez que tomábamos contacto visual con aguas marinas. Cosa que poca atención les merecía a nuestros hijos. Demasiado pequeños para apreciar lo que se les ofrecía, pero tenía puesta mi esperanza que de mayores sintieran haber tenido una infancia agradable con pocas dificultades, para no torcer su sano desarrollo físico y mental.
A la mañana siguiente, nos entretuvimos ya en la primera Ciudad Francesa dada a conocer por Luis Mariano en sus coplas, a San Juan de Luz, que verdaderamente se veía diáfana. Y con colorido en sus fachadas recordando las de Estoril.
También Biarritz formaba parte del repertorio del cantante, ya que son Ciudades de la Vasconia Francesa, como una continuidad de Euskera, la Vasconia Española.
Biarritz
Comimos allí y pernoctamos en Bayonne. Me enteré del origen del nombre dado a las bayonetas colocadas en los fusiles para ataques cuerpo a cuerpo.
Muchos judíos expulsados de los reinos de Castilla y de Aragón por los Reyes Católicos se establecieron en Bayona, hasta que en 1602 el rey les obliga a abandonar la ciudad, a la que volvieron en 1789, instalándose en el barrio de Saint Esprit.6
A lo largo de los conflictos esporádicos que agitaron los campos franceses en el siglo XVII, los agricultores de Bayona se encontraron cortos de pólvora y de proyectiles. Entonces metieron sus cuchillos de caza en los cañones de sus escopetas, confeccionando lanzas improvisadas que se llamarían a partir de entonces bayonetas.
Extracto de wikipedia.
Bayonne
Seguiríamos otra jornada, hacia Lourdes, pero empezaron los problemas con los niños.
Parejas Perdurables (continuación 32)
-Papá, papá, en nuestra habitación no hay w.c. Solo ducha y lavabo.
Fui a
ver a qué se refería J.C. Claro, los niños aún no tuvieron ocasión de conocer
lo que eran las turcas. Les expliqué que eran unas letrinas sofisticadas ya que
disponían de los mismos elementos que los W.C. con taza en la que sentarse. Un
posa pies, un agujero para defecar, un sifón para emerger siempre agua limpia,
y una tubería de descarga agua para limpiar. Además un posa papeles para
limpiarse.
Dada la
lección, conminé a que lo usaran. Dani se enfurruñó y exhaló su clásico:
-¡No…!, Nooooo…
- Vale, vale, no te preocupes. Cálmate,
papá y mamá se vuelven a su habitación.
Había
que tantear todas las posibilidades para no repetir la escena de Lisboa.
Se hizo
la calma y Tere preocupada;
-¿Qué hacemos si no quieren usar el
retrete?.
-Ni caso. Ya les apetecerá cuando la naturaleza
apriete.
Al pagar
la estancia en el Hotel, que por cierto fue el primero que hallamos de paso y
que en definitiva no desmerecía ni en presencia, ni en los servicios, pregunté
si disponían aseos con W.C. de taza.
Nos informaron
que usualmente la turca es la pieza de baño empleada porlos establecimientos
públicos del sur de Francia.
Así era.
Al menos por aquél tiempo, según constaté. Faltaban unos quince kilómetroa para
llegar a Lourdes, cuando Tere dijo:
-Mira. Una gasolinera. Para. Iré al
excusado y que vayan también los niños.
Al cabo
de un rato, salen los niños enfurruñados los dos. No quisieron usar la turca.
Con
cierto nerviosismo, atravesamos Lourdes, contemplando la Catedral erigida
merced a la fe en la Virgen que se apareció a Bernadette. Nuestra curiosidad
era doble. Nos recordaba la película “La canción de Bernadette” y por ser
testigos de que la fe mueve montañas.
En este
caso, los óbolos de la fe, lograron erigir una catedral de triple advocación,
siendo la de la Virgen de Lourdes, elevada a la titularidad de Basílica. Y qaue
además, traspasó su fervor a Chile y otros países Hispanoamericanos.
Siguiendo
el viaje, pensé que lo mejor sería entrar a comer en algún restaurante que se
viera de categoría. Tendríamos más posibilidades de complacer a los niños.
No se
divisaba ninguno. Eran las dos de la tarde cuando pasamos ante uno que no nos
caomplació. Seguimos y ta eran las tres cuando Tere alarmada dijo:
-Pero Carlos, para ya a un restaurante
sea como sea. Estamos en Francia. Para ellos que comen a las doce y siguen un
horario de una hora menos de la nuestra, deben hallarse a la hora del Te.
El
primero que avistamos al cabo de otros diez minutos que se eternizaban, a uno
de aparente categoría. Menos mal. Pero Tere tenía razón. El Maitre, nos ofrecía
mesa para el té, o café, al igual que
los comensales de otras mesas, evidentemente de animado palique.
La
cocina llevaba cerrada hacía dos horas. Excusé mi confusión y como paliativo,
le pedí que nos sirviera algo frío y cómo no, sus famosas queseras con muestrario
completo de quesos, ya que nos apetecían a los cuatro.
