viernes, 17 de febrero de 2017

Parejas Perdurables (14...18)

Parejas perdurables (Continuación 14)

Es curioso como al narrar mis recuerdos de adolescente, hasta el paso de la madurez, me entero de hechos que cuando los viví me pasaban desapercibidos.

Uno de ellos, el encargo que tuve para estudio de remodelación, ampliación y distribución de línea eléctrica en Gósol. Este antiguo poblado, se fue abandonando a partir 1900.


El Pedraforca, monte popular de renombre para los excursionistas, es el referente de Gósol cuyas casas se extienden a sus pies.
Me indicaron que aparcara el coche, en Guardiola de Bergadá (prepirineo). Allí, el único transporte que enlazaba tal ciudad con Gósol, un robusto Jeep con tracción cuatro ruedas, nos recogería a mí, a mis ayudantes y los bártulos para las mediciones. Los vehículos normales no podían acceder por el infernal camino existente.

Tenían razón, ya que pasados los tres primeros kilómetros el camino de herradura estrecho y pedregoso empeoraba, ya que discurría por tramos bordeando barrancos. Y dos vehículos imposible cruzarse.

Dijo el chofer que cada kilómetro a partir de allí disponía el camino de un ensanchamiento, por si ocasionalmente se encontraran con otro vehículo. Entonces uno, u otro, debería retroceder hasta el ensanchamiento más próximo.

Dijo asimismo que tal situación no se daba, ya que en el pueblo, no habían más vehículos que una moto.

Al llegar hallamos un poblado poco menos que fantasmal. Un montón de casas, semi desoladas, en tanto que otras en buena conservación, pero cerradas y evidentemente, carentes de suministros eléctricos.

Nos recibió el Alcalde. Vivía con su mujer e hija, en la Casa consistorial, que también fue el único Restaurante en el cual en 1906, residió Pablo Picasso.

La población censada ascendía a unos doscientos habitantes, sin embargo que pernoctaran solo cuatro. La familia del Alcalde y el Secretario Municipal, soltero.


Nos recibió efusivamente, ya que tenía grandes proyectos para renacer al poblado con un plan para atraer al turismo. Nos ofreció teléfonos de algunos de los habitantes residentes en Barcelona, que estaban deseosos de prestar las llaves de su casa, para que gratuitamente las habitáramos por las vacaciones Navideñas, o en verano.

Los propietarios tenían interés era mantener en mejor estado su hogar materno, ya que ellos no acudían nunca allí.

¿Porqué entonces, seguían en el censo de habitantes de Gósol y no en el de Barcelona?. Cuestión económica.

El Municipio subsistía por la tala de bosques comunales. La venta superaba con creces los gastos locales y los tributos de Hacienda. El resto se repartía entre los habitantes. Ninguno ante esta situación se daba de baja. Era una renta para vivir en cómodas Ciudades, como si de segunda residencia se tratara.

¡Vamos! , al revés del proceder de los Urbanitas que buscan el recreo en lugares rurales.

Restaurante Estancia único en la época.Desde allí, en 1906 Pablo Picasso pintó “El Tinent” y “La dona dels Pans”

La sorpresa me la llevé recientemente, al conocer su estado actual.
Lejos de ser un poblado fantasmal, está habitado, con nuevas construcciones, dispone de hoteles, jardines, se celebran fiestas, entre ellas las de la ya centenaria estancia de Picasso. Y museo de las reliquias cátaras, supuestos primeros pobladores. La carretera bastante decente.

Nada que ver con la que recorrí en 1957. Ahora me enteré que el proyecto de electrificación se finalizó en 1968 y en 1985, la ampliación y asfalto de la carretera de acceso.

El Párroco Mosén Ballarín, nombrado por la Diócesis para regentar la Iglesia con su feligresía, contribuyó al progreso del enclave, por sus libros y apariciones por la televisión, demostrando una gran humanidad y socarronería de muchos aspectos antes considerados como tabú.

Me entero pues ahora que sin saberlo, contribuí con mi granito de arena al desenvolvimiento que inició su Alcalde.

Al cumpleaños de Tere en 1957, tras un año de nuestro informal compromiso, quise darle relevancia. Me presenté a su casa con un ramo de flores rosas, cuyos tallos estaban enlazados por un anillo de oro, con una espléndida agua marina, flotante, sin engarce visto.

Indiqué mi propuesta de que al otro año, nos casáramos. El día uno de Enero, lo veía ideal, pues seguro que jamás olvidaría tal fecha. Según entendí a las mujeres les resultaba insultante que sus cónyuges, al cabo de los años, les pasara tal efeméride inadvertida.

Le propuse también que tras nuestro enlace fijáramos la residencia en Andorra. Estaba dispuesto a abrir un Gabinete Técnico allí, por lo cual sería innecesario seguir con la búsqueda de piso apropiado de alquiler módico en Barcelona. Todo lo que salía al mercado, o fallaba en su ubicación, o en su precio. Y empezaba a ponerse de moda ofrecerlos en propiedad, por lo que cada vez escaseaban más los de alquiler.

Ni que decir tiene que su respuesta era previsible. Por una fatalidad, el Principado de Andorra, sentado entre España y Francia, en las vertientes Norte y Sur del Pirineo, carece del Mar.

Era como pedirle que viviera conmigo en un hogar asfixiante.


Parejas perdurables (Continuación 14) 

Analizando pros y contras, al fin y al cabo mi proyectada unión, debía ser para toda la vida con alguien que me quisiera y se encontrara a gusto a mi lado. No procedía iniciar a disgusto de Tere, el camino que nos deparara el Destino.
¿Qué había tenido en cuenta yo para proponer formar nuestro nidito en Andorra?. Puros motivos económicos. La situación era siguiente:

Este minúsculo País, del orden de Mónaco, o Lichtenstein, o San Marino todos Europeos, sin contar El Vaticano, cuya particularidad es obvia, estaba necesitado de toda clase de técnicos ya que se preparaba para integrarse como País turístico, mayormente recepcionario de los Españoles, así como Franceses.
Al ser su Idioma oficial el Catalán, Catalunya, resultaba la parte más importante de estos previstos turistas.
Y el censo de habitantes, distribuidos en siete enclaves enlazados por una única carretera, escasmente ascendía a treinta mil habitantes.

Las obras públicas que realizaban sin informes técnicos ni trámites burocráticos alguno, provocaban serios desastres, con alarmante número de accidentes luctuosos.
El Govern Andorrá, (Gobierno), dispuso que eran bienvenidos todos los técnicos fueran de la rama que fueran, reconociéndoles sus títulos, obligados para dar licencias a las a partir de entonces, obras públicas y privadas.
No precisaban ser Andorranos, ya que solo se reconociían a los nativos, o a los emigrados con más de veinte años de residencia, o a los conyuges de nativos, con más de cinco años de residencia. Nadie más podía ser Andorrano. Y por ende, no pòdían ser titulares de ninguna propiedad, ni ejercer negocios, ni labores que no estuvieran supeditadas a un titular nativo.

Total el comenrciante que se instalaba allí, hasta veinte años después, resultaba tributario de un Andorrano, cosa que con la autorización del Govern, con su disposición, facilitaba enormemente la venida de técnicos de cualquier País, si depender de más que de su propio trabajo a desarrollar.

Era una buena oportunidad, ya que el trabajo no faltaría y como País paraíso fiscal, óptimo para inversores extranjeros. Y Óptimo para comerciantes libres de todo tipo de impuestos.

