Hoy ( 11-02 -2017) subo los cap. del 34 al 39 que anteceden a los subidos hasta ahora que llegan al final de la primera parte con el cap. 82 , siguiendo la pauta para alcanzar el cap primero en el inicio de la narración.
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Parejas Perdurables (continuación 34)
Sobre la mesa del despacho, los ayudantes me dejaron reseña de las gestiones realizadas. Como no esperaba mucho más que el haber acabado los proyectos en curso y alguna que otra gestión para la creación de la Sociedad Inmobiliaria, quedé agradablemente sorprendido que ya tenía unas entrevistas inminentes con dos corredores de fincas interesantes.
Realicé pues al fin el viaje de novios (con churumbeles que dicen los gitanos), que a Tere también en definitiva, le entusiasmó dentro de lo que cabía. No hubiera sido lo mismo realizarlo solos. Cuando debía realizarlo, recién casados, el viaje se frustó por causa de la salud y más que limitada economía. En esta ocasión, la economía era algo mejor y la salud, nos respetó a todos. Sin embargo ni en una ocasión ni en la otra faltó el amor. O sea que enlazando ambas, tuvimos lo ideal “Salud, dinero y amor”, como dice la canción.
http://www.youtube.com/watch?v=eur5bNi6Yjo&feature=related
El dinero ahora, dado que ya éramos una familia de seis personas, debía no solo administrase sino también multiplicarlo paralelamente .
Un gasto necesario fue tomar una sirvienta para Tere. Cuatro niños, con el último apenas destetado, la ocupaban demasiado. En principio la tomaríamos por horas, pero preví que a no tardar deberíamos disponer de una criada, tal como era lo usual en las familias ricas tanto con muchos o pocos familiares. Nosotros no teníamos elección. De puertas afuera, pareceríamos ricos.
Repasé las cuentas bancarias . Con la inyección del talón por la venta de Vespella, podía permitirme abrir una nueva cuenta a otro banco, destinada a la Sociedad a crear.
Además las gestiones para captar capital, también iban por buen camino. Todo se centraba pues en organizar el despacho en departamentos. Uno sería el Técnico, otro el comercial, otro contabilidad y el más importante, el financiero.
Eso creí al principio pero a poco, tuve que incrementarlo con el de publicidad.
De las fincas ofertadas por los corredores, opté por la de Sumella, de 24 hectáreas, a caballo de dos Municipios de la Costa Dorada.
En principio me pareció una dificultad el hecho de que quedara dividida en dos partes tributando cada cual al municipio correspondiente. Al ser rústica, lo único que delataba esta particularidad era un mojón de un metro de altura, con su número catastral.
Y al ser abandonada de años, allí no había más que algarrobos dispersos, de rendimiento negativo.
Hubo un tiempo, el de la guerra civil, en que se le sacaba partido. La carencia de todo tipo de comestibles, hacía que las algarrobas además de suministrase con el pienso para las caballerías, se utilizaban para la fabricación de chocolate para el público pobre y famélico, que éramos todos.
Y ya que hago esta mención, la complemento con la de los nabos para los cerdos que son de dimensiones considerables, pero de sabor amargo-picante. Igual que en la película Lo que el Viento se llevó, muchos los arrancaban del campo para consumirlos allí mismo.
Tomadas las decisiones dejé encargo al segundo de a bordo, que seleccionara a los delineantes en dos grupos; unos para trabajos de campo y los otros para los de gabinete, en el bien entendido que de precisarse, en ocasiones fueran ambivalentes. Pero a uno sí lo seleccionamos para exclusivamente dedicarse a la rotulación de los planos. Manejaba con rapidez el rotulador con plantilla.
Luego decididamente la recepcionista, no podría asumir la sobrecarga de mecanógrafa. Tenía trabajos de campo a iniciar para el Ayuntamiento de Santa Susana, en la costa del Maresme, y para un potentado que adquirió una gran finca de paisaje variado, agreste, abrupto, planicie, regadío y construcciones diseminadas para los cazadores, en Gallifa. Esto nos daba trabajo para unos cuantos meses.
Compaginarlo además, con la petición de un promotor urbanista en la finca Mas Ambrós de Calonge, en la Costa Brava, de intervenir asiduamente desde el levantamiento topográfico, al replanteo de las calles y futura parcelación, amén que confección de los planos de los solares a medida que estos se vendieran, ya resultaba complicado.
La juventud lo puede todo y en lugar de recapacitar sobre la saturación de trabajo, lo que vi fue lo contrario. Una seguridad laboral para varios años venideros y que me permitirían seguir adelante con mi proyectada sociedad inmobiliaria.
Así que lo comenté con Tere y me dijo que en la escuela de los niños, le dijeron que una señora buscaba trabajo de oficinista para su hija de quince años que era muy diligente.
Cuando la necesidad aprieta no se puede andar con remilgos. Pregunté si escribía a máquina con alguna agilidad y nada más. Como esto era lo que privaba en aquél tiempo, era natural que esta niña, al igual que Tere en su día con la misma edad, no le fuera obstáculo.
A la mañana siguiente, una señora con su hija me aguardaba al recibidor del despacho.
Claro tan urgente resultaba para mí como por lo visto, para esta señora.
Tuve un chispazo mental al fijarme en la niña: me recordó a Tere la primera vez que la vi, a sus trece años. Pero esta tenía quince y aún parecía menor.
La señora expuso que era una chica (ya no la presentaba como niña, pues a partir de los catorce años era legal contratar oficinistas), pulida, obediente y muy responsable.
Que lo tuviera en cuenta, por su extrema sensibilidad. Que quedaría satisfecho de su laboriosidad, pero que no la agobiara.
Esto me parecía un despropósito. Ni yo era un ogro, ni la señora me conocía, ni el trabajo de mecanógrafa daba para altercados. Pero ella insistió en este punto ya que si apreciaba por mi parte una excesiva actividad de la chica, la librara del trabajo o la despidiera, pues era su hija muy querida y sufría por lo delicado de su carácter.
Le conté que lo único que debería realizar era pasar a máquina las memorias de proyectos técnicos, o las cartas a clientes, o las facturas que le darían de contabilidad. Por descontado atender al teléfono.
No imaginé que lo remarcado por la señora trajera consecuencias. Firmamos el trato y me olvidé por completo de la cuestión.
La presenté al segundo, al contable y a la señorita de recepción. A los delineantes ya los iría conociendo. El trabajo, se lo irían pasando a medida que surgiera.
Punto final de la adquisición de la mecanógrafa y decisión firme de adquirir la finca de Sumella.
Claro que había un problema gordo. Su valor entraba en mis cálculos y podía alcanzarlo con mis medios y con una ayudita bancaria. Lo que excedía eran los costos de legalización. Había que atender a dos Municipios, los tributos catastrales, la comisión del corredor, los gastos Notariales, los de Registro de la Propiedad y las Plus valías que no abonaría el vendedor, a pesar de ser de su incumbencia, además de los tributos atrasados sin abonar, entrando en curso de sanción.
Claro si la vendían barata, era obvio que por necesidad. Al mencionar la situación, Tere intentó sacarme de la cabeza esta compra.
-No empieces algo con problemas conocidos onerosos. Los ocultos pueden ser aún peor.
-Pero, mujer, la finca tiene visos de porvenir. Están proliferando urbanizaciones por doquier. Conozco a muchas que no reúnen las condiciones de esta finca y triunfan. Y necesitamos algo lucrativo que nos permita una vida holgada.
-Pues tú verás. Por cierto en la carnicería me han recomendado una mujer para lavar, coser y planchar. Me irá bien la ayuda para atender bien a los niños.
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Parejas Perdurables (continuación 34)
Sobre la mesa del despacho, los ayudantes me dejaron reseña de las gestiones realizadas. Como no esperaba mucho más que el haber acabado los proyectos en curso y alguna que otra gestión para la creación de la Sociedad Inmobiliaria, quedé agradablemente sorprendido que ya tenía unas entrevistas inminentes con dos corredores de fincas interesantes.
Realicé pues al fin el viaje de novios (con churumbeles que dicen los gitanos), que a Tere también en definitiva, le entusiasmó dentro de lo que cabía. No hubiera sido lo mismo realizarlo solos. Cuando debía realizarlo, recién casados, el viaje se frustó por causa de la salud y más que limitada economía. En esta ocasión, la economía era algo mejor y la salud, nos respetó a todos. Sin embargo ni en una ocasión ni en la otra faltó el amor. O sea que enlazando ambas, tuvimos lo ideal “Salud, dinero y amor”, como dice la canción.
http://www.youtube.com/watch?v=eur5bNi6Yjo&feature=related
El dinero ahora, dado que ya éramos una familia de seis personas, debía no solo administrase sino también multiplicarlo paralelamente .
Un gasto necesario fue tomar una sirvienta para Tere. Cuatro niños, con el último apenas destetado, la ocupaban demasiado. En principio la tomaríamos por horas, pero preví que a no tardar deberíamos disponer de una criada, tal como era lo usual en las familias ricas tanto con muchos o pocos familiares. Nosotros no teníamos elección. De puertas afuera, pareceríamos ricos.
Repasé las cuentas bancarias . Con la inyección del talón por la venta de Vespella, podía permitirme abrir una nueva cuenta a otro banco, destinada a la Sociedad a crear.
Además las gestiones para captar capital, también iban por buen camino. Todo se centraba pues en organizar el despacho en departamentos. Uno sería el Técnico, otro el comercial, otro contabilidad y el más importante, el financiero.
Eso creí al principio pero a poco, tuve que incrementarlo con el de publicidad.
De las fincas ofertadas por los corredores, opté por la de Sumella, de 24 hectáreas, a caballo de dos Municipios de la Costa Dorada.
En principio me pareció una dificultad el hecho de que quedara dividida en dos partes tributando cada cual al municipio correspondiente. Al ser rústica, lo único que delataba esta particularidad era un mojón de un metro de altura, con su número catastral.
Y al ser abandonada de años, allí no había más que algarrobos dispersos, de rendimiento negativo.
Hubo un tiempo, el de la guerra civil, en que se le sacaba partido. La carencia de todo tipo de comestibles, hacía que las algarrobas además de suministrase con el pienso para las caballerías, se utilizaban para la fabricación de chocolate para el público pobre y famélico, que éramos todos.
Y ya que hago esta mención, la complemento con la de los nabos para los cerdos que son de dimensiones considerables, pero de sabor amargo-picante. Igual que en la película Lo que el Viento se llevó, muchos los arrancaban del campo para consumirlos allí mismo.
Tomadas las decisiones dejé encargo al segundo de a bordo, que seleccionara a los delineantes en dos grupos; unos para trabajos de campo y los otros para los de gabinete, en el bien entendido que de precisarse, en ocasiones fueran ambivalentes. Pero a uno sí lo seleccionamos para exclusivamente dedicarse a la rotulación de los planos. Manejaba con rapidez el rotulador con plantilla.
Luego decididamente la recepcionista, no podría asumir la sobrecarga de mecanógrafa. Tenía trabajos de campo a iniciar para el Ayuntamiento de Santa Susana, en la costa del Maresme, y para un potentado que adquirió una gran finca de paisaje variado, agreste, abrupto, planicie, regadío y construcciones diseminadas para los cazadores, en Gallifa. Esto nos daba trabajo para unos cuantos meses.
Compaginarlo además, con la petición de un promotor urbanista en la finca Mas Ambrós de Calonge, en la Costa Brava, de intervenir asiduamente desde el levantamiento topográfico, al replanteo de las calles y futura parcelación, amén que confección de los planos de los solares a medida que estos se vendieran, ya resultaba complicado.
La juventud lo puede todo y en lugar de recapacitar sobre la saturación de trabajo, lo que vi fue lo contrario. Una seguridad laboral para varios años venideros y que me permitirían seguir adelante con mi proyectada sociedad inmobiliaria.
Así que lo comenté con Tere y me dijo que en la escuela de los niños, le dijeron que una señora buscaba trabajo de oficinista para su hija de quince años que era muy diligente.
Cuando la necesidad aprieta no se puede andar con remilgos. Pregunté si escribía a máquina con alguna agilidad y nada más. Como esto era lo que privaba en aquél tiempo, era natural que esta niña, al igual que Tere en su día con la misma edad, no le fuera obstáculo.
A la mañana siguiente, una señora con su hija me aguardaba al recibidor del despacho.
Claro tan urgente resultaba para mí como por lo visto, para esta señora.
Tuve un chispazo mental al fijarme en la niña: me recordó a Tere la primera vez que la vi, a sus trece años. Pero esta tenía quince y aún parecía menor.
La señora expuso que era una chica (ya no la presentaba como niña, pues a partir de los catorce años era legal contratar oficinistas), pulida, obediente y muy responsable.
Que lo tuviera en cuenta, por su extrema sensibilidad. Que quedaría satisfecho de su laboriosidad, pero que no la agobiara.
Esto me parecía un despropósito. Ni yo era un ogro, ni la señora me conocía, ni el trabajo de mecanógrafa daba para altercados. Pero ella insistió en este punto ya que si apreciaba por mi parte una excesiva actividad de la chica, la librara del trabajo o la despidiera, pues era su hija muy querida y sufría por lo delicado de su carácter.
Le conté que lo único que debería realizar era pasar a máquina las memorias de proyectos técnicos, o las cartas a clientes, o las facturas que le darían de contabilidad. Por descontado atender al teléfono.
No imaginé que lo remarcado por la señora trajera consecuencias. Firmamos el trato y me olvidé por completo de la cuestión.
La presenté al segundo, al contable y a la señorita de recepción. A los delineantes ya los iría conociendo. El trabajo, se lo irían pasando a medida que surgiera.
Punto final de la adquisición de la mecanógrafa y decisión firme de adquirir la finca de Sumella.
Claro que había un problema gordo. Su valor entraba en mis cálculos y podía alcanzarlo con mis medios y con una ayudita bancaria. Lo que excedía eran los costos de legalización. Había que atender a dos Municipios, los tributos catastrales, la comisión del corredor, los gastos Notariales, los de Registro de la Propiedad y las Plus valías que no abonaría el vendedor, a pesar de ser de su incumbencia, además de los tributos atrasados sin abonar, entrando en curso de sanción.
Claro si la vendían barata, era obvio que por necesidad. Al mencionar la situación, Tere intentó sacarme de la cabeza esta compra.
-No empieces algo con problemas conocidos onerosos. Los ocultos pueden ser aún peor.
-Pero, mujer, la finca tiene visos de porvenir. Están proliferando urbanizaciones por doquier. Conozco a muchas que no reúnen las condiciones de esta finca y triunfan. Y necesitamos algo lucrativo que nos permita una vida holgada.
-Pues tú verás. Por cierto en la carnicería me han recomendado una mujer para lavar, coser y planchar. Me irá bien la ayuda para atender bien a los niños.
Parejas
perdurables (continuación 34 a)
La semana transcurrió vertiginosa debido a la vorágine de asuntos a poner en marcha.
Con el propietario de Sumella, entablé conversación en dos encuentros. Uno en su domicilio y otro en mi despacho. La propuesta que le hice como ultimátum, la aceptó, tras consultar con un abogado pariente suyo.
Para ahorrar una cantidad considerable en los gastos de legalización, convine una entente a medias. Él percibiría un plus en el precio estipulado a plazos y me permitiría elevar a público ventas parciales a terceros que resultaran de valor menor al devengado por los plazos.
El documento de compra-venta, se extinguiría en un par de años, o se elevaría a público por el resto de superficie no segregada.
Con ello las garantías iban a su favor, pues podía jugármela vendiendo en el ínterin la finca no escriturada, que si bien fuera una estafa, la reclamación debería realizarse por querella criminal.
Incluso con sentencia a mi favor, su resolución dilatada en el tiempo (lo usual), me perjudicaría aún más que dar por perdidas las cantidades entregadas. Y el propietario aconsejado por su pariente abogado, lo sabía perfectamente.
Tuve que fiarme. De no realizar tal pacto, me quedaba con la finca pero sin capital para urbanizarla. Los bancos a una finca rústica sin construcciones en ella, no arriesgaban en hipoteca más de un diez por ciento del valor catastral que ya de por sí resulta muy bajo, por lo cual, no podía contar con su ayuda.
Sin otra salida, le pedí que a su vez me compensara con una garantía. Debía otorgarme un poder Notarial específico para la venta de segregaciones que cumplieran lo acordado. De esta forma holgaba acudir él a la Notaría cada vez que se realizara una segregación de solares.
Le pareció bien ya que se desentendía de mis tejemanejes con una sola firma.
La redacción del contrato privado y la del Poder, fueron los primeros documentos cuya transcripción a máquina por duplicado, requerí a Tecla, la mecanógrafa recién incorporada.
Otro escollo fue el que el segundo de abordo, abandonaba el barco. Me lo temía ya que estaba finalizando la carrera y seguro tendría otros planes.
El suplente fue Orpí un Arquitecto novato, deseoso de hacer prácticas.
Adquirí nuevo equipo topogáfico . Estrenaríamos el teodolito taquímetro autoreductor que se promocionaba entonces y que nos ahorraría mucho tiempo en el cálculo de la libreta taquimétrica.
También adquirí un coche de segunda mano, para transporte de los ayudantes. La inversión para el gabinete topográfico iba creciendo. Y la de la Sociedad, se preveía más cuantiosa.
Decidí para los trabajos de larga duración, dedicar un día semanal de campo a cada uno de ellos, por lo que restarían tres días para imprevistos.
Los imprevistos lo mismo pudieran destinarse a trabajos nuevos como para acelerar los trabajos de Calonge.
Para elegir el nombre de la sociedad, me ayudó el cura de Cubera al conocer mi proyecto. Era un cura joven con ganas de ser asequible al pueblo llano, introduciendo novedosas ideas para modernizar los ritos. Ya no usaba la sotana sino en contadas ocasiones. Me propuso que al urbanizar a poco más de medio kilómetro del pueblo, construyera un pequeño oratorio rural dedicado a Santa María. Era claro que velaba por sus intereses ya que a sí mismo se denominaba su parroquia.