Notamos
a la perfección, que lo hacía con desgana, pero nos complació con una fuente de
tres niveles guarnecidos a tope con una veintena de variados gustos.
Iniciamos
la degustación.Cada cual tomaba una porción aleatoria, la saboreaba y
notificaba su excelencia.
Automáticamente
se montó una competición sobre cual era más sabroso. Y así probando bastantes
dábamos puntuación a los mejores que nos satisfacían a los cuatro.
Sin
darnos cuenta, dejamos la quesera poco menos que exhausta. Pensé en el efcto
que haría una familia catalana presentada a la hora del té, consumiendo con
voracidad tal cantidad de queso. Me ruboricé al pedir la cuenta.
El Maître,
con cara de pocos amigos, dijo que no mdía cobrar una simple consumición de
cuatro personas ya que nos excedimos.
No
estaba en mi ánimo regatear. Le agradecí que nos hubiera atendido y que
satisfechos, no discutíamos la factura,
A
continuación, pedimos por el aseo y allí fuimos todos.
Horror.
También turcas. Los niños en modo alguno quisieron usarlas.
Había que remediar con urgencia la situación. Pernoctar después de otro
largo recorrido, en el hotel St. Girons
deseando suerte. De no haberla, al menos a la mañana siguiente en Perpiñán se
acabaría la odisea.
Parejas perdurables (continuación 32 a)
Ni suerte, ni niño muerto, el hotel en St. Girons, que no fue por elección, al no haber otro, daba fe a lo argumentado por el hospedero de Bayona.
Tere cada vez mas alterada, imaginaba siniestras complicaciones orgánicas a nuestra prole. Intervenciones quirúrgicas de urgencia, imprescindibles. Veía que no se trataba de una perrería infantil sino que su continencia se debería a algo somático.
-Tere, estás haciendo una mole de un simple grano de arena. Mira, el Campamento de Castillejos, se habilitó para la instrucción militar de siete mil estudiantes, cada verano.
Puedes imaginar cómo serían las letrinas para grupo tan numeroso.
Mi primera visita, me produjo repulsión, pero apechugué. No volví hasta dos días después y esta vez, el asco, me cortó la necesidad. Reconozco que de haber sido para un centenar, solamente de usuarios se hubiera asemejado a las turcas y no hubiera habido problema para nadie.
La solución mía fue alejarme medio kilómetro del campamento, considerando en el bosque un ambiente bucólico. Claro la excursión de medio quilómetro, la realizaba o al anochecer o al alba, antes de Diana.
Sin embargo conocí a tres colegas que milagrosamente a mi modo de ver en aquellos días, se abstenían de lugar alguno y aguardaban el sábado con el permiso para bajar a Salou, (Ciudad turística de la costa, muy cercana a Castillejos), para satisfacer allí sus necesidades. Tres meses en este plan, no les acarreó ningún trastorno funcional.
La mente, influye en el organismo mucho más de lo que parece.
-Pues creo que tres días ya son muchos y ya no me apetecen más recorridos turísticos en estas condiciones. Cuando antes lleguemos a Perpiñán mejor.
Para banalizar el problema, le prometí que a la mañana siguiente, no pararíamos ni en Foix, ni en Quilán. A mediodía estaríamos en Perpiñán.
Y le conté aventuras escatológicas jocosas, habidas en Castillejos.
Cotet, era entre nosotros el colega huraño. Muy retraído. Había que sacarle las palabras con tenazas. Al formar un día, citados por el Alférez, intrigados por el motivo, acabó con su impasibilidad.
El Alférez tuvo conocimiento de que en las letrinas, alguien había enlazado con cinta de dos centímetros ancha tejida con la bandera española, a un “puro” defecado, colocado en posición vertical de altura 33 cm. Y diámetro cuatro y medio (medidos con cinta métrica).
Una porción de caña, también en posición vertical, sostenía un rótulo de papel en el que se leía:
“Primer Premio al Puro Castillejos”
El Alférez mostrando una preocupación por tal hecho, se dirigió a nuestra formación :
-Caballeros Aspirantes a Oficial de Complemento, el notición de las letrinas obliga a destacar la actuación de nuestro cuerpo de Caballería.
Oficialmente se reconoce el mérito a nuestro Caballero Cotet.
Cotet: ¡ caga usted como un elefante!.
La formación en pleno estalló con risas insostenibles, a excepción de Cotet.
A punto estuvo por increpar al Alférez por broma de tan mal gusto. Se contuvo a duras penas ya que al formar parte del ejército, la hombría, hay que supeditarla a la obediencia al superior y trae malas consecuencias, rebelarse.
Pero la ojeriza que tuvo con todos los que intentaban rememorar tal situación, a partir de este día, distó de ser la de un huraño para sin dudar mostrar odio.
Y a pesar de existir una probabilidad entre varios millones de que lo lea alguno de los colegas partícipes de las timbas organizadas los sábados y domingos en Castillejos, me arriesgo y confieso (aunque se produjera tal coincidencia, es de suponer que después de 58 años, o lo olvidaron o les resulte indiferente:
-Carlos, nos falta un jugador para la timba. Ven con nosotros que vamos a un lugar ideal para pasar la tarde al frescor de una semicueva.