Las caravanas de “turistas”, cuya visita diaria realizaban por Andorra, se debía principalmente a que los productos adquiridos allí, oscilaban entre un 50% del valor en España, y el 30%.
Las Aduanas, instaladas en las fronteras Española y Francesa, fueron obligadas para limitar lo que iba a resultar un caos.

Con tal premisa, me parecía solucionado el porvenir con Tere a mi lado.
Sin embargo, el desistir a la toma de tal residencia, a la larga resultó acertada.

¿Es que Tere, ya manifestaba sus dotes de pitonisa?.



Pas de la Casa en 1956 con la instalación del telesquí



PAS DE LA CASA-GRAU ROIG en 2006
La estación fue fundada la temporada 1956-57 por el Sr. Francesc Viladomat,(campeón que fue de esquí) con un remonte; el telesquí Coll Blanc situado en Pas de la Casa, que funcionaba gracias al motor de un camión. Desde entonces y hasta hora, la estación ha ido creciendo con una media de un nuevo remonte por año.


Pas de la Casa actual 
Sigue capítulo 14-b

Tuve el encargo por parte de la Parroquia d`Encamp, (uno de los siete Municipios) de levantar un plano topográfico del Pas de la Casa, con varias hectáreas de extensión por los aledaños de la recién inaugurada estación de telesquí. Se iba a proyectar el pueblo avanzado en los deportes de invierno.

Ni que decir tiene que al llegar allí y ver el panorama, desolado con las únicas construcciones que se ven en la primera foto, para mis adentros, califiqué de visionarios a los proyectistas. Los demás poblados existentes, a excepción de la capital Andorra la Vella, ya respondían a la calificación de pequeños grupos rurales carentes prácticamente de todo. Y aquí, se les ocurría crear otra población, la más alejada de todas las demás. Y en la vertiente Francesa, la menos transitada.

Yo, a mi labor y allá los responsables con la suya. Percibí una sustanciosa cantidad por mis trabajos en el Pas de la Casa.

Acepté también aquél invierno, intervenir en la construcción de un bloque de Apartamentos en La Massana.

Lo tuve que realizar en pésimas condiciones. Nevado, con rincones que ocultaban la superficie del terreno bajo dos metros de altura, hacía difícil marcar niveles. Por si fuera poco, empezaron las heladas y se temía la imposibilidad de hormigonar cimientos y pies derechos de la estructura proyectada. No fraguaría bien. Sin embargo se palió el problema ya que aparecieron los primeros aditivos anticongelantes para el hormigón.

Los trabajos se sucedían y pasados unos meses estando ya próxima la fecha de mi boda, entablé relación con Ingenieros Franceses. Acudían allí con las máquinas quitanieves de Grenoble, (Francia). Uno de ellos me propuso abrir un Gabinete Técnico, en Escaldes (otro Municipio, lindante con la Capital Andorra la Vella) ya que sería el primero en instalarse en el País, y ya se sabe “quien da primero da dos veces”.

Recordando que a Tere no le sentaría bien que tuviera que atender un despacho definitivo en Andorra, por la lógica absorción de varios días a la semana, rechacé la propuesta.

Apliqué los ahorros obtenidos a los gastos, que tenía inminentes como alquilar un piso en Barcelona, amueblarlo y sufragar los gastos propios del convite para familiares y amigos. Y reservando un mínimo para el viaje de novios.

Lo curioso, resultó a los seis meses de nuestra boda. Repentinamente, perdí la clientela Andorrana. Por tensar la Diplomacia Española-Andorrana, el ya excesivo contrabando de tabaco, se cerró la frontera indefinidamente.

A partir de entonces mi clientela sería exclusivamente Catalana, causando un temor por la disminución de ingresos previsible.

Parejas perdurables (continuación 15)

En año y medio que llevábamos de noviazgo, asistimos a las bodas de Doc, Luis, Morán, “La Fiera”, Ramón y Ernesto (el Don Juan).
A cual más ostentosa. Contribuí como todos los compañeros en los típicos regalos de utilidad para el futuro hogar de las parejas. Esto, treinta años después, degeneró en “lista de boda” en determinados comercios, para que los regalos no repitieran los mismos objetos y satisficieran a las necesidades de los protagonistas. 

Ni que decir tiene que cuarenta años después, la degeneración de tal costumbre, llegó a convertir el típico regalo en un simple ingreso en metálico a la cuenta de los novios. Pragmáticos hasta el fin.

Como nuestro enlace ya tenía fecha prevista, 1- Enero 1958, restaban únicamente tres meses desde de la entrega del anillo de compromiso. Teníamos que esforzarnos en decidir cual piso de los tantos visitados íbamos a alquilar.

El que nos gustó fue uno de reciente construcción, pero con la pega de que al ser muy solicitado, se adjudicaba a los que aportaban cuarenta mil pesetas en depósito, a devolver sin intereses, al rescindir el contrato, fuere el año que fuere.

Esto en aquél tiempo, era mucho dinero y limitaba a los candidatos solicitantes. Aprovechando mi reciente ingreso de Andorra, sin más ambages, firmé el contrato.
Luego en dos meses, debía amueblarlo. Vuelta a renovación de crédito bancario y elección conjunta con Tere de los imprescindibles muebles para dormitorio y comedor. 
Esperábamos que los enseres, procedieran de los regalos de boda y el ajuar, por donación de los padres de Tere.

Para mayor ahorro, fui un invitado permanente, a comer en casa de mis futuros suegros. Dejé de acudir al “Chiu-Chiu”, restaurante económico cercano a mi despacho. Se trataba de comidas caseras de Menú, sin carta. 

Aunque no eran tan económicas sus comidas como las de los comedores del SEU, (no hubiera resultado decoroso que siendo un ex - estudiante, ocupara el lugar de los que aún lo eran), pero sí algo mejor condimentadas.
Por supuesto, la de los suegros sabía aún mejor.

Avisé a Tere, que aquella tarde traían a nusetro piso el comedor completo. Pasaría a reunirme con ella al salir de su oficina e iríamos a contemplar el efecto de su instalación. Programaríamos la decoración pertinente.

La ilusión crecía a ambos. Ya nos imaginábamos casados en nuestro hogar. Al atardecer allí solos los dos, y sin alumbrado aún no contratada la electricidad, tan intensa fue la sensación, que no puede más que abrazarla apretujándola contra mí, recorriendo con mis manos su anatomía. 
Al llegar a su delantera, sentí fuerte dolor entrepierna motivado por un gran recalentón. Los calzoncillos ajustados según la moda, impedían una libre hinchación. La presión pugnaba por la resistencia del tejido del slip.
Pedí disculpas y azorado dije.

-Vámonos Tere, es muy tarde y aquí, ya no respondo de mis actos.

Aquello, a pesar de mis propósitos de no repetirlo, con el pensamiento tan cercano de nuestro enlace, sí se repitió. Y debía solucionarlo a no tardar.

Una opción, era abstenerme en la inspección de sus senos. Limitar caricias y minimizar los tiempos de estancia en intimidad.

La que tomé no fue esta. Compré unos calzoncillos de los del tiempo de mis padres, en forma de pantalón corto muy holgado. Ya no dolía mi miembro con los recalentones. Disponiendo de espacio libre, no recibía presión alguna. Aunque iba creciendo el ansia de llegar a mayores.
Un esfuerzo que debía realizar aún durante un par de meses.

No habiendo rechazo contundente por parte de Tere ante mis inspecciones anatómicas, entendía que ella compartía mis sentimientos y aceptaba mi decisión de postergar el acto final ya que correspondíamos a la enseñanza recibida de nuestros progenitores.