No me pareció mal encomendarme a Santa María y a todos los Santos para que me protegieran de debacles en el negocio.
Decidido, la llamé USAMA S.A. Por Urbanización Santa María Sociedad Anónima.
Lo imprevisto fue la mal acogida que me dio su Alcalde, al proponer el desarrollo de un plan Urbanístico en Santa María. Sin comprometerse en dar beneplácito alguno, excusó que el tema debía resolverlo el Arquitecto Municipal.
Esto era un NO. Ya tenía noticias de la Dictadura descarada que ejecutaba el Alcalde. Caciques se les llamaba a los que actuaban abusando de su autoridad no permitiendo nada que a ellos no les reportara un beneficio directo, o indirecto.
Y qué decir del Alcalde del otro Municipio. De la misma calaña, pero muy sutil. Se limitó a sacar balones fuera, ya que su Pueblo Anova, se hallaba alejado y sin comunicación con la finca que pretendía Urbanizar. Esto sería mejor que el proyecto lo realizara en vistas a Cubera. Realizando el acceso por allí, su ayuntamiento nada tendría que oponer.
Un lince. Sabía como las gastaba su colega de Cubera, por lo cual sin negar verbalmente, negaba a sabiendas.
Pero yo ya no era un imberbe, de modo que oliendo la búsqueda de un soborno, al que no quería prestarme, recurrí a un colega abogado especialista en temas urbanísticos.
No se acababan los problemas. Una semana y media duró Tecla. Apenas tuve contacto ningún día con ella, debido a que pasé más tiempo fuera que en el despacho.
Y allí de nuevo me aguardaba su madre.
La semana transcurrió vertiginosa debido a la vorágine de asuntos a poner en marcha.
Con el propietario de Sumella, entablé conversación en dos encuentros. Uno en su domicilio y otro en mi despacho. La propuesta que le hice como ultimátum, la aceptó, tras consultar con un abogado pariente suyo.
Para ahorrar una cantidad considerable en los gastos de legalización, convine una entente a medias. Él percibiría un plus en el precio estipulado a plazos y me permitiría elevar a público ventas parciales a terceros que resultaran de valor menor al devengado por los plazos.
El documento de compra-venta, se extinguiría en un par de años, o se elevaría a público por el resto de superficie no segregada.
Con ello las garantías iban a su favor, pues podía jugármela vendiendo en el ínterin la finca no escriturada, que si bien fuera una estafa, la reclamación debería realizarse por querella criminal.
Incluso con sentencia a mi favor, su resolución dilatada en el tiempo (lo usual), me perjudicaría aún más que dar por perdidas las cantidades entregadas. Y el propietario aconsejado por su pariente abogado, lo sabía perfectamente.
Tuve que fiarme. De no realizar tal pacto, me quedaba con la finca pero sin capital para urbanizarla. Los bancos a una finca rústica sin construcciones en ella, no arriesgaban en hipoteca más de un diez por ciento del valor catastral que ya de por sí resulta muy bajo, por lo cual, no podía contar con su ayuda.
Sin otra salida, le pedí que a su vez me compensara con una garantía. Debía otorgarme un poder Notarial específico para la venta de segregaciones que cumplieran lo acordado. De esta forma holgaba acudir él a la Notaría cada vez que se realizara una segregación de solares.
Le pareció bien ya que se desentendía de mis tejemanejes con una sola firma.
La redacción del contrato privado y la del Poder, fueron los primeros documentos cuya transcripción a máquina por duplicado, requerí a Tecla, la mecanógrafa recién incorporada.
Otro escollo fue el que el segundo de abordo, abandonaba el barco. Me lo temía ya que estaba finalizando la carrera y seguro tendría otros planes.
El suplente fue Orpí un Arquitecto novato, deseoso de hacer prácticas.
Adquirí nuevo equipo topogáfico . Estrenaríamos el teodolito taquímetro autoreductor que se promocionaba entonces y que nos ahorraría mucho tiempo en el cálculo de la libreta taquimétrica.
También adquirí un coche de segunda mano, para transporte de los ayudantes. La inversión para el gabinete topográfico iba creciendo. Y la de la Sociedad, se preveía más cuantiosa.
Decidí para los trabajos de larga duración, dedicar un día semanal de campo a cada uno de ellos, por lo que restarían tres días para imprevistos.
Los imprevistos lo mismo pudieran destinarse a trabajos nuevos como para acelerar los trabajos de Calonge.
Para elegir el nombre de la sociedad, me ayudó el cura de Cubera al conocer mi proyecto. Era un cura joven con ganas de ser asequible al pueblo llano, introduciendo novedosas ideas para modernizar los ritos. Ya no usaba la sotana sino en contadas ocasiones. Me propuso que al urbanizar a poco más de medio kilómetro del pueblo, construyera un pequeño oratorio rural dedicado a Santa María. Era claro que velaba por sus intereses ya que a sí mismo se denominaba su parroquia.
No me pareció mal encomendarme a Santa María y a todos los Santos para que me protegieran de debacles en el negocio.
Decidido, la llamé USAMA S.A. Por Urbanización Santa María Sociedad Anónima.
Lo imprevisto fue la mal acogida que me dio su Alcalde, al proponer el desarrollo de un plan Urbanístico en Santa María. Sin comprometerse en dar beneplácito alguno, excusó que el tema debía resolverlo el Arquitecto Municipal.
Esto era un NO. Ya tenía noticias de la Dictadura descarada que ejecutaba el Alcalde. Caciques se les llamaba a los que actuaban abusando de su autoridad no permitiendo nada que a ellos no les reportara un beneficio directo, o indirecto.
Y qué decir del Alcalde del otro Municipio. De la misma calaña, pero muy sutil. Se limitó a sacar balones fuera, ya que su Pueblo Anova, se hallaba alejado y sin comunicación con la finca que pretendía Urbanizar. Esto sería mejor que el proyecto lo realizara en vistas a Cubera. Realizando el acceso por allí, su ayuntamiento nada tendría que oponer.
Un lince. Sabía como las gastaba su colega de Cubera, por lo cual sin negar verbalmente, negaba a sabiendas.
Pero yo ya no era un imberbe, de modo que oliendo la búsqueda de un soborno, al que no quería prestarme, recurrí a un colega abogado especialista en temas urbanísticos.
No se acababan los problemas. Una semana y media duró Tecla. Apenas tuve contacto ningún día con ella, debido a que pasé más tiempo fuera que en el despacho.
Y allí de nuevo me aguardaba su madre.
Parejas
perdurables (continuación 35)
¿Qué ocurrirá, pensé?. Sin comerlo ni beberlo, me hallaba involucrado en una misteriosa trama que me convirtió, en el ogro que no creía ser.
-Le ruego Señor, que disculpe a mi hija, ya que el Doctor la está medicando y le recomendó que aparte de tomar tranquilizantes debe cesar en actividad laboral. Si le parece, dado el poco tiempo que estuvo con Ud. nos despediríamos sin más.
-Pero, ¿cómo?. ¿Qué le ocurre a Tecla?. Siento mucho que con las esperanzas que depositaba, tenga que prescindir de ella.
-Me lo temí que sucedería esto por lo cual le insistí en la extrema sensibilidad de mi hija. Se toma el trabajo muy a pecho y cualquier presión la estresa.
No me lo podía creer. ¿Qué estrés?. Si en todos estos días no le encargué más que la transcripción de los documentos para los contratos de la compra de Sumella y un par de cartas a clientes. En todo caso a partir de ahora, sí tendría verdadero trabajo por asumir todo lo de la nueva organización.
-Siento mucho esta situación y más aún por no haber sido consciente de su estado anímico. De ninguna manera quisiera agravar su delicada salud. Por descontado que le abonaré su trabajo que bien merecido lo tiene.
Pensé en que debía indagar lo que ocurrió ya que las pocas veces que vi a Tecla por el despacho, siempre sonriente, atenta, y en su mesa ordenada……¡ Ya!, ¡ Claro!, superordenada. No tenía papeles desperdigados, sólo un retrato de su madre, la máquina de escribir y el teléfono. ¿Cómo realizaba su trabajo? ¿Dónde tenía el material de oficina?.
Posteriormente supe que de los seis cajones de su mesa despacho, uno era exclusivo para sus efectos personales y los otros cinco, traían unos rótulos pegados indicando su contenido.
1)-Material mecanográfico,
2)-Material dibujo.
3)-Fichero clientes.
4)-Citas anuncios.
5)-Notas contabilidad.
Y no sólo eso. El interior de los cajones con una perfección inusitada mantenía extremo orden. Los lapiceros, colocados paralelamente todos perfectamente afilados mirando al Norte. A la derecha los de colores y a la izquierda los negros de distintas durezas. Entre ellos, las gomas de borrar lápiz y tinta. Frente a ellos las grapas, su grapadora, unas tijeras y el afilador de lápices.
El fichero de clientes, por grupos enlazados con una cinta los de clientes, los de proveedores, los de citas previas, los de bancos y la correspondencia pendiente.
En fin, en el cajón del material mecanográfico, además de cuartillas , folios y carpetas para dosier, mantenía el papel carbón separado por un diccionario, a todas luces usado para comprobación en sus transcripciones, que por lo visto, le evitó más de un error del original a transcribir.
Y los sobres de cartas, con su sello correspondiente.
En las citas anuncios, se distinguían asimismo dos tipos de post-it para Don Carlos recados urgentes, para anuncios publicitarios, para citas personal, para llamadas preferentes.
Y me di cuenta que en verdad mis citas y horarios planificados, se desarrollaron sin inconvenientes.
Total tenía una SECRETARIA perfecta, en lugar de una simple mecanógrafa, habiéndolo ignorado.
La Recepcionista me comentó que viendo como Tecla estaba muy atareada, se le ofreció repetidamente para mecanografiar algún documento, ya que ella disponía de muchos ratos libres. Sin embargo no le parecía bien a Tecla que alguien realizara su trabajo. Y esto hizo que cada día sobre su mesa aparecía algo del contable, o de los delineantes para transcribir, o encarpetar los dosieres. Y siempre era la última en salir del despacho puesto que sí tenía trabajo, mucho más de lo que le había mandado yo.
-Será Ud, quien me tenga que disculpar el no haber prestado suficiente atención a su hija. Estuve y sigo estando muy ocupado por crear una Sociedad, lo que me apartó de la oficina muchos días.
Lamenté la pérdida de la “niña”, pero automáticamente la recepcionista se encargó de poner un anuncio para una suplente. Aunque no fuera un dechado de perfección, como Tecla.
Ahora el siguiente problema era el de considerar el valor del capital idóneo a declarar en la constitución de la Sociedad y los nombres de los socios fundadores.
Lógico que el principal accionista sería yo, atribuyéndome el 80%, luego pondría a Tere con el 16% y el resto del 4%, para el posible tercer socio obligado. Una sociedad anónima requería un mínimo de tres socios y su peso decisorio hasta el 5% de participación era muy débil. Otra precaución a tomar.
¿Podría contar con mi Arquitecto colaborador?
¿Qué ocurrirá, pensé?. Sin comerlo ni beberlo, me hallaba involucrado en una misteriosa trama que me convirtió, en el ogro que no creía ser.
-Le ruego Señor, que disculpe a mi hija, ya que el Doctor la está medicando y le recomendó que aparte de tomar tranquilizantes debe cesar en actividad laboral. Si le parece, dado el poco tiempo que estuvo con Ud. nos despediríamos sin más.
-Pero, ¿cómo?. ¿Qué le ocurre a Tecla?. Siento mucho que con las esperanzas que depositaba, tenga que prescindir de ella.
-Me lo temí que sucedería esto por lo cual le insistí en la extrema sensibilidad de mi hija. Se toma el trabajo muy a pecho y cualquier presión la estresa.
No me lo podía creer. ¿Qué estrés?. Si en todos estos días no le encargué más que la transcripción de los documentos para los contratos de la compra de Sumella y un par de cartas a clientes. En todo caso a partir de ahora, sí tendría verdadero trabajo por asumir todo lo de la nueva organización.
-Siento mucho esta situación y más aún por no haber sido consciente de su estado anímico. De ninguna manera quisiera agravar su delicada salud. Por descontado que le abonaré su trabajo que bien merecido lo tiene.
Pensé en que debía indagar lo que ocurrió ya que las pocas veces que vi a Tecla por el despacho, siempre sonriente, atenta, y en su mesa ordenada……¡ Ya!, ¡ Claro!, superordenada. No tenía papeles desperdigados, sólo un retrato de su madre, la máquina de escribir y el teléfono. ¿Cómo realizaba su trabajo? ¿Dónde tenía el material de oficina?.
Posteriormente supe que de los seis cajones de su mesa despacho, uno era exclusivo para sus efectos personales y los otros cinco, traían unos rótulos pegados indicando su contenido.
1)-Material mecanográfico,
2)-Material dibujo.
3)-Fichero clientes.
4)-Citas anuncios.
5)-Notas contabilidad.
Y no sólo eso. El interior de los cajones con una perfección inusitada mantenía extremo orden. Los lapiceros, colocados paralelamente todos perfectamente afilados mirando al Norte. A la derecha los de colores y a la izquierda los negros de distintas durezas. Entre ellos, las gomas de borrar lápiz y tinta. Frente a ellos las grapas, su grapadora, unas tijeras y el afilador de lápices.
El fichero de clientes, por grupos enlazados con una cinta los de clientes, los de proveedores, los de citas previas, los de bancos y la correspondencia pendiente.
En fin, en el cajón del material mecanográfico, además de cuartillas , folios y carpetas para dosier, mantenía el papel carbón separado por un diccionario, a todas luces usado para comprobación en sus transcripciones, que por lo visto, le evitó más de un error del original a transcribir.
Y los sobres de cartas, con su sello correspondiente.
En las citas anuncios, se distinguían asimismo dos tipos de post-it para Don Carlos recados urgentes, para anuncios publicitarios, para citas personal, para llamadas preferentes.
Y me di cuenta que en verdad mis citas y horarios planificados, se desarrollaron sin inconvenientes.
Total tenía una SECRETARIA perfecta, en lugar de una simple mecanógrafa, habiéndolo ignorado.
La Recepcionista me comentó que viendo como Tecla estaba muy atareada, se le ofreció repetidamente para mecanografiar algún documento, ya que ella disponía de muchos ratos libres. Sin embargo no le parecía bien a Tecla que alguien realizara su trabajo. Y esto hizo que cada día sobre su mesa aparecía algo del contable, o de los delineantes para transcribir, o encarpetar los dosieres. Y siempre era la última en salir del despacho puesto que sí tenía trabajo, mucho más de lo que le había mandado yo.
-Será Ud, quien me tenga que disculpar el no haber prestado suficiente atención a su hija. Estuve y sigo estando muy ocupado por crear una Sociedad, lo que me apartó de la oficina muchos días.
Lamenté la pérdida de la “niña”, pero automáticamente la recepcionista se encargó de poner un anuncio para una suplente. Aunque no fuera un dechado de perfección, como Tecla.
Ahora el siguiente problema era el de considerar el valor del capital idóneo a declarar en la constitución de la Sociedad y los nombres de los socios fundadores.
Lógico que el principal accionista sería yo, atribuyéndome el 80%, luego pondría a Tere con el 16% y el resto del 4%, para el posible tercer socio obligado. Una sociedad anónima requería un mínimo de tres socios y su peso decisorio hasta el 5% de participación era muy débil. Otra precaución a tomar.
¿Podría contar con mi Arquitecto colaborador?
Parejas
perdurables (continuación 35 a)
Rut, se llamaba la nueva empleada. Pero no la tomé como mecanógrafa. La destiné a recepción. Judit, estaba mejor preparada para sustituir a Tecla. Judit se ocuparía de la mecanografía y de todo lo que Tecla sin yo haber sido consciente, realizaba.
Una Secretaria, era lo que necesitaba y Judit con el tiempo que llevaba en el Gabinete, estaba al corriente de todo.
Una vez acordado con Orpí, el arquitecto colaborador, que los honorarios del anteproyecto de la urbanización Santa María, visado del Colegio de Arquitectos y futuro Proyecto para ambos municipios los destinaría como aporte a la Sociedad, lo ligué con la primera segregación de la finca Sumella a su favor.
Su valor, lo equipararía al de las futuras facturas del proyecto, contra la Sociedad.
Así la sociedad disponía de un Capital dinerario más otro por Propiedad inmobiliaria. Daba mayor seriedad y apariencia ante los esperados clientes.
El Propietario, firmó los documentos previstos, una vez percibida la cantidad estipulada.
Ante Notario una vez obtuve el poder, procedí a la venta de la primera segregación de tres hectáreas de la parte alta de la finca, a favor de Orpí. Y seguidamente, creamos la Sociedad, en la que intervino también Tere.
Al mismo Notario encargué las legalizaciones y con su gestor atender los arbitrios y gravámenes de la finca adquirida, para ya disponer de una Finca libre de cargas, lista sin impedimentos legales para sus futuras segregaciones a favor de terceros.
Seguidamente atendí los consejos de mi amigo abogado, y antes de recurrir a una alternativa legal in extremis, reemprendí diálogos con los Alcaldes.
Varios meses, transcurrieron sin ningún avance que presumiera aceptación por parte de ellos.
Como la base del negocio estriba en las ventas, si no realizaba ninguna, llegaría el día que no podría afrontar ni los gastos de legalización, ni los de la nómina ya respetable del Gabinete.
Pasé el Anteproyecto a mi abogado para que cursara las gestiones pertinentes, a fin de obtener los deseados permisos.
Me desentendí de sus gestiones ya que escapaban a mi conocimiento.
Para propiciar algún avance físico, solicité a ambos municipios licencia para una obra sobre la parte de finca matriz que correspondía a cada cual.
Al no tratarse de lo adquirido por la Sociedad, la solicitud de edificación de un particular sobre su propiedad, ni uno ni otro pudieron negar mis solicitudes.