-Hombre. Un lugar con una cueva, esto hay que verlo. Los pocos pinos que nos rodean no mitigan nada el calor inaguantable de siempre.
-Pues un día lo descubrimos y ahora cada semana vamos a jugar allí. Incluso nos construimos asientos y una mesa de piedra. Lo único que nos incordia, es que indefectiblemente antes de ocupar nuestro sitio, tenemos que limpiar la mesa, en la que algún desgraciado la tomó por letrina.
Me intrigó su manifestación, pensando en quien pudiera ser el maníaco que prefiriera defecar sobre una piedra lisa. Pensé que si lo hacía por las tardes a pleno sol, le sedujera la sombra en la cueva que referían. Aún así más propio era hacerlo fuera de la piedra, no encima.
Asombro, vergüenza y temor, todo a la vez me causó al llegar a la “cueva”. Reconocí al instante, que era justo la vertical del hueco en el que yo por las noches, o madrugadas me permitía evacuar. Ni idea que por debajo existía una seudocueva. Una oquedad pronunciada.
Me sumé a despotricar al interfecto, afeando su acción y ofreciéndome a la limpieza en esta ocasión.
-Nada Carlos, eres el invitado de honor y ya tenemos prevista la escoba que guardamos y con dos cantimploras de agua, en diez minutos limpio y seco.
Quien se atrevería a contradecirles con el cariño que mostraban al jugador suplente.
No le hicieron mucha gracia a Tere estas anécdotas, pero sí se distrajo lo suficiente para olvidar durante el día la actitud de los niños.
Ni suerte, ni niño muerto, el hotel en St. Girons, que no fue por elección, al no haber otro, daba fe a lo argumentado por el hospedero de Bayona.
Tere cada vez mas alterada, imaginaba siniestras complicaciones orgánicas a nuestra prole. Intervenciones quirúrgicas de urgencia, imprescindibles. Veía que no se trataba de una perrería infantil sino que su continencia se debería a algo somático.
-Tere, estás haciendo una mole de un simple grano de arena. Mira, el Campamento de Castillejos, se habilitó para la instrucción militar de siete mil estudiantes, cada verano.
Puedes imaginar cómo serían las letrinas para grupo tan numeroso.
Mi primera visita, me produjo repulsión, pero apechugué. No volví hasta dos días después y esta vez, el asco, me cortó la necesidad. Reconozco que de haber sido para un centenar, solamente de usuarios se hubiera asemejado a las turcas y no hubiera habido problema para nadie.
La solución mía fue alejarme medio kilómetro del campamento, considerando en el bosque un ambiente bucólico. Claro la excursión de medio quilómetro, la realizaba o al anochecer o al alba, antes de Diana.
Sin embargo conocí a tres colegas que milagrosamente a mi modo de ver en aquellos días, se abstenían de lugar alguno y aguardaban el sábado con el permiso para bajar a Salou, (Ciudad turística de la costa, muy cercana a Castillejos), para satisfacer allí sus necesidades. Tres meses en este plan, no les acarreó ningún trastorno funcional.
La mente, influye en el organismo mucho más de lo que parece.
-Pues creo que tres días ya son muchos y ya no me apetecen más recorridos turísticos en estas condiciones. Cuando antes lleguemos a Perpiñán mejor.
Para banalizar el problema, le prometí que a la mañana siguiente, no pararíamos ni en Foix, ni en Quilán. A mediodía estaríamos en Perpiñán.
Y le conté aventuras escatológicas jocosas, habidas en Castillejos.
Cotet, era entre nosotros el colega huraño. Muy retraído. Había que sacarle las palabras con tenazas. Al formar un día, citados por el Alférez, intrigados por el motivo, acabó con su impasibilidad.
El Alférez tuvo conocimiento de que en las letrinas, alguien había enlazado con cinta de dos centímetros ancha tejida con la bandera española, a un “puro” defecado, colocado en posición vertical de altura 33 cm. Y diámetro cuatro y medio (medidos con cinta métrica).
Una porción de caña, también en posición vertical, sostenía un rótulo de papel en el que se leía:
“Primer Premio al Puro Castillejos”
El Alférez mostrando una preocupación por tal hecho, se dirigió a nuestra formación :
-Caballeros Aspirantes a Oficial de Complemento, el notición de las letrinas obliga a destacar la actuación de nuestro cuerpo de Caballería.
Oficialmente se reconoce el mérito a nuestro Caballero Cotet.
Cotet: ¡ caga usted como un elefante!.
La formación en pleno estalló con risas insostenibles, a excepción de Cotet.
A punto estuvo por increpar al Alférez por broma de tan mal gusto. Se contuvo a duras penas ya que al formar parte del ejército, la hombría, hay que supeditarla a la obediencia al superior y trae malas consecuencias, rebelarse.