Recuerda Tere:

En cuanto empezó nuestro noviazgo, ya en serio, me di cuenta que era entonces cuando había dejado atrás mi adolescencia, para intentar ser una mujer de carne y hueso, cosa muy difícil en aquellos tiempos en los que NUNCA se nos habló de sexo, ni de caricias entre una pareja.

La primera vez que estuvimos completamente solos, sin “carabina” que solía ser mi hermana, fue cuando fuimos a ver nuestro futuro hogar. El ambiente por supuesto que era propicio para caricias, besos y otras muchas cosas.

Pero a decir verdad el ímpetu y la fogosidad de mi novio imagino, me pillaron muy desprevenida, y sin saber cómo reaccionar. “¿Estaba bien, que me dejara llevar por los instintos carnales”?.

La educación que recibimos nuestra generación estaba basada ( y eso que no era una escuela de monjas) en anularlos por completo , y desde luego el comportamiento del novio, no se atenía para nada a los cánones establecidos. Eran un verdadero pecado de los “gordos”, (mortales los llamaban) de esos que tenías que confesar, si querías comulgar el domingo, cosa que hacía de vez en cuando.

Recuerdo que la primera confesión que hice después del encuentro en lo que sería nuestro hogar, no encontraba las palabras adecuadas ante el sacerdote, que al ver mis apuros fue él, quien empezó a enumerar unas cuantas acciones, que ni se me habían pasado por la cabeza. Me quedé muy perpleja, tanto que reflexioné, y a partir de aquella primera confesión, eludí por completo confesarme las escenas que hubieran podido ocurrir entre nosotros. Llegada a esta encrucijada, donde deliberadamente omitía “mis pecados”, comprendí que era absurdo seguir como lo había hecho siempre. Las cosas o se hacen bien, y con convicción, o es mejor dejarlas.

Personalmente las caricias me eran nuevas, y demasiado impetuosas, aunque reconocía que tenían su lado bueno por la novedad de la excitación. El inconveniente era que me hacía sentir “sucia”. Esta era la palabra que usaban los educadores y sacerdotes para que comprendiéramos nuestro mal comportamiento. Y desde luego que lo consiguieron.

La docencia de entonces nunca sabrá el daño que nos llegaron a infringir, con tales ideas. Nos las habían inculcado tanto, que las llevábamos demasiado dentro, para echarlas de golpe. La idea de ir al matrimonio, lo más inocente posible, era lo que se nos había predicado hasta la saciedad, y por lo menos en mí, prevalecía la enseñanza.
Con el paso de los años, siempre he creído, que nos aguaron mucho las relaciones.

Por suerte, la boda estaba muy próxima y no tuvimos demasiados contratiempos, para poder esperar al día en que podríamos dar rienda suelta a nuestros deseos, sin sentirnos mal por ello.

Parejas perdurables (continuación 16)

Era cuestión de pormenorizar las actividades del anhelado día de la boda. No solo por la administración del dinero ahorrado, sino por el ritual eclesiástico y civil conjunto, en el altar y la sacristía, donde se aportaba un donativo voluntario a la Iglesia. Luego atender el social con la impresión de invitaciones, envío a los elegidos, contrato de Restaurante para el ágape, y programar días para el viaje de novios.

Los padres de Tere, se ocuparían de todo lo referente al ajuar de la novia, y ayudarían económicamente, al dispendio del festejo, hasta donde alcanzaran.
Por suerte, se estaba poniendo de moda un recién inaugurado restaurante “Don Bosco”, de amplios salones para fiestas. Promovían su negocio con ofertas para determinadas fechas. La nuestra, siendo tan especial, encajaba en las de oferta óptima. Casi mitad de precio.
Era evidente que las salas de festejos para el día primero de año al mediodía, nadie las solicitaba.

Luego había que pensar en como dejar los trabajos pendientes en el despacho. Los ayudantes disponían tarea para una semana, luego era el máximo tiempo que podía permitirme.

Y mis clases en la Academia de Ingenieros, se reanudaban asimismo el día siete de Enero. Era otra razón para dar por finalizada la Luna de Miel, el día de Reyes.
El director de la Academia de Ingenieros, me había solicitado para dar clases dos tardes a la semana, hacía un año. Lo compaginaba bien con mis trabajos en el despacho y mis salidas por la geografía Catalana. Estaba a punto de anunciarle que no contara conmigo al próximo curso, ya que contaba con mi absorción en Andorra.

También buscaba obtener un empleo en alguna industria, en verdad, sin mucho empeño, ya que me defendía trabajando de autónomo. Pero siempre temí la falta de clientela. En tal caso, ¿cómo mantendría el hogar?.

Pensando en el viaje, para que resultara económico, urdí un itinerario mínimo, por el suelo peninsular.
Recordé las fotos de mis padres realizadas en su visita al Escorial, de recién casados. Las postales de los sarcófagos de los Reyes de España, adquiridos como recordatorio, las mostraban orgullosos. 

Decidí pues repetir su historia :

-Primer día .Tren hasta Tarragona, pernoctar en hotel.
-Segundo día. Por la mañana, recorrer las Murallas y contemplar el Anfiteatro Romano desde el Balcón del Mediterráneo. Seguro que haría feliz a Tere contemplar el Mar desde punto tan privilegiado. Pernoctar en hotel.
-Tercer día. Por la mañana en tren hasta Valencia. Paseo por El Grao, puerto natural. Por la tarde, visita a los parientes de Tere.
-Cuarto día. Por la mañana tren a Madrid. Tarde- noche, tasqueo por La Gran Vía, rememorando mis andanzas de militar.
-Quinto día. Por la mañana visita al Museo del Prado. Tarde paseo por La Casa de Campo.
-Sexto día. Por la mañana visita a El Escorial. Tarde regreso a Madrid. Noche tren a Zaragoza.
-Séptimo día. Visita a la Virgen del Pilar. Besar el hoyo del pilar bajo la estatuilla de la Virgen formado por los millones de labios que lo besaron antes que nosotros. Tarde repetición de tasqueos. Noche tren a Barcelona.

Claro que circula un refrán ….”
El hombre propone y Dios dispone”.
Memorable sí, fue el día uno de Enero. Por más motivos que por el de 
Año Nuevo y Vida Nueva.

Monasterio de El Escorial

Recuerda Tere:


Todo iba siguiendo el ritmo normal de los preparativos para ese día.
En aquel tiempo, se solía hacer una pequeña exposición de lo que se aportaba al nuevo hogar, sobre todo los regalos recibidos. Cosa que hoy ya no se hace, pues la mayoría acaban pidiendo dinero, que es lo que más les conviene, sobre todo, porque sus viajes de novios, suelen ser a otro Continente.
Al no hacer ninguna lista, como ya había muchos que lo hacían, nos encontramos con varios juegos de tazas de desayuno, aunque de diferente diseño, no dejaban de ser repeticiones. 
Pero bueno, algunos eran bonitos e irían a parar a una vitrina, junto con la cristalería, que habíamos ido recopilando, ya que en el último año, todos los regalos de santos y cumpleaños, se fueron centrando en el equipamiento de la casa.
Y me viene a la memoria, algo que es casi un chiste. Uno de los proveedores, al que conocía desde tiempo, cuando le dije que me casaba al mes siguiente, se me quedó mirando, y saltándose todo protocolo, me preguntó cuántos años tenía. Le dije que acababa de cumplir los 20. Se quedó boquiabierto. Él imaginaba que tenía como mucho 16. Supongo que por mi manera de vestir, y sobre todo por mi pelo largo, que llevaba muchas veces en una trenza, y otras lo que llamaban “cola de caballo”. Total, que debería tener el aspecto de una mezcla de niña-mujer.
Carlos ya tenía organizado cómo discurrirían los escasos días destinados al tan esperado viaje de novios. Me pareció casi una maratón contra reloj, querer hacer tantas cosas en tan poco tiempo.
Aunque por otra parte, también me apetecía recorrer un poco la península, ya que la desconocía por completo, si exceptuaba Valencia, donde tenía unos tíos. Todo el itinerario sería completamente nuevo para mí.
Yo sólo pedía que el día uno de enero no hiciera demasiado frío, cosa que hubiera sido lo más normal.
Mi vestido de novia, aunque con mangas, y sin ningún escote, no era precisamente de tela gruesa. Me parece que fui de las primeras novias, que usaron lo que entonces se llamaba un vestido tobillero. Nada de colas largas, era vaporoso, y con mucho vuelo y me llegaba hasta media pierna.
Cuando estuvo ya en casa y mi madre lo colgó en una habitación, para que no se arrugara, creo que fue la primera vez, que me di cuenta de verdad que estaba a punto de casarme.


Parejas perdurables (continuación 16-a)

Crónica de las primeras 50 horas de una boda.

Día primero, 
hora 7 a.m. Entro en el bar frente a mi despacho-vivienda.

-Buen Año. Un coñac, por favor. Hoy a las nueve, me caso.

El barman, recién abiertas las puertas del local, se compadece.

-Mucho ánimo veo que le falta. ¿Tan terrible se presenta la situación?.

-Quisiera saltar el ritual y el protocolo social, por mi extrema timidez, pero es un cáliz obligado y necesito que el público me vea sonriente y no compungido. Pedí celebrar el enlace a primera hora, para evitar el máximo de curiosos en la Iglesia.

-Pues una copa de coñac, dentro de dos horas, de nada le servirá. Tómese un par de ellas diez minutos antes.


-Imposible. Hay que comulgar en la misa y es obligado hacerlo en ayunas, al menos por dos horas. Es lo que hago.

-Pues no siendo la boda inmediata, una copa de coñac, ningún efecto causará. 

-Sí. De momento dejaré de temblar. Me podré vestir el Chaqué y hacer el nudo del corbatón que detesto, junto a los ridículos guantes. Una vez en el patíbulo, ya todo me sobrevendrá imparable.
La payasada, que para más INRI, la reirán un centenar de curiosos además de la cincuentena de invitados. Y tendré que posar ante los fotógrafos en las clásicas posturas que me avergüenzan por antinaturales.
Asistí ya a un montón de bodas de conocidos, como simple invitado y aún así, sentía vergüenza ajena, ante todos los típicos actos de estos rituales. ……¡Vivan los novios!.......¡Que se besen!......¡Arroz para la fertilidad!......Todos a besar a la novia……¡Unas palabras del novio!...Que abran el baile……Panegíricos del cura, el padrino y el vecino de enfrente……¡Brindis por triplicado!.....Ramo para la amiga próxima a su casorio…..y todas las hipócritas recepciones de beneplácitos por parte incluso de desconocidos.


-Hombre si así lo siente, debía realizar la boda por lo Civil en el Ayuntamiento y con los testigos imprescindibles. Y en traje de calle.


-Esto no es factible. Voy a casarme con la mujer que más quiero y la boda clásica para las mujeres es la ilusión de su vida. Jamás me perdonaría haberla privado de tal satisfacción.

Las 9 a.m.
Insólito. Ante la escalinata de la Iglesia, se agolpaba una muchedumbre. No solo los invitados, las mujeres de toda edad; unas beatas, otras viudas y las más, cotillas conocedoras de la función en ciernes, por los anuncios obligados que durante un mes exhibía la Parroquia en panfletos y en tablón de avisos. Se convirtió nuestro enlace en el acontecimiento de interés Nacional.
.
Las 12 a.m.
Los pillamos con las manos en la masa. Los invitados, de pie formando varios corros , animadamente comentaban sus propósitos realizados en la verbena fin de año.
Los camareros estaban colocando los últimos cubiertos en la mesa presidencial. Las demás formando herradura frente a la presidencial, aún estaban desmanteladas. 
Las mujeres de las faenas, finalizaban el barrido del piso dejándolo expedito, para el baile.
Otros camareros, arrinconaban el excedente de mesas para no entorpecer . Encima les colocaban las sillas patas arriba.

Corriendo al vernos el maitre de ceremonias, se disculpaba:

-Perdone Don Carlos, nuestro retraso, se debe a que la fiesta de Revellón, se prolongó contra lo previsto, hasta las seis y el Servicio se retiró a descansar, sin tiempo a redecorar ninguna sala.

Diez minutos después, un tocadiscos emitía los clásicos compases dedicados a los novios y todos lo invitados pasaron a ocupar sus respectivos lugares según el criterio que Tere y yo habíamos acordado.

¿Acertado?. ¡Que va!. Sin seguir el compás de la música sonante, se estaba armando un jaleo mayúsculo. Los de la mesa tres se iban a la dos. Los de la dos a la cuatro, los de la cuatro repartidos entre la dos y la tres, enfín. Mejor no haber asignado plazas a ocupar.

En la Presidencia , a mi derecha, los únicos familiares que a su vez cumplieron como padrinos, mis tíos de Girona, de lejano contacto, más en el tiempo que en distancia kilométrica.

A mi izquierda, Tere, sus padres y unos de sus tíos y su prima.

El refrigerio resultó bien a fin de cuentas. El cocinero, se comportó mejor que los camareros, supongo por cuanto el menú era un noventa por ciento preparado en frío.

Las 3.p.m.
No aparecieron los músicos prometidos para amenizar el baile, por el mismo motivo que el de los camareros con su negligencia.
El Maitre, lo suplió, con una sesión de discjokey, que en aquél tiempo se llamaba simplemente colocador de LPs en el tocadiscos. 

Aquello se pasaba de castaño oscuro. Estaba bien que nos ofrecieran un precio rebajado, pero no un servicio deficiente. A mi tío-padrino que ya se había encargado de visitar a la novia en su domicilio donde le entregó el clásico ramo, le dí el dinero convenido para atender la factura del hotel. Sin embargo le pedí que las disculpas del Maitre, procurara convertirlas en un demérito del valor estipulado. Total, que regateara.

Tere y yo, después de un par de bailes, nos fuimos raudos a mudar los trajes de novios por los de calle, en nuestros respectivos domicilios de soltero.

Las 5 p.m.
Llegados a la estación, fuimos testigos de la salida del tren directo a Tarragona. Por los pelos, no llegamos a tiempo. Tomamos billete para el siguiente que era un mercancías.
Total, paraba en todas las estaciones y llegaríamos a Tarragona al atardecer.

Las 7 p.m.
El Revisor del tren, al marcar nuestros billetes, nos advierte.

-Tenían que apearse aquí, pero ahora que ha arrancado el tren, no pueden hacerlo, está prohibido apearse en marcha.

-¿Cómo?.......¿Era Tarragona?.......

Unas risas incontroladas de los viajeros cercanos, alertaron a todo el vagón.
Ja,ja,ja, los novios acaramelados se evadieron del mundo real.

-Pero sr. Revisor. ¿No puede parar un instante?.