La superficie de la finca rústica superaba con creces el mínimo edificable.
Con tal licencia, pasé a solventar el problema del agua. El precio de la traída de agua desde Cubera a Sumella, era inasequible. Se respiraba la influencia del Alcalde. La Empresa concesionaria, no viendo negocio sustancioso para un par de viviendas en proyecto, pedía el importe total de la infraestructura para la traída del agua hasta la entrada de la finca.
Desistí pues de la Compañía y busqué a un zahorí.
Mientras, el propietario de una finca con frente al camino que comunicaba Sumella con Cubera, viendo meses de movimiento con maquinaria que contraté para la aperturas de calles, al solicitarle que permitiera ampliar el camino de dos metros y medio, se negó.
Le expuse que pretendía que sus veinte metros de fachada, los retrocediera tres metros ya que el vecino del otro lado del camino, gustoso permitía retroceder cuatro metros y medio más, convirtiendo el camino en una calle de diez metros ancho. Le revalorizaría su finca.
No solo no permitió esta ampliación sino que dio a entender que si me extralimitaba, me demandaría.
Seguro que conocía mi talón de Aquiles. Como no disponía de licencia para Urbanizar, un simple chivatazo al Alcalde era suficiente para pararme los pies.
Promover una Urbanización a la que los clientes tuvieran que acceder recorriendo medio kilómetro con un camino estrecho y sin asfaltar, resultaba ilusorio.
Cuanta razón tenía Tere, con lo de los problemas ocultos. Sin embargo, no podía echarme atrás.
Nuevas gestiones, condujeron a complicar la cuestión con lo que desistí de utilizar este camino como acceso principal. Recurrí a otro propietario de una finca que enlazaba Cubera con Sumella, pero no le atravesaba ningún camino.
Tenía que convencerle de una de cuatro opciones:
Ceder el paso gratuito.
Vender la superficie necesaria para convertirla en vial.
Vender la finca en su totalidad.
Ceder el paso y adherirse a la urbanización.
Otro mes transcurrió antes no decidió optar por vender la finca en su totalidad.
Restaba otro problema básico: La electricidad. Por allí lo máximo divisado correspondía a una deficiente instalación para Cubera, de una compañía de suministro por reventa, ya que se trataba de una población semirural con setecientos habitantes. Había que aguardar que las grandes compañías planificaran su red futura. Y por aquellos días la que mostraba mejor expectativa era ENHER.
La negociación también resultó dura. Para convencerles debía presentarles los planos aprobados por Urbanismo. Ya, ya, y si la construcción de la línea hasta mi finca, la financiaba entera, como pedía la compañía de agua, segura que no habría dificultad.
Todos estos inconvenientes los mantuve silenciados a Tere. No solo por no recibir el sarcasmo de “¿Qué te dije?”, sino para no intranquilizarla. Íbamos a por el quinto hijo. Esperaría a tener resueltos los problemas antes de su nacimiento.
El abogado tenía algo que comunicarme. ¿Sería para bien?.
Rut, se llamaba la nueva empleada. Pero no la tomé como mecanógrafa. La destiné a recepción. Judit, estaba mejor preparada para sustituir a Tecla. Judit se ocuparía de la mecanografía y de todo lo que Tecla sin yo haber sido consciente, realizaba.
Una Secretaria, era lo que necesitaba y Judit con el tiempo que llevaba en el Gabinete, estaba al corriente de todo.
Una vez acordado con Orpí, el arquitecto colaborador, que los honorarios del anteproyecto de la urbanización Santa María, visado del Colegio de Arquitectos y futuro Proyecto para ambos municipios los destinaría como aporte a la Sociedad, lo ligué con la primera segregación de la finca Sumella a su favor.
Su valor, lo equipararía al de las futuras facturas del proyecto, contra la Sociedad.
Así la sociedad disponía de un Capital dinerario más otro por Propiedad inmobiliaria. Daba mayor seriedad y apariencia ante los esperados clientes.
El Propietario, firmó los documentos previstos, una vez percibida la cantidad estipulada.
Ante Notario una vez obtuve el poder, procedí a la venta de la primera segregación de tres hectáreas de la parte alta de la finca, a favor de Orpí. Y seguidamente, creamos la Sociedad, en la que intervino también Tere.
Al mismo Notario encargué las legalizaciones y con su gestor atender los arbitrios y gravámenes de la finca adquirida, para ya disponer de una Finca libre de cargas, lista sin impedimentos legales para sus futuras segregaciones a favor de terceros.
Seguidamente atendí los consejos de mi amigo abogado, y antes de recurrir a una alternativa legal in extremis, reemprendí diálogos con los Alcaldes.
Varios meses, transcurrieron sin ningún avance que presumiera aceptación por parte de ellos.
Como la base del negocio estriba en las ventas, si no realizaba ninguna, llegaría el día que no podría afrontar ni los gastos de legalización, ni los de la nómina ya respetable del Gabinete.
Pasé el Anteproyecto a mi abogado para que cursara las gestiones pertinentes, a fin de obtener los deseados permisos.
Me desentendí de sus gestiones ya que escapaban a mi conocimiento.
Para propiciar algún avance físico, solicité a ambos municipios licencia para una obra sobre la parte de finca matriz que correspondía a cada cual.
Al no tratarse de lo adquirido por la Sociedad, la solicitud de edificación de un particular sobre su propiedad, ni uno ni otro pudieron negar mis solicitudes.
La superficie de la finca rústica superaba con creces el mínimo edificable.
Con tal licencia, pasé a solventar el problema del agua. El precio de la traída de agua desde Cubera a Sumella, era inasequible. Se respiraba la influencia del Alcalde. La Empresa concesionaria, no viendo negocio sustancioso para un par de viviendas en proyecto, pedía el importe total de la infraestructura para la traída del agua hasta la entrada de la finca.
Desistí pues de la Compañía y busqué a un zahorí.
Mientras, el propietario de una finca con frente al camino que comunicaba Sumella con Cubera, viendo meses de movimiento con maquinaria que contraté para la aperturas de calles, al solicitarle que permitiera ampliar el camino de dos metros y medio, se negó.
Le expuse que pretendía que sus veinte metros de fachada, los retrocediera tres metros ya que el vecino del otro lado del camino, gustoso permitía retroceder cuatro metros y medio más, convirtiendo el camino en una calle de diez metros ancho. Le revalorizaría su finca.
No solo no permitió esta ampliación sino que dio a entender que si me extralimitaba, me demandaría.
Seguro que conocía mi talón de Aquiles. Como no disponía de licencia para Urbanizar, un simple chivatazo al Alcalde era suficiente para pararme los pies.
Promover una Urbanización a la que los clientes tuvieran que acceder recorriendo medio kilómetro con un camino estrecho y sin asfaltar, resultaba ilusorio.
Cuanta razón tenía Tere, con lo de los problemas ocultos. Sin embargo, no podía echarme atrás.
Nuevas gestiones, condujeron a complicar la cuestión con lo que desistí de utilizar este camino como acceso principal. Recurrí a otro propietario de una finca que enlazaba Cubera con Sumella, pero no le atravesaba ningún camino.
Tenía que convencerle de una de cuatro opciones:
Ceder el paso gratuito.
Vender la superficie necesaria para convertirla en vial.
Vender la finca en su totalidad.
Ceder el paso y adherirse a la urbanización.
Otro mes transcurrió antes no decidió optar por vender la finca en su totalidad.
Restaba otro problema básico: La electricidad. Por allí lo máximo divisado correspondía a una deficiente instalación para Cubera, de una compañía de suministro por reventa, ya que se trataba de una población semirural con setecientos habitantes. Había que aguardar que las grandes compañías planificaran su red futura. Y por aquellos días la que mostraba mejor expectativa era ENHER.
La negociación también resultó dura. Para convencerles debía presentarles los planos aprobados por Urbanismo. Ya, ya, y si la construcción de la línea hasta mi finca, la financiaba entera, como pedía la compañía de agua, segura que no habría dificultad.
Todos estos inconvenientes los mantuve silenciados a Tere. No solo por no recibir el sarcasmo de “¿Qué te dije?”, sino para no intranquilizarla. Íbamos a por el quinto hijo. Esperaría a tener resueltos los problemas antes de su nacimiento.
El abogado tenía algo que comunicarme. ¿Sería para bien?.
Tere opina:
La vida seguía su curso.
Teníamos salidas con nuestros amigos, sobre todo los que estudiaron con Carlos.
Por suerte las mujeres nos aveníamos bastante, por lo que no surgían problemas. Poco a poco éramos más parejas pues a medida que se iban casando se unían a nuestras tertulias. Esto llegó a ser una traba debido a dos puntos principalmente.
Uno fue la falta de puntualidad por parte de muchas de ellas, eso de llegar al cine cuando la película ya estaba empezada, a mí particularmente me molestaba bastante. Ellas se escudaban en que tenían niños pequeños. En realidad yo era la que tenía más, y en efecto dejarlos acostados, para no dar demasiado trabajo a la persona que los cuidaba, me suponía empezar la tarea mucho antes de lo acostumbrado.
Reconozco que he sido muy “cuadriculada” en este aspecto. Respetando al máximo los horarios para todo.
Me anotaba en una lista todo lo que tenía que hacer, para poder dedicarme con más o menos prisas. Todo antes que llegar tarde. Es algo que no soporto, la falta de puntualidad.
Y quiero hacer constar una cosa que la fui descubriendo poco a poco. Yo estaba nerviosa, porque quería ir deprisa, y mis nervios indiscutiblemente se los pasaba a los hijos, que aquel día, no había manera de que se quisieran meter en la cama, incluso lo notaba el más pequeño de turno, el que aún tomaba biberón.
Por aquel entonces me preguntaba admirada si aquello podía ser cierto.
Ahora al cabo de los años, ya sé que sí.
Mi estado anímico, repercutía sin dudarlo en el de los hijos, mis nervios sin darme cuenta se los estaba pasando de alguna manera a ellos, que tardaban una barbaridad en dormirse.
Después, ponernos de acuerdo en qué tipo de cine queríamos ver, también inducía a discrepancias. Total que acabamos dejando de ir al cine, y nos metimos de lleno en espectáculos, de vodevil.
Fuimos clientes adictos a un teatro dedicado exclusivamente a este género, conocido por el alboroto, que formaban los hombres ante las mujeres con poquísima ropa, y por los chistes subidos de tono que se explicaban, (hasta donde la censura les dejaba), los decían con medias palabras pero los que hablábamos catalán los entendíamos perfectamente, cosa que el inspector de la censura de turno, que estaba entre las bambalinas, no las captaba por desconocer el idioma.
Ahora nos preguntamos si podía existir tanta ignorancia.
Y puedo dar fe de ello.
Aquel teatro que era muy conocido en Barcelona, se llamaba “EL MOLINO”, queriendo imitar de alguna manera al de Francia. Salvando las distancias, ya que el nuestro, carecía de la ostentosidad del francés.
Pero bueno, allí nos reíamos y lo pasábamos bien, y de esta manera tan simple, no se rompió la cadena de las salidas nocturnas, pero sí que se fueron espaciando, ya que todos cargados de hijos, muchas veces nos veíamos obligados a quedarnos en casa, por alguna gripe o anginas inoportunas de los pequeños.
Referente a los trabajos del marido todos los argumentos del marido, me parecían buenos, se tenía que hacer algo para tirar adelante la casa de una familia numerosa.
Pero todas las trabas que iban surgiendo, a pesar de no estar metida de lleno en los negocios, me hacían estar en una tensión de alerta permanente. Era como tener encima la famosa espada de Damocles.
La incertidumbre siempre ha sido una de las peores cosas que me han llegado a traumatizar, y tal como se estaban desarrollando las cosas, yo no podía evitar pensar en si todo saldría bien, o surgirían cada vez más contratiempos.
Por suerte tenía bastantes ocupaciones con la casa y los niños, y no me podía dedicar todas las horas del día a pensar en estas cosas.
No obstante aquí ya surgió algo que se fue repitiendo con más frecuencia a través de los años venideros.
La ausencia del marido en el hogar. Los trabajos lo mantenían alejado por muchas horas. Tenía que viajar mucho y muchos días no venía a comer. Llegaba a casa cuando los niños ya estaban por lo menos bañados y cenados, y en la cama, aunque estuvieran despiertos.
Eso me dolía pero era consciente que no podía obligarle a que participara en estas tareas, que por otra parte, en aquel tiempo se suponía que era misión a cumplir de las madres.
A pesar de todo, realmente fueron unos años buenos en todos los aspectos.
Era un poco como vivir dentro de una burbuja de jabón de esas que van tomando todos los colores del arco iris. Todo muy bonito.
La juventud tiene esa prepotencia, que puede con todo.
Y menos mal…
La vida seguía su curso.
Teníamos salidas con nuestros amigos, sobre todo los que estudiaron con Carlos.
Por suerte las mujeres nos aveníamos bastante, por lo que no surgían problemas. Poco a poco éramos más parejas pues a medida que se iban casando se unían a nuestras tertulias. Esto llegó a ser una traba debido a dos puntos principalmente.
Uno fue la falta de puntualidad por parte de muchas de ellas, eso de llegar al cine cuando la película ya estaba empezada, a mí particularmente me molestaba bastante. Ellas se escudaban en que tenían niños pequeños. En realidad yo era la que tenía más, y en efecto dejarlos acostados, para no dar demasiado trabajo a la persona que los cuidaba, me suponía empezar la tarea mucho antes de lo acostumbrado.
Reconozco que he sido muy “cuadriculada” en este aspecto. Respetando al máximo los horarios para todo.
Me anotaba en una lista todo lo que tenía que hacer, para poder dedicarme con más o menos prisas. Todo antes que llegar tarde. Es algo que no soporto, la falta de puntualidad.
Y quiero hacer constar una cosa que la fui descubriendo poco a poco. Yo estaba nerviosa, porque quería ir deprisa, y mis nervios indiscutiblemente se los pasaba a los hijos, que aquel día, no había manera de que se quisieran meter en la cama, incluso lo notaba el más pequeño de turno, el que aún tomaba biberón.
Por aquel entonces me preguntaba admirada si aquello podía ser cierto.
Ahora al cabo de los años, ya sé que sí.
Mi estado anímico, repercutía sin dudarlo en el de los hijos, mis nervios sin darme cuenta se los estaba pasando de alguna manera a ellos, que tardaban una barbaridad en dormirse.
Después, ponernos de acuerdo en qué tipo de cine queríamos ver, también inducía a discrepancias. Total que acabamos dejando de ir al cine, y nos metimos de lleno en espectáculos, de vodevil.
Fuimos clientes adictos a un teatro dedicado exclusivamente a este género, conocido por el alboroto, que formaban los hombres ante las mujeres con poquísima ropa, y por los chistes subidos de tono que se explicaban, (hasta donde la censura les dejaba), los decían con medias palabras pero los que hablábamos catalán los entendíamos perfectamente, cosa que el inspector de la censura de turno, que estaba entre las bambalinas, no las captaba por desconocer el idioma.
Ahora nos preguntamos si podía existir tanta ignorancia.
Y puedo dar fe de ello.
Aquel teatro que era muy conocido en Barcelona, se llamaba “EL MOLINO”, queriendo imitar de alguna manera al de Francia. Salvando las distancias, ya que el nuestro, carecía de la ostentosidad del francés.
Pero bueno, allí nos reíamos y lo pasábamos bien, y de esta manera tan simple, no se rompió la cadena de las salidas nocturnas, pero sí que se fueron espaciando, ya que todos cargados de hijos, muchas veces nos veíamos obligados a quedarnos en casa, por alguna gripe o anginas inoportunas de los pequeños.
Referente a los trabajos del marido todos los argumentos del marido, me parecían buenos, se tenía que hacer algo para tirar adelante la casa de una familia numerosa.
Pero todas las trabas que iban surgiendo, a pesar de no estar metida de lleno en los negocios, me hacían estar en una tensión de alerta permanente. Era como tener encima la famosa espada de Damocles.
La incertidumbre siempre ha sido una de las peores cosas que me han llegado a traumatizar, y tal como se estaban desarrollando las cosas, yo no podía evitar pensar en si todo saldría bien, o surgirían cada vez más contratiempos.
Por suerte tenía bastantes ocupaciones con la casa y los niños, y no me podía dedicar todas las horas del día a pensar en estas cosas.
No obstante aquí ya surgió algo que se fue repitiendo con más frecuencia a través de los años venideros.
La ausencia del marido en el hogar. Los trabajos lo mantenían alejado por muchas horas. Tenía que viajar mucho y muchos días no venía a comer. Llegaba a casa cuando los niños ya estaban por lo menos bañados y cenados, y en la cama, aunque estuvieran despiertos.
Eso me dolía pero era consciente que no podía obligarle a que participara en estas tareas, que por otra parte, en aquel tiempo se suponía que era misión a cumplir de las madres.
A pesar de todo, realmente fueron unos años buenos en todos los aspectos.
Era un poco como vivir dentro de una burbuja de jabón de esas que van tomando todos los colores del arco iris. Todo muy bonito.
La juventud tiene esa prepotencia, que puede con todo.
Y menos mal…
Parejas perdurables (continuación 36)
El zahorí, aseguró que en la parte baja de la finca, a 23 metros profundidad encontraría agua. Esto lo daba por seguro y por experiencia de la zona, sin embargo no me podía asegurar el caudal apropiado para su elevación.
Indicó que se requería mantener una altura mínima de agua en su nivel freático. Si se extraía mayor caudal del que dispusiera, su altura mermada del rio de agua dulce, daría paso a filtraciones de la sal marina. Una vez filtrada, ya no había solución y el agua sería para siempre salada.
Esto era preocupante. Le pedí que buscara por la parte alta de la finca. Esperaba que allí no le llegara la influencia marina. Así lo hizo y tras un par de días de recorrer todo el perímetro del confín superior de la finca, me dio la mala nueva.
-Esta es la única parte por donde discurre agua. Pero preveo tener que profundizar unos 50 metros.