Pero la ojeriza que tuvo con todos los que intentaban rememorar tal situación, a partir de este día, distó de ser la de un huraño para sin dudar mostrar odio.
Y a pesar de existir una probabilidad entre varios millones de que lo lea alguno de los colegas partícipes de las timbas organizadas los sábados y domingos en Castillejos, me arriesgo y confieso (aunque se produjera tal coincidencia, es de suponer que después de 58 años, o lo olvidaron o les resulte indiferente:
-Carlos, nos falta un jugador para la timba. Ven con nosotros que vamos a un lugar ideal para pasar la tarde al frescor de una semicueva.
-Hombre. Un lugar con una cueva, esto hay que verlo. Los pocos pinos que nos rodean no mitigan nada el calor inaguantable de siempre.
-Pues un día lo descubrimos y ahora cada semana vamos a jugar allí. Incluso nos construimos asientos y una mesa de piedra. Lo único que nos incordia, es que indefectiblemente antes de ocupar nuestro sitio, tenemos que limpiar la mesa, en la que algún desgraciado la tomó por letrina.
Me intrigó su manifestación, pensando en quien pudiera ser el maníaco que prefiriera defecar sobre una piedra lisa. Pensé que si lo hacía por las tardes a pleno sol, le sedujera la sombra en la cueva que referían. Aún así más propio era hacerlo fuera de la piedra, no encima.
Asombro, vergüenza y temor, todo a la vez me causó al llegar a la “cueva”. Reconocí al instante, que era justo la vertical del hueco en el que yo por las noches, o madrugadas me permitía evacuar. Ni idea que por debajo existía una seudocueva. Una oquedad pronunciada.
Me sumé a despotricar al interfecto, afeando su acción y ofreciéndome a la limpieza en esta ocasión.
-Nada Carlos, eres el invitado de honor y ya tenemos prevista la escoba que guardamos y con dos cantimploras de agua, en diez minutos limpio y seco.
Quien se atrevería a contradecirles con el cariño que mostraban al jugador suplente.
No le hicieron mucha gracia a Tere estas anécdotas, pero sí se distrajo lo suficiente para olvidar durante el día la actitud de los niños.
Parejas perdurables (continuación 33)
Saliendo del Hotel, nos prestamos a conocer Perpiñán.
-Es bonito el paseo por esta avenida con el río Tet.-Comentó Tere.
-Sí, pero no tiene que ver con el Ter de Cataluña Sur, según nos llaman los de Perpiñán. Y tampoco con el Cer.
No sé que mente imaginativa se fundió para dar tan variada nominación. Sólo se presta a confusión.
Rio tet
-Ya estás tranquila por fin, ¿eh?. Los nenes aligeraron las tripas.
-Encuentro raro que siendo esta Ciudad también del Sur de Francia se distinga tanto de las que hemos recorrido.
-Es que esto es la Cataluña Norte, es la capital del Rosellón. Antes de formar parte de Francia, la antigua Cataluña abarcaba ambas partes del Pirineo.
Perpiñán
Saliendo del Hotel, nos prestamos a conocer Perpiñán.
-Es bonito el paseo por esta avenida con el río Tet.-Comentó Tere.
-Sí, pero no tiene que ver con el Ter de Cataluña Sur, según nos llaman los de Perpiñán. Y tampoco con el Cer.
No sé que mente imaginativa se fundió para dar tan variada nominación. Sólo se presta a confusión.
Rio tet
-Ya estás tranquila por fin, ¿eh?. Los nenes aligeraron las tripas.
-Encuentro raro que siendo esta Ciudad también del Sur de Francia se distinga tanto de las que hemos recorrido.
-Es que esto es la Cataluña Norte, es la capital del Rosellón. Antes de formar parte de Francia, la antigua Cataluña abarcaba ambas partes del Pirineo.
Perpiñán
Para los Catalanes de España, al hablarse también
el mismo idioma en la parte Francesa, representa y es una continuación de su
País.
Sin embargo en cada lado de los pirineos, rigen leyes distintas, correspondientes a las de sus Estados.
Durante la Dictadura Franquista, la catalogación de los filmes eróticos, demostraba un puritanismo, rayano a lo ñoño. Como en la parte Francesa la no había censura, la afluencia de Barceloneses a las pantallas de los cines de Perpiñán, fue masiva. Buen negocio les reportó esta clase de turismo durante tantos años.
La película que causó furor, fue El Último Tango en París.
Los niños, parecía que olían la vuelta a casa. Una vez satisfechos por hallar unos sanitarios semejantes a los conocidos por ellos, recobraron la alegría de vivir. Les gustó recorrer la estación de ferrocarril, ya que es la unión principal de la comunicación Hispano-francesa. Dalí la llamó el Ombligo de Europa. El Ónfalo.
Estación de Perpiñán
Cuadro de La estación de Perpiñan, por Dalí
Por lo visto, el nombre de Ónfalo, lo dio Dalí por el paralelismo entre este enclave de la Estación en Perpiñán y el del enclave de Delfos, para los Griegos.