-De ningún modo, pero les informo que este mercancías dentro de un par de minutos parará, para dejar paso a un Rápido. Su parada será muy breve de modo que si prefieren apearse allí, en lugar de la estación de Salou, estén a punto y en cuanto se detenga, salten sin demora.

Sin tiempo a reflexionar los pros y los contras, agarré la maleta dije a Tere que llevara ella el maletín y nos dirigimos a la plataforma del vagón, siendo revistados por todos los pasajeros con sonrisas de oreja a oreja.
Tere, se puso el abrigo y me siguió, cuando el Revisor volvió a la carga.

-Pero, Sra. ¿Con tacones altos saltará?. De ningún modo . No dije nada, no puedo responsabilizarme de tal riesgo. 

-No tema,- dije yo- saltaré primero y a ella le daré la mano.

Muy nervioso, con la mano a la puerta de salida para abrirla y saltar tan pronto parara el tren, me fijé en la distancia a recorrer de regreso para llegar a la estación donde debimos tomar el taxi para el Hotel Imperial Tarraco. Nos lo recomendaron y además dominaba el Mar, por ubicarse al lado del famoso Balcón del Mediterráneo.
Me estaba arrepintiendo de saltar. Casi era preferible llegar a Salou y olvidarnos de Tarragona, hasta la vuelta de Zaragoza. 

Paró el tren y yo aún titubeando. Reaccioné y ya directo salté desde el primer peldaño que al no pararse el vagón ante un andén, se hallaba a una altura cientoveinte cms. del terreno. Para postre, no llano.

Automáticamente, tomé la maleta, le pedí a Tere que me diera el maletín y se descalzara. Los tacones podían aprisionarse en la plancha perforada de los peldaños al saltar.
Cumplió ya que el nerviosismo con la premura de la acción no permitía razonar, pero al intento del salto, se asustó. Descalza no podía exponerse a un terreno abrupto y hacerlo desde una altura que le daba miedo.

-Salta sin miedo a mis brazos mujer. Si casi puedo agarrarte los pies.

Saltó, me desequilibró, y caímos al suelo, de espaldas yo y ella abrazada a mi cuello encima mío.

Una ovación, proveniente de la totalidad de viajeros del vagón asomados a las ventanillas, hizo que fluyera mi sentido del ridículo.
Arrancaba el tren cuando oí los comentarios.

“Esos enamorados, que dan rienda suelta a la pasión en los lugares más inverosímiles”……..

Parejas perdurables (continuación 16.b)

Las 9 p.m.

La Luna llena, en noche serena, invitaba al romanticismo. Estuvimos de acuerdo que no podíamos acostarnos sin disfrutar de unos minutos, contemplando el brillo de las olas desde el rompiente del Puerto.

Vimos como se acercaba una en la lejanía, destacada entre las demás por su altura. A nuestros pies, la espuma de las recién llegadas, se disolvía para dar paso a la siguiente.

Al chocar con el muro protector, se elevaban varios metros convirtiéndose en polvo de minúsculas gotas. La Luna les daba su toque luminoso, verdaderamente fascinante. Y allí sin otro impedimento que el frío reinante, estábamos Tere y yo, embelesados por la belleza del Mar.

-Carlos, tengo frío. Ya me doy por satisfecha con lo visto.

-Aguarda un momento, mira la ola que se acerca. Será apoteósica su llegada. Luego nos vamos.

Fue una suerte divisar tan pronto el rótulo luminoso del Hotel, tan cercano al Puerto. Nos habíamos levantado sin ningún rasguño, tras el salto del tren. Tere guardó los zapatos de tacón alto, para calzarse unos planos. A pesar de ello, andar por la vereda lateral de la vía férrea, era una incomodidad. Nos hallábamos casi a dos kilómetros de la estación, pero el anuncio de aquél hotel a unos trescientos metros, tuvo el efecto de un imán.

Nos registramos para una noche, y tras ocupar la habitación, pedimos una cena ligera, ya que nuestro apetito no era de tal clase. Y aquella Luna iluminaba la campiña solitaria. Apetecía disfrutar de un paseo hasta el rompeolas.

Y tal como decía Tere, a pesar de ir abrigados, se notaba el frío que calaba a los huesos.

La ola llegó. Era altísima, esperábamos un espectáculo sin par.

Lo fue. El rompiente la elevó varios metros por encima de nuestras cabezas y lejos de convertirla en polvillo acuoso, nos cayó encima como verdadera cascada.

Reaccionamos de inmediato alejándonos del borde. Y empapados los dos, regresamos corriendo al hotel.

Subimos sin más a la habitación, nos desvestimos, extendimos la ropa para que secara, sobre los radiadores, y sin más nos metimos a la cama desnudos.

Tere tiritaba, abrazándola la cubrí con mi cuerpo, también frío. Nos tapamos incluso las cabezas bajo las mantas y aguardamos reaccionar.

No tardé en recuperar el calor. Primero el habitual del cuerpo humano, al que siguió el extra por disponer debajo mío a la mujer soñada.

Tere también reaccionó y al fin, dimos suelta de nuestras apetencias contenidas durante dos años.

Sin dejar de abrazarla, para no enfriar el ambiente, entre somnolencias, repetimos varias veces el acto.

Segundo día, 9 a.m.:

Con la ropa ya seca, al salir del baño se quejó de dolor en la garganta. Temía haberse resfriado. Bajamos a desayunar y a ella se le hacía doloroso tragar.

Y la afonía delataba que la cosa iba a mayores. Solicitamos un taxi y nos dirigimos a una farmacia. Le dieron unas pastillas para la afonía y seguimos paseando por las Murallas, hasta apostarnos en el famoso Balcón del Mediterráneo. Las ruinas del que fue Anfiteatro Romano, se hallaban a nuestros pies. Y desde allí divisamos el hotel que nos cobijó por fortuna. El Imperial Tarraco, quedaba postergado para un futuro, ya que caló fuerte el deseo provocado por quienes nos lo recomendaron.

Murallas de Rarragona


El Balcón del Mediterráneo es uno de los puntos de mayor interés turístco de la ciudad de Tarragona. Se trata de un barranco de 23 metros de altura que se encuentra al final de la Rambla Nova, bordeado por una barandilla de hierro forjado, realizada por Joan Miquel Guinart, en el inicio del siglo XX.

El Balcón ofrece una bonita panorámica sobre el mar Mediterráneo, tal como se aprecia en esta fotografía. A los pies del balcón se encuentra la playa del Miracle y al fondo de la misma el llamado Fortí de la Reina un antiguo palacio y fortaleza que ha pasado a ser parte de la historia de la ciudad.

Delante se encuentra el monumento a Roger de Llúria, navegante catalán de origen calabrés que se hizo famoso por sus hazañas bajo el reinado de Pedro II el Grande. Al lado del Balcón del Mediterráneo se extiende el Paseo de las Palmeras, al final del cual se encuentra uno de los lugares más importantes de de la Tarraco Romana: el Anfiteatro Romano.

Este es uno de los monumentos que atrae turismo a Tarragona y que ayudó a que se la nombrara como Ciudad Patrimonio de la Humanidad.




Las 12 a.m.

Entramos en un bar para tomar un aperitivo. Tere, lo dejó a medias. Le dolía tragar. Volvimos a la farmacia. Le iniciaba fiebre. El farmacéutico, aconsejó tomar un febrífugo y mejor acostarse hasta que le bajara la inflamación, que podía durar varios días.

Aquello me alarmó lo indecible. ¿Cómo iba a realizar un viaje por tierras Hispanas, en aquellas condiciones?.