-Pues lo tendré en cuenta, pero en principio nos apañaremos abriendo el pozo en la parte baja. Me urge una solución aunque sea provisional.
Lo que me echó atrás, fue el precio de excavación que se incrementaba un 20% por cada metro a profundizar. Cincuenta metros costarían como ocho veces el de 23.
Además estaba dispuesto a accionar la bomba mediante un motor eléctrico controlado por sondas de máximo y mínimo. Aseguraría que jamás rebasara la mínima presión necesaria para bloquear la entrada de la salina.
Pusieron manos a la obra para el pozo nº 1, a la vez que la maquinaria alquilada, excavadora, retro y niveladora, abrían el camino de la nueva finca adquirida.
El propietario optó por venderla y yo tuve que ofrecerla a un capitalista, que la aportara para sumar sus ocho hectáreas a las 24 mías. El proyecto sería más interesante.
Tuve un flash, de mi pasado con la Inmobiliaria Castillo. Tomé la precaución al tratar con el Capitalista. Impedirle intervención alguna en el desarrollo de la urbanización. Debería afrontar el rateo de los gastos que fueran apareciendo, sin derecho a ventas por su cuenta. Y las ventas las realizaría USAMA s.a., abonándoselas por el valor estipulado al metro cuadrado de toda la Urbanización. De no haber aceptado, no le hubiese admitido como propietario de terreno que una vez urbanizado, especular por su cuenta era previsible. Temí un paralelismo al de los usureros que rodearon antaño al Sr. Castillo.
El abogado me dio la buena nueva. Presentaría la solicitud a Urbanismo, directamente a través de la Diputación (Entidad supramunicipios). Al ser una Urbanización abarcando dos Municipios, el ámbito jurisdiccional, era de su exclusiva incumbencia.
De darnos la aprobación, los Municipios tendrían que acatar el dictamen. Sin embargo requería que al menos abarcara una superficie de cuarenta hectáreas, veinte para cada Municipio. Total me faltaban ocho. Recordé que un vecino de Nova, estaba interesado en vender sus 6 Has. adyacentes a mi linde sur, muy apropiado para redondear la superficie de la parte de Nova. Luego di orden a los vendedores que indagaran por Cubera, cuales eran los propietarios lindantes conmigo que quisieran vender o participar con su propiedad a la construcción de Santa María. Dos hectáreas bastaban para, cumplir lo requerido.
Se enteró el propietario de la finca que me vetó la ampliación del camino, por los varios candidatos, que me ofrecían las suyas. Discurrió, que tras varios meses de actuación en Santa María, aquello iba en serio y pudiera sacarle partido a su propiedad. Tras haberla heredado, ningún beneficio le reportó. Solo gastos por arbitrios, ya que no la cultivaba.
Le ofrecí un valor muy por debajo de lo que solicitaba. Más bajo que el que yo ofrecía a los demás. Me lo echó en cara, insistiendo en que la situación de su terreno era mejor que la de la finca vecina que recién adquirí.
-Tenga en cuenta, que su finca entorpece un camino inutilizado. Ya no me interesa hacer más gastos con pérdida de viales. Adquirí la de su vecino y ya solventé el acceso. Si comprara la suya tendría que perder muchos metros y acarrear con los gastos de otra calle. Esto es ruinoso.
Le dejé meditabundo. Lo consultaría con su mujer.
Con quien lo consultó, fue con posibles compradores que al reconocer in situ la propiedad, perdían interés. Su acceso era para finca rústica y ya no existían por aquellos parajes capitalistas interesados en cultivar huertos.
Le costó entenderlo pero finalmente cedió la propiedad a mitad del precio del que le ofrecí por primera vez. No le salió a cuenta especular con negocios que le eran ajenos.
Así con sus cuatro hectáreas, ya podía presentar el proyecto de 42 Ha. a Urbanismo. Orpí, intervino también en esta nueva adquisición, con lo que elevaba su interés participativo en USAMA s.a.
Modificó el proyecto a presentar en el que ahora incluía otra calle de acceso directo desde la plaza de Cubera y otra prevista para salida a la carretera general.
Mientras no estuviéramos legalizados, Obras Públicas era tabú. El enlace lo haría el organismo oficial una vez demostrado el interés público.
El trabajo en el Gabinete se desarrollaba a la perfección. Tuve suerte con Judit. Quizá celosa por el comportamiento brillante que tuvo Tecla, intentaba emularla.
Y ya se recibían visitas para información de la futura urbanización.
Tan pronto tuviera la primera construcción acabada en Santa María, la acondicionaría como oficina de ventas. Pero como las cuatrocientas parcelas que dispondría para venta ya merecían respeto, el Gabinete topográfico se quedaría chico.
Como en pocos meses se incrementaría mi familia con el quinto vástago, debería adquirir otro piso de mayor superficie y con un mínimo de tres aseos.
Y al actual, reformarlo para despacho único de la inmobiliaria USAMA s.a.
Disponía menos de un año para tener todo en marcha. La inversión se hacía abrumadora.
Acudí al Banco Exterior de España, que se estaba promocionando y expuse mis proyectos al Director de la Agencia cercana.
Resultó la cuestión inesperadamente positiva. El Director joven y emprendedor, me pidió que le trajera un balance actual y una redacción de mi proyecto, con lo cual me concedería una póliza de crédito sustanciosa y me conminaba a que le trajera para su descuento, las letras procedentes de ventas a plazos, tal como se estilaba. Con ello la línea de crédito se haría millonaria.
Salí eufórico. Esto tendría que comentarlo con Orpí y ¿cómo no?. Con Tere, la más importante socia.
Parejas
perdurables (continuación 36 a)
La excavación del pozo se retrasaba y no podía desperdiciar días para terminar las obras. Las cubas de agua contratadas, no serían solución para la decente presentación de una construcción a un público expectativo desde Cubera. Un depósito en el terrado, servía para eventualidades y nada más.
Contraté a una empresa que mientras se trabajaba en el pozo, abriera las calles que comunicaran Cubera con el pozo y los dos Chalets, habida su licencia.
Incluso, dando por descontado que afloraría el agua, mandé excavar las zanjas para la red por el subsuelo de las calles proyectadas.
El movimiento de maquinaria y la cantidad de obreros concentrados en Sumella, resultaba alarmante, mientras no disponía de la licencia Municipal. La excusa de que se trataba de apertura de camino para acceso a las viviendas que sí tenían permiso, ya no se sostenía.
El pueblo entero sabía que trabajábamos con planos para realizar una Urbanización. Los vecinos que poseían tiendas de comercio, lo aplaudían por la expectativa puesta en mejorar sus negocios con la afluencia de turismo que se preveía. Pero los que de alguna manera se debían al Ayuntamiento, por quien lo encabezaba, pronto tendrían que manifestarse. Y no por bien.
Al fín mi abogado consiguió que con los cambios introducidos en el proyecto, Urbanismo lo aceptara. Debía abrir una calle de 16 m ancho por el límite jurisdiccional de los dos Municipios dividida por la mitad en una longitud de trescientos metros. Con ello, las fincas futuras, evidenciaban la pertenencia a los dos Municipios en una frontera de ocho metros de calle para cada uno.
Presenté los proyectos refrendados por Urbanismo a los Ayuntamientos, justo cuando ya mis sospechas se hacían realidad. El Alcalde había presentado una oposición a Urbanismo, alegando razones ridículas. Su influencia era de temer. Sin embargo mi abogado salió a la defensa por justificar la oposición fuera de plazo. Por los pelos, ganamos la batalla.
Pero no la GUERRA, que duró todos los años de mi permanencia en la Urbanización.
Ahora debía concentrarme en contratar la electricidad con ENHER. Vistos los planos, se avinieron a traer la electricidad en Alta Tensión, hasta el centro. Sin embargo me obligaban a mi cargo la construcción de la estación transformadora. Me entregaron los planos y por sus dimensiones, dieron al traste con la prevista construcción de la Ermita rural.
Sin electricidad, no era viable la Urbanización, sin embargo sí lo era sin la Ermita.
En definitiva, quien quisiera orar, a medio kilómetro tenía la Iglesia Santa María en Cubera.
Para acelerar las ventas, me puse en contacto con el regente del restaurante de la carretera, para que me concediera sábados y festivos, una zona de su local, a la que acudirían mis vendedores y los clientes.
No le pareció nada mal la propuesta, pues significaba garantía de aumento de clientela. Así, a la espera de las primeras obras terminadas, solucionaba mi oficina de ventas. Y así lo anunciamos en los periódicos.
Orpí, me hizo ver que si dedicaba tanto tiempo a la Urbanización, él sólo, no podría atender a los trabajos del Gabinete, de modo que, o nos turnábamos en los trabajos de campo, o tomábamos a un Aparejador conocido para jefe de un equipo.
Esto empezó a marearme. Verdad que los trabajos del Gabinete, eran rentables, pero ni la mitad de lo que esperaba de la Urbanización. Si seguía aumentando plantilla, llamaría la atención de los Sindicatos del gremio.
Hasta el momento no había ningún empleado que perteneciera a ningún sindicato. Y esto facilitaba los tratos de tú a tú. Ganábamos todos, pues no dependíamos ni de horarios rígidos, ni de valoraciones de horas extras, ni de consideraciones de festivos.
Y nada menos que ahora pensaba proponer a los que les interesara actuar los fines de semana de vendedores en Cubera.
Entablé diálogo con todos ellos y en principio, a ninguno le pareció mal. Es más cinco de ellos, preferían no figurar en plantilla ya que con horarios parciales podían seguir estudiando.
Visto que se iban solucionando los problemas, me embarqué en una campaña publicitaria intensiva. En principio para tres meses puesto que el coste asustaba.
La excavación del pozo se retrasaba y no podía desperdiciar días para terminar las obras. Las cubas de agua contratadas, no serían solución para la decente presentación de una construcción a un público expectativo desde Cubera. Un depósito en el terrado, servía para eventualidades y nada más.
Contraté a una empresa que mientras se trabajaba en el pozo, abriera las calles que comunicaran Cubera con el pozo y los dos Chalets, habida su licencia.
Incluso, dando por descontado que afloraría el agua, mandé excavar las zanjas para la red por el subsuelo de las calles proyectadas.
El movimiento de maquinaria y la cantidad de obreros concentrados en Sumella, resultaba alarmante, mientras no disponía de la licencia Municipal. La excusa de que se trataba de apertura de camino para acceso a las viviendas que sí tenían permiso, ya no se sostenía.
El pueblo entero sabía que trabajábamos con planos para realizar una Urbanización. Los vecinos que poseían tiendas de comercio, lo aplaudían por la expectativa puesta en mejorar sus negocios con la afluencia de turismo que se preveía. Pero los que de alguna manera se debían al Ayuntamiento, por quien lo encabezaba, pronto tendrían que manifestarse. Y no por bien.
Al fín mi abogado consiguió que con los cambios introducidos en el proyecto, Urbanismo lo aceptara. Debía abrir una calle de 16 m ancho por el límite jurisdiccional de los dos Municipios dividida por la mitad en una longitud de trescientos metros. Con ello, las fincas futuras, evidenciaban la pertenencia a los dos Municipios en una frontera de ocho metros de calle para cada uno.
Presenté los proyectos refrendados por Urbanismo a los Ayuntamientos, justo cuando ya mis sospechas se hacían realidad. El Alcalde había presentado una oposición a Urbanismo, alegando razones ridículas. Su influencia era de temer. Sin embargo mi abogado salió a la defensa por justificar la oposición fuera de plazo. Por los pelos, ganamos la batalla.
Pero no la GUERRA, que duró todos los años de mi permanencia en la Urbanización.
Ahora debía concentrarme en contratar la electricidad con ENHER. Vistos los planos, se avinieron a traer la electricidad en Alta Tensión, hasta el centro. Sin embargo me obligaban a mi cargo la construcción de la estación transformadora. Me entregaron los planos y por sus dimensiones, dieron al traste con la prevista construcción de la Ermita rural.
Sin electricidad, no era viable la Urbanización, sin embargo sí lo era sin la Ermita.
En definitiva, quien quisiera orar, a medio kilómetro tenía la Iglesia Santa María en Cubera.
Para acelerar las ventas, me puse en contacto con el regente del restaurante de la carretera, para que me concediera sábados y festivos, una zona de su local, a la que acudirían mis vendedores y los clientes.
No le pareció nada mal la propuesta, pues significaba garantía de aumento de clientela. Así, a la espera de las primeras obras terminadas, solucionaba mi oficina de ventas. Y así lo anunciamos en los periódicos.
Orpí, me hizo ver que si dedicaba tanto tiempo a la Urbanización, él sólo, no podría atender a los trabajos del Gabinete, de modo que, o nos turnábamos en los trabajos de campo, o tomábamos a un Aparejador conocido para jefe de un equipo.
Esto empezó a marearme. Verdad que los trabajos del Gabinete, eran rentables, pero ni la mitad de lo que esperaba de la Urbanización. Si seguía aumentando plantilla, llamaría la atención de los Sindicatos del gremio.
Hasta el momento no había ningún empleado que perteneciera a ningún sindicato. Y esto facilitaba los tratos de tú a tú. Ganábamos todos, pues no dependíamos ni de horarios rígidos, ni de valoraciones de horas extras, ni de consideraciones de festivos.
Y nada menos que ahora pensaba proponer a los que les interesara actuar los fines de semana de vendedores en Cubera.
Entablé diálogo con todos ellos y en principio, a ninguno le pareció mal. Es más cinco de ellos, preferían no figurar en plantilla ya que con horarios parciales podían seguir estudiando.
Visto que se iban solucionando los problemas, me embarqué en una campaña publicitaria intensiva. En principio para tres meses puesto que el coste asustaba.
Parejas
perdurables (continuación 37)
¡Qué vergüenza!. Andando con las manos esposadas por delante y acompañado por dos números de Guardia Civil, dirigiéndome a la Casa Cuartel de Cubera.
Sin atreverme a mover la cabeza para indagar la aparición de algún transeúnte que observara el espectáculo, aceleraba el paso.
No me puse a correr los 30 metros escasos que faltaban del trayecto al que me obligaban. Hubieran podido interpretar como conato de huida y a lo mejor eran capaces de sacar las armas de sus fundas. ¿Sería real lo que vivía?.
Más surrealista que los cuadros de Dalí. Esto era lo que estaba viviendo. Acababa de salir del Ayuntamiento, dirigiéndome al Cuartel. Unos ochenta metros que notaba como si fueran kilómetros.
Afortunadamente, esta tarde de sábado, la calle, desierta. Una vez en el cuartelillo, me sacaron las esposas, me invitaron a sentarme en una silla, frente a la mesa con su máquina de escribir, que manejaría el Cabo en funciones de Comandante del Puesto, ya que era el mayor grado allí destinado.
El hombre, entre dientes mascullaba improperios. Maldecía la intervención del Secretario y su obligada obediencia al Juzgado Civil.
Al fin, después de haberse hecho un lío con los papeles carbón para copia por triplicado y las hojas impresas del formato de actas, sacudió la primera letra del teclado que por lo visto era errónea.
Sacó los papeles y volvió a cargar otros nuevos. Esta vez pudo escribir” En Cubera, a … “ iba a poner la fecha. Pero se quedó pensativo. ¿No traería consecuencias, un acta describiendo hechos del Juzgado del Ayuntamiento, en sábado, por la tarde?.
Se dirigió a mí maldiciendo.
--Uds. , con sus reyertas e inteligencia, involucran a unos pobres e ignorantes números sin importarles las consecuencias.
No entendí nada y así lo manifesté.
-Perdone pero no sé a que se refiere. Es Ud. quien me esposó, sin motivo justificado. Como tampoco entiendo para qué vinieron a buscarme en la Urbanización. Es más, ni siquiera me dejó hablar con el Secretario.
Otra vez mascullando y sin decidir seguir escribiendo, parece que se dio por vencido y letra tras letra fue golpeando con una pasmosa lentitud. El tecleteo se oía como retumbaba en una salita en que el silencio se hacía sepulcral.
Más de media hora tardó en plasmar tres líneas. Era evidente, que localizar los caracteres de la máquina, le costaba mucho.
Con una línea más, se dio por satisfecho y sacó el escrito de la máquina para que lo firmara.
Me acusaba de desacato a la Autoridad, con actitud desafiante. Y sin más, que lo firmara y ya podía marcharme.
Seguí alucinando, pero con ganas locas de partir de aquél antro.
Al llegar al chalet, Tere ansiosa preguntaba:
-¿Qué querían, y porqué tardaste tanto?.
Le hice un comentario general, para no alarmarla, que siendo real en el fondo, no era completo. Omití lo de haber sido esposado.
-Mira Tere, como el Ayuntamiento quiere ver la documentación que me acredita para las obras de calles y no puedo permitir que me paren ni un día, voy a Barcelona a recoger los documentos. Si no encuentro a Orpí, aguardaré a mañana. Redactaré la solicitud y regresaré por la noche. Así el lunes por la mañana podré entregar los papeles exigidos al Ayuntamiento.
Mientras, a los vendedores les dices que sigan con su labor y entreguen los resultados al despacho en Barcelona, ya que hoy tuve que partir para asuntos urgentes.
Mi llegada tardía al despacho en Barcelona, hizo que no pudiera localizar a nadie. Sin cenar, me acosté, barruntando la manera de digerir el incomprensible suceso.
Empecé a atar cabos. Se trataba de una intervención arbitraria del Secretario, seguro que a espaldas del Alcalde. Sino, veamos.
En la sala supuesta de Actos Judiciales, solo estaba él, acompañado de un empleado mecanógrafo, tras la mesa del Juez. Frente tenía a un Sr. desconocido por mí, como denunciante. Otro desconocido, como testigo, y allí llegué yo, con la pareja de números de la Guardia Civil.
¿Era esto una parodia?. Posiblemente pensé, pero tendría que contactar con mi abogado sin falta al desayuno, antes de que fuera imposible localizarle por ser Domingo.