Ónfalo de Delfos
http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%93nfalo
Sin embargo en cada lado de los pirineos, rigen leyes distintas, correspondientes a las de sus Estados.
Durante la Dictadura Franquista, la catalogación de los filmes eróticos, demostraba un puritanismo, rayano a lo ñoño. Como en la parte Francesa la no había censura, la afluencia de Barceloneses a las pantallas de los cines de Perpiñán, fue masiva. Buen negocio les reportó esta clase de turismo durante tantos años.
La película que causó furor, fue El Último Tango en París.
Los niños, parecía que olían la vuelta a casa. Una vez satisfechos por hallar unos sanitarios semejantes a los conocidos por ellos, recobraron la alegría de vivir. Les gustó recorrer la estación de ferrocarril, ya que es la unión principal de la comunicación Hispano-francesa. Dalí la llamó el Ombligo de Europa. El Ónfalo.
Estación de Perpiñán
Cuadro de La estación de Perpiñan, por Dalí
Por lo visto, el nombre de Ónfalo, lo dio Dalí por el paralelismo entre este enclave de la Estación en Perpiñán y el del enclave de Delfos, para los Griegos.
Ónfalo de Delfos
http://es.wikipedia.org/wiki/%C3%93nfalo
Ónfalo, por wikipedia
Un visitante delante de la Estación de Perpiñán. Al lado la escultura en bronce "Metamorfosis de la Venus de Milo", 1964
Como ya ansiábamos llegar a casa, no nos estuvimos mucho tiempo, pensando que hallándose esta Ciudad a la vuelta de la esquina, podíamos volver con facilidad cuando apeteciera.
Tuve la tentación de llegar a La Reserva Africana de Sigean, que está a unos 40 km al norte de Perpiñán, a los niños les hubiera gustado, ya que se trata de un parque zoológico en el que los animales viven en libertad, pero ello hubiera demorado otro día el regreso.
Siendo el mediodía, nos detuvimos como última parada en el Hotel de Le Village Catalan, a comer.
Después de comer ya con la única parada en la frontera, para visado del pasaporte, nos saltamos Figueras, ciudad natal de Dalí, en Girona repostamos gasolina y al atardecer Tere se encontró abriéndole la puerta de casa de sus padres a Jordi con su frase lapidaria:
-Perqué te`n anaves i m`has deixat sol, eh?. (¿Por qué te fuiste y me dejaste solo eh?)
Un visitante delante de la Estación de Perpiñán. Al lado la escultura en bronce "Metamorfosis de la Venus de Milo", 1964
Como ya ansiábamos llegar a casa, no nos estuvimos mucho tiempo, pensando que hallándose esta Ciudad a la vuelta de la esquina, podíamos volver con facilidad cuando apeteciera.
Tuve la tentación de llegar a La Reserva Africana de Sigean, que está a unos 40 km al norte de Perpiñán, a los niños les hubiera gustado, ya que se trata de un parque zoológico en el que los animales viven en libertad, pero ello hubiera demorado otro día el regreso.
Siendo el mediodía, nos detuvimos como última parada en el Hotel de Le Village Catalan, a comer.
Después de comer ya con la única parada en la frontera, para visado del pasaporte, nos saltamos Figueras, ciudad natal de Dalí, en Girona repostamos gasolina y al atardecer Tere se encontró abriéndole la puerta de casa de sus padres a Jordi con su frase lapidaria:
-Perqué te`n anaves i m`has deixat sol, eh?. (¿Por qué te fuiste y me dejaste solo eh?)
Por otro lado, Tere relata su impresión al regreso de
esta gira.
Cuenta Tere:
En cuanto llegamos a casa, tras el viaje todo volvió a ser más o menos como antes. Tan sólo había cambiado que durante el trayecto descubrí muchas cosas que desconocía del País. Con los años he ido descubriendo que la mejor manera de aprender geografía es sin dudarlo poder viajar.
Empecé a buscar en la libreta que siempre que he viajado he llevado conmigo, todas las cosas que había ido anotando.
Al leerlo de nuevo, volvía a sentir lo mismo que cuando lo viví por primera vez, y eso desde entonces me dio ánimos para no dejar de anotar muchas cosas, aunque fueran de lo más absurdo. Tarde o temprano me servirían de tema para mis narraciones.
Y de esta manera surgió “un día diferente,” que a lo largo de tantos años se ha ido repitiendo. Un montón de anécdotas que ahora al leerlas de nuevo me hacen sentir nostalgia, unas veces, y otras me rio a carcajadas por las innumerables travesuras de los hijos.
U N D I A D I F E R E N T E
Tenía ante sí la máquina de escribir, con las manos en posición como si estuviera a punto de interpretar un gran concierto de piano, la cabeza busca afanosamente un motivo para exponerlo letra tras letra, oración tras oración gramatical, relatando con destreza alguna idea que tenga su encanto.
Algo como un remolino se mueve dentro de su cabeza, tiene una idea vaga, pero le falta saberlo expresar. Le cuesta encontrar palabras sencillas, pero expresivas que lleguen por completo al lector. Piensa que tan sólo con un poco de concentración, lo conseguirá.