Telefoneé a mi suegra, para que nos acogiera unos días en la habitación que fue de su hija, dado el imprevisto. No podía tampoco llevarla en estas condiciones a nuestro hogar aún por estrenar.

A la mañana siguiente, llegaríamos y requeriríamos al Dr. de Nueva Vida, que así se llamaba la Clínica contratada para nuestra futura atención médica. También la estrenaríamos.

Tercer día, a las 9 a.m.

Ya en Barcelona, juré y perjuré a mi suegra, que no maltraté a su hija de ninguna manera, que fue algo fortuito. 
La culpa la tuvo la OLA.

Fin del viaje de novios. 50 horas de odisea.


Parejas perdurables (continuación 17)

Recuerda Tere.

Me parece que en mi vida he pasado tanta vergüenza como cuando tuve que saltar desde el vagón, hasta donde se encontraba mi flamante marido.

Le veía a él, Muuuuy abajo, diciéndome que saltara sin miedo que él, me re*****ía. Miré a mi derecha, y todos los pasajeros del vagón a pesar del frío, habían bajado las ventanillas para ver el espectáculo.
Llevaba un vestido hecho para la ocasión, o sea de una mujer casada donde mostrar las formas ya no se consideraba indecente. Un vestido que se me ajustaba como un guante y que por supuesto no me dejaba andar con prisas por lo estrecho que era, además los altos tacones.

La gente seguía expectante ante mi indecisión de tirarme al vacío, por mucho que nos apremiara tanto el revisor, como los pasajeros. Todos me animaban a que lo hiciera El tren en cuanto cambiara la luz del semáforo emprendería su viaje, tanto si yo me decidía como si no….

Recuerdo las palabras del conductor del convoy, también asomado desde la unidad motriz, dirigidas a Carlos. Se quejaba por lo arriesgado que sería para él, si alguien bajaba de aquella manera tan poco ortodoxa que por supuesto podía ocurrir algún percance grave. Estaba completamente prohibido, y no sin razón. Pero cuando me vio aparecer a mí, solo supo decir.:

- “Además con una mujer”.

En fin…me tiré como quien lo hace a una piscina sin saber si hay agua. Encomendándome a toda la corte celestial, para que no nos rompiéramos ningún hueso.

Tras este espectáculo gratuito, todos los pasajeros aplaudieron. Podía leer en sus caras, “Claro esa pareja de recién casados, en qué estarían pensando que no han visto el gran letrero de la estación” (luego sabríamos el motivo por el cual no lo vimos), mientras aparecíamos como tontos enamorados.

No hacía falta ser un lince. Toda nuestra ropa incluida la maleta era recién estrenada. Nueva completamente. Se nos notaba a la legua que éramos unos novatos.

Lo dicho… en mi vida he pasado tanta vergüenza.

La famosa frase de MI REINO POR UN CABALLO, yo mentalmente la cambié por, unos ZAPATOS PLANOS Y COMODOS, para poder andar por el camino tan desigual. Y a pesar de sus inconvenientes, por miedo a que todo se esparciera por el suelo, abrí la maleta en busca del calzado más propicio. Sabía que no hacían conjunto con mi vestido pero…en aquellos momentos para mí era esencial poder andar sin problemas.

Deseando que el tren desapareciera por completo de mi vista, y los pasajeros dejaran de mirarnos con esa sonrisa medio burlona.

Tenían razón tanto el revisor, como el conductor del tren, que aquella parada sería muy corta, todo era cuestión de esperar al cambio de luz. Y en cuanto se puso verde, se alejó.

Lo que seguramente sólo fueron unos minutos, a mí me parecieron toda una eternidad.

¡Bonita manera de empezar nuestra vida en común! Haciendo de saltimbanquis, con riesgo de rompernos la crisma….

Ahora sí que venía bien la popular frase “Al fin solos” Pero en nuestro caso, había que añadir. “Solos y en mitad de la nada, de un lugar desconocido”

Por suerte no tardamos demasiado en divisar un hotel cercano, donde pudimos hospedarnos, como clientes únicos .

Bueno ahora sí que parecía que por fin empezaría nuestra vida en común. Sin sobresaltos, y con todo el entusiasmo que se ponen en las cosas al ser jóvenes.

Parejas perdurables (Continuación 17)

El Dr., recomendó a Tere un ingreso inmediato a la Clínica Regina, correspondiente a nuestro contrato con Nueva Vida. Tan grave halló la amigdalitis. Y para resolver el problema de cuajo, que al cesar la inflamación, se le extirparan las amígdalas. Preveía que de no hacerlo, las inflamaciones las sufriría con frecuencia.
Con una semana de preparación y otra de convalecencia, Tere pasó medio mes en la Clínica. Por las mañanas la visitaba su madre y por las tardes lo hacía yo.

En realidad, para poder atender el despacho, me integré por completo a la vida familiar de mis suegros y cuñada. Ocupé la que fue habitación de Tere, como si mis suegros fueran mis padres y la cuñada mi hermana.
Mi agradecimiento iba en aumento pues me sentí querido por partida doble. Como yerno y como hijo.

Hice el que resultó último viaje a Andorra, para concluir los encargos pendientes. Me presentaron a un potentado, que iba a adquirir una finca, de la que quedó enamorado y quería conocer la superficie para mejor valorarla.
El día que fui para realizar la medición, su secretario me dio una cantidad como paliativo de las molestias ocasionadas, ya que desistía del encargo. Resultó que al comprobar los datos catastrales de la finca en cuestión, vió que ya era de su propiedad desde hacía años.
Me enteré que este Sr. Iba en caminos de apropiarse del País entero. Disponía de una colección de fincas adquiridas a diestro y siniestro durante muchos años. Ya perdió el control de sus adquisiciones.
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Aquellos días de visitas a la Clínica, resultaron útiles para reactivar mi búsqueda de empleo fijo. Estuve en un taller de Arquitectura afamado, con la perspectiva del proyecto importante de bloques de viviendas levantadas con estructuras de hormigón armado. Podría llevarme trabajo a mi despacho, con el que mis ayudantes se beneficiarían ya que se acabó Andorra.
Tampoco se consolidó este encargo. El Arquitecto responsable de tal proyecto, después de considerar los pros y contras, desistió, ante lo que veía imposible de cumplir en el plazo fijado por el Ministerio de la Vivienda.

La obra debería realizarse en tiempo récord de seis meses. Algo imposible para el fraguado del hormigón con el cemento Portland corriente. Representaba elevar un piso a la semana para la estructura, con lo que se absorbía el tiempo de dos meses y luego en los cuatro restantes las instalaciones y revestimientos. Tal como lo veía por seguridad, para la estructura sola, precisaría los seis meses concedidos.
Le propusieron usar un nuevo tipo de cemento de fraguado rápido, probado en Francia. No le convenció por tratarse de una novedad en periodo de experimentación.

La adjudicación de tales obras recayeron a otras empresas, que sí se comprometieron y a las que yo no tuve acceso.
Su decisión a mí me dejaba de nuevo sin trabajo, pero lo sucedido veiticinco años después le dio la razón plena. 

Todas las obras construidas con aquél tipo de cemento de fraguado acelerado, sufrieron lo que se llamó 
“aluminosis”, debiéndose derribar antes de que hubiera una hecatombe para los cientos de inquilinos ocupantes de las viviendas con las vigas desmoronándose.