Orpí, creyó que gastaba una broma. Los planos estaban aprobados para ejecutar las aperturas de calles a las que me refería. Las escrituras de la finca, estaban perfectamente legalizadas y registradas, sin débitos de ninguna clase, sin gravámenes y sin servidumbres.
Incluso tuvo la precaución al trazar las calles, que éstas tuvieran conexión, con los límites por donde alguna vez hubieran servido de comunicación entre fincas vecinas. En ningún momento podía aparecer nadie que se sintiera perjudicado por cerrar el acceso a la suya.
Eso era obvio, ya que por mi experiencia conocía las artimañas de propietarios rurales para con sus vecinos. Y la principal era la de argumentar derechos ancestrales adquiridos por travesías usadas sin haberse vetado en veinte años.
Mi abogado, al que pillé durmiendo, quiso contactar conmigo antes del mediodía, ya que él sí vió la gravedad de la cuestión que yo no percibí. Pero, más bien era para su beneficio, a pesar de que me defendiera con absoluta garantía.
Sería una medalla que podría adjudicarse. En este caso ¿No debería actuar gratis?.
Al mediodía le puse en antecedentes sobre lo que sospeché.
¡Qué vergüenza!. Andando con las manos esposadas por delante y acompañado por dos números de Guardia Civil, dirigiéndome a la Casa Cuartel de Cubera.
Sin atreverme a mover la cabeza para indagar la aparición de algún transeúnte que observara el espectáculo, aceleraba el paso.
No me puse a correr los 30 metros escasos que faltaban del trayecto al que me obligaban. Hubieran podido interpretar como conato de huida y a lo mejor eran capaces de sacar las armas de sus fundas. ¿Sería real lo que vivía?.
Más surrealista que los cuadros de Dalí. Esto era lo que estaba viviendo. Acababa de salir del Ayuntamiento, dirigiéndome al Cuartel. Unos ochenta metros que notaba como si fueran kilómetros.
Afortunadamente, esta tarde de sábado, la calle, desierta. Una vez en el cuartelillo, me sacaron las esposas, me invitaron a sentarme en una silla, frente a la mesa con su máquina de escribir, que manejaría el Cabo en funciones de Comandante del Puesto, ya que era el mayor grado allí destinado.
El hombre, entre dientes mascullaba improperios. Maldecía la intervención del Secretario y su obligada obediencia al Juzgado Civil.
Al fin, después de haberse hecho un lío con los papeles carbón para copia por triplicado y las hojas impresas del formato de actas, sacudió la primera letra del teclado que por lo visto era errónea.
Sacó los papeles y volvió a cargar otros nuevos. Esta vez pudo escribir” En Cubera, a … “ iba a poner la fecha. Pero se quedó pensativo. ¿No traería consecuencias, un acta describiendo hechos del Juzgado del Ayuntamiento, en sábado, por la tarde?.
Se dirigió a mí maldiciendo.
--Uds. , con sus reyertas e inteligencia, involucran a unos pobres e ignorantes números sin importarles las consecuencias.
No entendí nada y así lo manifesté.
-Perdone pero no sé a que se refiere. Es Ud. quien me esposó, sin motivo justificado. Como tampoco entiendo para qué vinieron a buscarme en la Urbanización. Es más, ni siquiera me dejó hablar con el Secretario.
Otra vez mascullando y sin decidir seguir escribiendo, parece que se dio por vencido y letra tras letra fue golpeando con una pasmosa lentitud. El tecleteo se oía como retumbaba en una salita en que el silencio se hacía sepulcral.
Más de media hora tardó en plasmar tres líneas. Era evidente, que localizar los caracteres de la máquina, le costaba mucho.
Con una línea más, se dio por satisfecho y sacó el escrito de la máquina para que lo firmara.
Me acusaba de desacato a la Autoridad, con actitud desafiante. Y sin más, que lo firmara y ya podía marcharme.
Seguí alucinando, pero con ganas locas de partir de aquél antro.
Al llegar al chalet, Tere ansiosa preguntaba:
-¿Qué querían, y porqué tardaste tanto?.
Le hice un comentario general, para no alarmarla, que siendo real en el fondo, no era completo. Omití lo de haber sido esposado.
-Mira Tere, como el Ayuntamiento quiere ver la documentación que me acredita para las obras de calles y no puedo permitir que me paren ni un día, voy a Barcelona a recoger los documentos. Si no encuentro a Orpí, aguardaré a mañana. Redactaré la solicitud y regresaré por la noche. Así el lunes por la mañana podré entregar los papeles exigidos al Ayuntamiento.
Mientras, a los vendedores les dices que sigan con su labor y entreguen los resultados al despacho en Barcelona, ya que hoy tuve que partir para asuntos urgentes.
Mi llegada tardía al despacho en Barcelona, hizo que no pudiera localizar a nadie. Sin cenar, me acosté, barruntando la manera de digerir el incomprensible suceso.
Empecé a atar cabos. Se trataba de una intervención arbitraria del Secretario, seguro que a espaldas del Alcalde. Sino, veamos.
En la sala supuesta de Actos Judiciales, solo estaba él, acompañado de un empleado mecanógrafo, tras la mesa del Juez. Frente tenía a un Sr. desconocido por mí, como denunciante. Otro desconocido, como testigo, y allí llegué yo, con la pareja de números de la Guardia Civil.
¿Era esto una parodia?. Posiblemente pensé, pero tendría que contactar con mi abogado sin falta al desayuno, antes de que fuera imposible localizarle por ser Domingo.
Orpí, creyó que gastaba una broma. Los planos estaban aprobados para ejecutar las aperturas de calles a las que me refería. Las escrituras de la finca, estaban perfectamente legalizadas y registradas, sin débitos de ninguna clase, sin gravámenes y sin servidumbres.
Incluso tuvo la precaución al trazar las calles, que éstas tuvieran conexión, con los límites por donde alguna vez hubieran servido de comunicación entre fincas vecinas. En ningún momento podía aparecer nadie que se sintiera perjudicado por cerrar el acceso a la suya.
Eso era obvio, ya que por mi experiencia conocía las artimañas de propietarios rurales para con sus vecinos. Y la principal era la de argumentar derechos ancestrales adquiridos por travesías usadas sin haberse vetado en veinte años.
Mi abogado, al que pillé durmiendo, quiso contactar conmigo antes del mediodía, ya que él sí vió la gravedad de la cuestión que yo no percibí. Pero, más bien era para su beneficio, a pesar de que me defendiera con absoluta garantía.
Sería una medalla que podría adjudicarse. En este caso ¿No debería actuar gratis?.
Al mediodía le puse en antecedentes sobre lo que sospeché.
El abogado me conminó que a grandes rasgos le contara lo sucedido, ya que tenía poco tiempo para nuestra entrevista.
-Mira Rodriguez, te contaré lo que imagino, en base a mi primer contacto con el Secretario de Cubera.
Cuando presenté el proyecto de Urbanización en las oficinas del Ayuntamiento, los empleados le dieron entrada provisional. Dijeron que esto tenía que pasar por un pleno Municipal y que el Secretario me respondería.
No respondió el Secretario hasta una semana después. No fue para dar el beneplácito sino para citarme a su propio domicilio en Barcelona, atendiendo que me sería más cómodo.
La comodidad, quedó revelada en su interés de entrevista ajena a los intereses Municipales.
Me pidió medio millón de pesetas, para su informe positivo. Con ello, el desenvolvimiento de mi proyecto, transcurriría sin pegas. Como tal cantidad podía ser asequible según su visión, sin detrimento a mi negocio, esperaba que a ciegas se la entregara. Por lo visto no conocía todavía al Alcalde, ya que su Destino a Cubera, se le adjudicó recientemente.
Suplantar al Alcalde, era una osadía. Máxime cuando ya me negué en su día al chantaje. Por lo visto se creyó ser el mandamás de una pequeña población, cuya administración obligaba a pasar todo por sus manos. Supuso al Alcalde como mera figura decorativa.
Me negué pues a su pretensión por inmoral y además, por cuanto mi situación con todo lo que llevaba comprometido, era la de números rojos. Me urgía un avance espectacular mediante ingresos por ventas. Y este señor, amenazó coartarlas.
Dijo que no me repetiría la propuesta, pero que si en diez días no recibía tal cantidad, atendiera las consecuencias, que mi labor en la Urbanización, no sería llana.
Me enteré que este señor, debía su cargo a dedo, por recompensa a su intervención en Alemania con las SS. Hitlerianas. Y con unos cuantos conocimientos de Derecho Administrativo, se le otorgó el título, convirtiéndose en un Funcionario Estatal.
Total que aprovechando que una senda antigua cruzaba la finca de Sumella, preparó la escena de un juicio imaginario (símil de los sumarísimos de la SS) con unos supuestos afectados, demandantes para amedrentarme.
Esta debía ser la primera manifestación de que mi labor en la Urbanización, sería áspera.
-Bien Carlos, tu visión es acertada, pero no entiendo qué hacía la Guardia Civil en la Sala.
-Sí, supongo para dar más solemnidad al “Juicio”. El Secretario, tras presentar lo que supuestamente eran las denuncias de afectados por cerrar el acceso a sus propiedades, siguió con una perorata a la que quise interrumpir por las barbaridades que estaba diciendo.
El Guardia Civil, me espetó:
-Ud. cállese y responda solo cuando le pregunten.
-No veo que me hagan ninguna pregunta. Aquí están juzgando con falacias, sin atender razones. Para eso, espósenme y acabamos antes.
El Guardia Civil, ni corto ni perezoso, tomó mis palabras como un reto. Sacó las esposas, me las ajustó y se me llevó al Cuartel.
-¿Qué dijo el Secretario?. No permitiría la intervención de fuerzas armadas en la Sala.
-Se quedó mudo. Supongo, que la reacción del Cabo G.C. le resultó tan inesperada como me resultó a mí. No se atrevió ni a mover sus manos del papel que estaba leyendo. Por descontado, lo que dijera o hiciera una vez salidos a la calle los guardias conmigo, lo ignoro, pero sí que sentí una vergüenza como jamás pude imaginar. Pues aquí me tienes contándote lo sucedido de pe, a pa.
-Mira Carlos, esto ha sido una metedura de pata de este Secretario, que se juntó con la del Cabo G.C. No te preocupes. Ni siquiera debes acudir al Ayuntamiento para aportar documentos de descargo. Sigue con tu trabajo, que mañana mismo incoaré demandas a los Organismos pertinentes, por tu atropello. Me viene muy bien esta copia del Acta de la Guardia Civil. Es algo inconcebible. Se han colocado ellos mismos un nudo corredizo, con el que se ahorcarán.
Mediada la tarde, llegué a la Urbanización, para reunirme con Tere y los niños.
-Carlos, espero que tengas todos los documentos que hacen falta para acreditar tu actuación legal, pues esta mañana, se corría el bulo de paralizar las aperturas de calles. Por el contrario los vendedores hicieron su Agosto. Todos hicieron ventas, incluso uno realizó una triple.
-Pues me alegras, Tere, ya que se ocupará Rodriguez de aportar la documentación, por lo que si te parece, podemos volver esta noche a Barcelona. Así, mañana los niños no tendrán que madrugar para ir al colegio.
La euforia por la alegría del buen resultado comercial, se sumó a la de los ánimos recibidos de Rodriguez. Callé el verdadero motivo a Tere, ya que se convirtió en algo banal. Y pensé:
¿Cómo acabará esta nueva batalla Municipal?. Eso era labor de Rodriguez.
Parejas
perdurables (continuación 38 )
Rebasamos los veinte metros de profundidad del pozo nº 2 y empecé a desengañarme. Aunque el zahorí ya indicó que aquí el nivel freático sobrepasaría los cuarenta metros, mi desconfianza dimanaba por lo que ví en el pozo 1º. Su seguridad, más que por captar ondas radiestésicas, lo fue por haber operado años por la zona convirtiéndose en experto práctico.
No necesitaba ni planos, ni aparatos detectores especiales. Un poco de teatro, le bastaba para simular su poder. La verdad era que la Zona del litoral en los más de doscientos kilómetros recorridos, en que operó, hasta una distancia de la costa marina de 1 kilómetro, se influenciaba por filtraciones del mar. Y que la primera capa freática de agua dulce proveniente de las montañas, se acercaba peligrosamente a este nivel.
Si el manantial esperado en el pozo nº2 teníamos que hallarlo a profundidad doble, o más que la encontrada en el primero, contando con que la cota de su enclave coincidía con la misma medida superior, la deducción evidente era que se trataría del mismo curso de agua. Eso sí había muchas probabilidades que a esta distancia superior al kilómetro de la costa, ya no hubiera peligro de filtraciones de agua salada.
Y ahora me requería otra tanda de explosivos.
Cada vez que se le acababa lo suministrado en cuenta gotas por el Instituto Minero, tenía que acudir al propietario de la finca, para firmar la nueva solicitud de explosivos. El poder que me concedió, solo servía para las ventas. Y me dí cuenta, que la cantidad de veces que debía acudir a él para firmar autorizaciones para todo, resultaba cargante para ambos.
Tenía que tomar una decisión y este sería el momento.
Primero, paralizaría la excavación indefinidamente. No se trataba de infravalorar la labor del zahorí y su equipo, pues el costo era patente. Dos hombres turnándose para la colocación de tiros explosivos en la profundidad y a continuación acarrear los escombros que otros dos en superficie, elevaban con un torno. Otra pareja, mantenía el equipo de ventilación mediante el compresor y bomba comunicada con las mangueras de envío aire fresco y extracción aire viciado. Y él dirigiendo el trabajo cargando un remolque para escombros a vertedero.
Mientras no necesitara caudal superior al conseguido del pozo nº 1, ahorraría costos.
Y el dinero que recaudé por las últimas ventas, lo aplicaría a finiquitar las cantidades pendientes.
Ante Notario, el propietario, recibió el finiquito, pero me firmó en lugar de la Compra-venta, un nuevo poder General para actuar sobre esta finca con plena libertad sin necesidad de rendirle cuentas.
Era una manifestación real de que la finca quedaba en mi poder. Lo único que no se pasaría por el Registro de la Propiedad, con todo lo que ello acarreaba por gastos de legalización.
Aprovechando asimismo que el Municipal vigilante advirtió al zahorí que trabajaban sin licencia para el pozo nº 2, tuve la excusa necesaria para despedirle temporalmente, en tanto no consiguiera los permisos.
Esta vez, las intromisiones del Alcalde, me allanaron un mal trago. Sabía que dejar sin trabajo a un pequeño emprendedor, era causarle un grave perjuicio. Esto lo estaba viviendo en mi piel constantemente.
Así se lo conté a Tere. Ella lo veía con otros ojos. La asustaba que pusiera a mis espaldas la responsabilidad de tantos trabajadores. No pude hacerle entender nunca que para mantener cierto estatus, lo obligado era arriesgarme con mano de obra a mi cargo. Y que según el tamaño de lo emprendido, así sería la cantidad de empleados.
-Te llamó Rodriguez al despacho. No le entendí bien. Dijo que le llamaras y te daría detalles referente a lo de la Guardia Civil. ¿Es que hay nuevos conflictos?.
-No mujer, seguro que ya les entregó la documentación de la finca para cotejarla. Precisamente, por ello el Ayuntamiento ya no me impidió seguir con las aperturas de calles.
Eso sí ahora, buscaban las cosquillas con la excavación del otro pozo. Pues de momento voy a prescindir de él. Me está costando mucho y prefiero invertir el dinero en cancelar deudas.
-Algún día ¿podrías decir si dispondremos de algún ahorro?.
-A eso voy, mujer. En cuanto haya vendido la mitad de la finca , o sea unas doscientas parcelas, cancelaré todas las deudas de la Sociedad y luego procederé a cancelar hipotecas. Con esto lo que se vaya obteniendo será ahorro real.
-Sí. El cuento de La Lechera.
El sentido del humor de Tere a veces me sorprendía. Más bien siempre estaba inquieta por el bienestar de los niños y se daba cuenta que las facturas que atendía crecían desmesuradamente.
Ni que decir si se hubiese inmiscuido en las cuentas del Gabinete y las de la Sociedad. Disponía de ocho Bancos con una media de dos cuentas por cada uno, entre las corrientes, las hipotecas y las pólizas.
Y lo fascinante era que los Directores de los Bancos, me recibían con los brazos abiertos por el lucro que les proporcionaba. Según ellos creían, mis saldos millonarios, eran demostración de solvencia. Para mi fuero, mi saldo real, eran unos pocos miles netos.
Todo lo que son créditos, para mí representan una espina de números rojos. Sin embargo imposible cancelar con mi saldo positivo. De hacer esto, el castillo de naipes se iba abajo.
Podía ya abandonar toda actividad. No hubiera tenido dinero para abonar nóminas de un solo mes.
Mi pretensión era entregar solo la mitad de las letras a descuento, procedentes de las ventas . Una vez lograra equiparar la cantidad de letras a vencer con las cifras de crédito, ya sólo las entregaría al banco para cobro. No descuento que reportaba un porcentaje de usura del 18% anual.
Y eso aún era suave, comparado con el 2% mensual que cobraban las financieras, por anticipado, de dos años. O sea que por adelantado se quedaban el 48% del valor de las letras aceptadas por los clientes. No admitían que les entregaras un solo año, con lo que hubiera sido un 24%.
Y si se llegaba a tener que recurrir a estas piadosas entidades, podía ocurrir, lo que a ADAMS, con su urbanización en Vallirana, La Selva Negra Catalana, según lo sabido de hallarle en su despacho de La Gran Vía 600 , frente a la Universidad, con un tiro en su sien, a saber si por suicidio, o ayudado.
Ahora pensaba si se halló acorralado aparte de sus colaboradores, por estos usureros financieros.
Me puse en contacto con Rodriguez, ya que esperaba resultados. Pasaron tres semanas desde aquél fatídico sábado en Cubera y la verdad que a excepción de las visitas de los vigilantes Municipales, ninguna otra intromisión se produjo.