La narración empieza como casi todos los cuentos, una vez la primera frase, las palabras van fluyendo y logra describir las escenas que tiene en la mente sin demasiados contratiempos
El teléfono llama insistentemente, y con un gesto impaciente descuelga el auricular. La llamada no es para ella, toma nota del encargo que le dan para transmitirlo al familiar, mientras contesta con monosílabos. Ha dejado anotado todo en un papel.
Se vuelve a sentar ante la máquina de escribir. ¿Por dónde iba? Lee lo que acababa de expresar momentos antes de la llamada, y se queda inmóvil con los ojos cerrados, buscando las palabras exactas que darán vida a sus personajes, palabras que cuando ha sonado el teléfono, parecía que emanaban fluidamente de su cerebro, y que ahora tras la distracción, parece que han desaparecido por completo.
Inexplicablemente ahora no recuerda cuáles eran, le parece que lo que quería decir, ya no lo ve tan importante ni bonito como antes, y se queda en suspenso, pensando.
Teclea unas frases y después de leerlas las tacha, no le gustan. Por suerte es un borrador donde puede hacer todas las modificaciones que crea conveniente.
Por fin encuentra las palabras exactas, y los dedos corren ligeros por las letras, y el papel se llena de escenas, de hechos fantasiosos. Está contenta porque en pocos momentos ha sabido expresar cosas que retenía en su cabeza, y las ha sabido transmitir al papel. Quién sabe si alguien cuando lo lea se sentirá identificado con sus pensamientos.
Unas llamadas a la puerta, consiguen que de mala gana se levante de la silla, no sin rezongar por el camino, por la nueva interrupción.
Un poco agresiva pregunta por el interfono quién es. Desde la calle le piden que abra la puerta, es el cartero que necesita entrar. Duda unos momentos, pero acaba haciendo lo que le piden. Ha quedado un poco intranquila. ¿Y si no fuera cierto? Decide asegurarse y abre la ventana del pasillo desde donde se puede ver la entrada de la escalera. Comprueba personalmente que en efecto es el repartidor de Correos que va depositando en los buzones la correspondencia.
Respira tranquila después de verlo con sus propios ojos. Hubiera podido ser un desaprensivo – como los hay en la actualidad – que hubiera aprovechado cuando ella le ha abierto la puerta, para hacer cualquier desmán. O como los había tantos que luego iba piso por piso ofreciendo artículos de rebaja.
Bueno…otra vez ante la máquina de escribir. Lee las últimas frases que ha escrito. Ya no sabe exactamente por dónde iba el relato. Lo vuelve a leer todo, y le parece que algunas frases no han quedado bastante claras, ni están bien expresadas, que ha usado palabras que aunque son buenas, les falta sentimiento. Esto mismo, seguro que se puede decir de otra manera, más contundente, para realzar la acción. Se levanta y busca en el libro de sinónimos lo más apropiado. Sí, ahora ha quedado mucho mejor. Se da cuenta que ella misma, se hace los reproches, y ella misma se propone la solución.
Antes de volverse a sentar, se acerca hasta la lavadora de la ropa, para asegurarse si ya ha terminado el ciclo rápido de lavado. Todavía faltan unos minutos.
Comprende que es mejor no sentarse ante la máquina de escribir hasta que la ropa esté a punto de tenderla, después volverá a sentarse y tratará de seguir con un mínimo de interrupciones.
Para aprovechar aquellos minutos, decide hacer una llamada telefónica, dejando el reloj de manera que lo pueda ver en todo momento. Mientras habla, está pendiente de los centrifugados que hace la lavadora, éste ya debe ser el último, y aprovecha para cortar la conversación telefónica. Asegurándole a su amiga que en otro momento, continuarán la charla.
Mientras tiende la ropa, va pensando en cómo desarrollará el argumento que tiene a medias en la máquina de escribir.
Se da prisa, quiere terminar cuanto antes para poder sentarse ante las hojas en blanco, para exponer todo aquello que ahora ve con mucha claridad.
Las letras van apareciendo sin dudas, y las ideas quedan expuestas tal como ella las siente. Una vez terminado, lo vuelve a leer, corrige unas cuantas frases; sólo le queda pasarlo todo en limpio, y hacer copias.
La mejor cosa que puede hacer ahora es olvidarse momentáneamente del escrito, terminar con las tareas de la casa, y después de comer, cuando vuelva a quedarse sola en casa, sin ruidos ni nadie que la moleste, terminará definitivamente el trabajo.
En la cocina cuando ya todos se han ido, mientras prepara una cafetera va pensando si todo lo que ha plasmado gustará. Se encoge de hombros. ¡Es tan difícil llegar al corazón de la gente! Y no es este el único problema, ella no es una profesional de la escritura, lo hace porque le gusta, porque cuando escribe le parece que ha llenado un vacío, muy adentro de su ser. Se convence diciéndose a sí misma que sirve para algo más que criar a los hijos.