Y premonitorio resultaba el accidente en Pineda de Mar. En la playa, se estaba alzando un edificio, también con estructura de hormigón. Cada semana, levantaban un nuevo piso.
Mantenían la estabilidad, a base de no desencofrar, amén que apuntalar cada piso de los acabados, hasta un mes después. En teoría, al levantar la cuarta planta, se podía desencofrar la planta baja, ya que había transcurrido un mes, el tiempo mínimo requerido para adquirir el fraguado, la resistencia admisible.
Al disponer de tal cantidad de madera aplicada en el encofrado y apuntalamiento de cuatro plantas, agotaron existencias. El capataz, preparando el encofrado de la quinta, dio orden a un aprendiz, que desarmara la madera del piso de “abajo”, ya que serviría para seguir la obra sin pausa.
Para el aprendiz, “abajo”, de la quinta planta donde se hallaba con los albañiles y el capataz, era la cuarta. Ni corto ni perezoso, se puso manos a la obra. Por suerte, la primera madera recuperada, correspondiente a pies derechos, no evidenció ningún problema pero al proceder con la de las jácenas, vio como se resquebrajaba por instantes, iniciando una flexión fatal.
Al grito de “
Sálvese quien pueda. Se hunde el piso”. Se produjo la desbandada. Los de pisos inferiores llegaron por su pie al exterior de la obra, en cuanto a los de la planta quinta, indecisos, tuvieron la opción de saltar al vacío, o bajar por la provisional escalera.
En cuestión de un minuto, se hundió la última planta, que a la vez derribó a la tercera y estas dos a la segunda y las tres a la primera.
Total treinta albañiles enterrados entre los escombros y diez más heridos de gravedad por la caída desde la última planta. 

Al juzgado fueron a parar, el constructor, el Arquitecto, el Aparejador, el propietario del inmueble proyectado, y el Ayuntamiento, subsidiario por dar licencia y no preocuparse de su desarrollo.
Se descubrió que el propietario había otorgado un plus sustancioso, si se acababa la obra en seis meses, con instalaciones acabadas, incluso amueblado. Tenía contratadas por un tour-operador doscientas habitaciones de lo que debía ser un hotel, para estrenar el mes de Agosto. Normalmente el más requerido por los turistas, con el incentivo de ocupar una obra moderna, frente al mar con una playa sus pies, casi virgen en aquél tiempo.

Con esta experiencia, tuve mucho cuidado en prestar debida atención a los futuros encargos relativos a obras, ya que esto aquí estaba sucediendo igual que antaño sucedía en Andorra por la dejadez de los constructores.


Morán me facilitó un trabajo que no encajaba con lo realizado en su taller. Se trataba de diseñar los planos de una nueva afeitadora de accionamiento mecánico. Disponía de un resorte que dándole una docena de vueltas, acumulaba energía para un minuto escaso. Si el usuario en este tiempo no acababa su afeitado, repetía la operación sin problema.
Fue bienvenido el proyecto. Además, Morán me enteró de la aventura de nuestro compañero Rosero, al que perdimos la pista antes de incorporarnos al Servicio Militar.

Aprovechó el final de carrera para correr aventuras por Suecia, antes de vestir el caqui como nosotros. Se corría la voy que las Suecas, se daban muy bien a los latinos. Contrariamente a la ñoñería imperante por España, ofrecían el sexo con una facilidad insospechada.

Previendo que esta oportunidad ya no se le presentaría jamás, dispuso su último mes pasarlo a la cata de “monumentos”.
Para ello el viaje lo financió, mediante sus ahorros y ofreciendo sus servicios como camarero, o lavaplatos. Una “gachí” de las que quitan el hipo, le sugestionó hasta tal punto que ya no pudo zafarse de ella. Prácticamente, hacía con ella lo que le venía en gana y ella a él le devolvía caricias con más afecto si cabe.
Tocando los días de su prevista estancia de asueto a su fin, le comunicó su compañera, que estaba embarazada.

Al principio, no creía que esto tuviera consecuencias, pero ignoraba que los Países Nórdicos si bien eran tolerantes al amor libre, no lo eran ni pizca ante la paterna responsabilidad.
Perseguido por la familia y bajo amenaza de denunciarle si no se casaba con su amante, atendió al requerimiento. Sin embargo sólo le quedaban tres días para incorporarse al Ejercito Español. Ya se casaría seis meses después, una vez cumplido.

No coló. Su vástago debía nacer en nueve meses, en Suecia y él allí estaría para el bautizo, por lo que en Sueco se convertiría.
Ahora, ya padre de familia en Suecia, para pagar con la justicia militar Española, regresó a Barcelona a cumplir con prisión por deserción, seis meses en el Castillo de Montjuich.
Vino con su mujer y su hijo, que le aguardarían hasta su liberación. No se fiaban un pelo. 

Esto me recordó el chasco de nuestro colega Don Juan en Alcalá, pero con efectos corregidos y aumentados.

Mientras seguía yo tanteando nuevas ocupaciones, vi como no podía eludir los ingresos que me proporcionaban las clases de la Academia.

La recuperación de Tere por su amigdalotomía, se me hacía eterna y así se lo contaba en mis visitas. Ella me dijo que pensaba compensar mis ansias de manera especial el próximo día de su alta hospitalaria.

Parejas Perdurables (continuación 18 )

Un anuncio en el periódico, me llamó la atención por ofrecer trabajo continuado de agrimensor. No era lo que me apetecía, ya que buscaba incorporarme en alguna Industria de prestigio. Cosa que de vez en cuando lograba pero no para entrar en plantilla. Las que ofrecían empleo fijo, correspondían a lo ya sabido. El sueldo mínimo legal. Y con él, hubiera tenido que abandonar mi despacho y la Academia. Insuficiente para sostener una familia.

Me presenté para lo anunciado, y así amplié mis posibilidades económicas.
Empezaría a colaborar con el Sr. Castillo, en cuanto Tere ya se hubiera integrado satisfactoriamente a nuestro hogar.

Y ya sentía la ilusión de salir con ella al festejo de la boda del último compañero de nuestro grupo estudiantil.
Recibí su invitación para mediados de Marzo, total dos meses después de la incorporación de Tere al hogar.
La realizaría en el santuario de Montserrat. Los invitados para evitar acumulación de automóviles, subiríamos a la montaña en un autocar alquilado. Por lo demás la boda al ser de alto copete, nos obligaría a presentarnos con el atuendo ad hoc. Tere disponía de tiempo suficiente para conseguir el vestido y la toca que la hiciera digna de la ocasión.

Me sentí inicialmente un poco incómodo. Ramón, que ahora se casaba con Anita, ya asistieron invitados a nuestra boda. Y la categoría que pude ofrecer, estaba muy por debajo de lo que él ahora nos ofrecía.

Pero a fin de cuentas, nos conocíamos lo suficiente como para no tener que avergonzarnos de nuestro nivel económico. Ya sucedió con las bodas de los otros compañeros. Nuestra juventud, permitía ser menos remilgados.


Monasterio de Montserrat a 740 m. sobre el nivel del Mar

Pronto pues, saldría Tere de la Clínica y así como ella me reservaba una sorpresa, yo le daría esta noticia, a no dudar que a ella también la ilusionaría, siendo Montserrat para los Catalanes algo tan especial y que a no todas las novias les es factible poder lucir su libro de familia, rubricado por el Abad del Monasterio.

Parejas perdurables (continuación 18-a)

El día del alta de la Clínica, a las diez en punto de la mañana, hora protocolaria, fui a buscar a Tere en taxi, para no perder tiempo en aparcamientos. Tenía un ajetreo superior al esperado, ya que a mis actividades normales se sumaban la visita a Fincas Castillo y al Ayuntamiento de L`Hospitalet. 