-¿Qué hay de nuevo Rodriguez? ¿Ya se resolvió lo del Secretario?.
-¿El Secretario dices?. No le verás más. Y ahora lo que interesa es que el próximo jueves, te presentes con tus hijos al puesto de la Guardia Civil de Cubera.
-- ¿Qué?............
Rebasamos los veinte metros de profundidad del pozo nº 2 y empecé a desengañarme. Aunque el zahorí ya indicó que aquí el nivel freático sobrepasaría los cuarenta metros, mi desconfianza dimanaba por lo que ví en el pozo 1º. Su seguridad, más que por captar ondas radiestésicas, lo fue por haber operado años por la zona convirtiéndose en experto práctico.
No necesitaba ni planos, ni aparatos detectores especiales. Un poco de teatro, le bastaba para simular su poder. La verdad era que la Zona del litoral en los más de doscientos kilómetros recorridos, en que operó, hasta una distancia de la costa marina de 1 kilómetro, se influenciaba por filtraciones del mar. Y que la primera capa freática de agua dulce proveniente de las montañas, se acercaba peligrosamente a este nivel.
Si el manantial esperado en el pozo nº2 teníamos que hallarlo a profundidad doble, o más que la encontrada en el primero, contando con que la cota de su enclave coincidía con la misma medida superior, la deducción evidente era que se trataría del mismo curso de agua. Eso sí había muchas probabilidades que a esta distancia superior al kilómetro de la costa, ya no hubiera peligro de filtraciones de agua salada.
Y ahora me requería otra tanda de explosivos.
Cada vez que se le acababa lo suministrado en cuenta gotas por el Instituto Minero, tenía que acudir al propietario de la finca, para firmar la nueva solicitud de explosivos. El poder que me concedió, solo servía para las ventas. Y me dí cuenta, que la cantidad de veces que debía acudir a él para firmar autorizaciones para todo, resultaba cargante para ambos.
Tenía que tomar una decisión y este sería el momento.
Primero, paralizaría la excavación indefinidamente. No se trataba de infravalorar la labor del zahorí y su equipo, pues el costo era patente. Dos hombres turnándose para la colocación de tiros explosivos en la profundidad y a continuación acarrear los escombros que otros dos en superficie, elevaban con un torno. Otra pareja, mantenía el equipo de ventilación mediante el compresor y bomba comunicada con las mangueras de envío aire fresco y extracción aire viciado. Y él dirigiendo el trabajo cargando un remolque para escombros a vertedero.
Mientras no necesitara caudal superior al conseguido del pozo nº 1, ahorraría costos.
Y el dinero que recaudé por las últimas ventas, lo aplicaría a finiquitar las cantidades pendientes.
Ante Notario, el propietario, recibió el finiquito, pero me firmó en lugar de la Compra-venta, un nuevo poder General para actuar sobre esta finca con plena libertad sin necesidad de rendirle cuentas.
Era una manifestación real de que la finca quedaba en mi poder. Lo único que no se pasaría por el Registro de la Propiedad, con todo lo que ello acarreaba por gastos de legalización.
Aprovechando asimismo que el Municipal vigilante advirtió al zahorí que trabajaban sin licencia para el pozo nº 2, tuve la excusa necesaria para despedirle temporalmente, en tanto no consiguiera los permisos.
Esta vez, las intromisiones del Alcalde, me allanaron un mal trago. Sabía que dejar sin trabajo a un pequeño emprendedor, era causarle un grave perjuicio. Esto lo estaba viviendo en mi piel constantemente.
Así se lo conté a Tere. Ella lo veía con otros ojos. La asustaba que pusiera a mis espaldas la responsabilidad de tantos trabajadores. No pude hacerle entender nunca que para mantener cierto estatus, lo obligado era arriesgarme con mano de obra a mi cargo. Y que según el tamaño de lo emprendido, así sería la cantidad de empleados.
-Te llamó Rodriguez al despacho. No le entendí bien. Dijo que le llamaras y te daría detalles referente a lo de la Guardia Civil. ¿Es que hay nuevos conflictos?.
-No mujer, seguro que ya les entregó la documentación de la finca para cotejarla. Precisamente, por ello el Ayuntamiento ya no me impidió seguir con las aperturas de calles.
Eso sí ahora, buscaban las cosquillas con la excavación del otro pozo. Pues de momento voy a prescindir de él. Me está costando mucho y prefiero invertir el dinero en cancelar deudas.
-Algún día ¿podrías decir si dispondremos de algún ahorro?.
-A eso voy, mujer. En cuanto haya vendido la mitad de la finca , o sea unas doscientas parcelas, cancelaré todas las deudas de la Sociedad y luego procederé a cancelar hipotecas. Con esto lo que se vaya obteniendo será ahorro real.
-Sí. El cuento de La Lechera.
El sentido del humor de Tere a veces me sorprendía. Más bien siempre estaba inquieta por el bienestar de los niños y se daba cuenta que las facturas que atendía crecían desmesuradamente.
Ni que decir si se hubiese inmiscuido en las cuentas del Gabinete y las de la Sociedad. Disponía de ocho Bancos con una media de dos cuentas por cada uno, entre las corrientes, las hipotecas y las pólizas.
Y lo fascinante era que los Directores de los Bancos, me recibían con los brazos abiertos por el lucro que les proporcionaba. Según ellos creían, mis saldos millonarios, eran demostración de solvencia. Para mi fuero, mi saldo real, eran unos pocos miles netos.
Todo lo que son créditos, para mí representan una espina de números rojos. Sin embargo imposible cancelar con mi saldo positivo. De hacer esto, el castillo de naipes se iba abajo.
Podía ya abandonar toda actividad. No hubiera tenido dinero para abonar nóminas de un solo mes.
Mi pretensión era entregar solo la mitad de las letras a descuento, procedentes de las ventas . Una vez lograra equiparar la cantidad de letras a vencer con las cifras de crédito, ya sólo las entregaría al banco para cobro. No descuento que reportaba un porcentaje de usura del 18% anual.
Y eso aún era suave, comparado con el 2% mensual que cobraban las financieras, por anticipado, de dos años. O sea que por adelantado se quedaban el 48% del valor de las letras aceptadas por los clientes. No admitían que les entregaras un solo año, con lo que hubiera sido un 24%.
Y si se llegaba a tener que recurrir a estas piadosas entidades, podía ocurrir, lo que a ADAMS, con su urbanización en Vallirana, La Selva Negra Catalana, según lo sabido de hallarle en su despacho de La Gran Vía 600 , frente a la Universidad, con un tiro en su sien, a saber si por suicidio, o ayudado.
Ahora pensaba si se halló acorralado aparte de sus colaboradores, por estos usureros financieros.
Me puse en contacto con Rodriguez, ya que esperaba resultados. Pasaron tres semanas desde aquél fatídico sábado en Cubera y la verdad que a excepción de las visitas de los vigilantes Municipales, ninguna otra intromisión se produjo.
-¿Qué hay de nuevo Rodriguez? ¿Ya se resolvió lo del Secretario?.
-¿El Secretario dices?. No le verás más. Y ahora lo que interesa es que el próximo jueves, te presentes con tus hijos al puesto de la Guardia Civil de Cubera.
-- ¿Qué?............
Parejas
perdurables (continuación 38 a)
La confesión de Rodriguez, me sumió en nuevo pesar. Se había empleado a fondo en la denuncia de mi vejación a los organismos pertinentes. En cuanto al Ayuntamiento, el responsable político, era el Alcalde. Su posición si no la consolidaba de alguna manera, quedaba en entredicho. Pero por lo visto gobernaba su feudo con base firme. Tanto era así, que logró expedientar al Secretario.
A éste lo mínimo que podía sucederle era que lo destinaran a otra Provincia, sin posibilidad de prebendas por antigüedad. Y lo máximo, que fuera cesado como funcionario.
La España Franquista, procuraba desentenderse de las formas fascistas, o al menos disimularlas.
Así, limpia la mancilla del Alcalde, otro secretario ocuparía el lugar del anterior. Y nadie me haría comentario alguno. Menos aún el Alcalde. Pero ya no podría esperar de él, más que un inquina mayor de la que me profesaba desde mi solicitud de Urbanización en el Municipio.
Lo del Cabo de la Guardia Civil, se complicó. La Divisa de la Benemérita, convertía el agravio que sufrí, en algo que chocaba frontalmente con ella:
"El Honor es la principal divisa del Guardia Civil. Debe, por consiguiente, conservarse sin mancha. Una vez perdido no se recobra jamás."

El papeleo de Rodriguez en mi defensa, trascendió a gran velocidad hasta las altas esferas.
Por descontado que lo tenía muy mal el Cabo para responder ante sus superiores, pero él no era más que un Cabo con tres números a su disposición en la Casa Cuartel de Cubera, ejercía según el reglamento, de Comandante de puesto.
Sin embargo el responsable por encima de él, era el Teniente Jefe de Zona. Si no quería seguir el camino de su subordinado, tenía que documentar muy bien la sanción que imponía al Cabo y además acreditar que el tema se resolvía a la perfección.
Requería mi colaboración recibiendo sus explícitas disculpas que las haría extensivas a mis hijos, por lo que pudiera difundirse.
-Rodriguez, ¿no puedo presentarme solo?. ¿Para qué involucrar a niños de tan corta edad?
-Carlos, como si no quieres ir. Pero ten en cuenta que tu actitud, puede afectar al Teniente, hasta su degradación por deshonra del Cuerpo.
-Y ¿si envío por escrito mi desagravio?.
-Pero, ¿qué prevención tienes?.
-Fácil. Si me llevo a los niños, Tere querrá saber porqué. Y a la fuerza se enterará que le oculté lo del paseíto. Y en definitiva este afer, no lo conocía más que la Guardia Civil, el Secretario, el mecanógrafo y los dos testigos desconocidos. Nadie por la calle me vio. Pero en fin, comprendo que la carrera de este Teniente peligra sin tener más responsabilidad que la de haber tenido un subordinado de cortas luces.
El jueves me presenté con J.C. y Dani, al Cuartel. En esta ocasión, había tres parejas, el Cabo y el Teniente. Jamás Cubera tuvo un despliegue tan numeroso de fuerza armada.
El Cabo, con cara compungida permaneció mudo durante la entrevista. El Teniente, humillándose lo indecible, casi me pide de rodillas que le exonerara de la atrocidad que involuntariamente y por errónea interpretación cometiera su subordinado.
Se dirigió a mis hijos, con afable actitud, casi paternal, diciéndoles por si alguien lo ponía en duda, que su padre era persona honrada y debían estar orgullosos de mí.
Mi incomodidad ante tal espectáculo, se asemejó a la vergüenza que pasé al circular esposado por la calle. El documento que firmé para retirar todas las acusaciones, de muy buen grado lo hubiera firmado incluso antes, si hubiese podido evitar ver a un hombre rebajándose hasta este punto, ante mí y los niños.
Tuve que explicar algo a los niños que lógicamente oían campanas ignorando su procedencia. Les resumí que en principio, los Guardias, creyeron que estaba abriendo calles en terreno que no me pertenecía, pero que al descubrir que las obras que realizaba eran para un beneficio común, presentaban las disculpas.
Posteriormente supe que el Cabo, tuvo un altercado con el Teniente, por no haber sido él en persona quien se humillara. Le costó la degradación y traslado. Aunque el traslado de la unidad destinada a Cubera, en poco tiempo, fue total. Se clausuró el Cuartel de la Benemérita.
Ahora con la perspectiva de los años, me asombro de las consecuencias que arrastran las mínimas acciones inconscientes. Y no me refiero a las del Secretario, que a éste se le fue la mano, pero perfectamente consciente de la artimaña dolosa.
Pasado este trago, reemprendí las obras de las calles, dándoles nombre para facilitar la labor a los vendedores. Los planos permitían localizar las parcelas numeradas.
Por ello en cada cruce a fin de identificarlas, planté banderolas que sustentaban rótulos soldados en ángulo, indicativo de cada una de ellas.
No tardó un Municipal en retirarlos con una camioneta, entregando un comunicado de apremio para solicitar la debida licencia.
No hacía falta saber de dónde procedía la decisión municipal. De Urbanismo, no, del Secretario nuevo tampoco, no incumplía nada. Estaba sembrando jalones con rótulos de medio metro por treinta centímetros ancho, en una finca privada y con autorización para Urbanizar.
La sombra del Alcalde reaparecía. Una vez personado a las oficinas del Ayuntamiento, me dijeron, que podía recuperar los rótulos, pero que no podía poner nombres a las calles ya que esto incumbía al Ayuntamiento, previa exposición de nombres elegidos, para que se aprobara por mayoría.
Esta ridiculez, pasaba de castaño oscuro. Presenté una solicitud para recolocar los rótulos con la misma denominación “provisional”, mientras el Municipio no las bautizara definitivamente.
La calma se restableció, y las ventas seguían viento en popa. Pero la sección de contabilidad se pasaba más tiempo creando letras, unas 60 por cada venta, a cinco años, que relacionar apuntes bancarios.
Los ingresos procedentes por la diversidad de conceptos, obligaron a que pusiera un contable para cada negocio, ocupándome de su coordinación.
Con este trabajo extra, decidí dejar en manos de una gestoría todos los trámites legales, declaraciones de renta y los laborales, con registro de nóminas.
-Tere, ahora, con los contables que hacen su labor específica y la gestoría que llevará todos los libros oficiales, ya tendré tiempo libre. Podremos de nuevo salir con los amigos para las tertulias.
- No me hagas reir. Cada vez estás más ausente. Amplías negocios y ¿vas a tener tiempo libre?.
Tere se estaba volviendo sarcástica. ¿Tendría motivo?
La confesión de Rodriguez, me sumió en nuevo pesar. Se había empleado a fondo en la denuncia de mi vejación a los organismos pertinentes. En cuanto al Ayuntamiento, el responsable político, era el Alcalde. Su posición si no la consolidaba de alguna manera, quedaba en entredicho. Pero por lo visto gobernaba su feudo con base firme. Tanto era así, que logró expedientar al Secretario.
A éste lo mínimo que podía sucederle era que lo destinaran a otra Provincia, sin posibilidad de prebendas por antigüedad. Y lo máximo, que fuera cesado como funcionario.
La España Franquista, procuraba desentenderse de las formas fascistas, o al menos disimularlas.
Así, limpia la mancilla del Alcalde, otro secretario ocuparía el lugar del anterior. Y nadie me haría comentario alguno. Menos aún el Alcalde. Pero ya no podría esperar de él, más que un inquina mayor de la que me profesaba desde mi solicitud de Urbanización en el Municipio.
Lo del Cabo de la Guardia Civil, se complicó. La Divisa de la Benemérita, convertía el agravio que sufrí, en algo que chocaba frontalmente con ella:
"El Honor es la principal divisa del Guardia Civil. Debe, por consiguiente, conservarse sin mancha. Una vez perdido no se recobra jamás."

El papeleo de Rodriguez en mi defensa, trascendió a gran velocidad hasta las altas esferas.
Por descontado que lo tenía muy mal el Cabo para responder ante sus superiores, pero él no era más que un Cabo con tres números a su disposición en la Casa Cuartel de Cubera, ejercía según el reglamento, de Comandante de puesto.
Sin embargo el responsable por encima de él, era el Teniente Jefe de Zona. Si no quería seguir el camino de su subordinado, tenía que documentar muy bien la sanción que imponía al Cabo y además acreditar que el tema se resolvía a la perfección.
Requería mi colaboración recibiendo sus explícitas disculpas que las haría extensivas a mis hijos, por lo que pudiera difundirse.
-Rodriguez, ¿no puedo presentarme solo?. ¿Para qué involucrar a niños de tan corta edad?
-Carlos, como si no quieres ir. Pero ten en cuenta que tu actitud, puede afectar al Teniente, hasta su degradación por deshonra del Cuerpo.
-Y ¿si envío por escrito mi desagravio?.
-Pero, ¿qué prevención tienes?.
-Fácil. Si me llevo a los niños, Tere querrá saber porqué. Y a la fuerza se enterará que le oculté lo del paseíto. Y en definitiva este afer, no lo conocía más que la Guardia Civil, el Secretario, el mecanógrafo y los dos testigos desconocidos. Nadie por la calle me vio. Pero en fin, comprendo que la carrera de este Teniente peligra sin tener más responsabilidad que la de haber tenido un subordinado de cortas luces.
El jueves me presenté con J.C. y Dani, al Cuartel. En esta ocasión, había tres parejas, el Cabo y el Teniente. Jamás Cubera tuvo un despliegue tan numeroso de fuerza armada.
El Cabo, con cara compungida permaneció mudo durante la entrevista. El Teniente, humillándose lo indecible, casi me pide de rodillas que le exonerara de la atrocidad que involuntariamente y por errónea interpretación cometiera su subordinado.
Se dirigió a mis hijos, con afable actitud, casi paternal, diciéndoles por si alguien lo ponía en duda, que su padre era persona honrada y debían estar orgullosos de mí.
Mi incomodidad ante tal espectáculo, se asemejó a la vergüenza que pasé al circular esposado por la calle. El documento que firmé para retirar todas las acusaciones, de muy buen grado lo hubiera firmado incluso antes, si hubiese podido evitar ver a un hombre rebajándose hasta este punto, ante mí y los niños.
Tuve que explicar algo a los niños que lógicamente oían campanas ignorando su procedencia. Les resumí que en principio, los Guardias, creyeron que estaba abriendo calles en terreno que no me pertenecía, pero que al descubrir que las obras que realizaba eran para un beneficio común, presentaban las disculpas.
Posteriormente supe que el Cabo, tuvo un altercado con el Teniente, por no haber sido él en persona quien se humillara. Le costó la degradación y traslado. Aunque el traslado de la unidad destinada a Cubera, en poco tiempo, fue total. Se clausuró el Cuartel de la Benemérita.