Pensándolo bien, la cuestión de educar a unos chiquitos, y hacerlos responsables, para que el día de mañana sean nobles, trabajadores, y honrados, ya es una tarea francamente difícil; aunque lo ha hecho con ilusión, y ternura en su momento, ella piensa que también tiene derecho a que su persona tenga otros alicientes, no sólo la familia aunque sea lo más importante. Sabe que el papel de madre nadie se lo podrá quitar nunca.
Reconoce que a pesar de todo no ha sido una tarea fácil enseñarles aquello que cree les puede ser más conveniente para ellos. Hoy en día todo ha cambiado demasiado, y no se puede tomar como modelo lo que a ella le enseñaron.
Con la taza de café con leche en la mano se dirige a la mesa del comedor.
Papeles, libretas, hojas de papel carbón “típex”, dos diccionarios, todo diseminado de cualquier manera encima de la mesa dando una sensación de desorden apabullante. Mira la hora que es. Tiene exactamente tres horas para poder trabajar tranquila, sin que nadie la moleste.
Decidida se dirige hasta el teléfono, y lo descuelga. Cierra la puerta del recibidor, y las dos que dan al comedor, mientras piensa muy convencida que aunque llamen desde abajo, ella no lo va a oír, por lo tanto no se quedará preocupada si llaman.
Ahora sí, ahora se sienta y entre sorbo y sorbo de café con leche, va escribiendo.
Se deleita transmitiendo al papel todo lo que ha ido imaginando en su mente.
Es una historia sin demasiada relevancia. Los personajes aunque ficticios no dejan de tener alguna similitud con las cosas que ella, o alguien cercano han vivido. Se congratula porque mientras ha ido desenvolviendo la historia, es como si la hubiera vivido en primera persona. Es como una huida de la monotonía y pesadez de lo cotidiano.
Cuenta Tere:
En cuanto llegamos a casa, tras el viaje todo volvió a ser más o menos como antes. Tan sólo había cambiado que durante el trayecto descubrí muchas cosas que desconocía del País. Con los años he ido descubriendo que la mejor manera de aprender geografía es sin dudarlo poder viajar.
Empecé a buscar en la libreta que siempre que he viajado he llevado conmigo, todas las cosas que había ido anotando.
Al leerlo de nuevo, volvía a sentir lo mismo que cuando lo viví por primera vez, y eso desde entonces me dio ánimos para no dejar de anotar muchas cosas, aunque fueran de lo más absurdo. Tarde o temprano me servirían de tema para mis narraciones.
Y de esta manera surgió “un día diferente,” que a lo largo de tantos años se ha ido repitiendo. Un montón de anécdotas que ahora al leerlas de nuevo me hacen sentir nostalgia, unas veces, y otras me rio a carcajadas por las innumerables travesuras de los hijos.
U N D I A D I F E R E N T E
Tenía ante sí la máquina de escribir, con las manos en posición como si estuviera a punto de interpretar un gran concierto de piano, la cabeza busca afanosamente un motivo para exponerlo letra tras letra, oración tras oración gramatical, relatando con destreza alguna idea que tenga su encanto.
Algo como un remolino se mueve dentro de su cabeza, tiene una idea vaga, pero le falta saberlo expresar. Le cuesta encontrar palabras sencillas, pero expresivas que lleguen por completo al lector. Piensa que tan sólo con un poco de concentración, lo conseguirá.
La narración empieza como casi todos los cuentos, una vez la primera frase, las palabras van fluyendo y logra describir las escenas que tiene en la mente sin demasiados contratiempos
El teléfono llama insistentemente, y con un gesto impaciente descuelga el auricular. La llamada no es para ella, toma nota del encargo que le dan para transmitirlo al familiar, mientras contesta con monosílabos. Ha dejado anotado todo en un papel.
Se vuelve a sentar ante la máquina de escribir. ¿Por dónde iba? Lee lo que acababa de expresar momentos antes de la llamada, y se queda inmóvil con los ojos cerrados, buscando las palabras exactas que darán vida a sus personajes, palabras que cuando ha sonado el teléfono, parecía que emanaban fluidamente de su cerebro, y que ahora tras la distracción, parece que han desaparecido por completo.
Inexplicablemente ahora no recuerda cuáles eran, le parece que lo que quería decir, ya no lo ve tan importante ni bonito como antes, y se queda en suspenso, pensando.
Teclea unas frases y después de leerlas las tacha, no le gustan. Por suerte es un borrador donde puede hacer todas las modificaciones que crea conveniente.
Por fin encuentra las palabras exactas, y los dedos corren ligeros por las letras, y el papel se llena de escenas, de hechos fantasiosos. Está contenta porque en pocos momentos ha sabido expresar cosas que retenía en su cabeza, y las ha sabido transmitir al papel. Quién sabe si alguien cuando lo lea se sentirá identificado con sus pensamientos.
Unas llamadas a la puerta, consiguen que de mala gana se levante de la silla, no sin rezongar por el camino, por la nueva interrupción.