Subí al piso de mis suegros con Tere. La esperaba su madre para ayudarla a trasladar sus efectos personales al piso que estrenaríamos al fin. También ella tendría el día ajetreado. Pensaba colocar las cortinas preparadas por su madre y algunos objetos decorativos para el acabado de la instalación de nuestro hogar.

Le advertí sobre mi imposibilidad de volver a casa hasta muy tarde para poner en orden los proyectos acopiados.
Una vez en el despacho, puse al corriente de los nuevos proyectos a mis ayudantes que los acogieron con agrado ya que también ellos necesitaban ingresos para seguir sus estudios.

Pasé por la floristería, encargué un ramo de rosas rojas, para que lo trajeran al medio día a mi mujer. Luego a entrevistarme con el Sr. Castillo. Y llegado al Ayuntamiento, me dirigieron al departamento de Industria y Fomento. El Inspector Jefe, iba a atenderme, pero tratándose de un asunto extraoficial, prefirió que le aguardara, saldríamos a comer y me pondría al corriente.

Durante la comida, aclaró que no podían contratarme oficialmente, ya que los pasos requeridos para ello eran largos y dudosos. Pero la realidad, obligaba a actuaciones inmediatas.
El Municipio se hallaba en un periodo de desarrollo frenético. Al lindar con el de Barcelona, siendo los impuestos aplicados a la industria y comercio sustancialmente bajos, tanto en el centro urbano como en los extrarradios, se asentaban talleres, almacenes y fábricas de todo tipo, que escapaban al control.
Mi misión sería acelerar las legalizaciones de estos locales, mediante comprobación de lo declarado al Ayuntamiento y su real estado. El cumplimiento de la normativa de salubridad y seguridad. Y en el caso de los locales carentes de solicitud de instalaciones, realizarles el proyecto, directamente yo mismo.
Como acicate por ser técnico ajeno a la plantilla Municipal, los emolumentos serían el doble de los oficiales.

Ni que decir tiene que me entusiasmó y tras breve sobremesa, regresamos al Ayuntamiento, donde por la tarde su secretaria había dejado sobre su mesa, los seis primeros expedientes a calificar. Me entregó el dosier y mis credenciales para que sin perder tiempo comenzara las inspecciones.
Dejé los expedientes a la vista de mis ayudantes en el despacho y elaboramos un plan estratégico para convertir un trabajo artesanal en industrial. Necesitaríamos además para agilizar estos trabajos en plan industrial, a una mecanógrafa que transcribiera los proyectos en el formato adaptado a la norma del Ayuntamiento.

Tal como temí salí del despacho, más que tarde. Anochecía cuando al abrir la puerta de mi hogar, Tere acudía a mis brazos. 
Sí. ¡
 Al fin solos ¡. Llevaba una bata Tere, como no podía ser de otra forma, estrenada. Me condujo a la habitación, donde hizo fijarme en las cortinas haciendo juego de unos adornos en la cabecera de la cama, que a su vez, se iluminaba por los dos focos de la mesita de noche, dejando la habitación en una semi penumbra.

Decididamente una belleza sugestiva. Me conminó que al salir del baño y para cenar cómodo, me pusiera también mi batín a estrenar.
Cuando salí, Tere había dejado el piso a oscuras. Entré en el comedor y ¡Oh!, allí estaba Tere en negligée transparente, señalando el servicio de mesa.
Sobre mantel rojo, un candelabro iluminaba mi ramo de rosas y un complejo surtido de frutos tropicales, montaditos de fiambres, tacos de quesos, dátiles rellenos con bacón horneado, y las tostadas con caviar, al lado de la botella de Champán. (Cava por ser el de elaboración de San Sadurní de Noya - Catalunya).

El ágape, duró, lo que las melodías del Adagio, emitidas por el tocadiscos. Sin molestarnos en colocar más piezas musicales, entrelazamos brazos con la copa del Cava, según otra costumbre enraizada. Nos dimos el beso con fruición y con el candelabro, entramos al dormitorio.

La promesa realizada por Tere, esta noche se convirtió en auténtica realidad.


Parejas perdurables (continuación 18-a)

Cuenta Tere:

Me estaba pareciendo todo como un sueño. 
O una pesadilla, según como se mire. Tan sólo dos días después, de haber salido de mi casa con la intención de iniciar una vida distinta en todos los conceptos, sufría unas anginas de caballo, y fiebre altísima Me encontraba francamente mal.
Muchas veces había tenido fuertes anginas, pero nunca como aquellas, que no me dejaban ni tragar la saliva, ni comer (con lo tragona, que siempre he sido).
Pero lo que más me derrumbó fue la decisión del médico, que me quería operar de inmediato. Aseguraba que aquellas amígdalas no me traerían más que problemas. Quizás tuviera razón…pero esas prisas para operarme me dejaron desconcertada por completo.
Me parecía como si no nos hubiéramos casado. Y si… lo cierto era que me sentía mal en todos los aspectos. Física y mentalmente. Pensaba que le estaba fallando, que no cumplía con un deber, a parte claro está de mi deseo de estar junto a él. 
Fueron unos días muy tristes y llenos de melancolía. 

Con el paso de los años, he llegado a pensar que el galeno, debería cobrar una participación en los beneficios de toda intervención quirúrgica, ya que no me explico tantas prisas. ¡Estábamos recién casados! No era justo
Nos habían inculcado tantísimo, que debíamos una obediencia absoluta al marido, (en eso quedaba incluido, por supuesto complacerle en la cama) porque era la persona que velaba por nosotras, era el que nos proporcionaba bienestar con el “SUDOR DE SU FRENTE” 
¿Y qué hacía yo?
Perpetrarme en la cama, con 40 grados de fiebre Creo que llegué a sentirme hasta culpable como si fuera totalmente responsable de aquel desenlace tan inusual.

Por aquellos tiempos incluso en los anuncios televisivos, dejaban a la mujer demostrando una sumisión absoluta hacia el marido. Le servía su copa preferida cuando se trataba de una publicidad de refrescos, o si era de camisas, era ella quien preparaba los gemelos en los puños de la prenda (cosa que hacía incluso mi madre, yo entonces ya lo encontraba fuera de lugar ¿no tenía mi padre dos manos útiles?) 
Por suerte, esta sumisión en aquel tiempo era algo tan usual, que no me veía demasiado fuera de lugar aunque lo reprobara. Yo como todas las demás mujeres seguía los cánones establecidos
Pero…algo en mi interior me decía que la mujer en la vida, tenía que hacer algo más, que complacer al marido. 
Aunque se hiciera todo basado en el amor mutuo, la mujer no podía quedar tan marcadamente en segundo lugar, como nos las presentaban en los anuncios.

Por suerte este pensamiento quedó completamente arrinconado en lo más hondo de mi alma. Probablemente olvidado debido a las circunstancias que irían viniendo.
Porque al fin y al cabo en aquellos momentos yo también deseaba de una vez por todas poder estar en nuestra casa, disfrutando de una intimidad que desde luego carecíamos, y la necesitábamos urgentemente.
Cuando llegó el día que por primera vez estaríamos solos en nuestro hogar, fui pensando la manera de que al llegar el marido del trabajo, lo encontrara todo bonito y acogedor.
Se retrasó mucho más de lo previsto, pero por fin oí el ruido de la llave en la cerradura. Había llegado el momento tan esperado por los dos.

Dispuse para la velada un ambiente musical relajante, como es el Adagio de Albinoni.


http://www.youtube.com/watch?v=XMbvcp480Y4









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