Ahora con la perspectiva de los años, me asombro de las consecuencias que arrastran las mínimas acciones inconscientes. Y no me refiero a las del Secretario, que a éste se le fue la mano, pero perfectamente consciente de la artimaña dolosa.
Pasado este trago, reemprendí las obras de las calles, dándoles nombre para facilitar la labor a los vendedores. Los planos permitían localizar las parcelas numeradas.
Por ello en cada cruce a fin de identificarlas, planté banderolas que sustentaban rótulos soldados en ángulo, indicativo de cada una de ellas.
No tardó un Municipal en retirarlos con una camioneta, entregando un comunicado de apremio para solicitar la debida licencia.
No hacía falta saber de dónde procedía la decisión municipal. De Urbanismo, no, del Secretario nuevo tampoco, no incumplía nada. Estaba sembrando jalones con rótulos de medio metro por treinta centímetros ancho, en una finca privada y con autorización para Urbanizar.
La sombra del Alcalde reaparecía. Una vez personado a las oficinas del Ayuntamiento, me dijeron, que podía recuperar los rótulos, pero que no podía poner nombres a las calles ya que esto incumbía al Ayuntamiento, previa exposición de nombres elegidos, para que se aprobara por mayoría.
Esta ridiculez, pasaba de castaño oscuro. Presenté una solicitud para recolocar los rótulos con la misma denominación “provisional”, mientras el Municipio no las bautizara definitivamente.
La calma se restableció, y las ventas seguían viento en popa. Pero la sección de contabilidad se pasaba más tiempo creando letras, unas 60 por cada venta, a cinco años, que relacionar apuntes bancarios.
Los ingresos procedentes por la diversidad de conceptos, obligaron a que pusiera un contable para cada negocio, ocupándome de su coordinación.
Con este trabajo extra, decidí dejar en manos de una gestoría todos los trámites legales, declaraciones de renta y los laborales, con registro de nóminas.
-Tere, ahora, con los contables que hacen su labor específica y la gestoría que llevará todos los libros oficiales, ya tendré tiempo libre. Podremos de nuevo salir con los amigos para las tertulias.
- No me hagas reir. Cada vez estás más ausente. Amplías negocios y ¿vas a tener tiempo libre?.
Tere se estaba volviendo sarcástica. ¿Tendría motivo?
Parejas
perdurables (continuación 39 )
Con el quinto vástago en camino, Tere vio que sería dificultoso mantener el hogar en condiciones óptimas. La ayudanta eventual, con ser efectiva, no podría atender las múltiples labores domésticas, que son necesarias a horas imprevisibles.
Nos decidimos a tomar la primera doméstica integrada a la familia. Habría que prepararle una habitación para su uso exclusivo, lo que a su vez, obligaba a reestructurar la utilización de los espacios vitales de una familia de ocho personas, más una pieza ocasional para posibles emergencias, o invitados.
El disponer de un piso con tres Aseos completos, era un tanto a favor. El que nuestros hijos todos fueran varones, para estos menesteres también era favorable. Pero ello defraudaba la ilusión de Tere, que ansiaba algún día tener a una niña. La ansiaba para identificarse con ella y cuidarla así como ella recordaba, lo fue.
Según la nueva planificación, una habitación la ocuparían los cuatro niños en literas, dos a dos con sus laterales tocando la pared. Y entre ellas la escalera ambivalente para los usuarios de la litera alta. Además, objeto de juego permanente, con las luchas a almohadonazos entre los ocupantes de arriba y los de abajo.
Una habitación la ocuparía el recién nacido mediante una cuna, que en su día sería una cama para la criatura si era fémina, o para el mayor, trasladando al benjamín a la habitación de sus hermanos. Luego, la de las sirvienta, la de los invitados y ……la conyugal, con una decoración diseñada por mí mismo, con efectos lumínicos originales.
Hechas las modificaciones, la primera sirvienta, una joven de diecinueve años de apariencia agradable, algo morena, sin familia en la Ciudad, fue acogida muy bien tanto por nosotros, los padres, como por los niños. No sabía cocinar, de modo que esta función correspondería plenamente a Tere. Pero la atención a los niños, restaba solucionada.
Tampoco se atrevía Tere a encomendarle la compra diaria, por la fama de las sirvientas adquirida y popularizada por los sainetes en la Zarzuela de Chueca
La Gran Vía
http://www.youtube.com/watch?v=UB9sLlutkls&feature=related
ya que la letra de esta tonadilla
http://www.goear.com/listen/cc53645/la-gran-via-chueca-y-valverde
dice que la chica al entrar de Sirvienta….” para prosperar, aprende a sisar”.
Orpí, vino a ver el resultado de las reformas introducidas en nuestro hogar y después de conocer a Sole, que así se llamaba la fámula, me llamó aparte para decir.
-Carlos, es una gitana ¿verdad?.
-Anda. Pues es posible. Si no lo comentas, no me entero. Pero ¿y qué?.
- Nada, si no te importa, pero ya sabes, pueden traer problemas, máxime cuando se reúnen entre ellos, sus amistades o, su familia.
-Por lo que sé, está sola aquí en Barcelona. Su familia vive en el Sur.
Por aquél tiempo, abundaba una sociedad racista. Pero con los años de convivencia, afortunadamente multirracial, casi desapareció este irracional sentimiento.
Permaneció, con nosotros bastantes meses, por cuanto era dócil y una buena persona. Se encariñó con los niños que ya fueron cinco (otro varón, el quinto).
Los acompañaba al colegio, les ayudaba a vestir, y ordenar sus efectos, incluso entretenerlos con cuentos de su cosecha.
Los jueves según costumbre tenía día libre, y la sustituta siempre era mi suegra. Total que la vida familiar transcurría plácida.
Entonces mi preocupación se centró en el problema suscitado por la ENHER, con su contador de electricidad provisional de obra, para accionamiento del motor- bomba de 5 CV para el pozo de suministro agua en la Urbanización.
Las facturas mensuales ascendían sobre unas diez mil pesetas, pero la última vino por ciento sesenta mil.
Por más que reclamé, no atendían. Tuve que personarme y lo normal: La persona que llevaba el tema, era el técnico que este día estaba ausente.
Indiqué que la factura, el banco se la devolvería por incorrecta.
Esta resolución, alarmó a quien me atendía. Me aconsejó que no lo hiciera, ya que la respuesta automática sería corte de suministro. ¿Pero, es que los sufridos usuarios de a pié, estamos siempre sujetos a las arbitrariedades de los Monopolios?.
Como mínimo, ya que no podía arriesgarme a esta eventualidad, dejé reclamación urgente, para subsanar el error que cometían.
Era imposible que un motor de 5 CV en un mes consumiera los KW que facturaban. Ni en seis meses que hubiera permanecido en marcha sin parar.
Tuve que tragar, seis mese más, por comprobaciones de los técnicos, que argumentaban que la lectura era correcta, ya que significaba que el contador había dado la vuelta en su numeración y ahora contaba lo actual pero con 100.000 recorridos con anterioridad.
Visto que el contador funcionaba bien y que el motor era el que estaba declarado no tuvieron más remedio que resarcirme ocho meses más tarde, de la cantidad cobrada abusivamente. Sin embargo, este mal trago, sirvió para entablar relación amigable con algunos de los técnicos principales.
Me aconsejaron para mi futura contratación del transformador. Una vez inspeccionada la obra realizada con los planos que ellos me facilitaron, podría presionar para trato de favor.
Cuando esto sucediera, la empresa que contraté para la red de alumbrado callejero habría finalizado su labor y podría probar su correcto funcionamiento. Hasta que no viera las 80 farolas encendidas automáticamente mediante las células fotosensibles, según intensidad del día, no aceptaría la entrega, por lo cual no abonaría el resto pactado.
Pero, antes de este esperado feliz alumbrado de la Urbanización, que ganaría muchos puntos a favor de su promoción, Sole, se nos despedía con lágrimas en sus ojos.
Agradecida por el trato recibido, pero tenía que regresar con los suyos. ¡Estaba embarazada!.
Con el quinto vástago en camino, Tere vio que sería dificultoso mantener el hogar en condiciones óptimas. La ayudanta eventual, con ser efectiva, no podría atender las múltiples labores domésticas, que son necesarias a horas imprevisibles.
Nos decidimos a tomar la primera doméstica integrada a la familia. Habría que prepararle una habitación para su uso exclusivo, lo que a su vez, obligaba a reestructurar la utilización de los espacios vitales de una familia de ocho personas, más una pieza ocasional para posibles emergencias, o invitados.
El disponer de un piso con tres Aseos completos, era un tanto a favor. El que nuestros hijos todos fueran varones, para estos menesteres también era favorable. Pero ello defraudaba la ilusión de Tere, que ansiaba algún día tener a una niña. La ansiaba para identificarse con ella y cuidarla así como ella recordaba, lo fue.
Según la nueva planificación, una habitación la ocuparían los cuatro niños en literas, dos a dos con sus laterales tocando la pared. Y entre ellas la escalera ambivalente para los usuarios de la litera alta. Además, objeto de juego permanente, con las luchas a almohadonazos entre los ocupantes de arriba y los de abajo.
Una habitación la ocuparía el recién nacido mediante una cuna, que en su día sería una cama para la criatura si era fémina, o para el mayor, trasladando al benjamín a la habitación de sus hermanos. Luego, la de las sirvienta, la de los invitados y ……la conyugal, con una decoración diseñada por mí mismo, con efectos lumínicos originales.
Hechas las modificaciones, la primera sirvienta, una joven de diecinueve años de apariencia agradable, algo morena, sin familia en la Ciudad, fue acogida muy bien tanto por nosotros, los padres, como por los niños. No sabía cocinar, de modo que esta función correspondería plenamente a Tere. Pero la atención a los niños, restaba solucionada.
Tampoco se atrevía Tere a encomendarle la compra diaria, por la fama de las sirvientas adquirida y popularizada por los sainetes en la Zarzuela de Chueca
La Gran Vía
http://www.youtube.com/watch?v=UB9sLlutkls&feature=related
ya que la letra de esta tonadilla
http://www.goear.com/listen/cc53645/la-gran-via-chueca-y-valverde
dice que la chica al entrar de Sirvienta….” para prosperar, aprende a sisar”.
Orpí, vino a ver el resultado de las reformas introducidas en nuestro hogar y después de conocer a Sole, que así se llamaba la fámula, me llamó aparte para decir.
-Carlos, es una gitana ¿verdad?.
-Anda. Pues es posible. Si no lo comentas, no me entero. Pero ¿y qué?.
- Nada, si no te importa, pero ya sabes, pueden traer problemas, máxime cuando se reúnen entre ellos, sus amistades o, su familia.
-Por lo que sé, está sola aquí en Barcelona. Su familia vive en el Sur.
Por aquél tiempo, abundaba una sociedad racista. Pero con los años de convivencia, afortunadamente multirracial, casi desapareció este irracional sentimiento.
Permaneció, con nosotros bastantes meses, por cuanto era dócil y una buena persona. Se encariñó con los niños que ya fueron cinco (otro varón, el quinto).
Los acompañaba al colegio, les ayudaba a vestir, y ordenar sus efectos, incluso entretenerlos con cuentos de su cosecha.
Los jueves según costumbre tenía día libre, y la sustituta siempre era mi suegra. Total que la vida familiar transcurría plácida.
Entonces mi preocupación se centró en el problema suscitado por la ENHER, con su contador de electricidad provisional de obra, para accionamiento del motor- bomba de 5 CV para el pozo de suministro agua en la Urbanización.
Las facturas mensuales ascendían sobre unas diez mil pesetas, pero la última vino por ciento sesenta mil.
Por más que reclamé, no atendían. Tuve que personarme y lo normal: La persona que llevaba el tema, era el técnico que este día estaba ausente.
Indiqué que la factura, el banco se la devolvería por incorrecta.
Esta resolución, alarmó a quien me atendía. Me aconsejó que no lo hiciera, ya que la respuesta automática sería corte de suministro. ¿Pero, es que los sufridos usuarios de a pié, estamos siempre sujetos a las arbitrariedades de los Monopolios?.
Como mínimo, ya que no podía arriesgarme a esta eventualidad, dejé reclamación urgente, para subsanar el error que cometían.
Era imposible que un motor de 5 CV en un mes consumiera los KW que facturaban. Ni en seis meses que hubiera permanecido en marcha sin parar.
Tuve que tragar, seis mese más, por comprobaciones de los técnicos, que argumentaban que la lectura era correcta, ya que significaba que el contador había dado la vuelta en su numeración y ahora contaba lo actual pero con 100.000 recorridos con anterioridad.
Visto que el contador funcionaba bien y que el motor era el que estaba declarado no tuvieron más remedio que resarcirme ocho meses más tarde, de la cantidad cobrada abusivamente. Sin embargo, este mal trago, sirvió para entablar relación amigable con algunos de los técnicos principales.
Me aconsejaron para mi futura contratación del transformador. Una vez inspeccionada la obra realizada con los planos que ellos me facilitaron, podría presionar para trato de favor.
Cuando esto sucediera, la empresa que contraté para la red de alumbrado callejero habría finalizado su labor y podría probar su correcto funcionamiento. Hasta que no viera las 80 farolas encendidas automáticamente mediante las células fotosensibles, según intensidad del día, no aceptaría la entrega, por lo cual no abonaría el resto pactado.
Pero, antes de este esperado feliz alumbrado de la Urbanización, que ganaría muchos puntos a favor de su promoción, Sole, se nos despedía con lágrimas en sus ojos.
Agradecida por el trato recibido, pero tenía que regresar con los suyos. ¡Estaba embarazada!.
Parejas
perdurables (continuación 39 a )
La ausencia de Sole, se hizo sentir. Tere iba loca para atender todo. Los intentos de hallar suplente, la agotaban. Parecía como si las candidatas se pusieran de acuerdo. Tras una o dos semanas, se despedían, esos sí con el salario mínimo de un mes percibido.
Optó Tere por contratarlas a prueba, no declarándolas sino después de confirmar su estabilidad en el cargo.
Inesperadamente, Lucía, se ofreció como cocinera. Era una mujer cuarentona, curtida en estos menesteres. Se desenvolvía con desparpajo como era de esperar de una mujer conocedora de la vida. Nos contó vida y milagros, y que su última ocupación, fue la de ama de llaves y cocinera de nada menos que de un antiguo colega de Olot, que ostentaba el cargo de Ingeniero Jefe del Puerto de Barcelona.
Me puse en contacto telefónico con él.
-¿Hola José, ¿qué tal te sirvió Lucía?.
-Pues mira, muy hacendosa y formidable cocinera. Durante mi soltería fue la auténtica ama de casa.
- Y ¿pues……….?
-Sí, ya sé. Por dos motivos. Uno, el principal por haberme casado, pero el desencadenante, la incontenible tendencia que tiene en mentir incluso sin necesidad. Pues cuando no viene a cuento, inventa asuntos intrascendentes. Imagina una persona así. La tuve durante cinco años. Todos los fines de semana, al encontrase sola, por ir a Olot con mis padres, campaba a sus anchas. Lo hacía con su querido según descubrí tardíamente. Me contaba mil y un cuentos para explicar las anomalías observadas en casa, tras mi ausencia.
-Así, que ¿no es de fiar?.
Me contó mi amigo, que era fiable total, en cuanto a honradez y eficiencia laboral. La cuestión de disponer de un querido era asunto aparte.
-Me extrañaba los lunes al tomar una copita de licor, que la botella, ostentaba un nivel raramente bajo. Como esto se repetía, imaginé que los fines de semana Lucía, se desquitaba del quehacer, bebiendo. Su aliento, sin embargo no la delataba. Por descontado preguntarle el motivo, a ella, era una ingenuidad. Cualquier respuesta demostraría su arte en fabular. Hasta el día que una vecina, me comentó que en mi ausencia allí aparecía un familiar de Lucía.
Ese era el que se bebía mi coñac.
Me convenció la historia y dado que la situación en el cambio de hogar, era disímil, no vi ningún inconveniente en que formara parte de nuestra familia.
Tere estuvo encantada, lo mismo que yo. Era eficiente en el trato de los niños y en planchar y coser, cosa que ella detestaba. Y no digamos en la cocina. Era una verdadera cocinera. Ninguna complicación, más que lo advertido por mi amigo, de vez en cuando nos soltaba unos embustes de campeonato, que no llevaban a ninguna parte.
Tanto va el cántaro a la fuente……… Según el refrán con toda su razón,……….que al fin se rompe.
Una de sus fábulas, involucraba a Tere. Me la contó al hallarnos solos por haber salido Tere a recoger a los niños del colegio. Bien, a mí no me incumbía. Me importaba un rábano.
Por lo visto a Tere le contó otra fábula, enlazando con la que me contó a mí, referente a mí. Al parecer intrascendente.
Sin embargo tanto Tere como yo, algo influenciados si quedamos. Involucró con su historia al comerciante del vecindario. Cuando Tere, al ir de compras recibió cierto comunicado del comerciante, vino a verme alarmada por lo sabido.
¿Sabido, qué?. Claro si lo decía el comerciante, ya no era Lucía y su palabra encerraría certezas. Tuvimos que confesarnos mutuamente lo que nos había contado Lucía por separado y atando cabos, descubrimos que su mente fértil en inventar situaciones, se estaba volviendo peligrosa.
Era para despedirla, pero hacerlo, también tendría su parte negativa. Indemnizarla, por despido improcedente. Y una temporada sin sirvienta a la espera de suplente. Y a saber que problemas traería la suplente.
Como estábamos ya en Junio, los niños iniciarían las vacaciones. Pensamos resistir al menos hasta setiembre. Lucía el máximo incordio previsible que nos podía causar sería el de los fines de semana. Al estar nosotros en Cubera y ella libre, repetiría en Barcelona lo contado por mi amigo.
No hizo falta precaución alguna. Al enterarse de que la familia en verano se trasladaba para los tres meses pasarlos en la Urbanización, fue ella la que se nos despidió, ya que no pensaba para nada ausentarse de Barcelona.