Un poco agresiva pregunta por el interfono quién es. Desde la calle le piden que abra la puerta, es el cartero que necesita entrar. Duda unos momentos, pero acaba haciendo lo que le piden. Ha quedado un poco intranquila. ¿Y si no fuera cierto? Decide asegurarse y abre la ventana del pasillo desde donde se puede ver la entrada de la escalera. Comprueba personalmente que en efecto es el repartidor de Correos que va depositando en los buzones la correspondencia.
Respira tranquila después de verlo con sus propios ojos. Hubiera podido ser un desaprensivo – como los hay en la actualidad – que hubiera aprovechado cuando ella le ha abierto la puerta, para hacer cualquier desmán. O como los había tantos que luego iba piso por piso ofreciendo artículos de rebaja.
Bueno…otra vez ante la máquina de escribir. Lee las últimas frases que ha escrito. Ya no sabe exactamente por dónde iba el relato. Lo vuelve a leer todo, y le parece que algunas frases no han quedado bastante claras, ni están bien expresadas, que ha usado palabras que aunque son buenas, les falta sentimiento. Esto mismo, seguro que se puede decir de otra manera, más contundente, para realzar la acción. Se levanta y busca en el libro de sinónimos lo más apropiado. Sí, ahora ha quedado mucho mejor. Se da cuenta que ella misma, se hace los reproches, y ella misma se propone la solución.
Antes de volverse a sentar, se acerca hasta la lavadora de la ropa, para asegurarse si ya ha terminado el ciclo rápido de lavado. Todavía faltan unos minutos.
Comprende que es mejor no sentarse ante la máquina de escribir hasta que la ropa esté a punto de tenderla, después volverá a sentarse y tratará de seguir con un mínimo de interrupciones.
Para aprovechar aquellos minutos, decide hacer una llamada telefónica, dejando el reloj de manera que lo pueda ver en todo momento. Mientras habla, está pendiente de los centrifugados que hace la lavadora, éste ya debe ser el último, y aprovecha para cortar la conversación telefónica. Asegurándole a su amiga que en otro momento, continuarán la charla.
Mientras tiende la ropa, va pensando en cómo desarrollará el argumento que tiene a medias en la máquina de escribir.
Se da prisa, quiere terminar cuanto antes para poder sentarse ante las hojas en blanco, para exponer todo aquello que ahora ve con mucha claridad.
Las letras van apareciendo sin dudas, y las ideas quedan expuestas tal como ella las siente. Una vez terminado, lo vuelve a leer, corrige unas cuantas frases; sólo le queda pasarlo todo en limpio, y hacer copias.
La mejor cosa que puede hacer ahora es olvidarse momentáneamente del escrito, terminar con las tareas de la casa, y después de comer, cuando vuelva a quedarse sola en casa, sin ruidos ni nadie que la moleste, terminará definitivamente el trabajo.
En la cocina cuando ya todos se han ido, mientras prepara una cafetera va pensando si todo lo que ha plasmado gustará. Se encoge de hombros. ¡Es tan difícil llegar al corazón de la gente! Y no es este el único problema, ella no es una profesional de la escritura, lo hace porque le gusta, porque cuando escribe le parece que ha llenado un vacío, muy adentro de su ser. Se convence diciéndose a sí misma que sirve para algo más que criar a los hijos.
Pensándolo bien, la cuestión de educar a unos chiquitos, y hacerlos responsables, para que el día de mañana sean nobles, trabajadores, y honrados, ya es una tarea francamente difícil; aunque lo ha hecho con ilusión, y ternura en su momento, ella piensa que también tiene derecho a que su persona tenga otros alicientes, no sólo la familia aunque sea lo más importante. Sabe que el papel de madre nadie se lo podrá quitar nunca.
Reconoce que a pesar de todo no ha sido una tarea fácil enseñarles aquello que cree les puede ser más conveniente para ellos. Hoy en día todo ha cambiado demasiado, y no se puede tomar como modelo lo que a ella le enseñaron.
Con la taza de café con leche en la mano se dirige a la mesa del comedor.
Papeles, libretas, hojas de papel carbón “típex”, dos diccionarios, todo diseminado de cualquier manera encima de la mesa dando una sensación de desorden apabullante. Mira la hora que es. Tiene exactamente tres horas para poder trabajar tranquila, sin que nadie la moleste.
Decidida se dirige hasta el teléfono, y lo descuelga. Cierra la puerta del recibidor, y las dos que dan al comedor, mientras piensa muy convencida que aunque llamen desde abajo, ella no lo va a oír, por lo tanto no se quedará preocupada si llaman.
Ahora sí, ahora se sienta y entre sorbo y sorbo de café con leche, va escribiendo.
Se deleita transmitiendo al papel todo lo que ha ido imaginando en su mente.
Es una historia sin demasiada relevancia. Los personajes aunque ficticios no dejan de tener alguna similitud con las cosas que ella, o alguien cercano han vivido. Se congratula porque mientras ha ido desenvolviendo la historia, es como si la hubiera vivido en primera persona. Es como una huida de la monotonía y pesadez de lo cotidiano.
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