De nuevo sumidos ante las contrariedades. No obtuvimos reemplazo antes de iniciar las vacaciones. Nos apañamos con ayuda de una mujer de faenas de Cubera. Como allí los niños la campaban a sus anchas, el trabajo que daban era mínimo. Los repuestos de ropa se limitaban a calzoncillos, camisetas y bañadores. Nada que planchar, nada que coser.
Bueno, a veces había que coserles la piel por los arañazos y cortes producidos en sus juegos.
Una vecina aconsejó a Tere, que viera como era la diversión de nuestros hijos.
Al verlos, asustada, los llamó para que cesaran. El mayor, en bicicleta, arrastraba por la pendiente de la calle desde lo más alto, mediante una cuerda atada al vehículo de tres ruedas, de su hermano segundo y al tercero, con un carrito y al cuarto en una tabla sin rueda alguna. Tomaba velocidad, y zigzagueando, demostraban todos su equilibrio. La parte más difícil era la del último eslabón, que salía centrifugado.
Se entendía lo de los rasguños. Lo que no se entendía era como no se habían roto la crisma, con la cantidad de veces que habrían practicado este deporte.
La ausencia de Sole, se hizo sentir. Tere iba loca para atender todo. Los intentos de hallar suplente, la agotaban. Parecía como si las candidatas se pusieran de acuerdo. Tras una o dos semanas, se despedían, esos sí con el salario mínimo de un mes percibido.
Optó Tere por contratarlas a prueba, no declarándolas sino después de confirmar su estabilidad en el cargo.
Inesperadamente, Lucía, se ofreció como cocinera. Era una mujer cuarentona, curtida en estos menesteres. Se desenvolvía con desparpajo como era de esperar de una mujer conocedora de la vida. Nos contó vida y milagros, y que su última ocupación, fue la de ama de llaves y cocinera de nada menos que de un antiguo colega de Olot, que ostentaba el cargo de Ingeniero Jefe del Puerto de Barcelona.
Me puse en contacto telefónico con él.
-¿Hola José, ¿qué tal te sirvió Lucía?.
-Pues mira, muy hacendosa y formidable cocinera. Durante mi soltería fue la auténtica ama de casa.
- Y ¿pues……….?
-Sí, ya sé. Por dos motivos. Uno, el principal por haberme casado, pero el desencadenante, la incontenible tendencia que tiene en mentir incluso sin necesidad. Pues cuando no viene a cuento, inventa asuntos intrascendentes. Imagina una persona así. La tuve durante cinco años. Todos los fines de semana, al encontrase sola, por ir a Olot con mis padres, campaba a sus anchas. Lo hacía con su querido según descubrí tardíamente. Me contaba mil y un cuentos para explicar las anomalías observadas en casa, tras mi ausencia.
-Así, que ¿no es de fiar?.
Me contó mi amigo, que era fiable total, en cuanto a honradez y eficiencia laboral. La cuestión de disponer de un querido era asunto aparte.
-Me extrañaba los lunes al tomar una copita de licor, que la botella, ostentaba un nivel raramente bajo. Como esto se repetía, imaginé que los fines de semana Lucía, se desquitaba del quehacer, bebiendo. Su aliento, sin embargo no la delataba. Por descontado preguntarle el motivo, a ella, era una ingenuidad. Cualquier respuesta demostraría su arte en fabular. Hasta el día que una vecina, me comentó que en mi ausencia allí aparecía un familiar de Lucía.
Ese era el que se bebía mi coñac.
Me convenció la historia y dado que la situación en el cambio de hogar, era disímil, no vi ningún inconveniente en que formara parte de nuestra familia.
Tere estuvo encantada, lo mismo que yo. Era eficiente en el trato de los niños y en planchar y coser, cosa que ella detestaba. Y no digamos en la cocina. Era una verdadera cocinera. Ninguna complicación, más que lo advertido por mi amigo, de vez en cuando nos soltaba unos embustes de campeonato, que no llevaban a ninguna parte.
Tanto va el cántaro a la fuente……… Según el refrán con toda su razón,……….que al fin se rompe.
Una de sus fábulas, involucraba a Tere. Me la contó al hallarnos solos por haber salido Tere a recoger a los niños del colegio. Bien, a mí no me incumbía. Me importaba un rábano.
Por lo visto a Tere le contó otra fábula, enlazando con la que me contó a mí, referente a mí. Al parecer intrascendente.
Sin embargo tanto Tere como yo, algo influenciados si quedamos. Involucró con su historia al comerciante del vecindario. Cuando Tere, al ir de compras recibió cierto comunicado del comerciante, vino a verme alarmada por lo sabido.
¿Sabido, qué?. Claro si lo decía el comerciante, ya no era Lucía y su palabra encerraría certezas. Tuvimos que confesarnos mutuamente lo que nos había contado Lucía por separado y atando cabos, descubrimos que su mente fértil en inventar situaciones, se estaba volviendo peligrosa.
Era para despedirla, pero hacerlo, también tendría su parte negativa. Indemnizarla, por despido improcedente. Y una temporada sin sirvienta a la espera de suplente. Y a saber que problemas traería la suplente.
Como estábamos ya en Junio, los niños iniciarían las vacaciones. Pensamos resistir al menos hasta setiembre. Lucía el máximo incordio previsible que nos podía causar sería el de los fines de semana. Al estar nosotros en Cubera y ella libre, repetiría en Barcelona lo contado por mi amigo.
No hizo falta precaución alguna. Al enterarse de que la familia en verano se trasladaba para los tres meses pasarlos en la Urbanización, fue ella la que se nos despidió, ya que no pensaba para nada ausentarse de Barcelona.
De nuevo sumidos ante las contrariedades. No obtuvimos reemplazo antes de iniciar las vacaciones. Nos apañamos con ayuda de una mujer de faenas de Cubera. Como allí los niños la campaban a sus anchas, el trabajo que daban era mínimo. Los repuestos de ropa se limitaban a calzoncillos, camisetas y bañadores. Nada que planchar, nada que coser.
Bueno, a veces había que coserles la piel por los arañazos y cortes producidos en sus juegos.
Una vecina aconsejó a Tere, que viera como era la diversión de nuestros hijos.
Al verlos, asustada, los llamó para que cesaran. El mayor, en bicicleta, arrastraba por la pendiente de la calle desde lo más alto, mediante una cuerda atada al vehículo de tres ruedas, de su hermano segundo y al tercero, con un carrito y al cuarto en una tabla sin rueda alguna. Tomaba velocidad, y zigzagueando, demostraban todos su equilibrio. La parte más difícil era la del último eslabón, que salía centrifugado.
Se entendía lo de los rasguños. Lo que no se entendía era como no se habían roto la crisma, con la cantidad de veces que habrían practicado este deporte.
Parejas
perdurables (continuación 39 b )
Las obras de la Urbanización, absorbieron todo mi capital. Había que abrir kilómetros de zanjas para la red total de agua, instalar tuberías, prever empalmes para las acometidas individuales. La empresa que contraté, no se andaba con chiquitas. Por adelantado se cobraba casi la mitad de la obra total.
Lo mismo ocurrió con la del alumbrado público. Y las ventas no iban al mismo ritmo. Para atender las millonarias facturas, hacía falta ventas asimismo millonarias. Esto amenazaba la continuidad de las obras. Pero si se paraban las obras, corría otro riesgo. La alarma social, catalogando de estafa las ventas realizadas.
No hubo más remedio que imitar a la competencia y realizar una extraordinaria campaña publicitaria.
A mi mente acudieron la cantidad de urbanizaciones, alguna de las cuales, yo mismo intervení en el replanteo de la parcelación, que después de vender casi la totalidad de la finca, la abandonaron sin la infraestructura prometida.
Los parcelistas se encontraban que disponían de un terreno sin licencia para construir. Y lo peor, sin firme de calles, ni servicios mínimos como el agua y la electricidad.
Por eso en campañas publicitarias invertían mucho dinero. El beneficio resultaba neto. Se embolsaban el dinero que debía destinarse a las obras.
Temiendo un fracaso, aposté por realizar una campaña conjunta entre prensa y Pantallas en viales. Y resultó efectiva.
Tanto que en un solo mes, los vendedores hicieron su Agosto para todo el año. Y los empleados en contabilidad, se vieron invadidos por montañas de letras a rellenar.
La cifra de ventas, casi cubría los presupuestos de las obras contratadas. Sin embargo, se trataba de dinero aplazado a cinco años y la previsión según los presupuestos aceptados debía liquidarse en menos de dos.
Estaba forzado a presentar las letras al descuento bancario. Esto me contrariaba. Deseaba eliminar este tipo de financiación.
Los directores de los cuatro bancos principales a los que distribuí el papel, contra la costumbre de recibir de sus clientes las cestas Navideñas, agradecidos, fueron ellos quienes me las enviaron a mí.
Apostaban por próximas operaciones en las que me concederían créditos preferentes sustanciosos. Contaban en que realizaría grandes construcciones.
No era esta mi intención. Una vez liquidase las obras, quería proceder al desmantelamiento prudencial de la organización del Gabinete y prescindir de Subcontratas.
Pero retumbaban en mis oídos, las palabras de Tere:
-Sí, el cuento de La Lechera.
De todos modos no me daba por vencido. Cancelé la campaña publicitaria. El ahorro era inmediato. Su fruto se notaría durante varios meses, sin ella.
Lo que ocurrió, fue menor afluencia de clientes. Luego necesité menos vendedores. Se hicieron menos ventas. El personal de contabilidad, pudo reducirse. Hasta languidecer la euforia de los meses de campaña.
Los Banqueros, extrañaban la afluencia de papel al descuento a la que les tuve acostumbrados. Insistían en que usara mi línea de crédito ya que no todo el mundo disponía de esta oportunidad. Realmente el negocio les era sustancioso. Con miles de letras entregadas, les sobraban los dedos de las manos para contar las devoluciones habidas. Incluso éstas se rescataron posteriormente. Total que disponía de un papel de primera calidad.
Seguro que con mis constantes visitas por los Bancos, alguien se interesó por mí, tácitamente. Supongo que algún Director, me mencionaría, pues la visita que recibí en mi despacho una tarde más ocupado que de costumbre, de no ser así, no se entendía.
-Ya que Ud. tiene descuento bancario sobrado, haría un gran favor la Empresa que represento si descontara estos tres millones de pesetas en letras a dos años.
Sacó de su cartera un paquete de letras, depositándolas en mi mesa.
-Proceden de ventas de la Urbanización. Nosotros realizamos más ventas de las que admite nuestra línea de descuento. La Empresa, opta por pagar a los vendedores mediante las mismas letras que obtiene de sus clientes. Son ya bastantes los que se niegan a cobrar así.
Le propongo que para beneficio mutuo, las descuente Ud. por nosotros. Le ofrecemos un plus del 5% de los gastos bancarios.
-No sé quien le habrá sugerido acudir a mí para tal cuestión. Sin embargo sepa, que no tengo interés alguno en seguir ocupando mi línea de descuento. Es más procuro retener al máximo el papel producto de mis propias ventas.
-Mírelo bajo otro prisma. Es una ayuda a colegas, que precisan líquido para proseguir en el negocio. Mire se las dejo para que una vez las haya descontado, nos las abone restando el 18 % de gastos bancarios, más un 7%. Nos conformamos pues con el 75% nominal neto.
-No insista. No me interesa.
-De acuerdo. No insisto, pero ya que no podemos presentarlas al Banco, se las dejo y Ud. cuando lo estime oportuno, inspecciónelas y úselas. Están aceptadas. Volveré dentro de unos días.
-Ya le digo que no…….
Sin más se despidió, dejando el paquete sin siquiera dejar tarjeta de visita. Reanudé la atención en el trabajo interrumpido por el Sr..... ¿cómo dijo que se llamaba….?. Daba igual. Puse las letras en el primer cajón del buró, para devolvérselas cuando volviera.
-Tere, mira que caso más chusco. Las Urbanizaciones en general, venden más que lo que consigo con la nuestra. Y los propietarios se las ingenian para no arriesgar nada, pagando a los vendedores con sus propias letras.
-Haz tú lo mismo.
-No es el momento de poner en práctica este método. Con los pocos vendedores que dispongo, lo más normal sería perderlos del todo.
Olvidé esta entrevista, que lo único que motivó fue perder media hora para nada. O esto creí, pues una semana después se presentó una nueva visita misteriosa.
Las obras de la Urbanización, absorbieron todo mi capital. Había que abrir kilómetros de zanjas para la red total de agua, instalar tuberías, prever empalmes para las acometidas individuales. La empresa que contraté, no se andaba con chiquitas. Por adelantado se cobraba casi la mitad de la obra total.
Lo mismo ocurrió con la del alumbrado público. Y las ventas no iban al mismo ritmo. Para atender las millonarias facturas, hacía falta ventas asimismo millonarias. Esto amenazaba la continuidad de las obras. Pero si se paraban las obras, corría otro riesgo. La alarma social, catalogando de estafa las ventas realizadas.
No hubo más remedio que imitar a la competencia y realizar una extraordinaria campaña publicitaria.
A mi mente acudieron la cantidad de urbanizaciones, alguna de las cuales, yo mismo intervení en el replanteo de la parcelación, que después de vender casi la totalidad de la finca, la abandonaron sin la infraestructura prometida.
Los parcelistas se encontraban que disponían de un terreno sin licencia para construir. Y lo peor, sin firme de calles, ni servicios mínimos como el agua y la electricidad.
Por eso en campañas publicitarias invertían mucho dinero. El beneficio resultaba neto. Se embolsaban el dinero que debía destinarse a las obras.
Temiendo un fracaso, aposté por realizar una campaña conjunta entre prensa y Pantallas en viales. Y resultó efectiva.
Tanto que en un solo mes, los vendedores hicieron su Agosto para todo el año. Y los empleados en contabilidad, se vieron invadidos por montañas de letras a rellenar.
La cifra de ventas, casi cubría los presupuestos de las obras contratadas. Sin embargo, se trataba de dinero aplazado a cinco años y la previsión según los presupuestos aceptados debía liquidarse en menos de dos.
Estaba forzado a presentar las letras al descuento bancario. Esto me contrariaba. Deseaba eliminar este tipo de financiación.
Los directores de los cuatro bancos principales a los que distribuí el papel, contra la costumbre de recibir de sus clientes las cestas Navideñas, agradecidos, fueron ellos quienes me las enviaron a mí.
Apostaban por próximas operaciones en las que me concederían créditos preferentes sustanciosos. Contaban en que realizaría grandes construcciones.
No era esta mi intención. Una vez liquidase las obras, quería proceder al desmantelamiento prudencial de la organización del Gabinete y prescindir de Subcontratas.
Pero retumbaban en mis oídos, las palabras de Tere:
-Sí, el cuento de La Lechera.
De todos modos no me daba por vencido. Cancelé la campaña publicitaria. El ahorro era inmediato. Su fruto se notaría durante varios meses, sin ella.
Lo que ocurrió, fue menor afluencia de clientes. Luego necesité menos vendedores. Se hicieron menos ventas. El personal de contabilidad, pudo reducirse. Hasta languidecer la euforia de los meses de campaña.
Los Banqueros, extrañaban la afluencia de papel al descuento a la que les tuve acostumbrados. Insistían en que usara mi línea de crédito ya que no todo el mundo disponía de esta oportunidad. Realmente el negocio les era sustancioso. Con miles de letras entregadas, les sobraban los dedos de las manos para contar las devoluciones habidas. Incluso éstas se rescataron posteriormente. Total que disponía de un papel de primera calidad.
Seguro que con mis constantes visitas por los Bancos, alguien se interesó por mí, tácitamente. Supongo que algún Director, me mencionaría, pues la visita que recibí en mi despacho una tarde más ocupado que de costumbre, de no ser así, no se entendía.
-Ya que Ud. tiene descuento bancario sobrado, haría un gran favor la Empresa que represento si descontara estos tres millones de pesetas en letras a dos años.
Sacó de su cartera un paquete de letras, depositándolas en mi mesa.
-Proceden de ventas de la Urbanización. Nosotros realizamos más ventas de las que admite nuestra línea de descuento. La Empresa, opta por pagar a los vendedores mediante las mismas letras que obtiene de sus clientes. Son ya bastantes los que se niegan a cobrar así.
Le propongo que para beneficio mutuo, las descuente Ud. por nosotros. Le ofrecemos un plus del 5% de los gastos bancarios.
-No sé quien le habrá sugerido acudir a mí para tal cuestión. Sin embargo sepa, que no tengo interés alguno en seguir ocupando mi línea de descuento. Es más procuro retener al máximo el papel producto de mis propias ventas.
-Mírelo bajo otro prisma. Es una ayuda a colegas, que precisan líquido para proseguir en el negocio. Mire se las dejo para que una vez las haya descontado, nos las abone restando el 18 % de gastos bancarios, más un 7%. Nos conformamos pues con el 75% nominal neto.
-No insista. No me interesa.
-De acuerdo. No insisto, pero ya que no podemos presentarlas al Banco, se las dejo y Ud. cuando lo estime oportuno, inspecciónelas y úselas. Están aceptadas. Volveré dentro de unos días.
-Ya le digo que no…….
Sin más se despidió, dejando el paquete sin siquiera dejar tarjeta de visita. Reanudé la atención en el trabajo interrumpido por el Sr..... ¿cómo dijo que se llamaba….?. Daba igual. Puse las letras en el primer cajón del buró, para devolvérselas cuando volviera.
-Tere, mira que caso más chusco. Las Urbanizaciones en general, venden más que lo que consigo con la nuestra. Y los propietarios se las ingenian para no arriesgar nada, pagando a los vendedores con sus propias letras.
-Haz tú lo mismo.
-No es el momento de poner en práctica este método. Con los pocos vendedores que dispongo, lo más normal sería perderlos del todo.
Olvidé esta entrevista, que lo único que motivó fue perder media hora para nada. O esto creí, pues una semana después se presentó una nueva visita misteriosa.
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